miércoles, 7 de enero de 2026

MANTICORE J. BUSQUET/R. F. BACHS CAMALEÓN EDICIONES



La aparición de MANTICORE viene a ilustrar con claridad diáfana la pobreza y miseria en la que se ha hundido el tebeo español durante los últimos años de pronunciada cuesta abajo. En otro tiempo, en un tiempo de negocio saneado, tiradas dignas y profesionales pagados, MANTICORE sería un as en la manga para cualquier editor perspicaz, un producto fácilmente explotable. Hoy, dadas las circunstancias, MANTICORE sólo es un número único repleto de buenas intenciones y excelentes momentos, y también un tebeo condenado a asfixiarse en unas circunstancias antinaturales y nocivas para su saludable crecimiento. El escenario natural de MANTICORE sería la colección con cadencia de salida regular (mensual, lógicamente, aunque sería más apropiado aún para una periodicidad semanal o quincenal, urgente) distribuida en quioscos para el disfrute continuo de las masas. Verlo aparecer como un fogonazo de luz en medio de la oscuridad es deprimente porque nos da la medida exacta de todas las cosas que hemos perdido.




Los personajes atractivos que enganchen al lector son una de esas cosas que hemos perdido y de las que alardea MANTICORE. El tebeo, en resumidas cuentas, es una aventurilla ligera, de templos perdidos en la jungla y civilizaciones ocultas dentro de montañas, de monstruos simpáticos y engendros con ojos saltones, enzarzados todos ellos en una anécdota frugal pero deliciosamente escrita y brillantemente dibujada. Hay un grupo de exploradores veteranos (algo así como un puñado de Indiana Jones otoñales) que hacen el papel de secundarios con una dignidad a la que ya estamos desacostumbrados (da la sensación de que tienen historia detrás, sin necesidad de arrojárnosla a la cara mediante flash-backs chapuceros) y hay una pareja protagonista chica-sátiro que hace pensar que MANTICORE podría haberse titulado HELLBOY E O'BRIEN al otro lado del Atlántico. Está claro que los chicos del sello Legend son referencia muy querida por Busquet y Bachs, y junto a ellos otras notas que revelan buen gusto y amplitud de miras, como Jeff Smith o el manga más acelerado (esas líneas cinéticas que son sólo indicativos de velocidad sin dirección), pero resulta más bien inútil andar rastreando "homenajes" cuando MANTICORE hace gala de una personalidad limpia y bien definida, mucho más alabable en una primera obra. Si bien el trabajo de Bachs es deslumbrante, el guión de Busquet no es, como tantas veces suele ocurrir en obras fiadas a la gracia del dibujante, una tontería a pesar de la cual el tebeo prospera. La historia es intrascendente, por supuesto (como debe ser, al igual que en casi todas las ficciones que ofrecen los medios de masas), pero está narrada con acierto, construida con atención a los detalles coherentes (por ejemplo, Manticore es aficionada al chicle porque fue lo primero que le dieron a probar cuando la encontraron abandonada de niña, y esto es algo que no se explica en ningún texto, sino que simplemente se ve) y siempre da la sensación de saber más de lo que nos cuenta sobre los personajes, sus motivaciones, su trasfondo y sus ambientes. Además, los diálogos no parecen tomados de tebeos mediocres traducidos del Inglés, vicio favorito de muchos autores más veteranos cada vez que intentan hacer algo de aventuras.

Si la herencia de EL CAPITÁN TRUENO, EL GUERRERO DEL ANTIFAZ y ROBERTO ALCÁZAR Y PEDRÍN no hubiera sido dilapidada, MANTICORE sería la promesa del año, el tebeo con más posibilidades de convertirse en una mina de oro. Tal y como están las cosas, tendremos que conformarnos con esta dolorosa muestra de lo que sería la realidad alternativa y hacer una súplica probablemente inútil:

¡queremos más aventuras de Manticore Radu!

Trajano Bermúdez


U, el hijo de Urich #2 Enero 1997

martes, 6 de enero de 2026

ASTRO CITY KURT BUSIEK/ BRENT ANDERSON IMAGE COMICS


En un artículo publicado en el número 190 de la revista THE COMICS JOURNAL, el crítico Ray Mescallado bautiza la última tendencia dominante en los comics de superhéroes norteamericanos como "nuevo tradicionalismo". Una denominación bastante adecuada si tenemos en cuenta que dicho termino engloba tebeos tan diferentes entre sí como el FLASH de Mark Waid, MARVELS, KINGDOM COME y ASTRO CITY. Según Mescallado, en todos estos títulos se enfatizan los aspectos positivos del superhéroe frente a la moda revisionista inaugurada por Frank Miller en DARK KNIGHT y se potencia el papel del hombre normal frente al relativismo moral de los superhombres (uno de los aspectos mas atractivos de las magistrales WATCHMEN y MIRACLEMAN de Alan Moore).

Aunque yo incluiría además en dicho listado el DAREDEVIL y el SUPERMAN de Karl Kesel, los estupendos números de CLANDESTINE de Alan Davis y el mediocre CAPTAIN AMERICA de Mark Waid -y, por supuesto, suprimiría KINGDOM COME, indigerible revisitación de los aspectos más superficiales del DARK KNIGHT de Miller, como bien argumentaba Trajano Bermúdez en la reseña publicada en el número uno de U-, es cierto que, para bien o para mal, tras el éxito sin precedentes de MARVELS, la obra más emblemática de este "nuevo tradicionalismo", la industria norteamericana ha dedicado sus mejores esfuerzos a la creación de clones más o menos aceptables del excelente trabajo que realizaron el guionista Kurt Busiek y el dibujante Alex Ross en su famosa miniserie.

Lógicamente, una de las obras más interesantes que ha dado este nuevo resurgir del superhéroe tradicional es ASTRO CITY, la serie que escribe Kurt Busiek mensualmente para Image con portadas de Alex Ross y dibujos de Brent Anderson, un aceptable clon de Neal Adams al que los lectores más veteranos recordarán por su excelente trabajo en la novela gráfica Forum DIOS AMA, EL HOMBRE MATA, protagonizada por los X-Men y escrita por un Chris Claremont en pleno extásis evangélico.

MARVELS ha convertido en una superestrella a Kurt Busiek, un veterano guionista capaz de aburrir hasta al fan más entregado en los trabajos que escribe por encargo para otros títulos de Image como la insulsa miniserie protagonizada por Velocity, o, cuando el asunto le interesa, de demostrar una inteligencia y un oficio que para sí ya quisieran sobrevalorados compañeros de viaje como Mark Waid. Sin llegar a la acomplejada seriedad de Alan Moore y sin acercarse en ningún momento a la desvergonzada actitud punkarra y posmoderna de Grant Morrison o Mark Millar, Busiek ha creado una "tercera vía" para el superhéroe moderno, una atractiva combinación de buenas dosis de fantaciencia pulp, la ingenuidad de los míticos universos superheróicos de los primeros tebeos de Lee/Kirby, la cotidianeidad costumbrista del SPIRIT de Will Eisner y unas gotas de sensibilidad contemporánea. Pero no sólo se trata de reciclar los clásicos o de continuar una dudosa tradición, sino de hacerlo con clase. Si realmente existe el "nuevo tradicionalismo", en ASTRO CITY muestra su cara más interesante. Más allá del puro ejercicio nostálgico del divertido 1963 de Moore, Busiek se atreve, sin aspavientos, casi sin hacer ruido, a reinventar todo un género.


Como su propio título indica, las historias que escribe Busiek para ASTRO CITY se ubican en una megalopólis superpoblada por héroes de todo tipo, supermanes omnipotentes como Samaritan (protagonista absoluto del número uno, algo así como "un día en la vida de.." a golpe de superporrazos), un cruce entre Los Inhumanos y los Cuatro Fantásticos conocido como la Primera Familia, un siniestro descarte de una película de Tim Burton que responde al nombre de El Ahorcado, o el estrafalario Jack in the Box, extraña mezcla de Spiderman y Luke Cage"Powerman". Pero los héroes de "Ciudad Astro" no son únicamente réplicas más o menos disimuladas de los personajes de toda la vida. En manos de Busiek la enésima reencarnación del arquetípico héroe patriótico, el caradura acrobático, el científico superinteligente o la heroína de corazón puro se presentan con matices que parecen obviar, no sé si por desgana o por incapacidad, la mayor parte de sus contemporáneos.

De las seis desiguales historias que forman la primera etapa de ASTRO CITY, nada menos que cuatro -quizá las más interesantes- están narradas desde puntos de vista "no superheróicos". Estructurados casi como si de un What if de Marvel se tratara, los relatos de Busiek responden a preguntas como: ¿Qué pasaría si el destino de la humanidad dependiera del capricho de un alienigena malencarado? ¿Que ocurriría en la primera cita romántica de dos temperamentales superseres?; Y si descubrieras la identidad secreta de un superheroe pero no te atrevieras a contárselo a nadie? El punto de vista casi naturalista que adopta el guionista, así como el dibujo realista y poco amigo de las hipertrotia culturista de Anderson, convierten agotadas premisas argumentales de serie Z y tópicos de género en historias divertidas, emotivas y sorprendentemente creíbles.

Teniendo en cuenta hasta qué absurdos extremos se ha llevado el concepto "continuidad" en otros "universos" de reciente creación, hay que agradecerle a Busiek que no parezca dispuesto a permitir que sus personajes aparezcan en mas de una sola serie mensual y que, al menos de momento, ASTRO CITY siga siendo uno de esos pocos tebeos cuyas historias pueden ser disfrutadas de forma independiente sin haber tenido que memorizar previamente infinitas genealogías superheróicas.

Ahora sólo cabe esperar que Busiek no caiga también víctima del síndrome "Peter David" (consistente, por si alguno no lo habéis adivinado, en aceptar más trabajos de los que uno puede buenamente resolver con un mínimo de gracia) y no acaba sucumbiendo a su propio éxito. Si Image no falla, World Comics publicará ASTRO CITY muy pronto en castellano y podréis comprobar por vosotros mismos si realmente es para tanto o si una vez más me he dejado llevar por mi entusiasmo por el género más vilipendiado de la historia de los comics. De la segunda etapa de la serie, publicada por el subsello Homage de Jim Lee y entintada por Will Blyberg, ya habrá tiempo de hablar en un futuro U.

David Muñoz


U, el hijo de Urich #2 Enero 1997


Acabado el año 2025, muchas listas de comics. Lean comics

Lean todos los comics que puedan, y para que no les falte donde elegir una selección de artículos sobre comics de diversas revistas y periódicos.

Mondo Sonoro selección internacional de comics 2025 y selección nacionalDiario ARA 15 comics de 2025, dod comics 20 comics 2025, RTVE comics para regalar, Esquire las mejores novelas gráficas, Rockdelux 2025/comics, ABC Cultural Balance de comics 2025, los40 10 novelas gráficas para regalar, Diario de Granada comics 2025, diario AS (Meristation) comics y manga, Expansión mejores comics, La Vanguardia comics y novelas gráficas.

Tan solo es una selección rápida de algunos sitios en internet, lo más importante es leer comics. Siempre me sorprende encontrar referencias a comics en periódicos como Expansión, diario económico, o los40, la emisora de radio. 

Me parece fantástico que el universo de papel se expanda por cualquier lugar.




lunes, 5 de enero de 2026

Amar y ser amado

 Por Noelia Ibarra y Álvaro Pons


Seguir la trayectoria de Blutch, seudónimo con el que firma Christian Hincker, es lanzarse a una montaña rusa sin frenos donde cada obra supone un giro radical de timón respecto a la anterior. Desde ese estilo gráfico que el tiempo ha ido depurando hacia una estilizada versión del naturalismo de Guido Buzzelli, Blutch ha definido su evolución por la reacción constante, convirtiéndose en un camaleón que adapta su trazo sin perder nunca su personalidad, en un más dificil todavía que le ha llevado por las relaciones de la historieta con otras expresiones de la cultura popular, muchas veces a través del juego con el surrealismo y el absurdo, pero siempre con una nítida apuesta por una ácida mordacidad como firma reconocible.

Para su última obra, Blutch parece apostar por un reto imposible, apuntado ya desde su intraducible título original, La Mer à boire, porque captar la esencia del amor puede resultar tan dificil como beberse el mar. Sin embargo, Blutch es un autor que no admite concesiones en sus propuestas y traslada el desafío al lector, al que ubica in medias res de una búsqueda, la de B tras su joven amada A. No sabemos nada de ellos, salvo que él necesita encontrarla y que ambos viven en épocas diferentes, en lugares diferentes, quizás porque encontrar el amor es una loca casualidad estadística que te hace coincidir en tiempo y espacio con la persona con la que compartirás vida. Solo las viñetas parecen ostentar el poder de romper esas fronteras y crear caminos que llevan de A a B, a través del delicado equilibrado de una línea roja recta, símbolo del deseo y pasión que une a los amados, que se debe recorrer como un funambulista que nunca mira atrás. Blutch preña cada viñeta de ideas y referencias, de guiños concebidos para un lector que debe estirar del hilo rojo a la búsqueda de esa noción del amor que deviene en aventura hacia el descubrimiento del otro, que desmitifica las metáforas del amor romántico para dirigirse al conocimiento, del sexo a una mirada que busca refugio y paz y que concibe a la persona amada como una casa en la que perderse y habitar.

Y en ese punto empieza otra historia, como el propio cómic, que comienza de nuevo con los créditos de una historia donde las simetrías que marcaban los movimientos de los personajes originan ahora nuevas escenas, del surrealismo felliniano al costumbrismo de Godard, del dinamismo sin fin a la quietud del retrato del natural de una desnudez que el lápiz transforma en la necesidad de los alimentos de un bodegón.

Blutch recorre el amor como ese algo de imposible definición, como motor de búsqueda y ensoñación que se oculta en ese limbo entre lo imaginario y lo real, entre el sueño del que no se quiere despertar y la realidad que nos abraza con calidez y nos reconforta. Dinamitando todas las convenciones de la narración gráfica, de la propia idea de lo que entendemos por cómic, pero sin abandonar nunca la relación con su herencia y contexto, La nueva frontera consigue trasladar a la poesía del grafismo la esencia de ese sentimiento que desafía los acuerdos sociales y que no permite más definición que experimentar el amar y el ser amado.



La nueva frontera

Blutch

Traducción de Regina López Muñoz

Sapristi Cómic, 2025

72 páginas. 23,70 euros


Babelia Núm. 1.780. Sábado 3 de enero de 2026



domingo, 4 de enero de 2026

La lámpara de Pandora


Viñeta de La caja de Pandora (Garbuix Books), de Ángel de la Calle

Ángel de la Calle brinda al lector de su último cómic un puzle de ideas, vivencias, ilusiones y desencantos para construir su propia memoria de la Transición.

Por Álvaro Pons y Noelia Ibarra

La transición política tras la muerte de Franco ha levantado ríos y ríos de tinta, con análisis profundos que han estudiado una época que, cinco décadas después, deambula entre la idealización y el desencanto, según los intereses que se quieran apuntar. Sin embargo, la elección del historietista Ángel de la Calle resulta tan sorprendente como diferente: a partir de la autoficción, el dibujante crea un andamiaje de ficciones que funciona como inmensa matrioska de relatos paralelos desde los que revisa su memoria de la Transición, la de un joven recién entrado en la universidad con motivaciones que no tenían por qué responder a los principios establecidos, sino a mundanas aspiraciones que, años después, ya no hay motivo para ocultar.

De la Calle construye un particular juego de espejos con la figura de Juan A., un misterioso dibujante planteado como seudónimo suyo, pero que en las viñetas adquiere la dimensión de personaje y le permite un diálogo entre lo real y lo imaginado desde el que construye una historia de esos años a través de voces no convergentes pero, quizás, complementarias. Los tebeos aparecen como impulso vital de una curiosidad que se extiende por todas las ramas de la cultura para terminar abrazando la política, para trazar esa delicada ruta que va de la militancia apasionada a la pérdida de la ilusión colectiva, de ese retrato de las batallas no ganadas, de las victorias que parecían al alcance de los dedos pero que el tiempo pone en sus sitio.

Con un rico despliegue de citas y referencias de diferentes disciplinas como contexto cultural que en enmarca lo político. De la Calle va desgranando su memoria, a través de una alternancia entre lo personal y lo público, en la que muestra, sus inseguridades como narrador, al desvelar que las ficciones nunca son inocentes y plantear las dificultades para encontrar nuevas formas de contar lo ya contado. Y, en esa confesión al lector, reflexiona sobre el difícil equilibrio entre el compromiso y la motivación, que convierte la obra en una suerte de artefacto ficcional a la búsqueda de la complicidad del receptor.

De la Calle completa así una inesperada trilogía, junto a Modotti y Pinturas de guerra, donde protagoniza su particular búsqueda de la verdad en la historia como un personaje perdido en su propia creación, como un retrato en el que no se reconoce pero que le brinda razones para seguir adelante. El juego borgesiano se enfrenta a la propia desesperación del autor ante los problemas para descubrir un motivo que justifique seguir escribiendo, seguir componiendo, sin poder escapar de la constante y feroz autocrítica, pero conocedor de la paradoja que estriba en la necesidad última de aprobación del lector.

Hoy, 50 años después del punto de partida de esa Transición, De la Calle halla en sus recuerdos los hechos que llevaron a ese momento, y en la viñetas una forma de configurar un archivo de pensamientos y sentimientos que esos acontecimientos le hicieron vivir, mientras las ficciones que después plasmaría en la página se cocinaban a fuego lento en su mente, alimentadas al compás de lecturas, películas, tebeos, música, arte o manifestaciones culturales de diversa índole.

Hoy, en 2025, esa caja de Pandora se abre y deja salir un caos de ideas y vivencias, de recuerdos y realidad, de ilusión y desencanto, que el lector debe ordenar para extraer sus propias conclusiones de una época y de un autor que solo quería hacer un tebeo sobre los japoneses en Perú y terminó contando la historia de este país.

La caja de Pandora. Vivir y morir en los tiempos de la Transición.

Ángel de la Calle

Garbuix Books, 2025

240 páginas. 24,95 euros


Babelia núm. 1780. Sábado 3 de enero de 2026

Entre ballenas, sangre y frío

EL FARO DEL FIN DEL MUNDO/ JACINTO ANTÓN


Libros, cómics, una serie fenomenal y hasta el Nobel Krasznahorkai sirven para adentrarse en el territorio siempre fértil de Melville y el “¡por allí resopla!”


Una imagen de la serie 'La sangre helada'.


Jacinto Antón

03 ENE 2026 

He acabado el año y empezado el nuevo entre ballenas. No se deduzca de esto que estoy en un viaje aventurero en plan Melville, Conrad o Jack London por esos mares de dios, no, mis ballenas son como casi siempre —algunas he visto en su elemento y una vez hasta me hicieron probar una en las Feroe: la grasa te inunda la boca como la cubierta del Pequod— ballenas de libros. Y también de una estupenda serie televisiva que he recuperado ahora gracias a Filmin, La sangre helada, basada en la sensacional novela de Ian MacGuire publicada en castellano con el mismo título por Roca Editorial.

El mensaje de las ballenas es grande y frío, con un punto existencial y metafísico y vinculado, además de a la melancolía por su destino, al capitán Ahab y a Moby Dick. Es imposible sustraerse, en la ficción y hasta en la larga sombra del cachalote blanco, su terrible y fascinante influjo, la imagen de algo a la vez majestuoso y aterrador que nos acecha para pasar cuentas y deslumbrarnos: la vida.

Y empezamos directamente por ellos, el loco capitán de para de hueso y el cetáceo mortal, han caído en mis manos dos preciosos álbumes de cómic en los que aparecen. Uno es Achab, de Patrick Mallet, que he conseguido en la edición completa de Glenát (2025) y que cuenta, inventándosela en parte a los elementos de la novela de Melville, la biografía del ficticio capitán previamente a la historia que todos conocemos. Termina en el momento en que le colocan la prótesis de hueso de ballena para sustituir la pierna perdida en la lucha con el leviatán blanco.

El otro cómic que decía es un álbum extraordinario, una edición de 2022 (Lo Scarabeo) del Moby Dick de 1967 de Dino Battaglia, considerada una de las mejores adaptaciones de la novela a las viñetas, que incluye diversos materiales complementarios como ilustraciones y artículos acerca de la historia de la caza de la ballena y sobre la manera en que se ha plasmado la novela de Melville en las historietas.

Coincidiendo con los dos álbumes, me he leído el gran clásico de 1898 La travesía del cachalote, de Frank Thomas Bullen (Ediciones del Viento, 2022), en el que el autor, un Ismael de carne y hueso, relata sus experiencias como marinero en un ballenero estadounidense.

En cuanto a La sangre helada, me compré el libro seducido por la sugerente portada y el argumento, antes de saber que existía la serie. Lo he leído al acabar de ver la adaptación, y ambas, novela y miniserie, me han parecido magníficas. La historia es la de un cirujano irlandés que se embarca en 1859 en un ballenero británico, rumbo a los cazaderos del Ártico. En el barco se enrola también un violento y brutal arponero psicópata, Henry Drax, un personaje memorable. La interpretación que hace de él en la serie Colin Farrell es colosal. Está que se sale y valga la palabra visto cómo se ha engordado para el papel. Desde luego, no es una novela, ni una serie, para los aprensivos. Pasajes como el de la revisión médica del grumete violado por el ballenero, la de la caza de focas o la de la operación de intestino ciego al misionero que se ocupa de los inuit son de aúpa.

Me resisto a acabar esta historia de ballenas sin mencionar la ocasión en que tuve una discusión por una de ellas con el luego premio Nobel Lászlo Krasznahorkai. Fue en 2024 durante las Conversaciones Literarias de Formentor celebradas en un lugar tan alejado de Nantucket como Marrakech y a las que acudió de invitado Krasznahorkai para recibir el premio Formentor. Aproveché la ocasión para tratar de que nos hablara sobre la metáfora de la ballena a partir de la disecada que pasea un circo ambulante en la hipnótica novela Melancolía de la resistencia (Acantilado, 1989), pero el escritor se resistía, precisamente a hacerlo. Se produjo una situación tensa al yo insistir y él salir por peteneras una y otra vez. ¿Dios, el Mal, el destino, Moby Dick, el estilinismo?, le apremié. "Ni en mi novela ni en la película sobre ella de Béla Tarr la ballena es una ballena y punto", acabó zanjando molesto. Peero yo me asomé a sus ojos azules, tan satánicos en el arrebato como lo de Ahab, y les juro que allí, el Nobel me perdone, nadaba la ballena, nuestra ballena.


El Pais. Cultura, Sábado 3 de enero de 2026

martes, 30 de diciembre de 2025

Casi un dios entre los hombres

 

Estatua de Alejandro Magno en Tesalónica (Grecia).

Por Manuel García

Alejandro Magno es uno de aquellos personajes de la historia cuya vida y muerte tienen algo de mítico o sobrenatural. Por lo que respecta a la vida, su talento precoz como militar y gobernante y la conquista del vasto Imperio Persa entre el 334-330 antes de Cristo lo convirtieron en un mito viviente, porque nada más y nada menos había derrotado en cuatro años al temido imperio aqueménida que amenazó a los griegos en Maratón y  Salamina y dirigió la político griega desde la guerra del Peloponeso hasta la conquista de Grecia por Filipo de Macedonia. Por lo que atañe a la muerte, quizás de malaria o fiebre tifoidea, demasiado joven, sin dejar resuelta su sucesión y más orientalizado que griego, su legado iba a ser una nueva manera para el mundo occidental de entender la monarquía y la fusión de Oriente y Occidente en aquel fértil hibridismo cultural conocido como mundo helenístico.

En Alejandro en el fin del mundo la historiadora Rachel Kousser se adentra en lo que se define erróneamente -en un subtítulo que no consta en el original inglés- como Los últimos años olvidados de Alejandro Magno, una etapa muy estudiada y divulgada incluso por la novela histórica, desde la conquista del imperio y el incendio de Persépolis, la épica aventura del Hindu Kush, la expedición hasta el rio Indo y los combates contra el rey indio Poro y sus elefantes hasta el regreso no menos dramático y accidentado a Babilonia en donde el héroe viviría sus últimas horas tras la desolación producida por la muerte de su amado Hefestión unos meses antes de Ecbatana. El reparo es menor cuando avanzamos seducidos por esta apasionante aventura enhebrada por Rachel Kousser no solo con solvencia analítica y agilidad narrativa, sino con la virtud de no hacer incompatibles en su efectiva prosa el rigor académico y la divulgación.

No menos acertado es el cambio de perspectiva. Lo habitual es que las narraciones sobre la vida, hazañas y muerte de Alejandro se centren en las épicas batallas de Isos o Gaugamela, o en la hazaña no menos grandiosa de recorrer un accidentado e inconmensurable itinerario desde su Macedonia natal hasta la India y los confines míticos del mundo. El acierto de Kousser es centrarse más en lo humano, en el desgaste y deterioro personal, que en lo divino y heroico de su épica odisea, en el contraste entre la gesta de conquistar y el reto de gobernar, en la desmoralización, fractura anímica y desafección de sus generales y soldados y en la orientalización progresiva del soberano, como un nuevo déspota oriental, y el rechazo provocado entre los macedonios, en la alienación de los griegos en un mundo exótico de geografías extremas y costumbres ajenas, a miles de kilómetros de sus hogares y rodeados de una algarabía de pueblos y culturas, desde Irán hasta el Indostán y pasando por Afganistan o Pakistán antes del retorno a Babilonia.

Siempre es fácil para los especialistas presentar alguna crítica. Por ejemplo, que no sea verdad que el Imperio alejandrino fue un experimento sin precedentes, cuando precisamente el mérito de Alejandro fue asimilar la administración persa de eficacia más que probada en un ámbito multiétnico y multicultural. Alguna más sería de recibo, como que el editor nos prive de la bibliografía en papel y nos invite a descargarla de la web de la editorial. Pero todo ello son reparos menores para un ensayo histórico cuyo mérito consiste, frente a muchos otros que acostumbran a caer en la idealización del macedonio, en recordarnos una y otra vez que Alejandro, no por ser estadista excepcional, dejó nunca de ser humano, a veces incluso hasta demasiado humano; o si se prefiere, heroicamente humano, paradójicamente casi un dios entre los hombres.



Alejandro en el fin del mundo

Rachel Kousser

Traducción de Ricardo García Herrero

Arpa, 2025 459 páginas. 24,90 euros


Babelia Núm. 1.779. Sábado 27 de diciembre de 2025