domingo, 4 de enero de 2026

Entre ballenas, sangre y frío

EL FARO DEL FIN DEL MUNDO/ JACINTO ANTÓN


Libros, cómics, una serie fenomenal y hasta el Nobel Krasznahorkai sirven para adentrarse en el territorio siempre fértil de Melville y el “¡por allí resopla!”


Una imagen de la serie 'La sangre helada'.


Jacinto Antón

03 ENE 2026 

He acabado el año y empezado el nuevo entre ballenas. No se deduzca de esto que estoy en un viaje aventurero en plan Melville, Conrad o Jack London por esos mares de dios, no, mis ballenas son como casi siempre —algunas he visto en su elemento y una vez hasta me hicieron probar una en las Feroe: la grasa te inunda la boca como la cubierta del Pequod— ballenas de libros. Y también de una estupenda serie televisiva que he recuperado ahora gracias a Filmin, La sangre helada, basada en la sensacional novela de Ian MacGuire publicada en castellano con el mismo título por Roca Editorial.

El mensaje de las ballenas es grande y frío, con un punto existencial y metafísico y vinculado, además de a la melancolía por su destino, al capitán Ahab y a Moby Dick. Es imposible sustraerse, en la ficción y hasta en la larga sombra del cachalote blanco, su terrible y fascinante influjo, la imagen de algo a la vez majestuoso y aterrador que nos acecha para pasar cuentas y deslumbrarnos: la vida.

Y empezamos directamente por ellos, el loco capitán de para de hueso y el cetáceo mortal, han caído en mis manos dos preciosos álbumes de cómic en los que aparecen. Uno es Achab, de Patrick Mallet, que he conseguido en la edición completa de Glenát (2025) y que cuenta, inventándosela en parte a los elementos de la novela de Melville, la biografía del ficticio capitán previamente a la historia que todos conocemos. Termina en el momento en que le colocan la prótesis de hueso de ballena para sustituir la pierna perdida en la lucha con el leviatán blanco.

El otro cómic que decía es un álbum extraordinario, una edición de 2022 (Lo Scarabeo) del Moby Dick de 1967 de Dino Battaglia, considerada una de las mejores adaptaciones de la novela a las viñetas, que incluye diversos materiales complementarios como ilustraciones y artículos acerca de la historia de la caza de la ballena y sobre la manera en que se ha plasmado la novela de Melville en las historietas.

Coincidiendo con los dos álbumes, me he leído el gran clásico de 1898 La travesía del cachalote, de Frank Thomas Bullen (Ediciones del Viento, 2022), en el que el autor, un Ismael de carne y hueso, relata sus experiencias como marinero en un ballenero estadounidense.

En cuanto a La sangre helada, me compré el libro seducido por la sugerente portada y el argumento, antes de saber que existía la serie. Lo he leído al acabar de ver la adaptación, y ambas, novela y miniserie, me han parecido magníficas. La historia es la de un cirujano irlandés que se embarca en 1859 en un ballenero británico, rumbo a los cazaderos del Ártico. En el barco se enrola también un violento y brutal arponero psicópata, Henry Drax, un personaje memorable. La interpretación que hace de él en la serie Colin Farrell es colosal. Está que se sale y valga la palabra visto cómo se ha engordado para el papel. Desde luego, no es una novela, ni una serie, para los aprensivos. Pasajes como el de la revisión médica del grumete violado por el ballenero, la de la caza de focas o la de la operación de intestino ciego al misionero que se ocupa de los inuit son de aúpa.

Me resisto a acabar esta historia de ballenas sin mencionar la ocasión en que tuve una discusión por una de ellas con el luego premio Nobel Lászlo Krasznahorkai. Fue en 2024 durante las Conversaciones Literarias de Formentor celebradas en un lugar tan alejado de Nantucket como Marrakech y a las que acudió de invitado Krasznahorkai para recibir el premio Formentor. Aproveché la ocasión para tratar de que nos hablara sobre la metáfora de la ballena a partir de la disecada que pasea un circo ambulante en la hipnótica novela Melancolía de la resistencia (Acantilado, 1989), pero el escritor se resistía, precisamente a hacerlo. Se produjo una situación tensa al yo insistir y él salir por peteneras una y otra vez. ¿Dios, el Mal, el destino, Moby Dick, el estilinismo?, le apremié. "Ni en mi novela ni en la película sobre ella de Béla Tarr la ballena es una ballena y punto", acabó zanjando molesto. Peero yo me asomé a sus ojos azules, tan satánicos en el arrebato como lo de Ahab, y les juro que allí, el Nobel me perdone, nadaba la ballena, nuestra ballena.


El Pais. Cultura, Sábado 3 de enero de 2026

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