viernes, 29 de agosto de 2025

La vida en viñetas de Michel Rabagliati

 

El dibujante canadiense Michel Rabagliati, fotografiando en el estudio de su casa en Montreal el pasado 10 de junio. Michael Abril

Con la autoficción como vía para certificar el presente, el canadiense desnuda la cotidianidad a través de su alter ego. El dolor de un divorcio y la muerte centran su nuevo cómic, Paul en casa.



Por Irene Serrano

Tiene cierto morbo entrevistar a un autor de autoficción en su casa, más aún cuando la casa es escenario de parte de su obra. El chalecito del comiquero quebequense Michel Rabagliati en el barrio montrealés de Ahuntsic no decepciona. Rodeado de arbustos, con un pequeño mirador y un porche toldado ("lo construí yo cuando nos mudamos aquí hace 26 años", cuenta), es casi idéntico a los dibujos que aparecen en su última obra publicada en España, Paul en casa.

Aquí mismo, en su estudio, que durante un tiempo estuvo en el sótano y ahora se encuentra en la planta baja, Rabagliati ha desarrollado minuciosamente el personaje de su alter ego, Paul: a lo largo de 11 álbumes -seis de ellos publicados en español por la editorial Astiberri-, de la infancia a la madurez, pasando por todos los hitos vitales, y desde los años sesenta hasta la actualidad. "He contado prácticamente todo mi pasado", dice.

Si se ha leído su saga de Paul, uno también tiene la sensación de conocer de alguna manera a Rabagliati antes de cruzar una palabra con él. El autor tampoco decepciona: comparte con Paul la frente ancha, la nariz prominente y las cejas pobladas tan características del personaje. Pero, a diferencia de su alter ego, Rabagliati es elocuente y energético, generoso con la palabra y con el tiempo ("hablo mucho" y "tengo todo el día para vosotros" fueron dos cosas que nos advirtió nada más llegar). En el pequeño comedor contiguo a una cocina americana vintage verde oscuro, habla de la autoficción como una respuesta al olvido, una suerte de documentación vital.

-Además, no soy capaz de escribir ficción. No me la creo ni yo. Es una cuestión de honestidad. Inventar cosas, inventarme a una persona que no conozco, que se llama, no sé..., Lucía o Silvia, y darle un papel como, yo que sé, azafata..., ya estoy fuera. No me lo creo. Digo: bah, qué aburrido. Si ni siquiera la conozco, esta persona no existe. Así que cuanto más cercano, más me interesa, más me motiva. Prefiero contar la historia de un tipo que va al Provigo [una cadena de supermercados en Canadá] que inventarme una historia de alguien que se va de expedición a África. Probablemente haré algo mejor con el que va al Provigo que con el aventurero africano.

La vida de Paul es, efectivamente, una vida sin eventos notorios, sin sobresaltos. No hay grandes aventuras ni héroes. Tampoco tragedias ni situaciones sórdidas o violentas. Sin embargo, la serie es un éxito de ventas en toda la francofonía, ganadora de dos premios en el Festival Internacional del Cómic de Angulema, el encuentro de referencia para historietas francohablantes. Y la razón por la que en 2022 se condecorase a Rabagliati como caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia.

-Probablemente haya una especie de magia en el dibujo. Creo que el dibujo es simpático. Es simple, fácil de entender, de descifrar. Y el personaje cae bien. No tiene rasgos muy marcados: no está supermusculado, ni es muy masculino, ni muy femenino. Es un poco andrógino. Es sensible y receptivo con lo que pasa. Su forma de estar en la historia hace que sea cautivador. Porque yo lo coloco como si el lector estuviera dentro del personaje, como si se pusiera un disfraz con cremallera y caminara con Paul. Y Paul va descubriendo las cosas a la vez que el lector. Y el lector, sea hombre o mujer, se puede proyectar fácilmente, porque el personaje es bastante neutral. Y lo que le pasa es la vida. Los acontecimientos van ocurriendo como ¡zas!, ¡pam!, ¡sorpresa!, y él los recibe, los acepta, los vive. El lector está en la misma posición, avanzando con él por la historia. Quizás ese sea el secreto.

A Paul le pasa la vida, y le pasa en Quebec. La saga da un repaso a usos, costumbres e historia reciente de la provincia canadiense -francófona y nacionalista-, con cierta nostalgia y con muchísima precisión. Por ejemplo, Paul en los scouts, quizá el más político de todos los títulos, tiene como contexto la lucha del Frente de Liberación de Quebec (FLQ), un grupo separatista violento considerado como terrorista por el Gobierno de Canadá, que en 1970 protagonizó la llamada crisis de octubre.

El álbum describe e ilustra con bastante objetividad y desde el punto de vista de un Paul adolescente las semanas en las que el FLQ secuestró al diplomático británico James Cross y al entonces ministro de Trabajo, Pierre Laporte, a quien terminarían matando, y desencadenaron que el entonces primer ministro, Pierre Trudeau, padre de Justin Trudeau, aplicase la ley marcial. Como en otras ocasiones, la historieta navega entre el francés y el inglés para retratar un momento que marcaría las relaciones entre Quebec y Canadá.

El dibujante canadiense Michel Rabagliati, autor del cómic Paul en casa (Astiberri, 2025), abrió su casa en Montreal para Babelia el pasado 10 de junio. También enseño su estudio, en el que ha creado las páginas de la serie protagonizada por su alter ego, y posó dibujando una viñeta. Michael Abril.


El cambio de registro e incluso de idioma es uno de los puntos fuertes de Rabagliati. A cada personaje y a cada situación, el autor le otorga el estilo lingüístico apropiado, y como bien corresponde a un país bilingüe, el idioma adecuado al momento. En el universo de Paul no faltan el vecino de origen italiano que pese a llevar toda su vida en Montreal no habla francés -algo que irrita profundamente a los quebequenses (y a Paul)- o la mánager que utiliza tantos anglicismos que en sus frases cuesta encontrar palabras en francés.

-En Paul va de pesca o Paul se muda, verás que hay diferentes niveles de lenguaje.

El de los inmigrantes, como el vietnamita del colmado, que tiene muchas dificultades con el francés. O el pescador de Joliette (ciudad en el suroeste de Quebec), que tiene un acento rural, y usa muchos anglicismos. Cuanto más te alejas de la ciudad, más anglicismos encuentras, más quebequismos también. Me gusta detectarlo y subrayarlo cuando encaja bien.

La casa de Rabagliati está plagada de bártulos que dan cuenta de su interés por las artes visuales. Muñecos, juguetes, un luminoso de un taxi, matrículas de coches locales y muestras impresas de fuentes tipográficas de distintos estilos, cuidadosamente organizadas en estanterías y corchos de la pared de su estudio. Su padre y su hermana se dedicaron a la tipografía, y él, tras un breve paso por el oficio, estudió diseño gráfico. De ahí saltó a la ilustración editorial y para marcas, y acabó aterrizando en el cómic, su gran sueño desde la infancia.

Este recorrido vital ha dejado su impronta en la saga de Paul. En las historietas, aparecen productos y negocios típicamente montrealeses dibujados con rigor. Rabagliati asegura que con esto también responde a esa necesidad suya de batallar contra el olvido, de documentar el presente.

-Cuando dibujo un objeto, me gusta ser muy preciso. Sobre todo cuando hay tipografía, o si es un cartel, especialmente los carteles exteriores. Soy muy muy detallista con eso, porque son landmarks, puntos de referencia, y muchas veces son cosas que van a desaparecer. Sobre todo con los letreros antiguos, soy muy nostálgico. Por eso me gustan tanto las películas de Wes Anderson. Es muy meticuloso. Si pone un cartel de "elevator" (ascensor) en una escena, usa Futura Light. ¡Guau, me encanta eso! Todo está cuidado. Cualquier caso que aparece en una mesa tiene una buena tipografía. Todo está bien equilibrado, bien espaciado, con un interletraje impecable. Es el único que cuida la tipografía así. Bueno, también Almodovar. Sus títulos de crédito son una pasada. Sólo los créditos ya me hacen parecer ver la película.

Esa misma minuciosidad en el dibujo la aplica en los detalles arquitectónicos, en los edificios que aparecen como escenario de las historias de Paul. Y probablemente este aspecto costumbrista de su obra sea una de las claves de su éxito en Quebec, una región obsesionada con su identidad cultural y una necesidad de reafirmación como nación distinta a Canadá. Y aunque este verano haya recibido la medalla de la Orden de Canadá, una de las distinciones civiles más altas que otorga el Gobierno, Rabagliati es consciente de que no todos los públicos acogen con el mismo entusiasmo al personaje de Paul.

-No tengo éxito en el mundo anglosajón. Mis historias les parecen demasiado dulces, demasiado tiernas. Mi traductora -magnífica, por cierto- me lo ha dicho. Las tiradas son decentes, pero las ventas son lentas, sin mucho entusiasmo. Y sé por qué: los estadounidenses vienen de los superhéroes, del bien contra el mal, las armas... Incluso los cómics autobiográficos que les gustan son Maus, cosas muy duras, muy oscuros. Buddy Bradley, Dan Clowes, Charles Burns... Todo muy subterráneo, con traumas, depresión. Juliet Doucet, por ejemplo, que es de aquí, tiene mucho éxito en Estados Unidos. Porque es punk, es oscuro, hay bares, encuentros turbios. Eso gusta. Y en el Canadá inglés también: sus lecturas son muy oscuras. Mi obra es más luminosa. Lo que presento de la vida es bastante soleado.

La excepción en este trabajo soleado es Paul en casa, su décimo título que cierra una primera etapa de la saga, y que salió a la venta en España el pasado mes de marzo. En este volumen, Paul se acaba de divorciar de su esposa, un personaje muy presente en el resto de su obra, y su hija, ya mayor de edad, decide irse a vivir temporalmente a Londres. Y en medio de esta soledad de sus 51 años, a su madre le diagnostican un cáncer terminal y muere.

-Entré de lleno en los peores momentos de mi vida. Muy real, muy duro. No sé por qué lo hice. Quizá porque necesitaba escribir. Necesitaba hablar con alguien. En Paul en casa, Paul dice: "Me gusta hacer cómic porque me relaja". Y su perro le responde: "No, es porque necesitas hablar con alguien". Y es así, tal cual... Aunque creo que escribir sobre ello fue menos doloroso que hacer la promoción del libro doloroso. Por culpa de la autoficción. Me sería mucho más fácil hablar de un libro si fuera ficción. Pero es mi vida. Y me vuelven a interrogar sobre mi vida. Y eso a veces... es demasiado.

Mientras gestiona momentos desoladores, se enfrenta a tareas y situaciones altamente irritantes: limpiar una piscina sucia, ir al dentista, lidiar con la apnea del sueño, empezar a correr, abrirse un perfil en una web de citas... Patéticos problemas del primer mundo y de la mediana edad con los que es fácil sentirse reconocido, simpatizar.

-En Paul en casa, al principio me dije: me voy a quedar en el sótano todo el tiempo. Pero me di cuenta de que no sería bueno, ni para mí ni para el lector. Así que uso el humor para romper la atmósfera, para cambiar de tono. Exactamente como hace Woody Allen. No se queda siempre abajo: le da al lector galletas, azúcar, para que haya diversión. Lo que se llama comic relief. En guión se usa mucho. El comic relief llega cuando el lector está cansado, saturado emocionalmente, y le das un chiste para reengancharlo. A mí eso me interesa muchísimo, la construcción del guión. Cómo organizar los elementos de una historia para que provoquen un efecto: flashbacks, flashforwards, primeros planos...

El comic relief funciona de maravilla en la versión teatral de Paul en casa que durante 2024 y 2025 se ha podido ver en Montreal, y en la que Rabagliati ha colaborado con el guión. Aunque esta no era la primera puesta en escena de Paul; en 2015 el director de cine quebequense François Bouvier llevó a la gran pantalla Paul en Quebec, en la que Rablagiati colaboró también como guionista.

-Escribir para cine no me interesó. Muy laborioso, todo cronometrado. Todo es un problema. Todo cuesta, cuesta, cuesta. Mientras que en cómic... puedes dibujar ocho caballos con uniformes napoleónicos y cañones... y no pasa nada. Tú dibujas lo que quiera. Una escena aérea, ¡y tan feliz! En cine, para tener esa imagen, tienes que negociar todo.

En la habitación donde está su estudio, Rablagiati nos enseña bocetos de la obra en la que trabaja y también algunos de Rose en la isla, una novela ilustrada que se publicará en España a finales de año. Cuenta que la viñeta de la historieta se le quedaba pequeña para representar la inmensidad de los vastos paisajes de Bas-Saint-Laurent, donde se encuentra la isla en la que se desarrolla la historia, y que decidió probar un nuevo formato. La amplitud se agradece y favorece al estilo característico de Rabagliati: los dibujos son más minuciosos si cabe y sin la limitación de los bocadillos, las reflexiones de Paul son aún más interesantes.

-Pensé en hacer algo así, un poco anticómic tradicional, con ilustraciones grandes. Hago un dibujo, lo escaneo y lo encajo en el texto. Primero escribí todo el libro en InDesign, que normalmente los escritores no hacen. Ellos escriben en Word, y luego un diseñador maquetador se encarga. Pero yo hago la maquetación directamente. La tipografía que quiero, márgenes, el tamaño, todo. Eso me permite controlar muy bien el ritmo. Una página, un tema. En Word no puedes controlar eso, el texto fluye y luego alguien lo ajusta como puede.

Rablagiati quedó contento con el resultado y su próxima publicación, que saldrá a la venta en Canadá el año que viene, seguirá el mismo formato y estilo. Y aunque Paul ya no aparecerá en los títulos, seguirá siendo el protagonista. Es lo que tiene declararse incapaz de crear personajes ficticios: tu alter ego se vuelve imprescindible, aunque duela.


Paul en casa. Michael Rabagliati

Traducción de Óscar Palmer. Astiberri, 2025

208 páginas. 23 euros


El Pais. Núm. 1.760. Sábado 16 de agosto de 2025


jueves, 28 de agosto de 2025

Porco Rosso: cartel taiwanés (por Steve Tung y Joe Fang)

Nuevo póster oficial taiwanés de " Porco Rosso " (la famosa película de Hayao Miyazaki y Studio Ghibli).



Una vez más, son obra de Steve Tung (ilustración) y Joe Fang (diseño gráfico), quienes ya habían sido encargados de diseñar otros pósteres para las películas del estudio para sus (re)estrenos en Taiwán.


Via Catsuka


Fortnite x Gorillaz

 


La interconexión digital a pleno rendimiento.


miércoles, 27 de agosto de 2025

Voutch (4)


-Ya que nos ponemos sinceros, Verónica, querida, yo también estoy casado.


ClubCultura #4 Otoño 2004

 

martes, 26 de agosto de 2025

Las chicas de Bryan

Stephanie Seymour. 
Nacida en California en 1968, fue una de las supermodelos que dominaron el planeta en la década de los noventa, al final de la cual su fortuna se estimaba en 24,6 millones de dólares. Sus grandes éxitos llegaron de la mano del cabello (LÓreal) y la ropa interior (Victoria´s Secret). Su matrimonio con Axl Rose (Guns´n´Roses) duró poco más que un video de la banda.
Los protagonistas.
El diseñador de Calvin Klein, Francisco Costa, recibe el abrazo del músico Bryan Adams en la fiesta de presentación de su proyecto conjunto en Nueva York.

El cantante Bryan Adams sorprende como fotógrafo en su última obra. Un libro, titulado 'American women', en el que retrata a noventa mujeres de éxito vestidas por Calvin Klein. Un paseo por la femineidad estadounidense con fines benéficos que incluye a actrices, políticas, escritoras y cantantes. Por Xavi Sancho. Fotografía de Bryan Adams.


Un rockero que saca fotografías.

Una marca de moda de sartorial elegancia. Un nutrido grupo de mujeres de éxito norteamericanas. Una buena causa. American women es un libro de retratos de, eso, mujeres americanas. Hasta noventa, en una lista que incluye los nombres de Scarlett Johansson. Daryl Hannah, las hermanas Venus y Serena Williams, Pink, Lauren Bush o Hillary Clinton. Todas han posado para la cámara de Bryan Adams vestidas por Calvin Klein. La finalidad (aparte de la repercusión mediática, la proyección de una imagen multidisciplinar o, incluso, el aburrimiento a que aboca a industria a los músicos al no permitirles editar más que un disco cada tres anos es la ayuda al Memorial Sloan-Kettering Cancer Center en su programa de investicacion para la cura del cáncer de pecho, enfermedad que se levo a una amiga íntima del musico canadiense en 1997. Los dos trabajos previos de Adams como fotógrafo han sido sendos libros de retratos femeninos, uno en su país natal (Made in Canada, 1999) y otro en el Reino Unido (Haven, 2000), donde llegó a fotografiar a la reina Isabel II, la mujer que le preguntó hace unos meses a Eric Clapton si hacía que tocaba la guitarra. "No estoy seguro de si ella me conocía, pero fue muy amable", responde por e-mail Bryan Adams. "Y le gustó la cámara de 10x8 que utilicé para hacerle el retrato", termina.

"Empecé en el mundo de la fotografía hace siete años, con las imágenes de las portadas de mis discos y reportajes sobre mis propias giras y sesiones de grabación. Trató de ser tan creativo como puedo mientras estoy vivo. No quiero llevarme nada dentro cuando me vaya, quiero haberlo dado todo". Así, entre la mística inherente al artista millonario y la urgencia por dejar huella en un mundo que tiene muchos problemas y poca memoria, Adams se embarcó en este proyecto. Las fotografías se tomaron entre Nueva York y Los Ángeles durante 2004. La relación con Calvin Klein se había iniciado en 2000, cuando Malcolm Carfrae, buen amigo del rockero en Londres (ciudad en la que reside) se mudó a Nueva York para ser vicepresidente de relaciones públicas de la marca estadounidense. Él conocía el traba-

DOS RUBIAS. Arriba, la actriz Gwneth Paltrow. quien a los 32 años es una de las mas rutilantes estrellas del Hollywood del siglo XXI y posó embarazada. Abajo, Debbie Harry.
Nacida hace 60 años en Miami, fue la cara y el sexo de la revolución punk de Nueva York
Su banda, Blondie, vendió mas de 20 millones de copias de Parallel lines, su tercer disco.

-jo como fotógrafo de Adams y a mediados de 2002 le llamó para proponerle que la marca que ahora le ayudaba a pagar las facturas se involucrara junto a él en un proyecto llamado American Women. El brasileño Francisco Costa puso toda su ilusión, como recién llegado al puesto de director creativo de Calvin Klein Mujer, al servicio de la causa. Costa no conocía el talento oculto del rockero, pero si tenia una cosa clara: Los provectos filantrópicos son cada día mas importantes. Cuanto mas opulenta se convierte la sociedad, mas importante es que las personas compartan su riqueza y su tiempo. La caridad une a la gente' responde también por e-mail el diseñador, quien, a pesar de ser consciente de que existen un par de cosas en el mundo que no funcionan bien, posee una naturaleza optimista ciertamente envidiable, aparte de un también hasta ahora desconocido talento para emular a Nancy Keagan.

-¿Cuáles fueron sus pensamientos iniciales sobre el proyecto?

-Es una gran idea, muy emocionante, ademas de una muy buena causa.

-¿Algún personaje se negó?

-Hemos conseguido una gran representación de mujeres.

-¿Cómo valoraria su experiencia en Calvin Klein hasta hoy?

-Me lo he pasado muy bien. Hemos conseguido mucho en muy poco tiempo, y tengo muchas ideas excitantes para la marca para el futuro.

La principal influencia que Brian Adams reconoce al ponerse tras una cámara es Herb Ritts quien le ayudó mucho en la creación de su primer libro. Me presto su estudio y sus asistentes. y ahí aprendí más sobre fotografía que en ninguna otra parte. Fue como un curso acelerado, y todavía hoy me mantengo en contacto con la gente de su oficina. También he aprendido mucho de quienes me han fotografiado, y entre ellos recuerdo especialmente a Andrew Catlin o Anton Corbjin" Aunque parece totalmente integrado en sus nuevas aficiones cuyo éxito parece cada día sorprenderle menos. Adams declara que su principal actividad es y será el rock and roll "Tengo un disco nuevo, Room service, y en enero giré por España. Las audiencias de vuestro país son las mejores", responde en un típico tic de viejo rockero que de cualquier modo, no desentona nada en este nuevo entorno. ¿Algún talento oculto más que debamos conocer.? "Llego a tocarme la punta de la nariz con la lengua". Con esto igual no se pueden recaudar fondos para ninguna buena causa, pero al bienintencionado Costa seguro que le parece admirable".

El libro "American women" tiene 120 paginas, cuesta 39,80 euros y está editado por Power House Books. Para más información, consultar: www.powerhousebooks.com.


El Pais Semanal número 1.497. Domingo 5 de junio de 2005



La isla "hippy" del sol naciente

El faro del fin del mundo / Jacinto Antón


En Formentera, los pequeños acontecimientos cotidianos se suceden y cobran importancia al margen de lo que pasa afuera en el mundo. La otra noche se proyectó en Sant Francesc, al aire libre, el documental Peluts i alters forasters a Formentera, que recupera entrañablemente una parte de la memoria del desembarco de los hippies en la isla y lo que supuso la experiencia para ellos y para los locales. Asistí al pase, multitudinario, y dado que todas las sillas estaban ocupadas, tuve que ver la película sentado en el suelo, como si hubiéramos regresado a los días del flower power.

Pese a los precios disparatados que hacen retraerse cada vez más a los visitantes, todo lo mejor de la isla, si lo piensas, es gratis: la arena, el mar, la puesta de sol, las estrellas, los amigos, el pase del documental. O la aventura con una morena - el intimidatorio pez anguiliforme Muraena helena- que vivimos el jueves. La localizó mi hija Berta justo al llegar, buceando frente al Pelayo, y todos nos zambullimos a buscarla (algunos con menos decisión que otros; la mordedura es dolorosa). Pero lo más interesante fue la evocación que nos hizo luego José Luis de cuando su padre pescaba morenas en estas mismas aguas. Nos explicó que entonces había muchísimas y atrapaban solo las grandes, las únicas que valen la pena como alimento. “Las colgaban aquí”, apuntó, señalando el muñón de una vieja Sabina junto a la barra del local. Escenificó entonces cómo rajar al bicho serpenteante para sacarle la espina central y el sistema digestivo. “Luego se recubre a la morena con sal gruesa, sin quitarle la piel, que es de lo mejor, muy sabrosa; se fríe para que quede crujiente”. Yo no he visto la morena pero el mismo jueves me encontré con una imagen muy evocadora junto al quiosco Sarai: un gran tiburón hinchable varado en la arena. Precisamente había acabado otro de los libros que me he traído este verano a Formentera, Historias bajo el mar (Punto de Vista Editores, 2025), en el que el autor, Pietro Spirito, recoge una variada serie de aventuras hiladas por la suya propia con un tiburón blanco. Imaginarán mi sorpresa al descubrir que una de las historias que cuenta es !de sirenas¡ “Necesitamos a las sirenas, y cuando no existen, las inventamos”, escribe.

Jacob Elordi y Olivia DeJonge, en 'El camino estrecho', adaptación de la novela de Richard Flanagan.

El libro de Spirito, todo y reunir sirenas, submarinos, mensajes en botellas, apuntes julesvernianos, los audaces buceadores italianos de la Décima Flotilla Mas, e incluso a Hans Hass y su fulgurante ondina Lotte, no ha sido la lectura que más me ha impresionado esto días. Me he traído Question 7 (Vintage, 2025), las extraordinarias memorias de Richard Flanagan, un escritor al que descubrí con la tan subyugante El camino estrecho al norte profundo (Penguin Random House, 2016), una de mis novelas favoritas (a ella pertenece la frase “un hombre feliz no tiene pasado; un hombre infeliz no tiene nada más”), que he releído aquí tras ver la miniserie que se ha hecho sobre ella, producción que me ha parecido esencialmente fiel y muy buena. Una novela como El camino estrecho al norte profundo que se desarrolla en Tasmania, en Australia y en Birmania y que recrea con mucho más realismo que Feliz navidad mister Lawrence, Rey de las ratas y no digamos El puente sobre el rio Kwai, el horror que sufrieron los prisioneros de los japoneses y en particular los condenados a construir la siniestra línea férrea del “ferrocarril de la muerte” durante la II Guerra Mundial, no parecería una (re)lectura idónea para Formentera, isla, se diría, más de sol poniente que naciente. Tampoco las memorias de su autor, que añaden una tercera dimensión a la novela y la serie: el padre de Flanagan, sargento de las tropas australianas, cayó cautivo de los japoneses y su experiencia es la base de la ficción. Pero no solo he encontrado inesperados puntos en común entre Flanagan y sus libros y la isla, sino que pasar con el escritor aquí el 80º aniversario (6 de agosto) del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima, tema que aparece en la novela y muy especialmente en las memorias, ha sido excepcionalmente oportuno.

A través de los libros de Flanagan, convertido el peñón de Mola en el monte Suribachi de Iwo Jima y los bañistas desnudos de Migjorn en émulos de los escuálidos prisioneros de los japoneses, he recordado en Formentera la guerra en el Pacífico y su final. No he encontrado japoneses en la isla (según mis datos solo hay tres), para contrastar opiniones. Pero he querido creer, como uno de los compañeros del padre de Flanagan en el campo y el Jim de El imperio del sol, la novela de Ballard, que algo del fulgor de la vieja bomba se percibió en el cielo de aquí el miércoles en el aniversario. Aunque fuera solo un espejismo atrapado en el tiempo de aquel horror cegador, y su reflejo centelleante en los libros.


El Pais. Cultura. Sábado 9 de agosto de 2025


VOUTCH (3)

 


-Todavía no he elegido el destino. Sólo tengo las fechas: 17 de mayo al 12 de junio.
Y el tema: turismo sexual intensivo.

ClubCultura #3 Verano 2004