martes, 17 de diciembre de 2024
Looney Tunes - The Day The Earth Blew Up : Trailer
Huellas cromadas
Huellas cromadas. Un viaje a los años cincuenta en La Habana actual, donde los coches clásicos estadounidenses y la arquitectura de la primera mitad del siglo XX se alían para desafiar cualquier lógica temporal. Un patrimonio único que la mirada de Norman Foster ha convertido en libro.
Por Belinda Saile Fotografía de Nigel Young
lunes, 16 de diciembre de 2024
Repoker de miedos
De la mano de un extravagante y terrorífico presentador, recorremos una galería de horrores creada por Hideshi Hino
José Luis Vidal
14 de diciembre 2024
Es inevitable en la condición humana. Que levante la mano, hasta el más atrevido de la sala, quien no tenga algún miedo, padezca una o varias fobias.
¿Nadie, verdad?
Todos y cada uno de nosotros guardamos en nuestro interior esa sombra que, en la mayoría de las ocasiones, ha nacido de un fuerte trauma y tarde o temprano hará su aparición en nuestras existencias como una losa imposible de levantar, que nos oprime el pecho, impidiendo la respiración, transformando el momento en una auténtica pesadilla.
Mr. Joker
Autor: Hideshi Hino
Tapa blanda
Blanco y negro
196 págs.
11,50 euros
Ediciones La Cúpula
Pues bien, en este nuevo volumen editado por La Cúpula, que pertenece a la personal línea de uno de los mangakas japoneses con una de las trayectorias profesionales más personales, que eligió el terror como marca de la casa. Curiosamente, poseedor de un estilo que a la mayoría les parecerá casi infantil, pero que unido al argumento de sus relatos, hace que el resultado nos congele, mostrándonos imágenes terribles, que parecen salidas de la peor de las pesadillas.
Su nombre, como ya habéis imaginado los que seguís su trayectoria, es Hideshi Hino, y en esta ocasión nos presenta a un personaje nacido de su imaginación, y que comparte 'labor' (por llamarla de alguna manera) con sus colegas norteamericanos, el Tío Creepy o el Guardián de la Cripta, seres estos de aspecto repulsivo, que son porteros, poseen la llave a un mundo horripilante al que nos dan paso, en una especie de prólogo, en el que nos advierte que, una vez cruzada esa imaginaria puerta que es la página de un cómic, estaremos expuestos al escalofrío, a las imágenes y argumentos más perturbadores…
Y esa misma es la labor de Mr. Joker, que tan solo comparte nombre con el loco psicópata de Gotham. Vestido con un impoluto frac, y una sonrisa imperturbable, nos anuncia los diversos relatos que se esconden en esa baraja de naipes que siempre porta.
En ellos vamos a conocer el pavor que atenaza a varios personajes, algunos de corta edad, con respecto a diversos objetos o hechos. Desde los afilados cuchillos; pasando por los, en apariencia, pacíficos relojes, o el reflejo contenido en un espejo, para finalmente temblar como un descosido ante la llegada de la temida prueba de un examen…
Pobres personajes, todos condenados de antemano sin saberlo, dramas cotidianos que Hino arrastra a la oscuridad. Como la del agente de policía Sonmi que, víctima de la más cruel de las venganzas terminará transformándose en Zombiman.
Pero esto no es todo, pálidos y sudorosos lectores, ya que antes de poder escapar de este laberinto de horrores, conoceremos la historia de un niño, que se convertirá en el objetivo de las crueles ratas y gusanos, sin saber realmente cual es su estado y por qué le ocurre esto.
Y antes de que baje el telón, cómo el trauma y la venganza pueden convertirse en una peligrosa arma de doble filo…
¿Os atrevéis a sacar una carta de la baraja de Mr. Joker?
Diario de Cadiz
Master Nobody: Tráiler (Cápsulas Temporada 3)
domingo, 15 de diciembre de 2024
Lecturas de un domingo cualquiera
Por Alvaro Pons / Noelia Ibarra
Cualquier lista es incompleta por naturaleza, pero debe entenderse no como un canon, sino como una sugerencia de descubrimientos. Como la sorpresa que produjo Domingo flamenco, de Olivier Schrauwen (Fulgencio Pimentel), que refleja en viñetas ese hilo de conciencia que Joyce plasma en Ulises, reescrito ahora desde el tedio dominical que impregna cada acción desarrollada en un día en la vida de su protagonista. La innovación formal permite descubrir un reguero de tramas para seguir y disfrutar en cada detalle de ese aburrimiento cotidiano, reconvertido en un festín de narrativa visual.
Experimentación en la forma de contar historias que resulta clave en El color de las rosas, de Martin Panchaud (Reservoir Books), que parte de la estructura canónica del thriller y la road movie con tintes de denuncia social para dinamitarlos a través de la radicalidad gráfica.
Sin embargo, no es necesario recorrer caminos inexplorados: la edición por fin en España de Yamada Murasaki, referente del manga del siglo XX, nos recuerda que la discreta narración de Una mujer de espaldas (Salamandra Graphics) constituye una herramienta de renovadora fuerza desde la introducción de la perspectiva feminista. Una mirada que comparte con Mañana será otro día (Reservoir Books), donde Keum Suk Gendry-Kim aborda la construcción de la maternidad y la familia como destino de las mujeres en la sociedad, en un retrato que rompe fronteras para mostrar cómo la presión social sobre la ausencia de hijos es universal.
Ha sido el año de la esperadísima segunda parte de Lo que más me gusta son los monstruos (Reservoir Books), con la que Emil Ferris concluye un inmenso relato gestado al son de una concepción panóptica de la historia, de la Europa del Holocausto al Chicago de los años sesenta, entrelazado con la maduración personal en una declaración de amor por el arte como mecanismo de supervivencia. Un conjunto que marca un hito histórico, rompiendo todas las convenciones.
Desde un estilo diametralmente opuesto, también es posible extraviarse en el minimalismo de Laura Pérez en Nocturnos (Astiberri), donde la noche se convierte en foco de confluencia de personajes que convergen en esa oscuridad acogedora, gracias al trazo de la autora con su creación de una atmósfera de caminos y lecturas que transitan entre lo real y los imaginado. Una capacidad evocadora que María Hesse lleva al extremo en El miedo (Lumen), uniendo relato, ilustración y cómic para moldear la experiencia del maltrato psicológico y sus consecuencias mediante una fusión de referencias que contornean con precisión la sensación inasible pero presente que supone vivir con miedo. Ese horror que es capaz de producir la tinta en la viñeta constituye la herramienta de La carretera (Norma), adaptación al cómic de Manu Larcenet cuya expresividad desbordante se nutre de un trazo visceral, que potencia el mensaje de la obra de McCarthy para reproducir ese devastador mundo en unas viñetas que se quedan clavadas en la retina.
Ha sido un año también de grandes obras de cómic infantil y juvenil, como la chispeante Cosmo, de Javi de Castro (Astiberri), que transforma descubrimiento y exploración formal en un reto divertido y apasionante para los más pequeños, o la reescritura transgresora del mito artúrico en clave feminista que plantean Monde y Burniat en Furiosa (Norma Editorial), sin renunciar al humor y la modernidad.
Hemos tenido recuperaciones y reediciones fundamentales, desde la apuesta por los clásicos de prensa americanos, como Li´l Abner, de Al Capp (Diábolo), a la vuelta de cómics que al final del siglo XX transformaron la concepción de la historieta desde planteamientos alternativos: Palomar, de Beto Hernández (La Cúpula), Bola Ocho, de Daniel Clowes (Fulgencio Pimentel) o Moebius con Obra hermética (Reservoir Books). Sin olvidar la necesario reivindicación de obras clásicas de nuestro cómic como Frank Sommer, de Sommer (Cartem), o Las aventuras del Capitán Torrezno, de Santiago Valenzuela (Astiberri).
El Pais. Babelia núm. 1.725. Sábado 14 de diciembre de 2024
sábado, 14 de diciembre de 2024
Cómo me inspiró Moebius - Katsuya Terada (Procreate)
CUESTIÓN DE ESPACIO por LORENZO DÍAZ
Sin Perdón
El tebeo es soso y algo irritante: los protagonistas se mueven con velocidad de caracol a lo largo de interminables páginas de pretendido dinamismo que sólo consiguen demostrar su estupidez, carencia de personalidad y ausencia de historia. A lo largo de cuarenta páginas se limitan a pelear, correr o joder sin motivo real y sin que su historia personal venga o vaya a ninguna parte. Todos los tebeos que llevo leídos este mes son así; no encuentro algo que retenga mi atención una vez haya acabado la última página, algo que me haga volver atrás, pensar en lo que he leído, meditar en sus personajes, reflexionar sobre el trozo de vida ficticia con que sus autores me han obsequiado.
Triste, este mes no lo encuentro; tal vez el mes que viene.
Es un fenómeno común: cine, literatura y televisión lo comparten. Uno lee setenta páginas de una novela de ochocientas (de Stephen King, por ejemplo) y en ese espacio muere alguien y tres protagonistas han hablado por teléfono. Nada más: casi todas las páginas son paja inútil, no cuentan nada. En ese espacio, otros autores (John LeCarré, por ejemplo) nos habrían contado el pasado del protagonista, cómo realiza su trabajo, el dilema ético que tiene, el complejo de culpabilidad que le lleva a hacer algo que un año antes no habría hecho, cuál es su adversario.. consiguiendo además el milagro de que sus reacciones nos sorprenden durante el resto de la novela, porque el personaje se ha vuelto real para nosotros. El cine parece lleno de personajes igualmente vacíos, con tan poca entidad que los habrían matado en los primeros cinco minutos de una película negra de los años cuarenta. Y esto, por no hablar de las historias. Hay excepciones, claro. Siempre hay gente como Jonathan Demme, Ridley Scott o Erich Rohmer que hasta cuando meten la pata dan obras de gran densidad cinematográfica.
Un desconocido se sorprendía de mi afición al cómic japonés.
Mi respuesta fue que lo que me gustan son los tebeos, me da lo mismo que sean japoneses o italianos, siempre y cuando pueda leerlos. Y como me gustan los tebeos en general, me molesta que sea tan difícil encontrar tebeos que se puedan leer, que me duren, que no se me olviden apenas acabados, donde los diálogos de los personajes no sean intercambiables. No es que busque páginas llenas de viñetas, y viñetas llenas de texto (aunque tampoco me importa), sólo que las unas y lo otro tengan algún sentido. Cada vez que veo el SAMBRE lamento haberlo leído ya hace cuatro años. Es un ejemplo perfecto de lo que busco, quiero y me gusta leer. La historia es sencilla, que no simple; tanto ésta como los personajes tienen mucha fuerza; lo que no se cuenta pesa en todo el álbum y motiva la imaginación del lector tanto como lo que se cuenta.
Son constantes en la obra de su guionista Balac (alias Yann, alias Le Pennetier), y que su dibujante Yslaire, también guionista, apoya con un dibujo espléndido, de composición férrea y sugerente, que complementa el guión y lo potencia hasta convertir la historia en una obra casi magistral.
Lástima que SAMBRE haya uno cada tres años, Spirou uno al año, obras de Hermann dos al año, y que cueste conformarse con eso. Uno busca, lee y sigue buscando y, pese al ocasional Marc Hempel, el esquivo Felipe Hernández Cava o el último Berardi y Milazzo, sigue lamentándose de que, si bien hay grandes dibujantes en todos los países, los guionistas escasean y la mayoría parecen considerar interesante la historia del detective/chica liberada/super-héroe de turno cuyo principal y único rasgo definitorio es contar chistes mientras masacra lo que se le pone por delante.
Es que, saben, hay momentos en que me pone muy triste la muerte de Hergé. Nunca me gustó mucho, pero sabía contar historias que te compensaban el dinero invertido en comprarlas y te reconciliaban con el tebeo.
Revista Viñetas nº2 febrero 1994 Ediciones Glenat
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