jueves, 28 de diciembre de 2023

Batman, Dickens o una croqueta enamorada: así son los cómics que mejor reflejan la Navidad

Viñetas nevadas

Una selección de tebeos de distinto pelaje, pero centrados en estas fechas, que se pueden conseguir con facilidad incluso por aquellos que dejan todo para última hora

En 'Klaus', Grant Morrison y Dan Mora presentan una reinterpretación del mito de Santa Claus y le convierten en un aguerrido vikingo.DAN MORA



ALEX SERRANO

25 DIC 2023 

Hubo un tiempo en el que no había navidad sin cómic ni cómic sin navidad. Las últimas décadas del siglo pasado fueron una época prolija para que autores de todo tipo y nacionalidad decidiesen apostar por la época de los buenos sentimientos para poner a alguno de sus personajes en aprietos. A cualquier lector que recuerde con algo de nitidez aquellos años le vendrá a la cabeza la costumbre de revistas como El Víbora (y su hermana más alegre, Kiss Comix) de publicar especiales navideños.

De la misma manera, los lectores de superhéroes seguramente recuerden que autores como Frank Miller, John Byrne o José Luís García López aprovechaban las fechas para mostrar el lado más cercano de Superman o Batman. Los X-Men, la Liga de la Justicia, Starman, Hellboy, Ojo de Halcón, Spirit e incluso Lobo, con su descacharrante Navidad Paramilitar, cuentan en su haber con al menos una historia memorable dedicada a estas fechas tan especiales. Tampoco hay Navidad sin las tiras navideñas de Calvin y Hobbes y Snoopy y Carlitos.

Algunas de estas historias están enterradas en volúmenes recopilatorios o descatalogadas y encontrarlas requiere un apasionante trabajo de búsqueda y captura en tiendas de cómics o librerías de segunda mano. Y como el espíritu navideño consiste también en regalar y, no nos engañemos, el tiempo es el regalo más generoso que uno puede hacer, hemos elaborado un pequeño listado con cómics de distinto pelaje que se pueden conseguir con facilidad incluso para aquellos que dejan todo para última hora.

Aquí van un listado de cómics, tebeos, novelas gráficas, llámelos como quiera, ideados para despertar el lado más festivo de lector. Algunos reinventan Cuento de Navidad, la obra de Charles Dickens. que se ha convertido en el referente literario de estas fiestas. Todos dejan volar la imaginación y el sentido del humor hacia territorios sorprendentes:




LEE BERMEJO (ECC EDICIONES)

Batman: Noel. Un cuento de Navidad. Es la adaptación del celebérrimo Cuento de Navidad de Charles Dickens ambientado en el universo de Batman, con el Caballero Oscuro enfrentándose a los fantasmas de su pasado, presente y futuro. La narrativa sigue al héroe enfrentando los fantasmas de su pasado, presente y futuro. El hombre murciélago toma el lugar del señor Scrooge dickensiano, en una trama que refleja sus dilemas morales en una impactante y navideña ciudad de Gotham. Las ilustraciones del estadounidense Lee Bermejo, conocido por su detalle y realismo, otorgan una atmósfera única a esta historia, donde Batman se enfrenta a las consecuencias personales de su solitaria cruzada contra el crimen.




CARLOS GIMÉNEZ (RESERVOIR BOOKS)

Canción de Navidad. Una historia de fantasmas. Carlos Giménez, maestro del cómic español, hace tiempo que disfruta de una total libertad creativa que, combinada con su incansable actividad artística, le llevó a hacer un juego de espejos con el clásico de Charles Dickens. Giménez, disfruta desde hace años de una especie de reclusión autoimpuesta en su casa, rodeado solo de sus amigos y sus cómics. Aquí no solo adapta la historia original, sino que la utiliza como un medio para reflexionar de manera muy personal sobre la situación social y política contemporánea. Con su característico estilo expresivo, combina la esencia de la historia de Dickens con un mensaje más actual, relevante y crítico, explorando temas de injusticia y desigualdad en la sociedad actual, manteniendo al mismo tiempo la esencia moral y redentora del cuento original.





Cuento de Navidad. Una historia de fantasmas. Otra inspirada versión del Cuento de Navidad. En este caso, es notable por la vibrante y colorida visión del dibujante español José Luis Munuera. La historia toma un giro único al tener como protagonista a Elizabeth Scrooge, una adaptación femenina del clásico personaje de Charles Dickens. El cómic conserva la narrativa y los temas del original, pero los presenta con un estilo más dinámico y accesible, haciéndolo atractivo tanto para los seguidores del clásico como para nuevos lectores. Las ilustraciones son ricas en color y expresividad, capturando la esencia de la narrativa navideña con un toque moderno. Munuera, uno de los autores que mejor ha entendido la sensibilidad de la bande desinée francobelga, ofrece un álbum de esos que miras página a página una y otra vez.




GIUSEPPE MANUNTA (NUEVO NUEVE)


La cena de Navidad. Una excelente oportunidad para conocer el trabajo del talentoso dibujante Giuseppe Manunta. El italiano presenta una mirada íntima y humana a una cena familiar en Nochebuena, combinando hábilmente elementos de drama y comedia para explorar las complejidades de las relaciones familiares durante las festividades. Las interacciones entre los personajes son realistas y el humor se trata de una manera que se agradece y no empalaga, retratando las tensiones, alegrías y peculiaridades que surgen en reuniones familiares. El arte de Manunta es cálido y acogedor, complementando perfectamente el tono de la historia. Uno de esos pequeños secretos bien guardados de editoriales como Nuevo Nueve.




CHARLES DICKENS Y ESTUDIO JOSO, (HERDER EDITORIAL)

Canción de Navidad (El Manga). Este listado no sería el mismo sin un manga navideño. Y esta adaptación del Cuento de Navidad de Dickens realizada por el Estudio Joso de Barcelona, combina con acierto las líneas maestras del cómic japonés con la historia victoriana, creando una experiencia de lectura fresca y original. Los personajes y escenarios están dibujados con el detalle y expresividad característicos del manga, ofreciendo una nueva perspectiva a la clásica narrativa de redención y espíritu navideño.




FRANCISCO IBAÑEZ

Mortadelo y Filemón. ¡Felices fiestaaas! Si hay un autor que supo aprovechar los hitos y fechas señaladas a lo largo del año, ese fue Francisco Ibáñez. Los álbumes de Mortadelo y Filemón dedicados a mundiales de fútbol y olimpiadas quizás sean los más célebres, pero conviene no olvidar esta desparramante recopilación de desventuras de sus dos creaciones más famosas en la temporada navideña.




ANA ONCINA (LA CÚPULA)


Una navidad con croqueta y empanadilla. Croqueta y Empanadilla son un fenómeno editorial que ha llevado a Ana Oncina a convertirse en una autora superventas. La proximidad sigue siendo el punto fuerte de la autora alicantina y este volumen es una entrañable y cómica mirada a las fiestas navideñas a través de los ojos de Croqueta y Empanadilla, dos personajes entrañables. El dibujo es sencillo pero expresivo, y destaca la capacidad de la autora para captar lo cotidiano, esas pequeñas alegrías y desafíos de las festividades en pareja. Oncina logra equilibrar el humor con momentos tiernos, creando una historia navideña que despierta más de una sonrisa cómplice.


                                            


JEFFREY BROWN (PLANETA DE LIBROS)

Star Wars. La familia Vader celebra Sithmas. El dibujante indie Jeffrey Brown inició una fructífera colaboración con el universo Star Wars a través de unos cómics destinados a lectores infantiles y juveniles, con un humor cómplice y familiar que conecta con padres e hijos frikis. Esta entrega, con un enfoque abiertamente humorístico se centra en la familia Vader, mezclando elementos icónicos de Star Wars con tradiciones festivas.



SHAWN CRYSTAL, CHARLES SOULE, CHRIS CLAREMONT, TERRY DODSON (PANINI CÓMICS)

Patrulla-X: Especial Navidad Calendario de Adviento. Este especial de Navidad presenta a los miembros de los X-Men en una serie de historias cortas que tienen lugar durante el período navideño. Cada historia, como un calendario de adviento, revela diferentes aspectos y tradiciones de la Navidad, entrelazándolas con los personajes y el universo de los X-Men. Este enfoque brinda una visión más humana y festiva de los superhéroes, mostrando cómo celebran y experimentan las festividades. No alcanza el nivel de Demon, la gran historia navideña de los X-Men, pero tampoco lo pretende.




GRANT MORRISON Y DAN MORA (PANINI CÓMICS)

Klaus. Grant Morrison y Dan Mora presentan una reinterpretación original y oscura del mito de Santa Claus. Klaus combina elementos de fantasía, acción y folclore para contar la historia de origen de Santa Claus de una manera nunca antes vista, como un aguerrido vikingo. Las ilustraciones de Mora son impresionantes, con un estilo dinámico y detallado que captura la atmósfera épica de la historia. Morrison, conocido por sus narrativas complejas y profundas, ofrece una versión de Santa Claus que es tanto heroica como mística, alejándose de las representaciones tradicionales del personaje.




DAVID LÓPEZ

Bola extra: Los tebeos navideños de David López El dibujante español lleva más de dos décadas dibujando para Marvel y DC cómics protagonizados por la Capitana Marvel, Catwoman o los X-Men. Durante ese tiempo, ha cumplido puntualmente con su personal tradición de publicar de manera totalmente gratuita una historia navideña protagonizada por personajes de su creación. La número 28, correspondiente a 2023, la acaba de editar estos días.


El Pais. ICON






miércoles, 27 de diciembre de 2023

El pasado cercano


Leí en una novela, no hace mucho, una sentencia curiosa y certera: “Los años cincuenta en los Estados Unidos han durado mil años”. Pues, algo así estoy encontrando en España de los años 80 y 90. No se acaban nunca. Entiendo que hay una serie de factores que hacen o convierten esas fechas en especiales. Factores de tan diversa índole que las convierten en focos de atención. Da la casualidad de una implicación personal, cosas de la edad, entra en las pautas. En definitiva, el chicle no para de estirarse de forma infinita a pesar de hablar de hechos nostálgicos curiosos, arrastrados por la memoria. Por suerte, hay indicios de un cierto avance, no se sabe bien hacia donde. 

A pesar de los pesares. Todo parece indicar que el bucle incluso crece en el tiempo. Una de las publicaciones de comics más interesantes en este año de 2023 en España ha sido una reedición de Krazy Kat de 1916, y eso a pesar de publicarse este año 5.000 comics. Lo mejor y lo peor. Un volumen brutal de publicaciones, que no se van a comprar. Ediciones impresionantes de editoriales que pagan una miseria a sus creadores. Encuentro ciertas incongruencias en estos hechos, objetivos y precisos, nada de sensaciones.


También veo documentales, mejores que las películas de ficción, aunque la cosa comienza a variar, en fin. Por aquello de la brevedad del tiempo de ocio, siempre escaso, suelo centrarme en las artes plásticas y la literatura. La Fundación de la Caixa, ahí hay pasta amigos, ha creado una plataforma audiovisual digital, CaixaForum+, cosas que pasan. Hay un poco de todo. Lo último que he visto, Booklovers, una creación de Jorge Carrión. No exagera un ápice el título, amantes de los libros. La pasión, que supongo que es algo necesario últimamente para vender libros. Cinco capítulos dedicados a cinco ciudades. Imposible medir la pasión de cada uno de los participantes en la serie, pero me quedo con Buenos Aires y Lisboa. Y de todos cuanto aparecen, y hay muchas personas con las que me identifico, me quedo con una traductora de libros de Buenos Aires. Con su tebeo en las manos, dice que no puede tenerlo muy lejos, no concibe la vida sin él. La Balada del Mar Salado de Hugo Pratt, donde aparece el personaje Corto Maltese. Es un gustazo saber que hay personas en el mundo con tu misma pasión. 

Porque todo esto va de pasiones, arrebato, delirio, entusiasmo, frenesí, vehemencia. Uno acumula toneladas de papel, que en un futuro, cada vez, más próximo y con suerte, irá a un contenedor para reciclar. ¿Y qué?

Un prólogo raro y extraño para poner unas pocas imágenes escaneadas de uno de los hitos de los noventa, el catálogo Advance Comics de Estados Unidos, cinco años de portadas y los títulos más vendidos del 89 al 92, un póster de una serie de Jae Lee, Hellshock, que no llegó muy lejos, un póster de unos personajes femeninos, mejor no comentar nada y publicidad de la revista Wizard. Larga vida a los noventa.














martes, 26 de diciembre de 2023

Walter, sus amigos y… ¿El fin del mundo?

Llega a las librerías la edición integral de uno de los mejores cómics de los últimos tiempos




JOSÉ LUIS VIDAL

24 Diciembre, 2023

He de ser sincero con vosotros, lectores y lectoras. A la hora de escribir esta reseña me encuentro ante dos caminos que se abren ante mí.

El primero de ellos es el fácil, os cuanto el argumento de este cómic y sin cortarme ni un pelo os suelto varios inevitables spoilers, estropeando la auténtica y única experiencia que supone sumergirse en esta genial obra sin saber nada, absolutamente nada, de su argumento.

Y claro, la otra es la más difícil, como podréis suponer, ya que he de hilar muy fino para que en ningún momento podáis unir cabos a la hora de saber qué sucede en las páginas de esta maravilla del Noveno Arte que se publicó, con tremendo éxito, por primera vez en los Estados Unidos, y viene firmada por una pareja artística de autores de auténtico lujo.

En primer lugar, el estadounidense James Tynion IV que, aunque comenzó su carrera escribiendo cómics de tipos con mallas y capa, en los últimos años se ha ganado un indiscutible apodo, y es el de ‘Rey del Cómic de Terror’. Si queréis comprobarlo tan solo tenéis que lanzaros de cabeza a algunas de sus obras, entre las que, últimamente, se encuentra una nueva visión del mito del conde transilvano, Drácula.

En la parte gráfica nos encontramos con un profesional de las viñetas que posee un larguísimo currículum laboral, ya sea en el mundo del diseño y la publicidad, además de haber dibujado innumerables títulos para editoriales independientes, Marvel y DC, que se ha convertido en su casa en los últimos años.

Y bueno… Llega el momento de enfrentarme a lo inevitable. Y lo haré con alguna que otra pregunta.

¿Tenéis o habéis formado parte de una pandilla de amigos de toda la vida, el típico grupo en el que varios de sus miembros han mantenido relaciones entre ellos y os conocéis todos y todas a la perfección?

Y en ese grupo, ¿hay alguien que destaque, que por su manera de ser, su idiosincrasia, y comportamiento hacia el resto, se haya ganado el respeto, confianza y, por qué no decirlo, amor del resto?

Pues bien, imaginad lo que sentiríais si esa persona, que cuenta con los medios necesarios a su alcance, os proponga algo totalmente inesperado y maravilloso a simple vista. Una única escapada de todos y todas juntos a un lugar paradisiaco, alejado de la civilización, pero que cuenta con todas las comodidades imaginables para el ciudadano moderno, además de estar rodeado por la más pura naturaleza.

No os faltará de nada, y como hace tiempo que nos os veis, el reencuentro se va a convertir en algo muy esperado, y especial.

Llegados a este punto, os presento a Walter, ese amigo único del que os hablaba hace unos párrafos. A lo largo de los últimos años, desde la época universitaria, ha entrado y salido de la vida de las diez personas a las que invita a esa bella casa en el lago. Son sus preferidos, con los que ha reído, ha llorado, y conoce perfectamente.

Y una vez que los conozcamos, nos asaltará una extraña sensación. Una artista, un acupuntor, un periodista, una escritora, una científica, una consultora, una doctora, un músico, un comediante y, finalmente, una contable.

¿No os parece algo sospechoso que la “casualidad” ha hecho que este grupo de persona englobe a la perfección una serie de profesiones con las que, se sucediera un cataclismo, se podría construir un modelo de sociedad?

Sí, es inevitable que os deis cuenta de que tras esta invitación, tras los abrazos, los besos, el reencuentro, la maravilla de sensaciones al llegar al único lugar se halle un plan totalmente elaborado por Walter, que es el único, en principio, que sabe lo que está sucediendo en el mundo exterior. Y cuando comparta este conocimiento, un cubo de agua gélida cae sobre los personajes, a los que vamos a encontrar al principio de cada episodio, inmersos en una situación inesperada, ofreciéndonos cada uno una pieza del puzzle que recompone el misterio que es Walter, que para nada es lo que suponemos.

Terror, suspense, misterio. Estas tres palabras engloban una perfecta descripción de esta obra que al fin podemos disfrutar al completo a lo largo de la doce entregas incluidas en este esperado tomo, que incluye la visión de un buen puñado de dibujantes sobre este universo tan especial, además de una galería de extras que incluye los alucinantes diseños de Martínez Bueno, no solo de personajes, sino además de la arquitectura del lugar, que os van a dejar boquiabiertos.

Espero haberos convencido para que os deis un paseo por este paraje donde lo totalmente inesperado sucede al pasar la página, además de retratar a la perfección a un grupo humano que se encuentra de cara con una pesadilla muy real.


Malaga Hoy

Cómics: El ferrocarril de la aventura

Luis Conde

Son contemporáneos, porque nacieron casi al mismo tiempo. El tren con la primera revolución industrial, siglo y medio atrás, al igual que los comics, nuestros entrañables tebeos. Y alcanzan su despegue y el inicio del esplendor cuando los periódicos empiezan a publicar sus primeras tiras cómicas, comenzando por The Yellow Kid, la primera de ellas, a partir de entonces ambos conviven armónicamente. El tren es protagonista frecuente de historias, viñetas e historietas. Pasen y vean.



La irrupción del tren en la civilización industrial fue tan importante, que casi la protagonizó. Su presencia social fue tan formidable que trastornó casi todos los aspectos de la vida colectiva, tanto en las sociedades avanzadas como en las más primitivas. En los países más civilizados porque desató la fiebre del ferrocarril: ¡Todos querían tenerlo en seguida! Y en los pueblos más atrasados, porque fijaban su progreso en conseguir que el tren llegase a sus territorios. El extraordinario invento de unos coches enganchados unos a otros y arrastrados por un monstruo que echaba humo circulando a gran velocidad era algo tan inusitado que todo el mundo tenía algo que decir sobre el asunto. A favor o en contra.

El debate y la polémica del tren fueron universales en los últimos decenios del siglo XIX: que si arruinaba el medio ambiente, que si destruía los campos de cultivo, que si afeaba las ciudades y el paisaje, y hasta que el impacto brutal del trazado de las vías, con sus túneles y puentes, había modificado los climas y provocado alteraciones irreversibles.

Como no podía ser menos, en un negocio de tal envergadura se movieron grandes fortunas y hubo luchas feroces por hacerse con las concesiones y movimientos inconcebibles de capitales, que alteraron definitivamente la composición de los grandes grupos de capital. Sólo en las dos últimas décadas del siglo XIX, entre 1880 y 1900, casi la mitad del total de la inversión privada mundial se canalizó hacia los ferrocarriles. Era uno de los mejores negocios posibles. Pero, además, el tren estimuló la producción metalúrgica y revolucionó la tecnología. Las compañías auxiliares y proveedoras crecieron al amparo de los grandes proyectos ferroviarios y de las enormes necesidades de materiales.



Finalmente, el debate político jugó sus bazas y el asunto llegó a los periódicos, a la controversia social. Toda la sociedad supo lo que suponía construir las líneas del ferrocarril en un país más o menos adelantado industrialmente. Y, en consecuencia, todos se involucraron. Las empresas constructoras del ferrocarril se constituyeron como sociedades anónimas; el que pudo compró acciones de las sociedades anónimas, enriqueciéndose o arruinándose. Y la mayoría contempló el espectáculo desde la barrera: por los chistes de la prensa satírica o por los comentarios y artículos de la prensa a favor y en contra. Cuando las crisis se volvieron insuperables, los Estados acabaron por nacionalizar unas empresas demasiado grandes y estratégicas para que estuvieran en manos privadas.

Había que asegurar la circulación por las redes y que el transporte de pasajeros y mercancías no se paralizase en el territorio nacional. Las opiniones públicas de los países así lo exigieron y los periódicos se erigieron en portavoces de las reclamaciones y quejas. De los periódicos satíricos y su acercamiento al tren se valieron luego los tebeos incipientes para incluir aquel invento, trascendental en sus páginas de historietas. Los personajes viajaban en tren o lo veían pasar desde sus localidades como algo insuperable y casi mágico: invento del maligno o solución a los atrasos seculares.

A pie, a caballo o en tren

Los primeros trenes empezaron a circular en la Inglaterra opulenta y victoriana de 1825, exactamente el 27 de septiembre, causando tal sensación que tanto la aristocracia como la burguesía emergente competían por utilizar aquel innovador medio de transporte. Y como el tren tenía vocación integradora para la sociedad ofreció en seguida posibilidades de uso incluso para las clases menos afortunadas: se construyeron los trenes con vagones de primera, segunda y tercera clase. A cada uno según su categoría y conveniencia. Pero todos viajaban en el mismo tren, aunque cada uno de acuerdo con su clase social.

A medida que el tren se fue afianzando en el continente europeo fue exportado a otros espacios con gran celeridad: África, Asia y América demandaron de inmediato que sobre sus inmensos territorios se trazaran los caminos de hierro para ver circular sobre ellos aquella maravilla rodante. Obvio que como había ocurrido en la Europa pletórica e industrializada, en los territorios coloniales se reprodujo el mismo debate y controversia por la introducción de un invento tan trasgresor de la geografía como de la economía, que modificaba inevitablemente el país al que llegaba.

Hasta entonces, tanto en la épica como en la lírica, los movimientos del héroe, de los protagonistas de la aventura y de los transmisores de los mensajes innovadores en la poesía o en la narrativa se hacían a pie o a caballo. El nomadismo de los juglares y de los caballeros andates, de pronto, encontró un medio que los superaba: no un carro arrastrado por asnos, mulas, bueyes o caballos. Nada menos que varios carros enlazados, caminando a gran velocidad, arrastrados por un vehículo poderoso que vomitaba fuego y humo, relinchando con gran estrépito. Era el Leviatán caminando por vías de hierro.

La aventura encontraba un nuevo ámbito y los poetas otra fuente de inspiración, aparte de un maravilloso medio de traslado de un lugar a otro, incluso muy lejano, con muchas posibilidades de llegar sin complicaciones adicionales. Claro es que para los aventureros, como para Cervantes, era más apasionante el viaje que la posada. Lo que ocurriera en el traslado y recorrido, que lo que les esperaba al final del viaje. Sobre todo para poder contarlo, evidentemente. Y eso fue lo que ocurrió en la narrativa, la poesía y el arte en general: que el tren se convirtió en tema, asunto, o incluso argumento primordial. En cualquier manifestación artística aparecía el tren en lontananza. 

En los periódicos, la fotografía y el cinematógrafo el tren era una presencia arrolladora: uno de los primeros filmes de los hermanos Lumiére, precisamente, era La llegada del tren a la estación de la ciudad. Eran sólo 17 metros de película, pero en el rodaje descubrieron casualmente la profundidad de campo y todos los encuadres, desde el general al primer plano, al registrar cómo avanzaba la locomotora hacia la cámara. La secuencia provocó el asombro y la conmoción general, de tal modo que hubo espectadores que se levantaban de sus asientos por temor a ser atropellados.

En los años de finales de siglo XIX y los primeros del XX, el tren figura como tótem, Moloch ante el que todo se sacrifica en aras del progreso. Tanto en los filmes de la época del cine mudo como en los principio del sonoro, el tren es el vehículo de la acción y la aventura por antonomasia, desplazando incluso al caballo, hasta entonces rey indiscutido. Y en seguida ocurrirá lo mismo en los tebeos, los periódicos de historietas. Primero con una tímida presencia en las páginas satíricas y cómicas. Y, desde los años 20 y 30, en casi todas las series aventureras. Todos los grandes personajes que viven aventuras continuadas en las páginas de historietas, todos ineludiblemente, terminar por vivir algún episodio emocionante en los vagones de un tren. O encima, debajo, atrás o delante. Pero con el tren como presencia imponente. ¡El tren era la aventura en sí mismo!



Convendrá recordar, como contexto, que tras la crisis económica del llamado crash del año 1929 los subsiguientes años de la Depresión en los USA fueron tan difíciles para aquel gran país que, encima, marcaba la pauta previsible para el mundo industrial, que tanto el cine como la radio y los cómics, las revistas de historietas recurrieron a ofrecer evasión a mundos fantásticos, lejanos en el tiempo y el espacio, en los que vivir otra realidad menos cruel que la cotidiana de la sopa de unos centavos. Una de las formas de salir de la rutina cotidiana era montar en un tren y viajar a otro país, otro mundo, incluso a otro tiempo. ¡Julio Verne, en Francia, había preparado el terreno en los años felices de los inventos y los descubrimientos geográficos!

La epopeya del Far West, el Lejano Oeste norteamericano, el ámbito de la aventura de la conquista del gran Oeste territorial USA, está escrita, narrada y contada tanto por los bardos primitivos como por los novelones, el cine y los tebeos, las revistas de historietas. Para aquel enorme país esa épica es como el romancero para los grandes reinos europeos: el canto de la gesta alumbradora de un país. La nación se forja en ese contexto heroico y confuso. Los héroes fundacionales, las referencias para la posteridad, surgen entonces y se convierten en los estereotipos a imitar. Los modelos áulicos.

El caballo de hierro

Es muy cierto que por las grandes praderas americana vagaban inquietos los justicieros solitarios a lomos de sus caballos. Que la transustación entre el buen cowboy y el sheriff es el sustrato del que el colectivo extrae el paradigma. Y que ambos utilizan el caballo, que trajeron los colonizadores hispanos, como medio de transporte y aventura.



Pero muy pronto, a partir de la década de 1830, surge impetuoso en las inmensas praderas otro vehículo imparable, el caballo de hierro, que de costa a costa atraviesa los enormes territorios comunicando pueblos, ciudades y lugares de explotación ganadera, minera o agrícola, que antes estaban tan alejados como inmersos en su Arcadia más o menos feliz.

La construcción de aquel ferrocarril transcontinental fue, en sí misma, una parte de la epopeya del Oeste y, muy pronto, algo imprescindible en las aventuras posteriores. El Este y el Oeste de los inmensos territorios de los Estados Unidos de América quedaron enlazados el día 10 de mayo de 1869, cuando el "Union Pacific" y el "Central Pacific" se encontraron en Promontory, Utah. Se clavó una escarpia de oro para dejar señalada la última conexión de los rieles, en una ceremonia que se comunicó por telégrafo a todo el continente americano. El tren se incorpora, con total protagonismo, al canto general. Tanto los pieles rojas nativos como los pioneros colonizadores vieron estupefactos cómo aquel monstruo imparable se apoderaba de los territorios y les marginaba a sus guetos, camino del ocaso.

De nuevo en el cine, las historietas y la canción, las aventuras del viejo Oeste ofrecerían nuevos temas para la emoción y la ensoñación: un ser terrible que hendía las fronteras y con su poder arrastraba civilizaciones y formas de vida. Las llanuras esplendorosas, con sus grandes herbazales acariciados por el sol y los vientos, lugares privilegiados para el pasto del ganado o para los cultivos inabarcables, de pronto se vieron interrumpidos por el surco de unos railes implacables que aseguraban el paso del monstruo a toda velocidad. al primitivo rechazo de ganaderos y agricultores siguió la comodidad y seguridad del traslado de ganado y productos, que arrumbó los viejos modos. ¡El tren era mucho más eficaz y rápido!

Y por si fuera poco, en la Guerra de México se demostró la absoluta ventaja bélica de un transporte de pertrechos, vituallas, tropas y armamento. ¡El tren de Pancho Villa pasó a la leyenda y despertó imitadores en todos los continentes!

En el continente europeo, los primeros trenes que circularon fueron los belgas, en 1835, entre Bruselas y Malinas. Y ese mismo año empezó a circular por Alemania y un año después por Canadá. En los tres países las locomotoras de arrastre eran de construcción británica, del inventor afortunado Robert Stephenson, el que había demostrado el 15 de septiembre de 1830 que entre Liverpool y Manchester un tren podía alcanzar la inusitada velocidad de 38 kilómetros por hora.

El primer tren francés se inauguró el año 1828, enlazando Saint Etienne y Andrézieux, pero no transportó viajeros hasta el año 1832. Rusia estrenó su línea ferroviaria tendida entre Pavlovsk y Tsarskoye en 1836. Italia entre Nápoles y Portici en 1839. Y España inauguró su primer tramo Barcelona-Mataró el año de 1844. Aunque bien es cierto que el primer tren español fue el de La Habana-Bejucal, inaugurado el año de 1837. Que, además, era el primer ferrocarril en toda Iberoamérica. La primera línea férrea de América, fuera de los Estados Unidos. Cuba tenía entonces el carácter de provincia española, según lo aprobado en las Cortes de Cádiz de 1812, para sustituir a las Leyes de Indias. Las provincias del todavía extenso Imperio español tenían así los mismos derechos y obligaciones que las provincias de la metrópoli. Esta legislación se consolidó en las Cortes de 1820 y en el Estatuto Real de 1834. Y serían los mismos promotores del tren de Cuba, con Marcelino Calero Portocarrero al frente, los que lo llevaron a la metrópoli.



La era del ferrocarril, en consecuencia, se inicia en 1830, pero no puede fijarse como tal hasta 1870, fecha en la que Inglaterra tiene ya una extensa red, que se mantiene hasta hoy mismo, con 21.600 kilómetros de vías férreas. Ya en los USA existía el tren transcontinental, el que enlazaba las dos costas. Se construían redes en Argentina, Brasil, México, y otras más pequeñas en Chile, Paraguay, Perú y Uruguay. En cuatro Estados australianos circulaba ya el tren y en otros más y en Nueva Zelanda se tendían vías. En África existía ferrocarril en los extremos Norte y Sur, entre Alejandría y El Cairo, inaugurado en 1856, y en África del Sur desde 1860; pero el inmenso interior todavía no podía ni soñarlo. Bueno soñarlo sí lo había hecho Cecil Rhodes, que quería enlazar por ferrocarril El Cairo con Ciudad del Cabo, y en la novela de Conrad El corazón de las tinieblas por el Congo andaba Kurtz construyendo un ferrocarril imposible. Todavía no había trenes en China ni Japón, países que luego desarrollarían extensas y precisas redes ferroviarias. Y en la India se estaban trazando las vías con modelo y material inglés.

El crecimiento ferroviario en el mundo saltó de los 35.000 kilómetros existentes en 1850 a más de un millón de kilómetros en 1920, cuando finaliza la Primera Gran Guerra.

Dos trenes con Historia y mucha literatura, que luego aprovecharon el cine y los tebeos, serían el símbolo de esa "era del ferrocarril": el "Orient Express", que empezó a circular en 1883 enlazando París, Viena y Estambul; y luego el también famosísimo "Express Trasiberiano", con 2,240 kilómetros, que se inauguró como vía directa en 1900. El tendido enlaza moscú con Irkustsk y todavía es la espina dorsal del ferrocarril ruso. ¡Hasta Julio Verne lo elogia y describe en su novela Miguel Strogoff!.

Otros trenes con menos Historia y mitología fueron el "Shangai Express", el "Rheingold" (Oro del Rhin)- que llevaba hasta una cúpula en el segundo piso para contemplar el cielo en marcha-, el "Mistral" entre París y Lyon, el "Tren Azul" sudafricano y algunos otros.

Definitivamente, el tren había derrotado a las diligencias en el transporte de pasajeros y todavía con mayor eficacia en trasladar mercancías. El caballo de hierro se había impuesto a la tracción a sangre o animal.

Trenes blindados

El uso y utilización del tren en los conflictos bélicos, que lo hizo desarrollarse y exhibir nuevas posibilidades, es una historia apasionante y ofrece multitud de aspectos aventureros idóneos para la literatura, el cine y la historieta. Tanta materia novelable, como la intriga y el espionaje, ingredientes habituales en los trenes burgueses de la Europa de inicios del siglo XX.

Pero en el protagonismo del tren bélico incide la tecnología: hay que dotar al vehículo de elementos acorazados, de blindajes que resistan los impactos del enemigo y, con las armas que lleva instaladas, catapultarlo como eje de penetración en campo contrario. Tal formidable equipamiento es una especie de dragón invencible o un monstruo demoledor que impone terror en los ejércitos que deben combatirlo. 

Los primeros trenes con blindaje aparecieron en la Guerra de Secesión estadounidense, entre 1861 y 1865, cuando sudistas y nordistas se combatieron ferozmente por defender el esclavismo o abolirlo. Los trenes que circulaban por territorio enemigo llevaban planchas de hierro para evitar los ataques del enemigo emboscado y de paso, con armamento incorporado, convertirse en verdaderos carros de combate imbatibles. 



La Gran Guerra europea de 1914 a 1918 sería el primer campo de experimentación de un invento surgido para el transporte de pasajeros y mercancías, que se vio abocado al rol de máquina de guerra implacable y objeto de ataque preferente entre los ejércitos contendientes. Las tropas alemanas utilizaron muy eficazmente el ferrocarril para desplazar armamento y pertrechos en todo el territorio. Pero descubrieron que instalando piezas de bombardeo, cañones de gran alcance, en los propios vagones metálicos que además se blindaban con grandes planchas, el tren se convertía en una formidable máquina de guerra, que con gran velocidad se desplazaba buscando objetivos o eludiendo los ataques contrarios. Aquellos enormes acorazados causaban estragos y eran casi invulnerables. Hasta que no se desarrolló la aviación de combate, los trenes blindados solo eran víctimas de atentados sorpresa, golpes de mano o descarrilamientos por guerrilleros audaces.

Las revoluciones de México y Rusia mitificarían la participación del tren con blindaje en los combates sorpresivos y golpes de audacia, en la guerrilla móvil y la guerra relámpago que luego llevaría al paroxismo el Tercer Reich, el ejército de Hitler.

Entre los años 1916 y 1917 El centauro del Norte, Pancho Villa, combatió a las tropas de Orozco y en varios combates utilizó el tren como factor sorpresa y máquina de guerra. Todos hemos visto en el cine y las historietas el extraordinario partido que Villa sacó del tren, y que quedó inmortalizado en la fotografías de la Revolución, con guerrilleros colgando de los escalones, los topes y el mismo techo de los vagones y aun la misma máquina. ¡Cómo multiplicaba la mortífera labor de las ametralladoras o los cañones, con el tren en marcha! La cercanía de la frontera Norte con la infiltración constante de ayuda norteamericana, debió ser el contagio de lo que había sido el tren en la Guerra de Secesión y su ventaja estratégica.

La Revolución rusa, el mito del siglo XX, guarda evocaciones ligadas al tren, con la fuga de Lenin en 1917 hacia la estación de Finlandia en Petrogrado, y luego de los bombardeos del Aurora todos quedamos boquiabiertos con la eficacia combativa del tren blindado del Ejercito Rojo, diseñando y dirigido por Trotski. En el filme Reds de Warren Beatty, toda una secuencia se desarrolla con el tren blindado como eje de la acción, marchando a gran velocidad por las estepas. Y, en Doctor Zhivago, como otras muchas películas sobre la Revolución, la presencia del tren es decisiva en la acción narrativa.

Toda esa mitología la llevó a la historieta Hugo Pratt con su aventura de El Corto Maltés en Siberia, una historia de cien páginas ubicadas entre Mongolia y Manchuria, con personajes reales y ficticios enmarañados inextricablemente con magistral habilidad. Corto se encuentra con el barón Roman von Ungern-Sternberg, que quiso fundar una república antirrevolucionaria en el extremo oriental siberiano, y por la aventura campean Rasputin, el general Semenov y el general chino Chang.

Semenov controla el enorme cañon-tren con técnicos japoneses, que será el centro de la aventura. Como Chang el tren blindado que circula entre Mongolia y Manchuria. Para dibujar estos materiales, Pratt contó con la colaboración de un especialista, Guido Fuga, que supo encajar muy bien los detalles técnicos, con el eficacísimo dibujo del genio veneciano. En algún lugar dejó escrito Fuga cómo había disfrutado trabajando coco con codo con el gigante Pratt, sus discusiones y controversias hasta llegar al acuerdo.

En la guerra civil española de 1936-1939 también se utilizaron trenes blindados, aunque su eficacia fue más legendaria que estratégica. Lógicamente, el cine y los tebeos consagraron esas máquinas vetustas armadas por los milicianos siguiendo el modelo revolucionario ruso, que se convirtieron en material propagandístico para uso en el frente y en la retaguardia. 

Trenes para la guerra

En el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, la de 1939 a 1945, la utilización del tren como arma siguió su evolución, pero ya la aviación de guerra estaba en el cenit de su éxito y los trenes de carga y de combate eran objetivos prioritarios. Había que pensar muy bien la organización de convoyes, que debían ir protegidos por la propia aviación si se quería que no fuesen pasto de las bombas enemigas.

Casi todos los grandes creadores de historietas han narrado algún episodio ambientado en los terribles episodios de los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial y, por supuesto, han tenido que recrear aquellos temibles convoyes con los deportados. Trenes alemanes, por supuesto. En los tebeos bélicos y en los aventureros, pero también en los testimoniales y críticos, estos trenes se han hecho tristemente célebres. En la España franquista, en una serie tan popular como Hazañas Bélicas, que dibujó muy eficazmente Guillermo Boixcar, figuraban reflejados los trenes bélicos, pero se eludieron los de los campos de concentración y de exterminio. Pero en las historietas francesas y aun en las italianas, belgas, holandesas y de los países del Este europeo esos trenes sí que se ven reflejados y expuestos.



El libro de historietas Maus, del estadounidense de origen sueco Art Spiegelman, que recibió un Premio Pulitzer por ese trabajo, expone a modo de memorias cómo sus padres polacos sobrevivieron en el campo de exterminio de Auschwitz. Y, por supuesto, cómo fueron llevados allí en siniestros trenes desde distintos lugares del país.

Trenes a ninguna parte

Para la historia del tren reflejado en la aventura y especialmente en los tebeos tenemos que evocar aquí otros trenes espectaculares o que han jugado un buen papel en las viñetas.

Hemos citado antes el tren que el personaje de Conrad intenta montar en el Congo, y que es parte implicada en el relato de El corazón de la tinieblas. Kurtz contempla melancólico los restos de un tren que nunca entrará en funcionamiento. Del cine pasó a los tebeos y así queda en las páginas de historietas. Como ocurre con otra epopeya insólita, la de la construcción de un puente sobre el rio Kwai para que se pase el tren japonés de abastecimientos y que un oficial estadounidense trata de volar. El cineasta David Lean, el mismo que luego recreó la aventura de Lawrence de Arabia, sacó un gran partido a la novela homónima de Pierre Boulle gracias a la genial interpretación de Alec Guinness. Como consiguió con Peter O´Toole transformado en el héroe del desierto, organizando a los muyaidines en una guerrilla implacable contra los turcos, volando los trenes de abastecimiento con dinamita y recorriendo triunfal los techos de los vagones aclamado por sus seguidores.

Los trenes de la India aparecen en muchas historietas, con su abigarramiento y sobrecarga humana, como vehículo idóneo para recorrer el inmenso país asiático. Es un tren inglés, pero el ámbito lo transforma en exótico y los dibujantes así lo interpretan. Como ocurre con el tren al Machu Pichu, que sortea curvas inverosímiles y supera cumbres asombrosas, con turistas anonadados y con posibilidades aventureras extraordinarias. De estos trenes hay en la Historia de las historietas miles de aventuras con el tren como vehículo: desde The Yellow Kid -la primera tira cómica que apareció en un periódico, El chico amarillo, de donde viene la expresión "Prensa amarilla"- a Tarzán, pasando por Little Nemo y por supuesto Flash Gordon, entre los grandes héroes del cómic USA de la Edad de Oro. Y cómo no, Tintin y otros muchos de la historieta europea de todos los tiempos. Así, a vuela pluma, vamos a traer a colación a algunos de los más significativos o que sirven como referentes del cariño de los creadores por el tren y por la pasión de incluirlo en sus historietas.

Y, evidentemente, mostramos páginas y viñetas de los tebeos españoles en los que el tren ha ejercido la misma fascinación: tanto los de vapor y eléctricos como el mítico "Talgo" y el no menos admirado "AVE". El tranvía urbano, aunque tiene muchas concomitancias con el desarrollo del tren y aparecen con mucha frecuencia en las historietas, los dejamos en esta ocasión como complemento y sólo hacemos algunas referencias cuando por el autor o el personaje de los tebeos merezca una evocación especial.

Un apartado considerable en el reflejo del tren en los tebeos es el humorístico. El tren de la risa es especialmente interesante y significativo. Los propios apelativos que el pueblo iba dando a los trenes que circulaban delante de sus narices eran definitivos: el "tren botijo", uno que iba parando en cada vuelta para que los viajeros bebieran o desbebieran; el "mixto", tren compuesto de vagones de carga y de pasajeros; el "tren expreso" o el "rápido", así llamados por su velocidad. Y muchos más en cada cultura y país. Consecuentemente, en las historietas cómicas se coló también el tren desde su inicio. Y ahí sigue, incorporando el punto de vista de los humoristas y los propios personajes.

Walt Disney, en Dumbo y en Los tres caballeros, muestra unos trenes divertidos y que se convierten en protagonistas de sendas secuencias llenas de imaginación y colorido: el tren que transporta al circo y que se esfuerza por cumplir como uno más, o el que lleva a Donald y José Carioca a recorrer los paisajes brasileños de la costa de San Salvador de Bahía. Se convertirían en modélicos para muchos otros dibujantes que se atrevieron a darle al tren un papel antropomórfico.


Trenes futuristas

En las últimas décadas del siglo XX se han fijado las condiciones idóneas para que el ferrocarril haya recuperado su función de vía vital de comunicación. Los trenes de gran velocidad se han revelado como el fenómeno más atractivo para el transporte de viajeros, y aún están por ver las posibilidades para el transporte de carga pesada en los grandes convoyes.

El "TGV" francés y el "AVE" español han sido las estrellas europeas que han disparado las expectativas del futuro desarrollo para una red ferroviaria de gran velocidad en toda Europa. El gran túnel bajo el Canal de la Mancha, una obra de ingeniería casi futurista, es otra de las realizaciones que despiertan la capacidad del sueño ferroviario.

La nueva línea "Tokaido" en el Japón y el pasillo Boston-Nuevo York-Washington, con velocidades previstas de 500 kms. por hora, son los horizontes más inmediatos que el tren ofrece para competir con el avión en las distancias de menos de mil kilómetros.

La comodidad  de los viajeros que acceden al centro de las ciudades, la buena comida, el aire acondicionado y la puntualidad en los horarios son bazas que ya se están jugando. La seguridad en los trazados con la eliminación de curvas o el diseño de radios enormes harán que los trenes incluso puedan parar en esas grandes curvas. Estos trenes herméticamente cerrados pueden penetrar con seguridad en los necesarios túneles sin riesgo de elevación de la presión del aire, otro de los factores a considerar. Como las posibilidades de los nuevos tipos de suspensión, que permitan al cuerpo del vagón moverse independientemente del bastidor, aliviando así los efectos dentro del coche. Todo en aras de aumentar los coeficientes de seguridad de los viajeros y del propio tren en marcha.

Franceses, canadienses, japoneses, alemanes, ingleses y estadounidenses compiten por mejorar sus líneas ferroviarias, y ofrecer unos estándares tan atractivos que les sirvan para vender y exportar sus tecnologías a otros países, que esperan con ilusión adaptar a sus territorios esas experiencias tan fascinantes.

Los nuevos trenes cada vez más toman formas y diseños aerodinámicos, como de obuses o balas de cañón ensartadas para su arrastre o deslizamiento sobre los raíles o los soportes de los que se cuelgan los trenes. Parece que el deslizamiento sobre hierro aún tiene años de posibilidades, pero el tren colgado de un raíl también está ya muy experimentado y aún tiene que demostrar sus potencialidades. El tren monocarril, de cuyo prototipo se construyó una muestra en 1824, ha tomado dos posibles direcciones: el modelo "Alweg", que funciona entre Tokio y su aeropuerto y en varias ciudades USA, es un tren soportado que se desliza sobre una viga-raíl de hormigón. Los coches ruedan por la parte superior de la viga con llantas de caucho. El otro modelo es el francés "Safege", que cuelga de la viga soporte sobre el que se deslizan las ruedas, también de caucho, formando una estructura de bogies, de varias ruedas enlazadas. Las ruedas corren por el interior de la viga soporte.

Otros trenes especiales son los de cremallera, que superan pendientes inverosímiles como el de Monte Pilatos en Suiza, que en algunos lugares es superior al 480 por mil, o el recién inaugurado de Montjuic. La cremallera consiste en una llanta de acero, colocada horizontalmente entre los carriles y dentada por ambos costados, con lo que engranan dos ruedas dentadas horizontalmente dispuestas en los coches. Para pendientes aún mayores se utilizan los funiculares, trenes arrastrados por cables y que también funcionan con soportes de los que cuelgan los vagones.



Las visiones futuristas de Fritz Lang en Metrópolis ya han sido desarrolladas por los diseñadores de trenes del futuro, y en los tebeos es un elemento más, como "el quinto elemento" de Moebius en el filme homónimo. Diversos dibujantes han desarrollado su visión imaginativa sobre lo que puede ser el tren en las ciudades de los siglos venideros, y en las historietas se observan como si ya fueran algo cotidiano. ¡El futuro ferroviario ya está aquí, los trenes de alta velocidad y los nuevos servicios de trenes de cercanías, compatibles con el tren metropolitano, son ya un ejemplo en las mayores y más avanzadas ciudades del mundo!

Epílogo, suma y sigue

Así pues, el mundo del cómic ha tenido, como hemos visto, una especial consideración con el ferrocarril, tan presente en tantas de sus historias e historietas, protagonista indiscutible de tantos tebeos, de tantas viñetas. Mientras tanto, el cómic como forma de expresión artística alcanza ya su madurez, su mayoría de edad. Algunos de sus creadores, de sus fabricantes de historias, de sus guionistas, se equiparan ya en calidad al perfil de novelistas o narradores de fama, y muchas de sus historias son trasladadas al cine, que desde hace ya muchos años se nutre de la imaginación de los autores de cómics para llevar sus historias al cine, como hemos visto con personajes como Superman, Batman o el más reciente Spiderman.

Comienza, pues, una cierta Edad de Oro del cómic, que ya es incluido en las promociones de los grandes periódicos europeos. El ferrocarril siempre estuvo ahí.


Revista Leer número 144 Julio-Agosto 2003


Con amigos (y algún enemigo), sí…

La vida del adorable brutote de ojos azules se va a complicar algo más de lo habitual


JOSÉ LUIS VIDAL

23 Diciembre, 2023 

El título de esta reseña me da pie y viene perfecta para que os hable de algo que, desde su nacimiento, ha apasionado a los lectores que disfrutan de las aventuras que publica la editorial Marvel. Y se trata de ese concepto de “universo compartido”. ¿Quién no alucinó por primera vez cuando el Trepamuros saltaba de tejado en tejado y, a lo lejos, en segundo plano, veíamos que Daredevil se percataba de su presencia?




La Cosa: La hora de las tortas

Autor: Steve Skroce

Tapa blanda

Color

120 págs.

15,50 euros

Panini Cómics

En una ciudad superpoblada como es la Gran Manzana, la presencia superheroica es tremenda, por ello resulta casi inevitable que en algún momento estos personajes se conozcan y unan sus fuerzas para plantar cara a alguna amenaza, ya venga de la propia urbe, el espacio exterior o alguna dimensión paralela.

Y precisamente, creo que no me equivoco al recordar la serie que protagonizó un miembro de los 4 Fantásticos, donde en cada número se encontraba con un nuevo compañero de aventuras y nacía ese concepto del que os hablo, el team up.

Sí, Ben Grimm, La Cosa, tiene los teléfonos de todos, toditos, los miembros del vasto Universo Marvel, por lo que esta miniserie creada por Steve Skroce rinde un divertido y apasionante homenaje a las mil y una peripecias que el rocoso héroe ha vivido y, sobre todo, las que va a seguir protagonizando.

Todo empieza, como ya os comentaba, de la manera más apacible. Ben, Bruce Banner y Reed Richards, en el laboratorio de éste último, desayunando y haciendo unos ajustes técnicos. La cosa podía haber seguido así, con largas y aburridas conversaciones sobre temas de lo más cotidiano, ¿verdad?

Pero claro, éste es un comic Marvel, y aquí lo que prima es la acción, el peligro no esperado, los mamporros y rayos, maldita sea. Así que, sin que se le invite, un tipo vestido con una armadura que os será algo conocida, aparece en escena y, de golpe y porrazo, lleva a La Cosa y Hulk (sí, el alter ego verde no tiene más remedio que hacer su aparición) a una dimensión donde, sin poder declinar la oferta, se verán convertidos en los paladines, defensores de un pueblo de curiosos seres, a los que acecha una auténtica legión de horribles criaturas…

No penséis que esta es la sinopsis completa de esta aventura. Para nada, ya que las vendas y el Betadine va a correr por litros para curar las heridas y que Ben va a compartir al lado de conocidísimas caras, creaciones de La Casa de la Ideas, como el mutante canadiense Lobezno, el místico ex cirujano Doctor Extraño, un inesperado supervillano, regente de un país, y que oculta sus facciones tras una máscara metálica (¿Hacen falta más pistas?) y, por último, el curioso narrador de toda esta historia, en la que llegará un momento que tendrá su parcela de protagonismo y, claro está, tortas, muchas tortas frente a un villano del todo inesperado, que tiene en mente un peligroso plan…

Con un virtuosismo gráfico espectacular y grandes dosis de buen humor, Steve Skroce regresa a la editorial que le dio la fama, dibujando cabeceras como X-Man, Gambito o Lobezno, para después dar el salto al mundo del celuloide, donde trabajó en producciones como Matrix, pero sin olvidar el medio que más ama, el cómic, al que ha regresado por la puerta grande en más de una recordada ocasión (Doc Frankenstein, We stand in guard, Maestros y BRZRKR).

Así que preparaos lectores, porque en cuanto abráis la primera página de este cómic sentiréis el golpe en vuestras retinas. Y es que, como no podía ser de otra manera, ha llegado ¡La hora de las tortas!


Malaga Hoy


lunes, 25 de diciembre de 2023

Carlos Giménez - Dibujante de tebeos

En el Saló Internacional del Cómic de Barcelona recibió el Premio al mejor guión y a la mejor obra del año, y en la Feria del Cómic de Madrid el Premio a una vida dedicada a la creación de tebeos

L.C.

¿Este año ha sido el de su regreso?

No, no ha habido ningún regreso. La única diferencia es que he cambiado de editor en España, y el nuevo tiene un proyecto en España, y el nuevo tiene un proyecto editorial más amplio, mayor interés por publicar mis cosas. Ultimamente mi anterior editor no se preocupaba mucho por ello.



¿Se ha planteado la editorial lanzar sus obras completas o primero las que más se venden?

Se ha planteado hacer la "Colección Carlos Giménez" de Glénat; la idea es ir publicando toda mi obra hasta donde se pueda. Si se pudiera llegar hasta mis primeros trabajos, yendo lógicamente hacia atrás, estaría bien. Pero no hay garantía, porque no sabemos hasta dónde le interesará al público mi obra más juvenil. En cuanto al orden no se sigue un criterio cronológico, sino dar preferencia a los trabajos que el editor supone que son más esperados.

Sus anteriores editores, los más recientes, han sido De la Torre en Madrid y Planeta DeAgostini en Barcelona. ¿Qué ha pasado con ellos?

De la Torre publicaba fundamentalmente libros, y quería incluir algunos tebeos, especialmente los míos, pero al distribuirlos los colocaba donde se venden tebeos, con lo que el público interesado los encuentra.

¿Esta edición es sólo para nuestro país?

Esta colección en castellano es sólo para España, lo que no quiere decir que algún resto no se distribuya en países de habla hispana.

¿Y que pasó con Planeta DeAgostini?

Que sólo publicó el Dani Futuro y no se habló nunca de publicar nada más. Yo tampoco lo pretendí y no hubo, por tanto, ningún problema. Me gustó mucho cómo se realizó la edición: muy cuidada, popular y con precios asequibles.

Esta es la tercera o cuarta vez que Dani Futuro intenta una edición popular, si contamos los cuadernillos de Toutain...

La diferencia es que ahora se ha hecho bien. Se ha publicado completo, desde el primer número hasta el último. Y sin faltas de ortografía o errores de edición. De las diferentes ediciones de Dani Futuro, la primera de Bruguera era un desastre; la de Toutain se editó en cuadernillos de formato clásico, y además se quedó a medias. Así que esta última es la que se ha editado como la colección es, con rigor, con un cariño poco usual y arropada por artículos de profesionales y amigos, de críticos que han escrito reseñas sobre el personaje.

¿Reeditar es volver a vivir la emoción del primer momento?

Reeditar es volver a salir a la calle pero vestido con traje nuevo. No tiene la alegría de la primera vez, pero sí la de ver lo bien que te sienta el traje. Debo reconocer que esta colección de la editorial Glénat tiene los álbumes mejor editados actualmente en España. Para mí es un lujo, siendo yo una persona que siempre ha tendido a que su trabajo fuese popular. Pero eso era cuando los tebeos eran un producto barato que compraba la gente de los barrios. Ahora eso no es así; los tebeos van dirigidos a los coleccionistas, a los aficionados, que no se corresponden forzosamente con lo popular. Los quieren coleccionar, y en ese sentido creo que Glénat ha acertado plenamente con esta colección: algunos álbumes ya han sido reeditados, con el poco tiempo que llevan en la calle.

¿Qué contraste encuentra ahora con los lectores de entonces, los que compraban sus primeras ediciones?

Mis tebeos ahora, al ser reeditados, tienen más peso específico. Cuando se publicaron por primera vez en las páginas de las revistas -porque estos tebeos se publicaban primero en revistas y luego se recopilaban de álbumes- se mezclaban con el resto de materiales. Ahora, los tebeos hechos hace tiempo se presentan un poco con la idea de gozar de un clásico, ¿no? Aquellos tebeos de Carlos Giménez... Eso a mí me agrada, la idea de ser un clásico vivo. Así han sido presentados estos álbumes: obras que se hicieron hace tiempo, refiriéndose incluso a temas de hace tiempo. Como la Transición que yo reflejé en aquellos álbumes de España, una, grande, libre: contada a pie de actualidad. Con el tiempo se han convertido en una crónica de aquellos años.

De hecho, con estos álbumes se hizo cronista de un tiempo.

Cuando hice Paracuellos, Barrio, incluso Los Profesionales, quería hacer una crónica de la época que había vivido: contar cómo era, cómo éramos, las costumbres, cómo eran los barrios. Pero en los de la Transición no fue así. Yo simplemente hacía un trabajo semanal para una revista de actualidad. La idea que yo tenía era que la semana siguiente mataba la actualidad de la semana anterior: es un chiste, un comentario, una gracia que se pasa y que la actualidad cambia. No me daba cuenta de que, al hacer actualidad semanal, lo que has contado es, inevitablemente, lo que ha ocurrido en ese periodo de tiempo. Al final, lo que conté fue mi Transición, la Transición vista desde mi punto de vista.

Si pudiera, ¿le gustaría ahora hacer algo parecido, la crónica de estos tiempos de fin de siglo y milenio?

Hace muy poco tiempo me interesó, hasta el punto de que empecé a preparar dosieres, incluso hice unos primeros episodios de dos o tres páginas... Creo que se llamaba Fin de siglo o algo así. Reuní mucho material de prensa, con recortes sobre temas como el sida, el racismo, la solidaridad, la emigración, etc. Pero aunque se interesó alguna publicación no hubo una respuesta, y luego ya lo dejé. Y estos momentos sinceramente no me gustaría hacerlo pero no porque el tema no me apetezca, sino porque mi atención está puesta en otras cosas.

¿En qué está trabajando ahora?

Ahora estoy haciendo el Paracuellos 4, y tengo ya preparados el 5 y el 6. En estos momentos me gustaría seguir trabajando sobre Paracuellos, desarrollando los temas, tratándolos con más detalle. Este tema me sigue preocupando, y además he tenido la enorme suerte en este tiempo -una de las razones por las que he retomado el tema- de haber reunido mucho material de amigos, de gente de la época con la que me sigo viendo, con la que he grabado muchas cintas y me han sacado documentos y fotos. Me he encontrado con tanto material que no aprovecharlo sería un desperdicio. Escribir sobre estos temas me apasiona. Primero, porque es la biografía de mi infancia, lo recuerdo muy bien, y sobre todo es un mundo insólito, que muy poca gente ha conocido y que, quien lo ha hecho, raramente lo va a contar o lo ha contado. Quizás porque los de aquellos colegios en pocos casos han llegado a ser escritores, directores de cine, novelistas, y los que lo han sido no han escrito sobre estos temas, sino sobre otros más comerciales o lo que sea... Es como si yo dijera: yo puedo contarlo, yo sé contarlo, yo tengo el material y además me gusta contarlo. A mis casi 60 años de edad, las cosas las quiero matizar más.

Vamos, que tiene material para tres o cuatro años más...

De Paracuellos y quizás de otros también. Yo digo de mí mismo que soy un mendigo de historias, siempre le digo a los amigos: "Oye, ¿por qué no me cuentas tu...?". Y grabo cintas y reunimos material que es maravilloso para escribir, porque pone en marcha el mecanismo de tus propios recuerdos. Yo podría estar con Paracuellos muchos años.

En dibujar cada álbum, ¿cuánto tarda?

Aproximadamente un año por álbum...pero también es cierto que entretanto hay otras cosas que me interesan, que me encargan y tengo que hacer.

¿Sigue publicando en la revista satírica francesa Fluide Glacial?

Sigo publicando, aunque creo que ya mi relación con ellos está terminando, porque en Francia hay muchos autores que quieren publicar y ya no hay tantas revistas. Al director actual le intereso menos que al anterior y publico con una cadencia muy por debajo de lo que me gustaría. Por eso creo que voy a cortar mi colaboración, porque ya no me interesa.

¿Publica en algún otro país?

No, sólo en Francia y ya lo voy a dejar, como he dicho.

¿Cómo ve el mercado del tebeo actual?

En relación con el tebeo de autor, el que yo hago, hay una recesión mundial, al contrario de lo que ocurre con el de superhéroes. Pero como yo estoy más cerca de un novelista o un narrador que cuenta sus historias, no lo tengo fácil. Hacemos una obra cada cierto tiempo, como ocurre con el cine independiente. Hubo tiempos mejores: cuando había revistas que primero te publicaban y luego lo recopilaban, por que saliendo sólo con el álbum no cubres todo el ámbito.

¿Qué otras cosas hace?

Colaboro con la industria del cine haciendo story boards y decorados a lápiz muy creativos, para crear climas y ambientes generales. Es muy interesante y está muy bien pagado.

¿Qué autores de tebeos extranjeros le interesan?

Citaría dos que me gustan mucho; uno especialmente, Bill Watterson, el creador de Calvin y Hobbes. Y otro el de Hellboy, Mike Mignola.

Dos norteamericanos. ¿Y europeos?

Me sigue gustando mucho la serie de Christin y Mezieres, Valerian, y el Blueberry de Giraud. Los releo y busco los nuevos. Pero el Blueberry que busco es el Giraud, nada más. Y los Spirou y Fantasio, y muchos de los franco-belgas...

¿Cómo ve las adaptaciones del tebeo al cine?¿Cuáles considera mejor adaptados de un medio a otro?

Inevitablemente en el trasvase se pierde mucho. Recuerdo con horror el pase del caminado de Mafalda, cómo se perdía el gag en el cine. En el dibujo animado interviene el aspecto comercial. Otro horror me ha parecido el Asterix, o un Marsupilami que me espantó. Una que me ha gustado: una de Phantom que han pasado por televisión, y el primer Conan.

¿Le gustaría que Paracuellos pasara al cine?

Me gustaría, y ya tengo escrito un guión para cuando llegue la ocasión.


Revista Leer número 114. Julio-Agosto 2000

domingo, 24 de diciembre de 2023

Dormilones en el avión ALBERT MONTEYS

PEQUEÑOS PLACERES

¿Antes del despegue? ¿Con antifaz y tapones? ¿O eres un contorsionista? Estas son ocho maneras de descansar en las alturas


22 DIC 2023 










'Dormilones en el avión'. Ilustración: MONTEYS.

MONTEYS

“No me gusta nada volar, por suerte tengo un sistema de defensa que consiste en dormirme en el momento en el que me abrocho el cinturón y despertarme con el ruido de la gente recogiendo sus maletas al llegar”, explica el humorista Albert Monteys (Barcelona, 1971). En este cómic, el ilustrador ha dibujado su forma de descansar cuando vuela y otras ocho maneras más.