sábado, 16 de diciembre de 2023

Tebeos a montones (sobre todo de aquí)

En un mercado desbocado con casi 5.000 novedades anuales, se ha producido una acumulación inaudita de títulos nacionales de una excelencia incontestable.

Por Álvaro Pons

No es fácil realizar una selección cuando el mercado del cómic se encuentra completamente desbocado, acercándose a las casi 5.000 novedades anuales. Este tsunami, que arrastra consecuencias como las bajas tiradas y la difícil supervivencia de los creadores, debe dar un buen número de obras de calidad indispensable por simple estadística. Y así ha sido, pero este año con una característica especial: se puede apostar por una selección del año con solo obras de autoría nacional.


El cuerpo de Cristo, de Bea Lema. Astiberri

Aunque las obras de autores españoles han tenido estos últimos tiempos una calidad espectacular, en 2023 se ha producido una acumulación inaudita. se han quedado fuera, por simple falta de espacio y no de calidad, obras como Aquí hay avería, de Lorenzo Montatore (ECC); Tiburón blanco, de Genie Espinosa (Sapristi); Elia de Fermín Solís (Reservoir Books); Atraviésame, de Andres Ganuza (autoedición); Planeta, de Ana Oncina (Planeta Cómic); El libro de las bestias, de Pep Brocal (Bang Ediciones), o El museo, de Jorge Carrión y Sagar (Norma), a los que hay que añadir las nuevas obras de veteranos como Max (Qué, Finestres / Salamanca Graphic), Pablo Auladell y Felipe Hernández (Lubianka, Norma Editorial), Pere Joan (Neocaos, Autsaider / Disset), Daniel Torres (Algunos maestros y toda la verdad, Norma Editorial) o la continuación de sagas como Las aventuras del Capitán Torrezno, de Santiago Valenzuela, que ha aprovechado la edición de su nueva entrega, Anamnesis (Astiberri), para  reeditarse, y el final de otras como Los profesionales, de Carlos Giménez (Reservoir Books); Soledad, de Tito (Cascaborra), o La balada del norte, de Alfonso Zapico (Astiberri). Sin olvidar la recuperación de obras tan importantes como Taxista, de Martí (La Cúpula), o El gran libro de Cuttas, de Calpurnio (Reservoir Books). Una trayectoria brillante y con futuro, como demuestra la publicación Forn de Calç (Extinció Editions), una revista de vanguardia que recibió el premio al mejor cómic alternativo en el Festival de Angulema.

Pero no han sido solo obras nacionales las brillantes: ahí está la soberbia Monica (Fulgencio Pimentel), con la que Daniel Clowes volvía después de un largo silencio; e contundente regreso de Marjane Satrapi con Mujer, vida, libertad (Reservoir books) o Zerocalcare incidiendo en la realidad sociopolítica en No Sleep Till Shengal (Reservoir Books). Autoras como Léa Murawiec nos han sorprendido con obras como El gran vacío (Salamandra Graphic), mientras que Kate Beaton hacía lo propio en Patos (Norma Editorial), Geneviève Castreé con Vulnerable (Astiberri), Jillian y Mariko Tamaki en Roaming (La Cúpula); Alison, de Lizzy Stewart (Errata Naturae), o Walicho, de Sole Otero (Salamandra Graphic).

El manga abruma con su inmenso catálogo, pero es difícil no destacar la delicadeza de Tatsuki Fujimoto en Goodbye Eri (Norma), mientras que en el género de superhéroes no dejará indiferente la ácida Los X-Celentes, de Peter Milligan y Mike Allred (Panini).

Pero éste será, sin duda, el año del comienzo de la edición de una de las mayores obras maestras del cómic, Krazy Kat, de George Herriman. Ediciones La Cúpula firma un trabajo de recuperación espléndido. En esta labor de reivindicación, la editorial Diábolo se apunta tres tantos: las dominicales de Gasoline Alley, de Frank King, publicadas como Walt & Skeezix; el vitriólico Li´l Abner, de Al Capp, y el volumen recopilatorio Impact, de EC Cómic, que incluye la insuperable Master Race, de Bernard Krigstein. Pero no todo son clásicos americanos: la editorial Dolmen se ha atrevido con uno de los referentes del cómic europeo de los sesenta, la Barbarella de Jean-Claude Forest, mientras que Norma ha hecho lo propio con el incisivo Ici Même, también de Forest pero con dibujos de Tardi. El manga, también ha tenido sus clásicos revisados, como la belleza visual de Seiichi Hayashi en Elegía en rojo (Gallo Nero) o la importancia de todo un referente: Hokusai Manga (Satori).


El Pais. Babelia nº 1.673. Sábado 16 de diciembre de 2023


viernes, 15 de diciembre de 2023

Los mejores cómics internacionales de 2023 por Mondo Sonoro

Redacción — 11-12-2023

Empresa — Mondo Sonoro

Fotografía — Archivo

Con nombre propio

Llevo varios años empezando este texto con aquello de que ha sido una excelente cosecha. Pero ¿qué demonios voy a decir si es totalmente cierto? No se aceptan dudas al respecto. Podemos entrar a discutir si el aluvión de títulos favorece o satura el mercado, si el manga ha generado nuevos públicos o si algunos superhéroes deberían tomarse un respiro, pero esos serían ya temas que nada tienen que ver con la grandeza de “Monica”, el esperado retorno de Daniel Clowes. Al margen de esté como esté el mercado, todas las seleccionadas seguirán siendo grandes obras que enriquecen el mundo de la viñeta y nos dan alguna que otra lección de vida por el camino. También son muchos los títulos que quedan fuera y que merecen una entregada. Resulta imposible listarlos todos, así que resumamos. Desde Japón, “Una mujer y la guerra” de Yoko Kondo; “Evol”, “Hacia el ocaso” de Nazuna Saitô, la nueva obra de Atsushi Kaneko; el preciosista y malsano “#DRCL. Midnight Children” de Shin’ichi Sakamoto o esas dos obras añejas pero fantásticas que son “El viaje de Shuna” de Hayao Miyazaki y “La fortaleza de papel” de Osamu Tezuka. Por no hablar de obras estadounidenses de lo más variopinto como “No te vayas” de Jordan Crane, “La maldición de la sal” de Hope Larson y Rebecca Mock, “El placer de la renuncia” de Keiler Roberts, “Glenn Ganges en el río de noche” de Kevin Huizenga o “Batman: un mal día. El acertijo” de Tom King y Mitch Gerads, y mixtas como “Night Fever” de Ed Brubaker y Sean Phillips o “Sargento inmortal” de Joe Kelly y Ken Niimura. Y lo mismo ocurriría si nos vamos a Europa, con obras del calibre de “El gran vacío” de Léa Murawiec, “La inevitable ceguera de Billie Scott” de Zoe Thorogood, “Haiku siberiano” de Jurga Vile y Lina Itagaki o “Por Tutatis” de Lewis Trondheim. —JOAN S. LUNA


1.- Monica


Daniel Clowes

Fulgencio Pimentel

SI SE TRADUJERA A LITERATURA su trama, “Monica” sería un imponente novelón que merecería sin lugar a dudas el calificativo de “gran novela americana”. El autor es capaz de condensar el sublime estudio de una existencia mar- cada por la historia y los mitos estadounidenses, a través de un sinfín de recursos gráficos. “Monica” nos relata la vida de una mujer, desde las azarosas circunstancias que dieron lugar a su nacimiento, a un final del que conviene no desvelar nada, pero al que le sienta bien el adjetivo apo- calíptico, a partir de una serie de relatos autónomos que se conectan entre sí. Nueve episodios que homenajean a distintos géneros del cómic: a las historietas de guerra, de romance, de ciencia-ficción o de terror. Uno de sus grandes atractivos es la combinación del arte del autor, inspirado por su amor por los tebeos clásicos de los años cincuenta y sesenta, y su narrativa psicodélica, llena de extravagan- cias y desvíos extraños. Una joya imprescindible de uno de los maestros vivos del noveno arte. —JOSÉ MARTÍNEZ ROS


2.- Las muchas muertes de Laila Starr

Ram V y Filipe Andrade

Planeta Cómic

No importan las veces que Laila Starr muere, sino las que vuelve a la vida. Un apasionante relato que funciona como una extraña fábula sobre la vida y la muerte, que destila un hermoso misticismo. El tándem que forman Ram V y Filipe Andrade es un fuera de serie: texto y dibujo encajan en una simbiosis perfecta. Un delicado y profundo ejercicio que ahonda en la dicotomía vida/muerte desde una visión diferente, estimulante y bella. —LAURA MADRONA


3.- La sangre de la virgen Sammy

Harkham Fulgencio

Pimentel

Tras muchos años, por fin ya somos conscientes de la magnitud de lo que Sammy Harkham estaba cocinando con esmero y dedicación desde su laboratorio de ideas y pinceles. Un fresco despampanante de los suburbios cinematográficos del cine de terror en los setenta. Una gloriosa orgía de talento, plasmada por medio de una pulsión inequívoca del trabajo exhaustivo de inves tigación, para el cual Harkham fue la sombra de Joe Dante durante años. —MARCOS GENDRE


4.- Patos

Kate Beaton

Norma Editorial

Más de cuatrocientas páginas, un dibujo de apariencia inocente y simpática, una historia autobiográfica de dos años trabajando en una plataforma petrolífera, y sin que lo parezca, una de las obras más feministas que podamos leer Y no precisamente por su militancia, sino sencillamente porque, relatando su experiencia personal, Beaton nos enfrenta –no sin humor de por medio– a lo que muchas mujeres viven como cotidiano en este mundo de hombres. —JOAN S. LUNA


5.- Roaming

Jillian y Mariko Tamaki

Ed. La Cúpula

Monumental, escrita y dibujada con una precisión deslumbrante y exquisita. Esa magnífica pareja de baile que conforman las primas Jillian y Mariko Tamaki se mueve y danza con esa desenvoltura y maestría a la que ya nos tienen acostumbrados, pero esta vez ambas colaboran en la escritura. El guion tiene la amistad como eje principal de la historia. En concreto, la evolución de la amistad, con sus inevitables metamorfosis y transformaciones. —LAURA MADRONA


6.- Goodbye

Eri Tatsuki Fujimoto

Norma

Aunque el Fujimoto más shonen y gore, es bastante impresionante en sus series largas, el más intimista y el más experimental tenemos que buscarlo en sus historias cortas, como en esta “Goodbye Eri”, manga que trata la tragedia familiar y el suicidio con una tierna carta de amor al cine. Yuta comienza a hacer una película sobre los últimos días de vida de su madre. Su interés por el cine lo compartirá con la misteriosa Eri, la única fan de su obra.— MANU GONZÁLEZ


7.- Querido Callo

Aline Kominsky -Crumb

Reservoir Books

Eclipsada por ser esposa de Robert Crumb y fallecida el año pasado, Aline se convierte en protagonista a través de un personaje complejo, divertido y salvaje, alguien que es imposible que no te caiga bien. De paso nos permite echar un vistazo lateral a la relación doméstica y nada tradicional con su marido. Después de leer “Querido Callo” sabemos dos cosas de ella: que era una grande del cómic y que vivió una vida que merecía ser contada. —JOSÉ MARTÍNEZ ROS


8.- Alison

Lizzy Stewart

Errata Naturae

Olvidemos la lista de galardones obtenidos por “Alison”. Pretendamos que llegamos vírgenes no solamente a este cómic, sino a la vida de Alison y descubramos cada paso que da desde que abandona el pueblo costero y a un marido acomodado en un mundo que no parece para ella. Hipnotizada por una vida que no será lo que imaginaba y por hombres siempre dispuestos a decepcionarla, Alison aprenderá que la única salida es tomar las riendas de su propia vida. —JOAN S. LUNA


9.- Saturn Return

Akane Torikai

Milky Way

Akane Torikai demuestra en este manga que es una maestra representando la soledad, el aislamiento, los momentos de crisis que trae aparejada la edad adulta. El suicidio de un amigo de la adolescencia es suficiente para que la protagonista, Ritsuko, deba afrontar un montón de hechos desagradables acerca de su vida, como una relación de pareja llena de secretos y una carrera literaria estan- cada. Y quizá, tras esa muerte, se oculta el mayor abismo. —JOSÉ MARTÍNEZ ROS


10.- La espera

Keum Seuk Gendry-Kim

Reservoir Books

Con “Hierba”, la artista coreana inició una trilogía de cómics que giran alrededor de las miserias y tragedias de su país. Y una vez más crea un cómic emotivo y humano, pero al mismo tiempo crudísimo. Con per- sonas que –una vez más– no se han dejado derrotar por la vida, mujeres valientes que han luchado con uñas y dientes para que, exprimiendo lo poco que el mundo les ha dejado, el abismo y la desesperación no las engulleran. —JOAN S. LUNA


Mondo Sonoro


Una rebelde con causa

Jordi T. Pardo




El epicentro del actual fenómeno del cómic juvenil estadounidense hay que situarlo en la figura de Raina Telgemeier. Esta autora superventas ha sabido conectar con los lectores más jóvenes gracias a obras de corte autobiográfico como ¡Sonríe!, Hermanas y Coraje. Pero Telgemeier es tan solo el nombre más representativo de una actual generación —formada especialmente por creadoras— que se ha volcado en construir nuevos referentes e historias para una audiencia tradicionalmente descuidada por la industria. Propuestas más inclusivas y comprometidas que no desprecian la capacidad de los más jóvenes para entender su propia realidad.

Las grandes editoriales estadounidenses, viendo el nuevo frente abierto, han querido reclamar su parte del pastel. Con esa intención DC Comics puso en marcha en 2019 su sello DC Ink de novelas gráficas para jóvenes adultos. En él, la compañía ha contado con equipos creativos familiarizados con la ficción juvenil de cara a reinterpretar algunos de sus iconos más conocidos. En este espacio han visto la luz propuestas como Mera contra la marea, de Danielle Paige y Stephen Byrne, Teen Titans: Raven, de Kami García y Gabriel Picolo, o Catwoman: Bajo la Luna, de Lauren Myracle e Isaac Goodhart, entre otras muchas. Todas ellas editadas en nuestro país por Editorial Hidra, que a la hora de presentar esta línea en nuestro país lo hizo con el título más destacado del sello, Harley Quinn: Cristales rotos. Una obra ideada por el tándem formado por la guionista canadiense Mariko Tamaki y el dibujante británico Steve Pugh, que ha acaparado las alabanzas de la crítica y el entusiasmo del público. El resultado: varias nominaciones a los premios Eisner y un éxito de ventas incontestable.

En Harley Quinn: Cristales rotos, la famosa antiheroína creada en 1992 por Paul Dini y Bruce Timm para la televisiva Batman: The Animated Series, aparca su habitual pose de «bufona fatale» para ofrecernos una faceta suya totalmente distinta. Tamaki y Pugh convierten a Harleen en una impetuosa adolescente que lidia no con héroes y villanos grandilocuentes, sino con los dilemas y problemas propios de su edad y generación. No estamos ante un cómic de orígenes convencional. No se trata tampoco de un elseworld con una Harley Quinn de un universo paralelo. Cristales rotos suelta lastre para contar una historia más íntima que promete dejar el cerebro del lector «como un plato de espaguetis».

Harleen, una inconformista, entusiasta y excéntrica joven de quince años llega a Gotham únicamente con una mochila y cinco dólares. Sin un lugar donde vivir, acabará siendo acogida por Mama, una drag queen que regenta un club de variedades. Por otro lado, en su nuevo instituto conocerá a Ivy, una amiga «superespecial» que le instruirá en cuestiones de justicia social y compromiso medioambiental. Gracias a ella, Harleen se percatará de las desigualdades que afectan a los ciudadanos de Gotham. Una cuestión que la llevará a tomar cartas en el asunto y buscar la alianza con un enigmático Joker que le propone sumarse a su revolución de «fuego y azufre».

Las señas de identidad de Tamaki explotan en esta obra hasta desbordarse. La cocreadora de Laura Dean me ha vuelto a dejar y Aquel verano construye una trama que destaca por el ingenio y carisma de sus personajes y diálogos. Harleen reflexiona directamente con el lector rebotando contra la cuarta pared su manera de ver los abusos e injusticias que se producen a su alrededor. La búsqueda de su propia voz interior contrasta con la atmósfera feminista de la historia. Por primera vez, Harley es una rebelde con causa protagonista de su propio cuento de hadas que no se ve lastrada en su discurso por su tóxica relación con el Joker.

Cristales rotos tampoco baja el listón si nos centramos en su apartado gráfico. En este punto, un Pugh en estado de gracia logra definir en cuerpo y alma —vía trazo y color— un inédito acerca- miento a la imaginería y estética de la señorita Quinzel. La obra fluye narrativamente por un detallado universo de tono azulado y negro por el que se van filtrando colores, sensaciones y portentosas escenas que, pese a su estatismo, fluyen narrativamente. Pugh ya nos había sor- prendido con su reinvención de Los Picapiedra junto a Mark Russell, pero en la presente Harley Quinn: Cristales rotos alcanza el cenit de su maestría.

Tamaki y Pugh se han volcado en contarnos una historia que no va sobre «jirafas ni cupcakes», como nos avisa su propia protagonista en el cómic, sino sobre encontrarse a uno mismo y asumir las consecuencias de las elecciones que tomamos en la vida. Harley Quinn: Cristales rotos es una lectura divertida y fascinante cuyos villanos son la discriminación, el machismo, la gentrificación y los macarras corporativos. Toda una galería de amenazas a las que hoy difícilmente podría hacer frente el mejor pelotón de superhéroes. La manera de combatirlas son obras como la presente, que nos enseñan que las mejores armas contra los males que afean el mundo son conceptos tan sencillos como la igualdad, la diversidad y el feminismo.



Harley Quinn: Cristales rotos

Mariko Tamaki y Steve Pugh Editorial Hidra

Estados Unidos

Rústica con solapas

200 págs. Color

Obra relacionada

Teen Titans: Raven

Kami García y Gabriel Picolo

(Editorial Hidra)

Supergirl: Fuera de lo común

Mariko Tamaki y Joëlle Jones

(ECC Ediciones)

Mera contra la marea

Danielle Paige y Stephen Byrne (Editorial Hidra)



Anuario Jot Down Comics 2020

jueves, 14 de diciembre de 2023

En busca de la lanza perdida

El faro del fin del mundo / Jacinto Antón


La lanza tiene en general menos pedigrí que la espada (de hecho, yo tengo varias espadas y solo tres lanzas) pero a menudo nos equivocamos no concediéndole toda la enorme importancia que posee. Simbólicamente, representa el poder, la guerra y el sexo (masculino, obviamente). Se la relaciona con la rama, el árbol y la cruz, y es un axis mundi, un eje que une lo de arriba y lo de abajo (se podría decir que la espada también, pero es más cortita). La lanza era un atributo de Atenea, de celta Lug y de Odín (la lanza Gungnir, que siempre daba en el blanco).

En este lanzado preámbulo he omitido a propósito hablar de la que quizá sea la más importante de las lanzas, la lanza de las lanzas, la legendaria Lanza Sagrada que le clavaron a Cristo cuando estaba en la cruz, según la tradición cristiana. Lo cuenta el evangelio de San Juan: un soldado "le atravesó con su lanza el costado, y al instante salió sangre y agua" (que simbolizan la doble naturaleza humana y divina de Jesús). Al soldado se le ha puesto nombre en textos apócrifos: Longino, y se le ha ascendido a centurión. La lanza se convirtió en un objeto sagrado y se conservan varias que pretenden ser la original.

Los nazis, que buscaron tantas cosas absurdas (como el martillo de Thor o el grial), no tuvieron que ir muy lejos para hacerse con la Lanza Sagrada, pues había una muy cerquita después del Anschluss (anexión de Austria), en el palacio Hofburg de Viena (en realidad una lanza carolingia del siglo VIII). La lanza vienesa fue trasladada por orden de Hitler a Núremberg con otras insignias imperiales. Se ha especulado con que la rama esotérica de los nazis (i.e. Himmler y su organización Ahnenerbe) contemplara la lanza como fuente de poder, pero en todo caso Hitler no se la dejó al Reichführer para que jugara a los arcanos SS en su castillo temático de Wewelsburg.

Longino clava la lanza en el costado de Cristo (1450), de Fra Angélico

La Lanza Sagrada o Lanza del Destino ha tenido menos éxito que el grial en la ficción, pero se han hecho varias películas sobre la reliquia. Una de ellas es el filme para televisión The Librarian: Quest for the Spear (2004) traducido en España en un alarde de imaginación como En busca de la lanza perdida (como éste artículo) y en el que aparece Kyle MacLachlan con cara de qué hago yo aquí con lo bien que estaba con Nomi Malone en la piscina de Showgirls. Más interesante es la novela La lanza del destino, de Arnaud Delalande (DeBolsillo, 2010), en que la lanza "verdadera" aparece en una excavaciones de Megido y la roban para ¡clonar a Cristo! mediante el ADN de los restos de sangre en la punta. Otra película en la que sale la lanza es Constantine (2005).

Muy interesante es la asociación de la lanza de Longino con el Santo Grial. La "lanza que sangra" de la leyenda artúrica sería la de Longino: es la que se conservaría en el legendario Castillo del Grial y la que habría herido al Rey Pescador / Amfortas, es decir la del poema de Wolfram von Eschenbach Parzival y la subsiguiente ópera de Wagner Parsifal.

Y Parsifal y Wagner nos llevan al descubrimiento de otra lanza inesperada, la que ha creado el artista catalán Jordi Gispert. Su lanza es una personal interpretación de la legendaria Lanza Sagrada y ha sido realizada como parte de una instalación, con motivo del aniversario del estreno de Parsifal en Barcelona, que incluye también un escudo y el grial. El conjunto puede verse en el Club Wagner de la ciudad condal.

La original lanza de Gispert de dos metros, presenta una rama que brota del asta, como una forma de subrayar las ramificaciones de la leyenda y la conexión simbólica con el árbol. "Quien la sostenga en la manos sostendrá, para bien o mal, el destino del mundo", reza la leyenda de la Lanza Sagrada. ¿Quién se puede sustraer a la emoción de empuñar una? "Shake a spear!", como decía, precisamente, Shakespeare, "¡agita la lanza!" Y deja el resto a los dioses.


EL PAÍS CULTURA Sábado 29 de abril de 2023


La libertad está en los libros

Bienvenidos al Limbo Hotel, un lugar donde los recuerdos son los únicos ocupantes de las habitaciones


JOSÉ LUIS VIDAL

12 Diciembre, 2023

Lejos, muy lejos de cualquier atisbo de civilización se levanta una solitaria construcción en la que, antaño, hubo mucha vida. Ahora solo, muy solo, es Kein su único residente.





Limbo Hotel

Autor: Enrique Fernández

Tapa dura

Color

18 euros

72 páginas

Spaceman Project


Este viejo lobo de mar, manco, ha construido su vida alrededor de una serie de repetitivas tareas que hacen que el dolor que se albergó hace años en su pecho permanezca adormecido: Limpiar, barrer, cuidar del huerto, pescar, jugar a un triste Scrabble con su rebaño de ovejas…

Así pasan los días, los meses, con la única compañía de algunas instantáneas que le transportan a otra vida que ya no es, y a las que mira de refilón.

Más una terrible noche de tormenta, sin él saberlo, su vida va a comenzar a cambiar, sellada por un incierto destino que vendrá representado con el hallazgo de un lloroso bebé pelirrojo, huérfano para más señas, al que rescata dentro de un carromato.

Los primeros días junto al niño serán duros, los constantes lloriqueos llevan por el camino de la amargura al maniático Kein, que está a punto de enloquecer. Pero poco a poco, con el paso del tiempo, la relación del hombre y el niño se convertirá en un traspaso de tareas, convirtiendo al crecido chaval en el botones del establecimiento que sigue sin tener ocupantes, salvo ellos dos.

El muchacho, aleccionado por el adusto Kein, acometerá sus labores con alegría y educación, cumpliendo con ellas a la perfección. Y así un día tras otro, y otro y otro…

Pero la curiosidad le llevará a preguntar qué se esconde tras la puerta de esa casita en la que le está prohibida la entrada y, librándose de la vigilancia de Kein, traspasará la puerta de ésta y llegará a un lugar que le dará todas las respuestas que necesitaba, y mucho más.

Libros, montones de volúmenes que devorará, y cuya imaginación recreará a una serie de personajes que a partir de ese momento le van a acompañar en sus, cada vez más, cansinas obligaciones.

Y nacerá el odio hacia el anciano, y un plan terrible…

Solo puedo calificar a la nueva obra de Enrique Fernández como espectacular. Con un primera parte prácticamente muda, en la que hace un uso magistral de las onomatopeyas, en el momento en el que las palabras afloran, el relato da un giro hacia un paraje sombrío, donde el resentimiento del joven Aiden aflorará, espoleado por los cínicos comentarios del cuervo antropomorfo que le susurra al oído.

Una historia que habla del dolor por la pérdida, del resentimiento, pero también de la imaginación, de ese puente que puede trasladarnos a otros lugares, lejanos, a compartir vidas que no son las nuestras o, sorprendidos y boquiabiertos, a ver como el desquiciado capitán Ahab cabalga sobre los ciclópeos lomos de la ballena blanca.

Si solo pudiera expresar con un calificativo para definir al nuevo cómic de Enrique Fernández, creo que no erraría al decir que es totalmente magistral, tanto en la belleza de lo gráfico como en su absorbente argumento.


Malaga Hoy


miércoles, 13 de diciembre de 2023

Ladrillazos de amor

La opinión es unánime, y es que esta edición de uno de los grandes e inmortales clásicos del Cómic es soberbia

JOSÉ LUIS VIDAL

10 Diciembre, 2023




Existe un lugar, no lo encontrarás en los mapas, y aunque guarda ciertas semejanzas con algún paraje sito en los Estados Unidos, tan solo podrás llegar allí de una manera muy especial. Ni en tren, avión o coche accederás a esos desiertos, aparentemente vacíos. Tu mapa tiene un formato inusual, y la brújula que usarás es, ni más ni menos, tu propia imaginación.

Bienvenidos al Condado de Coconino, lugar poblado por un puñado de criaturas, animales antropomorfos, entre los que destaca un una felina muy especial, cuyo cogote está ya más que acostumbrado a los golpes que el esquivo roedor Ignacio le lanza cada dos por tres, dejándola postrada, tumbada allá donde caiga, suspirando por su amor ratonil.

Sí amigos, ellas es Krazy, esa Gata Loca que muchos de nosotros conocimos a través del mundo de la animación, y que ahora, muchos años después, por fin podemos disfrutar de una edición que recoge sus andanzas (y las del resto de parroquianos de Coconino) y con la que su padre y creador, George Herriman, se encontraría más que satisfecho.

Pero antes de hablar de las virtudes de este formato, me gustaría presentaros a varios de los secundarios que componen este particular, divertido, poético y surreal universo, y que acompañan en sus andanzas a esta gata (o gato, obviamente), inocente, soñadora, con un vocabulario muy personal, sureña que bebe los vientos por el ratón Ignacio, padre de familia numerosa, que para poco en casa, y cuya sufrida esposa no sospecha de sus numerosas tropelías, que casi siempre terminan lanzando un ladrillo a la pobre Krazy.

Y hablando de ladrillos, la hucha de Kolin Kelly, que los fabrica de la manera más artesanal, debe de estar a rebosar, y siempre que puede se aprovecha del curioso ‘hobby’ de Ignacio, ese impulso que lo empuja una y otra vez a adquirir como sea el pesado objeto al que casi venera.

Aunque creo que no me equivoco al situar al agente de la ley, el policía B. Cachorro, como el olfato que (casi) siempre le sigue los pasos al escurridizo ratón, tratando de evitar sus constantes trastadas. Un tipo que se toma su profesión con mucha profesionalidad.

Claro está, en un Condado como el de Coconino nos encontramos con una pequeña representación de la burguesía local, como es el Conde de rebuscado nombre Dondiego Fermín Patagón, un sabueso que viste con elegancia y fuma los mejores puros que puede comprar.

El resto del dramatis personae es extenso, y nos vamos a topar con ellos a lo largo de las páginas que contiene este volumen, que reúne la producción de Herriman en los años 1916 y 1917. Ellos son Walter Cephus Avestruzo, Pato Tico, Don Koyote (otro ‘conde’), Joe Cigüeño, el frijol saltarín mexicano Wlli Mendoza, Bill Viejo Abejo, Willy Comadreja, Sancho Pancho, Bananito Manises, Marijuana Pelona… Y seguro que me dejo a alguno o alguna de estos originales y carismáticos personajes en el tintero, aunque no os preocupéis, ya que seguro que tras una piedra, un cactus o en alguna de las curiosas construcciones del lugar os los podréis encontrar.

Y ahora sí, ha llegado el momento, necesario, de las loas a esta tremebunda edición, que va a destacar en las estanterías de las librerías, ya que su enorme formato y colorido de su portada hará que nuestra mirada se dirija inconscientemente hacia ella.Además de tener tapa dura y páginas con el gramaje adecuado, en él vamos a encontrar una serie de textos, en los que el ínclito Rubén Lardín, uno de los ‘culpables’ de que esta edición sea tan única, donde va a recorrer la historia, la génesis de este cómic, nos hablará de sus protagonistas, además de presentarnos adecuadamente a su talentoso autor, el ya inmortal George Herriman.

Pero hay dos textos que destacaría. El primero de ellos, redactado con toda la sinceridad posible, nos presenta a Lardín aceptando la tarea de traducir este cómic, hecho éste que se convierte en un ferrocarril que está a punto de descarrilar y estrellarse en más de una ocasión, debido a la peculiar manera en la que los personajes de Herriman se expresan, y teniendo que tomar una decisión (muy acertada en mi opinión) a la hora de culminar su labor.

El otro escrito viene de la mano de Emilio Bernárdez que, con total sinceridad hace un recorrido por los mil y un problemas que ha tenido la labor de realizar esta edición definitiva de Krazy Kat que, a afortunadamente, a golpe de pasión y sabiendo rodearse de un ese magnífico equipo de compone La Cúpula Ediciones han logrado que tengamos en nuestras manos esta auténtica obra maestra del Noveno Arte, el Cómic.Y ahora sí, ajustaos bien la mochila y vamos allá, ¡el Condado de Coconino nos espera!


Malaga Hoy


La vergüenza enterrada

Paco Roca, acompañado por el periodista Rodrigo Terrasa, regresa a las librerías con una nueva obra tan esperada como necesaria


JOSÉ LUIS VIDAL

09 Diciembre, 2023 

Suele decirse que los pueblos que olvidan su pasado están condenados a repetirlo, y es que creo que no hay país a lo largo y ancho del planeta que no tenga en su memoria hechos oscuros y horribles, casi siempre relacionados con los conflictos bélicos, el odio y el rencor.




El abismo del olvido

Guion: Paco Roca y Rodrigo Terrasa

Dibujo: Paco Roca

Tapa dura

Color

296 págs.

25 euros

Astiberri


Centrándonos en España, existe una mancha, una deuda a pagar que aún no ha sido restituida del todo, debido sobre todo a la actitud de algunos partidos políticos que fomentan el olvido entre sus afiliados, vendiendo la manida frase de que “hay que mirar hacia delante…”

Pero no, y el dúo artístico formado por Paco Roca y el periodista Rodrigo Terrasa nos van a demostrar en este cómic que aún queda mucho, muchísimo por cumplir, devolver a cientos, miles de familias, el derecho a poder enterrar a sus muertos, represaliados durante y tras la Guerra Civil.

Y van a hacerlo narrándonos la historia de dos hombres, José Celda Beneyto y Leoncio Badía. El primero fue un simple agricultor, un hombre querido por los suyos, que nunca tuvo ni dio ningún problema en su localidad, y que debido a la maldad que anida en el corazón de algunas personas, poniendo como excusa su afiliación política, fue detenido, condenado en una pantomima de juicio y llevado ante un pelotón de ejecución, sin ni siquiera tener la posibilidad de poder despedirse y abrazar por última vez a los suyos.

Por otro lado, Leoncio fue un auténtico héroe dentro de lo que pudo hacer, que fue mucho, ya que librándose por los pelos de la muerte fue obligado a cubrir el puesto de enterrador en el cementerio de Paterna, en el que utilizando una vista aérea, Paco Roca consigue que se nos hiele la sangre al mostrar la cantidad de fosas que existen bajo su superficie.

Leoncio será el encargado de permitir que las mujeres, hijas y otros familiares puedan acceder al camposanto y, al menos, poder ver y llorar por última vez a sus familiares. Y sin él saberlo, se va a convertir en una pieza clave en la futura investigación de estos restos sin nombre que han reposando durante años bajo tierra.

Paco Roca, con la maestría gráfica que le caracteriza, y volviendo a utilizar el formato apaisado, nos presenta a un buen puñado de personajes, todos y cada uno con su propia historia, ya sea en el pasado, o en tiempos actuales, como Pepica, la hija de José, que hizo una solemne promesa a su madre que, gracias al grupo de arqueólogos encabezado por Eli y Manu, puede verse cumplida, y en la que el papel de Leoncio va a tener un papel esencial.

No hay peor condena que arrebatar el derecho a que los familiares de un finado puedan enterrar sus restos, y poniendo como ejemplo la historia de Aquiles, Patroclo y la venganza del primero hacia los afligidos padres de Héctor, queda más que claro el sufrimiento, la impotencia de todas esas familias que aún esperan obtener el permiso en un laberinto burocrático para poder recuperar los restos de un familiar enterrado en una zanja o fosa común.

Ellos son los sin nombre, y en esta obra se les da rostro, permitiendo que puedan 'salir' de esas cárceles llamadas fosas comunes, aunque tan solo sea por un rato, ya que muchos de ellos continuarán, por desgracia, sin poder ser identificados.

Una obra ésta muy necesaria, y que desde ya debería formar parte de la biblioteca de institutos, para que las jóvenes generaciones de nuestro país aprendan que nunca hay que olvidar.


Malaga Hoy