jueves, 18 de febrero de 2021

¿Sueñan los sintozoides con ovejas sintéticas?

'La visión' (2016), de Tom King y Gabriel Hernandez Walta, narra el intento del sintozoide de los Vengadores de tener una familia de sintozoides, y llevar una vida normal y corriente


17 Febrero, 2021 



'La visión'. Guión: Tom King. Dibujos: Gabriel Hernández Walta. Panini Comics, 2018.


En 1968, Philip K. Dick publicó ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, novela corta de ciencia ficción. Ese mismo año, Marvel Cómics fue más allá: si Dick en su novela creó animales eléctricos, en The Avengers nº 57, de Roy Thomas y John Buscema, debutó La visión, un sintozoide, es decir, un androide construido a partir de órganos sintéticos que funcionan como los de un ser humano y posee las pautas cerebrales de un vengador, Simon Williams. Diseñado por Ultrón para destruir a Los Vengadores, se une a ellos y llega a ser uno de los miembros más importantes de los héroes más poderosos de la Tierra.

El estadounidense medio tiene una meta en la vida que es el Sueño Americano: un trabajo estable de 9 a 5, bien remunerado, una casita con perrito y vallas blancas en una urbanización decente, una esposa entregada a su matrimonio y las tareas del hogar y dos hijos que deben sacar buenas notas en el High School para poder aspirar a entrar en una buena Universidad.

De esta premisa parte La visión, serie guionizada por Tom King y dibujada por Gabriel Hernández Walta, que exploran la mente del sintozoide y su vida tras el autoborrado voluntario de sus emociones. Visión cree que puede encontrar la felicidad en la creación de una esposa y dos hijos (sintozoides como él) con los que imitar el ideal de familia estadounidense y llevar una vida normal. Pero, ¿puede un sintozoide soñar con esa vida? ¿Puede un sintozoide tener sentimientos? El sintozoide se convierte en un asesor del presidente de Estados Unidos que vive en Virginia, en un barrio residencial.

Conocemos a su esposa Virginia, su hijo Vin y su hija Viv, que quieren ser humanos y harán cualquier cosa para ello. Desde el nacimiento del personaje, se juega con la idea de si Visión es más humano que sintozoide.

Aunque el punto de partida prometía una comedia de situación, La visión disecciona el Sueño Americano, ese modo de vida que se vende, por extensión, al resto del mundo, en el que los problemas siempre son menores y se solucionan con una charla en la mesa de la cocina, aunque los visión no coman, y nunca dejarán de ser bichos raros.

Visión ha vivido más de medio siglo de aventuras y ha protagonizado sucesos que valen a los nuevos autores para construir nuevas versiones del personaje, que ha ido ganando humanidad, la ha perdido, se ha casado con la Bruja Escarlata, ha tenido dos hijos con ella, ha sido desmontado, lo han reconstruido eliminando sus sentimientos, los ha recuperado, ha descubierto que sus hijos nunca existieron, han vuelto, ha sido destruido por Hulka, ha resucitado… A todo ese pasado acude Tom King a través de la Bruja escarlata, Victor Mancha, el Hombre Maravilla, Agatha Harkness... Visión ha ido pasando por todo tipo de situaciones, todo ello aderezado por la versión del personaje del Universo Cinematográfico Marvel, interpretado por Paul Bettany.

En el cómic La visión y la Bruja Escarlata Vol. 2, nº 12 (septiembre de 1986), los lectores presenciaron el nacimiento de los hijos de ambos. La nueva familia sintozoide de La visión es un intento de ser normal para recuperar lo que tuvo con la Bruja Escarlata.

La visión ganó en 2017 el premio Eisner a mejor serie del año y el de mejor colorista para Bellaire. En 2019, ganó el de mejor reedición.

Tom King (San Diego, 1978), es guionista de cómics y ex oficial de la CIA. Autor de series como El Sheriff de Babilonia, Omega Men y La visión. En 2016, sustituyó a Scott Snyder como guionista de Batman. Un año después, retomó su colaboración con el dibujante Mitch Gerads, a través de la serie limitada Mr. Milagro. Vive en Washington D.C. y tiene tres hijos.

Gabriel Hernández Walta (Melilla, 1973) estudió Bellas Artes en Granada, dedicándose a la pintura y la ilustración infantil. Tras recibir el premio de cómic Injuve2002, decide dedicarse profesionalmente al cómic, comenzando una serie de trabajos para la editorial estadounidense IDW Publishing, entre los que destacan El ladrón de días (Norma) y los álbumes El velo y El bosque de los suicidas, con guion de El Torres (Dibbuks). También realizó el guion y el dibujo de The Werewolf of Fever Swamp, para la editorial Scholastic y trabajos para Vertigo y Marvel.


Malaga Hoy


Ese inglés maldito

La existencia de John Constantine se va a volver mucho más complicada de lo habitual cuando se vea envuelto en un oscuro misterio


JOSÉ LUIS VIDAL

17 Febrero, 2021

La primera vez que le conocimos apareció de la nada para ayudar a cierto habitante de los pantanos y su cínica sonrisa nos cautivó. Aquel tipo rubio que se parecía tantísimo a Sting (de hecho su creación fue una especie de broma entre Bissette, Totleben y Moore), que fumaba como un carretero y cuya gabardina aspiraría al ranking de las más conocidas del mundo de la ficción, codeándose con la de cierto policía apellidado Colombo, llegó a nuestras vidas de lectores de cómic y, afortunadamente, no se ha marchado.

Secundario de lujo en ese arco argumental titulado American Gothic que, con el paso de los años se ha convertido en lectura obligada para todos los buenos aficionados al terror en viñetas, no tardó demasiado tiempo en protagonizar su propia colección, Hellblazer, la más longeva del tristemente desaparecido, y muy añorado, sello Vértigo.

Trescientos números, señores, casi nada. Con tal cantidad ha dado tiempo, y páginas, de sobra para narrar la existencia de este tipo del que hemos aprendido varias cosas. En primer lugar, nunca te hagas su amigo, ya que todos acaban mal, muy mal.

La segunda es que su pasado le pesa como una enorme losa, y más vale que no pronuncies en su presencia la palabra Newcastle si no quieres que su expresión cambie y te veas metido en graves problemas. Y la tercera es que, además de bebedor y fumador empedernido, siempre guarda una carta en su manga, ya sea como favor a cobrar, mentira o puñalada trapera.

Normal que su carácter le haya convertido en un cínico de primera. Ha contemplado el auténtico horror en primera fila, sin ninguna anestesia. Él sabe, conoce y se codea con todo eso que los vulgares mortales de a pie no podemos ver. John Constantine sabe que tras las fachadas de los edificios, al fondo de callejones, en el centro de los parques existen otras realidades, la mayoría no soportarías verlas por el rabillo del ojo sin encanecer.

Y justamente, en este nuevo volumen dedicado a su persona, titulado Constatine: Hellblazer (primer guiño para todos los que le hemos seguido…) vamos a ver una remozada versión del personaje, que después de su inclusión plena en el Universo DC (Liga de la Justicia Oscura) vuelve a donde realmente pertenece, las sucias calles. En concreto, las de la Gran Manzana, donde, pasando el rato en bares, conocerá a una chica, Katie, que está siendo perseguida por unos terribles monstruos.

Acto seguido, una cara conocida, la de la demoniaca Blythe, se volverá a cruzar en su camino. Y es que los gustos de Constantine a la hora de compartir lecho son de lo más variado. Pero claro, ¿quién puede fiarse de una tipa como ésta, que huele a azufre y tiene un plan secreto?

Os decía anteriormente que John es un solitario, pero os he mentido un poco. Siempre le acompaña una cohorte muy especial con la que sólo él puede ver y comunicarse. Son los espíritus de todos aquellos, amigos, conocidos y demás, que tuvieron la mala suerte de cruzarse en su camino. Pues alguien, o algo, los está matando…

Y aquí comienza el primer arco argumental potente de este volumen, en el que un John Constantine llevado a las viñetas por el dúo de guionistas Ming Doyle y James Tynion IV, junto al personal trazo de Riley Rossmo, devolverán al protagonista a la tierra de sus orígenes, Inglaterra, Londres en concreto, donde como suele decirse "el pasado siempre vuelve", y esta vez lo hace repleto de recuerdos. Instantáneas de una época salvaje en Manchester, en la que un joven John creó junto a unos amigos un grupo punk, Membrana Mucosa, y comenzó a conocer los recovecos de la oscuridad, con todo lo que ello implica.

Fue justo en aquella lejana época cuando rompió el corazón a muchas chicas, entre ellas la actual agente exorcista del MI5, Georgiana Snow, y, sobre todo, a la que fue uno de sus más recordados amores, Verónica…

Todos estos personajes serán importantes piezas de un misterioso puzzle que el investigador de lo oculto deberá resolver si quiere proteger a los espíritus que caminan junto a él.

Pero ese sólo será medio aperitivo de lo que os espera con la lectura de este tomo, ya que de regreso a New York, varios rostros muy conocidos volverán a la vida del protagonista, algunos humanos, otros espectrales y demoniacos… Y todo ello mezclando, como suele ocurrir en su vida, a un inocente como es su nueva conquista, el musculoso camarero Oliver, que va a sufrir en sus propias carnes lo que implica vivir una relación con Constantine. Y es que la vida en la gran ciudad está a punto de cambiar. Y mucho.

Este volumen publicado por ECC es un magnífico punto de partida (o continuación) para todos aquellos que tengáis curiosidad por conocer a este personaje, cuyas peripecias os van a llevar a ese lado oscuro que él conoce tan bien, y del que ya no podréis escapar.


Malaga Hoy


martes, 16 de febrero de 2021

Clara...de noche Dibujo: Bernet Guión: E. Maicas & Carlos Trillo



 Revista El Jueves

MAGE: THE HERO REVISITED

 (Algunas impresiones)

F.   Naranjo



ANTES

Te gustará Cortázar, seguro. El tiempo fluye, queda atrapado entre las palabras, juega, se torna río, lago, arquitectura de aromas y miradas, pura cadenciosa sugerencia que rasca y rasga y arranca la piel.

Así se abría hace ya algunos años mi artículo sobre MAGE, obra sorprendente y fluida, fresca, inteligente. Aún era yo, creo, librero. Me alimentaba de bocadillos y cervezas, corría de un lado a otro como alma que lleva el diablo. Incluso recibía cartas de admiradores. Aquel número 14 de URICH no llegó a ver la luz, y mi precioso texto aleatorio lleno de despropósitos y hasta pretensiones quedó para siempre en el limbo de lo no publicado (debo decir que afortunadamente, una vez repasado hoy con frialdad y ánimo depredador). Eran otros tiempos, a uno se le empezaba a subir algún que otro aire a la cabeza (a pesar de); era otro URICH, también.

No ha cambiado, sin embargo, la curiosa situación del objeto del artículo, Matt Wagner, gran ignorado. Pese a sus últimos escarceos con DC (una portada aquí, un SANDMAN allá, por no hablar del célebre crossover o de los rumores en torno a proyectos secretos con Gaiman), cuando se escribe sobre las estrellas de la Historieta USA tiende a no mencionársele, no sé si por ignorancia o por un puro no saber dónde pueda encajar, bajo qué cómoda etiqueta. Como entonces.

Hice, no sé si lo he dicho, pretendí hacer, un artículo a ráfagas, más interesado en esbozar ideas acaso confusas que en dar una impresión fácil del autor. Un artículo lleno de reflexiones casuales y citas (claro), aleatorio en su orden de lectura. Pretendí, digo. El tiempo ha demostrado lo poco que sobre Wagner sabía, y no por falta de información (que también). Más bien no sabía ver de verdad lo que estaba haciendo: su sorprendente tratamiento de lo mágico me parecía lo más relevante de su obra; uno relee ahora y ve con claridad, respira la frescura de planteamientos, disfruta con personajes tiernos y cercanos.

Tenéis, pues, otro artículo de ráfagas, repleto de sensaciones y reflexiones, de dudas. Un intento más de explicar qué es para mí la Historieta partiendo del trabajo de un señor que la lleva en la sangre.

UNO.

- Pero tú sabes que ese zapato no es antiquísimo, Munia. Ni esas pistola tiene nada que ver con Napoleón... -le decía su padre de vez en cuando, porque no quería que fuese una mentirosa. - Que ya, papá, pero si no invento me aburro.

MUNIA Y LOS HALLAZGOS. Asun Balzola. 

DOS.

Nadie se acuerda de Matt Wagner (¿lo he dicho ya? Nunca lo bastante), fabulador de lo oscuro, manipulador de lo mágico, lo negro, lo diabólico, lo onírico (y también, oh sorpresa, de lo cotidiano). Creador de ese sueño denso y jovial que es MAGE, de esa pesadilla de resonancias teatrales que es GRENDEL, de ese enigmático, complejo acertijo que es DEMON. Más allá de pirotecnias gráficas y efectismos adrenalínicos, lejos de la rígida arquitectura de un Moore (más cerca acaso de otros ingleses, o incluso de Sim), sus fuentes son otras; el maestro Eisner, lo oriental (nuevamente Japón, aunque suene oportunista), la literatura más que el cine, el teatro un poco (esa economía de personajes, ese utilizar la ciudad a manera de vacío y solitario escenario anónimo, ese primer Grendel de aspecto y elegancia de mimo, esos magistrales diálogos). Y la introspección, la mirada interior. Son sus sueños y pesadillas los que sobre el papel cobran vida, su visión del mundo la que nos muestra. Sus personajes son todos símbolos quizá eternos, pero no por ello son menos personales y cercanos, menos queridos (todos un poco él mismo, un poco nosotros mismos también). Carne de su carne y sangre de su sangre. Es el fabulista amable y tranquilo, de producción lenta y cuidadosa (concienzuda, responsable); el hacedor de sueños, el narrador de mitos.

(Nadie, nadie se acordaba de él, y entró Batman en escena. Pero eso, supongo, es otra historia.)

TRES.

Se quejaba Yeats en alguna parte de la oscuridad del folklore escocés, sus fantasmas terribles, sus duendes malignos y sanguinarios. Prefería con mucho el buen tono de los irlandeses, el humor y la jovialidad de sus trasgos y hadas, la alegría de su Gente Pequeña. Y de nuevo acude Wagner a la memoria, el mago ocultándose en la red de cajeros automáticos, el bate-excalibur, mil guiños cómplices desde las cuidadosas viñetas. El humor tiñe toda la saga (de verde, naturalmente), incluso en pequeños detalles como el nombre del casino donde la maldad mora (Stix, Estigia, la legendaria laguna que separaba nuestro mundo del de ultratumba), o ese enigmático motorista de poblada cornamenta que aparece un instante apenas al final y que, pese a lo dicho, es una de las imágenes más desasosegantes que recuerdo haber visto nunca en las páginas de una historieta (¿Satán, tal vez? ¿El propio Caronte, conduciendo hacia abajo las almas de los condenados, abajo, abajo hasta el mismo Infierno?).

(Imágenes poderosas, espectacularidad tensa, contenida: ese dragón camuflado que fríe a un decidido, firme Sean): ciertos dibujantes de moda emularían el lado malo de Spielberg, con fulgurantes acrílicos e impactantes hermosuras a doble página ilegibles e inútiles, fuera de lugar. Como un PEDRO PARAMO rodado en colores pastel y con lucecitas ET y sanguinolientos espectros en lugar del gris, árido poema desesperado de horizontes polvorientos y seca, negra belleza. Wagner es más Eisner, atento al detalle, a la expresión de los rostros, a la emoción del gesto, del encuadre. Atento a la construcción creíble, natural del personaje: pocos diálogos como los suyos, fluidos y frescos, libres. Pocos personajes tan enteros y definidos, tan reales (no merced al viejo esquema listo-bruto-tonta-malo, tan querido de tantos. Formas de hablar, formas de pensar, de moverse, gestos, reacciones; todo como arrancado de la calle, todo real. Emociones).

CUATRO.

- ¡Hoy -anunció sin preámbulos-, combatiré delante de vosotros, durante diez asaltos de tres minutos, con vigor y firmeza, contra el diablo!

De la multitud se elevó un murmullo de incredulidad.

- ¡No os riáis! -bramó el cura-. ¡Los que no me crean, que miren!

Hizo una señal y apareción el sacristán en medio de un fogonazo, despidiendo un fuerte olor a azufre.

- Hace ocho días -anunció el cura- descubrí lo siguiente: mi sacristán era el diablo.

El sacristán escupió con desidia una llamarada bastante grande.

(...) El cura estaba pálido y esbozó la señal de la cruz. El sacristán protestó:

- ¡Nada de golpes bajos antes de empezar, eh padre!

EL ARRANCACORAZONES Boris Vían.

CINCO.

Quisiera saber cómo piensa Wagner, cómo se siente a sí mismo esas tardes grises y húmedas en que se entregue al placer del puro crear (placer húmedo y gris también), imaginar juegos y sueños nuevos para sus personajes. Cómo ocurrió el eludir el mimético oportunismo artúrico (pienso en Barr) y transformar el fácil drama conyugal en pura aventura interna de un protagonista escéptico que es seguramente el propio autor. ¿Qué química misteriosa funciona en su interior cuando convierte a la negrita encantadora Edsel en la Dama del Lago, guardiana eterna de la mágica Excalibur, desechando la fácil transmigración de Ginebra? ¿En quién, qué piensa cuando piensa un Merlín golfo y travieso, cínico y tramposo como nunca (lo más cercano está en Boorman, y se queda a muchas millas de distancia)? ¿Es él mismo quien habla por boca de Kevin en las primeras planchas, cuando se declara solitario y bordeando el absoluto abismo? ¿Es su escepticismo el de su personaje? Seguramente sí, como son también suyas la fidelidad de Edsel y la inseguridad de Sean.

(Escepticismo en Kevin, no creerlo ni aún viéndolo pero dejarse llevar por la riada de los hechos, no nadar contra corriente, mirar desde su fría incredulidad cómo el mundo se mueve, oscila, cambia, se derrumba. ¿Nunca te sentiste así, mudo testigo, mero huir hacia delante sin pensar, sin buscar opciones, puro dejarse llevar en un mundo loco pero dejemos que bailen, bailemos incluso, incapaz de todo excepto inútil observar, inútil, inútil callar corriente abajo aferrado a quién sabe qué falso, vacío tronco, quizá la esperanza de que pronto, algún día?).




SEIS.

(Pero habría que pararse a respirar, mirar alrededor, definir, aquilatar términos. Un ejemplo: hablo de personajes reales, cercanos, y no quiero decir en realidad gente con la que uno vaya a tropezarse por la calle. Pienso en la última película de Rudolph, una conversación con Mª Jesús: fallos quizá de guión, una suerte de inconsistencia a la hora de resolver la trama, un no saber qué hacer al final. Pero los personajes, siempre torpes y tiernos al borde de cierta cómica desesperación... Tan reales como los que desfilan por las páginas de LOVE & ROCKETS o como el mismísimo León Doderlin, poeta maldito.
Para irnos entendiendo.

SIETE.

La diferencia entre un loco y un piantado está en que el loco tiende a creerse cuerdo mientras que el piantado, sin reflexionar sistemáticamente en la cosa, siente que los cuerdos son demasiado almacigo simétrico y reloj suizo, I...) y asi sucede que mientras todo el mundo frena el auto cuando ve la luz
roja, él aprieta el acelerador y Dios te libre.

LA VUELTA AL DÍA EN 80 MUNDOS. J. Cortázar.

OCHO.
Pero uno se pregunta, ¿quién, fuera de aquel país, puede hoy tomarse en serio esto de los héroes, discovered o no? Probablemente el 50% del éxito del Batman de Miller estriba en su poner en tela de juicio la supervivencia de lo heroico en el mundo de hoy. O de una forma de heroísmo, al menos. Miller cuestionó una figura mítica cuyo claro desfa¬e amenazaba con hundirla en el ridículo de lo kitsch. Y de repente todos los héroes de por allí son terribles y oscuros, peligrosos, enfermos. (La parodia, arma eficacísima en manos de Wagner, vendría después.) Y el público, feliz y adultísimo ya, traga.
(Por aquí ha pasado algo similar, pero a otra escala. Porque nuestros héroes nunca fueron tan en serio, en el fondo, nunca pretendieron hacerse particularmente creíbles. Y gentes como Yann y toda su cohorte de seguidores han tomado como base la parodia y el pastiche para dinamitar viejos esquemas y renovar la arquitectura clásica de la aventura francobelga, consiguiendo obras verdaderamente eficaces y hermosas.)
El héroe, en fin, el héroe. Que su análisis (¿?) se considere hoy día buen tema para una obra de creación sólo es entendible (que no comprensible, cuidado) en el país del Desfile de la Victoria, ya sabéis. Sobre los infieles. El país del Nuevo Orden. Mundial, no lo olvidemos.

DESPUÉS.

MAGE. Obra básica, hermosa. Que no habla, tal vez, de esa bruja emblemática de antaño que anda hoy con su nuevo aire entre místico y pajarero al borde yo qué sé de dónde o qué. Ni tampoco de la risueña bomberilla que conduce ahora en suicida depende qué noches. Ni de ánimas al amor de la lumbre, ni de monsieur Hire, ni de la Maga y Oliveira enredando piolines en un París mítico, de opereta casi. Aunque también. Magia, al fin y al cabo. Verde o de cualquier otro color. La que palpita dentro, en el corazón, en la conciencia.
Magia, en fin.
 

Urich nº18 junio 1991


Clara...de noche Dibujo: Bernet Guión: E. Maicas & Carlos Trillo

 

Revista El Jueves 

lunes, 15 de febrero de 2021

Todo queda en casa

 Las autoficciones que airean fantasmas familiares han proporcionado algunos de los mejores cómics de autor del año. Los best sellers literarios buscan una nueva vida entre viñetas

Por Tereixa Constenla

¿Atragantados de literatura del yo? Pues algunas de las novelas gráficas más vibrantes del año vienen de ahí, de hurgar en la memoria personal y familiar, a veces con la sutileza de una retroexcavadora. El género está por todas partes (narrativa, teatro, cine...), aunque nada como las redes sociales para fabricar acaramelada autoficción. El cómic lleva décadas explorando ese camino. Lícito preguntarse si todavía queda algo nuevo bajo este sol. Verán que sí.

Nora Krug ha logrado en Heimat (Salamandra Graphic) una obra implacable y delicada sobre la imbricación política, social y militar de su familia en el Tercer Reich y su propio sentimiento de culpa. Autoficción y nazismo: imposible juntar dos tendencias más comerciales. Sin embargo, el cómic desprende verdad por todas partes. Una narración que avanza conforma la autora desvela aspectos desconocidos del pasado a tiempo que profundiza en su identidad alemana: la vergüenza, el disimulo, la melancolía, el heimat (que traducido en corto significa patria y en largo define el sentido de pertenencia a una cultura, se encarne en un bosque o en unas galletas de Navidad). Casada con un judío neoyorquino, Krug visita archivos en las localidades donde nacieron sus abuelos; se entrevista con parientes, vecinos e historiadores; compra objetos y fotos antiguas en mercadillos, dibuja un cuaderno de nostalgias con cosas de solidez germana: el pegamento Uhu, los apósitos Hansaplast o el jabón Gall-Seife.

Una lee como si estuviera espiando por el ojo de la cerradura, asomada al interior de un alma atormentada (¿hay algo más alemán que un alma atormentada?) de la autora, atrapada entre el deseo de disfrutar de una identidad (el derecho a la nostalgia) y el remordimiento heredado por los días de Hitler. La narración relega la clásica estructura en viñetas, reservada para episodios concretos, y se despliega en un heterodoxo formato que mezcla fotografías, documentos, libretas escolares, dibujos y caligrafías (y sí, las tipografías pueden tener poder evocador).


También Jorge González y Paco Roca desvelan una parte de su álbum familiar en Llamarada (ECC) y Regreso al Edén (Astiberri). Puede que no partan de un pasado tan traumático como el de la alemana, pero cada familia esconde en el armario sus tragedias y disfunciones. González rescata la historia de su abuelo, gloria del fútbol en las barriadas de Avellaneda, conocido como Llamarada por su cabello pelirrojo. En saltos sin orden cronológico, el dibujante argentino se introduce a sí mismo, a su padre y a sus hijos en un álbum hecho con lápices y silencios, que explora las relaciones paternofiliales y la relevancia de mantener cadenas de transmisión entre generaciones. El viaje de Paco Roca es la culminación de un proyecto íntimo que se despertó tras la muerte de su padre en La casa, que este verano le dio su primer Eisner (Emma Ríos recibió otro por su portada para Bella Muerte. La rata). Ahora la biografía de su madre le sirve para retratar a la machacada generación de la posguerra española, cuyo principal acto de heroismo consistió en sobrevivir.

Memoria familiar exótica hay en Mis cien demonios (Reservoir Books) colorida autobiografía gráfica de Lynda Barry, hija de emigrantes filipinos en EE.UU. y exploración personal dolorosa en las vivencias de Gabrielle Bell en Todo es inflamable (La Cúpula). Para acabar, dos autoficciones más: Algo extraño me pasó de camino a casa (Astiberri), donde Miguel Gallardo cuenta su experiencia con el cáncer en este año maldito, y Siempre tendremos 20 años (Norma), donde Jaime Martín cierra su trilogía familiar ahora con su generación como protagonista del tebeo. Entre quienes eligieron contar vidas ajenas figuran Sybille Titeux de la Croix y Amazing Améziane, que reconstruyeron la lucha de la activista Angela Davis en Miss Davis (Flow Press), un álbum contundente y oportuno en el año en que repuntó el Black Lives Matter.








Otra tendencia en alza fue la reformulación gráfica de las obras exitosas. Patria (Planeta cómic) siguió su imparable expansión hacia otros formatos: Toni Fejzula hace un esfuerzo de síntesis en su adaptación al comic y juega con los colores para identificar personajes. El best seller internacional sobre el origen de la humanidad de Yuval Noah Harari (16 millones de ejemplares vendidos) tiene también una versión en viñetas, Sapiens. Una historia gráfica (Debate), gracias a Daniel Casanave y David Vandermeulen. Por su parte, Eugènia Anglès logra un poderoso despliegue visual a partir del ensayo de Antony Beevor La Segunda Guerra Mundial (Pasado & Presente), condensado en 2.000 ilustraciones.



Igualmente la literatura está detrás de los últimos trabajos de Isabel Greenberg y Santiago García y Javier Olivares, aunque son proyectos originales. La británica publicó a comienzos de 2020 La ciudad de cristal (Impedimenta), una recreación de los mundos imaginarios de infancia y juventud de las hermanas Brönte. Otro álbum valioso de un dibujante que casi nunca decepciona. Si en García y Olivares se arriesgaron con éxito, en La cólera (Astiberri) confirman que son la pareja artística más potente del comic español con un prodigio gráfico que transmite la energía, la fuerza y la determinación de Aquiles y los demás héroes clásicos.


Hubo, claro está, sugerentes ficciones de todo estilo y condición. Thrillers como el protagonizado por Cassandra Darke (Salamandra Graphic), una galerista estafadora, cínica y misántropa, de Posy Simmonds, la dama del cómic británico; el noir céltico de Miguelanxo Prado alrededor de una trama arqueológica en El pacto del letargo (Norma) o la intriga sobre la corrupción política en Yo, mentiroso (Norma), de Antonio Altarriba y Keko. Felipe Hernández Cava y Antonia Santolaya indagan en los fanatismos de anteayer en Del Trastevere al paraíso (Reservoir Books), un comic de sutiles acuarelas y locuras terroristas alrededor de la Brigadas Rojas. Y de luchas políticas y represión policial también habla El difícil mañana (Astiberri), de Eleanor Davis, una autora del comic alternativo estadounidense encumbrada por esta obra, premio Ignazt a la mejor historia de 2020. El repaso al cómic de autor puede concluir con A través (Pípala), el libro mudo de Tom Haugomat, que narra la existencia de un hombre a partir de lo que ocurre tras ventanas, pantallas, escotillas o prismáticos. El río de la vida sin palabras.





El Pais. Babelia Nº 1.517, sábado 19 de diciembre de 2020



domingo, 14 de febrero de 2021

EL PROYECTO GRENDEL

 


Enrique Vela

 

El desarrollo del personaje de Grendel ha dependido como pocos de un concepto. Su evolución ha venido marcada por la idea que en cada etapa era considerada como su paradigma. A la hora de caracterizarlo, la narración y los narradores elegidos en cada caso y manera (no me refiero a la sucesión de artistas y autores sino a las voces de los personajes que cuentan la historia) han cambiado reflejando una mudanza del enfoque dado al personaje. La apuesta que se hizo desde un principio estaba ahí, en el interés de la idea de partida acerca de un personaje disfrazado, visualmente, por tanto, completamente en la tradición del género de superhombres, que aglutinaba toda maldad razonable pero por puro interés. No un arquetipo mefistofélico, no un loco, simplemente, la otra forma de vida. Lo necesario sin frontera moral, sin fantasía, dentro de la sociedad de consumo, con la hipocresía y la inteligencia que se le suponen.

Este planteamiento se puso en escena a través de breves inceptos de material narrativo destinados a complementar una cabecera que atraía ya cierto favor del público y algo más de la crítica. El autor de ambas producciones, Matt Wagner, desarrolló esa historieta suplente, libre de las obligaciones de captación de audiencia a lomos de MAGE, mediante un sofisticado dispositivo de imagen narrativa, texto tipográfico de apoyo e imagen denotativa, que, además de los valores estéticos que fue capaz de desplegar con él, se adaptaba muy bien al material que pretendía mostrar. En particular, era eficaz en lo que se refiere al punto de vista desde el cual la narración se presenta al lector. Utilizando el campo del texto tipográfico como la voz escrita a posteriori de un recopilador desconocido, un personaje como el que se estaba construyendo atesora fácilmente el misterio y el carácter que se atribuyen a ciertas encarnaciones del mal cuya existencia ha de admitirse como verosímil e, incluso, justificada.

En adelante, el proyecto Grendel continuaría teniendo vida gozando de la arena de una serie dedicada bajo ese extraño logotipo de origen semi-ignoto y significado oscuro. A remolque de este nuevo "way of life", lo que había sido un personaje pasó a convertirse en un concepto. Al autor le quedaban suficientes hilos libres en la madeja para coronar una caracterización que, por misteriosa, podía utilizarse como ambigua. Sin desdeñar la considerable libertad que suponía tener muerto al primer Grendel, el mecanismo de la herencia se reveló fructífero ya que la vía por la que se transmitiría el derecho (que no sería sanguínea) constituía por sí sola un extenso campo de cultivo para la narración. A la par que originar una sucesión de series limitadas, la utilización de un mecanismo de transmisión sucesorio del carácter del Grendel permitía profundizar en la idea por el camino de la explicación de su origen en cada uno de los sucesores, aunando así el interés comercial con la curiosidad del creador. E inaugurando también una relación quizá demasiado estrecha entre el alcance difusivo de la serie y el ámbito de exploración del recién nacido concepto Grendel.

 

Al principio, convertirse en Grendel era una decisión que tomaba el protagonista de cada miniserie en un intento de marcar un terreno y mantener una independencia vilipendiada de continuo por el mundo exterior, los otros. Era necesario siempre una persona relacionada con el anterior Grendel, ya que este conocimiento permitía que la idea de adoptar tal actitud fuera tomando forma en su mente a medida que la Injerencia de los otros se iba haciendo más inadmisible. Llegado un punto, el personaje comprendía por qué, dejaba de admitir su impotencia para vivir y adoptaba lo necesario. Pasaba a la clandestinidad y se convertía en un Grendel. Esta actitud, la única que la sociedad no tolera, le llevaba indefectiblemente a la muerte. La escenificación de este proceso constituyó el nudo narrativo de las primeras continuaciones y, en general, un punto de partida bastante fértil. De acuerdo a este esquema, la narración era presentada por el Grendel en ciernes y, durante el proceso, el juego planteado entre los restantes personajes dejaba entrever al lector, hacia el final del relato, la personalidad del próximo sucesor. En aquel momento, el original Grendel ya era novela gráfica, la serie tenia éxito y Matt Wagner ya no hacía prácticamente otra cosa.

Pero el monstruo de la continuidad regular pedía alimento y había que dárselo. La fórmula del escaparate para nuevos artistas que obtenían de esta forma su oportunidad en la mainstream permitiría a Wagner apechugar con el trabajo. Pero lo más difícil en realidad era producir ideas y caracteres para el esquema planteado y, según la fama, la regularidad y la cifra de la fecha de ficción aumentaban dígito a dígito, Wagner fue aparcando a un lado las pinceladas que definían al Grendel como un ser atormentado que toma, en un momento dado, las riendas de su propia vida y, en el trueque, pierde el amparo de la ética y la legalidad desde la que ya no puede actuar más. Este planteamiento era original y potente, sobre todo porque la manera como se alcanzaba estaba muy sólidamente presentada, pero tenía una grieta por la que se podía colar el viejo círculo vicioso que lleva a que los "malos" con derecho a serlo empiezan de protagonistas y acaban de "buenos". Conocer las razones de un personaje nos lo acerca y, muchos autores, con la simpatía del lector de su lado, derivan poco a poco al personaje hacia el bando de los "buenos" y empiezan a presentarle como enemigos no a todos, no a los otros, sino a unos "malos" inventados para la ocasión. Y Wagner acabó colándose por esa grieta.



Con la infiltración de este insidioso planteamiento, las sucesivas encarnaciones del Grendel recibieron certificado de buena conducta por el gastado método de la posesión por el maligno. En este supuesto, se permite al personaje el derecho de rebelión, pero la maldad de las acciones necesarias para llevarla a cabo descansa sobre las anchas espaldas del diablo, curioso personaje de muchas formas con una tradición ya larga de maldad, que no necesita explicación psicológica alguna. Grendel pasó así a convertirse en "the Grendel persona", a hablar por cuadraditos de apoyo de distinto color y a posesionarse de los individuos que ya no tomaban la decisión de su vida, sino que simplemente canalizaban la entrada del íncubo alimentándolo con la emoción de la rabia, como si se tratase de una forma de vida inmaterial de un episodio de STAR TREK. La fuerza del personaje y la exploración de la psicología humana que suponía descubrirle razones para tomar los hábitos del Grendel fueron sustituidas por la radiofórmula del viaje ectoplásmico temporal.

No obstante esta evolución, que bajó notablemente el nivel de sorpresa que se podía esperar de ella y, con él, el interés por seguirla, la serie continuó contando con bien construidos guiones que hacían todavía hincapié en la descripción del proceso de evolución dentro del hombre, de manera que la presencia poseedora no llegaba a estar obsesivamente presente. Su desarrollo como serie de comicbook seguía seguramente ensanchándose en el ámbito comercial, abocando al autor a desarrollar sagas más largas con dibujantes más "trabajadores", a crear un "propio" mundo global de ficción para los siglos venideros con su correspondiente presencia diabólica.

A la par que se fueron agotando los títulos equívocos con la palabra devil en su interior, se esfumaron las ideas originales de la serie y Wagner comenzó un nada sugerente deambular por los géneros: thrillers políticos, relatos de vampiros y odiseas de control macroeconómico, centrándose en la buena construcción del género en gestación y abandonando uno de sus personajes más acertados, hasta el punto de hacerle encarnarse sucesivamente en un psicópata disminuido y un ejecutivo agresivo con intenciones políticas redentoras. En la saga final, aparecía ya asociado al titulo de GrendelKhan, identificado con el mundo, al que ya Wagner era incapaz de ver como el espacio vital de la agresión, de los otros. Grendel caía despojado de la última prerrogativa asociada a su creación e indisociable de su estigma, la muerte violenta.

Estos últimos recursos (la serie afortunadamente no siguió después) puestos en juego por Wagner se revelan nada más que como útiles mecanismos para construir personajes sobre los que no hay que investigar, a los que no es necesario hacer que hablen y se expresen para que funcionen. Por supuesto, su nivel de funcionamiento es más bajo (mucho más bajo) pero se construyen deprisa y cumplen los imperativos de la producción. Ello nos deja, por fin, privados de la voz y la expresión del propio Wagner como escritor, si ya además estaba ausente como artista. Y también borra del mapa de los personajes de cómic uno de los más originales y atractivos para recordarnos, una vez más, que en esta sociedad no hay otro camino, no se da la otra forma de vida.


Urich nº18 Julio 1991