lunes, 8 de junio de 2020

Sound and vision

JAVIER FERNÁNDEZ
08 Junio, 2020

'Bowie'. Steve Horton, Michael Allred, Laura Allred. Norma Editorial. 160 páginas. 35 euros.

Enseguida les hablo de Bowie, pero primero quiero darles aviso de que ha salido el cuadernillo Hazel y Cha Cha salvan la navidad, primer spin-off de la exitosa The Umbrella Academy. El tebeo, cómo no, está protagonizado por la delirante pareja de asesinos que se presentó en Dallas, el segundo arco de la serie, y cuenta con guion del creador Gerard Way y el editor Scott Allie, más dibujos del siempre alucinante Tommy Lee Edwards. Este one-shot se publicó originalmente a finales del año pasado y es, como el nombre indica, un cuento de navidad, eso sí, con mucha coña, con Hazel y Cha Cha corrigiendo a tiros un problema en la línea temporal.



En cuanto a Bowie, que es a lo que íbamos, es un libro que se vende solo, con la sencilla fórmula de David Bowie + Mike Allred, si bien la nómina incluye también al escritor Steve Horton (con quien Allred firma el guion) y la ilustradora y colorista Laura Allred, mujer y colaboradora habitual del dibujante de X-Statix. Como bien señala Neil Gaiman en su introducción: "Este es un libro repleto de referencias visuales (...). Es la vida de Bowie mediante parábolas e historias imaginarias, una recreación bellamente documentada que puede que sea mejor que cualquier filmación documental. Es una reconstrucción imaginaria de las vidas y el tiempo de una figura imaginaria", esa máscara que se llamó David Bowie. El idilio de los Allred (los nombro a ambos porque la estética de Mike se ha hecho ya inseparable del coloreado de Laura) con la música viene de largo, está en el mismo corazón de Madman (todavía resuenan en las pupilas las notas cromáticas del espectacular concierto de despedida de Madman Atomic Comics) o de otros títulos como Red Rocket 7, y el que pongan la vida de Bowie en imágenes era algo tan inevitable, tan natural, tan obvio, que no sé cómo este libro no se ha publicado mucho antes. Ya ven que el subtítulo, Polvo de estrellas, pistolas de rayos y fantasías de la era especial lo mismo sirve para definir la poética de Bowie que la de los Allred. Todos juntos son una delicia.


Malaga Hoy

VIDA MOSTRENCA: La cinefilia

EL PAÍS DE LAS TENTACIONES
VIERNES 15 DE DICIEMBRE DE 2000

 Texto: Jordi Costa Ilustración: Darío Adanti

1 Cuando era pequeño, en la barbería de mi barrio solía coincidir con un tipo al que todavía no estaba capacitado para catalogar, directamente, como freak. Cada vez que iba a sentarse en el sillón de barbero, el tipo decía: "¡Fila 7, y centraditas!". Y, acto seguido, procedía a atormentar al des¬dichado profesional con sus comentarios mitómanos -y, para más inri, tartamudos-sobre apolillados hitos del cine patrio como Pena, penita, pena o Locura de amor. En esos momentos, debí haber entendido que la cinefilia es una parafilia. Una disfunción.

Dos acontecimientos recientes de pareja gravedad me han llevado a a la conclusión de que la cinefilia es una enfermedad de la que es mejor curarse: el estreno de You're the one, de José Luis Garci y la aparición en los quioscos de Dígame, el semanario del corazón (cosido por cuatro puñaladas traperas) que edita el sin par abogado Emilio Rodríguez Menendez.

La cinefilia consiste en llevar en la cabeza una épica portátil -a modo de invisible boina cool-forjada en el consumo imprudente de celuloide más o menos imperecedero. Es una disfunción del ojo moral que nos hace interpretar hechos cotidianos en clave mejor que la vida. En otras palabras: el cinefilo ve cosas que realmente no están ahí. Su mirada glamourosa baña la vida de tecnicolor o achata la caspa ambiental en resultona panavisión: convierte en mitología lo que quizá no sea más que miseria.

En los cines donde se proyecta You're the one se agolparon, por lo menos en la primera semana, largas filas de jóvenes cinefilos. Hay, incluso, quien ha visto You're the one dos veces: me cuesta entenderlo, a no ser que su cinefilia, distorsionadora como todas, le haya hecho ver cosas que no estaban. Ante un trabajo tan referencial, la mirada cinéfila no puede parar de leer en clave, de descifrar, de reconocer las salvas que provocaron esos ecos. Quien disfruta de You're the one quizá no esté disfrutando del cine de Garci, sino del sucesivo estímulo sobre su catálogo neuronal de reminiscencias del cine de McCarey, Sirk o Ford.

Tuve la constatación de que mi cinefilia era preocupante tras adquirir el antológico -y secuestrado- tercer número de Dígame.

Cuando, en el editorial Putas, maricones y famosos, Rodríguez Menendez confiesa tener el corazón destrozado al verse obligado a publicar el reportaje sobre su ex Malena Gracia que le había propuesto el director de la publicación, mi filmoteca mental se disparó. Me acordé de esa escena de Ciudadano Kane en la que Orson Welles termina la crítica de ópera que un alcoholizado Joseph Cotten ha empezado a escribir sobre la amante del primero. Según avanzaba en la lectura, me iba acordando de Danny DeVito y su amarillista Hush, Hush en L. A. confidencial, de Walter Matthau en Primera plana... He ahí un ejemplo del uso de la cinefilia como clave aberrante para leer la vida.

3 En Dígame, Rodríguez Menendez invoca la palabra "democracia". En su boca, suena a obscenidad gritada desde un andamio a una belleza en minifalda que pasa por debajo. Sigo perversamente fascinado por Dígame. El secreto está en las palabras: en cómo se tensan, reordenan, infectan y acaban perdiendo su sentido. Una revista que cuenta con artículos de Antonio David, Nuria Bermúdez, el Padre Apeles y Paco Porras debe tener, a la fuerza, una toma de postura muy radical con respecto a las palabras. Un plan. En el número 4 de Dígame, aparece un pie de foto bajo la imagen de un perro famélico: "¿Hay vida después de la muerte?". He ahí una clave: no habrá vida (inteligente) después de Dígame, porque todos los códigos para entender el mundo -desestimables como la cinefilia o sólidos como el lenguaje- habrán pillado la sífilis.





jueves, 4 de junio de 2020

El Principe de Egipto: Carrera de Carros


THE PRINCE OF EGYPT. A New Vision in Animation. Charles Solomon















Publicado en 1998 por Harry N. Abrams, Incorporated, New York
Dreamworks Pictures

VIDA MOSTRENCA: Primer aniversario


EL PAÍS DE LAS TENTACIONES
VIERNES 8 DE DICIEMBRE DE 2000

Al cumplir su primer año de existencia, esta sección propone, a vez, una somera recapitulación y un sucinto plan de futuro. Un manual de autoayuda (o de supervivencia en tiempos de apocalipsis) a partir de cinco puntos imprescindibles para afrontar el inmediato porvenir con ojos de tamagotchi y corazón de pitbull.

Texto: Jordi Costa Ilustración: Darío Adanti

"La historia del cine la escriben los exhibidores, que es como si la Historia Natural la escribiesen los carniceros" (25 de febrero de 2000)

Diversión

Querer salirse de la funda, sacar el esqueleto por la boca. Eso es la diversión: la forma más amable de la inevitable tendencia autodestructiva del ser humano. El sustituto pop del suicidio. No es extraño, pues, que algunas modernas maneras de divertirse -como el puenting- adopten en sus formas externas cierta retórica de la autoinmolación. En el fin de la historia, las cosas acaban pareciéndose a lo que, en el fondo, son. Por eso, las más populares atracciones de los parques temáticos ofrecen lujosos simulacros de aniquilación integral. Dragón Khan, Space Mountain: el secreto de su éxito está en proporcionar al usuario la sensación más cercana que un cuerpo humano pueda resistir al momento en que éste será uno con el cosmos. En su libro Mouse tales, David Koenig indaga en la crónica negra de Disneylandia y su espeluznante repertorio de atrocidades: azafatas aplastadas por muros móviles, cuerpos fracturados al caer de la Space Mountain, cráneos partidos en dos en el People Mover... La opción realmente mostrenca consiste en jugarse el tipo en atracciones ruinosas -como las de Coney Island- o en ferias itinerantes capaces de desaparecer del mapa antes de que se enfríe el primer cadáver.

"Las cuerdas vocales de Mónica Naranjo deben de ser como los brazos de Conan"
(14 de abril de 2000)

Amor

En The wonder book of sex, de Glen Baxter, una ilustración muestra a una pareja arrullándose en su alcoba mientras acaricia un trocito de linóleo. "Un compartido interés por el linóleo puede resultar un significativo estimulante sexual", comenta el pie. He ahí una idea esencialmente mostrenca: el fetichismo de lo anodino. Como demuestra Katharine Gates en Deviant desires, cualquier objeto puede ser erotizado. Pero la fauna humana que la sexóloga censa tiende a la exasperación, al placer culpable de puro grotesco: están, por ejemplo, los crush-freaks, que alcanzan el orgasmo al contemplar, con los ojos a la altura del suelo, cómo una dama aplasta cucarachas, gusanos o cangrejos de río con zapatos de tacón o con el pie descalzo. O los plushophiles, que fornican con peluches convenientemente agujereados. O los fetichistas del inflamiento corporal, para quienes son porno duro El profesor chiflado en versión de Eddie Murphy o esa escena de Un mundo de fantasía en la que una chica desmanda su contomo al consumir chicle en mal estado. El gran desafío mostrenco en materia amorosa consiste en forjarse un sutil fetichismo de la nada. Les doy ideas: piensen en besar a alguien con la boca llena de petazetas o en las infinitas posibilidades del gotelé.

"El 'indie-pop' nació el día en que Sergio y Estíbaliz actuaron en Eurovisión"
(13 de octubre de 2000)

Alimentación

Un rumor pavoroso recorrió hace tiempo la Red: Kentucky Fried Chicken había financiado un experimento científico orientado a obtener pollos mutantes, cuya carencia de pico, patas y plumas facilitaba su posterior transformación en material deglutible. La leyenda urbana, originada en la universidad de New Hampshire, era rica en elementos conspiranóicos: los nuevos bocadillos de la cadena pollera -el tower sandwich, el zinger- evitaban en sus nombres toda referencia a la palabra chicken por secreta orden gubernamental. La comunidad científica no dio crédito a la noticia: que una empresa tan fenicia invirtiera en investigación -aun con fines aviesos- era implausible. No procede, por tanto, apoyar en esos cimientos un sibaritismo camicace-mostrenco: degustar cada nueva especialidad de comida rápida como quien cata lo último en alta vanguardia biogenética. Hay otras maneras de aunar paladar y peligro: la hostelería mostrenca del futuro, restaurantes temáticos cuyo sentido del espectáculo se basará en sus barrocas maneras de ser groseros con el cliente. Pioneros en la materia son el local valenciano Los Bestias y el neoyorquino La Nouvelle Justine, limbo sadomaso frecuentado por Bret Easton Ellis y del que un periodista afirmó que "no sólo legitima el abuso recibido en otros restaurantes, sino que, además, te cobra por ello".



"Según lo que, en un primer nivel de lectura, propone la última campaña de Benetton, un condenado a muerte puede servir para lo mismo que una top-model y, probablemente, sale mucho más barato"  (3 de marzo de 2001)

Cultura

Alguna vez tendremos que hablar de cómo empezó todo. Del protomostrenco: Diógenes de Sinope. A falta de un gurú contemporáneo de su calibre, al mostrenco con sed de conocimiento le queda la posibilidad de embarcarse a la búsqueda de esos productos culturales que, por su carácter extremo, sólo cabe interpretar como señales inequívocas del apocalipsis. Existen funcionales cartas de navegación: los enciclopédicos libros de Russ Kick -Outposts o Psychotropedia- O las diversas entregas de la publicación AMOK, de Stuart Swezey, donde se glosa un buen número de textos que pulsan los límites de la libertad de expresión y atentan frontalmente contra el gusto mayoritario. Gracias a ellos, se puede saber de la existencia de un libro como Michael Jackson was my lover, de Victor Gutiérrez, que incluye dibujos de los testículos del Rey del Pop elaborados por el presuntamente abusado niño Jordie Chandler. También se puede visitar, en la Red, la página web de Rogers Cadenhead (www.cruel.com), que selecciona a diario una joyita abisal del vasto catálogo de Amazon: cuentos infantiles para niños con déficit de atención, las memorias de un zoófilo, tratados sobre las bondades del fist-fucking vaginal o estudios históricos sobre la importancia de la sodomía en la vida de los piratas han sido algunas de sus sugerencias.




"Algún día el cuerpo de los atletas nos parecerá tan remoto como la estructura ósea del australopiteco: el músculo tiene el futuro fósil" (12 de mayo de 2000)

Acción

Recordemos uno de los actos reivindicativos más importantes de los últimos años: el lanzamiento de una tarta de nata sobre la cara de Bill Gates. La acción mostrenca se siente cercana a las últimas formas evolutivas que ha alcanzado el situacionismo: los lanzadores de tartas belgas, la Sociedad de la Cacofonía, Luther Blissett, herederos de ese movimiento que desestabilizó el paisaje sociopolítico de la Francia de los sesenta con tácticas dadaístas de subversión. La acción sobre la realidad tiene que ser espectáculo, representación. O, dicho con otras palabras, broma. Contaba Jello Biaffra que, una vez, alquiló una caja de seguridad en una entidad bancaria, colocó en su interior un pescado congelado y no volvió más por allí. A los pocos días, el olor a pescado podrido se adueñó del lugar: legalmente, el banco no podía abrir ninguna de las cajas de seguridad para averiguar el origen del mefítico hedor. La gamberrada sofisticada es la expresión última del activismo mostrenco. La publicación ideal para formarse una conciencia política libre de tópicos es el boletín internáutico Depr4v4dös E-Diktó (depravadosaeresmas.net) que, en una de sus últimas entregas, reflexionaba sobre una de las más vigentes reivindicaciones del pensamiento situacionista: la abolición del trabajo.


"Po Zí es a la España de 'Gran Hermano', lo que el enano de Twin Peaks' era al agente Cooper"
(23 de mayo de 2000)


"La forma futura y civilizada de la acción directa debería ser la de un activismo cuyo norte no estuviera en provocar el terror, sino la confusión. O sea, el caos. O sea, la risa" (9 de junio de 2000)