martes, 5 de mayo de 2020

VIDA MOSTRENCA: Últimas manifestaciones del "portergeist Macarena".

EL PAÍS DE LAS TENTACIONES
VIERNES 3 DE DICIEMBRE DE 1999


{ Según el diccionario, mostrenco es el "que no tiene casa, ni hogar, ni señor, ni amo conocido": algo bastante parecido a ser un hombre libre. Aplicado a la cultura o al arte, 'mostrenco' podría definir fenómenos que, en tiempos de encasillamiento automático, resisten cualquier domesticación taxonómica. La revista británica 'Wallpaper' ofrece la mejor imagen del lugar espiritual al que nos ha llevado la cultura de este siglo: la vida es un papel pintado (de marca). Procede, portante, caminar en dirección contraria. Ha llegado la hora del 'engorilamiento intelectual, y esta nueva sección se propone catalogar mostrencas tomas de postura y zopencas irregularidades para contribuir a ese proceso liberador.)


 Texto: Jordi Costa Ilustración: Darío Adanti 

Las leyes locales de la pequeña población americana de Bailer condenaron la práctica de cualquier tipo de danza durante 130 años... hasta que la onda expansiva del éxito de Macarena obligó al alcalde del lugar a tomar medidas y levantar la prohibición. Macarena es, sin duda, el equivalente pop de un fenómeno climático tan apocalíptico como El Niño: es un auténtico poltergeist cultural, un fenómeno extraño surgido de forma casual y arbitraria cuya fuerza se multiplica cada vez que se cobra una nueva víctima.

Hagamos memoria. Los del Río, es decir, Antonio Romero Monge y Rafael Ruiz, eran un modesto dúo de Dos Hermanas (Sevilla) que, desde los años sesenta, intentaba depurar, a través de innumerables casetes para gasolineras, una estética propia que, sin embargo, no llegaría a eclosionar en toda su plenitud hasta los primeros noventa. Forjadores de una personal modulación del flamenco pop que podríamos bautizar como Alcampo style, Los del Río fueron iluminados por una visión mística durante una gira por Venezuela: las cucamonas musculares de la joven bailarina Diana Patricia Cubilan, mezcla sincrética de flamenco y danza caribeña, estimularon sus respectivas glándulas pineales, llevándoles a emitir al unísono, cual si fuesen la versión patilluda y grijander de los lobos de Tex Avery, un gruñido-piropo que, casi automáticamente, se convirtió en quiebro rítmico de la que sería su obra maestra.

La grabación original apareció en nuestro país en abril de 1993, pero el poltergeist Macarena no mostraría toda su fuerza hipohuracanada hasta el lanzamiento en el continente americano de la versión dance editada por BMG, en 1994. En julio del 96, el tema llegaba al número 1 de las listas americanas: las sincronizadas coreografías de Macarena —con sus movimientos fraccionados en 16 pasos y el acento en la flexibilidad de las caderas-tomaron por asalto estadios de béisbol, clubes de country  and western, mítines del Partido Demócrata y hasta el mercado americano del vídeo, que nos ha legado Do the Macarena totally nude!, una colección de bellezas californianas bailando Macarena en cueros.

NO HAY ESCAPATORIA

Últimamente, el poltergeist se ha manifestado en los territorios más insospechados. Ahí va una somera enumeración. En la última edición de los premios Ondas, Macarena fue galardonada por ser el tema de autor español que ha generado más derechos desde El amor brujo, de Manuel de Falla. La novela Hannibal, de Thomas Harris, continuación de El silencio de los corderos, se abre con un violento tiroteo en un barrio chungo de Washington al ritmo de Macarena. El grupo danés Axel Boys Quartet incluye en su último disco, Casino Royale, una versión lounge del éxito. El ritmo trotón de Macarena y su rugido-looping se transforman, en manos del excéntrico combo, en una melodía lánguida y sofisticada. En una escena de Go!, Viviendo sin límites, de Doug Liman, un tipo se toma dos ácidos en un supermercado y se sumerge en una suerte de delirio solipsista que le lleva a... bailar Macarena. Una mente drogada puede huir de la realidad, pero no de este imbatible poltergeist cultural.

El asunto es cada vez más preocupante. Macarena ya no es sólo una canción, es un desmandado tifón de energía cósmica que puede acabar devorando nuestro universo conocido. ¿Qué Zelda Rubinstein nos librará de este peligro del Más Allá?




lunes, 4 de mayo de 2020

LA FUNCIÓN DE LOS PERSONAJES SECUNDARIOS: EL CAPITÁN HADDOCK


 por Manuel MUÑOZ ZIELINSKI

Los elementos narrativos del cómic comienzan a perfilarse en los años veinte en las series americanas. El esquema, muy sencillo es tomado de la novela por entregas y de los seriales del cine. Tom Mix, sobre todo en el segundo y Arséne Lupin en la novela policiaca son dos de los personajes más representativos, cuyas aventuras están estructuradas por entregas. Nos encontramos con dos tipos de aventuras, las llamadas auto conclusivas, en las que el lector se vuelve a encontrar con una serie de elementos que le son familiares: aquellos intrínsecos al protagonista (físico, capacidad intelectual y física, medios a su disposición, etc.), otros propios del serial (ambiente, personajes secundarios y personajes oponentes y eventualmente situación social) y finalmente otros propios del relato en sí (trama argumental-tensión-distensión).

Todo esto hacía que el lector, al comenzar el nuevo relato, se encontrase con un mundo conocido, en que las descripciones se limitaban a los elementos nuevos o a los elementos propios del episodio en cuestión. Así, los pasajes referentes al personaje protagonista sirven para engrandecer su figura y mitificarla, al igual que los correspondientes a todos los elementos ya conocidos.

El cómic, no hace más que recoger esta técnica narrativa y reproducirla adaptándola a su sistema de difusión. Las tiras, por consecuente no pueden tener los mismos elementos que las páginas o los álbumes. En cada manifestación del cómic el tratamiento del relato recibe un lenguaje diferente. La presentación de la trama narrativa, de los personajes y de la consecución de la aventura es mucho más elíptica en las tiras que en la página o en el álbum. Y esto redunda en la presentación de los personajes.

Desde los principios los creadores de cómics se han visto en la necesidad de rodear a los protagonistas de personajes que cobran una importancia dentro de la serie, según su frecuencia y la importancia de su aparición. Pero nunca llegan a ser protagonistas. Sus actos pueden ser


más aplaudibles o más condenables que los del protagonista pero siempre se nos dará un elemento definitorio del secundario que le relegará a ese eterno segundo puesto. Así en Flash Gordon, Zarkov, el gran sabio será el elemento motivador de numerosas aventuras, o incluso el que dé la clave para resolver una situación, pero su trabajo se ve siempre vinculado a la actuación de Flash.

Esto es más claramente visible en el cómic de creación francófona. Tanto los belgas como los franceses, han rodeado siempre a sus protagonistas de una serie de personajes que incluso llegan a eclipsar, por su personalidad impactante, a la del protagonista, pero relegados por esos defectillos a segundo plano. El caso más palpable es el del teniente Tuckson, Sonny para los amigos, de la serie Buck Danny de Charlier y Hubinon. Buck Danny viene a ser como la alternativa a Steve Canyon, existiendo un militarismo exarcerbado en toda la serie, militarismo muy apreciado por Charlier, dicho sea de paso.

Este personaje, Sonny, es el eterno segundón, el que siempre sufre las peores desgracias como caerse dentro de una charca de cerdos, ser estafado por vendedores desaprensivos, y un largo etcétera. Sin embargo, este personaje llega a tener momentos brillantes de imaginación y de iniciativa. Frecuentemente las soluciones ante una situación desesperada provienen de él.

Otro caso parecido ocurre en otra serie de Charlier, esta vez con Jijé y Uderzo, Michel Tanguy. Dos aviadores que propugnan por todo el mundo la calidad y categoría del ejército del aire francés y de la industria aeronáutica francesa. Laverdure es una clara proyección de Sonny Tuckson. Otro gran personaje es Mac Clure en la serie Blueberry, cuyas funciones siguen un esquema idéntico, lo que es normal teniendo en cuenta que todos estos personajes tienen el mismo padre: Charlier.

También queda claro en la serie Asterix el Galo, que las funciones narrativas de Obelix están relegadas totalmente a la AMBIGÜEDAD. El simpático comilón de jabalíes, cumple esta misma función de eterno secundario con efímeras intervenciones geniales.

El elemento común a todos ellos es la demostración continua de una humanidad generosa y precipitada, un tanto irreflexiva. Son personajes un tanto primarios en sus reacciones, hasta tal punto que se podría decir que son niños grandes que han crecido sin que ellos lo deseasen. Estas posturas evidentemente dan un toque de humanidad



a las series y redundan en la figura del protagonista. A éste no le pueden ocurrir esas pequeñas desgracias que les ocurren a sus amigos, creándose un vínculo de protección paternal, pero también ocurre que esos defectos de los secundarios aumentan la categoría de la figura protagonista, eximiéndole de errores que él no habría hecho nunca.

Creo poder afirmar que, de alguna manera, todos estos personajes que he mencionado, y muchos más, son una imitación del principal secundario de la serie Tintin, por lo menos de la segunda fase, desde la postguerra: EL CAPITÁN HADDOCK.

De todos los personajes secundarios que se han creado en el cómic de expresión francesa, el capitán es el que más personalidad posee. Su existencia se justifica por la necesidad de dotar a Tintin de un compañero que pueda estar a su altura si es necesario. Antes del capitán, Tintin tenía ya un compañero, Milu, pero la progresiva maduración de Hergé como dibujante y como narrador, convierte al perro en un personaje poco creíble, por su dudosa ambivalencia. Un perro que habla con su dueño resulta bastante ingenuo, aunque sus mensajes pocas veces lleguen a ser una auténtica conversación.

Desde el punto de vista de la catalogación, Milu es un secundario pasivo, puesto que al tratarse de una serie no-animalística, sus actuaciones se encuentran un tanto desplazadas y se nos remite a la única aventura animalística creada por Hergé: Popol y Virginia. Por lógica, la actuación de un animal es más limitada que la de una persona. Así pues Milu se quedaba insuficiente.

Tenemos también a los Dupondt, o Hernández y Fernández. Estos detectives aparecen desde el principio como la sublimación de la torpeza y de la inutilidad. Son personajes necesarios a cualquier aventura de la serie para dar el toque hilarante. La personalidad de estos secundarios está tan claramente definida desde sus primeras apariciones que resulta prácticamente imposible reconvertirlos en personajes más coherentes. Así pues, tampoco pueden llenar el papel de grandes secundarios.

Era necesario crear un personaje que pudiese encontrarse al mismo nivel humano que Tintin, un personaje con un físico claramente reconocible en la primera aparición y que, de alguna manera, completase la imagen del protagonista. Lo más sencillo era crearlo, haciéndole aparecer en alguna aventura como deudor, en algún nivel, hacia el protago-


nista. Aquí se nos hace necesario hacer una pequeña catalogación.

Tanto en cine como en literatura y en cómic, las vinculaciones de los secundarios con respecto a los protagonistas quedan establecidas por razones que se justifican.

El secundario es:
Padre, hermano, hijo, nieto del protagonista, en cuyo caso existe una vinculación sentimental directa. En este supuesto, el secundario debe estar dotado de una carga sicológica bien definida; es preferible que el orden de vinculación sea de menor a mayor. En el caso de que ocurra lo contrario el personaje de mayor edad, debe de haber sido rescatado por el protagonista en algún momento crucial. Incluso este rescate puede haber sido el tema central de alguna aventura. Por ejemplo, en la serie "Ric Hochet" el padre del protagonista aparece mezclado con una banda de delincuentes. Esta actividad dudosa del padre será el "leit-motiv" de diversos encuentros entre el protagonista y el secundario. En cualquier caso, esa actividad del padre se ve justificada por un motivo noble (la educación del hijo).

Por otro lado, esta relación es poco frecuente puesto que corre peligro el concepto mismo de la célula familiar, y también se hace poco creíble que una familia con padres e hijos se pase la vida de aventura en aventura, sin quedar establecida la actividad cotidiana de los niños (asistencia al colegio, juegos cotidianos, vida diaria).

Tutor. Este supuesto es mucho más sugerente puesto que permite muchas más variaciones narrativas, y la imagen del acogido aparece como más independiente. El modelo de referencia más claro puede ser Oliver Twist. En las apariciones más frecuentes el tutor es el protagonista, y el acogido es el secundario. Podemos pensar en Pompón y Teddy de Funcken o Lefranc y Jean-Jean de J. Martin.
Amigo. Dentro del abanico de posibilidades que brinda la amistad, el caso más frecuente es la vinculación por deuda moral o de honor. El protagonista ha salvado física o moralmente de algún peligro al secundario, estableciéndose la relación sentimental de agradecimiento o endeudamiento. Este supuesto está lleno de posibilidades ya que el origen dudoso del secundario, como ya hemos dicho, puede dar pie a reacciones y actuaciones inesperadas del secundario.

Otra relación amistosa, es la profesional. Tanto el protagonista como el secundario trabajan en el mismo terreno profesional, y la coti-


dianeidad les crea un vínculo, diferente éste de la amistad y más cercano al compañerismo. El concepto profesión puede ser aceptado de una manera muy amplia, ya que no forzosamente debe explicitarse sino que puede ser una misión encomendada o la necesidad de que ambos trabajen en un mismo asunto o se ven, por los avatares de la aventura, reunidos casualmente en un episodio, y se crea una relación que ya se hace continua en las aventuras siguientes de la serie.

Este es el tipo de relación más frecuente en la narrativa de los tebeos. Así, podemos recordar los amigos de Buck Danny, los de Blueberry, Blake y Mortimer, y por supuesto los amigos de Tintin.
La relación vinculante del capitán Haddock hacia Tintin surge inicialmente por una cierta gratitud. Al aparecer el capitán, éste se halla en una situación moral y física desastrosa. Totalmente alcoholizado, es incapaz de tomar la menor iniciativa y es manejado continuamente por su segundo, el que aparecerá repetidas veces como oponente, Allan. Esta primera imagen del capitán va a crear las continuas ambigüedades de su personalidad y es la clave de sus intervenciones más hilarantes.

El juego continuo de la vinculación del capitán hacia cualquier tipo de bebida alcohólica, es un recurso convertido en estereotipo en Hergé. Pero el capitán no es sólo un alcohólico ocasional sino también una persona bonachona e impulsiva que produce el mecanismo, a veces, de la partida hacia la aventura. Cualquier pequeño desastre en su vida tranquila y hogareña puede hacerle decidirse por el viaje. A lo largo de toda la serie, su vinculación hacia el protagonista, Tintin, se va desplazando desde el reconocimiento y la amistad hacia una curiosa simbiosis entre ambos, un cierto amor hacia la aventura, que motivará que ya no se cuestione la vinculación inicial. Tintin, Haddock y Milu forman un grupo cerrado convirtiéndose en un mismo ente representativo: el elemento protagonista.

Sin embargo, por la necesidad de mantener el status de personaje protagonista a Tintin, Haddock se ve condenado a desarrollar en ciertos momentos, acciones que le desmitifican y lo relegan a un segundo plano. Estas diferentes funciones son necesarias por alguna razón justificada. En unos casos se justifica por la ausencia de elementos propios a la aventura y la obligatoriedad de rellenar páginas con chistes o situaciones cómicas, otras veces el capitán resuelve humorísticamente una situación que se había vuelto tensa en exceso. Finalmente el capitán



cumple las funciones que también tienen los Dupondt: a través de una situación cómica desencadenada por el personaje, se llega a una situación tensa o a obtener un elemento de información importante para el desarrollo de la aventura. Quizá sea éste el aspecto de las funciones del capitán que más ha sido copiado por los siguientes dibujantes y guionistas.

De alguna manera, el capitán tiene diversas funciones necesarias. No hay que olvidar que Hergé buscaba ofrecer aventuras que resultasen simpáticas y polivalentes para cualquier edad. Así, al establecer un tipo de protagonista más bien tradicional, con un retrato bien estereotipado, ha dotado a los secundarios, sobre todo al capitán Haddock, de la movilidad suficiente para que sea siempre sorpresivo o sorprendente.

Estas funciones pueden ser clasificadas en dos grandes apartados según su finalidad dentro del relato:
Las positivas, es decir, aquellas que por su contenido o por su desenlace favorecen el transcurrir de la aventura técnica o narrativamente.
Las negativas, es decir, aquellas que por su contenido contribuyen a crear alguna dificultad en el desarrollo de la acción o que entorpecen la acción del protagonista.
Una catalogación exhaustiva de todas las intervenciones del capitán podría suponer una lista demasiado larga para el presente trabajo, así pues, preferimos referirnos a algunas en concreto.
La primera aparición del capitán en el Cangrejo de las Pinzas de Oro puede ser considerada de carácter negativo y, a lo largo de la aventura, sus intervenciones llegan a ser irritantes. Es tal el cúmulo de torpezas y desastres que desarrolla que el protagonista llega a tener que crearse casi un segundo frente de lucha: la excesiva tendencia al alcohol y sus consecuencias. Tintín es agredido físicamente por el capitán tres veces, el capitán produce complicaciones por su estado de embriaguez
otras tres veces, y también produce tres situaciones cómicas por su naturaleza precipitada e ingenua.

En esta aventura el capitán resulta casi una carga inútil pero en la aventura siguiente resulta un personaje útil por su categoría de capitán de marina mercante. El es designado para mandar el barco que ha de buscar el meteorito en los mares polares. Aquí nos parece completado el retrato del capitán puesto que, al tener una responsabilidad importante dentro de la trama de la aventura,





no puede mostrarse con sus recursos anteriores. Su dependencia del alcohol se ve relegada a la anécdota o al chiste de relleno y las situaciones cómicas provocadas por él provienen de su naturaleza impulsiva. Por lo demás en esta segunda aventura le demuestra poder estar a la altura del protagonista en diferentes ocasiones.

Si bien hasta aquí el capitán sólo ha hecho su presentación en todas sus facetas, en la siguiente aventura se convierte en un "Haddock superstar". La gran aventura marina de la serie está protagonizada prácticamente por el capitán, y en ella se combinan todas sus funciones y sus estereotipos. Las catorce páginas en las que el capitán, en una increíble simbiosis, relata las aventuras de su antepasado, resultan totalmente definitorias del personaje. Nos encontramos en primer lugar con una situación extrema de exaltación emocional, desciende a un estado normal, y después, a causa del vino que va tomando, va acalorándose en el relato culminando la trama en una situación descabelladamente cómica. Después las diferentes apariciones del capitán van desde la utilidad hasta el recurso al estereotipo ya marcado. En la segunda parte, El tesoro de Rackham el Rojo, el capitán tiene intervenciones más afortunadas y en definitiva, forma ya ese bloque compacto con Tintín que será constante hasta el último álbum de la serie.

Este tipo de análisis se puede hacer monótono pues las funciones del capitán se convierten ya, a partir de esta aventura, en continuas y son utilizadas por Hergé a la conveniencia de la aventura. Es preciso resaltar que el nivel de protagonismo del capitán va en alteración a lo largo de las aventuras sucesivas. Si no tenemos en cuenta la breve aparición del personaje en En el país del oro negro, tenemos:

Las 7 bolas y El templo del Sol, función cómica
La luna 1 y 2, función alternativa
El asunto Tornasol, función secundaria clásica
Coke en Stoke, función de coprotagonista con los tics propios del personaje: alcohol, precipitación, torpeza, etc.
Tintín en el Tibet, función de coprotagonista con idéntico sentido que en la anterior.
Las joyas de la Castafiore, función de protagonista víctima.
Vuelo 714, función cómica y alternativa.
Los Picaros, función protagonista, quedando más evidenciado que el titular.

Observamos en este esquema lo que podríamos llamar como la "ine-


vitable ascensión del capitán Haddock". Con el paso del tiempo su presencia se hace más necesaria en la serie, cobrando un papel de protagonista de hecho y de derecho en las últimas aventuras. En éstas el profesor Tornasol y la Castafiore alternan con él en el nivel de significación narrativa, pero su presencia es defintiva siempre para la consecución de la aventura.

Piénsese, por ejemplo, en el desglose de torpezas que demuestran todos los personajes en Vuelo 714. En este álbum Hergé descargó de un gran peso al capitán relegando las funciones cómicas a todos los personajes, y casi a un segundo plano al protagonista. Tintín se pasa la mitad del tiempo cuidando de su perro y sus intervenciones son más bien pasivas, hasta el punto de que es necesaria la intervención de un personaje ajeno a la serie para concluir la aventura de una manera un tanto precipitada.

Esta anulación del protagonista se inicia en Las joyas de la Castafiore y culmina con el extraño y duramente criticado comportamiento del protagonista en Los Picaros, quien, inesperadamente, renuncia a la aventura dejando que sea el capitán y el profesor quienes se lancen al mundo. Por otro lado, los elementos que conducen el relato en esa aventura tampoco son protagonizados por Tintin sino que se queda al margen dejándose llevar por los acontecimientos.

En definitiva, desde la aparición del capitán hay una disipación de protagonista que se vuelca en beneficio del capitán y del profesor. Ocasionalmente otros personajes como Alcázar o la Castafiore dirigen la trama y todo ello redunda en la multiplicación de sus funciones.





Neuroptica 2
Estudios sobre el comic

Primera edición, abril de 1984
1500 ejemplares
Zaragoza



Ulises, el héroe embustero

IDEAS    EL PAÍS, DOMINGO 30.04.17


En el mundo heroico de duelos singulares y brutales choques, descrito por Homero en sus épicos poemas» también hay espacio para movimientos más oblicuos como la mentira y el engaño



POR ÓSCAR MARTÍNEZ

La literatura occidental arranca con dos composiciones —la Ilíada y la Odisea— que abordan el mito griego por excelencia: el de la guerra de Troya. La ciudad que, tras una década de asedio por parte de una alianza de guerreros griegos, sucumbió ante el engaño del proverbial caballo de madera. En el mundo heroico de duelos singulares y de brutales choques cuerpo a cuerpo descrito por Homero, también hay espacio para movimientos más oblicuos, como la mentira (pseudos) y el engaño (apate). Estos recursos abocan a la teme, palabra que en principio significa "olvido" pero que también indica un fallo en la percepción de algo y forma parte del término que los griegos usaban para "verdad": aletheia, es decir, la no-lethe o ausencia de cosas ocultas. Es la falta de conciencia de que en el vientre del caballo de madera se encontraba un destacamento de feroces guerreros griegos lo que selló el destino de la ciudad de Troya, y de este modo tal engaño —una acción desesperada llevada a cabo cuando todo esfuerzo bélico se había demostrado infructuoso— pasó a ser celebrado como la más colosal estratagema de la literatura. Pero mientras que en nuestra visión de los códigos heroicos no es difícil encajar la apate, resulta llamativo observar que en los poemas homéricos sus personajes recurren decididamente al pseudos cuando es preciso. Desde el comienzo de la Ilíada, tanto Zeus como Agamenón, caudillo de las fuerzas griegas, no dudan en poner en marcha los resortes de la mentira: tras años de infructuoso combate, el héroe Aquiles se ha retirado de la contienda debido a una ofensa de Agamenón, por lo que ruega a Zeus vengue la afrenta. Decidido a honrar al héroe, Zeus planea llevar al desastre al ejército griego y con este propósito envía a Agamenón un sueño en el que le empuja a entrar en combate: los dioses están de su parte —miente el dios— y "ha llegado el momento de tomar la ciudad de los troyanos". Aunque la falacia de Zeus ha surtido el efecto deseado en la plana mayor de los griegos, con Aquiles ausente, la idea de lanzar un ataque se antoja suicida, por lo que Agamenón recurre también al embuste con la intención de obtener una respuesta positiva por parte de sus combatientes: "Zeus nos ordena la vuelta; vergonzoso será que los hombres venideros sepan que nuestro ejército se retiró sin siquiera vislumbrar el fin de Troya". Sin embargo, el deseo de vuelta de los griegos arruina los planes de Agamenón y sólo la intervención del astuto Ulises pone freno a la desbandada.


Frente al resto de héroes, definidos por sus virtudes guerreras y su capacidad de combate, Ulises es caracterizado por sus cualidades internas, destacando sobre todo su metis ("sagacidad" o "inteligencia práctica"), motivo por el cual es el hombre indicado para todo tipo de misiones delicadas, como embajadas, labores de espionaje o emboscadas. Así pues, con la derrota merodeando por el campamento griego, es a él a quien encomiendan la ta¬rea de traer a Aquiles de vuelta a la batalla. En presencia del colérico héroe, Ulises despliega con destreza una batería de argumentos que, uno tras otro, se estrellan contra la voluntad inquebrantable del guerrero; entonces Ulises, que se reserva un último as en la manga, recurre a la mentira: el príncipe troyano Héctor, el más fiero de sus enemigos, proclama orgullosa-mente que no existe griego capaz de igualarse a él en el combate. La res¬puesta de Aquiles es tan franca como su determinación de no volver al com¬bate y como el desprecio que muestra hacia Ulises con estas palabras: "Aquel que esconde una cosa en sus entra¬ñas pero dice otra me resulta tan aborrecible como las puertas del Hades". La mentira, la ocultación y el engaño no forman parte del código del viejo héroe que Aquiles representa, pero lo cierto es que serán esas cualidades las que acaben derribando las murallas de Troya, cuando Aquiles tan solo sea una sombra más en el infierno que tanto aborrece.

La metis griega abarca aspectos tan contradictorios para nosotros como lo verdadero y lo falso, y es la vertiente engañosa de su inteligencia la que hace que por los recovecos de la tradición mítica se haya proyectado una luz negativa sobre Ulises; una luz que a veces sé complace en iluminar sus trampas y actitudes menos heroicas. Esa corriente contraria se plasmó principalmente en las obras de los autores trágicos, como en las de Sófocles Filoctetes (que gira en torno al arquero abandonado en una isla a causa de la fetidez provocada por la mordedura de una víbora) o Áyax (el héroe que se suicida al no soportar que no le concedan las armas del fallecido Aquiles), donde el personaje de Ulises aparece perfilado bajo las trazas de un villano.

Sin embargo, en la épica homérica la ambigüedad y sagacidad de sus acciones aparecen amparadas bajo la sombra de dos magníficos dioses. Por un lado Hermes, el dios cuyas primeras palabras al nacer fueron: "Padre Zeus, te seré franco, ya que no sé mentir"; lo que era falso. Por otro, la inteligente diosa Atenea, quien celebra y declara compartir con Ulises sus recursos mentales cuando el héroe se presenta ante él fingiendo ser otro: "Embaucador y maestro de engaños. ¿Es que no puedes prescindir de las mentiras que te son tan queridas? Ambos sabemos muchas argucias. Tú entre los humanos eres el mejor en ingenio y palabras, y yo entre los dioses tengo fama por mi astucia y mis mañas". Oportunamente, Ulises fingía ser cretense, lo que para los antiguos griegos era sinónimo de embustero, tal y como ha quedado cristalizado en la célebre paradoja lógica del sabio cretense que afirmaba que todos los cretenses mentían.

Ulises comparte además con Hermes y Atenea —así lo ha señalado Pietro Citati en su magnífico Ulises y la Odisea. El pensamiento iridiscente— un reino al que cualquier otro héroe épico es ajeno: el del artesanado. El artesano sopesa cada elemento, lo maneja y lo trabaja con técnica cuidadosa con el propósito de fabricar algo que no existe en la naturaleza. Con la minuciosidad del artesano Ulises ha construido, por ejemplo, el lecho que permanece clavado a la tierra en su palacio o la balsa con la que ha surcado en solitario las olas de un mar enemigo, pero sobre todo ha fabricado las dos obras maestras que desafían la aletheia: el caballo de Troya; y los fabulosos relatos de cíclopes, sirenas y diosas solitarias que el rey de Ítaca narra en los versos de la Odisea.

Óscar Martínez es profesor de griego en el ÍES Julio Caro Baroja de Fuenlabrada. Es traductor de Homero y autor de 'Héroes que miran a los ojos de los dioses' (Edaf).

Clítoris, VV.AA.

Seamos sinceros: el cómic ha formado parte de una visión sexista de la sociedad desde casi sus inicios, tanto desde el relegamiento de las autoras al supuesto espacio inferior del “comic para niñas”, como desde géneros que se han configurado desde concepciones y miradas machistas sin ninguna reflexión. Afortunadamente, las autoras están consiguiendo que el cómic se vaya desprendiendo de esas rémoras, desde el reconocimiento y la reivindicación, con obras que aportan una mirada desprovista de las mochilas de prejuicios y vicios del pasado del cómic. Pero también demostrando que el cómic puede ser el estandarte de un mensaje feminista y renovador. Un buen ejemplo puede ser la revista Clítoris, un espacio de activismo feminista desde la viñetas aparecido en 2010 que, durante cuatro números, reivindico y reflexionó sobre los feminismos y los derechos de la mujer con la ayuda de un espectacular grupo de autores y autoras.

Años más tarde, fueron recopiladas en dos antologías coordinadas por Mariela Acevedo y publicadas con los subtítulos Sex(t)ualidades en viñetas y Relatos gráficos para femininjas, perfectas descripciones para estas selecciones donde se encuentran relatos sobre el derecho al aborto, la exclusión de las diversidades sexuales, la explotación sexual o el canon hegemónico de la belleza. Las historietas demuestran que cualquier género o estilo es ideal para una lectura feminista, del costumbrismo intimista a la ciencia-ficción, de la aventura y la fantasía al humor. Y con una nómina abierta espectacular: Carina Maguregui y Muriel Frega, Cecilia Gato Fernández, Eleonora Kortsarz, Martín Rodríguez y Daniel Perrotta, Javi Hildebrandt y Érica Villar, Fernando Calvi, Mari Saliba, Naguel Sagárnaga, Fer Calvi, Cam Rapetti o Nayla Vacarezza son solo algunos de los autores que formaban parte de la experiencia, que se acompañaba de ensayos de especialistas y activistas del feminismo y la defensa de los derechos de la mujer y la diversidad sexual. Álvaro Pons



Clítoris. VV. AA. Hotel de las Ideas. Disponible gratis en la web de la editorial.

27 metros cuadrados de cómic en honor al ‘Guernica’

El dibujante Sergio García Sánchez crea un descomunal retablo que se expondrá en el Museo Picasso de París y el Festival Internacional de Angulema

TEREIXA CONSTENLA

04 MAY 2020


Sergio García Sánchez, el pasado 29 de febrero, en su casa de Sierra Nevada, entre dos lienzos de 'Guerra'.FERMIN RODRIGUEZ / EL PAÍS

En este pandemonio que ha desatado ese trozo de química llamado coronavirus, el último proyecto artístico del dibujante Sergio García Sánchez (Guadix, Granada, 52 años) tampoco ha salido indemne. Aunque el gigantesco retablo viajó en marzo a París para exponerse en el Museo Picasso como estaba previsto, su autor no pudo acompañarlo y permaneció enclaustrado en Cumbres verdes, un lugar de Sierra Nevada donde cualquiera desearía ser confinado. Aquí ha trabajado Sergio García en un proceso de producción que ha mezclado la fabricación artesanal del soporte con la tecnología de la impresión digital para llegar a un colosal conjunto de lienzos que homenajea al Guernica sin caer en la revisitación. Muy oportunamente se llama Guerra.

Los franceses deberán esperar para verlo hasta que se reabra al público la exposición Picasso y el cómic, que husmea en la relación entre el artista y el universo viñeta, donde se ha reservado un espacio singular para la obra del granadino. Como todo en estos días, se abrirá cuando se pueda, pero se mantendrá hasta el 1 de enero de 2021, tras la nueva reprogramación de las exposiciones. De París viajará al Festival Internacional de Cómic de Angulema, ya que Guerra es una coproducción del Museo Picasso de París y la Cité internationale de la bande dessinée et de l´image de Angulema.

Sergio García Sánchez es uno de los dibujantes españoles más apreciados en Nueva York y París. Ha firmado libros con la escritora Nadja Spiegelman, hija de Francoise Mouly, editora de arte de The New Yorker, y del dibujante Art Spiegelman, y Lewis Trondheim, uno de los renovadores del cómic francés. También publica en The New York Times Book Review y da clases en Angulema, nave nodriza del cómic de autor. Tiene una larga trayectoria en el mundo de la historieta, donde combina esa rareza de sacar adelante teoría (es profesor de Ilustración y Cómic en la Universidad de Granada) y práctica. Probablemente lo primero da pistas sobre lo segundo y parte del carácter innovador de su obra gráfica, de su pulsión por la experimentación, enraíce en sus investigaciones académicas. “Aunque hago un poco de todo, vengo del cómic, donde los caminos están muy claros, mientras que los proyectos como Guerra tienen caminos más insinuados. Son narrativos pero no tienen que ser claros. Es como la diferencia que hay entre poesía y prosa. Y resulta que me gusta mucho la poesía”.

Picasso fue el más grande dibujante de todos los tiempos

Guerra es apabullante en tamaño y narrativa. Al estudiar la estructura del Guernica a partir de la radiografía realizada en el Museo Reina Sofía, Sergio García descubrió que la disposición de los bastidores reproducían un espacio familiar: 3 filas por 11 columnas. Esto es, una sucesión de viñetas, aunque en vez de un folio ocupen 27 metros cuadrados. Sobre ellas construyó una narración alrededor de un Pantocrátor, un dictador que se forja en el odio al otro, el arribismo sin escrúpulos y los contextos históricos con más preguntas que respuestas.

El retablo-cómic arranca en una mina africana de coltán, con obreros esclavizados, que sufren represiones salvajes y recurren a la emigración como única fuga de la realidad. Lo que dibuja Sergio García Sánchez va de las noticias de hoy (el mar y su cementerio de sueños migratorios, el racismo entre pobres) a las de anteayer (los hiperliderazgos fascistas, las dictaduras, las guerras, los campos de exterminio, Europa años treinta y cuarenta en suma). Todo ello salpicado de guiños, homenajes y referencias sobre los que se ha cimentado la herencia cultural occidental desde el mundo clásico. Ahí están Stefan Zweig, Walter Benjamin, Max Beckham, Primo Levi, Dante, Julio César o Judas Iscariote y sus 30 monedas.

Una explosión de dibujo mareante por sus dimensiones y por sus detalles, entintados con plumilla y tinta china. No hay caminos fáciles para Sergio García, ya sea su versión de La bella durmiente (diseñó un libro desplegable que se podía leer hacia delante y hacia atrás junto a Lola Moral, con la que ha firmado varias reinterpretaciones de cuentos clásicos), sus construcciones de iconos literarios para The New York Times Book Review (Moby Dick, Alicia en el País de las Maravillas o Robinson Crusoe), sus cómic (el último, Cuerpos del delito, con el guionista Antonio Altarriba) o el proyecto Viñetas desbordadas que mostró en el Centro José Guerrero junto al dibujante Max y la escritora Ana Merino.

Si alguna bandera enarbola Sergio García Sánchez es la del dibujo como palabras mayores. No hay más que escucharle su valoración sobre Picasso: “A mí me interesan las mismas fuentes que a Picasso: los dibujos anteriores al Renacimiento, la multiperspectiva del dibujo infantil y los primitivismos. Picasso lo es todo en la historia del arte. Lo hizo todo, desde el dibujo con trazo de pincel o de corte clásico a cerámicas icónicas y rupturistas, pero dentro de ese Picasso que era escultor y pintor, yo creo que fue el más grande dibujante de todos los tiempos”.



El Pais


domingo, 3 de mayo de 2020

FaNzInE AnDaLuZ (1980-1989): HUELVA









La gente del perro, de Brais Rodríguez

Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 50)

Seamos sinceros: durante los últimos 50 días, los perros han conseguido doblegar el encanto universal de los gatos. Cierto es que el dominio absoluto de los felinos en el mundo virtual es inapelable e inalcanzable, pero cuando se desviaba la vista de la fulgurante pantalla de móviles y ordenadores, el confinamiento devolvía una imagen de encarcelamiento doméstico que solo tenía una salida posible: el perro. Tras centurias, el mejor amigo de la humanidad movía la cola con alegre espíritu de revancha ante la soberbia mirada de un gato que veía como hombres y mujeres abrazaban y buscaban a los canes por encima de los aterciopelados mininos, incapaces de alcanzar con su glamour la libertad de un paseo por la ansiada calle. Por fin, el eterno dilema entre perro y gato tenía claro ganador. Quizás el mejor momento para hacer historia y buscar los orígenes de la pasión canina, menos conocida quizás, pero presente a lo largo de toda la historia.

Brais Rodríguez, activo espoleador de la escena gallega del cómic, trazó hace años un retrato acertado en La gente del perro, un fanzine editado por Carne Líquida que ahora vuelve en formato digital. Adaptación de un supuesto clásico del ensayo perruno a cargo de Molly Quick, Rodríguez acude para su plasmación en viñetas a la fuerza del grabado y el collage, con Max Ernst y su Une semaine de bonté en el horizonte, pero sin perder de vista a los clásicos del expresionismo como Nückel, Ward o Masereel. Y el resultado es tan sorprendente como magnético y, sobre todo gozosamente divertido desde la ironía más sutil. Una estrategia que ha vuelto a utilizar, por cierto, en la magistral La era de las imágenes desaparecidas, publicada por Caylus y el Museo del Prado. No se la pierdan en cuanto puedan volver a las librerías.

Álvaro Pons


La gente del perro. Brais Rodríguez. Astiberri. 2013. Se ha editado en dos partes en las antologías Libro Naranja y Libro Morado, de la misma editorial.


El Pais