lunes, 18 de diciembre de 2017

Talento inabarcable

POR ALVARO PONS

El lector español no solo tiene una diversidad apabullante de títulos a su alcance, sino que la calidad media es tan alta que hace muy difícil hacer una selección de lo mejor del año sin tener la agobiante sensación de dejarse fuera demasiadas obras de necesaria lectura. Lo que sigue es tan solo una muestra aproximada de lo que ha dado este 2017.





-El club del divorcio (ECC). Poco a poco se corrigen las ausencias que el cómic japonés tiene en nuestro país, como la de Kazuo Kamimura, maestro del gekiga que en esta obra explora las complejas relaciones sociales de la sociedad japonesa de los setenta a través de la mirada de la exclusión que sufrían las mujeres divorciadas. Una obra maestra de poética descarnada y silencios demoledores, que no da concesión, alguna a la empatia, solo a la desesperanza.




-Arsene Schrauwen, de Olivier Schrauwen (Fulgencio Pimentel). Biografía ficticia del abuelo del autor que navega por los estertores del colonialismo belga a modo de surrealismo mágico de inquietante solidez y proximidad, convirtiendo la narración .de un delirante proyecto imposible en la jungla en una exploración de la expresividad del grafismo y el color, en renovación consciente del lenguaje del cómic que solo admite el calificativo de magistral.




-Cuttlas, de Calpurnio (DeBdlsi-llo-PRH). Apenas unas líneas para delimitar unos monigotes minimalistas son suficientes para el talento inabarcable de este autor, que los traduce en una de las reivindicaciones más fascinantes de las posibilidades infinitas de la historieta. Una obra en constante e infinita reinvención que proyecta el wéstern a los límites más inesperados, pero siempre desde el descubrimiento de nuevos caminos y recursos de la narración gráfica.




- Estamos todas bien, de Ana Penyas (Salamandra Graphic). El debut de esta joven autora ha sido toda una sorpresa, capaz de expresar, a través del acercamiento al relato de sus abuelas, toda la historia de las mujeres silenciadas durante décadas en España. Narración comprometida de grafismo ya totalmente personal, que consigue que los escenarios cuenten también sus historias, creando una obra de sugestiva coralidad que deja un poso que crece con el recuerdo posterior.


 

- Pinturas de guerra, de Ángel de la Calle (Reino de Cordelia). La búsqueda de Jean Seberg como excusa para construir una fascinante historia que, cual matrioshka, va desgranando en cada capa una nueva lectura: de la denuncia contundente e inapelable de la violencia de las dictaduras a una compleja reflexión sobre el papel del arte en la sociedad, pero también cuestionamiento de la función del creador y de la ambigua relación que se plantea entre la ficción y la realidad.







-Las cien noches de Hero, de Isabel Greenberg (Impedimenta). No es fácil recuperar el cuento popular desde la lectura ingenua de la infancia, pero Greenberg lo logra para mantener esa particular fascinación de la fábula, pero reconvertida a través del protagonismo femenino en poderosa herramienta de transgresión que aprovecha la universalidad del cuento como altavoz.


Pero 2017 ha sido también un año en el que las editoriales han aprovechado para recuperar una cantidad ingente de obras maestras de la historieta que llevaban demasiado tiempo sin llegar a las librerías de nuestro país. Solo como muestra, dos obras de obligada lectura.



- Mort Cinder, de H.G.Oesterheld y Alberto Breccia (As-tiberri). Descomunal monumento del noveno arte, en el que el gran guionista argentino consigue hacer un descorazonador recorrido por la historia a través del relato de un inmortal, condenado a morir y vivir eternamente para descubrir en cada vuelta que las miserias del ser humano no tienen fin. El expresivo blanco y negro de Breccia hiere a un lector indefenso ante la potencia de un trazo que logra que las historias se queden impresas en la memoria.






-Alack Sinner, de José Muñoz y Carlos Sampayo (Salamandra Graphic). La gran obra maestra del género negro en el noveno arte, un detective canónico en sus inicios que va evolucionando en cada entrega hasta convertirse en testigo silencioso de la vida que le rodea, de una sociedad a la que ya no entiende, pero en la que tiene que vivir. Una obra cimentada en la narración coral y en las microhistorias que pueblan cada esquina de las viñetas.





Otro año más

Disfrutando de las vacaciones, lo que es tanto como decir que no tengo esas vacaciones soñadas. No es que no me lo merezca, las dudas a falta de organización hace que todo vaya como normalmente va.

Sin ninguna duda nadie ha salido herido y el mundo continua girando sobre su eje. Uno, en su obsesión y ombligismo perpetuo, centro del universo, obvia las más básicas reglas de comportamiento por aquello de querer hacer, ser o lograr. Objetivos todos ellos muy loables, pero que necesitan de constancia, talento y trabajo duro. Y esto ya es un poco más complicado.











Tengo unos pocos artículos de periodistas dispares, tanto por sus temáticas, como por sus nacionalidades, que abundan en el hecho, obvio ya,  de que en internet solo se corta y pega, fotos falsas de contenido y el instante como objetivo a conseguir un premio viral.

Y que conste en acta notarial que yo he caído en esa vorágine que absorbe como un agujero negro. Volcado, perdido en mostrar, lucirme, demostrar ¿?, en fin, alucinado, hasta que un autor me escribió, sorprendiéndome en el error y la tragedia.

Tampoco es que haya rectificado exactamente como yo quisiera, pero lo intento, lo intento.





No recuerdo cuando fue la ultima vez que escribí en mi blog. Y me parece que cada vez que cuento algo, es muy parecido a una disculpa. A mi mismo, normalmente. Intento abarcar el universo y eso no puede ser. Lo curioso es que intento abarcar otros universos más manejables y tampoco puedo. Definitivamente, a medida que reduzco los universos, menos control tengo sobre ellos. Probablemente tendré que cerrar un par de blogs de los varios que tengo, debido al hecho obvio de que es imposible mantener tanta actividad, y uno es lo más parecido a un oso perezoso.




Han pasado más de 10 años en el blog y la diferencia entre los primeros años y los últimos es lo más parecido entre un huevo y una castaña. Por suerte, el blog sigue sirviendo a los dos propósitos principales por los que fue creado, y mientras el dios Google continúe dándonos cancha gratuita, seguirá funcionando. 

domingo, 17 de diciembre de 2017

Art Spiegelman, “Mis cómics nacen de mis rabias y mis miedos”


Art Spiegelman, el creador de ‘Maus’, analiza su relación con el tebeo antes de su charla la semana próxima en el Reina Sofía



'Lead Pipe Sunday. The Bastard Offspring', de Art Spiegelman.


TOMMASO KOCH

Madrid 14 DIC 2017

Art Spiegelman quería ser vaquero, “cowboy”. Llanuras, cabalgadas, un rancho en medio de la nada. Lástima que viviera en Nueva York. Tenía nueve años cuando se mudó con su familia. Y su sueño de infancia se estrelló contra los rascacielos. “Renuncié”, se ríe. Pero no del todo. “Me convertí en uno de los últimos herreros de las publicaciones impresas”, agrega. Es decir, en autor de cómics. “Me marcaron desde pequeño. Creí que eran el manual de instrucciones para lo que necesitaba entender como humano. Lo que tenía que saber de EE UU no podía aprenderlo de mis padres pero sí de Mad y su autodenominada ‘panda de idiotas”, defiende. Ese tebeo —y luego magazine— sedujo desde los cincuenta a Spiegelman y a miles de lectores. Así que el chico pasó al segundo sueño: “Quería ser uno de los que hicieran esas cosas”.

 Llegó mucho más allá. Escribió y dibujó el único tebeo que ganó el Pulitzer, en 1992: Maus, recuerdo en viñetas de las vivencias de su padre en el Holocausto, donde los judíos se representan como ratones y los nazis como gatos. Spiegelman ha editado una revista de tebeos underground (Raw), dibujado para The New Yorker, reflexionado en viñetas sobre los momentos posteriores al 11-S y escrito ensayos sobre su medio artístico. Se le considera un padre del cómic contemporáneo. “Pido un test de ADN”, rebate él. De todo ello hablará el 20 de diciembre, en una charla en el Museo Reina Sofía (Madrid), titulada Las palabras y las imágenes chocan: ¿Qué %@&*! pasó con los cómics?

Entonces, ¿qué sucedió? “Pocos medios pueden enorgullecerse de haber pasado por tantas batallas: entre adultos y niños, fantasía y realidad, imágenes y palabras, arte y negocio, pensamientos autoritarios y rebeldes. El fuego cruzado sigue, pero ahora el cómic es apreciado y no menospreciado como estupidez para niños”, resume. Ha hecho falta otra guerra, tal vez la más larga. Spiegelman mismo ha dedicado sus casi 70 años (Estocolmo, 1948) a reivindicar los tebeos: “Dejaron de ser el medio que pocos tomaban en serio pero todos leían. A partir de ahí podían volverse arte o desaparecer. Estoy orgulloso de decir que mi equipo ha ganado”.




Autorretrato de Art Spiegelman.

Ha costado, quizás a él más que a cualquiera. “Se asume a menudo que se empieza garabateando dibujitos en un cuaderno en el colegio y se descubre una experiencia feliz. Para mí el cómic siempre ha sido una lucha. Se me ha hecho cada vez más difícil avanzar y más claro lo complejo que es este medio considerado simple”, explica. Spiegelman jura que sus dibujos le parecen muy mejorables. Una sola página le puede costar un mes de trabajo. Y casi le da las gracias a su ojo perezoso: le obliga a ver solo en dos dimensiones pero también a quedarse “con lo importante”. “Me llevó a la parte estructural del cómic”, explica. Precisamente lo que más le gusta. “Me interesa la esencia de cuando palabras e imágenes se juntan. Aunque, cuando tenía 18 años, era fácil tener controlado más o menos todo lo que salía; ahora me llegan tantos tebeos que no logro estar al tanto; trabajos que me dejan boquiabierto y otros que me recuerdan tristemente una frase que dije hace años: ‘Estamos peleando para que el cómic alcance un nivel mayor de mediocridad”.

De paso, el tebeo también le sirve para sentirse mejor. “El desastre es mi musa. Mis cómics nacen de mi descontento, mis rabias, mis miedos. Si me siento bien, no tiendo a dibujar o escribir. Son una manera de encontrar equilibrio”. En sus viñetas, se representa como un tipo inseguro y ansioso. La muerte de su hermano, el ataque de nervios en 1968 y el suicidio de su madre, complicaron su juventud. Maus ayudó en parte: le dio fama y estabilidad económica, pero también frustración, por las interpretaciones equivocadas y por atar su carrera a una obra.

Porque Spiegelman siempre ha querido mirar adelante, experimentar. Últimamente, prueba “novelas gráficas de una página”. En Navidad, se encerrará con un maestro litógrafo para otro proyecto. Y, desde hace dos años, trabaja en una idea que “debería convertirse en un nuevo programa de televisión”. Todavía discuten los últimos detalles. Pero está confiado: lleva una vida entera en la batalla.

UN RATÓN ADORABLE Y ODIOSO
El creador del considerado mejor cómic de la historia tiene una relación ambivalente con él. “Le estoy agradecido, por aterrizar en la cultura de una manera que lo mantendrá vivo, por darme la seguridad económica para probar proyectos financieramente inviables, y porque parece un marcador útil para la gente”, asevera.

A la vez, Maus le da rabia: “Me parece un poco insultante que se diga que sirve para enseñar a los niños de 12 años qué es el Holocausto, no fue concebido para eso”. Spiegelman se indignó cuando descubrió que Roberto Benigni se inspiró en su cómic para La vida es bella, filme que considera “obsceno”.

Asegura que nunca escribió Maus para “hacer del mundo un lugar mejor u ofrecer algún tipo de lección”. Sabía que el tema era “abrumador”, pero le interesaba sobre todo cómo estructurar un relato mezclando palabras e imágenes. Eso sí, siempre quiso “un cómic con ambición, en el formato de libro, que necesitara ser releído”.

El Pais


viernes, 15 de diciembre de 2017

Una exposición recoge diez años de premios nacionales del cómic

La UMA y el Ministerio de Cultura rinden homenaje a las viñetas a través de 200 dibujos que muestran su proceso creativo




Un lector hojea uno de los cómics premiados. FOTOGRAFÍAS: JAVIER ALBIÑANA.




Algunas de las páginas de la muestra.


MANUEL DONOSO
Málaga, 15 Diciembre, 2017


El Premio Nacional del Cómic, que otorga el Ministerio de Cultura desde 2007, puso a las viñetas al mismo nivel que al resto de las artes del país, en cuanto a reconocimiento se refiere. Desde ayer y hasta el 13 de enero una exposición creada por la Universidad de Málaga (UMA) con la colaboración del Gobierno recoge más de 200 documentos entre dibujos, bocetos y guiones, de los diez ganadores de este galardón que ha habido hasta 2017.

Situada en la sala de exposiciones del Rectorado de la UMA, la muestra surgió con el objetivo de enseñar todo el proceso creativo de un cómic, según explicó ayer el comisario de la misma, dibujante y profesor, Pepo Pérez, que estuvo acompañado por la vicerectora de Cultura y Deporte de la UMA, Tecla Lumbreras, el Director Académico del Área de Investigación, Empleo y Empresa de la Fundación General de la UMA (FGUMA), Antonio Lara, y el subdirector general del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, Javier Pascual, en representación de las instituciones implicadas.

A los 200 documentos acompañan un texto explicativo de cada una de las diez obras y sus autores, que son: Max (2007, Hechos dichos, ocurrencias y andanzas de Bardín el Superrealista); Paco Roca (2008, Arrugas); Felipe Hernández Cava y Bartolomé Seguí (2009, Las serpientes ciegas); Antonio Altarriba y Kim (2010, El arte de volar); Santiago Valenzuela (2011, Las aventuras del Capitán Torrezno); Alfonso Zapico (2012, Dublinés); Miguelanxo Prado (2013, Ardalén); Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido (2014, Blacksad: Amarillo); Santiago García y Javier Olivares (2015, Las Meninas); Pablo Auladell (2016, El paraíso perdido de John Milton) y Rayco Pulido (2017, Lamia).

Además, cada cómic reposa para ser leído sobre una silla especialmente diseñada par la exposición, para la que también se ha editado un catálogo en el que se expande la información de la muestra con entrevistas a los autores.

En estas once obras premiadas se pueden apreciar multitud de temas y de impactos, a veces de relevancia internacional. En el caso de Arrugas, de Paco Roca, se convirtió en un superventas -el mayor de España, de momento- y causó una fuerte impresión mediática, explicó Pérez.

Un ejemplo de mezcla de géneros es el tercer premiado, La serpiente ciega, que, ambientado en los conflictos internos del frente comunista en la Guerra Civil, usa recursos de la novela negra. Al año siguiente, con El Capitán Torrezno, Valenzuela presenta una saga "que no admite muchas comparaciones" repleta de referencias literarias y artísticas. Por su parte, Zapico recurre a la biografía de James Joyce en Dublinés. Al igual que en Arrugas, Miguelanxo Prado trata la memoria con Ardalén. También situado en la contienda fraticida española se encuentra El arte de volar, que se basó en los testimonios del padre del guionista, cuyas memorias también se exponen. Por otro lado, Blacksad: Amarillo -el más comercial y juvenil- alcanzó la fama en otros países, como ocurre con Las Meninas, que se acaban de publicar en EE.UU.

Un proyecto con gran apoyo que surgió al unísono

La idea de la exposición fue el resultado de varias iniciativas que surgieron de forma casi simultánea. Con motivo del XX aniversario de FGUMA se pensó en ello y se propuso al mismo tiempo que en el Ministerio de Cultura se iba a aprobar el Plan de Fomento a la Lectura, con un enfoque más destinado al cómic. Entonces se recibió la llamada de la UMA con la propuesta y salió adelante. Además, todos los premiados facilitaron más material del que la sala necesitaba.


Malaga Hoy


miércoles, 13 de diciembre de 2017

Emerge en el cómic el submarino nazi más legendario

Se edita en España ‘U-47’, dedicado al famoso sumergible de Prien desaparecido

JACINTO ANTÓN
Barcelona 13 DIC 2017



El submarino U-47 atacado por un destructor en una viñeta del álbum, dibujado por Gerardo Balsa..


En plena búsqueda del submarino argentino ARA San Juan aparece en España un cómic en el que emerge el que seguramente es el sumergible desaparecido más famoso de la historia, el alemán U-47 que comandaba el capitán Günther Prien, sin duda el as de las profundidades más célebre de la Segunda Guerra Mundial. Se da la circunstancia de que el dibujante de U-47—un cómic espectacular, en el que se plasman magistralmente toda la emoción y todo el espanto de la guerra submarina— es argentino, Gerardo Balsa (Rosario, 1973).

Balsa (y valga también el apellido), que vive en Barcelona, considera una terrible casualidad la coincidencia y dice que sigue con especial interés y emoción las noticias sobre el desastre del ARA San Juan. "Cuando conoces bien lo que es un submarino y la vida a bordo eres muy consciente de lo espeluznante que resulta quedar atrapado y ahogarte en uno de esos ataúdes de acero", explica. Para dibujar U-47, que es una serie con guión de Mark Jennison y de la que de momento han aparecido en España, a la vez, dos títulos, El toro de Scapa Flow y El superviviente (publicados por Coeditum), Balsa se ha documentado tan a fondo sobre los submarinos, especialmente los del tipo VII B y otros modelos de la flota del III Reich, que, afirma, “podría andar a ciegas por dentro de uno”.

El U-47 es uno de los submarinos más legendarios de la historia, y su desaparición en 1941 con toda su tripulación durante el ataque a un convoy al sur de Islandia remachó su oscura celebridad. Nunca se ha sabido nada del buque, víctima de las cargas de profundidad, un accidente en inmersión o un torpedo defectuoso (suyo o de un colega). Con el U-47, Prien logró entrar en 1939 en el inexpugnable fondeadero de la Royal Navy en Scapa Flow y hundir el acorazado HMS Royal Oak, en una de las grandes hazañas de la Segunda Guerra Mundial. Condecorado por el propio Hitler con la recién acuñada Cruz de Caballero, Prien se convirtió en el icono del arma submarina y en un magnífico instrumento de la propaganda nazi.Lo bautizaron "el toro de Scapa Flow", lo que llevó a dibujar el emblema de un toro furioso en la torreta de su submarino.

En el primer álbum observamos cómo el U-47 se cuela en Scapa Flow bajo un cielo en el que destella sobre el lobo gris de la Kriegsmarine la aurora boreal (fue así de verdad), para torpedear al gigantesco navío enemigo, en el que murieron novecientos marinos. La trama sigue más o menos los derroteros históricos hasta el hundimiento del U-47 que en el cómic no es tal: el sumergible se salva mediante un ardid y a partir de entonces participa en misiones secretas imaginarias a lo largo de la guerra, como el intento de apoyar la fuga de prisioneros alemanes de un campo en Norteamérica.

La operación editorial de reflotar al U-47 se parece a la efectuada con el Barón Rojo y su Fokker triplano en otro cómic de actualidad: rescatar una historia y un personaje para dotarlos de nueva vida. "La idea fue de la editorial francesa Zéphir, en la consideración de que había bastante cómic de aviones pero muy poco de submarinos”, apunta Balsa; “formamos ese equipo con Mark y el colorista Nicolas Caniaux, y ha funcionado tan bien que en Francia hay publicados 11 títulos de la serie y ya estoy acabando el 13, que transcurre en febrero de 1943. El hecho de que el U-47 desapareciera nos da libertad para inventar”. ¿Alguna misión en Argentina para rizar el rizo de la nacionalidad del dibujante? "De momento no; en realidad, los submarinos del modelo del U-47 no tenían suficiente autonomía para llegar, aunque podríamos hacer que repostara en alta mar".



Página de 'U-47', con dibujo de Gerardo Balsa.

Prien, nazi convencido y mimado de Doenitz, que lo llamaba cariñosamente Prüntje, no es un personaje muy simpático (no lo era ni para su tripulación). “Es cierto, y era canijo, pero nosotros le hemos dado una vuelta de tuerca convirtiéndolo en un individuo apolítico y con el aspecto de viejo lobo de mar que él no tenía”. El dibujante dice que en todo caso no les preocupa quién fuera el Prien real: “Este cómic es ficción y no pretende ser una biografía de Prien sino solo aventuras bélicas en submarino”.

La veracidad en cuanto a los submarinos está garantizada. “Eso sí, la fiabilidad en lo técnico es total, hemos tenido como asesor a un almirante francés que sirvió en submarinos, y te aseguro que sé para qué sirve cada manivela del sumergible”. Los álbumes incluyen una segunda parte tras los dibujos en las que se presentan dosieres históricos con fotografías sobre la U-Bootwaffe, la fuerza submarina alemana.

¿Qué es lo más difícil de dibujar de un submarino? “El submarino en sí no es difícil, es paciencia y documentación; el desafío de verdad es dibujar a los marinos que están dentro”.

Al comparar los sumergibles de la Segunda Guerra Mundial con los actuales, Balsa señala que “han ido evolucionando muchísimo, tendrían que ser más seguros, aunque mira lo que pasó con el Kursk en 2000. Es espeluznante, pero la muerte, y de la peor especie, está siempre ahí cuando se trata de submarinos”.


Viñeta de 'U-47'.


 Autor: Mark Jennison.
Editor: Coeditum (2017).
Formato: tapa dura (136 páginas) en cada volumen.




EL DIBUJANTE ARGENTINO Y EL ARA SAN JUAN

El dibujante de U-47, Gerardo Balsa, que es argentino, aprecia muchas contradicciones en el tema del ARA San Juan. “No sé si alguna vez se sabrá toda la verdad. La falta de información ha provocado que se esparzan teorías conspiratorias. Mi opinión es que se trataba de un sumergible muy viejo y que no se había hecho un buen mantenimiento. Quizá los alemanes lo hubieran podido mantener a punto, pero nosotros somos más de improvisar”.



El Pais


martes, 12 de diciembre de 2017

Recuperada una obra perdida de Jan, el dibujante de Superlópez

‘Don Talarico. El castillo encantado’ se creía desaparecida, irremediablemente, desde hace 45 años

Detalle de una viñeta de Don Talarico. El castillo encantado, de Jan (Amaníaco Ediciones)

JORDI CANYISSÀ
05/12/2017

No pasa cada día que se recupere una obra considerada perdida. Una obra de la que se conocía su existencia pero a la que se le había perdido el rastro. Ocurrió con 25 minutos del filme Metrópolis, de Fritz Lang, y con 149 canciones de Bob Dylan que se encontraron en un apartamento de Nueva York, cuatro décadas después la grabación. Son hallazgos tan excepcionales como valiosos. Y cuando ocurren, la alegría es grande.

Los aficionados a la historieta sabían que en la bibliografía de Juan López, Jan (Toral de los Vados, León, 1939), uno de los autores más importantes del país, faltaba siempre un álbum, pues los originales se perdieron antes de su publicación. De la obra solo se sabía el título, lo que multiplicaba su aura de leyenda: Don Talarico. El castillo encantado.

Se trata de una historieta larga, de 43 páginas, que Jan entregó a la revista Strong en 1971 con la mala suerte que ésta cerró a los pocos días. Y ahí empieza otra aventura: el álbum no se publicó y los originales no volvieron jamás a manos del autor pese a sus reclamaciones. El Banco de Madrid se los quedó como garantía de la deuda de la revista.



Portada y primera página del segundo álbum de Don Talarico (Amaníaco Ediciones)

Don Talarico retrata con humor los siglos de la Reconquista de la Península Ibérica, revisando críticamente la visión que el franquismo dio de esa lucha contra el dominio árabe en la Península. El protagonista, con andares algo quijotescos, es un guiño al Guerrero del Antifaz, exitosa serie de cuadernos de historieta durante los años de posguerra.

Cinco años atrás se publicó un primer álbum del personaje de Jan, una recopilación de 12 historietas cortas: Don Talarico (Amaníaco Ediciones, 2012). Un volumen pacientemente restaurado por el editor, Jordi Coll, a partir de los ejemplares del semanario Strong. Tras esa experiencia nació la idea de recuperar lo que parecía irrecuperable: el álbum perdido del personaje. “El proyecto surgió por casualidad. Fue el mismo Jan quien, mientras miraba cómo había quedado el primer álbum, me habló de esa aventura que jamás se publicó y de la que tampoco le habían retornado los originales”, explica Coll.


Jan hojeando un ejemplar de 'Don Talarico'. A la izquierda, guión de una página (Amaníaco Ediciones)

Jan conservaba algunas desvaídas fotocopias del proyecto original, “pero la calidad era muy mala”, remarca el editor. Estaban mal impresas, no reproducían la página entera (los originales eran demasiado grandes para esas viejas máquinas) y, además, faltaban por completo las últimas 11 páginas, de las que en el mejor de los casos había un esbozo de guión.

Contento con la recepción del primer volumen, el padre de Superlópez se animó a recuperar lo que ya había dibujado 45 años atrás: redibujó las viñetas fotocopiadas, completó fragmentos de páginas que faltaban, y elaboró de nuevo aquellas de las que no había ni rastro.

En declaraciones a La Vanguardia, Jan explica que no le fue difícil adaptarse al estilo que tenía en 1971: “Soy versátil porque provengo de una escuela de dibujos animados orientada a la publicidad, lo que significa que para cada encargo tenía que inventarme un estilo adecuado al tema o anuncio. Me resulta fácil retomar ese estilo aunque por experiencia y oficio algo cambiaría. Es normal”. El principal reto estaba en la parte final del álbum, que abordó “sin apenas pistas de cómo las había hecho hace tantos años”.

Como ocurre en Superlópez o en Pulgarcito –otra de sus creaciones más populares–, Don Talarico está rodeado de un sugerente grupo de secundarios. “Cuando me invento un personaje no olvido que he de dotarle de un mundo propio, o sea secundarios que le den el contrapunto, de lo contrario sería un monologo”, asegura Jan. En este caso, destaca el seductor y enamoradizo Don Mendo o el fracasado mago Melón. “Los secundarios tienen que tener su personalidad propia para interactuar entre todos ellos –explica el autor– y además eso los hace aptos para capitanear el relato si se tercia. No concibo secundarios pasivos”.

Publicado también por Amaníaco Ediciones y con notas del crítico Toni Guiral, Don Talarico. El castillo encantado contiene divertidos anacronismos y diálogos escritos con un castellano antiguo macarrónico. Jan dibuja con una línea dulce y redondeada, sus personajes son dinámicos y elásticos, como de goma. La composición de la página es más libre que la que se usaba en Bruguera y la historia que se cuenta va aumentando poco a poco de intensidad hasta culminar con las escenas del asalto al castillo, con algunas de las viñetas más atractivas visualmente.



Originales y fotocopias de 'Don Talarico', en la mesa de trabajo de Jan (Amaníaco Ediciones)

“Desde luego, me gustaría continuar sacando aventuras de Don Talarico”, asegura Jan

Es fácil encariñarse con el personaje de Don Talarico, aunque el autor marca distancia: “Yo, en realidad, no le tomo cariño a los personajes: los utilizo como medio para contar mis historias y son las historias lo que me importan. Si doy esa sensación es porque lógicamente trato de que el lector se identifique con el personaje, para poder seguir contando mis historias con él”.

Tras la reedición restaurada de las aventuras cortas y la exhumación de este Don Talarico. El castillo encantado, Jan no descarta que pueda existir un tercer álbum con una historieta completamente nueva: “Desde luego, me gustaría continuar sacando aventuras de Don Talarico pero eso depende del tiempo que disponga, pues el Superlópez me ocupa casi todo el año… pero todo es posible”.

Jan, un clásico del cómic

Junto con Francisco Ibáñez, padre de Mortadelo y Filemón, Jan es uno de los más célebres autores de la llamada Escuela Bruguera (en honor a la vieja editorial del mismo nombre), junto con Escobar, Peñarroya, Jorge, Cifré o Raf. Por su trayectoria, Jan recibió el Gran Premio del Salón del Cómic de Barcelona en 2002. A finales de 2015 rechazó la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes del ministerio de Cultura “por ética personal” ante “las circunstancias sociales y políticas actuales”.


La Vanguardia



domingo, 10 de diciembre de 2017

Carvalho se cuela en las viñetas

Las aventuras del célebre detective de Vázquez Montalbán viajan al cómic con 'Tatuaje', primer título de la serie

GUILLEM ANDRÉS
Barcelona 4 DIC 2017

Pepe Carvalho y su amante Charo dibujados por Bartolomé Seguí.

El escritor Hernán Migoya se hacía cruces de que nadie se hubiera atrevido a trasladar las aventuras del detective más popular de la literatura española contemporánea a las páginas de un cómic. Por eso, cuando una noche, entre copas, Migoya entablaba amistad con Daniel Vázquez, hijo del novelista Manuel Vázquez Montalbán, vio clara su misión: Llevar al irrepetible inspector Pepe Carvalho a las viñetas. Tres años después de aquel encuentro —”en el que los dos nos entusiasmamos con el proyecto”, recuerda— Carvalho ha tomado cuerpo con trazo de lápiz negro y se despacha en su estilo inconfundible en las historietas.


“Es una ilusión personal”, asegura el guionista que se declara fan del policía galaico catalán. Su primera aventura, Tatuaje, se puede leer desde el 17 de septiembre en el cómic que publica Norma Editorial. Al detective Carvalho lo ha interpretado el actor Carlos Ballesteros en el cine, Patxi Andión en la cinta que dirigió Vicente Aranda, incluso Juanjo Puigcorbé en la pequeña pantalla. Adaptar al cómic las desventuras de este “vividor, sentimental”, y también “desencantado” Carvalho, según Migoya, “ha requerido mucha responsabilidad porque está en el imaginario colectivo”.

Con igual tacto y, si cabe, más delicadeza, el dibujante Bartolomé Seguí se ha encargado de poner rostro al detective de Montalbán en la que es la primera vez que adapta una novela al cómic. El ilustrador mallorquín y el escritor barcelonés se inspiran en el actor Ben Gazzara para crear a Pepe Carvalho aunque para Seguí el resultado tiene también una mezcla con Burt Reynolds.

Durante los 15 meses en los que el dibujante, Premio Nacional de Cómic, dedicó a reconstruir el mundo de Carvalho, Seguí dice haberse “reencontrado con los escenarios de la Barcelona que empecé a dibujar allá por los años 80”. Tatuaje, que centra el caso en la aparición de un cadáver con un misterioso dibujo en la playa de Vilassar de Mar, tiene lugar en 1974, un año antes de la muerte del dictador: “en una España deseosa de ser lo que nunca ha sido: un país normal”, resume Migoya.

Para construir el paisaje de la Barcelona de los 70, con La Rambla y el Barrio Chino, Seguí tuvo que documentarse con fotografías para recrear locales que ya no existen. A través de las 72 páginas de Tatuaje, el dibujante intenta que el lector viaje al mundo de Carvalho, “a su ánimo y sensaciones”, con colores saturados y oscuros. Con un dibujo de lápiz de “trazo rápido que inspira la calle”, que tan bien conoce el detective barcelonés. Para dibujar a su querida Charo, Seguí se fijó en actrices españolas de la época del destape como Bárbara Rey o Paca Gabaldón.

Las Ramblas de la Barcelona de los 70 de Carvalho.

De su creador, de Montalbán, Migoya recuerda que lo conoció a los 15 años en la biblioteca de su Barberà del Vallès natal y que fue precisamente la charla con el escritor la que le animó a seguir sus pasos entre libros. Para entonces, Migoya ya había devorado 80 títulos de novela negra.

La crónica de una época

Escritor y dibujante coinciden en que los libros de Montalbán van más allá de novelas policíacas para convertirse en la “crónica de una época, desde el punto de vista social y político”, desliza Migoya que ha intentado “condensar” ese espíritu de la obra.


Viñeta de "Tatuaje"

Migoya no deja de “fascinarse” por el “hedonista” Pepe Carvalho cuyo creador, dice convencido, utilizaba para canalizar “sentimientos íntimos demasiado duros quizá para expresarlos”. El guionista alaba el trabajo de Seguí que plasma con su lápiz a un personaje único: “Carvalho es un cínico pero también un sentimental, un tipo que a menudo se planta en pie de guerra contra el sistema y de paso contra sí mismo”. Unas crónicas en las que “estamos todos reflejados”, añade. La primera colaboración entre Migoya y Seguí se repetirá en dos ocasiones con las siguientes aventuras de la serie Carvalho: La soledad del manager y Los mares del sur.





BUENA SALUD DEL CÓMIC
La adaptación de las aventuras de Pepe Carvalho al tebeo llega en un momento en que la industria goza “de muy buena salud”, apunta Oscar Valiente, director de Norma Editorial, que retrata un género floreciente con “nuevas editoriales y librerías cada año”.

Valiente vio en el proyecto una oportunidad de “explotar el cómic contemporáneo” en un negocio que, según él, permanece impermeable a la revolución digital: “el cómic sigue siendo un objeto de colección y por sus particularidades narrativas se disfruta más en papel”.


El Pais