lunes, 31 de julio de 2017

RETRATISTAS CON PINCELES DE ORO

 POR MIGUEL ÁNGEL GARCÍA VEGA 

Cuando el siglo XIX se orillaba hacia su final, un grupo de pintores que vivió en esa bisagra del tiempo logró transformar el retrato en una de las empresas artísticas más rentables de la historia del arte. Giovanni Boldini (1842-1931), Abbott Whistler (1834-1903), Jacques-Émile Blanche (1861-1942), Antonio de la Gándara (1861-1917), Joaquín Sorolla (1863-1923) y, sobre todo, el estadounidense John Singer Sargent (1856-1925) entendieron que el fin de siécle agonizaba con una promesa de fama y dinero. Descubrieron que podían hacer fortuna sentando frente al caballete a la antigua aristocracia británica y a la nueva burguesía industrial y financiera que emergía en Estados Unidos y Europa. Un agujero de gusano hacia el triunfo. Singer Sargent ocupó el centro de la polémica con solo 28 años cuando envió al Salón de París de 1884 Retrato de Madame X, obra que no fue un encargo, que plasma a la esposa del banquero parisiense Pierre Gautreau, una de las bellezas de la época. El pintor la mostró de pie, con uno de los tirantes del vestido caído que tras las críticas acabó repintando. La piel plateada y figura desprenden la sexualidad de un greco profano. Inaceptable para la mirada burguesa.

Mucho antes de que Damien Hirst, Dalí o Jeff Koons utilizasen el escándalo como cebo para vender, estos artistas aprendieron a transformar el ruido en dinero. Incluso el escritor Émile Zola percibió esta estrategia como un atajo hacia la fama para "quien es un niño en edad impaciente".

La historia de Giovanni Boldini recorre los límites de esa frase. Su modelo Concha Errázuriz, hija de la acaudalada familia chilena Subercaseaux, es una cría cuando posa para él en 1892. La exhibe como una lolita de la belle époque. Pinta los encajes de la falda y la carne del muslo. El Retrato de la joven Errázuriz dibuja otra provocación.



Retrato de MadameX, cuadro realizado por John Singer Sargent. ARTHUR
HOPPOCKHEARNFUND/ METROPOLITAN MUSEUM.


Pero ni la estrategia de la algarada, ni el ansia de prestigio social de sus modelos justifica el éxito de un grupo de retratistas tan heterodoxo. Tuvieron la fortuna de "construir sus carreras dentro de un sistema del arte que en aquellos años estaba evolucionando de una estructura estatal a otra internacional de galerías privadas, sociedades artísticas y grandes exposiciones mundiales", reflexiona en el prólogo de Retratos de la Belle Époque (El Viso), Barbara Guidi, conservadora jefe de la Galería de Arte Moderno y Contemporáneo de Ferrara. El arte ensayaba las señas de identidad del siglo XX y los periódicos contaban la vida de Sorolla, Sargent y Boldini con el escrutinio que hoy se dedica a los deportistas.

Sin embargo, ninguno tuvo una aceptación comercial como la de Sargent. En 1906 el Estado británico paga 1.260 guineas por su Retrato de Ellen Terry como Lady Macbeth, una cantidad elevada para el que ya era uno de los artistas más cotizados de la época. Hay que pensar que tan solo un año antes, en 1905, Retrato del príncipe Baltasar Carlos, concebido por Velázquez, se remata en 1.570 guineas.
El pintor estadounidense está en el apogeo de su carrera y en los Salones se comenta que es el retratista más caro del mundo. "No es verdad. Sus precios eran comparables a los de Sorolla, Boldini, Fildes o Collier", aclara Richard Ormond, sobrino-biznieto del pintor y quizá la voz más autorizada sobre el artista. En la década de 1900 cobraba 2.000 guineas por un retrato de cuerpo entero, 100 libras por un dibujo y 50 libras por las acuarelas, que rara vez vendía a particulares. ¿Mucho? Boldini pedía hasta 30.000 guineas por sus retratos, Sorolla vende María vestida de labradora valenciana (una imagen de su hija) por 10.000 francos y Whistler tasa en 2.500 libras una tela del duque de Marlborough. Este último tiene unos precios que "no eran tan exagerados como los de Boldini o Sargent", admite Grischka Petri, especialista en el pintor.

Sargent entiende muy pronto la lucrativa aritmética de retratar a hombres poderosos y mujeres bellas. Nacido en Florencia, en una familia adinerada que vive en Europa desde 1854, ejemplifica la esencia del expatriado. Viaja incesantemente: Roma, Venecia, Suiza. Aprende el oficio en el taller parisiense de Carolus-Duran (1837-1917) y allí absorbe a Velázquez como la tierra seca el agua. Visita el Prado en 1879 y copia 10 de sus cuadros. No cesa de viajar: Ronda, Granada, Sevilla, Marruecos. Nunca abandonó ese hábito. Ni siquiera cuando en 1886 —tras el escándalo de Madame X— traslada su estudio a Londres en busca de clientes. El pintor avanza el desarraigo que provocarán las dos grandes guerras. Es italiano de nacimiento, estadounidense de nacionalidad, francés de formación y británico de residencia. Habla cuatro idiomas y su orientación sexual resulta un misterio. Pero transforma su paleta en una máquina. Entre 1900 y 1907 produce 130 retratos. Mientras, la crítica le espera en la esquina. "Podría haber sido Degas o Lautrec, pero se dedicó a repetir fórmulas trilladas y como consecuencia de su comercialismo estaba agotado a los 30 años", escribió el crítico Clive Bell cuando falleció Sargent en 1925.

Esta es la idea que quieren desmontar las 80 acuarelas que la Dulwich Picture Gallery de Londres exhibe hasta el próximo 8 de octubre. Sargent: The Watercolours es una reconciliación con el artista. La muestra propone visitar su trabajo menos comercial. Obras sobre papel que prefirió no vender. Una luminosidad líquida que capta las canteras de mármol en Carrara o los gondoleros de Venecia. La propuesta más avanzada de un pintor reaccionario que rechazó a Picasso y Braque. "Ahora es fácil criticarle. Pero en aquellos años la mayoría pensaba que los cubistas o los fauves eran unos chalados", justifica Richard Ormond.

 La llegada de esas vanguardias cambió la industria del retrato. El siglo XX se deslizó hacia el fin de las categorías artísticas y "durante nuestro tiempo el creador se libera de los encargos", apunta Joáo Fernandes, subdirector del Museo Reina Sofía. Ni Picasso ni Freud eran propensos a aceptarlos. La editora y galerista Elena Foster fue amiga del pintor británico. "Lucían retrataba a la gente que amaba, admiraba o le divertía", recuerda. Y toda la vida del genio cubista habita en sus retratos. "Pero apenas nadie posaba para él fuera de su círculo familiar", explica la conservadora Carmen Giménez. El retrato recupera su dimensión íntima, pierde su imagen idealizada y se convierte en un arma. "Picasso comienza a pintar a Olga Khokhlova [su primera esposa] como una mujer bella, pero a medida que la relación se deteriora termina siendo un monstruo", apunta Giménez.

Hoy, pocos artistas esenciales admiten encargos. David Hockney, Thomas Struth (fotógrafo), Alex Katz, Luc Tuymans o Elizabeth Peyton aceptan si la propuesta viene de sus coleccionistas, amigos o de ciertas instituciones. Y mientras eso ocurre en las autopistas del arte, en sus carreteras secundarias un grupo de irreductibles aún reivindica la belle époque. Uno de sus miembros es Ralph Heimans. El único artista escogido para retratar a la reina Isabel II por su jubileo de diamantes. Su pintura es un georges de la tour incendiado. Luz, colores saturados y unos precios que oscilan entre 83.000 y 278.000 euros. Trabaja como en tiempos de Sargent. Sus modelos posan durante varias sesiones, envía bocetos para su aprobación y viaja a las lujosas casas de sus clientes para encontrar la localización perfecta. "El mercado para mis retratos es muy exclusivo", defiende Heimans. Cenizas de un mundo que se niega a desaparecer.


El Pais Ideas Nº116 Domingo 30 de julio de 2017

En pocas palabras - EMMA RÍOS

Se preparó para diseñar edificios, pero acabó armando historietas. Emma Ríos (Vilagarcía de Arousa, 1976) es la dibujante española más aplaudida en EE UU gracias a la serie Bella muerte (Astiberri), unos wésterns ultrarrenales, poéticos y sanguinarios, que firma con la guionista Kelly Sue DeConnick. Por ese mundo de mujeres poderosas donde entremezcla rosas y esqueletos, enjambres y ratas, vivos y muertos fue nominada en 2014 a los premios Eisner, donde compitió de nuevo este año por una antología. En 2016 se estrenó en solitario con I. D., ciencia-ficción en blanco y rojo con profunda carga ética.



Ilustración de Setanta

¿Qué libro tiene en su mesilla de noche? City of Saints and Madmen, de Jeff Vandermeer.

¿Cuál ha sido el último libro que le ha gustado? Un cómic: You, a Bike & a Road, de Eleanor Davis.

¿Qué cómic le hizo soñar con ser historietista? Akira, de Katsuhiro Otomo.

¿Qué libro no pudo terminar? Suttree de Cormac McCarthy. No elegí un buen momento para leerlo.

¿Qué cómic leyó por obligación? Pyongyang, de Guy Delisle.

¿Qué canción la retrata? Ninguna que pudiese gustarme.

¿Cuál es su película favorita? Cambia cada día, voy a decir Inn of Evil, de Masaki Kobayashi.

¿Qué edificio le habría gustado diseñar? Algo en un entorno sin gravedad.

Si no fuera lo que es, ¿qué le gustaría ser? Gato.

¿Qué está socialmente sobrevalorado? El mérito.

¿Qué encargo no aceptaría jamás? Cualquiera relacionado con el machismo, la discriminación o el maltrato animal.

¿Qué dibujante español merece un Premio Princesa de Asturias? Rayco Pulido.


El Pais Babelia nº1.340 sábado 29 de julio de 2017


El trazo del sol naciente






Page Tsou es el último ilustrador oriental que salta a las grandes galerías de arte. Ahora expone en Madrid
Por Mario Suárez

 Su exposición se puede visitar en el Museo ABC de ilustración hasta el 15 de octubre.





En 2015, una obra del artista japonés Takashi Murakami se subastó por cerca de 429.000 euros. Era un cuadro de estética pop, muy cercano al cómic, con la figura de Lionel Messi. Una cifra difícil de imaginar hace algo más de una década, cuando la ilustración era considerada un arte menor dentro de las vanguardias. Hoy, su obra forma parte de museos y colecciones privadas de todo el mundo, liderando un cambio en el mercado y en la forma de entender las diferentes disciplinas del arte.

Son pocos los creadores que cruzan esta frontera pero, los que lo hacen, consiguen elevar su trabajo al lugar del que nunca tuvo que bajarse. Uno de los últimos en llegar es Page Tsou (Taiwán, 1978), un autor de literatura infantil, habitual colaborador de firmas como Gucci, Montblanc o Johnny Walker, que ahora expone por primera vez en España en el Museo ABC de Dibujo e Ilustración (Madrid). "En algunos casos, el arte contemporáneo parece una ilustración, con nombres como David Shrigley o el propio Murakami, pero también pasa al revés, que la ilustración está cercana al arte; lo mainstream y lo underground han comenzado a mezclarse, la frontera entre la ilustración y el arte está difuminada, y al final todo es lo mismo, un concepto o un conjunto de historias que quiere el artista contar de manera visual", cuenta Tsou. Con influencias del cómic japonés, el arte urbano y la pintura tradicional oriental, el trabajo de este artista ya forma parte de importantes colecciones y centros de arte como el Museo de Bellas Artes de Taipéi o la Fundación Conran (Reino Unido), entre otros.

"Internet ha creado multitud de nuevas plataformas y oportunidades a los ilustradores, comparado con los viejos tiempos. Ahora es más fácil difundir tu obra", relata el artista que, rarezas de su sector, carece de redes sociales. Admirador de Banksy, Damien Hirst o Martin Creed, llega a nuestro país con una exposición titulada Hide-and-seek [el juego del escondite] donde experimenta, con una línea precisa, con el acto de ocultar y buscar, pero también habla de guerra y violencia, con un estilo lejano a la ilustración infantil que le ha hecho famoso y le llevó a ganar el Premio Internacional de Ilustración Feria de Bolonia (2011), el más importante de su sector. "Antes de que un artista se convierta en maestro es necesario desarrollar su propio estilo, para al final descubrir cuál le gusta más y dónde está más cómodo. Si miras a Picasso o Miró, también descubres que cambiaron bastante de modo de trabajar", añade. No esperemos, entonces, en su muestra códigos naïf ni colores pastel. 














El Pais Tentaciones Número 27 -Agosto 2017

OTRO DÍA EN LA OFICINA

Cuando José Domingo publicó en 2011 Aventuras de un oficinista japonés, su cómic rompió moldes. Ahora su obra se reedita en un volumen que descubre parte de sus secretos

  ÁLEX SERRANO




José Domingo cuenta que la idea para Aventuras de un oficinista japonés "nace de una historieta corta y consistía en dibujar el tebeo conforme avanzaba, desplazando la cámara, un poco en plan Dogma, viendo qué pasaba y sin diálogos". Un método poco habitual y que le deparó muchas sorpresas: "No tenía ni idea de lo que iba a suceder, introducía nuevos elementos según dibujaba". El resultado fue una de las obras más alabadas del cómic de 2011, nominada para el premio Eisner, que ahora se reedita de la mano de Astiberri en un cuidado volumen que descubre muchos de los secretos ocultos en cada viñeta.

El dibujante sí que mantuvo, sin embargo, la idea de no tener un guión previo. "Crear el cómic, en realidad, era algo que sucedía ante mis ojos. Fue un ejercicio de improvisación, casi de escritura automática", asegura. Aventuras de un oficinista japonés baraja influencias gráficas de autores como Chris Ware o Max. Sin embargo, José Domingo asegura que carecía de referencias en la elección de los planos o en el aspecto formal. "Tenía en la cabeza los cómics que me gustaban de pequeño, era una manera de buscarme a mí mismo en el dibujo", cuenta, y añade que buscaba "esa sensación de exploración de crear el mundo, un poco como los libros de 'elige tu propia aventura' o videojuegos".
Un poco de videojuego tienen las peripecias del atribulado japonés, un personaje ideado, confiesa Domingo, por el cliché. "Quería juntar dos cosas muy locas, algo anodino como el típico oficinista japonés, el hombre que vive para trabajar, y mezclarlo con un montón de cosas locas".

El dibujante quiso explotar "esa cosa cultural que tienen ellos, esos polos opuestos que se alimentan mutuamente". Con años de perspectiva, José Domingo considera que el oficinista sigue siendo una obra que destaca. "Quizás ya no es tan rompedora como pudo ser en su momento", confiesa, "editoriales como Fosfatina, Autsaider o Fulgencio Pimentel hacen cosas más arriesgadas, pero sí mantiene el punto fresco y, al ser una obra larga, marca diferencias". El artista sí considera que el suyo "es un cómic situado como obra reconocible, por lo que no tiene nada que demostrar. Lo que pudo aportar ya lo aportó".




VIDA EXTRA
El de José Domingo es un cómic repleto de referencias y pequeños detalles. Por eso la reedición preparada por Astiberri cuenta con una guía de lectura confeccionada por el crítico Gerardo Vilches. Aventura ampliada y revisada.


El Pais. Tentaciones Número 27- Agosto 2017

domingo, 30 de julio de 2017

YANNICK CORBOZ




Un artista, francés, de Annecy. La ficha técnica, muy buena, en el blog Uno de los Nuestros, o en Wikipedia. Le sigo en Instagram aunque el tio mantiene cantidad de sitios en internet, y me resulta simpático a rabiar desde que ha homenajeado a Bernet, con unos poco dibujos (estan mas abajo), pura mancha de tinta negra.














































VITTORIO GIARDINO Una aportación decisiva a la madurez de la historieta


Por Pepe Gálvez

A la hora de definir la obra de Giardino, de aportar aquellos rasgos que la hacen diferente, que configuran su identidad creativa, que dan sentido a su autoría, se suelen utilizar dos criterios.

En primer lugar se recurre a adjetivos, como preciso, minucioso, perfeccionista.... con los que se hace referencia a los elementos mas llamativos, o evidentes, de su estilo narrativo, y no es extraño que después, de una forma u otra, se comparen sus obras historietísticas con novelas.

La atribución de este último parentesco evidencia no sólo las pertinentes Influencias literarias, en un tiempo y mundo narrativo influido casi exclusivamente por el cine, sino que expone un elemento esencial en la obra de Giardino: la ambición narrativa.

Giardino tiene el mérito de haber sido un autor que ha tratado, avanzándose a reconocimientos posteriores, al medio historietístico con el respeto que se debe; atribuyéndole y desarrollando unas posibilidades, que han contribuido a la madurez de aquel y a consolidar su especificidad. Porque lo que él ha pretendido y ha conseguido hacer, no es una imitación de las novelas o una subordinación del lenguaje de la historieta al literario, sino abarcar similares objetivos narrativos que este.


Ambición y racionalidad

Yo quiero hablar de cosas muy sencillas y busco un estilo de narración tranquila, lenta, una estructura de ficción que permite abordar los verdaderos problemas.... y esto parecerá en Francia y en Italia mas propio de una novela que de una historieta.
Declaraciones de Giardino en una entrevista publicada en el fanzine francés P.L.G. n° 26 de Marzo de 1990.

El gran avance, el gran salto que la historieta, como medio de expresión, ha dado estos últimos años no se ha producido tanto en el campo del lenguaje, que también, como en de la ambición expresiva, en la voluntad de abarcar objetivos narrativos mas profundos y mas complejos. Un amplio bagaje de vocabulario y de construcciones sintácticas, había sido acumulado durante mas o menos un siglo.
Y sin embargo, la situación de ese lenguaje dentro de la jerarquía de la cultura de masas había limitado doblemente su desarrollo. Las convenciones, impuestas desde el supuesto de ser un medio dirigido casi exclusivamente hacia un público infantil o infantilizado, actuaban como un rígido corsé que limitaba su desarrollo. El maniqueísmo y la artificialidad de las situaciones, la unidimensionalidad de los personajes, la acción como motivo argumental casi excluyente de otros, las formulas de producción y de comercialización (1), permitían obras imaginativas, divertidas que enganchaban con sus propuestas de evasión o con un sencillo y efectivo humor costumbrista, pero que impedían el objetivo de todo medio de expresión que madura: aspirar a recrear, no a reproducir, con credibilidad, la vida en su globalidad.

Hay una estrecha relación entre ficción y vida, y de la primera se espera la capacidad de crear universos complejos que vayan mas allá de la imitación de los de la segunda.

Cuando Giardino se incorpora al mundo de la historieta, no sólo aporta el bagaje de sus conocimientos literarios (2), sino la ambición de construir estructuras narrativas que pudieran reproducir la vida aunque fuera parcialmente y a través de unos códigos de comunicación determinados. Siento una cierta ansia de racionalidad, de encontrar lo que da sentido a las cosas.Y estas historias -las de espionaje- tienen una estructura que da sentido al relato. Allá donde la fantasía campa por sus fueros, donde no se intenta construir nada, no me encuentro a gusto. A lo mejor intento hacer cuadrar el mundo. Giardino en el libro Il mio Giardino del crítico italiano Gianni Brunoro.

 Sam Pezzo

Así sus primeros trabajos dispersos -1978- darán rápidamente paso a un propuesta consistente: Sam Pezzo -1979-.

Esta serie de género negro destaca por la densidad de sus argumentos, inspirados en los bajos fondos de la realidad italiana, localizada en la ciudad de Bolonia de aquellos años; por la ajustada construcción de sus tramas y por la entidad de sus personajes. Son historias que hablan de los inmigrantes, de especuladores, de la guerra de Eritrea....

Con el tiempo Giardino, ha autocriticado la calidad de su trabajo en Sam Pezzo en base a que el entorno italiano no era el adecuado para una serie de género negro. Es cierto que no todas las historietas tenían una coherencia de contexto, pero a medida que se salía de la adaptación de los códigos del genero negro para adentrarse en el entorno de Italia de aquel momento, la serie ganaba en intensidad y credibilidad.

Este fue el caso de las historietas Merry Christmas (3) y Shit City (4). El punto débil de Sam Pezzo radicaba en la discordancia entre los códigos del género y la referencia social en los que estos se insertaban. De manera que para el autor, más que para el lector seducido por la intriga, había una artificialidad en el relato que chirriaba, una artificialidad que rompía la coherencia global de la estructura narrativa. Otro elemento que seguramente distorsionaba la relación de Giardino con esta serie era su ubicación en el presente, hablando de su siguiente serie diría: Fridman es un personaje del pasado y no del presente porque es mucho mas fácil hablar de algo que históricamente es seguro. Con el presente te puedes equivocar del todo -EA, Mayo 1988, entrevista realizada por Josep Rom y Pepe Gálvez- Por otra parte hay que señalar que en el aspecto gráfico Sam Pezzo es una fase muy importante, ya que en ella el dibujo evoluciona con tremenda rapidez hacia la precisión y la seguridad.

Max Fridman

Así llegamos a Rapsodia húngara, un relato de espionaje ambientado en la turbulenta Europa de antes de la II Guerra Mundial.

Esta es la obra con la que el lector español conoce a Giardino (5), conocimiento que se impregna inmediatamente de admiración. En aquellos años ese tipo de historietas, no sólo no abundaban sino que eran excepciones (6). De esta obra impresionaba la riqueza de personajes y de su caracterización, atraía la densidad narrativa y el pedigrí cultural, seducía el tratamiento narrativo de la emoción y por otra parte la legibilidad gráfica de su línea clara facilitaba la simpatía del lector. Finalmente todo ello era coronado, en una equilibrada simbiosis que culminaba y diferenciaba su poder de seducción, por la complejidad de una seductora trama ajustada con cuidado y de una intriga resuelta con precisión
Respecto a Sam Pezzo en Rapsodia húngara se había producido un salto en los ritmos narrativos, siempre intensos pero progresivamente mas equilibrados.

En la primera el vértigo de los hechos marca el ritmo, en la segunda predominan los personajes, la acción surge de ellos y no al revés. No en vano Giardino se confiesa admirador de Graham Greene: he copiado sus mecanismos narrativos de tensión inversa, en lugar de que las cosas sencillas se compliquen el personaje ya vive en sus propios miedos que son los que le hacen pasar momentos de tensión, como sucede en Rapsodia húngara situación del taxi -de la ya citada entrevista de EA-
Tanto en Rapsodia húngara como en su siguiente obra; La puerta de Oriente, Giardino desarrolla una intriga que además de situar a los personajes ante un cúmulo de adversidades los envuelve en un entramado de apariencias de dudosa autenticidad. Y este es uno de los leit-motivs mas sugerentes de la obra de Giardino el tratamiento de la ambigüedad y falsedad de las apariencias.

La trampa de la apariencia

Tanto en el genero negro como en el de espías, por lo menos en aquellas obras que no se limitan a aplicar los códigos mas evidentes, se juega alrededor de la sustancia de la verdad. Se establecen dos escenarios narrativos: el que provoca el inicio de la acción, el mas evidente y el que la resuelve paralelo y oculto tras el anterior. El primero es un universo dominado por las apariencias, detrás de las que actúa el poder, origen de los delitos mas significativos. Estos son los que el poder, -el económico, el social, el político, el contrapoder de la delincuencia y las diversas combinaciones que pueden establecerse entre ellos- provoca al enfrentarse a la apariencia de legalidad, o sea de equilibrio social, para satisfacer su tendencia absolutista.

El tratamiento que Giardino ofrece de la fragilidad de las apariencias, congénita al espionaje en el camuflaje de las vidas falsas, en la apariencia honesta de los Estados y en el juego de los dobles agentes; lo extiende también a otros ámbitos de las relaciones humanas. Así en el álbum Vacaciones Fatales aparece el tema del engaño referencial en las falsificaciones o en el trabajo de los negros -Encuentro en París y La tercera verdad- . También en la vida cotidiana se da en el intento de manipular la realidad, la verdad se esconde detrás de mentiras y la mentira detrás de verdades -Vacaciones fatales-. Otro aspecto de la misma temática es el de la suplantación de personalidades -Bajo nombre falso-. Y desde una perspectiva general Giardino denuncia la falsedad de las convenciones que está ligada a la ambigüedad moral, al tiempo que desmitifica el maniqueísmo y plantea la falta de verismo que son propias al relato y a sus códigos.




Erotismo

Little Ego es una obra explícitamente erótica ya que su temática se centra en el desarrollo de fantasías sexuales, de origen masculino aunque sabiamente servidas a través del cuerpo de una mujer. La estructura narrativa onírica es un claro y bien realizado homenaje, evidenciado ya en título, a Little Nemo.

Sin embargo lo que interesa destacar ahora y aquí no es su buen hacer narrativo sino que Little Ego -titulo con referencias narcisistas- es la explicitación de un erotismo siempre presente en sus obras. Ya en Sam Pezzo aparece Lia Wang,  protagonista de  Shit City, un personaje femenino dotado de un especial e intenso atractivo.

Luego en sus siguientes obras siempre estará presente el erotismo, ya sea en la emoción sexual como figuras femeninas de explícita carnalidad.

El erotismo que se manifiesta en muchas ocasiones en detalles, en gestos femeninos cargados de insinuaciones y de disponibilidad, en otras no sólo en Little Ego, es sobre todo carnalidad, evidencia del cuerpo femenino y de sus encantos.

Sin embargo el sexo y su personificación femenina, que aparece como inevitable y placentero, se presenta al mismo tiempo cargado de potencialidades peligrosas.

Son muchas las ocasiones, en sus obras, en que una relación sexual, contiene un doble elemento de auténtica atracción y de manipulación.

Por otra parte y a pesar de que según él sus modelos femeninos son Ingrid Bergman o Katheryn Hepburn y de que es cierto que en la representación femenina casi nunca cae en la exhuberancia, su tipología femenina es muy amplia y con una muy acertada representación de la mejor sensualidad mediterránea.


El individuo y el poder :el factor humano

 Sobre el esqueleto de la intriga de conspiraciones emanadas de la lucha entre y contra los poderes secretos de los estados, Giardino introducía en Rapsodia húngara y La puerta de Oriente un toque de melancolía por la inevitable perdida de inocencia de la izquierda. Asimismo aparecía implícitamente la importancia de armonizar el componente individual y el colectivo, con el correlato de sus confrontaciones con el dogmatismo y sectarismo de la izquierda estalinista. Esta problemática toma forma de contexto social y cotidiano en la serie Jonás Fink. En ella recreará la asfixia impuesta por una concepción burocrática y antidemocrática del poder popular sobre la sociedad checoslovaca de antes de la Primavera de Praga. Jonás Fink es una obra iniciática que narra el proceso de maduración del protagonista dentro de la infancia y de la adolescencia. El obstáculo al que se ha de enfrentar es el de la marginación originada por la persecución política que sufre su padre y la prueba que ha de superar es el desarrollo emotivo dentro de la normalización de su existencia. En esta obra, Vittorio Giardino construye un estimulante retablo de pequeñas reivindicaciones de la belleza, del placer, de la alegría, que en su conjunto anuncian el fin de la oscuridad y la proximidad del cambio. En una atmósfera opresiva y mezquina que expande el miedo y exalta la ley de la sospecha, la amistad y la solidaridad serán los valores que abrirán perspectivas vitales renovadas para el joven Jonás. Como canta uno de  los personajes de este álbum no hay noche eternas, y el nuevo día llega impulsado bien por sucesos de la importancia de la muerte de Stalin, bien por la acumulación de pequeños gestos de cariño, de ejercicio de la libertad o de afirmación frente al autoritarismo. Actos que se suceden con fluidez narrativa y que están protagonizados por, una vez más, una amplia y rica galería de personajes cálidamente expresivos .


La movióla histórica

Vittorio Giardino vuelve a viajar hacia atrás en el tiempo con ¡No Pasarán!, y lo hace en varias direcciones tanto hacia el pasado histórico como hacia el de Max Fridman. Ya en Rapsodia húngara se mencionaba la participación de Max en nuestra guerra contra el fascismo, y en realidad el embrión de No pasarán existía antes de La Puerta de Oriente (7). En esta tendencia a recuperar el pasado histórico vemos a un Giardino reparador de las distorsiones con que podemos mirar hacia atrás y que intenta cuadrar al mundo con cierta retroactividad. En concreto muestra su inquietud por el carácter etéreo que se tiene de la guerra española sometido a muy diversas y contradictorias interpretaciones y visiones. (8)

En la primera entrega de la serie nos encontramos con una Barcelona, una ciudad sobre la que se dibuja una intriga que es también un homenaje a los vencidos, reproducida con el uso narrativo de la documentación que caracteriza a Giardino. Un uso especial en el que el detallismo y la línea clara generan una falsa apariencia de verismo reconstructor. Y es que Giardino no se guía por una ansia de fidelidad documental, sino por el placer de recrear una época y por la voluntad de contextualizar. Así pasa que determinados detalles no se corresponden con la realidad estricta sino que sirven para lanzar los necesarios y suficientes mensajes referenciales-culturales al lector.





Línea clara y detallismo

Finalmente, querría señalar una aspecto importante del estilo Giardino: la credibilidad gráfica y su repercusión en el lector. Se trata de su capacidad de hacer creíble, mediante técnicas narrativas gráficas, una ficción, de integrar realidad e irrealidad en una síntesis y de hacer que el lector la acepte naturalmente.

Para ello combina y equilibra dos elementos: la capacidad referencial de la documentación, a la que nos hemos referido anteriormente y el grafismo de línea clara.

Es un estilo emparentado con Hergé, en lo que se trata de capacidad de dotar a la caricatura de verismo, pero no con su potencial capacidad de generar asepsia emotiva. Pero además, los códigos que nuestro autor introduce en la narración aportan una capacidad crítica al lector, le motivan a interrogarse sobre lo que ha leído y sobre su trasfondo.

Todo ello revierte en una sugerente tensión en el mantenimiento del equilibrio entre el sentimiento de identificación y la capacidad crítica que su obra estimula en el lector. Esta situación nos aleja de la clásica adicción del lector a una iterativa propuesta narrativa, y en cambio puede provocar que éste
demande progresivamente aún mayor rigurosidad narrativa en el autor.

Álbumes de Giardino publicados en España

Max Friedman: Rapsodia Húngara, 1984. La puerta de Oriente. No pasarán, 2000 Norma Editorial.

Sam Pezzo: Shit city. Colección El Muro, 1991- Norma Editorial

Vacaciones Fatales 1990-1993. Norma Editorial

Little Ego,1989. Norma Editorial Jonás Fink, 1995-1997-1998. Norma Editorial


Notas

(1) Pienso en los pobres niños de entonces, que se quedaban a medias y debían esperar una semana para saber qué pasaba. Bueno, muchas veces yo también era de los que esperaba a ver que pasaba, porque como hacía tres o cuatro cuadernos a la vez, no tenía ni idea de por donde iba la cosa. O sea que el suspense también me afectaba a mí. Entrevista a Víctor Mora realizada por Antoni Guiral y Pepe Gálvez para el U número 16.

(2) Sus influencias literarias confesas y explícitas son a nivel general: En primer lugar Graham Greene, luego Le Carré, Ambler y Conrad . Sobre la historia de la guerra civil española: Hugh Thomas Orwell, Koestler, Malraux, Neruda, Machado, Hemingway. Las influencias historietísticas también reconocidas son el Pato Donald de Carl Barks, Mickey Mouse de Goodfreson, Hugo Pratt, Moebius y Muñoz y Sampayo.

(3) En la entrevista que Thierry Groensteen le realizó en el número 71 de Cahiers de la bande dessinée, Giardino realiza respecto a esta historieta unas reflexiones llenas de actualidad: Los que organizan la entrada clandestina de los eritreos son considerados como criminales. Pero desde un cierto punto de vista puede que sean menos criminales que los Estados que rehusan dejar entrar a los extranjeros.

(4) Shit City fue dibujada entre Rapsodia húngara y la Puerta de Oriente, por lo que en realidad pertenece a un grado de mayor madurez creativa de Giardino.

(5) Apareció en el número 26 -Julio de 1984- de la revista Cairo. Y en el artículo que la presentaba Ignacio Vidal recogía una frase de Giardino, significativa de su modestia y responsabilidad creativa: Rapsodia está llena de errores, pero en muchas cosas me parece genial. No logro comprender cómo pude meter en ella tantas ideas. En ese sentido es magnífica.

(6) Las primeras páginas, en las que se narra el exterminio de la red de espionaje francesa Rapsodia en Budapest, a manos de agentes del servicio de espionaje nazi, son deslumbrantes y en el momento en que se dibujaron estaban por la inteligencia y nivel cultural del guión y por su virtuosismo gráfico, a años luz de lo que se estaba creando en el campo de la historieta en cualquier lugar de Europa. Ignacio Vidal-Folch y Ramón de España en El Canon de los Comics.

(7) Antes de dibujar La puerta de Oriente, yo había comenzado otra aventura de Friedman cuyo inicio se situaría en Suiza y en Navidad y cuya acción se trasladaría rápidamente a España, en plena guerra civil. He dibujado algunas páginas y acabado de escribir el guión, pero finalmente he abandonado la historia al darme cuenta de que habría sido demasiado larga
Entrevista realizada por Thierry Groensteen en Cahiers de la Bande Dessinée número 71.

(8) La guerra de España fue el primer enfrentamiento sangriento entre lo que nosotros llamamos la derecha y la izquierda.
Entrevista realizada por Thierry Groensteen


Publicado en la revista Dentro de la Viñeta nº15, año 2001, editada por Dude Comics

sábado, 29 de julio de 2017

Toda la rabia de un dibujo


La imagen, ya saben, vale más que mil palabras. Y así podemos argumentar que los dibujantes e ilustradores han contado más historias que muchos escritores.

Desde Antiguo se narra con imágenes. Me gusta, particularmente, la Nueva York de finales del siglo XIX, cuando la ciudad se convertía, por la inmigración global, en una de las ciudades más cosmopolitas del mundo, y en ese Babel de lenguas, fueron los humoristas gráficos, a través de la prensa, quienes consiguieron narrar las historias de la ciudad, poner rostro a los políticos que buscaban los votos de quienes llegaban y explicarles las acciones los legisladores (normalmente acciones delictivas).

Normalmente la dificultad es encontrar una gran capacidad de abstracción y síntesis. No andamos sobrados de espacio, y a día de hoy, arrancar una sonrisa, o incluso enarcar una ceja, hacernos parar un segundo requiere sangre y sudor.

Y a pesar de todos los contratiempos, negaciones y apuros económicos, ilustradores, dibujantes y gentes de mal vivir, continúan luchando. Y no es una expresión metafórica, literalmente, luchan. La simbología del dibujo, la expresión gráfica y lo que suele representar ha sido atacada regular y constantemente junto a cualquier otra forma de libertad de expresión. Y eso es algo impresionante.

Tampoco hace falta una radicalización total, también es una lucha el espacio en los medios, espacio vital para contar, narrar, mostrar. Es curioso como la existencia de una red global que permite verlo todo ha restringido muchos otros medios. La constante falta de escrúpulos, a la hora de apropiarse de ideas o simplemente negarse a pagar un trabajo (también hay que comer).

Tan solo es la rabia de un dibujo.