miércoles, 9 de enero de 2013

PARIS Caleidoscopio Infinito

Esplendorosa y miserable, escenario de revoluciones y guerras, icono del amor y la moda, protagonista de la literatura y el cine: siglo y medio de fotografías en la capital francesa.


Toulouse-lautrec, en 1894, en el burdel que frecuentaba en la Rué des Moulins. 


 Una imagen de París tomada alrededor de 1865. Al fondo, el Pont Neuf, y en la orilla derecha del río, casas de baños y establecimientos de lavandería. 


 Una de las fotografías emblemáticas sobre el amor y París, 'Los amantes de la Bastilla', de 1957.




 La ocupación. En Agosto de 1944, los parisienses unidos, sin distinción de clases, para liberar su ciudad de la ocupación nazi.

Fotografía de Maurice Guibert/ Léon et Lévy/ Willy Ronis/ René Zuber




Una gaviota despistada -las barcazas la han traído- sobrevuela la Place Dauphine. Estalla la tarde de un día cualquiera, amenaza aguanieve desde el color panza de burro del cielo, bajo el pájaro círculos concéntricos de un aire gris y helado se desmoronan sobre una cabeza, por ejemplo, la nuestra, apoyada en las tablas de un banco: un runrún lejano de bocinas y un concierto cercano de hojas, las de los castaños de la plaza, mezclan sus pentagramas salvajes para distraernos, distraernos de lo esencial: el paso urgente de las mamas con niños, el deambular sin porqués ni dóndes de un paseante despreocupado, el patrón de Chez Paul fumando un pitillo mientras los tardones apuren sus aguardientes. Place Dauphine, en París, una tarde cualquiera...
Es uno de esos lugares recónditos incrustados en el centro de la gran ciudad, un islote de paz dentro de una isla, He de la Cité, la almendra medieval de la eterna Lutecia, germen de París. El triángulo es perfecto: a partir de la imponente mole del Palacio de Justicia se van alineando y ce-



 Simbolo de la ciudad. El ingeniero Gustave Eiffel y su colaborador Adolphe Salles, en 1889, en lo alto de la Torre Eiffel, diseñada para la Exposición Universal.



 Las catacumbas de París en 1861: en estas antiguas canteras se depositaban miles de huesos retirados de los cementerios.


 Celebración del 14 de julio en 1928.


 Le Monocle, un cabaré femenino en el bulevar Edgar-Quinet.



 El pintor y sus amigos. Pablo Picasso , en 1944, junto a sus amigos. La imagen está tomada en el estudio del artista, en la Rue des Grands-Augustins.


rrando en el punto de fuga las mansiones burguesas de techos infinitos, los diminutos cafés donde abuelas sacadas de un libro de Colette juegan a las cartas delante de un chocolate caliente, los árboles, los bancos, los adoquines, la gente, los perros, la vida, todo. A la vuelta de la esquina, Yves Montand y Simone Signoret vivieron, bebieron y se amaron como fieras en su entresuelo del Quai des Orfévres (esa calle-muelle inmortalizada por Simenon en su novela y por Henri-Georges Clouzot en su película), que asoma la nariz a los muelles del Sena y que, por la noche, engalana sus fachadas con las luces de los bateaux mouches atestados de turistas.
si A LA ESCENA se le pusiera como banda sonora las notas agridulces de Le temps des cerises (El tiempo de las cerezas), por ejemplo, en la voz del propio Montand, o de Charles Trenet, o de Juliette Greco, o de cualquiera de aquellos pobres diablos de la Comuna que en 1871 creyeron poder subvertir el orden natural de las cosas (poder, dinero, tiranía) antes de ser masacrados... todo resultaría casi inhumanamente perfecto. Mejor apartemos la música: tanta perfección puede matar de felicidad.
Prisionero de nostalgias y amores o de aventuras y frustraciones, y sobre todo de ese enésimo sorbo de calvados o de licor de pera, el viajero podrá sentirse tentado de saltar al muelle, robar una gabarra y navegar en sentido contrario, río arriba, hasta pasar bajo las gárgolas insomnes de Notre Dame y plantarse en las rampas de piedra que van a dar a la segunda isla, íle Saint-Louis, refugio de escritores, artistas, músicos, cineastas... En una guía de París de reciente publicación podía leerse algo así como que no había edificios históricos especialmente interesantes en la isla. Eso es algo así como despachar de un ignorante plumazo todo el catálogo de palacetes y palacios, de mansiones, de mansardas y portales con entrada de carruajes, el estudio en el que Camille Claudel esculpió, amó a Rodin y se volvió loca de celos, la espalda de la catedral de Notre Dame...
En la isla de Saint-Louis (uno de los lugares más embriagadores y, por tanto, más exclusivos y, por tanto, más caros de la ciudad), pero sobre todo en el vecino barrio del Marais, están las casas de los ricos aristócratas que, en los días anteriores y posteriores a la toma de la Bastilla -sangriento, heroico y excesivo 1789-, tuvieron que salir zumbando para evitar que la cuchilla de Monsieur Guillotin cercenara sus ilustres cabezas. Pero París y sus hijos están acostumbrados al jaleo: los hunos entraron en la ciudad a sangre y fuego en el año 451; los vikingos llegaron por el Sena en el siglo IX; en 1789, los revolucionarios más hartos de tiranía y más ávidos de sangre real también disfrutaron bastante con el derramamiento de hemoglobina, sustituyendo los excesos del poder por los de aquel que persigue el poder (qué tema tan moderno); la Comuna resistió mientras pudo y como pudo el cruel asalto de las fuerzas al servicio de la tiranía, que acabaron matando a más de 25.000 personas en la semana sangrienta de mayo de 1871; casi un siglo después, los díscolos bisnietos y tataranietos de aquellos parisienses ocuparon la calle al grito -tan romántico y, ay, pelín impostor- de "¡bajo los adoquines, la playa!"; y antes, los habitantes de París (no todos, no siempre, el periodo de la ocupación ha generado muchas dudas, y en este punto resulta tan imprescindible como placentero leer a escritores como Patrick Modiano e Irene Némirovsky) resistieron al invasor alemán, al que plantaron cara en las barricadas. ..


UNA CIUDAD CAPAZ de las más embriagadoras ensoñaciones románticas y de las más salvajes escenas de guerra urbana. Una ciudad que ama. Una ciudad que vive. Una ciudad que sufre. Una ciudad que resiste...
Zola, Balzac, Perec, Céline, Víctor Hugo, Julio Cortázar... son otros de los bardos que mejor y con más conocimiento escribieron sobre esta ciudad imposible, gris, poética, hostil y deseable como una cortesana que esconde sus encantos tras un biombo de cristal. El viaje al final déla noche, la novela publicada en 1932 por el colaboracionista filonazi y genio literario llamado Louis-Ferdinand Destouches (Céline), padre del inolvidable Bardamu, uno de los antihéroes más gloriosos de la historia de la literatura, resume ese crisol que el amante fiel de París guarda en el baúl de sus recuerdos: las calles, las plazas, los puentes, la tristeza, la sinrazón de la guerra, la soberbia, la penuria... todo está ahí, toda la vida pululando por las páginas de un libro que arranca en esa Place de Clichy del París más canalla, donde las putas y los borrachos se cuentan -se contaban- sus mentiras y sus verdades... mucho antes de que Pigalle se viera salpicado de civilización y bares ultracool, en lo que supone un intenso aunque vano intento de borrar los difuminados viejos tiempos de perdición. Los tiempos del Moulin Rouge, La Goulue y el contrahecho Toulouse-Lautrec saludando a las meretrices de la noche.

OTRAS VISIONES, MAS ALUCINANTES, maravillosas, son las que nos brindan Cortázar en su inmortal Rayuelo, o Georges Perec en la muy recomendable La vida, instrucciones de uso. El cine de Clouzot, de Carné, de Truffaut, de Godard, de Bresson... las fotos de Atget, de Doisneau, de Cartier-Bresson, de Capa, de Nadar, de Daguerre... y ahora las mil y una fotos incluidas en lo que podría llamarse ya el libro definitivo de París en imágenes: París, retrato de una ciudad, editado por Taschen, un catálogo de pasiones, resumen de una ciudad y sus hijos pródigos y díscolos. La vida diletante en los viejos cafés literarios y sus temibles / irrepetibles camareros vestidos de blanco y negro, los pobres en las calles llenas de barro y los ricos en sus tronos de oro, Gustave Eiffel encaramado al vértigo de una torre que no se acababa nunca, Montmartre y Montparnasse como grutas del arte y de la literatura, los jardines, los teatros, los cines, el Sena -todo cabe en esta inmensa recopilación del spleen de París hecha libro.
Cae el telón: subir a la azotea del Centro Pompidou, las manos en el bolsillo, un día de primavera a las siete de la tarde, y mirar a ningún sitio, que en París es como mirar a todas partes, dejar a los ojos que deambulen con pereza por los tejados, las cúpulas, las avenidas, las colmas, el río, el cielo, la Torre Eiffel... y luego cerrarlos para inventarse su propio París, un lugar que sigue haciéndose cada día y cada noche, a golpe de sensaciones, en la cabeza y en el alma prisionera de sus peregrinos.
O no. También están los raros de la vida que sostienen que París no es para tanto. Ellos sabrán. •
'París, retrato de una ciudad' está editado por Jean Claude Gautrandy publicado por Taschen.




 Zapato y Torre Eiffel, en 1974.



 En Cours de Vincennes, celebración, el 11 de
noviembre de 1968, del 50° aniversario del armisticio
entre Alemania y Francia.


La Brasserie Lip, en 1969.


El Pais Semanal nº1846 12 de Febrero de 2012



martes, 8 de enero de 2013

Buscando al Yeti entre los talibanes

"Solo para gigantes", la historia del explorador Jordi Magraner contada

por Gabi Martínez, se traslada al cómic y Agustí Villaronga la llevará al cine

MAURICIO VICENT Madrid 28 DIC 2012

Ilustración del comic Solo para gigantes, de Gabi Martinez y Jordi Magraner en el libro de Alfaguara

Hasta hace algunos años, cada mes de diciembre, religiosamente, el premio Nobel Gabriel García Márquez se encerraba con un grupo de alumnos en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (La Habana) y durante cinco días impartía un singular taller de guion de título Cómo se cuenta un cuento.En ocasiones la semana se pasaba entre risas e ideas delirantes, sin salir de allí un esbozo de escaleta ni proyecto de película alguna, pero siempre Gabo dejaba como lección a sus interlocutores que poco importaban los géneros y formatos; ficción de cine, documental, novela, periodismo literario, serie televisiva, pieza teatral, cómic o cuento breve, era lo mismo, lo importante era tener una buena historia que contar y encontrar el modo de narrarla lo mejor posible.

El Laboratorio del Prado


 Atribuciones espectaculares, descubrimientos históricos, muestras que marcan época. ¿Qué hay tras las últimas y sensacionales noticias llegadas del Museo del Prado? Viajamos a sus entrañas para descubrir a los protagonistas de una revolución científica. Así trabajan los restauradores y conservadores que convierten la pinacoteca en referencia mundial de la investigación artística.
Por IKER SEISDEDOS. Fotografía de SOFÍA MORO

lunes, 7 de enero de 2013

Un Escaparate



 Adi granov, Steve Ditko, Howard Chaykin, Jack Kirby, Neal Adams, Dave Sim, Ben Temples, Frank Miller, Frank Frazetta, John Byrne, Gil Kane, Dave Stevens, René Follet, Michael Allred, Ryan Sook, Frank Brunner, Charles Vess, Will Eisner, Berni Wrightson, Jim Steranko, Herge, Stan Sakai, Jean-Claude Mezieres, SanJulian, John Buscema, Mark Schultz, John Romita, Carl Barks.

Un trovador anarquista en viñetas


La biografía en cómic de Georges Brassens desmitifica a una de las leyendas de la ‘chanson’
Su autor, Joann Sfar, ha vendido más de un millón de tebeos en Francia
BORJA HERMOSO Madrid 3 ENE 2013





Uno de los dibujos de Joann Sfar para 'Brassens. La libertad'. / FULGENCIO PIMENTEL EDITOR

Escondía el genio callado tras su bigote, su guitarra, su pipa y sus gatos, siempre, a poder ser, alejado de los focos, entre sombras de bambalina, dejándose llevar mar adentro, como mecido por un ritmo con sabor a espuma y sal, el de las olas recurrentes de la playa de Sète, donde nació en 1921 y donde pidió ser enterrado (Supplique pour être enterré à la plage de Sète), para él siempre pareció fácil lo que para tantos es imposible —derrochar sabiduría casi sin querer, en vez de aspirar a hacerlo y no poder—, rumiando la evidencia cruel de tener que ser músico al no poder ser novelista ni cineasta, se llamó Georges Brassens, enamoró a una generación y sostuvo, junto a gente como Ferré, Moustaki, Gainsbourg, Brel y Juliette Gréco los pilares de la chanson en su vertiente mítica: la de los cantantes inmortales, irrepetibles, maravillosas flores de ruina.

Frente a la interminable ristra de lo dicho y escrito/gama pompa y circunstancia acerca de Brassens y su fauna, a menudo por firmantes que no lo conocieron o lo hicieron muy de lejos, el ilustrador y escritor francés Joann Sfar (Niza, 1971) quiso desmitificar al autor de himnos al amor y a la acracia tales como La mauvaise réputation, Les copains d’ abord o Penélope. Lo hizo a lo grande: comisariando la gigantesca exposición que la Ciudad de la Música de París dedicó el año pasado a Brassens. Sfar montó la muestra y diseñó el catálogo: un extraordinario tebeo de 120 páginas que, bajo el título Brassens. La libertad, llega ahora a las librerías en su versión española (Fulgencio Pimentel Editor).

Afable y aparentemente tímido pese a ser una estrella del cómic francés y europeo (solo de su obra El gato del rabino vendió 800.000 álbumes y hace tiempo superó de forma global el millón de tebeos, además de haber ganado dos premios César del cine francés, uno de ellos por su película Gainsbourg. Vida heroica), Joann Sfar recibe en el piso de arriba del Café de Flore, eterno reducto chic en Saint-Germain-des-Prés. En las mismas mesas donde Sartre y Simone de Beauvoir solían escribir cada mañana, Sfar despliega sus rotuladores, lápices, plumillas y cuadernos y explica la génesis de su aventura con Brassens: “De estudiante, mi padre fue pianista en bares, cafés, restaurantes y burdeles de Argel, y su cantante favorito era Brassens; de hecho, le conoció en persona, y eso, de alguna forma, se quedó en la leyenda familiar”.

Cuando terminó la película sobre Gainsbourg, los responsables de la Ciudad de la Música de París le propusieron hacerse cargo de la exposición sobre la vida de Brassens. Lo que acabó por decidir a Sfar fue la cantidad —y la calidad— de los documentos sobre la vida privada del cantante a los que tuvo acceso. “En su mayoría eran documentos inéditos, que nadie había visto. Al contrario de lo que ocurre con cantantes franceses como Yves Montand, Gainsbourg, Moustaki e incluso Claude François, Brassens no había sido objeto de una abundante literatura, de hecho no había prácticamente nada… pero porque nadie se había interesado por ello. Ocurrió que sus descendientes me abrieron todos los archivos; ahí estaba la vida entera de Brassens, metida en maletas, sin abrir, sin clasificar”.


Fue Clementine Déroudille, nieta del fotógrafo Robert Doisneau, amigo personal del cantante, una de las personas que más colaboró con Joann Sfar en la búsqueda de pistas sobre la vida del trovador de Sète. Fue ella quien le abrió una enorme maleta en la que Sfar encontró tesoros impensables: por ejemplo, hasta 40 textos de canciones inéditas, cuadernillos con textos autobiográficos donde Brassens contaba su vida, una especie de diccionario donde comentaba todos los aspectos de la vida que se le pasaban por la cabeza, películas domésticas…

Joann Sfar erigió su personal edificio brassensiano a su manera y de forma anárquica. “Decidí hacerlo sin un orden cronológico, de forma que la gente pudiera recorrer su vida con total libertad, sin ataduras… mi principal intención al hacer su retrato era demostrar que era a la vez un provocador nato y un tipo entrañable, alguien que podía meterse con la religión y con la política sin ser malo… demostrar que la gente que cree que todos los anarquistas ponen bombas, se equivoca, que no todos los revolucionarios son temibles. Él era anarquista, pero no ponía bombas. Su pensamiento libertario no era peligroso para nadie”.


Sfar está convencido de que, junto al evidente carácter de carga de profundidad que subyace bajo muchos textos de Brassens, su vocación de Pepito Grillo justiciero contra el poderoso y su innegociable aspiración a un mundo mejor, su personalidad estaba entreverada por una mezcla de melancolía y carácter infantil, casi por ciertos retazos de ingenuidad en pantalón corto, por una ausencia de esos filtros que suelen actuar para, en algún momento concreto de la vida, transformar a los deliciosos aunque temibles locos bajitos en gente seria y respetable, y aburrida.





El ilustrador, cineasta y editor francés Joann Sfar, en una de sus ocupaciones predilectas: la pintura. / KOBAL
El autor de Le gorille no tuvo una adolescencia fácil (llegó a ser detenido por pequeños robos en Sète), tampoco, aunque pareciera lo contrario, una madurez fácil (fue pobre de solemnidad hasta que vio que sus canciones podían ser máquinas de hacer dinero). Y así lo pinta Sfar en esta biografía en viñetas. “Una de las cosas que más me llamó la atención de esos cuadernos autobiográficos fue cómo hablaba Brassens de la pobreza; cuando hablaba de aquel piso en el callejón Florimont con gatos, pájaros y patos… la forma en que incluso en medio de la pobreza, cuando apenas tenía un limón para comer, rechazaba trabajos que no le gustaban… porque Brassens decidió muy tarde ser cantante, él lo que quería ser era novelista, poeta o guionista de cine”.
En opinión del ilustrador, escritor, cineasta y editor (coordina una líneas de cómics en la prestigiosa editorial Gallimard) Joann Sfar, Georges Brassens es material perfecto para hablar de eso tan indefinible de lo francés: “Yo soy muy crítico con mi país, pero lo quiero mucho; y con mis tebeos y mis libros trato de ofrecer a los más jóvenes buenas razones para amar este país. Pues Brassens me parece una gran razón para amar Francia, alguien que encarna perfectamente las contradicciones francesas”. Sin embargo, el padre de Petit Vampire está convencido de que la cultura francesa atraviesa un mal momento, porque, sostiene, “está perdiendo sus señas de identidad por culpa de quienes solo defienden la cultura francesa, en francés y para los franceses, en lugar de ponerla al servicio de una política cultural europea fuerte”.

Brassens. La libertad incluye textos de Patricia Godes, Juan de Pablos, Dildo de Congost y Vicente Fabuel. Este rescata en el suyo las palabras de Gabriel García Márquez sobre la única noche de su vida que vio en directo a Brassens, en el Olympia de París: “Era un oso tierno, con los ojos más tristes que he visto nunca y un instinto poético que no se detenía ante nada. Era imposible saber si llorábamos por la belleza de sus canciones o por la compasión que nos suscitaba la soledad de aquel hombre hecho para otros mundos y otro tiempo”.



El Pais 03 de enero de 2013



Educado y tajante ‘no’ del mundo del tebeo a los premios oficiales



Jan, creador de Superlópez, rechaza la Medalla al Mérito en Bellas Artes, y el francés Jacques Tardi, la Legión de Honor
GREGORIO BELINCHÓN Madrid 3 ENE 2013 
Jan, en el Salón del Cómic de Barcelona en 2002. / SUSANNA SÁENZ

El asunto ha pasado bastante inadvertido entre las despedidas de un año y las bienvenidas al siguiente, pero dos comiqueros —sin ponerse de acuerdo, obviamente— se han levantado en pie de guerra contra el establishment justo cuando los sacrosantos guardianes oficiales de la cultura empezaban a igualar a los autores de tebeos con el resto de los artistas.

El pasado 28 de diciembre, el Consejo de Ministros concedió las medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes a un puñado de creadores, entre ellos Juan López, Jan (Toral de los Vados, León, 1939), creador sobre todo, o ante todo, de Superlópez. El lunes 31, a media mañana, Jan envió este comunicado: “Quiero expresar mi agradecimiento ante las muchas felicitaciones que me han llegado y, también, disculparme por haber provocado tantas expectativas entre colegas y amigos, y sobre todo, entre mis paisanos de Toral. Hubiera preferido que me lo preguntaran primero, pero ante las circunstancias sociales y políticas actuales no puedo, por ética personal, aceptar la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes que, según he sabido por la prensa, me concede el Ministerio de Cultura de España, de lo que todavía estoy esperando una confirmación oficial para actuar en consecuencia. Siempre he intentado sentirme bien conmigo mismo, y para ello debo actuar lo más ceñido posible a mis convicciones. Saludos y un abrazo muy solidario para todos”.

Este periódico ha intentado infructuosamente ponerse en contacto con Jan para que explicara esas “circunstancias sociales y políticas actuales”. Jan, autor de Superlópez —su creación más conocida, pero no la única—, otro de los dibujantes nacidos en Ediciones Bruguera, y que en los últimos tiempos ha llevado al tebeo a Tadeo Jones —el personaje de Enrique Gato que ha protagonizado la tercera película más taquillera en España en 2012—, ha recibido otros galardones como el Gran Premio del Salón del Cómic de Barcelona, por su trayectoria profesional, en 2002.

Reproducción del libro 'Fue la guerra de las trincheras (1914-1918)', del dibujante Jacques Tardi. / EL PAÍS

Cuando en el mundo del tebeo español se comentaba el comunicado de Jan, desde Francia llegaba una renuncia parecida. El primer día del año, el Gobierno francés hacía pública en el Journal Officiel la lista de los 681 posibles galardonados con la Legión de Honor. Ayer, uno de esos 681, el dibujante Jacques Tardi, uno de los santones del cómic europeo, rechazó la máxima distinción que se otorga en Francia, por no querer “recibir nada, ni del poder actual ni de ningún otro poder político cualquiera que este sea”. Tardi dejaba claro que para su decisión le daba igual el color del Gobierno. En caulquier caso, estar en la lista no significa recibir automáticamente la Legión de Honor. Según aclaró a la agencia Efe un portavoz de la Gran Cancillería de la Legión de Honor, para que la promoción sea realmente efectiva es preciso ser condecorado por una personalidad que ya haya sido galardonada antes con esta distinción y la única persona que puede organizar y costear dicha ceremonia es el interesado. Así que el decreto solo entra en vigor “a partir de la fecha de la recepción en su grado” y puede haber “múltiples razones”. Tardi se ha centrado sobre todo en la I Guerra Mundial, con obras como Fue la guerra de las trincheras (1914-1918) o ¡Puta guerra!. Su último álbum es Moi René Tardi, prisonnier de guerre au Stalag II B, en la que explora la vida de su padre, militar de carrera que dejó el Ejército tras los horrores de la II Guerra Mundial.


El Pais 03 de enero de 2013

domingo, 6 de enero de 2013

Metalocalipsis

Metalocalipsis es una comedia de animación nacida para poner patas arriba todos los tópicos del heavy metal, exagerando sus actitudes, estética y elementos típicos a través de un humor socarrón y cierta tendencia al gore más sangriento. Si en los 80 fue This Is Spinal Tab y en los 90 Beavis & Butt-Head, ahora es el momento de Metalocalipsis. El momento de Dethklok.




Visten tangas de piel de leopardo, beben como cosacos y dejan los locales empantanados de sangre tras sus conciertos. Son Dethklok, la banda de metal más importante de la historia del heavy. Tan poderosa, que ha llegado a convertirse en la duodécima potencia económica del planeta (por encima de países como Bélgica). Representan todo aquello que hay de insano, de excesivo, de pervertido y al fin y al cabo de divertido en el mundo del rock y eso les ha convertido en leyendas vivas. Al contrario que muchos otros grupos Dethklok odian a sus fans. En cambio ellos serían capaces de vender sus almas a Satán con tal de poder tocar las greñas de sus ídolos. Tan asombroso fenómeno ha llamado la atención de El Consejo, un misterioso grupo formado por algunos de los hombres más poderosos e influyentes del planeta, que se reúnen en cada episodio para conspirar contra la banda e impedir que se cumpla una legendaria profecía apocalíptica de Sumeria que señalaría a Dethklok como responsables del fin del mundo.
¿Tienen los heavys sentido del humor? Porque encontrar dos heavys en Estados Unidos no es muy difícil, pero encontrar dos heavys con capacidad para reírse de sí mismos y talento para la comedia... ahí se complica la cosa.

Los personajes en los que se basan

Brendon Small y Tommy Blacha son los (ir)responsables que han hecho de los cuernos, las chupas de cuero y las melenas al viento la base de su mayor éxito hasta la fecha. El primero, Small, es un viejo conocido: suya es la serie de animación Home Movies, emitida en España por Cartoon Network y basada en sus peripecias adolescentes; el segundo, Blacha, ha sido guionista de monumentos al gamberrismo televisivo como Ali G, Saturday Night Live o Late Nite With Conan O’Brien y, ojo al dato, productor de varios programas de la World Wrestling Federation. Juntos han dado a luz este artefacto infernal que es Metalocalipsis, una de las series más brutales vistas en la pequeña pantalla (con permiso de todos esos espacios de lucha libre que el propio Blacha solía producir).


La música tiene un papel esencial en Metalocalipsis. En cada episodio se presenta, como mínimo, un nuevo tema (con su respectivo videoclip) compuesto casi siempre por el inquieto showman de ascendencia vikinga, Brendon Small. La culminación de esta experiencia fue The Dethalbum, primer disco de Dethklok que fue lanzado el 25 de septiembre de 2007, vendiendo 33.741 copias en una sola semana y convirtiéndose en el álbum de death metal más exitoso de todos los tiempos. Además, fue descargado 45.000 veces tras subirse al sitio AOL Music durante la semana en que se lanzó.



The Dethalbum consistía en una recopilación de canciones de la serie y nuevos temas creados para la ocasión. Al lanzamiento del disco siguió una mini gira en la que una banda con Brendon Small al frente, Gene Hoglan (Dark Angel, Death) a la batería, Bryan Beller a la guitarra (Steve Bai), y Mike Keneally (Frank Zappa) a la guitarra rítmica tocaban en penumbra ante una pantalla gigante donde se proyectaban imágenes de los dibujos animados al más puro estilo Gorillaz. Sobra decir que la gira fue un éxito y se colgaron los carteles de “No hay entradas” en todos los puntos de venta.


                                                      Gene Hoglan


                                            Bryan Beller

                                                  Mike Keneally
El éxito de Dethklok es sólo una prueba más de que la música de esta serie triunfa entre los aficionados al metal más cañero y desmitificador. Entre sus mayores logros está el haber incluido una canción inédita en la banda sonora de SAW III ("Hatredcopter") y uno de sus mayores hits en el videojuego Guitar Hero II (“Thunderhorse”).


Pero la presencia de la música en Metalocalipsis no se limita a la banda sonora. Los cameos de pesos pesados de la escena heavy se prodigan en la serie: Warrel Dane, Jeff Loomis y Steve Smyth de Nevermore, Michael Amott y Angela Gossow de Arch Enemy, George Fisher de Cannibal Corpse, Marty Friedman de Megadeth, o los mismísimos James Hetfield y Kirk Hammett de Metallica. Todo el mundo que tiene algo que decir en el mundo del heavy quiere estar en Metalocalipsis.

El elenco


  • Al micrófono, Nathan Explosion, un bárbaro con el cuerpo de Conan, la voz de un vocalista de black metal y el cerebro de una lombriz.
  • Al bajo, William Murderface. Si no se hubiera metido en el negocio de la música ahora sería asesino en serie.
  • A la batería, Pickles, la prueba viviente de que se puede ser calvo y heavy al mismo tiempo. También es un poco idiota, pero ésa es otra historia...
  • A la guitarra, Skwisgaar Skwigelf, un sueco del tamaño de un árbol y el ego de una montaña. Considerado por muchos como el guitarrista más rápido en la faz de la tierra (aunque no sepa leer música).
  • A la segunda guitarra, Toki Wartooth, el segundo guitarrista más rápido del planeta. Imagínense un koala adoptado por una manada de lobos. Pues ésa es la situación exacta de Toki en Dethklok.

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