viernes, 4 de mayo de 2018

Superlopez cumple 45 años


El peculiar héroe dibujado por Jan cumple 45 años, se encuentra a punto de llegar al cine por primera vez y roza los 80 álbumes con una nueva historieta pegada a la actualidad

ÁLVARO PONS
Valencia 2 MAY 2018


'Nuevas aventuras de Mambrù', el próximo álbum de Superlópez.

Resulta difícil imaginarse al estirado Superman interpretado por Henry Cavill saliendo de casa, a medio peinar y medio dormido, para tomarse un café con leche y un cruasán en el bar o, lo más habitual, pedirlo en la ventanilla de las taquillas del metro si el sueño aprieta. Pero para el dibujante Jan, un superhéroe a la española debe compartir esa castiza imagen de las mañanas de tantos conciudadanos de la piel de toro. Así que, rozando ya los 80 álbumes, Superlópez se levanta de nuevo: Nuevas aventuras de Mambrú trata de un atentado yihadista, un asunto, el reclutamiento de jóvenes para esta causa, que ya abordó en Mambrú se fue a la guerra.

Como para la mayoría de los españolitos de a pie, las cosas nunca fueron fáciles para Superlópez, que nacía en 1973 como un encargo para la colección Humor del siglo XX, una serie en la que diferentes dibujantes crearían parodias de grandes iconos cinematográficos como Franciscostein, Tarzanilo o King Tongo. Chistes de apenas cuatro o cinco viñetas donde un señor con mostachito, más próximo a José Luis López Vázquez que a Christopher Reeve, soñaba con vivir las hazañas del poderoso kryptoniano y donde el leonés Juan López Fernández (Toral de los Vados, 1939) apenas podía mostrar la calidad de su trazo y su inventiva. Se había formado como dibujante en la Cuba paterna, adonde llegó en 1959 tras el éxito de la revolución castrista para incorporarse a varias revistas infantiles, pero sobre todo en la renovada animación cubana.

Tras volver a España y pasar por varias editoriales, la creación de Superlópez quedaba entonces como una anécdota, retomada en 1974 para intentar fichar por la todopoderosa Bruguera, que le compró el personaje, pero le obligó a aceptar guiones ajenos a regañadientes. Después de colaborar con escritores como Conti, Ribera o Francisco Pérez Navarro, apenas un año después Jan se negaba a seguir dibujando el personaje, decepcionado por los resultados. Comenzaba entonces un largo deambular, que le llevaría de los cuentos infantiles troquelados a adaptar al cómic series de animación famosas como Heidi o Marco, pero también historietas comprometidas para la revista Butifarra o el álbum Nosotros los catalanes, donde se podía vislumbrar su buen ojo para la sátira de actualidad. Finalmente, el cambio de dirección de Bruguera le dio una nueva oportunidad a Superlópez en 1979, aprovechando el reciente estreno de la versión cinematográfica de Superman de Richard Donner, pero esta vez desde el respeto a su libertad creativa. Se acompañó del guionista Francisco Pérez Navarro, Efepé, buen conocedor del género de superhéroes y que supo crear una parodia casi perfecta ya desde su primera historia, donde narra el periplo de un bebé bigotudo alienígena que llega desde el extinto planeta Chitón a la Tierra. Ya crecidito, Superlópez tiene que ganarse las lentejas con su personalidad secreta de Juan López, oficinista anónimo y algo mediocre, que comparte penurias con su amigo Jaime y su novia y compañera, Luisa Lanas.

Con estos mimbres, Jan y Efepé firmaron varias historias que pronto ganaron el favor del público, aunque el verdadero éxito de Superlópez llegaría con las historietas de El supergrupo, donde los autores cruzarían al icono de la DC Cómics con los Vengadores de la Marvel, en una herejía suprema que se convertiría en la parodia ideal. Las historias de Superlópez, el capitán Hispania, El bruto, La chica increíble, Latas y el Mago fueron un bombazo que lanzarían al personaje al Olimpo comiquero, rivalizando en popularidad con los mismísimos Mortadelo y Filemón.


Superlópez, dibujado en 1973.

Pero Jan buscaba mucho más para su personaje que ser una mera parodia: tras el éxito, decide seguir en solitario con la serie, abandonando a los compañeros marvelianos para explorar su propio camino, que le permitirían expresar su lectura de la actualidad y sus ideas. Siempre atento a la realidad y buscando un mensaje social comprometido, Jan ha hecho feroces críticas de las dictaduras tras el 23-F (Los cabecicubos, 1982); ha denunciado la exportación de residuos al tercer mundo (El castillo de arena, 1992), el desastre del Prestige (Monster Chapapote, 2003) o los desahucios indiscriminados (El gran desahuciador, 2013). Criticó el mundo de Hollywood (La gran superproducción, 1982), avanzó el impacto de Internet (Los cibernautas, 1997) y supo también reírse del futuro éxito de la telerrealidad (El dios del bit, 2001), pero nunca ha escondido su pasión por la ciencia y el rechazo de las supersticiones (La caja de Pandora, 1983). Ha sabido adaptar a clásicos de la literatura a su particular universo, desde Tolkien (El señor de los chupetes, 1980) a Asimov (Tú, robot…, 2008) pasando por Borges (La biblioteca inexistente, 2009) y hacer que su personaje viaje por medio mundo real o imaginado, mostrando una titánica labor de documentación en su trabajo gráfico y una calidad que le ha valido ser uno de los dibujantes más admirados y copiados. Y aunque el éxito le obligara a explotar a sus personajes creando a los supergemelos Jolín y Jolina (eso sí, hijos naturales de una aventura amorosa de Superlópez), no ha renunciado nunca a su compromiso y convicciones, que le llevaron a rechazar la Medalla de Oro al mérito en Bellas Artes.

Los personajes pintan ya canas, pero la labor de Jan mantiene el mismo espíritu, logrando que la Parchelona de sus aventuras refleje una realidad más cercana al lector que la que dan los titulares de los periódicos.



EL MEJOR SUPERLÓPEZ

Dani Rovira, en la película.

Una de las discusiones más enconadas entre los fans de Superlópez es la que intenta definir cuál ha sido la mejor de las aventuras del personaje. Aunque el autor siempre ha indicado que su historia preferida es La caja de Pandora, los fans se dividen entre títulos como Los cabecicubos, La gran superproducción o, sobre todo, El supergrupo, que recientemente volvió a las librerías en dos nuevas aventuras firmadas por Pérez Navarro y Jan, que tuvieron éxito suficiente como para dar lugar a un intento de nueva colección, con dibujos de Nacho Fernández.

Pero quizás todos estos debates desaparezcan con el paso a la gran pantalla del personaje, que tras cuatro décadas de espera e intentos baldíos es ya una realidad. Bajo la dirección de Javier Ruiz Caldera, el actor Dani Rovira dará vida al personaje en una película que se estrenará a finales de año, y cuyas primeras imágenes se han viralizado rápidamente en las redes sociales.


El Pais

lunes, 30 de abril de 2018

Historia de la Iglesia Siglo II por Gallardo





STAR Nº 46 Abril de 1979

Flash Gordon por Mac Raboy




Flash Gordon, un jugador de rugby estadounidense, y su novia, Dale Arden, son conducidos por el Profesor Zarkov, excéntrico científico, hasta el planeta Mongo, donde tendrán que luchar contra el emperador Ming, sanguinario dictador que pretende conquistar la Tierra gracias a sus avances tecnológicos. Para vencer al tirano. Flash Gordon y sus amigos deberán aliarse con los pueblos oprimidos de Mongo.

Inspirado en las inquietudes interespaciales y la ciencia ficción de la época, el dibujante Alex Raymond (1909-1956) creó en 1954 el que durante años sería el héroe norteamericano más popular. Heredero de las novelas de aventuras en escenarios exóticos y de las leyendas de caballería y espadachines. Flash Gordon es concebido como una divertida space opera de ambientación futurista, que prima la aventura romántica, los viajes y batallas espaciales y la fantasía de monstruos e híbridos entre especies. Interpretado por múltiples guionistas y dibujantes, entre los que destaca Mac Raboy, Flash Gordon ha influido en todos los historietistas posteriores y es considerado un auténtico clásico del cómic.


El Pais 2005

domingo, 29 de abril de 2018

Asterix el galo por R. Goscinny y A. Uderzo




Nos encontramos en el año 50 antes de Jesucristo, toda la Galia ha sido ocupada por las tropas romanas de Julio César. Excepto una pequeña aldea: la del guerrero galo Astérix. Astuto, inteligente y testarudo, Astérix se resiste, junto a toda su aldea, a la invasión imperialista. Valor y tozudez no les falta. Pero, además, poseen un secreto: la poción mágica que prepara el venerable druida Panorámix aporta a sus habitantes una fuerza sobrehumana. Con Astérix y sus amigos, no lo van a tener tan fácil esos romanos.

Astérix el galo, primera aventura de este personaje que se convirtió en icono de la historieta europea, apareció por vez primera en 1959, publicado por la revista francesa Pilote. Creado por Albert Uderzo y Rene (roscinny, Astérix ha sido desde entonces el cómic más vendido en el mundo. Con él llegaban también los imprescindibles personajes de Obélix, Abraracúrcix, Panorámix e Ideaf ix. Antihéroe del tebeo y símbolo de la resistencia, Astérix conjuga la precisión histórica con un agudo y satírico humor, por lo que ha sido traducido a todos los idiomas, incluido el latín, en el que se expresan sus enemigos.


El Pais 2005


viernes, 27 de abril de 2018

La vida entera en un tebeo

Emmanuel Guibert publica en 'Martha y Alan' un viaje a la California de los años treinta y, a la vez, un retrato de la memoria y la existencia

GUILLERMO ALTARES

París 19 ABR 2018


Una plancha de 'Matha y Alan', de Emmanuel Guibert

Dos personas se conocen por la calle, por casualidad, preguntando una dirección y de aquel fugaz encuentro ha surgido una de las más interesantes sagas de cómic de la actualidad, la serie de Alan, del francés Emmanuel Guibert, de la que Salamandra Graphics acaba de publicar el tercer tomo, Martha y Alan. Son tebeos que no cuentan nada en particular, que se pueden leer por separado y en desorden, pero que a la vez lo cuentan todo: tratan de captar la vida, de la misma forma que pudo hacerlo BoyHood, la película de Richard Linklater que retrata la historia de una familia estadounidense. En este caso, Alan Ingram Cope, el protagonista, vivió la Segunda Guerra Mundial, lo que le aporta aventuras al primer tomo, La guerra de Alan, aunque los otros son igualmente apasionantes pese a que se limitan a relatar su vida en California en los años anteriores y posteriores a la Gran Depresión.

"Conocí a Alan en la isla de Ré, por la calle, preguntando una dirección y luego la vida nos dio la oportunidad de encontrarnos otras dos veces por casualidad en muy poco tiempo", explica Emmanuel Guibert. "Nos dijimos que encontrarnos tres veces así por azar no es normal y decidimos ser amigos. Y entonces tomé la decisión de contar su historia". Guibert (París, 1964) es uno de los autores de cómic más imprevisibles y reconocidos del panorama actual. Ha recibido numerosos premios, entre otros en el Festival de Angulema, pero sobre todo mantiene muchos lectores fieles que se preguntan qué es lo próximo que les va a ofrecer, porque se trata de un dibujante que siempre sorprende.

Es autor de El fotógrafo, un tebeo que mezcla los dibujos de línea clara con fotos en blanco y negro para contar la historia de un reportero, Didier Lefèvre, en Afganistán durante la guerra con los soviéticos, y de Un viaje entre gitanos, una obra realizada con una técnica similar, pero que esta vez relata el trabajo de otro periodista, Alain Keler, con los romaníes en Europa del Este. Pero también tiene obras para niños, como la serie Sardina del espacio, realizada a medias con Joann Sfar, con el que también ha coescrito tebeos históricos como Las olivas negras.


Plancha de 'Martha y Alan', de Emmanuel Guibert,

La serie de Alan no se parece a ninguno de ellos, ni en los dibujos ni en la narración. Martha y Alan (traducido por Julia Osuna Aguilar) relata un amor de juventud del protagonista y también como los personajes volvieron a tomar contacto muchos años después, tras haberse perdido la pista. Y construye la historia con dibujos a veces muy precisos, basados en un gran trabajo de documentación, pero que tienen siempre algo difuminado, tal vez por la niebla que nos rodea cuando miramos al pasado. La serie se basa en las entrevistas de Guibert a Alan, que falleció a los 74 años cuando todavía no se había publicado el primer tomo. Por ahora, todo lo publicado se basa en los recuerdos, surgidos de la prodigiosa memoria del estadounidense.

"Martha y Alan narra una pequeña historia de amor", asegura Guibert en París. "Los amigos que dejamos de ver, las personas que perdemos en el camino sin saber muy por qué son historias que muchas veces no nos planteamos a nosotros mismos porque las consideramos naturales... La vida es así, nos ha separado. Cuando no se trata de tragedias, pensamos que la vida es así y tenemos tendencia a no hablar de ello. Todos esos hechos pequeños fueron el tema de nuestras conversaciones, era lo que me gustaba de él. Me hablaba con detalle de lo que la mayoría de la gente calla. Considero que todo eso es el substrato de la vida. Creo que sabía captar el fondo de sus existencia". Lo impresionante es que no hay nada anodino en el relato: sus tebeos enganchan como si se tratase de un relato de aventuras porque, tal vez, no hay mayor aventura que la vida misma.

Dibujados con técnicas diferentes, una de las cosas que une a los tres tomos, aparte del propio Alan, son los árboles, una obsesión que comparten el autor y el protagonista de su historia. "Es una de las primeras cosas de las que hablamos cuando nos conocimos. Teníamos una querencia común por los árboles. Dibujé muchos para él, cuando estaba vivo y se los enviaba. Y desde que ha muerto me encanta dibujarlo rodeado de árboles porque sé que es algo que le gustaría. Me fascinan los árboles porque exhiben toda su biografía, las ramas perdidas, las malas decisiones que tomó. Alan decía que el hombre no es más que un episodio en la historia de la vegetación".

La entrevista tuvo lugar en una vieja imprenta parisina, Idem, que lleva operativa desde el siglo XIX. Guibert quería controlar su último proyecto: unas litografías numeradas que serán distribuidas por la pequeña editorial MEL Publisher, cuyo propietario es el empresario Michel-Eduard Leclerc, el dueño de la cadena de supermercados que llevan su apellido y un apasionado de los tebeos. La litografía muestra, naturalmente, un árbol. Pero, haga lo que haga, Guibert seguirá contando la vida de Alan, continuará dibujando sus recuerdos, buceando en la memoria del amigo que conoció por casualidad en la calle y que supo contar una vida, todas las vidas.


Autor: Emmanuel Guibert

Editorial: Salamandra. (2018).

Formato: tapa blanda (120 páginas)


El Pais





miércoles, 25 de abril de 2018

La recuperación de una etapa

JAVIER FERNÁNDEZ

25 Abril, 2018



'Marvel saga. Daredevil, 15: El diablo en la galería D'. Ed Brubaker, Michael Lark. Panini. 168 páginas. 18 euros.

Terminada la recopilación en la colección Marvel Saga de la larguísima y fundamental etapa de Daredevil realizada por Brian Michael Bendis y Alex Maleev, comienza ahora la recuperación de otra etapa sobresaliente: la del guionista Ed Brubaker y el dibujante Michael Lark. El dúo se había ganado el respeto de la crítica con la excelente Gotham Central cuando se planteó la difícil tarea de continuar las aventuras del Hombre sin Miedo justo donde las había dejado Bendis (es decir, con el héroe encarcelado en la penitenciaría de Ryker). Brubaker y Lark siguieron explotando la mezcla de género negro y superhéroes que caracterizaba la serie y firmaron un trabajo frenético y elegante que superó las expectativas. El diablo en la galería D contiene el primer arco argumental completo, números 82 a 87 del volumen 2 de Daredevil, publicado originalmente en 2006.


Malaga Hoy

La fiesta del Hombre Araña

JAVIER FERNÁNDEZ

25 Abril, 2018



'Marvel Saga. El asombroso Spiderman, 23: Últimos pasos'. VVAA. Panini. 280 euros. 24 euros.

Últimos pasos ofrece varios alicientes para los lectores (un guión de Bendis por aquí, los dibujos de Javier Pulido por allá), pero ninguno tan sabroso como la multitudinaria fiesta que supuso la publicación del número 600 de la cabecera The Amazing Spider-Man. El espectáculo principal son las más de sesenta páginas escritas por Dan Slott y dibujadas por John Romita Jr. con tintas de Klaus Janson, que narran el enlace matrimonial entre la tía May y el padre de J. J. Jameson (con sorpresa final incluida), aunque los lectores veteranos se relamerán con la historieta corta Crisis de identidad, en la que Marcos Martín pone imágenes a un guión del mismísimo Stan Lee. Además del 600, van los números 601 a 605, todos de 2009.


Malaga Hoy




La era de las maravillas

JAVIER FERNÁNDEZ
25 Abril, 2018



'Marvels'. Kurt Busiek, Alex Ross. Panini. 360 páginas. 35 euros.

A mediados de los 90, los superhéroes llevaban ya casi una década lidiando con la deconstrucción del género, una moda de la que Batman: El regreso del Caballero Oscuro y Watchmen, como todo el mundo sabe, son los ejemplos por antonomasia. Además, se había impuesto recientemente un estilo visual de figuras exageradas y composiciones imposibles, que desdeñaban la narrativa tradicional y convertía a los tebeos casi en meras colecciones de estampas. Todd McFarlane o Jim Lee eran los adalides de esta nueva estética, y no por casualidad la empresa editorial que fundaron en 1992 se llamó Image. Tanta pesadez argumental y tanta (enmarañada) vacuidad plástica tenían por fuerza que generar una reacción, y es así que llegaron el desenfado y la pulcritud de los dibujos animados de Batman: La serie animada o la chispa pop del Madman de Mike Allred, por citar solo dos ejemplos del mismo 1992.

Alumbrado en 1994, puede que Marvels no fuese el primer golpetazo contra la mesa de novedades, aunque seguramente sí fue el más sonoro. La obra maestra de Kurt Busiek y Alex Ross ofreció una mirada nostálgica y esperanzadora al género de superhéroes, y supuso la constatación de que el sentido de la maravilla seguía intacto, debajo de todo el ruido. Lo hizo con tanta convicción, apoyándose en un guión sólido y emocionante y en unas ilustraciones hiperrealistas al servicio de un storytelling exquisito, que el mercado comenzó allí mismo a transformarse, en busca de su próximo paradigma. Marvels contempla detalladamente los primeros tiempos del universo Marvel con los ojos de un fotógrafo (de una persona cualquiera, de uno de nosotros) y nos devuelve, aumentado, el mayor espectáculo del mundo.

Este título imprescindible ha conocido diversas ediciones, pero ninguna tan completa y cuidada como la que acaba de lanzar Panini, de hermosa hechura y enriquecida con casi ciento cincuenta páginas de extras, con notas, comentarios, bocetos, artículos, ilustraciones promocionales y hasta una generosa galería de portadas de Ross.


Malaga Hoy

Jóvenes marginados

El primer 'spin-off' de 'La Patrulla-X' se lanzó en 1983 y recupera el motivo de la Escuela para Jóvenes Talentos del profesor Xavier


JAVIER FERNÁNDEZ
25 Abril, 2018




'Marvel Gold. Los nuevos mutantes, 1'. Chris Claremont, Bob McLeod. Panini. 656 páginas. 44,95 euros.

La Patrulla-X, que es como se conoce en España a los X-Men, fue creada por Stan Lee y Jack Kirby en 1963, durante la explosión creativa que dio origen al universo Marvel. Tal como indica Nicholas Holm en el libro Comics Through Time: "La Patrulla-X supone el primer tratamiento narrativo seriado de la mutación en los cómics, no solo como tema, sino también seguramente como un género en sí mismo. (…) La Patrulla-X cuenta las aventuras de un grupo de mutantes adolescentes uniformados que luchan contra enemigos malvados (mutantes y no mutantes por igual), bajo el tutelaje de su mentor, el profesor Charles Xavier". El supergrupo "se distinguía de otros equipos de superhéroes por la juventud de sus miembros y porque estos vivían juntos en una suerte de internado, tanto en sus identidades superheroicas como civiles". Aun siendo sugestiva, la idea no terminó de cuajar. A finales de la década, la serie estuvo a punto de ser cancelada y sobrevivió durante el siguiente lustro a base de reediciones de material atrasado.

Todo cambió en 1975, cuando Len Wein y Dave Cockrum remodelaron el concepto en el proverbial primer número de la (brevísima) cabecera Giant-Size X-Men, con el episodio significativamente titulado Segunda génesis. La nueva Patrulla-X ya no estaba compuesta por timoratos adolescentes, sino por un grupo multirracial de mutantes internacionales: el nativo americano Ave de Trueno, el ruso Coloso, el canadiense Lobezno, el alemán Rondador Nocturno y la africana Tormenta se ponían a las órdenes de Cíclope, único personaje de la formación original que se mantuvo, de inicio, al pie del cañón. Wein cedió muy pronto el testigo al guionista Chris Claremont, y el resto es historia. Colaborando con artistas tan renombrados como John Byrne, Bill Sienkiewicz, Alan Davis, Barry Windsor-Smith o Jim Lee, Claremont convirtió a los mutantes en la franquicia más exitosa de Marvel, con ventas estratosféricas y un sinfín de spin-offs.

El primero de ellos, Los Nuevos Mutantes, se lanzó en 1983, después de haberse testado en la novela gráfica homónima de 1982. Aquí, Claremont creó un segundo grupo de mutantes adolescentes, recuperando el motivo de la Escuela para Jóvenes Talentos del profesor Xavier que lo había iniciado todo veinte años atrás. Dice Henry Andrews en el citado Comics Through Time: "A lo largo de la serie, Los Nuevos Mutantes exploró los temas del abandono y la búsqueda de un lugar en el mundo, de rebeldías y rivalidades propias de la pubertad, así como de las enormes responsabilidades que, como mutantes, soportan los personajes". El volumen de la colección Marvel Gold titulado Tercera génesis recoge la novela gráfica seminal, los primeros diecisiete episodios de The New Mutants y algunas aventuras de sus protagonistas en cabeceras como Marvel Team-Up, The Uncanny X-Men, así como la miniserie Magik y numerosos extras. Bob McLeod y Sal Buscema dibujan la mayoría de las páginas, pero hay sitio también para deleitarse con el trabajo de estilistas de la talla de Frank Miller o John Buscema.

3 firmadomisterj.blogspot.com


Malaga Hoy

Movimientos Orgánicos Telúricos

Nacho Moreno y Alfonso Azpiri crearon a 'Mot' y recrearon un mundo de fantasía para homenajear a la cultura popular y especialmente al cine. Del cómic saltó a la animación.


GERARDO MACÍAS
25 Abril, 2018



'Mot nº 1'. Guión: Nacho Moreno. Dibujos: Alfonso Azpiri. Planeta DeAgostini Cómics, 2008.

En la oscuridad, en el fondo del ropero del pequeño Leo, brillan unos ojos. Un monstruo se esconde en su interior: se llama Mot, es gigantesco y voraz, pero también muy simpático y comodón, prefiere los bocadillos a los niños y tiene una habilidad especial para atravesar puertas interdimensionales que los llevarán a las aventuras más increíbles.


A pesar de sus reticencias, y de no terminar de entender el peculiar sentido del humor de Mot, el joven Leo lo acompaña en diversos viajes por mundos plagados de peligros y personajes pintorescos. Movimientos orgánicos telúricos, ese es el significado de las siglas tras las que se encuentra uno de los monstruos más famosos del cómic español, que vio la luz el 10 de abril de 1988 en el suplemento de prensa infantil El Pequeño País, donde, durante cuatro años, los guiones de Nacho Moreno y los dibujos de Alfonso Azpiri se fueron publicando y creciendo en popularidad. Al ser concebidas para su publicación en el semanario, estas aventuras están estructuradas en entregas de dos en dos páginas pero, aun así, no pecan de falta de ritmo al ser leídos de un tirón.


Enorme y panzudo, con pinta de reptil con cuernos, tragón y con sorprendente facilidad para abrir puertas interdimensionales a distintos mundos repletos de magia y aventuras; arrastrar a Leo, el joven adolescente que acaba siempre evitando su cita con el psicólogo y el manicomio, por mil y un problemas; y destrozar todo a su paso, ya sea por su estilo torpón o debido a sus ganas de pelea.

Seis fueron los álbumes originales realizados por Alfonso Azpiri y Nacho Moreno. Se encuentran recopiladas en este primer álbum las tres aventuras tituladas Mot, El coleccionista y El castillo maldito.

Guionista y dibujante dan rienda suelta a su mundo de fantasía -trolls, magos, princesas, robots, indios, piratas, casas encantadas, etc-, al tiempo que rinden homenaje a la cultura popular y al cine en especial.

Aunque Mot está dirigido principalmente al público infantil, de diez años de edad más o menos, un lector adulto también puede encontrar detalles interesantes.

Los autores combinan el dinamismo de las aventuras con el carisma del protagonista para crear una obra que se lee con soltura y una sonrisa cómplice.

El álbum incluye una introducción de Luis Alberto de Cuenca, y doce páginas de extras: ilustraciones diversas sobre Mot, y un story-board de la serie de animación del personaje.

Del álbum que recopiló en su día los inicios de la serie se vendieron 150.000 ejemplares. La jugada de El País fue un acierto, y rápidamente otras editoriales sintieron la influencia de la pequeña revista para poner en liza publicaciones de similares, dirigidas igualmente a un público infantil.

Tuvieron cabida en El Pequeño País Astérix el Galo, Lucky Luke y Los Pitufos, entre otros personajes que amenizaron los domingos de niños y niñas. El éxito de Mot hizo que en 1988 se incrementase el número de páginas del suplemento infantil.

Mot fue uno de los personajes más populares de Azpiri, junto con Lorna. También fue publicado en Francia por la editorial Soleil. Debido al éxito, L'Studio-Canal Plus International se interesa por el personaje y creó en 1995 una serie de animación de veintiséis capítulos de treinta minutos de duración cada uno, que se emitió en varios países como Estados Unidos, Australia y España.

Alfonso Azpiri no tuvo control sobre la teleserie y aunque tuvo bastante éxito, poco tiene que ver con la idea original del ilustrador madrileño, la criatura está menos trabajada estéticamente y es de un color púrpura que se desmarca del monstruo anaranjado y llamativo de Azpiri.

Azpiri es un dibujante que crea una obra de arte en cada página de cada cómic. A su magistral uso del color, hay que sumar la caracterización y dinamismo de los personajes y los detallados escenarios. En cuanto a la labor de Nacho Moreno, el guionista, cabe destacar su buena mano para los diálogos, con frases llenas de humor.

El madrileño Alfonso Azpiri Mejía (Madrid, 17 de enero de 1947-18 de agosto de 2017) fue historietista, pero exploró también el campo de la ilustración, produciendo doscientas carátulas para videojuegos y programas de ordenador de varias compañías de software españolas.


Malaga Hoy


Sólo para sus ojos

Llega a las librerías, de la mano de Dibbuks, uno de los cómics más esperados de los últimos tiempos: 'Goya. Lo sublime terrible'




JOSÉ LUIS VIDAL
25 Abril, 2018






Y es que la expectación, he de confesarlo, era total. Han sido dos largos, larguísimos años de gestación de una obra que al final tenemos ante nuestros ojos para disfrutarla. Pero no ha sido fácil para sus creadores, el guionista malagueño El Torres y Fran Galán, dibujante sevillano, que se embarcaron en esta obra que no es un cómic histórico, ni uno de terror como el que nos tiene acostumbrados su escritor. Es otra cosa, un híbrido, una impresionante mezcla que, una vez consumida, pese al regusto amargo que paladearemos en algunos momentos, nos satisface completamente. Para ambos ha supuesto un reto terrible, pero finalmente… sublime.

La historia comienza en nuestra ciudad, Cádiz, con un Francisco de Goya yaciente entre las sudorosas sábanas de una cama en la que intenta recuperarse de unas fiebres. Entre pesadilla y pesadilla le confiesa a Sebastián Martín lo que le ocurre, el pesar que lo sume en el más absoluto de los terrores. Un recuerdo que nos llevará, en una primera escala, a la soleada Valencia, donde el pintor, dedicado entonces a los retratos de la alta alcurnia, viaja junto a su sufrida esposa, Pepa.

Será allí, durante una noche regada por el vino, en la que Goya y su amigo, también artista, Asensi Juliá, traspasen por primera vez ese velo que separa nuestra realidad de otra mucho más oscura. Goya será reclutado por la fuerzas de las sombras, el Mal más puro lo quiere entre sus filas y hará lo que sea para que acepte la forzada invitación…

Comienza ahí un periplo, un viaje en el tiempo en el que el protagonista huirá de la persecución de estos seres, brujas, monstruos deformes y el diabólico alter ego de su, hasta ahora, amigo Juliá: Zaragoza, Madrid… Los escenarios irán cambiando, pero el Mal sigue ahí, acechando para regresar en el momento más inoportuno. Mientras, Goya, admirado por aristócratas, se codea con los mejorcito de la sociedad española del momento.

Pero ésta no es solo su historia, ya que es también la de María Teresa, Duquesa de Alba. Una mujer fuerte, rebelde, de grandes ojos (unos rasgos robados a la bella actriz Eva Green, como los autores confiesan en los extras del volumen) y que desafió a las convenciones sociales, teniendo que pagar un alto precio por ello. Ella, y solo ella, comprenderá totalmente los padecimientos de su amigo el pintor, con el que comparte el dolor de conocer lo que se esconde en las sombras, esas tropas malditas que extendiendo su pútrida mano, lograr hacer que el dolor y el sufrimiento se instalen en el corazón de sus perseguidos.

Así pasarán los años, en una eterna lucha contra lo macabro, exponiendo ante sus ojos, ya en soledad, lo terrible de la realidad, la violencia, injusticia, la sangre que rodeaba a un Goya anciano que, curado de espanto, logra encontrar una solución para aplacar su temor: La eternidad del lienzo.

El resultado está, sigue estando, en sus pinturas negras…

No puedo negar mi predilección por la obra de El Torres, un guionista que desde siempre ha apostado por el género para narrar sus historias, convirtiéndose, a mi parecer, en uno de los grandes de la viñeta en nuestro país. Golpe a golpe ha ido afianzándose, logrando cada vez una legión de lectores que siguen su obra, ya sea dentro de los límites del terror más absoluto (El velo, El bosque de los suicidas, Roman Ritual, o la multipremiada Camisa de fuerza) o los de la parodia más desopilante (Nancy in Hell, Bribones), pasando por puntos de inflexión como fue la magnífica El fantasma de Gaudí que junto a Jesús Alonso Iglesias, lo colocó en el candelero, haciendo que un cómic ocupara todas las cabeceras de periódicos.

Y aquí, con este Goya. Lo sublime terrible vuelve a demostrar que no es necesario situar la acción en tierras yanquis ni niponas para narrar una buena historia de terror que, además, puede suponer para el lector interesado un magnífico punto de inicio si desea saber más sobre los protagonistas y el marco histórico en el que se narra el argumento. Una obra ésta que ya se sitúa, por méritos propios, entre las mejores de los últimos años. El cómic patrio vive, sí, una dorada época, creativamente hablando. Aquí tenéis la prueba.

Pero claro, qué sería de una buena historia sin un gran dibujante que la plasme. Y Fran Galán lo es, robándole horas al sueño y a un trabajo administrativo de lo más gris, el sevillano nos traslada a la luz, y sombras, de una época ya lejana, deteniéndose con el cuidado de un orfebre en los más mínimos detalles (hay viñetas con las que extasiarse durante un buen rato) pero sin dejar que el preciosismo arrebate expresividad a sus personajes, tanto los que viven a este lado como los del otro, monstruos sacados de un eterno aquelarre de los que Galán se ha apropiado para hacerlos suyos durante este tour de force artístico que dura nada más y nada menos que ciento doce magníficas páginas.

Ojalá que el esfuerzo haya valido la pena y este cómic, porque lo merece, ocupe el lugar más alto entre los más vendidos y, por supuesto, que figure en todas las quinielas de premios nacionales dedicados al noveno arte.


Malaga Hoy

domingo, 22 de abril de 2018

Muerto al llegar por Xavi Roca y Pacual Ferry




El Jueves Nº 632 Julio 1989

La más combativa (y brillante) de las parejas de Marvel

Kelly Sue DeConnick y Matt Fraction son autores de una personalísima obra y propietarios de una visión muy particular del género

LAURA FERNÁNDEZ
Barcelona 16 ABR 2018

Matt Fraction y Kelly Sue DeConnick en Barcelona. M. MINOCRI

Kelly Sue DeConnick y Matt Fraction son autores de una personalísima obra que contribuye al fin del maniqueísmo superheroico, y no sólo eso: él se ha llevado un Eisner por su última creación (Sex Criminals) y ella es la creadora la mitológico bizarra Bella Muerte (Pretty Deadly) y la galáctico carcelaria feminista Bitch Planet. Estos días andan de paso por el 36 Salón Internacional del Cómic de Barcelona.

Desde hace poco comparten habitación, y él se pone cascos para no tener que escuchar la música clásica que ella necesita para trabajar, y ella cree que la de los cascos debería ser ella desde que él se ha comprado un teclado que imita el sonido – y hasta el aspecto – de una vieja Underwood. “Antes escribíamos por separado, pero nos mudamos y empezamos a compartir despacho. Nos sentamos incluso a la misma mesa”, dice ella. Ella es Kelly Sue DeConnick (Ohio, 1970), la responsable de la demoledora Bitch Planet, suerte de soap space opera, una distopía futurista en la que la Tierra está gobernada por el Protectorado, un patriarcado cristiano capitalista (radical) en el que la vida de las mujeres deben aceptar el lugar que les ha tocado en la sociedad, el de florero (así lo designa el Consejo de Padres), y si no lo hacen, serán consideradas NC (No Conformes) y enviadas al Puesto de Obediencia Auxiliar, al Planeta de las ZorrasBitch Planet–, esto es, un planeta cárcel. Pero no sólo eso. DeConnick también firmó la primera Capitana Marvel decididamente feminista, y si Juan Antonio Bayona pudo dirigir parte de una serie llamada Bella Muerte fue porque ella tuvo un día la idea de que eso fueran un puñado de cómics.

“No sé, tengo la sensación de que siempre hablamos de lo mismo. Todos tenemos tres o cuatro temas a los que les damos vueltas una y otra vez. No importa la forma que tomen esos temas, son siempre los mismos. Nuestras obsesiones”, dice. A su lado, Matt Fraction, nombre propio en el universo Marvel – le dio la vuelta a Ojo de Halcón, haciéndolo, también, mujer; se hizo grande con Uncanny X-Men (Patrulla X, en España), y los radiantes FF–, y fuera de él –sus Sex Criminals, serie de viajes en el tiempo, en realidad, de atrapados en el tiempo – hay parejas que, cuando lo hacen, detienen, literalmente, el mundo, y, claro, pueden robar bancos y ese tipo de cosas mientras el tiempo no pasa –ha sido merecedora de un Eisner, asiente. “Tú, por ejemplo”, le dice Kelly Sue, “sobre todo hablas de amor”. “Y tú del papel secundario que se le otorga a la mujer y de cómo se rebela contra eso y se vuelve protagonista. Hablas del abuso, pero también de su condición de musa, de la cosificación de la mujer”, dice Matt.


Viñeta de 'Sex Criminals', guionizado por Matt Fraction y dibujado por Chip Zdarsky.

Se conocen bien. Podría decirse que son la pareja de moda de Marvel si no hubiera un puñado de otras parejas de moda en Marvel, y si lo suyo fuese cosa de hace no demasiado. Pero en realidad llevan juntos mucho tiempo. Tienen dos hijos (uno de diez años, “súper sensible”, la otra, de siete, “una tipa dura”, dicen). También tiene un perro, un gato y un camaleón. A su paso por Barcelona – son uno de los principales atractivos del 36 Salón Internacional del Cómic que se celebra hasta el domingo en la capital catalana – hablan de cómo empezó todo, del poder de la viñeta hoy en día – “el cómic es política”, asevera DeConnick –, de la diferencia entre trabajar para una major o para una minor, y hasta de cómo, todo lo que hacen, no está nunca exento de lo que viven – “mi hijo Henry me dio el inicio de Bella muerte contándome una pesadilla que tuvo”, confiesa Kelly –. ¿Lo último que puede leerse en español de cada uno? En el caso de Matt, Sex Criminals, y en el de DeConnick, Bitch Planet (ambas en Astiberri).

PREGUNTA.- Uno no llega a guionista de cómics de casualidad. ¿Cuándo empezó el amor de cada uno por la viñeta?

MATT FRACTION.- En mi caso, la verdad es que, desde que tengo uso de razón, me recuerdo dibujando cómics. Desde los seis o siete años. ¿Recordáis las impresoras de papel continuo? Teníamos una en casa, y yo utilizaba el papel, con aquellos agujeritos que tenía por los costados, para hacer mis cómics. Los dibujaba y luego con un hilo, los cosía, para que tuviesen forma de libreto. Luego se los prestaba a la gente. Supera eso, Kelly.

KELLY SUE DECONNICK.- Uhm. Mi historia es mejor. Crecí en Bases de las Fuerzas Aéreas, así que es como si hubiera vivido hace 900 años, en una época en la que no había televisión, en realidad, sí, pero sólo teníamos un canal que pudiéramos ver y digamos que no era muy fan de la programación infantil, así que básicamente mi entretenimiento eran los cómics. ¿Por qué? Porque los soldados eran muy jóvenes y todos eran fans de los superhéroes y los sábados se organizaba un mercadillo improvisado en el que vendían los que ya habían leído o los intercambiaban por otros. Yo ahorraba toda mi paga para comprarme cómics, y no hacía otra cosa que leerlos. No me preguntaba entonces qué ocurría con la perspectiva de género en ese tipo de cómics, sólo era una lectora voraz.

P.- Hablando de la perspectiva de género, tanto el uno como el otro habéis intentado acabar con los convencionalismos en el cómic, algo de vital importancia en el momento que estamos viviendo y teniendo en cuenta lo influyentes que son los cómics en tanto que literatura popular, ¿creéis que los niños y las niñas del futuro serán un poco más libres de lo que fuimos nosotros gracias a eso?

M. F.- Yo espero que jamás lleguen a plantearse si el mundo fue alguna vez de otra manera. Es decir, que vean normal que hombres y mujeres sean iguales, en todos los sentidos. Mis hijos y sus amigos son los suficientemente jóvenes como para no darse cuenta de lo extraordinario de Black Panther, y espero que no se den cuenta nunca.

K. S. D.- Yo entiendo a los humanos como células de un gran organismo, la humanidad, que se está enfrentando hoy en día a problemas muy serios que ponen en peligro a la especie entera, y no podemos permitirnos dejar que alguien que puede aportar algún tipo de solución, una solución brillante, por más extraña o contra todo que ésta nos parezca, quede al margen del sistema, porque le necesitamos. Necesitamos esas otras visiones de nuestro mundo, porque sólo nosotros podemos cambiarlo.

P.- En su caso, Bitch Planet es un gigantesco paso adelante en ese sentido.

K.S.D.- Bueno, Bitch Planet nació por mi deseo de trabajar con el dibujante Valentine De Landro. Estábamos esperando la oportunidad de poder trabajar juntos en un superhéroe, pero un día Valentine me llamó y me dijo: '¿Por qué no creamos algo nuevo? ¿Por qué tenemos que esperar a que aparezca otra Capitana Marvel? Y me dije que tenía razón. Eché un vistazo a mi libreta de ideas y le solté unas cuantas. Soy muy fan del cine exploitation, y a la vez del género cárceles de mujeres, y de todo lo que tiene que ver con la venganza, y sé que todo eso junto es, por decirlo suavemente, peligroso para una feminista como yo, pero no puedo evitar sentirme atraída por esos temas. Y queriendo luchar contra ellos se me ocurrió ese planeta cárcel. Creo que las ideas que te plantean problemas, que te generan dudas, son el terreno más fértil para la ficción.

P.- ¿Y es muy distinto trabajar para Marvel o para una indie, hasta qué punto puede uno ser él o ella misma en una gran editorial?

M. F.-  Cuando trabajas para Marvel tienes que ser consciente de que estás trabajando con símbolos, con personajes icónicos, con los que ciertos temas funcionan y otros no. Por ejemplo, el tema que quería tratar en Sex Criminals no hubiera funcionado en el universo Marvel en absoluto.

K.S.D..- Por otro lado, si niegas el potencial de la cultura popular estás negando el potencial del pueblo. Que quede claro: no todo lo que se publica en una gran editorial es basura ni todo lo que se publica en una pequeña, una obra maestra. Hay basura y obras maestras en unas y otras. En cualquier caso, yo no sé dejarme a un lado cuando escribo. Es decir, todo lo que hago tiene algo de mí, y no pienso renunciar a eso. Haga superhéroes o no los haga. Y creo que a todo el mundo le ha quedado claro, porque me llaman para proyectos en los que mi voz encaja a la perfección.

P.- ¿Qué otras cosas os fascinan más allá de los cómics? ¿De dónde vienen todas vuestras ideas?


M. F.- En mi caso, me fascinan los cómicos. Me encanta cuando un stand-up comedian te cuenta cómo construye sus monólogos. He leído un montón de libros al respecto. Y diría que mi libro favorito es Look, I Made a Hat, de Stephen Sondheim. Tengo la sensación de que la idea del ritmo de un cómico de escena es idéntica a la de un guionista de cómic. Sabes que las cosas deben ser así porque deben ser así. El ritmo interno es muy importante.

K.S.D. En mi caso, lo que pasa es que no pienso de forma visual, y no tengo por qué hacerlo, en realidad, así los dibujantes son mucho más libres. Yo escribo a la manera en que un actor analiza un guión. Porque me formé en el mundo del teatro, fui actriz, y escribo como lo haría un dramaturgo.

M. F.- En tu caso además es un muy evidente que todo lo que te fascina más allá de los cómics, acaba colándose en lo que sea que estés haciendo. Desde un dato estadístico hasta una historia que te hayan contado los niños.

K.S.D.- Sí. De hecho, una de las historias que da pie a Bella muerte partió de una pesadilla de nuestro hijo mayor (Henry). Creyó que había matado a un colibrí con una pistola de agua y se despertó llorando, y yo le hice entender el poder de las historias, de cómo podían llegar a hacernos sentir sin ser ciertas. Luego estuve investigando sobre el colibrí. Pesa poquísimo. Pesa tan poco que cuando llueve, físicamente, no tendría por qué poder volar. Pero redoblan sus fuerzas para volar. Me pareció tremendo. Cómo en los peores momentos, todos redoblamos nuestras fuerzas para salir adelante. Tomé eso como punto de partida para una de las historias de Bella muerte. Si lo pienso bien, en realidad, todo Bella muerte tiene mucho de nuestro hijo, mientras que Bitch Planet está completamente basada en el carácter de nuestra hija.


El Pais






sábado, 21 de abril de 2018

EL GRAN SALTO (THE HUDSUCKER PROXY) Por Xavi Roca + Pascual Ferry





El Jueves Nº 908 octubre 1994

FNAC Cómics Primavera 2014






Jaime Martín, dibujante, ilustrador y excelente contador de historias

Los guiones de Isabel Franc y los dibujos de Susana Martin crearon una magnífica "Alicia en el mundo real".

Así nos imaginamos siempre a Miquelanxo Prado, con un lápiz en la mano.

Son unas gozadas sus ilustraciones, y cada trabajo que hace lo reafirma. Premio Nacional del Comic con "Las Serpientes ciegas"

Polls y Sempere, entre los mejores autores y dibujantes de este país.

J.M. Martín Saurí forma parte de la historia de la ilustración española y también internacional. Puedes disfrutar de nuevo de una de sus espléndidas obras, La Odisea.

De los lápices de Jordi Lafebre han salido alguna de las páginas más deliciosas de la ilustración española.

Bié es otro de los historietistas salidos de la escuela Joso, pero no es solo eso, tambien es diseñador de moda, de animación o incluso de cerámica. Todo un artista, como los de antes.

Damián Campanario, educador social metido a guionista ha participado en libros como "Barcelona TM" o "Revolución Complex". En "Blechkoller" desarrolla un estupendo guión dibujado por Javier Hernández.

No se podía arrancar mejor con una obra y Javier Hernández lo ha hecho con "Blechkoller", con guión de Damián, que obtuvo el Pris VSD de la BD en Francia.

Aleix Saló

No dejes de leer a Homs si quieres disfrutar de uno de los mejores artistas de este pais.




jueves, 19 de abril de 2018

Dibujar en contra de uno mismo

El italiano Gipi firma ‘La tierra de los hijos’, un tebeo para el que se impuso 10 reglas que rompieran con su estilo habitual y sus obras anteriores

TOMMASO KOCH

Madrid 16 ABR 2018


Escenas de 'La tierra de los hijos'.

Encima de la mesa, había un intruso. Estaban los lápices, el borrador y todo lo que un dibujante necesite para crear un tebeo. Pero, entre tantos papeles aún en blanco, uno llevaba tiempo rellenado. Allí Gipi (Pisa, 1963) había redactado 10 reglas férreas, que mantuvo a su lado durante el desarrollo del cómic. El italiano se despojaba así de todas sus armas, que le valieron premios y aplausos, para sabotearse. “Nunca uses una voz narradora, ni toques los colores”, recuerda algunas. Y otra: “Cada vez que estés cansado, dibuja otra página”. Se pasó meses creando en contra de su propio estilo, de nueve de la mañana a nueve de la noche, deseando cada día deshacer aquel decálogo que terminó por respetar a rajatabla. El resultado son 288 páginas en blanco y negro tituladas La tierra de los hijos (Salamandra Graphic).

He aquí el relato de un padre y dos hijos condenados a sobrevivir y entenderse en un entorno primitivo, despiadado e inundado, donde un puñado de humanos fía su existencia al trueque, despelleja perros callejeros y huye del contacto mutuo casi como de la emotividad. “Amor” o “bien” son palabras que el padre ha prohibido a sus chicos, para que nunca añoren un mundo mejor que no llegaron a conocer; prefiere endurecerlos a gritos y palos -su método para salvarlos- mientras entrega a un cuaderno lo que de verdad habita su cabeza.

“Sobre las causas y los motivos que condujeron al fin habrían podido escribirse capítulos enteros en los libros de historia. Pero después del fin ya no se escribieron más libros”, alerta en su arranque La tierra de los hijos. Y los fans habituales también quedan avisados: en ese universo distópico, Gipi ambienta una obra que difícilmente reconocerán.

Maestro de la acuarela y la reflexión, el italiano suele pintar con tintes autobiográficos tebeos donde la intuición y las emociones dibujan la línea argumental. Los sentimientos permanecen, pero aquí manda una historia estructurada, con un comienzo, una evolución y un fin: “Lo considero mi mejor trabajo. A los otros les tengo cariño, pero ahora que noto tanta autobiografía me saca de quicio, porque no permite la libertad. Este libro no ha sido mi tradicional sesión de psicoterapia”. Coherente, en el fondo, con un creador que odia acomodarse y asegura “huir” en cuando percibe haberse asentado.

En su tabla rasa de tradiciones, sobrevivió apenas una rutina: dibujar con la radio encendida, siempre con el mismo programa. Así que, con La zanzara de fondo, en directo o en podcast, Gipi creó unas 35 páginas. Pero se bloqueó: “No sabía de qué trataba, quiénes eran, qué hacían”. Para descubrirlo, tuvo que viajar a las raíces mismas del proyecto. “Estoy muy viciado. Hago el trabajo que me gusta, cuando me apetece. Y soy el peor enemigo de mí mismo: me gustan los videojuegos, tocar la guitarra… Por razones de pereza, antes de volcarme un año y medio en algo, me hace falta comprender su corazón. No basta una infatuación por los personajes, necesito una exigencia mía más profunda. En este caso, la historia se centraba en el amor. Ya decía Truffaut que solo merece la pena hablar de eso y de la muerte”. Una vez detectado el núcleo de lo que pretende contar, para el italiano, lo demás va surgiendo: ambientación, diálogo o elecciones estéticas se rinden a la idea.

Su nueva vida también influyó. Gipi reconoce que en sus obras siempre buscaba que el lector le quisiera. Pero, desde la anterior, Unahistoria (Salamandra Graphic) -primer tebeo finalista al Strega, el premio literario más importante de Italia-, mucho ha cambiado. Se casó, dejó su Pisa natal por Roma y fichó a un joven asistente para ayudarle y sacudir sus equilibrios. Sus inseguridades permanecen, aunque ya no le importan tanto: “Me siento culpable por defecto. Pero, con 53 años, puedes dejar de mirar qué hay de malo en ti”.

Tal vez por eso se deshizo de más cadenas. A ratos La tierra de los hijos solo sugiere, y cada cual interpreta. “Odio las sobreexplicaciones, pero tiendo a simplificar la comprensión al público. Aunque no tengo valores en mi existencia, y el concepto en sí me asquea, la libertad total sí me apasiona. Esta vez quise dejársela a los lectores”. Superó así también los temores que le susurraban que la gente “no entendería una mierda” o le echaría en cara alguna elección de la trama.

Más insultos recibe el dibujante por su ocupación actual: cortometrajes de sátira política en la televisión italiana. “Se meten también con mi madre, de 98 años. Vete a entenderlo”, dice. Tiene entre manos un segundo filme “loco” ya terminado, a la espera del estreno, y hace dos años creó un juego de rol de cartas. ¿Y los cómics? “De momento nada. Tengo una historia, muy difícil. A ver si sale”. Suena justo a reto incómodo: demasiado tentador.

RELIGIÓN, REDES SOCIALES Y CINCO ESTRELLAS
La idea de La tierra de los hijos le surgió a Gipi, aunque le avergüenza admitirlo, de Gaia. Así se titula un minidocumental de Gianroberto Casaleggio, ideólogo fallecido del Movimiento Cinco Estrellas que es hoy el partido más votado de Italia. En el vídeo, el gurú preveía una tercera guerra mundial, dos décadas de regreso a las cuevas y el resurgimiento de una nueva sociedad basada en Internet. “Es una idiotez decir ‘dentro de 20 años, emergerá la Red’, como si hoy nos salvaran los faxes. Pero me dio pie a pensar en cómo sería la gente que saldría tras tanto tiempo en un búnker”, explica el dibujante. Entre otros, imaginó una banda de fieles enloquecidos, entregados a la religión del dios Wapo, los ‘me gusta’ y los vídeos de gatitos. “Las redes como propaganda del ego me resultan aterradoras. Me parece que la comunicación contemporánea se basa en gran parte en una emotividad de fachada: no hay participación real en los eventos, pero sí reacciones emocionales exageradas. Nos indignamos por unos niños muertos que luego no dejan huellas en nuestra vida; la gente ataca ferozmente al presunto autor de un crimen, durante dos horas. El sentimiento acaba por encima de la razón, es vomitivo”.


El Pais


Bill Sienkewicz: “Mi meta ha sido lograr un mayor respeto artístico para el tebeo”

Ka-Boom se sienta con el mítico ilustrador que creó 'Legión' para hablar del proceso creativo tras sus rompedoras viñetas

Doble página de 'Elektra assassin', obra maestra de Bill Sienkewicz.

ÁNGEL LUIS SUCASAS
Madrid 5 ABR 2018

Si hubiera que definir a Bill Sienkewicz (Blakely, Estados Unidos, 1958) con una palabra, la mejor probablemente sería inusual. Le sienta mejor que bizarro o extraño porque lo que hace no siempre es extraño. Pero sí es inusual. Contracorriente. Innovador, por más que esa voz haya perdido el respeto de aquel que ame las palabras.

Este legendario ilustrador del tebeo, que lleva décadas reinventándose con los guionistas más reputados de cada época y abordando cualquier tipo de historia, está últimamente en el candelero gracias a que un personaje de su invención, el hijo de Charles Xavier Legión, se ha hecho famoso en la tele. Pero la huella de Sienkewicz dura mucho más que un efímero clickbait. Su huella habla de la consolidación del tebeo como arte complejo y libre de ataduras, como vía de expresión genuina y plural, amiga de cualquier tipo de retorcimiento de sus supuestos preceptos o lugares comunes.

En la charla que mantuvo con Ka-Boom en la pasada Heroes Comic-Con de Madrid, Sienkewicz hizo un poco de Roy Batty. Brilló con enorme y fugaz intensidad durante la breve tertulia. El rastro luminoso de sus palabras y entusiasmo se encuentra bajo estas líneas.

Pregunta. ¿Cuál es el primer recuerdo que guarda de dibujar?

Respuesta. El primer recuerdo probablemente fuera el momento en el que me di cuenta de que lo que podía hacer era distinto a lo que otros niños podían hacer. Recuerdo mis primeros intentos en las paredes con el carmín de mi madre. Recuerdo también las ceras de colores. Recuerdo dibujar a los Beatles cuando tocaron en el programa de Ed Sullivan, en 1964. Recuerdo haberme fijado en que John Lennon se alzaba sobre sus piernas separadas. Aunque los dibujos no eran buenos, me recuerdo ya capturando detalles físicos de las posturas y gestos de las personas que retrataba. Pero eran dibujos para mis padres y para mí.


El artista Bill Sienkewicz.

Cuando fui a la guardería, dibujé un esquimal, lo que yo me imaginaba que era un esquimal. Figura completa, silueteando el anorak, las botas reforzadas. Lo hice con ceras de colores en un periódico usado. Todos mis amigos me preguntaron: “¿Cómo lo has hecho?”. Y yo les contesté: “¿Qué queréis decir? ¿Esto no lo hace cualquiera?”. Yo pensaba, honestamente, que todos los niños sabían dibujar como yo. Y tengo que admitir que al darme cuenta de que no era así, que tenía un don, me gustó la sensación [risas].

P. Cuando se tiene un talento natural, es muy difícil saber que es un talento, precisamente porque es natural.

R. Es eso. Es algo a lo que estás acostumbrado. Pero también como niño el ser el centro de atención, gusta. Incluso con cinco años, aunque no sabía por qué, me gustaba ser el centro de atención de los adultos y los otros chicos por lo que hacía con unas ceras. Los tebeos y el dibujar son una herramienta muy interesante de comunicación. Se saltan la barrera de cualquier lenguaje.

P. Como la música, es un lenguaje universal.

R. Absolutamente.

P. Viendo su trabajo… Me pasa como me pasa con Dalí, con Dave McKean, con Picasso… Me siento dentro de un sueño. ¿Son los sueños algo importante para sus visiones y para las técnicas tan extrañas con las que las plasma?

R. No sé si alguna vez he racionalizado por qué hago determinadas cosas en mi obra. Mayormente, es algo inefable. Como un ritmo improvisado de una jam de jazz. O como un sueño, como has dicho tú. Lo cierto es que la obra en sí me dice cómo quiere ser hecha. Por ejemplo, estoy trabajando en algo a color y de pronto es la obra la que dicta que tiene que ser en blanco y negro o que debería hacerla como collage.

Una página del segmento de 'The Sandman: Endless Nights' ilustrada por Bill Sienkewicz.

Hablando de mi trayectoria como dibujante de cómics, creo que lo marca un poco mi diferencia es lo influenciado que estaba por las bellas artes, el diseño gráfico e incluso la moda. Quise llevar todas esas influencias que me fascinaban a mis viñetas. Y hay otras cosas… Mi padre quería que tuviera un trabajo de verdad, así que me enseñó a cómo ejecutar instalaciones eléctricas. De hecho, llegué a trabajar como electricista en platós televisivos. Ese conocimiento de los circuitos eléctricos también lo integré en mi arte. En definitiva, mi objetivo, para el que me encontré cierta resistencia, era lograr un mayor respeto para el tebeo como medio de expresión y que, en consecuencia, su atractivo fuera más amplio y diverso, que el público fuera más diverso. Viendo cómo ese enfoque influyó en artistas como Dave [McKean], que luego se convirtió en un maestro de lo suyo. En fin, que me enorgullece mucho y que me reafirma en lo que creo sobre el cómic: que aguanta lo que quieras tirarle.

Así que, sí, volviendo a la pregunta, es un poco como crear entre sueños. Pero también volver a la academia, a estudiar a los maestros y a la vez estar al tanto de lo último en tecnología. Porque esto es como ser ducho en muchas lenguas. Cuantas más técnicas conozcas, más puedes mezclar. Así que hay una pizca de magia y una pizca de trabajo duro. Bueno, en realidad de trabajo duro hay mucho más que una pizca [risas]. Por ejemplo, yo estudié anatomía al nivel de un médico, como si estuviera haciendo una tesis sobre el tema. Ya he olvidado más nombres de lo que recuerdo, pero la imagen de cómo todos los tejidos humanos se interconectan, la conservo. Eso sí, cuando estás frente a la página en blanco, te tienes que olvidar de todo y seguir tu instinto sobre lo que se siente adecuado. Conectar con la gente a un nivel subconsciente.

P. Así que hay una fusión entre el conocimiento…

R. Y lo onírico… De hecho, me cuesta mucho analizar qué siento ante mi propio obra. Si veo la reacción del público, me encuentro con extremos. Gente que ama mi obra y gente que la odia. Pero creo que prefiero esas reacciones antes que la apatía. Porque la apatía la odio. Yo lo que creo es en la pasión.


P. Cuénteme algo de ese París que preparan usted y la escritora Kelly Sue DeCornick en Parisian white. ¿Qué abordaje estético piensa darle?

R. Pues eso es lo que estoy intentando descubrir. Me interesa muchísimo ese periodo, el parís de los años veinte. Fue un momento de florecimiento increíble de todas las artes. También estoy pensando mucho en el concepto de exageración. Creo que el tono va a ser más de cómic europeo que de americano. Aunque estemos en el París de los años 20, creo que va a ser mi París de los años 20. Habrá cosas documentadas y habrá fantasía. Además, los artistas de esa época, de los pintores a los escritores, eran todos soñadores. Creo que va a ser su propio mundo contenido, creo que es lo que me pide esta obra.


El Pais








CRISIS por Alberto Vázquez

Alberto Vázquez (A Coruña, 1980). Con las viñetas de este dibujante gallego, ganador del Premio Goya al mejor cortometraje de animación en 2012 por Birdboy, la adaptación cinematográfica de su cómic Psiconautas.








El Pais Semanal Nº 1.870 Domingo 29 de julio de 2012.


El escándalo Watergate

Englehart, Buscema y Robbins ofrecen la versión del Universo Marvel del caso que acabó con el mandato de Nixon en 'El Capitán América y El Halcón: La saga del imperio secreto'

GERARDO MACÍAS
18 Abril, 2018



'Marvel Gold. Capitán América y el Halcón nº 5: La saga del imperio secreto'. Guion: Steve Englehart y otros. Dibujos: Sal Buscema y otros. Panini Cómics, 2017.

El caso Watergate fue un escándalo político en Estados Unidos (1972-1975) a raíz de la revelación de actividades ilegales por parte de la Administración republicana del presidente Richard Nixon durante la campaña electoral de 1972. El escándalo comenzó con el arresto de cinco hombres que se habían colado en el Hotel Watergate en Washington, para espiar al Comité Nacional Demócrata. La implicación de la Administración de Nixon se hizo cada vez más evidente.

Marvel siempre ha tratado de retratar el mundo real en sus viñetas. Incluso en épocas en las que los cómics eran vistos como un mero producto infantil, han reflejado la situación política del momento. Un ejemplo son los héroes patrióticos surgidos en la Segunda Guerra Mundial, vistiendo la bandera norteamericana de pies a cabeza, como el Capitán América.

Durante la Navidad de 1972, Englehart comenzó a desarrollar una idea que planteaba que el Capitán América sería atacado por un cónclave de políticos corruptos, que aborrecen a su símbolo de libertad por el hecho de no estar bajo su control. El argumento tenía elementos basados en las teorías conspirativas, la corrupción política y la manipulación informativa.

El Imperio Secreto es una organización criminal que urde un plan para conquistar Estados Unidos. Como eje de ese plan, desacreditar al Capitán América como símbolo de su patria. Gracias a la manipulación, el héroe referente del país se convierte en enemigo a ojos de la opinión pública, y pasa a ser un justiciero perseguido por la ley, que se ve obligado a enfrentarse al sistema que juró proteger.

Pero mientras la idea cuajaba, la realidad una vez más superó a la ficción. De repente, estalló el caso Watergate, revelándose detalles escabrosos que llevaron a la sociedad estadounidense a cuestionarse el poder establecido. La saga del imperio secreto se venía gestando desde hacía mucho tiempo, pero este escándalo dio alas a Englehart para entrar a cuchillo con su crítica.

Englehart decidió que La saga del imperio secreto tuviera nombres y elementos calcados de la realidad. Por ejemplo, la operación encubierta en la sede demócrata tuvo como nombre en clave Operation Gemstone, mientras que el agente encargado de eliminar al Capitán América recibió el nombre de Moonstone. Uno de los grupos implicados en escándalo era el Citizen's Comitee To Re-Elect the President, de siglas CREEP, y en las viñetas, la organización encargada de difamar al Capitán América es el Comitee to Regain America's Principles, CRAP. El nombre de uno de los líderes de CRAP es Quentin Hardeman, clara referencia al asesor presidencial de Nixon, Harry Robbins Haldeman.

Nixon intentó ejercer ilegalmente su poder para tapar el escándalo, pero en 1974 se vio forzado a dimitir. Cuando fue declarado culpable, el presidente republicano Gerald Ford le concedió el perdón presidencial. La sociedad estadounidense estaba desencantada, y eso es lo que Englehart plasmó en esta historia.

El Capitán América persigue al Imperio Secreto hasta llegar a su misterioso líder, que se suicida ante los ojos de Steve Rogers en el propio Despacho Oval: es Richard Nixon. Debido a la rapidez de los hechos, Englehart no le puso nombre al cabecilla del Imperio Secreto, pero los diálogos y textos de apoyo dejan claro de quién se trata. En la realidad, el Caso Watergate fue el suicidio político de Richard Nixon, y por eso, en la ficción se suicida literalmente.

Steve Rogers, al desmoronarse su visión idealista del país, renuncia al alias y al uniforme para adoptar la identidad heroica del Nómada, y exhibe una actitud airada incluso cuando, episodios después, recupera la identidad del Capitán América.

La saga del imperio secreto es un reflejo de la pérdida de rumbo que sufrieron los Estados Unidos no sólo por el Watergate, sino también a causa de la Guerra de Vietnam, el asesinato de Kennedy, etc... Englehart realiza una catarsis del Capitán América, adaptándolo a los descreídos años setenta.

En su momento, La saga del imperio secreto fue un auténtico éxito de ventas, pero ha sido el paso del tiempo el que ha puesto esta obra donde le corresponde como gran clásico y referente de una época irrepetible del panorama político y social en EEUU.


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