miércoles, 20 de diciembre de 2017

Triple Acción


'Los Defensores' es un supergrupo formado por los héroes más solitarios de la Marvel de 1971: Doctor Extraño, Hulk, Namor y Silver Surfer. Roy Thomas es el guionista de la serie






GERARDO MACÍAS
13 Diciembre, 2017

En 1979, la editorial barcelonesa Ediciones Vértice publicó en español la serie de Marvel Comics titulada The Defenders, pero en lugar de traducir el título se usó la cabecera Triple Acción. Esto fue así porque diez años antes habían rebautizado la cabecera Daredevil (otro superhéroe Marvel) como Dan Defensor, y el personaje estaba en uso con ese nombre.

Los Defensores tuvieron un proceso curioso antes de llegar a establecerse como supergrupo. A fines de 1979, finalizó abruptamente Dr. Strange vol. 1. Como es costumbre en Marvel, le tocó al guionista de la serie, en este caso Roy Thomas, cerrar las tramas en otras cabeceras que estuviese escribiendo, que eran The Sub-Mariner nº 22 y The Incredible Hulk nº 126, cuyos protagonistas unen fuerzas con el Doctor Extraño para combatir al Sin Nombre.

En 1971, nacieron Los Tres Titanes, un grupo formado por Hulk, Namor y Silver Surfer que había sido creado por el guionista Roy Thomas en las páginas de The Sub-Mariner. Para Thomas eran una metáfora de los conceptos de tierra, mar y aire.

En ese mismo año, Stan Lee expresó su intención de publicar una nueva colección de grupo en cuyas filas estuviese Hulk. Roy Thomas le habló de sus Tres Titanes, y a Stan le pareció una gran idea, con una excepción: no deseaba que Silver Surfer fuese componente del grupo. Por aquel tiempo Lee se reservaba para sí mismo los guiones del surfista cósmico. El líder de Marvel le sugirió al guionista la posibilidad de incluir en su lugar al Dr. Extraño, aunque había que traerlo de vuelta. Así se hizo, y nacieron Los Defensores.

La primera aparición del grupo tuvo lugar en Marvel Feature nº 1, en diciembre de 1971. El Doctor Extraño convocó a Hulk y a Namor para hacer frente a Yandroth y el Omegatrón. Tras esto, Namor dio nombre involuntariamente a los Defensores, y en las dos siguientes entregas de Marvel Feature, los tres héroes se enfrentaron a Dormammu, archienemigo del Doctor Extraño, y a Xemnu el Titán, un alienígena con ansias de conquistar la Tierra.

En agosto de 1972, debuta la revista The Defenders, y por fin se incorpora Silver Surfer al grupo.

Entre los primeros supergrupos de Marvel, la Patrulla-X representa a las minorías sociales, los 4 Fantásticos a la familia, y los Vengadores son un club con sus estatutos y aprobación gubernamental.

Frente a éstos, los Defensores son un grupo de aventureros sin reglas de permanencia, ni aprobación gubernamental o de otro tipo de organización. En un principio recayó sobre el Doctor Extraño la responsabilidad de congregar a los Defensores cuando surgían las amenazas.

Al núcleo formado por el Doctor Extraño, Hulk, Namor y Silver Surfer se le conoce como los cuatro grandes. Pronto, a los cuatro grandes se les unieron otros héroes como: Valquiria, versionada por la actriz Tessa Thompson en el film Thor: Ragnarok (2017); Halcón Nocturno, una parodia del Batman de la competencia, DC Comics; y Gata Infernal, a cuyo alter ego Trish Walker le da vida la actriz Rachael Taylor en Jessica Jones (2015), teleserie de Marvel/ Netflix.

Los Defensores se reúnen en el sanctasanctórum del Doctor Extraño en Greenwich Village, y más tarde en la Academia de Equitación Richmond en Long Island, propiedad del millonario Kyle Richmond (Halcón Nocturno).

Debido a la naturaleza informal del grupo, cualquier héroe que colaborara con los Defensores es también un Defensor. Así, por sus páginas pasan infinidad de superhéroes.

En The Defenders vol. 1 nº 125, los cuatro grandes abandonan el grupo. La cabecera se rebautizó The New Defenders y duró veinticinco entregas más, hasta febrero de 1986.

Los cuatro grandes volvieron a reunirse esporádicamente en Anuales y Especiales, y el Doctor Extraño resucitó al grupo con formación variable en cada número de The Secret Defenders (1993). En 2001, regresan los protagonistas originales en The Defenders y en The Order (2002). En 2008, el grupo se hizo por primera y única vez gubernamental en The Last Defenders.



En 2012, regresa la cabecera The Defenders, con el Doctor Extraño reclutando una nueva formación. En 2017 debutó un cómic con el título The Defenders, esta vez con la alineación de la teleserie homónima de Marvel/Netflix: Luke Cage, Jessica Jones, Iron Fist y Daredevil.





Malaga Hoy

Viajar con Verne

TEXTO: SERGI RAMIS

Los personajes de Julio Verne llegaron antes que nadie al Polo Sur, al centro de la Tierra, a los confines ignotos del África profunda... y a la Luna. Phileas Fogg, los hijos del capitán Grant, el sumergido Nemo o los pintorescos científicos rumbo al satélite trazaron nuevas rutas y descubrieron parajes vírgenes nunca antes descritos. Verne fue un precursor y sus hipótesis visionarias siguen asombrando un siglo después de su muerte. Y sin embargo ahora, a pesar del auge de las comunicaciones y el desarrollo de los medios de transporte, muchos de los viajes trazados en las novelas de Verne no son posibles. Hoy la Tierra es otra, y nosotros también.

A mediados de 1906 se corregían en París las galeradas de un curioso libro cuyo autor había muerto un año antes. El título de la novela era La agencia de viajes Thompson & Co., y en ella se adelantaban algunos de los tics que a lo largo de todo el siglo formarían parte del mundo del turismo organizado. De hecho, aunque han pasado 90 años, el libro mantiene su vigencia y cualquiera puede identificar la caricatura de una agencia de viajes que funciona rematadamente mal y no deja de engañar a sus clientes con alguna experiencia vivida en propia carne.

El autor de ese divertimento no vivió lo suficiente para verla en los estantes de las librerías parisienses, pero ya a su muerte era un escritor mundialmente consagrado: Julio Verne.

Verne ha pasado a la historia de la literatura por su supuesta calidad de visionario, y por ser el inventor de un nuevo género, la ciencia-ficción. Y sin embargo, pocos autores de los que han ahondado en su obra y en su personalidad han prestado atención a su dimensión geográfica.

Julio Verne escribió sus libros tras casi una década de estudio en las bibliotecas de París. Su intención estaba muy clara y así se lo transmitió a su editor, Julio Hetzel: "Será un paseo por el cosmos de un hombre del siglo XX". La declaración no admite dudas. La obra de Verne será un viaje gigantesco. La misma idea expresa a Alejandro Dumas, con quien mantiene una gran amistad. El proyecto está en marcha y ostentará el título de Viajes extraordinarios.


Julio Verne no empieza escribiendo novelas, sino piezas de teatro de éxito más bien discreto. En cuanto comienza a triunfar en el mundo de la literatura se hace cargo de la obra enciclopédica Geografía ilustrada de Francia y de otra aún más ambiciosa que no llegó a terminar, Descubrimiento de la Tierra. Historia general de los grandes viajes y los grandes viajeros. Ya instalado en el Olimpo de los novelistas, declara en una entrevista: "Muchas veces me han preguntado de dónde he extraído la idea de mis diferentes obras de estilo científico. El secreto está en que me ha apasionado siempre el estudio de la geografía, de la misma manera que otros se dedican a la historia. Creo sinceramente que mi interés por los mapas y los grandes exploradores del mundo me indujo a escribir la primera de mis largas series de relatos geográficos".

Los biógrafos de Verne especulan sobre si su pasión viajera se debe a la frustración por no ser marino. Su Nantes natal era, en su infancia, un hervidero de buques que iban y venían de las colonias tropicales. Él mismo intentó enrolarse a los 11 años como grumete, pero su padre le pilló pocas horas antes de zarpar, devolviéndole a casa arrastrado de una oreja. Si es cierta la leyenda de que tras ese incidente Pierre Verne obligó a su hijo Julio a prometerle que jamás viajaría más que con la imaginación, la venganza no sólo se sirvió fría, sino, además, con creces.

En su colección de Viajes extraordinarios hay tres obras capitales, en las cuales los personajes de Julio Verne realizan la vuelta al planeta. La más conocida es La vuelta al mundo en ochenta días. No le van a la zaga en ingenio 20.000 leguas de viaje submarino y Los hijos del capitán Grant.



La vuelta al mundo en ochenta días seguramente es el libro más conocido y vendido de Julio Verne. La idea le surge al escritor al leer un anuncio de la agencia de viajes Cook de Londres. Verne pone en marcha al hierático Phileas Fogg con la excusa de ganar una apuesta. En 1873, año de la publicación del libro, el escritor bretón ya es un literato famoso. Sus obras se publican bajo el sello del editor Julio Hetzel, que, aunque amigo, le mantiene un contrato en condiciones draconianas que le obliga a entregar tres aventuras cada año, todas ellas presentadas al público por entregas semanales.

Es tal la fama y aceptación popular de los libros de Verne que en cuanto empieza la aventura de Fogg y su sirviente, Passepartout, las más importantes compañías de transporte marítimo le ofrecen primas si los personajes son embarcados en buques de sus respectivas firmas. Verne ya no tiene necesidad de ese dinero y rechaza los generosos incentivos.


La colección de los Viajes extraordinarios hacía años que estaba en marcha (había comenzado con Cinco semanas en globo), y en ella Julio Verne dejaba claras sus preferencias. Los decorados exóticos le iban mejor a sus historias. Tal vez por ello la salida de Phileas Fogg desde Londres y su recorrido por Europa hasta Suez transcurren como un suspiro. Una vez en tierras extrañas de culturas diferentes, Verne ralentiza la acción, deteniéndose especialmente en la India, de la que proporciona detalles minuciosos, como si hubiera estado en persona, aunque no era así. Su descripción de los cadáveres flotando en las aguas del río Ganges impresiona, y hace pensar sobre la exhaustividad del estudio en Verne antes de ponerse a escribir un libro.

Los ilustradores de los libros de Julio Verne tuvieron a menudo a la altura imaginativa del escritor al 'inventar' objetos, artefactos y paisajes nunca vistos. Sobre estas líneas, ilustraciones originales para `La vuelta al mundo en ochenta días'. 'Viaje a la Luna' y '20.000 leguas de viaje submarino' y una recreación del viajero Phileas Fogg.


La vuelta al mundo en ochenta días que protagoniza el ocioso y adinerado inglés Phileas Fogg se realiza en su mayor parte en barco y ferrocarril, sin duda los medios de transporte más competentes de la segunda mitad del siglo XIX. Fogg circunvala la Tierra, tardando 13 días en travesía marítima de Suez a Bombay, salvando la península Arábiga. Cruzar la India, que debía ser tarea de tres días, se convierte en una odisea por el atolondramiento del criado Passepartout y la galantería de Fogg, que se entretiene en salvar a la princesa Aouda de una muerte segura. Verne invierte gran parte de la novela en el subcontinente indio, por el que siente la atracción lógica de la época. Mientras la travesía naval hasta Hong Kong (China británica), Yokohama (Japón) y San Francisco (Estados Unidos) se cubre con pequeños sobresaltos, Julio Verne aprovecha el territorio norteamericano para la segunda gran odisea del viaje, con tiroteo contra los indios sioux incluido.

Fogg llegará a Londres convencido de haber perdido la apuesta, pero ya se sabe que los astros y la planificación científica del viaje por parte de Verne le echarán una mano.

Phileas Fogg es un personaje tan opaco como su propio apellido (niebla, en inglés), y Verne dedica una frase del libro a despreciar su forma de viajar, desinteresada de los territorios y las culturas que va encontrando: "... el original caballero no preguntaba nada. No viajaba, describía una circunferencia. Era un cuerpo en gravitación recorriendo una órbita en tomo al globo terráqueo, siguiendo las leyes de la mecánica racional". Queda claro que ni al propio Julio Verne le agrada la manera de hacer turismo de su personaje.

En 20.000 leguas de viaje submarino hay mucho mayor aprecio de los protagonistas por las maravillas de la naturaleza que les salen al paso. Nemo, capitán del submarino Nautilus, acompañado del profesor Aronnax y su criado Consejo (el arponero Ned Land come aparte, y no le interesa más que cazar ballenas), brinda como guía de un viaje submarino alrededor del mundo para mostrar a sus invitados-rehenes lo nunca visto.

Verne adelanta en este libro, como en muchos otros, descubrimientos técnicos que décadas más tarde la ciencia corroborará. Hay quien ha visto en este aspecto de su obra un aspecto visionario. Otros biógrafos no dejan nada al azar o la intuición del bretón, y recuerdan que antes de escribir la colección de los Viajes extraordinarios se pasó años documentándose.

Nuevamente la ciencia viene a ser la excusa para realizar una insólita excursión. El Nautilus empieza su vuelta al mundo en los mares de Japón y la termina en las noruegas islas Lofoten, un archipiélago famoso por sus bancos de ballenas (¿un regalo final a Ned Land, que tan mal lo ha pasado durante toda la peripecia?). La ruta transcurre por las polinésicas islas Marquesas, Sociedad, Tonga y Tahití; el mar de Coral; la isla de Timor; Sri Lanka; las Maldivas; el mar de Omán; Yemen; Grecia; el estrecho de Gibraltar; Portugal; la bahía de Vigo, en Galicia; el mar de los Sargazos; las Malvinas; el Polo Sur; Argentina; Brasil; la Guayana holandesa; Nueva York; Irlanda, y el canal de la Mancha, antes de que los rehenes consigan escapar y el Nautilus desaparezca sin más explicación. Sin prescindir de su proverbial documentación, Verne se permite en este texto una de sus originales fantasías: el Nautilus pasa del mar Rojo al Mediterráneo por un túnel submarino que hay en Suez y del que sólo el capitán Nemo conoce la existencia. La nave es tragada como por un sumidero y pasa de una costa a otra en cuestión de minutos.




VIAJES IMPOSIBLES
Los viajes imaginados por Julio Verne durante el siglo XIX, realizados de la misma manera que los planeó, seguirían siendo hoy día una maravillosa aventura.

Pero lo cierto es que pocas personas tienen suficiente dinero, paciencia y valentía para afrontar lo más inesperado. Quien pretendiera cubrir el mismo trayecto que Phileas Fogg en La vuelta al mundo en ochenta días lo tendría realmente difícil. El planeta Tierra, pese a los grandes avances y la proliferación de los sistemas de transporte, es mucho más intransitable ahora que a mediados del siglo XIX, cuando Julio Verne escribió la mayoría de sus novelas. Tal vez Miguel Strogoff consiguiera ahora cubrir el trayecto entre Moscú e Irkutsk sin demasiados sobresaltos, pero sin duda más difícil lo tendría quien quisiera emular a Kerabán, el testarudo. Rodear el mar Negro en la actualidad, lo que supone viajar atravesando países socialmente tan inestables como Rumania, Moldavia, Ucrania o Georgia (bordeando Chechenia), parece muy poco factible y, desde luego, extremadamente arriesgado. Fergusson y Joe, los personajes de Cinco semanas en globo, se paseaban por los actuales Zaire y Chad. También difícil hoy día, dada la situación violenta que viven esos países. La Argelia de La extraña aventura de la misión Barsac tampoco es hoy un destino turístico seguro.





El capitán Nemo y el Nautilus reaparecerán en otros libros de Julio Verne. Entonces entenderemos su enigmático comportamiento y cuál es su lucha.

Para muchos estudiosos de Julio Verne, Los hijos del capitán Grant es su aventura más completa. Consigue de nuevo que los protagonistas den una vuelta al mundo en una novela que es muy larga y que, sin embargo, no pierde interés a medida que avanza.

Los bajones en la trama de los libros de Verne es algo muy corriente, y pocas de sus obras se libran de un bache a lo largo del relato. Su imaginación era fértil, pero el sistema de escribir libros que se publicaban semanalmente en forma de folletines le obligaba a estirar las historias como goma de mascar.

Sin embargo, en Los hijos del capitán Grant la jugada le sale redonda. Tan redonda como la circunnavegación que los hijos del susodicho marino realizan en búsqueda de su naufragado padre. Un mensaje en una botella da pie a pensar que Grant sobrevive en alguna porción de tierra situada en los 37° 11' de latitud sur. Nada más fácil para hallarlo que seguir minuciosamente esa coordenada geográfica.

El Duncan es el navio a bordo del cual transcurrirá buena parte de la acción. El punto de comienzo se fija en la isla Desolación (Chile), sin resultados. Los hijos del capitán deciden cruzar el Cono Sur americano por si Grant ha enviado el mensaje desde algún curso fluvial, mientras el barco les espera en la costa atlántica. Ello propicia aventuras en los Andes y la Pampa. Sigue sin aparecer el náufrago, por lo que el rastreo continuará por la isla de Tristán da Cunha, Ciudad del Cabo (Suráfrica), la isla de Amsterdam (posesión francesa casi en el centro geográfico del océano índico), Australia y Nueva Zelanda.

Desesperanzados por la ausencia de resultados, los hijos del capitán Grant están a punto de abandonar cuando reciben una última pista. Al final encontrarán a su padre en una remota isla llamada Santa Teresa o Tábor.

Con estas tres novelas, escritas en un intervalo de seis años -entre 1867 y 1873-, Julio Verne deja ampliamente manchado el planisferio en su totalidad. Se puede decir que su idea de ir cubriendo el mundo libro a libro empieza a tomar cuerpo. Además, ya ha pasado por los dos polos.

El hombre no llegó físicamente a los ejes de la Tierra hasta el siglo XX, pero ya en la centuria anterior Verne había colocado a algunos de sus personajes en esos inhóspitos parajes.

En 20.000 leguas de viaje submarino, el Nautilus arriba al mismísimo Polo Sur. En la fantasía verniana, el continente antartico no existe, y sólo una isla se alza justo en el punto más meridional de la Tierra. La primera bandera en ondear allí no será la de una gran potencia, sino la del críptico capitán Nemo. En la vorágine de aventuras que viven tripulantes y huéspedes del singular submarino, la conquista del Polo Sur es una más, que no supera en interés a la visión de la desaparecida Atlántica o la pesca de perlas en Ceilán.

Los angustiados protagonistas de La esfinge de los hielos, que no llegan al extremo meridional de la Tierra, se muestran, sin embargo, mucho más interesados en él. En este relato, Julio Verne se rinde ante los encantos de la novela de Edgar Allan Poe Las aventuras de Arthur Gordon Pym y, mostrándose reacio a un final sin desenlace claro, construye un libro cuyos personajes tienen como misión encontrar a Pym. Mezcla así ambas obras. No es imprescindible haber leído a Poe para seguir cómodamente La esfinge de los hielos, pues Verne se encarga de hacer un buen resumen de lo acontecido.

Zarpando de las islas Malvinas, el geólogo Jeorling y el hermano del capitán de la nave en la que desapareció Pym se adentrarán en los helados mares antarticos, donde hallarán una misteriosa esfinge gigante que domina un paisaje de brumas y situaciones inverosímiles.

El capitán Hatteras, por el contrario, tiene un único objetivo en la vida: ser el primer ser humano en llegar al Polo Norte. Toda la novela Las aventuras del capitán Hatteras gira en torno a esa obsesión. Para ello construye un barco especial, elige a una selecta tripulación e incluso embarca al reputado doctor Clawbonny, que a la postre será su principal aliado.

Las aventuras del capitán Hatteras tal vez sean el punto culminante de la exactitud geográfica de Julio Verne al plantear un tema: el recorrido de la nave Formará es idéntico al utilizado por las naves que en aquellos tiempos surcan los mares árticos (el autor aporta información abundante sobre expediciones polares precedentes, toda ella cierta); el doctor Clawbonny fija el "polo del frío" justo en el lugar donde fue posteriomente establecido; lo propio hace con el Polo Norte magnético, situado en la actualidad muy cerca de donde Verne, por boca de Clawbonny, predice (en realidad, el Polo Norte magnético cambia cada día de posición, a veces docenas de kilómetros en una sola jornada). Otro dato exacto es el punto desde el que se lanza el ataque final al Polo, el cabo Columbia. Es el mismo que utilizará Robert Peary 43 años después para ser el primero en llegar al eje septentrional del planeta.

Verne se permite un único lujo en esta novela. Inventa una isla justo en el Polo Norte, que, siendo Hatteras británico, el protagonista bautiza como "de la Reina". Un volcán ocupa casi toda su superficie, y su caldera coincide exactamente con el eje polar. Los protagonistas, una vez cumplida su misión, especulan con la posibilidad de acceder al centro de la Tierra descendiendo por el interior de ese volcán, que han designado Monte Hatteras. Desisten de intentarlo, pero Verne ya deja constancia de que trama para ese mismo año uno de sus viajes más fantásticos.

Las vueltas al mundo y las expediciones polares son dos de las patas sobre las que se apoya el peso geográfico de la obra de Julio Verne. El trípode lo completa África.

Poniendo un poco de cuidado en la observación de un atlas del siglo XIX se observa que la delimitación de los mapas físicos estaba ya muy definida, y que sólo difieren de los actuales en pequeños detalles no muy relevantes. La excepción a esta regla la constituye el continente africano.
África es el gran territorio inexplorado, del que se conoce su contorno y regiones litorales, pero el interior del continente negro aún es un enigma, un espacio blanco en los mapas.

El primero de los Viajes extraordinarios de Julio Verne transcurre allí. Con Cinco semanas en globo, el escritor manifiesta estar perfectamente informado de las exploraciones que en esos años son la comidilla de la gente acomodada de Londres y París. Cuando la aventura del doctor Ferguson aparece en las librerías de la capital francesa, John Speke se ha adentrado en las selvas africanas con su última expedición en busca de las fuentes del río Nilo. Los personajes de Cinco semanas en globo tienen un objetivo también inédito: cruzar África de Este a Oeste a bordo de un globo aerostático. Libro de aventuras donde los haya, esta primera incursión africana de Verne sirve para demostrar (es el primer volumen de Viajes extraordinarios) la exactitud de los planteamientos del escritor. El doctor y su inevitable criado Joe no sólo cubrirán el trayecto entre la isla de Zanzíbar y San Luis, en la costa senegalesa, sino que descubrirán que las fuentes del Nilo son un lago de proporciones gigantescas. No se atreven a darle nombre, aunque sí a su globo: Victoria. Verne acierta con el dato geográfico y con la nomenclatura que recibiría el lago, aunque esto último era bastante más sencillo, hallándose el Imperio británico en plena época victoriana.

Los personajes de Verne se prodigan por África: Tres rusos y tres ingleses en el África austral, Los hijos del capitán Grant, La estrella del Sur, La invasión del mar, La agencia de viajes Thompson & Co., Un capitán de quince años o Héctor Servadac son novelas que toman total o parcialmente sus misteriosos escenarios.

Los huecos que le van quedando a Julio Verne en el mapamundi se van cubriendo concienzudamente. Si el imperio celeste no ha aparecido suficientemente, el escritor trama Las tribulaciones de un chino en China. Si echa en falta una aventura por Canadá, arguye El país de las pieles, y si cree que algo debe pasar en Escocia, escribe Las indias negras. Al final, los Viajes extraordinarios de Verne son tan extensos y han vivido tantas peripecias que el escritor se enroca y hace constantes guiños que sólo los lectores más constantes entenderán. No ya únicamente la insinuación en el final de Las aventuras del capitán Hatteras de que está próximo un Viaje al centro de la Tierra que escribirá ese mismo año. También que el capítulo 22 de La esfinge de los hielos coincida en número y título con el de Edgar Allan Poe en Las aventuras de Arthur Gordon Pym. O el colmo, tres libros enlazados: en La isla misteriosa, los náufragos protagonistas sobreviven gracias al capitán Nemo y su Nautilus, pero son rescatados por el Duncan de Los hijos del capitán Grant, procedente de la isla de María Teresa o Tábor.

Si la lectura científica de Julio Verne presenta casi un universo imposible de abarcar, la geográfica, que va íntimamente entrelazada, ofrece la posibilidad de disfrutar de algunos de los mejores y más originales libros de aventuras que se hayan escrito, aderezados por una capacidad de descripción y prospectiva impresionantes. Independientemente de sus enigmáticas dotes para predecir por qué el primer cohete que partió hacia la Luna se lanzaría desde Florida y a su regreso amerizaría en el océano Pacífico (igual que en De la Tierra a la Luna), de Verne tal vez lo más sorprendente es su capacidad para describir minuciosamente unos paisajes y costumbres que jamás llegó a ver personalmente.


EN BARCO O EN COHETE
 
Julio Verne tuvo grandes deseos de ser marino profesional, sin llegar a conseguirlo. En cuanto comenzó a ganar importantes sumas de dinero por las ventas de sus libros adquirió un yate de recreo, el Saint Michel. Llegó a tener dos más con el mismo nombre. De su pasión marinera se deriva que una gran mayoría de las aventuras que ideó tengan relación con la navegación. Los piratas del Halifax, Escuela de robinsones, Las aventuras del capitán Hatteras, La vuelta al mundo en ochenta días, 20.000 leguas de viaje submarino, La esfinge de los hielos, La invasión del mar, Los hijos del capitán Grant o Un capitán de quince años son algunas de las más destacadas. Verne muestra en todas ellas un gran dominio de la terminología naval, que era muy compleja en los tiempos de la navegación a vela. También hace alarde de sus conocimientos en el manejo de los aparatos de medición y de la cartografía marítima. Pero en una colección tan extensa como son los Viajes extraordinarios, los personajes de Julio Verne tienen ocasión de desplazarse en todo tipo de ingenios. El ferrocarril desempeña un papel importante en La vuelta al mundo en ochenta días, sobre todo en los pasajes por Estados Unidos, en los que el autor consigue una detallada descripción de Arizona y Utah. En el Estado de Wyoming existe ahora una localidad llamada Verne, en las coordenadas geográficas 41°35' norte, 110°5' oeste, cerca del río Muddy, en la línea férrea utilizada por Phileas Fogg. Buena parte de Viaje al centro de la Tierra se realiza a pie, y de Miguel Strogoff, de Moscú a Irkutsk, en coche de caballos. Pero ahí acaban los medios de transporte más o menos convencionales. Los personajes de Verne recurren a soluciones ingeniosas, cuando no extravagantes, para desplazarse de un sitio a otro. La isla misteriosa y, sobre todo, Cinco semanas en globo tienen en el globo aerostático su medio de locomoción principal. Parte de La vuelta al mundo en ochenta días y de Las aventuras del capitán Hatteras deben realizarse en trineo. En el sorprendente final de Viaje al centro de la Tierra, Axel y su tío, el profesor Lindenbrok, salvan el trayecto final de salida por el volcán Strómboli a bordo de una almadía que flota en un mar de magma incandescente. Aronnax, Consejo y Land recorren 20.000 leguas en un submarino. El impasible Phileas Fogg se ve obligado a comprar un elefante para terminar su travesía de la India, y el capitán Hatteras y sus acompañantes cubren una porción de su odisea polar sobre un témpano de hielo en el que instalan una vela. El viaje más lejano ideado por Julio Verne llevó al hombre a la Luna. El relato, aunque inverosímil, marcó profundamente a los primeros cosmonautas soviéticos, tal como declaró Yuri Gagarin, que citaba esa aventura como su libro preferido. Sin duda fue por eso por lo que los tripulantes del Lunik III se apresuraron a bautizar un accidente geográfico de la cara oculta de la Luna como Montaña Verne.

LOS REBELDES DE VERNE

Julio Verne se cria en una casa acomodada de Nantes. Su padre tenía un carácter estricto e intentó inculcar en vano a sus descendientes esa forma de ser. El hijo mayor, Paul, fue marino (lo que anhelaba Julio), y Julio iba para abogado, según los deseos paternos. Pero Julio Verne, que ni en sus momentos económicos más bajos dejó de vivir como un burgués, fue siempre un rebelde. Se saltó la presión familiar y se puso a escribir. Tal vez por eso muchos de sus personajes sean revolucionarios. La obra de Verne a menudo pasa por menor y dirigida a un público juvenil. Sin embargo, en sus libros aparecen temas trascendentes y personajes heroicos que protagonizan luchas de liberación nacional: irlandeses frente a ingleses, cretenses contra turcos, húngaros contra austriacos, búlgaros ante rusos. El propio capitán Nemo, uno de sus protagonistas más atormentados, desvela en los capítulos finales de La isla misteriosa que es un independentista indio que lo perdió todo en su lucha contra el Imperio británico. El personaje principal de Kerabán, el testarudo es lo que hoy podríamos llamar un objetor fiscal. Se niega a pagar el peaje del puente que une las orillas europea y asiática de Estambul y prefiere dar la vuelta completa al mar Negro antes que plegarse a las condiciones de las autoridades. Los biógrafos de Julio Verne destacan que, en una época de gran rivalidad entre franceses e ingleses por demostrar quién era el amo del mundo, el escritor se mantuvo en un tono discreto, dando protagonismo en sus libros a personajes de las más diversas nacionalidades. Sin embargo, una lectura más atenta da para pensar si no sería Verne más sibilino. Sus protagonistas franceses siempre son alegres y salen bien parados. ¿No es Passepartout el verdadero protagonista de La vuelta al mundo en ochenta días mientras Fogg es un tipo plomizo e inexpresivo? ¿No es el periodista francés de Miguel Strogoff: de Moscú a Irkutsk mucho más divertido y despreocupado que el torpe enviado especial inglés? ¿No es el profesor Aronnax de 20.000 leguas de viaje submarino un sabio ponderado? Y el caso más claro, el del doctor Sarrasin (Los quinientos millones de la begum), un médico francés que tras heredar una fuerte suma la destina íntegramente a crear una ciudad, Franceville, donde todo es bienestar y prosperidad. Su rival alemán creará Stahlstadt, una villa en la que se genera perversidad, se fabrican armas y se maquina la manera de hacer infeliz a la gente. Esta obra estuvo prohibida en Alemania durante el mandato de Hitler.


VIAJES POSIBLES

 Muchos viajes de los descritos por Julio Verne no serían posibles en la actualidad. Hoy, lo más habitual es que un medio de transporte rápido, limpio y seguro, o una agencia de viajes profesional programe una pequeña incursión de días o semanas en la que nada grave puede suceder. Apenas quedan ya trayectos regulares de largo recorrido en barco. A lo sumo funcionan transbordadores para travesías cortas o cruceros de recorridos circulares. Los más pacientes pueden probar a enrolarse en los cargueros que aceptan algún pasaje, pero sería bastante improbable cubrir la circunnavegación al planeta en ochenta días si se quisiera cubrir los tramos de Suez a Bombay o de Yokohama a San Francisco en barco. En una carrera tan loca como la de Fogg e igual de poco enriquecedora culturalmente hablando, se puede tomar uno de los viajes "vuelta al mundo" de los grandes operadores. Se cubren en avión, tocando diversas ciudades e invirtiendo de 10 a 25 días. Las tarifas oscilan entre las 600.000 y las 900.000 pesetas. Llegar a Zanzíbar o San Luis (Senegal) es más fácil. Hay transportes locales, respectivamente, desde Dar es Salaam y Dakar. Pero si lo que se quiere es
atravesar el continente africano a lo ancho en globo aerostático deberá disponer de nave propia, pues los globos turísticos que ofrecen un corto vuelo en la reserva de Masai Mará (Kenia) cobran alrededor de 50.000 pesetas por sesión. También desembolsando dinero (cerca de un millón de pesetas) se puede llegar a bordo de un rompehielos soviético a rozar el Polo Norte, como el capitán Hatteras. Cruzar Estados Unidos y la India en tren, como Phileas Fogg y Passepartout, es mucho más sencillo y económico que nunca. Toma menos de una semana y 50.000 pesetas. El Transiberiano, que le hubiera venido de perlas a Miguel Strogoff para pasar menos penalidades por la estepa rusa, puede salir por 200.000 pesetas si se desea todo tipo de comodidades a bordo de un auténtico hotel rodante como es el famoso ferrocarril. Para emular la inolvidable epopeya protagonizada por los hijos del capitán Grant es necesario velero propio. Si se desea utilizar un sucedáneo, aún quedan los cruceros de superlujo, que pueden superar los tres millones de pesetas por persona, y que aun así no completan la vuelta al mundo. Una escapada de un par de semanas al África austral de Tres rusos y tres ingleses (Zimbabue, Namibia y Botsuana) puede costar alrededor de 400.000 pesetas por persona, si se desea un safari organizado, o alrededor de 150.000 pesetas, si únicamente se va a comprar el billete de avión. Dejando de lado penetrar en el interior del cráter del Snaefellness para entrar en el centro de la Tierra y limitándose a una estancia en Islandia de dos semanas cuesta menos de 300.000 pesetas. Es mucho más económico acercarse al Strómboli, en Sicilia, para poder contemplar la salida de ese supuesto mundo: un vuelo cuesta poco más de 40.000 pesetas. Lógicamente, los destinos de nuestro país visitados por los personajes de Julio Verne son los más asequibles en tiempo y dinero. Las islas Canarias han mutado considerablemente si tomamos como referencia el paisaje y el paisanaje descritos en La agencia de viajes Thompson Úr Co., pero la belleza de sus volcanes sigue intacta.  En temporada baja, un vuelo desde la Península no debería costar más de 60.000 pesetas. En La invasión del mar, las aguas arrasan Europa, pero una minúscula isla llamada Formentera permanece emergida. Hoy se accede a ella mediante un transbordador diario que parte de Ibiza. Es poco probable que en el fondo de la bahía de Vigo se hallen los tesoros que alimentaban económicamente al capitán Nemo en 20.000 leguas de viaje submarino, pero la salvaje belleza de la costa gallega vale una escapada.



El Pais Semanal



lunes, 18 de diciembre de 2017

Talento inabarcable

POR ALVARO PONS

El lector español no solo tiene una diversidad apabullante de títulos a su alcance, sino que la calidad media es tan alta que hace muy difícil hacer una selección de lo mejor del año sin tener la agobiante sensación de dejarse fuera demasiadas obras de necesaria lectura. Lo que sigue es tan solo una muestra aproximada de lo que ha dado este 2017.





-El club del divorcio (ECC). Poco a poco se corrigen las ausencias que el cómic japonés tiene en nuestro país, como la de Kazuo Kamimura, maestro del gekiga que en esta obra explora las complejas relaciones sociales de la sociedad japonesa de los setenta a través de la mirada de la exclusión que sufrían las mujeres divorciadas. Una obra maestra de poética descarnada y silencios demoledores, que no da concesión, alguna a la empatia, solo a la desesperanza.




-Arsene Schrauwen, de Olivier Schrauwen (Fulgencio Pimentel). Biografía ficticia del abuelo del autor que navega por los estertores del colonialismo belga a modo de surrealismo mágico de inquietante solidez y proximidad, convirtiendo la narración .de un delirante proyecto imposible en la jungla en una exploración de la expresividad del grafismo y el color, en renovación consciente del lenguaje del cómic que solo admite el calificativo de magistral.




-Cuttlas, de Calpurnio (DeBdlsi-llo-PRH). Apenas unas líneas para delimitar unos monigotes minimalistas son suficientes para el talento inabarcable de este autor, que los traduce en una de las reivindicaciones más fascinantes de las posibilidades infinitas de la historieta. Una obra en constante e infinita reinvención que proyecta el wéstern a los límites más inesperados, pero siempre desde el descubrimiento de nuevos caminos y recursos de la narración gráfica.




- Estamos todas bien, de Ana Penyas (Salamandra Graphic). El debut de esta joven autora ha sido toda una sorpresa, capaz de expresar, a través del acercamiento al relato de sus abuelas, toda la historia de las mujeres silenciadas durante décadas en España. Narración comprometida de grafismo ya totalmente personal, que consigue que los escenarios cuenten también sus historias, creando una obra de sugestiva coralidad que deja un poso que crece con el recuerdo posterior.


 

- Pinturas de guerra, de Ángel de la Calle (Reino de Cordelia). La búsqueda de Jean Seberg como excusa para construir una fascinante historia que, cual matrioshka, va desgranando en cada capa una nueva lectura: de la denuncia contundente e inapelable de la violencia de las dictaduras a una compleja reflexión sobre el papel del arte en la sociedad, pero también cuestionamiento de la función del creador y de la ambigua relación que se plantea entre la ficción y la realidad.







-Las cien noches de Hero, de Isabel Greenberg (Impedimenta). No es fácil recuperar el cuento popular desde la lectura ingenua de la infancia, pero Greenberg lo logra para mantener esa particular fascinación de la fábula, pero reconvertida a través del protagonismo femenino en poderosa herramienta de transgresión que aprovecha la universalidad del cuento como altavoz.


Pero 2017 ha sido también un año en el que las editoriales han aprovechado para recuperar una cantidad ingente de obras maestras de la historieta que llevaban demasiado tiempo sin llegar a las librerías de nuestro país. Solo como muestra, dos obras de obligada lectura.



- Mort Cinder, de H.G.Oesterheld y Alberto Breccia (As-tiberri). Descomunal monumento del noveno arte, en el que el gran guionista argentino consigue hacer un descorazonador recorrido por la historia a través del relato de un inmortal, condenado a morir y vivir eternamente para descubrir en cada vuelta que las miserias del ser humano no tienen fin. El expresivo blanco y negro de Breccia hiere a un lector indefenso ante la potencia de un trazo que logra que las historias se queden impresas en la memoria.






-Alack Sinner, de José Muñoz y Carlos Sampayo (Salamandra Graphic). La gran obra maestra del género negro en el noveno arte, un detective canónico en sus inicios que va evolucionando en cada entrega hasta convertirse en testigo silencioso de la vida que le rodea, de una sociedad a la que ya no entiende, pero en la que tiene que vivir. Una obra cimentada en la narración coral y en las microhistorias que pueblan cada esquina de las viñetas.





Otro año más

Disfrutando de las vacaciones, lo que es tanto como decir que no tengo esas vacaciones soñadas. No es que no me lo merezca, las dudas a falta de organización hace que todo vaya como normalmente va.

Sin ninguna duda nadie ha salido herido y el mundo continua girando sobre su eje. Uno, en su obsesión y ombligismo perpetuo, centro del universo, obvia las más básicas reglas de comportamiento por aquello de querer hacer, ser o lograr. Objetivos todos ellos muy loables, pero que necesitan de constancia, talento y trabajo duro. Y esto ya es un poco más complicado.











Tengo unos pocos artículos de periodistas dispares, tanto por sus temáticas, como por sus nacionalidades, que abundan en el hecho, obvio ya,  de que en internet solo se corta y pega, fotos falsas de contenido y el instante como objetivo a conseguir un premio viral.

Y que conste en acta notarial que yo he caído en esa vorágine que absorbe como un agujero negro. Volcado, perdido en mostrar, lucirme, demostrar ¿?, en fin, alucinado, hasta que un autor me escribió, sorprendiéndome en el error y la tragedia.

Tampoco es que haya rectificado exactamente como yo quisiera, pero lo intento, lo intento.





No recuerdo cuando fue la ultima vez que escribí en mi blog. Y me parece que cada vez que cuento algo, es muy parecido a una disculpa. A mi mismo, normalmente. Intento abarcar el universo y eso no puede ser. Lo curioso es que intento abarcar otros universos más manejables y tampoco puedo. Definitivamente, a medida que reduzco los universos, menos control tengo sobre ellos. Probablemente tendré que cerrar un par de blogs de los varios que tengo, debido al hecho obvio de que es imposible mantener tanta actividad, y uno es lo más parecido a un oso perezoso.




Han pasado más de 10 años en el blog y la diferencia entre los primeros años y los últimos es lo más parecido entre un huevo y una castaña. Por suerte, el blog sigue sirviendo a los dos propósitos principales por los que fue creado, y mientras el dios Google continúe dándonos cancha gratuita, seguirá funcionando. 

domingo, 17 de diciembre de 2017

Art Spiegelman, “Mis cómics nacen de mis rabias y mis miedos”


Art Spiegelman, el creador de ‘Maus’, analiza su relación con el tebeo antes de su charla la semana próxima en el Reina Sofía



'Lead Pipe Sunday. The Bastard Offspring', de Art Spiegelman.


TOMMASO KOCH

Madrid 14 DIC 2017

Art Spiegelman quería ser vaquero, “cowboy”. Llanuras, cabalgadas, un rancho en medio de la nada. Lástima que viviera en Nueva York. Tenía nueve años cuando se mudó con su familia. Y su sueño de infancia se estrelló contra los rascacielos. “Renuncié”, se ríe. Pero no del todo. “Me convertí en uno de los últimos herreros de las publicaciones impresas”, agrega. Es decir, en autor de cómics. “Me marcaron desde pequeño. Creí que eran el manual de instrucciones para lo que necesitaba entender como humano. Lo que tenía que saber de EE UU no podía aprenderlo de mis padres pero sí de Mad y su autodenominada ‘panda de idiotas”, defiende. Ese tebeo —y luego magazine— sedujo desde los cincuenta a Spiegelman y a miles de lectores. Así que el chico pasó al segundo sueño: “Quería ser uno de los que hicieran esas cosas”.

 Llegó mucho más allá. Escribió y dibujó el único tebeo que ganó el Pulitzer, en 1992: Maus, recuerdo en viñetas de las vivencias de su padre en el Holocausto, donde los judíos se representan como ratones y los nazis como gatos. Spiegelman ha editado una revista de tebeos underground (Raw), dibujado para The New Yorker, reflexionado en viñetas sobre los momentos posteriores al 11-S y escrito ensayos sobre su medio artístico. Se le considera un padre del cómic contemporáneo. “Pido un test de ADN”, rebate él. De todo ello hablará el 20 de diciembre, en una charla en el Museo Reina Sofía (Madrid), titulada Las palabras y las imágenes chocan: ¿Qué %@&*! pasó con los cómics?

Entonces, ¿qué sucedió? “Pocos medios pueden enorgullecerse de haber pasado por tantas batallas: entre adultos y niños, fantasía y realidad, imágenes y palabras, arte y negocio, pensamientos autoritarios y rebeldes. El fuego cruzado sigue, pero ahora el cómic es apreciado y no menospreciado como estupidez para niños”, resume. Ha hecho falta otra guerra, tal vez la más larga. Spiegelman mismo ha dedicado sus casi 70 años (Estocolmo, 1948) a reivindicar los tebeos: “Dejaron de ser el medio que pocos tomaban en serio pero todos leían. A partir de ahí podían volverse arte o desaparecer. Estoy orgulloso de decir que mi equipo ha ganado”.




Autorretrato de Art Spiegelman.

Ha costado, quizás a él más que a cualquiera. “Se asume a menudo que se empieza garabateando dibujitos en un cuaderno en el colegio y se descubre una experiencia feliz. Para mí el cómic siempre ha sido una lucha. Se me ha hecho cada vez más difícil avanzar y más claro lo complejo que es este medio considerado simple”, explica. Spiegelman jura que sus dibujos le parecen muy mejorables. Una sola página le puede costar un mes de trabajo. Y casi le da las gracias a su ojo perezoso: le obliga a ver solo en dos dimensiones pero también a quedarse “con lo importante”. “Me llevó a la parte estructural del cómic”, explica. Precisamente lo que más le gusta. “Me interesa la esencia de cuando palabras e imágenes se juntan. Aunque, cuando tenía 18 años, era fácil tener controlado más o menos todo lo que salía; ahora me llegan tantos tebeos que no logro estar al tanto; trabajos que me dejan boquiabierto y otros que me recuerdan tristemente una frase que dije hace años: ‘Estamos peleando para que el cómic alcance un nivel mayor de mediocridad”.

De paso, el tebeo también le sirve para sentirse mejor. “El desastre es mi musa. Mis cómics nacen de mi descontento, mis rabias, mis miedos. Si me siento bien, no tiendo a dibujar o escribir. Son una manera de encontrar equilibrio”. En sus viñetas, se representa como un tipo inseguro y ansioso. La muerte de su hermano, el ataque de nervios en 1968 y el suicidio de su madre, complicaron su juventud. Maus ayudó en parte: le dio fama y estabilidad económica, pero también frustración, por las interpretaciones equivocadas y por atar su carrera a una obra.

Porque Spiegelman siempre ha querido mirar adelante, experimentar. Últimamente, prueba “novelas gráficas de una página”. En Navidad, se encerrará con un maestro litógrafo para otro proyecto. Y, desde hace dos años, trabaja en una idea que “debería convertirse en un nuevo programa de televisión”. Todavía discuten los últimos detalles. Pero está confiado: lleva una vida entera en la batalla.

UN RATÓN ADORABLE Y ODIOSO
El creador del considerado mejor cómic de la historia tiene una relación ambivalente con él. “Le estoy agradecido, por aterrizar en la cultura de una manera que lo mantendrá vivo, por darme la seguridad económica para probar proyectos financieramente inviables, y porque parece un marcador útil para la gente”, asevera.

A la vez, Maus le da rabia: “Me parece un poco insultante que se diga que sirve para enseñar a los niños de 12 años qué es el Holocausto, no fue concebido para eso”. Spiegelman se indignó cuando descubrió que Roberto Benigni se inspiró en su cómic para La vida es bella, filme que considera “obsceno”.

Asegura que nunca escribió Maus para “hacer del mundo un lugar mejor u ofrecer algún tipo de lección”. Sabía que el tema era “abrumador”, pero le interesaba sobre todo cómo estructurar un relato mezclando palabras e imágenes. Eso sí, siempre quiso “un cómic con ambición, en el formato de libro, que necesitara ser releído”.

El Pais


viernes, 15 de diciembre de 2017

Una exposición recoge diez años de premios nacionales del cómic

La UMA y el Ministerio de Cultura rinden homenaje a las viñetas a través de 200 dibujos que muestran su proceso creativo




Un lector hojea uno de los cómics premiados. FOTOGRAFÍAS: JAVIER ALBIÑANA.




Algunas de las páginas de la muestra.


MANUEL DONOSO
Málaga, 15 Diciembre, 2017


El Premio Nacional del Cómic, que otorga el Ministerio de Cultura desde 2007, puso a las viñetas al mismo nivel que al resto de las artes del país, en cuanto a reconocimiento se refiere. Desde ayer y hasta el 13 de enero una exposición creada por la Universidad de Málaga (UMA) con la colaboración del Gobierno recoge más de 200 documentos entre dibujos, bocetos y guiones, de los diez ganadores de este galardón que ha habido hasta 2017.

Situada en la sala de exposiciones del Rectorado de la UMA, la muestra surgió con el objetivo de enseñar todo el proceso creativo de un cómic, según explicó ayer el comisario de la misma, dibujante y profesor, Pepo Pérez, que estuvo acompañado por la vicerectora de Cultura y Deporte de la UMA, Tecla Lumbreras, el Director Académico del Área de Investigación, Empleo y Empresa de la Fundación General de la UMA (FGUMA), Antonio Lara, y el subdirector general del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, Javier Pascual, en representación de las instituciones implicadas.

A los 200 documentos acompañan un texto explicativo de cada una de las diez obras y sus autores, que son: Max (2007, Hechos dichos, ocurrencias y andanzas de Bardín el Superrealista); Paco Roca (2008, Arrugas); Felipe Hernández Cava y Bartolomé Seguí (2009, Las serpientes ciegas); Antonio Altarriba y Kim (2010, El arte de volar); Santiago Valenzuela (2011, Las aventuras del Capitán Torrezno); Alfonso Zapico (2012, Dublinés); Miguelanxo Prado (2013, Ardalén); Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido (2014, Blacksad: Amarillo); Santiago García y Javier Olivares (2015, Las Meninas); Pablo Auladell (2016, El paraíso perdido de John Milton) y Rayco Pulido (2017, Lamia).

Además, cada cómic reposa para ser leído sobre una silla especialmente diseñada par la exposición, para la que también se ha editado un catálogo en el que se expande la información de la muestra con entrevistas a los autores.

En estas once obras premiadas se pueden apreciar multitud de temas y de impactos, a veces de relevancia internacional. En el caso de Arrugas, de Paco Roca, se convirtió en un superventas -el mayor de España, de momento- y causó una fuerte impresión mediática, explicó Pérez.

Un ejemplo de mezcla de géneros es el tercer premiado, La serpiente ciega, que, ambientado en los conflictos internos del frente comunista en la Guerra Civil, usa recursos de la novela negra. Al año siguiente, con El Capitán Torrezno, Valenzuela presenta una saga "que no admite muchas comparaciones" repleta de referencias literarias y artísticas. Por su parte, Zapico recurre a la biografía de James Joyce en Dublinés. Al igual que en Arrugas, Miguelanxo Prado trata la memoria con Ardalén. También situado en la contienda fraticida española se encuentra El arte de volar, que se basó en los testimonios del padre del guionista, cuyas memorias también se exponen. Por otro lado, Blacksad: Amarillo -el más comercial y juvenil- alcanzó la fama en otros países, como ocurre con Las Meninas, que se acaban de publicar en EE.UU.

Un proyecto con gran apoyo que surgió al unísono

La idea de la exposición fue el resultado de varias iniciativas que surgieron de forma casi simultánea. Con motivo del XX aniversario de FGUMA se pensó en ello y se propuso al mismo tiempo que en el Ministerio de Cultura se iba a aprobar el Plan de Fomento a la Lectura, con un enfoque más destinado al cómic. Entonces se recibió la llamada de la UMA con la propuesta y salió adelante. Además, todos los premiados facilitaron más material del que la sala necesitaba.


Malaga Hoy


miércoles, 13 de diciembre de 2017

Emerge en el cómic el submarino nazi más legendario

Se edita en España ‘U-47’, dedicado al famoso sumergible de Prien desaparecido

JACINTO ANTÓN
Barcelona 13 DIC 2017



El submarino U-47 atacado por un destructor en una viñeta del álbum, dibujado por Gerardo Balsa..


En plena búsqueda del submarino argentino ARA San Juan aparece en España un cómic en el que emerge el que seguramente es el sumergible desaparecido más famoso de la historia, el alemán U-47 que comandaba el capitán Günther Prien, sin duda el as de las profundidades más célebre de la Segunda Guerra Mundial. Se da la circunstancia de que el dibujante de U-47—un cómic espectacular, en el que se plasman magistralmente toda la emoción y todo el espanto de la guerra submarina— es argentino, Gerardo Balsa (Rosario, 1973).

Balsa (y valga también el apellido), que vive en Barcelona, considera una terrible casualidad la coincidencia y dice que sigue con especial interés y emoción las noticias sobre el desastre del ARA San Juan. "Cuando conoces bien lo que es un submarino y la vida a bordo eres muy consciente de lo espeluznante que resulta quedar atrapado y ahogarte en uno de esos ataúdes de acero", explica. Para dibujar U-47, que es una serie con guión de Mark Jennison y de la que de momento han aparecido en España, a la vez, dos títulos, El toro de Scapa Flow y El superviviente (publicados por Coeditum), Balsa se ha documentado tan a fondo sobre los submarinos, especialmente los del tipo VII B y otros modelos de la flota del III Reich, que, afirma, “podría andar a ciegas por dentro de uno”.

El U-47 es uno de los submarinos más legendarios de la historia, y su desaparición en 1941 con toda su tripulación durante el ataque a un convoy al sur de Islandia remachó su oscura celebridad. Nunca se ha sabido nada del buque, víctima de las cargas de profundidad, un accidente en inmersión o un torpedo defectuoso (suyo o de un colega). Con el U-47, Prien logró entrar en 1939 en el inexpugnable fondeadero de la Royal Navy en Scapa Flow y hundir el acorazado HMS Royal Oak, en una de las grandes hazañas de la Segunda Guerra Mundial. Condecorado por el propio Hitler con la recién acuñada Cruz de Caballero, Prien se convirtió en el icono del arma submarina y en un magnífico instrumento de la propaganda nazi.Lo bautizaron "el toro de Scapa Flow", lo que llevó a dibujar el emblema de un toro furioso en la torreta de su submarino.

En el primer álbum observamos cómo el U-47 se cuela en Scapa Flow bajo un cielo en el que destella sobre el lobo gris de la Kriegsmarine la aurora boreal (fue así de verdad), para torpedear al gigantesco navío enemigo, en el que murieron novecientos marinos. La trama sigue más o menos los derroteros históricos hasta el hundimiento del U-47 que en el cómic no es tal: el sumergible se salva mediante un ardid y a partir de entonces participa en misiones secretas imaginarias a lo largo de la guerra, como el intento de apoyar la fuga de prisioneros alemanes de un campo en Norteamérica.

La operación editorial de reflotar al U-47 se parece a la efectuada con el Barón Rojo y su Fokker triplano en otro cómic de actualidad: rescatar una historia y un personaje para dotarlos de nueva vida. "La idea fue de la editorial francesa Zéphir, en la consideración de que había bastante cómic de aviones pero muy poco de submarinos”, apunta Balsa; “formamos ese equipo con Mark y el colorista Nicolas Caniaux, y ha funcionado tan bien que en Francia hay publicados 11 títulos de la serie y ya estoy acabando el 13, que transcurre en febrero de 1943. El hecho de que el U-47 desapareciera nos da libertad para inventar”. ¿Alguna misión en Argentina para rizar el rizo de la nacionalidad del dibujante? "De momento no; en realidad, los submarinos del modelo del U-47 no tenían suficiente autonomía para llegar, aunque podríamos hacer que repostara en alta mar".



Página de 'U-47', con dibujo de Gerardo Balsa.

Prien, nazi convencido y mimado de Doenitz, que lo llamaba cariñosamente Prüntje, no es un personaje muy simpático (no lo era ni para su tripulación). “Es cierto, y era canijo, pero nosotros le hemos dado una vuelta de tuerca convirtiéndolo en un individuo apolítico y con el aspecto de viejo lobo de mar que él no tenía”. El dibujante dice que en todo caso no les preocupa quién fuera el Prien real: “Este cómic es ficción y no pretende ser una biografía de Prien sino solo aventuras bélicas en submarino”.

La veracidad en cuanto a los submarinos está garantizada. “Eso sí, la fiabilidad en lo técnico es total, hemos tenido como asesor a un almirante francés que sirvió en submarinos, y te aseguro que sé para qué sirve cada manivela del sumergible”. Los álbumes incluyen una segunda parte tras los dibujos en las que se presentan dosieres históricos con fotografías sobre la U-Bootwaffe, la fuerza submarina alemana.

¿Qué es lo más difícil de dibujar de un submarino? “El submarino en sí no es difícil, es paciencia y documentación; el desafío de verdad es dibujar a los marinos que están dentro”.

Al comparar los sumergibles de la Segunda Guerra Mundial con los actuales, Balsa señala que “han ido evolucionando muchísimo, tendrían que ser más seguros, aunque mira lo que pasó con el Kursk en 2000. Es espeluznante, pero la muerte, y de la peor especie, está siempre ahí cuando se trata de submarinos”.


Viñeta de 'U-47'.


 Autor: Mark Jennison.
Editor: Coeditum (2017).
Formato: tapa dura (136 páginas) en cada volumen.




EL DIBUJANTE ARGENTINO Y EL ARA SAN JUAN

El dibujante de U-47, Gerardo Balsa, que es argentino, aprecia muchas contradicciones en el tema del ARA San Juan. “No sé si alguna vez se sabrá toda la verdad. La falta de información ha provocado que se esparzan teorías conspiratorias. Mi opinión es que se trataba de un sumergible muy viejo y que no se había hecho un buen mantenimiento. Quizá los alemanes lo hubieran podido mantener a punto, pero nosotros somos más de improvisar”.



El Pais


martes, 12 de diciembre de 2017

Recuperada una obra perdida de Jan, el dibujante de Superlópez

‘Don Talarico. El castillo encantado’ se creía desaparecida, irremediablemente, desde hace 45 años

Detalle de una viñeta de Don Talarico. El castillo encantado, de Jan (Amaníaco Ediciones)

JORDI CANYISSÀ
05/12/2017

No pasa cada día que se recupere una obra considerada perdida. Una obra de la que se conocía su existencia pero a la que se le había perdido el rastro. Ocurrió con 25 minutos del filme Metrópolis, de Fritz Lang, y con 149 canciones de Bob Dylan que se encontraron en un apartamento de Nueva York, cuatro décadas después la grabación. Son hallazgos tan excepcionales como valiosos. Y cuando ocurren, la alegría es grande.

Los aficionados a la historieta sabían que en la bibliografía de Juan López, Jan (Toral de los Vados, León, 1939), uno de los autores más importantes del país, faltaba siempre un álbum, pues los originales se perdieron antes de su publicación. De la obra solo se sabía el título, lo que multiplicaba su aura de leyenda: Don Talarico. El castillo encantado.

Se trata de una historieta larga, de 43 páginas, que Jan entregó a la revista Strong en 1971 con la mala suerte que ésta cerró a los pocos días. Y ahí empieza otra aventura: el álbum no se publicó y los originales no volvieron jamás a manos del autor pese a sus reclamaciones. El Banco de Madrid se los quedó como garantía de la deuda de la revista.



Portada y primera página del segundo álbum de Don Talarico (Amaníaco Ediciones)

Don Talarico retrata con humor los siglos de la Reconquista de la Península Ibérica, revisando críticamente la visión que el franquismo dio de esa lucha contra el dominio árabe en la Península. El protagonista, con andares algo quijotescos, es un guiño al Guerrero del Antifaz, exitosa serie de cuadernos de historieta durante los años de posguerra.

Cinco años atrás se publicó un primer álbum del personaje de Jan, una recopilación de 12 historietas cortas: Don Talarico (Amaníaco Ediciones, 2012). Un volumen pacientemente restaurado por el editor, Jordi Coll, a partir de los ejemplares del semanario Strong. Tras esa experiencia nació la idea de recuperar lo que parecía irrecuperable: el álbum perdido del personaje. “El proyecto surgió por casualidad. Fue el mismo Jan quien, mientras miraba cómo había quedado el primer álbum, me habló de esa aventura que jamás se publicó y de la que tampoco le habían retornado los originales”, explica Coll.


Jan hojeando un ejemplar de 'Don Talarico'. A la izquierda, guión de una página (Amaníaco Ediciones)

Jan conservaba algunas desvaídas fotocopias del proyecto original, “pero la calidad era muy mala”, remarca el editor. Estaban mal impresas, no reproducían la página entera (los originales eran demasiado grandes para esas viejas máquinas) y, además, faltaban por completo las últimas 11 páginas, de las que en el mejor de los casos había un esbozo de guión.

Contento con la recepción del primer volumen, el padre de Superlópez se animó a recuperar lo que ya había dibujado 45 años atrás: redibujó las viñetas fotocopiadas, completó fragmentos de páginas que faltaban, y elaboró de nuevo aquellas de las que no había ni rastro.

En declaraciones a La Vanguardia, Jan explica que no le fue difícil adaptarse al estilo que tenía en 1971: “Soy versátil porque provengo de una escuela de dibujos animados orientada a la publicidad, lo que significa que para cada encargo tenía que inventarme un estilo adecuado al tema o anuncio. Me resulta fácil retomar ese estilo aunque por experiencia y oficio algo cambiaría. Es normal”. El principal reto estaba en la parte final del álbum, que abordó “sin apenas pistas de cómo las había hecho hace tantos años”.

Como ocurre en Superlópez o en Pulgarcito –otra de sus creaciones más populares–, Don Talarico está rodeado de un sugerente grupo de secundarios. “Cuando me invento un personaje no olvido que he de dotarle de un mundo propio, o sea secundarios que le den el contrapunto, de lo contrario sería un monologo”, asegura Jan. En este caso, destaca el seductor y enamoradizo Don Mendo o el fracasado mago Melón. “Los secundarios tienen que tener su personalidad propia para interactuar entre todos ellos –explica el autor– y además eso los hace aptos para capitanear el relato si se tercia. No concibo secundarios pasivos”.

Publicado también por Amaníaco Ediciones y con notas del crítico Toni Guiral, Don Talarico. El castillo encantado contiene divertidos anacronismos y diálogos escritos con un castellano antiguo macarrónico. Jan dibuja con una línea dulce y redondeada, sus personajes son dinámicos y elásticos, como de goma. La composición de la página es más libre que la que se usaba en Bruguera y la historia que se cuenta va aumentando poco a poco de intensidad hasta culminar con las escenas del asalto al castillo, con algunas de las viñetas más atractivas visualmente.



Originales y fotocopias de 'Don Talarico', en la mesa de trabajo de Jan (Amaníaco Ediciones)

“Desde luego, me gustaría continuar sacando aventuras de Don Talarico”, asegura Jan

Es fácil encariñarse con el personaje de Don Talarico, aunque el autor marca distancia: “Yo, en realidad, no le tomo cariño a los personajes: los utilizo como medio para contar mis historias y son las historias lo que me importan. Si doy esa sensación es porque lógicamente trato de que el lector se identifique con el personaje, para poder seguir contando mis historias con él”.

Tras la reedición restaurada de las aventuras cortas y la exhumación de este Don Talarico. El castillo encantado, Jan no descarta que pueda existir un tercer álbum con una historieta completamente nueva: “Desde luego, me gustaría continuar sacando aventuras de Don Talarico pero eso depende del tiempo que disponga, pues el Superlópez me ocupa casi todo el año… pero todo es posible”.

Jan, un clásico del cómic

Junto con Francisco Ibáñez, padre de Mortadelo y Filemón, Jan es uno de los más célebres autores de la llamada Escuela Bruguera (en honor a la vieja editorial del mismo nombre), junto con Escobar, Peñarroya, Jorge, Cifré o Raf. Por su trayectoria, Jan recibió el Gran Premio del Salón del Cómic de Barcelona en 2002. A finales de 2015 rechazó la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes del ministerio de Cultura “por ética personal” ante “las circunstancias sociales y políticas actuales”.


La Vanguardia



domingo, 10 de diciembre de 2017

Carvalho se cuela en las viñetas

Las aventuras del célebre detective de Vázquez Montalbán viajan al cómic con 'Tatuaje', primer título de la serie

GUILLEM ANDRÉS
Barcelona 4 DIC 2017

Pepe Carvalho y su amante Charo dibujados por Bartolomé Seguí.

El escritor Hernán Migoya se hacía cruces de que nadie se hubiera atrevido a trasladar las aventuras del detective más popular de la literatura española contemporánea a las páginas de un cómic. Por eso, cuando una noche, entre copas, Migoya entablaba amistad con Daniel Vázquez, hijo del novelista Manuel Vázquez Montalbán, vio clara su misión: Llevar al irrepetible inspector Pepe Carvalho a las viñetas. Tres años después de aquel encuentro —”en el que los dos nos entusiasmamos con el proyecto”, recuerda— Carvalho ha tomado cuerpo con trazo de lápiz negro y se despacha en su estilo inconfundible en las historietas.


“Es una ilusión personal”, asegura el guionista que se declara fan del policía galaico catalán. Su primera aventura, Tatuaje, se puede leer desde el 17 de septiembre en el cómic que publica Norma Editorial. Al detective Carvalho lo ha interpretado el actor Carlos Ballesteros en el cine, Patxi Andión en la cinta que dirigió Vicente Aranda, incluso Juanjo Puigcorbé en la pequeña pantalla. Adaptar al cómic las desventuras de este “vividor, sentimental”, y también “desencantado” Carvalho, según Migoya, “ha requerido mucha responsabilidad porque está en el imaginario colectivo”.

Con igual tacto y, si cabe, más delicadeza, el dibujante Bartolomé Seguí se ha encargado de poner rostro al detective de Montalbán en la que es la primera vez que adapta una novela al cómic. El ilustrador mallorquín y el escritor barcelonés se inspiran en el actor Ben Gazzara para crear a Pepe Carvalho aunque para Seguí el resultado tiene también una mezcla con Burt Reynolds.

Durante los 15 meses en los que el dibujante, Premio Nacional de Cómic, dedicó a reconstruir el mundo de Carvalho, Seguí dice haberse “reencontrado con los escenarios de la Barcelona que empecé a dibujar allá por los años 80”. Tatuaje, que centra el caso en la aparición de un cadáver con un misterioso dibujo en la playa de Vilassar de Mar, tiene lugar en 1974, un año antes de la muerte del dictador: “en una España deseosa de ser lo que nunca ha sido: un país normal”, resume Migoya.

Para construir el paisaje de la Barcelona de los 70, con La Rambla y el Barrio Chino, Seguí tuvo que documentarse con fotografías para recrear locales que ya no existen. A través de las 72 páginas de Tatuaje, el dibujante intenta que el lector viaje al mundo de Carvalho, “a su ánimo y sensaciones”, con colores saturados y oscuros. Con un dibujo de lápiz de “trazo rápido que inspira la calle”, que tan bien conoce el detective barcelonés. Para dibujar a su querida Charo, Seguí se fijó en actrices españolas de la época del destape como Bárbara Rey o Paca Gabaldón.

Las Ramblas de la Barcelona de los 70 de Carvalho.

De su creador, de Montalbán, Migoya recuerda que lo conoció a los 15 años en la biblioteca de su Barberà del Vallès natal y que fue precisamente la charla con el escritor la que le animó a seguir sus pasos entre libros. Para entonces, Migoya ya había devorado 80 títulos de novela negra.

La crónica de una época

Escritor y dibujante coinciden en que los libros de Montalbán van más allá de novelas policíacas para convertirse en la “crónica de una época, desde el punto de vista social y político”, desliza Migoya que ha intentado “condensar” ese espíritu de la obra.


Viñeta de "Tatuaje"

Migoya no deja de “fascinarse” por el “hedonista” Pepe Carvalho cuyo creador, dice convencido, utilizaba para canalizar “sentimientos íntimos demasiado duros quizá para expresarlos”. El guionista alaba el trabajo de Seguí que plasma con su lápiz a un personaje único: “Carvalho es un cínico pero también un sentimental, un tipo que a menudo se planta en pie de guerra contra el sistema y de paso contra sí mismo”. Unas crónicas en las que “estamos todos reflejados”, añade. La primera colaboración entre Migoya y Seguí se repetirá en dos ocasiones con las siguientes aventuras de la serie Carvalho: La soledad del manager y Los mares del sur.





BUENA SALUD DEL CÓMIC
La adaptación de las aventuras de Pepe Carvalho al tebeo llega en un momento en que la industria goza “de muy buena salud”, apunta Oscar Valiente, director de Norma Editorial, que retrata un género floreciente con “nuevas editoriales y librerías cada año”.

Valiente vio en el proyecto una oportunidad de “explotar el cómic contemporáneo” en un negocio que, según él, permanece impermeable a la revolución digital: “el cómic sigue siendo un objeto de colección y por sus particularidades narrativas se disfruta más en papel”.


El Pais