lunes, 3 de abril de 2017

A VOTAR SE VA DIBUJADO

Periodistas y exprofesionales de la política francesa usan el cómic para explicar la actualidad de su país como ningún otro medio puede hacerlo. A veces el resultado da risa, pero hoy también asusta

TEXTO_Aitor Marín

RACHIDA DATI, MINISTRA ESTRELLA de Sarkozy, emprendió en 2013 una batalla legal para impedir la publicación del cómic Rachida Dati, en el nombre de los padres, de Yves Derai, Bernard Swysen y Marco Paulo. Su misterioso embarazo vino con esta sátira bajo el brazo y ella pensaba que atentaba contra su vida privada. Sin embargo, la justicia francesa no le dio la razón, argumentando que el tebeo no rebasaba los límites de la sátira política. No era este ni el primer ni el último caso en el que



El retrato oficial del presidente de la República es una cuestión de estado en Francia. El que hacen Durpaire y Boudjellai en 'La presidente' es una pesadilla.

los franceses descubrían a través de viñetas lo que los periódicos no cuentan de sus políticos. Si en España es habitual la caricatura política, nuestros vecinos son más de llenar páginas y páginas, a veces con la única excusa de arreglar cuentas con su propio pasado. Es el caso del diplomático Antonin Baudry, alias Abel Lanzac, que entre 2004 y 2005 fue consejero del conservador Dominique Ville-pin en el Ministerio de Interior. En 2010, se alió con el dibujante Christophe Blain para convertir su traumática experiencia en un cómic hilarante, Quai d'Orsay (publicado en España por Norma), en el que se venga del político conservador convirtiéndolo en un auténtico vendedor de humo.

A medio camino entre el cómic y el periodismo se encuentran los trabajos de Mathieu Sapin, quien primero convirtió en dibujos la campaña electoral de Francois Hollande y luego, cuando este ganó las elecciones, le acompañó al Elíseo para vigilar su mandato durante casi un año (julio 2013-junio 2014). El resultado, Le cháteau, no ofrece una imagen especialmente bucólica ni del presidente socialista ni de su entorno. "Lo que más me chocó es el desgaste del personal, la violencia del medio político no se ve si uno está un día en el palacio, por eso era interesante quedarse tanto tiempo", explicó Sapin en la presentación de su libro. Más divulgativa fue la intención de los periodistas de Le Monde, Héléne Bekmezian y Roger Patrick, quienes en Faire la loi (2016), y con la ayuda del artista Aurel, describen todo el proceso que siguió la ley Macron para mejorar la competitividad hasta que fue aprobada en la Asamblea francesa. Podría haber resultado un ladrillo, pero el cómic presenta esta odisea burocrática como una irónica versión del Monopoly. Hoy Emmanuel Macron parte como uno de los favoritos a las elecciones del 23 de abril, la otra es Marine Le Pen. Si nos atenemos al número de cómics que ha inspirado, la lideresa del Frente Nacional es la campeona. Y no son muy amables. En La presidente, publicado en 2015, el historiador Francois Durpaire predice con la ayuda de los pinceles de Farid Boudjellai cómo será el mandato de Le Pen, con huelgas, caos económico por los intentos de salir del euro y cuitas con la Alemania de Angela Merkel. Ojalá lo hayan leído muchos franceses.



Revista ICON Nº38 Abril 2017

domingo, 2 de abril de 2017

Tebeorama Clásicos y modernos: de la jungla de asfalto a la utopía en la jungla




POR ALVARO PONS
En los años ochenta, el mundo del cómic patrio vivió una especie de inmensa burbuja de reconocimiento y prestigio. Revistas con títulos tan impactantes como Tótem, 1984 o Cimoc fueron abriendo el camino para demostrar que otro cómic era posible, ofreciendo desde sus páginas la revolución de una historieta ya adulta que se vivía en Europa. Recuerdo mi mirada pasmada de adolescente ante las páginas de Corto Maltes o El garaje hermético, que reescribían los géneros clásicos desde la reflexión una y la trasgresión el otro, y recuerdo, ¡cómo no!, la fuerza del trazo expresionista de José Muñoz dibujando los historias de Alack Sinner escritas con Carlos Sampayo. Aquellas primeras páginas eran homenajes casi canónicos al género negro, pero el personaje creció en los recovecos de esas tintas de violento contraste de blanco y negro, en las líneas rotas que definían caras ajadas por la vida. Poco a poco, Sinner fue abandonando la senda de Marlowe y Spade para reconvertirse en cansado testigo de una existencia que no tenía más remedio que vivir. Y así, el protagonismo pasó del detective a los secundarios, del primer plano a unos escenarios que se revelaban rebosantes de anónimos personajes llenos de historias que contar. Muñoz y Sampayo consiguieron un clásico que por desgracia ya llevaba demasiado tiempo alejado de las librerías. Salamandra Graphic toma el testigo y lo edita en un necesario integral que reúne todas las historias que protagonizó el personaje durante sus 30 años de recorrido.

De aquella época hay que recordar también la atrevida experiencia de Rambla, pionera revista autogestionada que vivió convulsos tiempos, hasta el punto de que uno de sus responsables, el dibujante Josep María Beá, tuvo que multiplicarse a lo largo de decenas de seudónimos para que la publicación pudiera aparecer cada mes. El autor que experimentó con éxito una ciencia-ficción de surrealismo berlanguiano demostraba ahora una versatilidad sin límite y se atrevía sin miedo a seguir la desvergüenza de Reiser, la experimentación fotográfica, aplicar el estilo del maestro Toth al relato del lumpen o incluso el porno festivo. Sánchez Zamora, Norton, Las Percas, JM o Pere Calsina firmaban obras tan dispares que ni siquiera el ojo más entrenado podía descubrir que pertenecían al mismo autor. Tal fecundidad creativa obedecía a la necesidad, pero de paso certificaba la genialidad de un creador avanzado a su tiempo. Afortunadamente, Trilita Ediciones ha tenido a bien recopilar casi todas estas historias en un lujoso volumen: Josep María Beá, el hombre de los mil estilos.






1.Viñeta de Alack Sinner, de José Muñoz y Carlos Sampayo. 2.Portada de Alack Sinner. 3.Portada de Josep María Beá, El hombre de los mil estilos. 4.Viñetas de Plata, de Laura Pérez Venetti. 5.Portada de Viñetas de Plata. 6.Portada de Arséne Schrauwen.


Y, ya puestos a ejercitar la memoria, conviene recordar que en esos años las páginas de El Víbora acogieron las primeras obras de Laura Pérez Vernetti, autora de curiosidad insaciable que ha desarrollado una carrera marcada por la constante exploración de las posibilidades artísticas de la historieta. Desde hace unos años, esa sempiterna inquietud le ha llevado a indagar la traslación de la poesía al lenguaje de la historieta, buscando más allá de la simple representación simbólica de los poemas de Rilke, Pessoa o Maiakovski El último de los peldaños de este ascenso sin fin ha sido adaptar en Viñetas de plata (Reino de Cordelia) la poesía de Luis Alberto de Cuenca. Versos que se zambullen en la cultura popular y que Laura delimita con su línea limpia, traduciendo el ejercicio de la lectura poética en gestualidad visual.

Pero no nos quedemos solo en la memoria, porque hoy ese prestigio del cómic vuelve con fuerza y la lista de autores que piden paso para escribir su nombre en la historia del medio es amplia, aunque posiblemente uno de los que la comandan con más fuerza sea Olivier Schrauwen. La editorial Fulgencio Pimentel acaba de editar con exquisitez el tercer y último volumen de Arséne Schrauwen, fascinante biografía —inventada o cierta, quién sabe— del abuelo del autor, que narra su particular peripecia vivida de joven en una alejada jungla. Si Herzog exploraba en ese escenario la locura de Fitzcarraldo, Schrauwen construye una biografía que bascula entre lo onírico y lo real, apoyado tanto en un tratamiento gráfico que exprime el simbolismo y las posibilidades narrativas del color risográfico como en una historia que no duda en alternar el humor socarrón con la fantasía e incluso la crítica. Las pocas luces de Arséne sirven como guía a una inusual excursión por una utopía que nunca sabremos si habita en el sueño o la realidad, pero que volverá de forma recurrente a nuestros pensamientos.

Y otro nombre que estará con seguridad en esa lista de clásicos modernos es el de Riad Sattouf, que tras el éxito de El árabe del futuro (Salamandra Graphic) aborda un personalísimo proyecto que cede el protagonismo a una niña de nueve años. En Los cuadernos de Esther (Sapristi Cómics), el dibujante demuestra su habilidad como testigo de la realidad que le circunda, recreando la vida de la pequeña Esther a través de sus testimonios. Frente a las clásicas series que escondían la voz del autor tras un personaje infantil, Sattouf se convierte en la voz de la niña de forma transparente al lector, haciendo de la viñeta una grieta indiscreta por la que se ponen en cruel evidencia unos modelos y comportamientos que la sociedad intenta transmitir a los más pequeños y que, quizá, no llegan como pensamos. Humor de regusto amargo, pero de lúcida eficacia.



El Pais, Babelia nº 1.323 Sabado 1 de abril de 2017


La ciudad en viñetas

 Publicado por Loreto Igrexas




Roberto Massó presenta un nuevo cómic mural e inédito sobre la ciudad de Madrid inaugurando así la tercera exposición de la quinta temporada de La ciudad en viñetas. Massó presenta una visión múltiple de un día en Madrid, desde el subsuelo al cielo pasando por el asfalto, poniendo de relieve detalles y acciones, algunas imperceptibles y otras que siempre están ahí, pero nos pasan desapercibidas. Edificios, tráfico, gente, rótulos… todo se conecta en su particular visión de la ciudad. La inauguración será el próximo jueves 6 de abril en la 4ª planta de CentroCentro Cibeles a las 19h, y la exposición se podrá visitar de forma gratuita hasta el 2 de julio de 2017.

Roberto Massó (Cáceres 1987) es una de las voces más inquietas y experimentales del panorama del cómic nacional. Se mueve cómodamente en el ámbito de la autoedición realizando cómics y dibujos en un proceso de búsqueda constante que integra ambas disciplinas. Massó se atreve con la abstracción geométrica, el cinetismo o el dibujo simbólico en clave pop. Sus trabajos más relevantes han sido publicados por pequeñas aunque innovadoras editoriales como Dehavilland (Medieval Rangers, 2014), Libros de Autoengaño (Pulimento, 2016) y Fosfatina (Zona Hadal, 2017).



La ciudad en viñetas es un ciclo rotatorio ubicado en la 4ª planta del centro cultural CentroCentro (Plaza de Cibeles, 1), en el que cada tres meses, una nueva autora o autor publica en los paneles de este espacio su aproximación particular, en forma de narrativa gráfica, a los edificios, las personas y las historias que habitan la ciudad. La nueva temporada está comisariada por la también autora Ana Galvañ, que actualmente coordina el proyecto de cómics Tik Tok, con el propósito de dar apoyo y visibilidad a autores emergentes nacionales y de habla hispana. Sus historias han aparecido en editoriales como Fantagraphics, Nobrow, Ultrarradio, Vértigo DC, Off Life, Autsáider, Apa-Apa y Fosfatina.

En esta edición, Galvañ decide apostar por el riesgo, la experimentación y los nuevos talentos en el ámbito del cómic nacional. Esta nueva temporada, ya ha contado con la participación de María Ramos y Carla Berrocal, dos autoras sin prejuicios y con el afán inconformista del nuevo cómic. Tras Roberto Massó, la siguiente participante será Conxita Herrero, una joven autora que acaba de publicar Gran Bola de Helado, uno de los grandes debuts del año pasado.


Estas son las fechas de todas las exposiciones de esta edición:
María Ramos: Del 15 de octubre de 2016 al 22 de enero de 2017.
Carla Berrocal: Del 26 de enero al 2 de abril de 2017.
Roberto Massó: Del 6 de abril al 2 de julio de 2017.
Conxita Herrero: Del 6 de julio al 1 de octubre de 2017.


Por La ciudad en viñetas han pasado autores como Mauro Entrialgo, María Herreros, José Ja Ja Ja, Cristina Daura y Juan Díaz-Faes. Algunas de estas historias están expuestas también en la 4ª planta. Además, pueden adquirirse en la tienda- librería de la 2ª planta, a modo de láminas de arte en una reproducción numerada.

Fecha
Jueves, 6 Abril, 2017 - Domingo, 2 Julio, 2017
Todo el día

Ubicación
CentroCentro Cibeles


jotdown



Dibujar cara a cara con el Isis

Zerocalcare relata con humor negro en la novela gráfica ‘Kobane Calling’ su viaje al Kurdistán sirio y a la guerra contra el Estado Islámico




Dos viñetas de 'Kobane calling'.


TOMMASO KOCH

Madrid 30 MAR 2017

En medio de la autopista y de la noche, se alza un cartel de tráfico. Intacto, pese a todo: las bombas, el Estado Islámico, el desierto. Las flechas dicen que a la derecha, a 30 kilómetros, aguarda la urbe kurda de Erbil. A la izquierda, a la misma distancia, se halla Mosul. Es decir, basta un desvío erróneo, un despiste al volante, para poner rumbo al terror. A “esa ciudad que has visto en el periódico donde tiran a los homosexuales al vacío y lapidan a las mujeres”, escribe Zerocalcare. Apenas 30 kilómetros separan su autobús de la capital del Isis en Irak. Como de Roma al puerto de Ostia, reflexiona el artista. “En el cartel tampoco es que ponga: ‘Ojo, no vaya a la izquierda”, aclara una viñeta. Suficiente para imaginar en el siguiente dibujo a un conductor perdido: “Vaya, estamos en Mosul. Menuda caca de GPS. En fin, parada para mear y volvemos atrás”.


Decenas de ejemplos más podrían resumir la extraña mezcla de Kobane Calling (Reservoir Books).  Para su obra más compleja, que presenta estos días en el Salón del Cómic de Barcelona, el historietista italiano se agarra a su humor surrealista. Frente al mal, carcajadas. Así la novela gráfica relata el viaje de Zerocalcare (Michele Rech; Arezzo, 1983) hasta Rojava, el Kurdistán sirio, en el frente de la batalla contra el Isis; tan cerca que “si se te da bien mear lejos, llegas tranquilamente”. Atentados, escombros y la indomable resistencia de los kurdos pueblan las páginas de Kobane Calling. Nada que ver con las temáticas habituales del autor: las vicisitudes de su barrio y sus accolli (acoplados). El estilo, sin embargo, sigue idéntico. “Parto de mí mismo y cuento lo que hago. En este caso, estuve en Kurdistán”, simplifica. La receta le ha llevado a vender más de dos millones de ejemplares de sus cómics y su última obra ya suma 100.000.


De ahí que a lo largo de 262 páginas en blanco y negro el lector se encuentre explicaciones flash de geopolítica, con un aviso que le invita a saltárselas. Zerocalcare fia al pedante cerdo George Pig, hermano de Peppa, la misión de criticar el presunto simplismo de su obra; traza campos de refugiados, testimonios que encogen o la descorazonadora imagen de una jaula donde el Isis quema a sus presos; pero también relata dramas más cotidianos: ¿por qué los kurdos solo desayunan lentejas? Entre las balas y la desesperación, un guerrillero es retratado como el abuelo de la película Up, un armadillo interpreta la conciencia de Zerocalcare y aparecen desde los caballeros del Zodiaco hasta un mamut.

“Querría que el cómic fuera accesible para cualquiera; que ofreciera información para entender qué ocurre, pero sin gravar el relato con demasiados elementos que aburrieran a quien ya conoce el contexto”, continúa Zerocalcare. Aunque el reto de contar una tragedia serísima sin renunciar a la risa le supuso elecciones complejas. “Dibujé a un guerrillero como un enorme trozo de queso. Durante la elaboración del libro, ese hombre murió. Y, claro, esa imagen no encaja nada con la iconografía de un mártir kurdo”, se sincera.

Al fin y al cabo, todo el relato pasa por el filtro de Zerocalcare. Y refleja su manera de ser. “Si me tomo demasiado en serio, tal vez alguien se ría de mí. Así que ya lo hago yo solo”, defiende. Además, el humor fue parte integrante del viaje: “Si juntas a cinco romanos son capaces de desacralizarlo todo, hasta los momentos más dramáticos”. Tanto que el miedo, que subió al avión junto con él, no aterrizó: “Ves viejos, niños que juegan al fútbol y son ellos los que establecen el umbral de la tranquilidad. Sigues su ejemplo, no vas a empezar a hacerte el neurótico”.

En su carrera, el creador también ha encontrado cierto equilibrio. Tras darse a conocer con un tebeo sobre el trágico G-8 en Génova en 2001, hace años que ya vive de sus historietas. Eso sí, la fama ha multiplicado el número de accolli y de mails como: "Mi marido cumple hoy 50 años. ¿Le dibujarías una historia?". Por el camino, se han quedado el sueño infantil de ser paleontólogo, debido a Parque Jurásico, o la acumulación bukowskiana de trabajos improbables: entre otros, Zerocalcare tuvo que contar lo que tardaba un viajero en un aeropuerto desde el check-in hasta el embarque o "traducir documentales aficionados de caza y pesca en la Bretaña".

"No escribo historias tan bien como para que otro las dibuje, ni al revés. No soy especialmente bueno en ninguno de los dos aspectos, pero he encontrado este equilibrio que se mantiene en pie. Es un lenguaje que me permite contar en modo bastante claro lo que vivo", explica él. Tras tantas experiencias, ¿qué es lo que más y menos le gusta del mundo del cómic? "El aspecto mejor es que si eres un obseso del control, como yo, en los tebeos lo dominas todo. Lo peor no son tanto las historietas de por sí, sino que me han llevado a encontrar el mal absoluto". ¿El Estado Islámico? "La televisión y los ambientes de la alta cultura. Entre ciertas fiestas del salón del libro de Turín y Raqqa [capital siria del Isis] a veces tendría dudas". Debe de ser otra broma. ¿O no?

AMIGOS, FAMILIA E ICONOS
Zerocalcare suele recrear personas de su entorno con los rasgos de iconos culturales, animales o cualquier otra ocurrencia. Su madre, por ejemplo, siempre es la gallina Lady Kluck de la disneyana Robin Hood.  Pero en sus páginas se cuelan referencias a dibujos animados, videojuegos, personajes históricos o literarios: "Mostrar a la gente que conozco como figuras del imaginario colectivo hace que sean inmediatamente reconocibles y no tenga que explicar qué significan para mí".

¿Alguna vez alguien se ha picado? "Sí, muchos, por las razones más variadas. Mi madre dice que no está tan gorda como Lady Kluck. Aunque las personas que más me preocupan las dibujo de forma que no sean facilmente identificables".

POR ROJAVA
Zerocalcare siempre ha sido muy cercano a los movimientos sociales romanos. Y de ahí surgió su viaje. Él y sus compañeros preguntaron a varios contactos por las informaciones de la prensa sobre Rojava (el Kurdistán sirio) y el Gobierno autónomo que sus habitantes establecieron en 2013. "Nos contaron que había una revolución en marcha. Pensamos que podríamos ir a ayudarlos y a la vez aprender algo de su experiencia", relata el dibujante.

Rojava destaca porque, mientras combate al Estado Islámico y al régimen sirio de El Asad, busca la igualdad absoluta de género, religión u orientación sexual entre sus ciudadanos y opta por la democracia participativa. "Cuando llegas allí impresiona que, aparte de resistir al Isis, están todos proyectados hacia la construcción de una nueva sociedad", agrega Zerocalcare.

Sus viñetas muestran su fascinación por lo que algunos han bautizado como la "utopía" de Rojava, por más que en los dibujos también se cuelen sus dudas. En todo caso, Zerocalcare no pretende ser imparcial: "Decidí dejarlo claro enseguida. Nunca aspiré a la objetividad, intento ser intelectualmente honesto. Por eso no considero Kobane Calling una obra periodística, he elegido un bando al que apoyar". El propio lector, al adquirir el tebeo, lo hará: parte de los ingresos van destinados a la lucha de Rojava.



El Pais

viernes, 31 de marzo de 2017

Cinco novedades para descubrir en el Salón del Cómic



5 novedades del Saló del Còmic (LVE)



JORDI CANYISSÀ
29/03/2017

Coincidiendo con la cita del Salón del Cómic de Barcelona, que se celebra del 30 de marzo al 2 de abril, aparecen varias novedades en las librerías. Esta es una selección con algunas de las novelas gráficas más destacadas.

‘Cosmonauta’, de Pep Brocal
Ciencia ficción, filosofía y humor

'Cosmonauta', de Pep Brocal (Astiberri)

Un planeta Tierra devastado y unos cosmonautas solitarios a los que se les ofrece surcar el espacio en una última y desesperada misión llamada Segunda Oportunidad. Pep Brocal lleva años firmando obras remarcables (como la anterior, Alter Walter) y ahora presenta Cosmonauta (Astiberri), donde mezcla con eficacia los viejos cánones de la ciencia ficción con una historia de amor a tres bandas, reflexiones filosóficas y algo de humor. Una historia que desde la infancia rondaba por la cabeza de su autor y que ahora cuenta con mucha solvencia.

Gráficamente es una obra asombrosa: la composición de página es libre, variada y muy creativa; el uso del color (azul y rojo sobre el blanco y negro de base) es un acierto absoluto y no es un capricho estético. Brocal aprovecha sus años de experiencia en el campo de la serigrafía para usar este juego cromático con una eficacia envidiable. Cosmonauta es una obra bellísima en su forma y en su fondo.

‘Alack Sinner’, de Muñoz y Sampayo
Serie negra expresionista

'Alack Sinner', de Muñoz y Sampayo (Salamandra Graphic)

Incrédulo y solitario, Alack Sinner es tan poco perfecto como su apellido hace suponer. Es un detective privado que trabaja en Nueva York y mantiene una relación difícil con su hija y su exmujer. Su naufragio personal parece emular la degradación política y moral de la Argentina natal de sus autores, José Muñoz y Carlos Sampayo. Muñoz y Sampayo parten de la literatura y del cine negro más canónico (Hammet, Chandler) para levantar uno de los universos más personales, originales y renovadores de la historieta mundial.

El dibujo de Muñoz –con ecos de Breccia y Pratt– mezcla su base realista con una deriva caricaturesca de enorme fuerza expresiva gracias a una poderosa mancha negra; sus rostros, más que dibujados, parecen cincelados sobre la página. Las historias de Sampayo desplazan poco a poco el foco de atención hacia un relato coral y cada vez más fragmentado. El detective duro de los inicios se torna más reflexivo y permeable a las historias ajenas que se cruzan por su vida como se cruzan, fugazmente, nuevos personajes en viñetas cada vez más densas y que son parte del encanto de la serie. La imponente edición integral en un solo volumen de Alack Sinner (Salamandra Graphic) es una de las novedades del año.

‘De tripas y corazón’, de Pozla
Autobiografía del dolor

'De tripas y corazón', de Pozla (Dibbuks)

Durante diez años, el autor de este libro buscó una explicación a su dolor. Para los médicos era “psicosomático”; para él, un calvario. Al final, el dolor tenía nombre: Crohn, una enfermedad que causa inflamación e irritación del tubo digestivo. Le operaron y se llevó al hospital un cuaderno para dibujar que le ayudó “a sobrevivir”. Dos años después de la operación, Pozla contó su experiencia en una novela gráfica sobrecogedora, que impacta y emociona pero que también arranca sonrisas: De tripas y corazón (Dibbuks).

No es raro que las novelas gráficas aborden cuestiones personales (Maus, Persépolis, El arte de volar) ni es raro que traten sobre una enfermedad (Epiléptico, Píldoras azules); pero hay pocos casos en los que es el propio autor quien ha sufrido ese mal. Pozla consigue el milagro de plasmar el dolor en sus dibujos pero De tripas y corazón es también una historia de superación contada con una asombrosa sinceridad y complicidad con el lector. Galardonada con el Premio de la Crítica en el último festival de Angulema, es una de las sorpresas editoriales del año y será una de las novelas gráficas destacadas que nos dejará este 2017.

‘El último asalto’, de Tardi
Viaje al fin de una guerra

'El último asalto', de Tardi (Norma Editorial)

Pocos autores como Jacques Tardi han denunciado con tanta valentía y contundencia el horror de la guerra. Buena parte de su obra se ambienta en los años de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y ahí Tardi ha condenado la estupidez del combate, el inútil sacrificio de vidas humanas, la mezquindad y el engaño masivo. Sus páginas transmiten la angustia de la lucha cuerpo a cuerpo para ganar un palmo de tierra. Sus viñetas sitúan al lector en el fango de la trinchera y transmiten el horror del obús que estalla provocando una carnicería.

Tras firmar álbumes como Así fue la guerra de las trincheras o Puta guerra, Tardi vuelve a las trincheras con El último asalto (Norma Editorial), un grito de protesta y de sublevación ideado junto a su esposa, Dominique Grange, responsable de la banda sonora que acompaña estas viñetas. En El último asalto no hay héroes ni esperanza porque la guerra se plasma con toda su crudeza, sin infantilismos ni trampas que la conviertan un producto comercial. Tardi asegura que será el último álbum que dedicará a este conflicto. Sus obras son clásicos modernos. Pura literatura en imágenes.


‘Historia de la Santa Rusia’, de Gustave Doré
Esto sí es un clásico (de verdad)

'Historia de la Santa Rusia', de Gustave Doré (El Nadir)

Ahora que algunos críticos literarios se empeñan en presentar como novedad absoluta novelas híbridas que ensamblan ficción, ensayo y autoficción, es bueno recordar que la variedad de géneros y formatos no es ninguna una novedad. Laurence Sterne lo hizo en su Tristam Shandy y Gustave Doré en este luminoso La historia de la Santa Rusia, que es el Tristam Shandy del cómic. El álbum, publicado originalmente en 1858, se publica por primera en castellano en una magnífica edición de El Nadir.

Gustave Doré, ilustrador de grandes clásicos de la literatura, combina en La historia de la Santa Rusia la inventiva de Sterne, con las lecciones de Töppfer, pionero de la historieta, la comicidad desbocada de Rabelais y las caricaturas Grandville. Este álbum demuestra que antes de que el cómic se popularizara en los periódicos norteamericanos a finales del siglo XIX ya contaba con una tradición europea vinculada al libro y a la literatura.

La historia de la Santa Rusia es una brutal parodia de la historia de ese país. Una sátira descarnada y rusófoba (la guerra de Crimea era todavía muy reciente) que alcanza la categoría de clásico gracias a su apabullante abanico de soluciones gráficas: viñetas en blanco, juegos tipográficos, partituras musicales... Ejemplo máximo de creatividad es cuando resume el reinado de Iván el Terrible con una contundente mancha roja sobre la página. Un verdadero clásico. Una de las obras fundamentales para entender el lenguaje de la historieta.

Y además…
Coincidiendo con el centenario de TBO se publicaron dos libros muy que explican la historia y las curiosidades de la revista, haciendo mención especial a los autores y las series más recordadas: 100 años de TBO, obra de Toni Guiral (Ediciones B), y 100 años: el tebeo que dio nombre a los demás, de Jordi Manzanares (Diminuta Editorial).


La Vanguardia

Viajes a otro mundo

Dos talentos de la viñeta, Matt Kindt y David Rubín, se dan la mano para llevarnos al mundo de 'Ether'.


Una imagen de la obra.


JOSÉ LUIS VIDAL
29 Marzo, 2017

Ahora. Boone Dias es un científico. Sólo cree en lo que puede demostrar. Pero llegará un día en el que sus creencias se pongan a prueba cuando es reclutado para viajar a otro mundo, a un paraje singular, el Ether. De eso hace tiempo ya, y desde entonces se ha convertido en el investigador oficial del lugar y, pese a estar rodeado de criaturas fantásticas, Dias siempre encuentra la lógica en todas las situaciones, por más inverosímiles que estas parezcan a simple vista. Él no cree en la magia, aunque se encuentre rodeada por ella.

Su nueva misión será tal vez la más complicada, ya que sus servicios son requeridos por el alcalde de Agartha, la capital del fantástico lugar. La defensora de Ether, la Llama Dorada, ha sido víctima de un crimen imposible. El cuerpo de la guerrera yace muerto en una habitación totalmente cerrada, incomunicada. Ha muerto de un balazo. ¿Cómo ha podido ser cometido el asesinato?

Sólo la lógica dará la solución a Boone, que una vez más se encontrará frente al villano del lugar, el taimado y cínico Lord Ubel. Pero las cosas no van a ser fáciles para Dias y su acompañante, el simiesco Glum, que hace las veces de cínico doctor Watson junto a este investigador de lo imposible…

Mil peligros acecharán a la pareja, personajes fantásticos se cruzarán en su camino y una terrible amenaza se cierne sobre nuestro gris mundo.

Entonces. En una serie de acertados flashbacks conoceremos el pasado del protagonista, y el momento en el que se cruza en su vida Hazel, que se convertirá en el amor de su vida. Pero un obstáculo infranqueable se levantará entre ambos cuando el Ether haga su aparición en la vida del científico que, sin querer admitirlo, se convierte en un yonqui de las sensaciones y peripecias que vive en ese otro lugar al que sólo se puede acceder de una muy "original" manera.

Pero hay algo que también conecta a Hazel con el ese otro mundo, el tiempo robado que allí pasó siendo una niña, días en nuestra realidad y años en Ether, que le robaron su infancia, su familia, a todos los que quería.

Finalmente, el peso de la separación será demasiado para la felicidad de la pareja, que verá como su amor se va diluyendo, como el polvo en el agua, para terminar siendo un lejano recuerdo, unas dolorosas estampas que permanecen colgadas en el recuerdo.

A priori, el trabajo, la relación que se establece entre un guionista y un dibujante suele dar los frutos de un trabajo colaborativo. En ocasiones, como en ésta, la fusión, la compenetración de ambos es tal que se desdibujan los límites del trabajo de cada uno, convirtiendo al resultado en una obra redonda, que exuda creatividad y talento.

Tom Kindt, talentoso guionista norteamericano, dibujante con un estilo fácilmente reconocible. Parte de su obra ha sido publicada en nuestro país por Norma Editorial (Super Spy; Revolver), además de sus últimos trabajos para Valiant, tocando con ingenio el cómic de superhéroes. Aún inédita en España la que considero su obra cumbre, MIND MGMT, desde aquí ruego a los avezados editores que la publiquen ya mismo o, en todo caso, los que se manejen bien con el idioma anglosajón, adquieran los seis tomos que componen esta maravillosa saga que mezcla, misterio, espionaje, fantasía, poderes y violencia.

En la actualidad escribe y dibuja la serie Dept. H para la editorial independiente norteamericana Dark Horse, sello donde también se ha publicado Ether, con el formato de miniserie.

¿Y qué decir de David Rubín? Con tesón y mucho talento se está labrando una carrera en el mercado estadounidense sin descuidar en ningún momento su carrera en España. Primero fue su colaboración en el universo creado por el singular Paul Pope con las aventuras y desventura de Aurora West. Más tarde llegaría su primera miniserie, La Ficción, junto al guionista Curt Pires (también publicada por Astiberri, como el volumen del que hablamos) y finalmente ha recalado en Dark Horse, que le ha acogido con los brazos abiertos, obteniendo muy buena críticas con este Ether, en el que encontramos a un Rubín a gusto, cuya personalidad gráfica rezuma por las viñetas, tanto por el diseño de los personajes (atentos al sutil cambio que experimente Boone cada vez que "accede" al Ether), pasando por los imposibles parajes por los que viajaremos y, sobre todo, el increíble uso narrativo y el color que Rubín da a sus páginas, jugando con ellas y llevando al lector de la mano en una experiencia que se bebe como un vaso de agua cuando estamos sedientos.

Nos encontramos ente una de las propuestas más interesantes en lo que llevamos de año, una trama que mezcla fantasía con acción, drama, gotas de humor, inmersos en un nuevo mundo del que queremos descubrir todos sus secretos.

Pero primero habrá que descubrir el misterio que se oculta tras "La muerte de la última llama dorada"…


Malaga Hoy

Las dos caras de Morrison

El guionista escocés dejó su huella en dos series tan diferentes como 'La Patrulla Condenada' y 'Flash'.


Imagen de 'La patrulla condenada'.


JOSÉ LUIS VIDAL
29 Marzo, 2017

Resumir aquí la vida de obra de Grant Morrison necesitaría mucho espacio, así que para los neófitos en su obra tan sólo comentar que formó parte de esa "invasión" británica que removió los cimientos de una decadente DC Comics a principios de los años 80, revitalizando a un buen puñado de personajes que permanecían en el limbo de los olvidados y dando una nueva, fresca y original visión de los principales iconos de la editorial. Alan Moore, Peter Milligan, Neil Gaiman, entre otros, cambiaron para siempre a los coloridos héroes de los comic-books.

Pero Grant Morrison sobresalió por su personalidad e ideas, que quedó patente en muchos correos de los lectores y en entrevistas, convirtiéndolo en un auténtico gurú de las viñetas, autoproclamado mago (al igual que Alan Moore). ECC Ediciones nos ofrece, en sus últimas novedades, al posibilidad de poder disfrutar de dos las dos "facetas" creativas del guionista: En primer lugar nos encontramos con el segundo volumen (Camino al Paraiso) que recopila las peripecias de La Patrulla Condenada: Cliff Steele, Crazy Jane, Rebis, Niles Caulder, Dorothy y Joshua… a los que se unirá un nuevo y curioso miembro, Danny La Calle. Sí, una rue con vida propia, en la que viven curiosos personajes, algunos inmersos en el olvido…

Recién salidos de un enfrentamiento con el Quinto Jinete, Cliff viajará al interior de la mente de Jane, encontrándose con todas sus personalidades. ¿Podrá sacarla del coma y sobrevivir al intento?

El mundo es un lugar extraño, y bizarros sucesos están ocurriendo en Barcelona. Sí, amigos, la Patrulla viajará a la Ciudad Condal junto al poco fiable Willoughby Kipling, un tipo que sabe mucho sobre brujería y sucesos extraños. Deberán encontrar a un joven que porta el Libro sin Nombre, un "objeto" que buscan los miembros de una secta.

La vida de la Patrulla es todo menos tranquila y, en el momento más inesperado, la curiosa pareja formada por el simiesco Mounsieur Mallah y el cerebro ataca la base ¿secreta? De La Patrulla.

Y por si esto os parece poco, el grupo caerán en medio de un conflicto intergaláctico entre dos especies alienígenas que los llevará más allá de las estrellas…?

En esta absorbente etapa, Morrison nos ofrece un coctel que mezcla surrealismo, a Borges, William S. Burroughs, terror, sociedades secretas y tipos con superpoderes pero con muchos problemas de personalidad. Todo ello ilustrado gracias al talento de Richard Case.

Pero Grant Morrison, a lo largo de su ya extensa carrera como guionista, también nos ha deleitado con las aventuras de superhéroes, icónicos personajes como Superman, Batman, La Liga de la Justicia y, en su exitosa etapa en La Casa de las Ideas, con los X-Men, Marvel Boy y Los 4 Fantásticos.

Pero en esta ocasión, aprovechando que ECC las ha recopilado en un tomo, me gustaría hablaros de las aventuras y desventuras del Hombre más Rápido de la Tierra. Sí, claro, me refiero a Flash. Pero antes de meternos a fondo una breve nota aclaratoria: Todos aquellos que hayáis conocido al personaje por la serie de televisión os liareis bastante si os digo que bajo el disfraz rojo del velocista se esconde Wally West, que en los cómics es el sobrino del desparecido Barry Allen, que sacrificó su vida en las ya clásicas Crisis en las Tierras Infinitas. Nada que ver con la descafeinada versión catódica…

Wally, personaje al que devolvió y dio vida y fama otro guionista, Mark Waid, vive sus aventuras junto a un grupo, o llamémoslo, familia de velocistas: el Clásico Jay Garrick, el jovenzuelo e imprevisible Impulso, Jesse Quick y el gurú de la velocidad Max Mercury.

Por supuesto, Morrison deja su huella en la colección (con la ayuda del por aquel entonces desconocido guionista Mark Millar y el dibujante Paul Ryan) con un estilo único de narrar y una tremenda originalidad en las tramas: En la primera de ella, El traje, un uniforme que se alimenta de la energía vital de los héroes, pone delante de las narices de Flash un tremendo misterio. Deberá resolver su propia muerte en menos que canta un gallo.

Y aunque lo consigue, sufre un aparatoso accidente que lo deja postrado, con ambas piernas rotas… Pero en la Fuerza de la Velocidad encontrará una original solución para salvar el día.

El Amo de los Espejos, un día en la vida de Jay Garrick y sus intentos para salvar la vida de un antiguo villano, El Pensador; El juicio por la muerte de varios inocentes en un crucero en el que viajaban el propio Flash, junto a dos compañeros de la Liga de la Justicia, Green Lantern y Green Arrow. Y finalmente, el reto más grande al que se enfrentara el héroe escarlata, la carrera de su vida. Una apuesta contra unos enormes seres galácticos que lo llevará más allá de la cordura.

Dos cómics, dos perfectas muestras del arte narrativo y la explosiva mente de un genio de las viñetas como es Grant Morrison. Ambos muy recomendables.


Malaga Hoy


jueves, 30 de marzo de 2017

Clasicismo y modernidad

JAVIER FERNÁNDEZ
29 Marzo, 2017




'Flash de Mark Waid: Nacido para correr'. Mark Waid y otros.ECC. 424 pp. 37,50 euros.

Ecc emprende al fin la esperadísima reedición de la larga etapa de Flash escrita por Mark Waid, uno de los puntos álgidos de la bibliografía del velocista escarlata. Nacido para correr es el título de este primer tomo, que recopila los números 62 a 72 de Flash, junto con el Flash 50th Anniversay Special, el Annual 8 de Flash, el primer Flash 80-Page Giant, el número 1 de Speed Force y los 30 y 31 de Green Lantern, publicados en diversos momentos de la década de 1990. Con su elegante mezcla de clasicismo y modernidad, Waid convierte en oro casi todo lo que toca, y llevó a la grandeza al joven Wally West, sustituto del difunto y añorado Barry Allen. Greg LaRocque es el dibujante principal de esta virguería, pero también encontramos aquí páginas de veteranos como Carmine Infantino, Irv Novick y Jim Aparo, así como de futuras estrellas como Humberto Ramos.


Malaga Hoy

El día más oscuro

'Crisis Infinita' surgió en la atmósfera ideológica posterior al 11-S, de modo que posee un tono diferente del de 'Crisis en Tierras Infinitas'.

JAVIER FERNÁNDEZ
29 Marzo, 2017

'Crisis infinita'. Geoff Johns, Phil Jiménez y otros. ECC. 264 páginas. 25 euros.

Geoff Johns es uno de los guionistas más representativos de la DC del siglo XXI. Por sus manos han pasado la mayoría de los pesos pesados de la compañía, desde Superman hasta Flash, pasando por la Sociedad o la Liga de la Justicia, y su firma aparece en eventos tan exitosos como Crisis Infinita, Final Crisis o 52. Seguramente, su trabajo más recordado sea la larguísima intervención en Green Lantern, al que colocó en el centro del universo DC a partir de la miniserie Green Lantern: Renacimiento (2004), tras la que Hal Jordan volvió a portar el anillo de poder. ECC está recuperando toda esta etapa de Johns en gruesos volúmenes recopilatorios y otros más manejables como Green Lantern: Origen, que es como se titula el libro que ofrece los números 29 a 35 de Green Lantern (2008), situados entre La Guerra de los Sinestro Corps y La noche más oscura. Con dibujos del habitual Ivan Reis, Johns retrocede en el tiempo y recuenta (y amplía) aquí el origen del personaje, su proverbial encuentro con Abin Sur y su ingreso en el Cuerpo de Green Lanterns, especie de policías espaciales dirigidos por los Guardianes del Universo, tal como idearan en la Edad de Plata el escritor John Broome y el dibujante Gil Kane. Aunque forma parte de un todo más amplio, Origen puede servir como puerta de entrada al que desee asomarse por primera vez al Green Lantern de Johns, y es una especie de remanso para el que ya esté enganchado al asunto.

Estos días ha llegado también a librerías la segunda edición de Crisis Infinita, otro de los títulos primordiales de Johns y el mejor ejemplo de la forma en la que el guionista enfrenta la continuidad del universo DC. Como nos recuerda Dan Didio en su introducción: "Julie Schwartz dijo que cada diez años más o menos habría que ponerle un enema al universo, es decir, deshacerse de los viejos argumentos y dar paso a nuevas historias plagadas de infinitas posibilidades". Con esta idea en mente, a finales de 2005, esto es, 20 años después de la magnífica Crisis en Tierras Infinitas, el equipo editorial de DC, con Johns al frente, decidió revisitar la maxiserie de Marv Wolfman y George Pérez para crear el nuevo contexto en que se moverían a partir de entonces los superhéroes de la compañía. Conviene avisar al lector de que Crisis Infinita surgió en la atmósfera ideológica posterior al 11-S, de modo que posee un tono oscuro y desalentador, muy diferente del de Crisis en Tierras Infinitas y mucho más cercano a otra miniserie clave del periodo, Crisis de Identidad. Hay aquí una lucha desgarrada entre los valores antiguos y los nuevos, entre la sencillez de un mundo ideal y la complejidad del mundo "real", de modo que los villanos actuales no son sino antiguos héroes convertidos en ángeles caídos y el resultado es una mirada dura y melancólica, que alterna momentos brillantes con otros más bien discutibles. Sea como sea, por su alarde estructural, su influencia y lo significativo de su discurso, es una parada obligada para entender el desarrollo reciente de DC.


Malaga Hoy

Finales y comienzos

JAVIER FERNÁNDEZ
29 Marzo, 2017



'Grandes autores de Wonder Woman: John Byrne - Segunda génesis'. John Byrne. ECC. 296 páginas. 29,50 euros.

Carne es el título del quinto volumen recopilatorio de la etapa de Wonder Woman realizada por Brian Azzarello y Cliff Chiang (junto a otros artistas puntuales) en el contexto de los Nuevos 52. Se suma a Sangre, Agallas, Hierro y Guerra, todos altamente recomendables, y es el preludio del final de una de las reinterpretaciones más celebradas de la historia del personaje, tan sólida en lo literario como atractiva en lo visual. Y es que como rezan dos de las citas escogidas por los editores para la contraportada: "Brian Azzarello y Cliff Chiang son impresionantes e innovadores", se trata de "la serie más consistente, segura y orientada del nuevo universo DC". El libro en cuestión contiene los números 24 a 29 de la serie original, así como la historieta Primogénito, incluida en el número 23.2, publicados entre 2013 y 2014, más un bonito apartado de extras con portadas alternativas, bocetos y lápices de diversas páginas.

Y como quiera que el interés por Wonder Woman parece haberse avivado en los últimos tiempos, ECC ha abierto la serie Grandes autores de Wonder Woman, de la que ya están disponibles el tomo El torneo, últimos episodios del trabajo de William Messner-Loebs y Mike Deodato, y el más reciente Segunda génesis, que ofrece el comienzo de los tres años firmados por John Byrne justo después de la marcha de los anteriores, allá por 1995. Byrne es sumamente conocido para los aficionados al cómic de superhéroes, gracias a su formidable paso por Marvel a finales de los 70 y comienzos de los 80, donde dejó clásicos como La Patrulla-X o Los Cuatro Fantásticos, así como por el posterior relanzamiento de Superman tras las Crisis en Tierras Infinitas, por citar solo los títulos más destacados de una bibliografía amplísima y sobresaliente.

Segunda génesis compila los números 101 a 112 de Wonder Woman, y supone un nuevo inicio para la amazona, que se enfrentará con Darkseid, Sinestro y hasta con Juicio Final, acompañada de viejos conocidos como Superman, Flash, Demon o el Fantasma Errante.

Malaga Hoy


Grandes artistas

JAVIER FERNÁNDEZ
29 Marzo, 2017



'Gotham Central, 6: Agente herido'. VV. AA. ECC. 168 pp. 17,95 euros.

La serie Gotham Central, propiamente dicha, terminó en el cuarto tomo de la presente colección, pero esta sigue adelante con la recopilación de otras historietas relacionadas con la Unidad de Crímenes Mayores de la ciudad de Gotham. Así, el sexto tomo se titula Agente herido y recopila un interesante crossover de los títulos de Batman (y afines) previo a Gotham Central, pues se publicó originalmente en 2001. Son los números 587 de Batman, 86 de Robin, 27 de Birds of Prey, 90 de Catwoman, 53 de Nightwing, 754 de Detective Comics y 13 de Batman: Gotham Knights, todos ellos firmados por un buen montón de artistas, entre los que destacan Chuck Dixon, Jacob y Arnold Pander, Rick Burchett y los propios Ed Brubaker y Greg Rucka.


Malaga Hoy

La familia de Felipe IV

 'Las Meninas', obra de Santiago García y Javier Olivares, narra la vida de Velázquez cruzándola con otras historias de pintores. En 2015 logró el Premio Nacional del Cómic.

GERARDO MACÍAS
29 Marzo, 2017

'Las meninas'. Santiago García y Javier Olivares. Editorial Astiberri, 2014.

El cuadro titulado La familia de Felipe IV se considera la obra maestra de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, pintor del Siglo de Oro Español. Desde el siglo XIX, este cuadro se conoce como Las meninas. Este mismo título eligieron Santiago García y Javier Olivares en 2014 para realizar un cómic en torno a este óleo que está en el Museo del Prado.

Pero ésta no es sólo la historia de una obra de arte, sino la historia de cómo una obra de arte se transforma en un símbolo. Este cómic trata sobre la persecución de un sueño. Narra la vida de Velázquez cruzándola con historias de pintores que vieron su obra marcada por él. Se intercalan entrevistas que un miembro de la Orden de Santiago va realizando a quienes tuvieron contacto con Velázquez, para decidir si es digno de pertenecer a dicha orden. Este proceso de admisión vertebra el argumento del cómic.

La creación del cuadro se presenta en dos páginas en las que vamos viendo detalles, y el rostro sudoroso del artista. Sólo cuando termina y es contemplado por la familia real, lo explica de manera muy concisa al situar al rey frente a la obra.

Velázquez consiguió pintar el otro lado del lienzo. Pinta un cuadro que sólo está completo con un ser humano frente a él. Construye un juego de espejos a través del espacio, pero también del tiempo, porque quien contempla Las meninas lo hace desde su época.

Las relaciones de Velázquez con otros pintores de su época tienen un papel central en el relato. Fue el encuentro con José de Ribera, El Españoleto, en Nápoles, el que más huella dejó en Velázquez, aunque teme haber perdido ese fuego que vio en los ojos de Ribera.

Velázquez debate con su yerno, también pintor, sobre qué tipo de pintura es más noble. Aquí Velázquez se enfrenta al hecho de que muchas de sus pinturas pueden ser consideradas menores, ya que las ha pintado por dinero.

Rubens le recuerda a Velázquez que el arte está muy bien, pero hay que vender: hay que pintar lo que pida el público porque esto es lo que le proporcionará riqueza. Pero Velázquez no quiere vender su arte, porque sabe que eso le da una libertad que Rubens no tiene.

Velázquez culmina su batalla interior cuando la figura etérea del rey se le aparece y le insta a regresar a su trabajo artesanal, dejando de lado su creatividad. En este momento pinta Las meninas. Es un encargo, pero permite al artista realizarse.

La relación entre Felipe IV y el pintor es muy cercana, pero las formalidades de la época hacen que surjan conflictos. Trabajar en un oficio manual impedía el acceso a la nobleza, así que Velázquez tenía que justificar que lo que él hacía no era un oficio sino un arte.

Al final de la obra, con Velázquez muerto, el rey observa Las meninas. Será el propio rey quien coja el pincel y añada la cruz de Santiago en el retrato de Velázquez que aparece en el cuadro. Velázquez lo consiguió. Pero es el arte lo que le depara la verdadera inmortalidad.

El cómic se cierra con una doble página centrada por Velázquez, mirando al lector, respaldado por todos los pintores posteriores que han recibido sus influencias y han bebido de su obra, entre los que se ve a Santiago García y a Javier Olivares. El cuadro se convierte en icono cultural; es al mismo tiempo de todos los autores que ha inspirado.

García y Olivares trabajan bajo una idea de coautoría, Las Meninas está firmado por sus autores sin que se especifique qué tarea asume cada cual. Y si ellos no reclaman una parcela concreta del trabajo, no tiene mucho sentido que el lector se enfrasque en esto.

Santiago García (Madrid, 1968) es licenciado en Periodismo e Historia del Arte. Dirigió las revistas especializadas U y Volumen. Como guionista, ha colaborado con Javier Peinado (La Tempestad, 2008) y David Rubín (Beowulf, 2013).

Javier Olivares (Madrid, 1964) se inició en la revista Madriz en los 80, y combina su trabajo en El País Semanal y El Mundo con la ilustración de libros. Entre sus cómics: La caja negra (2001), Las crónicas de Ono y Hop (2007) y El extraño caso del Doctor Jekyll y Mister Hyde (2009).

García y Olivares fueron galardonados con el Premio Nacional del Cómic 2015 por Las Meninas, obra que obtuvo además el Premio a la Mejor Obra Española en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona del mismo año.


Malaga Hoy

miércoles, 29 de marzo de 2017

La mejor aviadora nazi y la as de caza soviética aterrizan en el cómic

 Hanna Reitsch y Lilya Litvyak protagonizan sendas historias sobre la II Guerra Mundial en viñetas

JACINTO ANTÓN

Barcelona 29 MAR 2017

Llilya Litvyak, convertida en personaje de comic en 'El gran duque' de Hugault/ Yann.

Probablemente no hay dos mujeres que, cada una desde su bando y su ideología radicalmente enfrentados, representen mejor la aviación de la II Guerra Mundial que la nazi Hanna Reitsch y la soviética Lilya Litvyak. Osada piloto de pruebas la primera, condecorada con la Cruz de Hierro y amiga personal de Hitler (de la que era fanáticamente devota), temeraria as de caza la segunda, convertida en icono de la guerra patriótica, Heroína de la Unión Soviética, y bautizada como “la rosa blanca de Stalingrado”, ambas coinciden en haberse convertido recientemente en personajes de cómic.

La moscovita Litvyak (1921-1943) es, ligeramente cambiada, una de las protagonistas de El gran duque (Norma), la extraordinaria trilogía de Yann y Romain Hugault centrada en un piloto de caza alemán en Rusia, y Reitsch lo es de Diente de oso, otra excelente historia de tres amigos apasionados de la aviación separados por la guerra, obra del mismo guionista Yann y en este caso con dibujos de Alain Henriet (también en Norma).

Hanna Reitsch en un Komet, en 'Diente de oso', de Yann y Henriet.

Ambos títulos se toman grandes licencias con las biografías de las aviadoras. Sobre todo en el caso de Litvyak, que aparece El gran duque como Lilya Litvak (sic) –otras veces Litvatsky-, “la Bruja Roja”. Nacida en Silesia, Hanna Reitsch (1912-1979), poseedora de muchos récords y la primera mujer en volar un helicóptero (en 1938), figura en Diente de oso con su propio nombre pero se le inventan vuelos de combate, amores y un plan para lanzar una bomba de uranio sobre Nueva York a bordo de un fantástico avión en forma de ala volante Horten XVIII (un proyecto de bombardero intercontinental que nunca fue operativo).

El dibujante del El gran duque, Hugault (1979), uno de los mejores dibujantes de aviones del cómic mundial (hay que ver con qué exactitud dibuja los aparatos de la II Guerra Mundial -¡ese Heinkel 219!-, hijo de un piloto militar y él mismo aviador, figura entre los invitados del 35º Salón Internacional de Cómic de Barcelona que arranca este jueves y que está dedicado especialmente a la aviación en el género, con un cartel en el que aparece, precisamente, una mujer piloto.


Viñetas de 'El gran duque', de Hugault y Yann

Nunca sabremos cuál de las dos, Lilya o Hanna, era mejor porque jamás llegaron a enfrentarse. Ese duelo no era posible porque si bien la URSS reclutó mujeres como pilotos de combate, que lucharon como sus camaradas masculinos, la Alemania de Hitler no lo permitió, fiel a la máxima nacionalsocialista de las tres K para el sexo femenino: Küche, Kirche, Kínder (cocina, iglesia, niños). Sin embargo, Reitsch –como otras mujeres alemanas- pudo sortear algunas de las cortapisas machistas del régimen y convertirse en uno de los mejores pilotos de pruebas de los aviones de guerra del III Reich, entre ellos el peligroso caza cohete Me-163 Komet, misión por la que recibió la Cruz de Hierro de Primera Clase en 1944.

Hanna Reitsch vivió peripecias asombrosas y sufrió aparatosos accidentes. Y en las últimas horas de la contienda, en abril del 45, con los rusos luchando ya en las calles de Berlín, tuvo los arrestos de aterrizar una avioneta en la capital en llamas, junto a la Puerta de Brandenburgo, para llevar hasta Hitler al general de la Luftwaffe Von Greim (a la sazón su amante), al que el Führer había decidido nombrar jefe de la fuerza aérea en sustitución de Göering. El episodio aparece, dibujado espectacularmente, con un Berlín rojo y devastado, en Diente de oso. Hanna Reitsch, a diferencia de Livyak, sobrevivió a la guerra pese a todos los riesgos que arrostró, incluida la amistad con Hitler, que tuvo el detalle de regalarle en su Bunker berlinés sendas ampollas de veneno para ella y para Greim, just in case. Tras ser exculpada de nazismo, llevó a Nehru en planeador y llegó a ser recibida por Kennedy en la Casa Blanca en 1961, con gran escándalo.


Hanna Reitsch en 'Diente de oso'

Definitivamente más simpática, Lilya Livyak, la chica que dijo aquello tan bonito de “vamos a acabar el combate antes, querido, y después puede que hablemos de amor”, representa, junto a las aviadoras de bombardeo nocturno conocidas como las Brujas de la Noche, la quintaesencia de las aviadoras soviéticas, que realizaron más de 24.000 vuelos de combate contra los alemanes. La URSS, enfrentada a una guerra terrible de supervivencia, no tuvo los escrúpulos de las otras potencias a la hora de utilizar a sus mujeres como (entre otras cosas) pilotos y tripulantes de cazas y bombarderos.

Livyak demostró que se podía ser una terrible combatiente –los aviadores alemanes la temían y gritaban al verla aparecer “Achtung, Litvyak!”- sin perder la feminidad: trataba de estar siempre muy atractiva, incluso con la ropa de vuelo y marcaba los derribos en el fuselaje de su caza Yak con una rosa por cada enemigo. Pequeñita y pizpireta, Hugault dibuja sin embargo a su Lilya de El gran duque robusta y curvilínea, bien dotada hasta el desbordamiento –como es su estilo al representar mujeres: véase a la también piloto Angela McCloud, de la fuerza aérea estadounidense, protagonista de Angel Wings (Norma, con guion de Yann)--. En la serie, la aviadora rusa, que asciende desde las Brujas de la Noche a piloto de caza, es derribada en su Yak y cogida prisionera, pero escapa y tiene una aventura de alto voltaje erótico con el rebelde as de caza alemán Wulf –que, con curioso prurito, reniega de su nombre de pila, Adolf, y lleva la cola de su Focke Wulf Ta 152 de última generación pintada de negro para no lucir la esvástica en el timón-.


La verdadera Lilya Litvyak.

Entre los elementos comunes de la Lilya del cómic y la figura real, el acoso machista de los mandos, la condescendencia y las burlas de los camaradas hombres, los problemas con las comisarias políticas, el derribo de un experten, un as de caza alemán, y la muerte de su amante ruso al estrellarse (en este caso en un ataque tarán, una embestida aérea con su aparato contra un bombardero alemán). En cambio, la Lilya real, desaparecida durante la batalla de Kursk en el 43, difícilmente pudo vivir muchos de los acontecimientos que se narran en el El gran duque, que se desarrolla hasta el final de la guerra.






La verdadera Hanna Reitsch.

En Diente de oso seguimos la historia de amistad de tres jóvenes, Max, Werner y Hanna, entusiastas de la aviación desde los años treinta en Alemania y formados en los planeadores de las Juventudes Hitlerianas. Hanna, la mejor piloto, tendrá un futuro espectacular en el III Reich, mientras que el destino de los otros dos será mucho más oscuro antes de volver a cruzar sus pasos de manera dramática con la chica durante la guerra.

En el cómic, Hanna Reitsch aparece llevando a cabo acciones de combate que nunca realizó, entre ellas el derribo a los mando de un reactor He 162 de dos cazabombarderos Typhoon y el de varias fortalezas volantes pilotando un Komet. Se la ve en las viñetas incitando a un grupo de reclutas a volar en el las V-1 tripuladas, un proyecto prácticamente suicida que orquestó en realidad, junto a Otto Skorzeny. También aparece dibujada protagonizando escenas eróticas (¡quién nos iba a decir que veríamos a Hanna Reitsch en pelotas!) y, en notable paralelismo con su colega enemiga Lilya, acosada por un mando: ¡nada menos que Adolf Galland!, que se lleva una sonora bofetada.


 El Pais

martes, 28 de marzo de 2017

Retrato de Sorolla

Por Publio López Mondéjar


El pintor Joaquín Sorolla se sirvió de la cámara para capturar todo aquello que escapaba a la fugacidad de la mirada. La fotografía ocupó un lugar privilegiado en su obra y también en su vida: se codeó con los maestros de la época y atesoró una nutrida colección de instantáneas. Ahora una exposición nos permite asomarnos al excepcional álbum que recoge los momentos clave del universo del artista valenciano.



Autorretrato familiar del fotógrafo Antonio García (de pie, al fondo) realizado en 1907. Sorolla aparece sentado, a la izquierda, encendiendo un puro.



 Venancio Gombau fotografía a Sorolla pintando Charro a caballo en los campos de Salamanca en 1912.

EN LA VIDA del pintor Joaquín Sorolla (Valencia, 1863-Madrid, 1923), la fotografía ocupó un lugar fundamental. Así lo atestigua su cercanía con algunos de los grandes profesionales españoles de su tiempo como Antonio García, Christian Franzen, Alfonso, Campúa, Guillem Bestard, Venancio Gombau, Rioja de Pablo y González Ragel. Especial¬mente estrechos fueron sus vínculos con los dos primeros: su suegro, Antonio García, el gran patriarca de la fotografía valenciana, y el danés Christian Franzen, el más importante retratista y reportero de la España de la restauración y la regencia. Con García compartió Sorolla sus años de formación en Valencia, y en su estudio realizó en su juventud faenas de iluminación y retoque. A Franzen comenzó a tratarle al poco de instalarse en Madrid, en los días finales del siglo XIX. A ambos los retrató el artista en dos obras admirables, no solo por su propia excepcionalidad en la producción artística española, sino también por su carácter de homenaje y celebración de las disciplinas pictórica y fotográfica.


El artista retratado en 1892 en su casa de El Campet, Valencia, por Antonio García.


Tertulia de artistas en el estudio del pintor. Sorolla está a la izquierda de la Imagen firmada por Christian Franzen en 1906.


La afinidad de Sorolla con los fotógrafos se mantuvo también en sus viajes por Estados Unidos, donde le retrataron profesionales de la talla de W. A. Cooper, William G. Hollinger, Sebastian Cruset, George Harris, Martha Ewing y Gertrude Kásebier -de esta época destaca precisamente el retrato que esta, miembro ilustre del movimiento Photo-Secession, le tomó en Nueva York en 1909-. La proximidad con los fotógrafos fue decisiva en la creación de la visión fotográfica de Sorolla. Las fotos le sirvieron para observar detalles de las cosas que, como advirtió Proust, el ojo humano no era capaz de percibir debido a la fugacidad de la mirada. De la fotografía apreciaba el artista lo que tiene de azaroso, el carácter de pasado que alcanzan las instantáneas en el momento mismo de la toma, su cualidad de testimonio y de fuente de memoria. Las crecientes exigencias de su obra, sobre todo cuando inició su monumental Visión de España en 14 paneles (1912-1919), lo llevaron a buscar el auxilio de la fotografía: a menudo tuvo que recurrir a aquellas imágenes amarillentas, que encontraba el pintor Gutiérrez Solana expuestas en los escaparates de los estudios de Castilla, "de tipos del país, con sus trajes característicos, que ya no se sacan más que en los juegos florales". Más que valerse de las fotos para refrescar los huecos de su memoria, trató siempre de acercarse a sus realidades ocultas y superpuestas. Era plenamente consciente de que solo la cámara era capaz de mostrarle lo que ya no existía, lo que había sido barrido por la desconsideración del tiempo.

El interés de Sorolla por la fotografía también se advierte en la nutrida colección de imágenes que llegó a reunir en vida de autores diversos y diferentes épocas, estilos y geografías. Entre ellas, además de numerosos retratos, no faltan cientos de estampas de sus escenarios personales más queridos: las playas de la Malvarrosa y el Cabañal, los trajines de los pescadores que guiaban a los bueyes uncidos por parejas, las barcas o la Casa deis Bous, que estaba frente a la antigua lonja de pescado y en la que solía guardar el pintor sus lienzos y aparejos. Las fotografías nos muestran a Sorolla en estos ambientes marineros, trabajando con el caballete bien anclado en la arena, contemplando extasiado el espectáculo inagotable del mar, la ondulación de las olas, el imperceptible movimiento del sol, la mágica reverberación de la luz, dichoso en su paraíso creativo en el que guardaba su tesoro de sol y de luz, como pronto percibió Juan Ramón Jiménez. "Cuando uno entra en el estudio de Sorolla parece que se sale a la playa o al cielo; no es una puerta que se cierra con nosotros, es una puerta que se abre al mediodía". 

El fotógrafo Luis R. Marín retrata a Sorolla pintando a Jacinto Benavente (1917).


El valenciano junto a Clotilde, su mujer, en una instantánea de 1901 tomada por Antonio García. 



Sorolla retratado por Gertrude Kásebier en Nueva York hacia 1909. 


Durante largos años, Sorolla fue tan cuestionado por los sectores más burocráticos de la crítica como apreciado por el público de todo el mundo. Hoy el pintor mantiene intacta la estimación popular y su obra se ha ganado también el respeto del entendido. Como había pronosticado Pío Baroja, el gran maestro valenciano ha superado en los últimos 30 años el olvido de décadas para alcanzar el reconocimiento universal. La exposición Sorolla en su paraíso se centra en la imagen del pintor más que en su obra, y en ella lo podremos ver rodeado de las personas de su círculo familiar y afectivo, abandonado al ejercicio de su oficio en los ámbitos infinitos de la naturaleza, desde la orilla del mar hasta la vastedad de los campos de Castilla. Un monumento iconográfico de inapreciable valor que nos acerca a la imagen íntima y pública de este hombre sencillo y acogedor de menguada estatura que se convertía en gigante cuando cogía los pinceles. 

Publio López-Mondéjar es comisario de la exposición Sorolla en su paraíso. Una visión fotográfica de Joaquín Sorolla, que se inaugura el próximo 7 de abril en el Museo Sorolla de Madrid.


Fotografía anónima de Sorolla trabajando en el cuadro Niños en la playa en Valencia en 1917. 




El Pais Semanal Nº 2.113 / Domingo 26 de marzo de 2016



lunes, 27 de marzo de 2017

EL TIEMPO DETENIDO EN UN TRAZO


POR DIEGO NAVARRO BONILLA

 Belleza y dedicación. La señora del caballo, decorada con caligrafías de Gaspar Tomás Martínez en 1700.

Hacia 1500, las formas tardogóticas y renacentistas convivieron pacíficamente en una época brillantísima para la historia de la escritura, tanto a mano como mecánica (la imprenta llevaba apenas 40 años de exitosa expansión internacional). El incipiente Estado moderno se asentó en una potente Administración de base burocrática en la que la escritura del despacho consumió cantidades ingentes de tinta y papel. Por fuerza, la habilidad caligráfica de secretarios, escribanos y pendolistas encontraba un cauce natural para mostrar su oficio en público y en privado. Las rápidas y complejas letras cortesanas utilizadas para documentos oficiales de los Reyes Católicos se hermanaban con otras pausadas, de gran limpieza y legibilidad, como la "rotunda" o "letra de libros" que causó furor desde entonces. Mientras, en Europa se producía una profunda renovación caligráfica. Desde la pujante ciudad de Núremberg, el maestro Johannes Neudórffer, colaborador de Durero, propició una escuela insuperable de calígrafos en una época caracterizada por el extraordinario ambiente gráfico bajo el emperador Maximiliano. Al sur, los Estados italianos y las corrientes caligráficas humanísticas influirían decisivamente: Tagliente, Arrighi, Palatino, Cresci, Francesco Alunno di Ferrara, Griffo, etcétera, rivalizaban por la excelencia de tipos de letra (cancilleresca, bastarda, grifa...) alejados de los reconocibles quebrados de las góticas germánicas (Textura y, sobre todo, Fraktur). Los ecos de todos ellos llegaban a los territorios hispanos entremezclándose con tradiciones propias. En 1548, Juan de Icíar, durangués afincado en Zaragoza, publicaba su Orthographia pratica, obra cumbre del arte caligráfico; tanto que prácticamente ningún tratado posterior olvidaría ofrecerle rendido homenaje. El quinientos terminaría con valiosas aportaciones como las de Francisco de Lucas y Pedro de Madariaga, definiendo así este primer siglo de oro de la caligrafía hispana, continuado brillantemente durante todo el XVII. Justo entonces, Góngora rivalizaba en arte y vida con Quevedo, generando envidias y acusaciones mutuas; también algunos maestros calígrafos se miraban con desdén, provocando recelos en la búsqueda del virtuosismo absoluto. De esa inquina entre un genial Pedro Díaz Morante y Francisco de Montalvo, agrupados en torno a la madrileña cofradía de San Casiano de maestros de escritura, surgieron obras insuperables. Coetáneos renovadores como Diego Bueno, los Zabala o José de Casanova nos legaban a su vez imprescindibles tratados para "aprender todo género de escrituras con belleza y dedicación".

La Europa de las Luces, con su insistencia metódica en los fundamentos científicos de las ciencias y las artes, reservó un buen número de modelos, reglas, orientaciones para la rectitud del trazado, la proporción, la manera de ejecutar el ductus, etcétera. Santiago y Palomares, Tono de la Riva o Servidori insistían en ángulos, presiones, corrección de la posición de la mano hasta consolidar la sistematización caligráfica.

Mientras, el siglo XIX propició una interesantísima renovación pedagógica en los modelos de aprendizaje de la lectura y la escritura. La caligrafía en los planes de estudio vivió otro esplendor gracias a numerosos métodos con los que varias generaciones aprenderían a escribir en cartillas y muestrarios venerados hoy por el coleccionista. Las múltiples reediciones de Iturzaeta, Alverá, Chápuli, Ponz o Rufino Blanco fueron indicador evidente del éxito cosechado reforzando el prestigio de la caligrafía hispana. Por cierto, la nómina de calígrafos es, por fuerza, infinitamente superior. Tengan a mano siempre el Diccionario biográfico y bibliográfico de calígrafos españoles, de Cotarelo y Mori, delicioso archivo de anécdotas protagonizadas por aquellos virtuosos y otros casi olvidados •
Diego Navarro Bonilla es licenciado enBiblioteconomía, doctor en Archivística, especialista en caligrafía y comisario de la exposición 'Caligrafía: trazos que comunican, líneas de emoción' en la Biblioteca Nacional.


El Pais Semanal Nº 2.038 18 de octubre de 2015