jueves, 17 de noviembre de 2016

Este no es el Spiderman de tus padres

 El Peter Parker actual ya no es un joven con problemas, ahora es un empresario millonario

ENEKO RUIZ JIMÉNEZ

16 NOV 2016

Amazing Spider-Man vol. 4 8. MARVEL

Un joven marginado y con bastante mala suerte tiene que aprender a combinar su vida de superhéroe y trepamuros con su rutina personal, el amor y la amistad. Esa es la descripción de Spiderman que todos —hasta el mayor neófito— conocemos, ese Peter Parker que triunfa en la página desde 1962 y que ha sido trasladado al cine en seis superproducciones y hasta en un musical de Broadway. Ese será también el que veremos en la próxima Spider-Man: Homecoming en 2017, ahora con un actor mucho más joven como Tom Holland. Pero el lector que decida asomarse por las viñetas hoy no se encontrará con ese icónico personaje.


Todo lo contrario: quien se compre un número actual de El asombroso Spiderman se topará con un Parker magnate, dueño de una multinacional internacional, espía con superpoderes miembro de SHIELD, karateka y célebre playboy a nivel global. El héroe tiene incluso coches y aviones personales con forma de redes. Mientras, Mary Jane, su novia de siempre, prefiere estos días pasearse junto a Tony Stark. Puede sonar casi a Batman, aunque en realidad es simplemente la evolución lógica de este icono de Marvel, cuyos autores han decidido por fin atreverse a dar pasos que habían rehuido durante décadas, algunas veces directamente frenando cualquier cambio de statu quo de golpe y porrazo.

"El poder de Peter Parker ahora es mucho mayor que el de Spiderman, el del intelecto, y con eso nace la verdadera responsabilidad. Llevar su lema hasta el máximo aliento. Todo estaba construido para llegar a este punto", explica el guionista Dan Slott: "Todos seguimos cometiendo errores. Madurar no quiere decir volverse infalible".


 La (falsa) muerte de Tía May.

Este salto en la página parece casi sacrílego para el lector menos acostumbrado con el cómic mensual, aunque en realidad esta evolución también es una continuación lógica de las primeras aventuras de Stan Lee y Steve Ditko. Julian M. Clemente, editor de Panini (Marvel en España) y escritor de Spiderman: Las historias jamás contadas, cree que esta evolución también es parte importante del personaje, y, de hecho, que así debía ser reflejado en el cine: "Marvel debería aprender la lección de Harry Potter y estrenar una película al año para verlo crecer y cambias de hábitos con el espectador. Sería el Spidey de una generación", explicaba hace unos meses.

Spiderman pasó del instituto a la universidad en solo una treintena de números. Esa misma década, Gwen Stacy, que parecía su amor eterno, su Lois Laine idílica, murió en el mítico número 121 a manos del Duende Verde (en una escena que John Romita imprimió en la mente de los seguidores). Más de 700 números después era hora de imprimir cambios de verdad definitorios.


Desde entonces, es verdad, los pasos habían sido mucho más graduales. En 1987 se casó con Mary Jane, años antes había estrenado un traje negro y en lo laboral el guionista J.M. Straczynski, por ejemplo, decidió hacerlo profesor de instituto ya en el siglo XXI. Poco después se convirtió en vengador de manera oficial. Otras, en cambio, Marvel decidió dar pasos atrás para no arriesgarse demasiado y volver así a la casilla de salida. Así sucedió cuando la Tia May resucitó de su supuesta y emocionante muerte por una jugarreta de Norman Osborn; cuando el embarazo de Mary Jane se olvidó tras dos años con barriga o cuando el demonio Mefisto hizo que nunca existiera el matrimonio protagonista ni el descubrimiento de la identidad secreta de Spiderman por parte de su tía. "Lo hizo la magia", según explicaría la caricatura de Stan Lee de Los Simpson. Pero estas vueltas atrás en la continuidad, de momento, se acabaron.



Si esta decisión se ha tomado ahora, eso sí es porque el universo Marvel ya tiene en sus filas un Spiderman clásico, pese a que ahora no se llame Peter Parker. Desde que el adolescente Miles Morales, negro, latino y mucho más joven que el oficial, aterrizó en la línea temporal principal 616 cumple todas las características del antiguo arácnido (salvo por el traje y el color de piel, claro). El protagonista de la serie Spiderman de Brian Michael Bendis todavía es un adolescente con ímpetu por descubrir nuevo mundo y por desarrollar sus talentos desde Nueva York. Ha pasado su parte de drama, pero ni mucho menos similar a la complicada suerte Parker.

Los lectores más fieles, además, han madurado también con el arácnido. Hoy la mayoría, por suerte o desgracia, ya no son los adolescentes que compraban cómics en el quiosco, son treintañeros con trabajo y familia. Las historias del pasado siguen allí para releerla, y los niños tienen suficientes series paralelas para engancharse hoy al Spidey de siempre (incluso una con su hija nonata ya adolescente).



¿Volveremos a ver alguna ver al Spiderman/Peter Parker primigenio? Posiblemente sí. Dentro de un tiempo llegará algún alto ejecutivo que decidirá que, antes de que coja el taca-taca, será hora de volver al Spiderman que amábamos y adorábamos, el que está imprimido en el subconsciente popular. De repente su empresa caerá en quiebra y vuelta a la casilla de salida. Pero, mientras tanto, es divertido ver a Parker evolucionar, cambiar y desarrollarse, como Lee y Ditko siempre quisieron. Para el resto, siempre quedarán las etapas de Roger Stern, J.M. Dematties o Gerry Conway.



DAN SLOTT, EL GUIONISTA TRAS LAS REDES





Para entender este cambio de Spiderman en las viñetas es necesario conocer a su guionista, Dan Slott, que lleva desde 2008 encargado de la serie principal del arácnido (una proeza sin parangón en la industria actual). Su trabajo es tan odiado como amado.

Su andadura comenzó precisamente tras One More Day, que dejó sin validez el matrimonio con Mary Jane. Después de eso, ya no había dolor, podía llevar a cabo por todo tipo de giros sorprendentes y aguantar cualquier insulto en Twitter. Su andadura ha sido fresca, diferente y entretejida con la continuidad. Presentó nuevos secundarios e introdujo villanos en una de las mejores galería de enemigos del cómic. Pero nunca ha estado exenta de polémica.

Se atrevió a crear potentes armaduras para su protagonista, a enviarlo en un viaje interdimensional donde se enfrentó con arácnidos de todas las realidades e incluso a matar a Peter Parker para meter la mente del maligno Doctor Octopus en el cuerpo de Superior Spiderman. Fue entonces cuando recibió a una masa enfurecida que se acercaba con antorchas a su Twitter. Pasaron los meses, la serie se convirtió en un éxito de crítica muy bien desarrollada, y cuando todo acabó por la magia del cómic y recuperó a Parker, el escritor volvió a recibir las quejas. Aunque esa transformación fue la que empujó la serie de cambios entretejidos que han llevado la serie a estas consecuencias. El redes se dio cuenta de que Octavius había mejorado su vida en muchos aspectos. Era el momento de sentar la cabeza, dar rienda suelta a sus postergadas investigaciones y desarrollar nuevos poderes para su traje. Así nació el Spiderman que conocemos hoy, más maduro y poderoso capaz de luchar con algo más que ladrones callejeros, pero al mismo tiempo alejado de Tony Stark trabajando para la gente de a pie.



 El Pais

lunes, 14 de noviembre de 2016

LA EXPRESIÓN GRÁFICA DE LA PALABRA Por A. CHANTE


INTRODUCCIÓN
La mayor parte de las obras consagradas a la historia de comics confunden la fecha de nacimiento del bocadillo con la de la historieta, proponiendo el año 1896 con The Yellow Kid de Outcault y 1897 con Katzenjammer Kids de Dirks.

De esta forma olvidan que el bocadillo no es en absoluto un elemento necesario para el cómic:
Principe Valiente, mezcla comentario y diálogo en una especie de texto de cartuchos, en el ángulo de las viñetas, procedimiento utilizado aún por Gillon en Jérémie.
Harzack, de Moebius, de igual manera que La linterna mágica de Crepax, ha mostrado la posibilidad de existencia del cómic mudo.
— Una moda inspirada en la literatura ha hecho resurgir la vieja técnica del texto bajo la imagen, sin que se deje de hablar de cómic (Paringaux y Loustal en A suivre, Rodolphe y Eberoni en Metal Hurlant, por ejemplo).

Sin embargo, el bocadillo sigue siendo un elemento esencial del cómic, una creación original que quizá no ha revelado aún todas sus riquezas potenciales.

Así pues, en este artículo intentaré proponer vías de investigación (o al menos sistematizarlas) no sólo para los críticos sino también para los propios dibujantes.

LA FORMA DE LOS BOCADILLOS
En un principio, en los comics americanos de antes de 1900, el bocadillo tenía una forma más o menos rectangular, con ángulos claramente redondeados y lados irregulares 1. Aprovechando las dos tendencias, el rectángulo y lo redondeado, se ha evolucionado hacia estilos totalmente distintos: el «globo» rectangular (digamos la filacteria para evitar la conjunción de estos dos términos opuestos) y el globo ovalado, que se subdivide en globo regular (el óvalo perfecto) y el globo formado por una sucesión de arcos de círculo que determi¬nan una especie de nube cuando son todos cóncavos, o de forma más original cuando lo cóncavo alterna con lo convexo.

La Forma como marca de escuela

La elección entre el ovalado y el rectangular parece ante todo una elección que nació de la oposición de estilos entre el periódico Spirou (escuela de Marcinelle) y el periódico Tintín (escuela de Bruselas).

La escuela de Bruselas optó por el rectángulo, decorándolo cada autor con un pequeño signo distintivo.

Hergé ha elegido como estilo definitivo (el que emplea cuando rehace sus comics de antes de la guerra) un ángulo ligeramente recortado. En Jacobs, el trazo, y sobre todo el trazo vertical, es ligeramente irregular, también. En Bob de Moor, los ángulos son ligeramente redondeados (Sr. Barelli) o bien rectos (Cori).

Jacques Martin por su parte, ha dudado mucho, ya que en Lefranc y en Alix los ángulos son redondeados hasta 1952, recortados, tipo Hergé, de 1955 a 1960 y rectos desde 1962. Marca distintiva del periódico en los años 50, el rectángulo parece haber sido impuesto a muchos autores que después lo abandonan, como Tibet, Macherot, Cuvelier, Craenhals, Weinberg. Este último dudó y los dos tipos coexisten, a veces, en el mismo álbum (El dueño del sol y El muro del silencio).


La generación siguiente, Graton, Reding, Aidans, utilizó desde el principio el bocadillo ovalado. Este, que se hace preeminente en los años 60 en el mundo del cómic, ha sido impuesto por la escuela de Marcinelle, Franquin, Tillieux, Will, Morris, Roba.

La moda de la línea clara ha sido testigo de la vuelta llena de fuerza del rectángulo. Swarte Floc'h, Benoit, Cappi, Goffin, Dumas... han retomado naturalmente este elemento estático esencial de la escuela de Bruselas. Después ha sido incluso adoptado por otros estilos, en los que la necesidad es menos evidente, en particular en el periódico Vecu. Probablemente bajo la influencia de su guionista Martin, Juillard utiliza los rectángulos en Amo mientras que utiliza habitualmente el ovalado en Las siete vidas del gavilán. Rectángulos también en Recuerdos de la casa Le Quéant, de Bardet y Jusseaume, en El viento de los dioses, de Gothias y Adamov y en La hija de los Iberos, de Durand y Boilet (con ángulos redondeados).


¿Por qué se elige una u otra forma? Parece que en un principio ha habido una adecuación entre el estilo gráfico y las intenciones del autor: los bocadillos ovalados se adaptaban perfectamente al dibujo redondo y dinámico de un Franquin o de un Uderzo, los rectángulos correspondían al estilo más preciso, más medido y también más estático de un Jacobs o de un Martin. El abandono del rectángulo por Tibet o Macherot es desde este punto de vista sintomático: estaba visiblemente mal adaptado a su grafismo demasiado redondo.


También se ha observado que un rectángulo permite insertar un máximo de texto 2, ventaja decisiva para Martin, por ejemplo. Sin embargo, los héroes de Charlier, tan charlatanes como los de Martin, tienen bocadillos ovalados. Es cierto que siempre es posible «hacer trampas», pegando el globo en el borde de la viñeta, hasta el punto de mezclar los dos límites, y transformar el óvalo en casi rectángulo. Por el contrario, el óvalo deja espacios blancos que airean el dibujo. Dinámico y aireado, es así elegido por los autores realistas Giraud, Hermann o Vanee. La decadencia de la palabra en beneficio de la imagen de los años 70 no podía sino mantener esta elección. Por oposición al nuevo deseo de Circus o de Vecu de presentar comics que más que verse se leen, lo que no puede sino traer la vuelta del rectángulo.

 Los óvalos segmentados no forman una escuela propiamente dicha pero pueden servir para definir un estilo. Como Tardi, con sus formas convexocóncavas, de las que se ha podido pensar que correspondían al estilo 1900 marco de las aventuras de Adéle Blanc Sec, pero que él también utiliza en sus relatos contemporáneos.



 La Forma como Significante
Existen frecuentemente, a nivel del gag, variaciones de formas evocadoras: la cólera eriza los contornos con entrantes y salientes, el frío los hace temblar; las «frías» intenciones se visualizan como estalactitas (Greg en Achule Talón), una palabra amenazadora como un yunque (Cheret en Dominio), un discurso obsequioso como unas florecillas (Uderzo en Asterix). Pero son raros los autores que aceptan cambiar sus costumbres para expresar más acertadamente la psicología de sus personajes. Es el caso de Caza que en Overground utiliza bocadillos redondeados para los miembros de la comunidad que aman la naturaleza y la paz, y globos rectangulares para Miquelon y su mujer, productos de una civilización de cemento y de ángulo recto.

EL SITIO DEL BOCADILLO

Dado que el bocadillo ha permitido al texto su integración en la imagen, es normal que se afirme que el bocadillo está en la imagen. Lo que es cierto si se considera la plancha como una simple superficie de papel. Pero también es ilusión de espacio. De espacios, habría que decir, puesto que Jacqueline Saou-ter-Caya 3 ha distinguido el espacio metafórico (el dibujo), al espacio objetivo, formado por el plano neutro de los «blancos intericónicos», y el espacio onomatopéyico ordenados por ella de un segundo a un primer plano.

El bocadillo en el espacio del cómic
De hecho no hay reglas. A veces el bocadillo parece pegado a la plancha y cabalga sobre el borde de las viñetas. Estaría por lo tanto adelantado con respecto al espacio objetivo. En otros casos, forma parte de este espacio puesto que se ajusta de forma natural al espacio intericónico, e incluso se encuentra perfectamente integrado en el espacio (¿el volumen?) metafórico, situándose en segundo plano, tras la cabeza de los locutores.

Para terminar un caso extremo, algunos autores juegan con la naturaleza del bocadillo y lo transforman en un objeto visible y palpable, que puede voluntariamente echarse a volar, derrumbarse, desinflarse o pintarse. La Serie «El hombre de las filacterias», de Gennaux en el peródico Spirou es un ejemplo maravilloso que merecería una publicación.

Cada autor puede pues elegir el espacio que le conviene, lo raro es cuando el mismo autor cambia de elección de una casilla a otra sin ton ni son, como Nic y Cauvin en El cinturón del gran frío.


El bocadillo en la superficie
A nivel de la superficie del papel, el bocadillo está en la imagen. Pero en no significa en medio de. Una tenaz tradición, que viene probablemente de los tiempos en los que el texto estaba fuera de la imagen, se empeña en que los textos estén marginados, situados sobre los bordes, generalmente superiores. ¿Por qué en lo alto si los textos estaban bajo la imagen? Quizá para establecer prioridad cuando había evidencia, y para forzar la mirada a volver sobre lo que había vislumbrado, en vez de olvidar lo que puede ser considerado inútil. Los bocadillos pueden estar pegados en el borde de la viñeta. Lo que es frecuente en los bocadillos llamados ovalados; lo que también ocurría con las primeras filacterias rectangulares de Hergé, que después integró en el dibujo, aunque no deja más que dos milímetros de separación entre el borde de la viñeta y el borde de la filacteria.



La acumulación de bocadillos hacia lo alto, disimulando a veces todo el decorado, provoca una especie de reencuadre. ¿No se ha dicho que el plano americano en cómic estaba destinado a despejar el espacio sobre los personajes para situar allí los diálogos, el plano medio («en pie») siendo más utilizado para la acción? 4

Cuando tal sistema es respetado, los bocadillos situados en el medio de las viñetas (generalmente planos de conjunto) reciben un impacto excepcional. Así cuando el avión de Tintín cae hacia el suelo en Los puros del Faraón, o cuando el cohete llega a la vista de la luna en Hemos andado sobre la luna. Si la viñeta es estrecha y alargada, los bocadillos situados en el centro pueden servir también para separar dos planos, y crear dos viñetas sin sobrecargar la plancha, como en La Cripta de Chaillet y Martín, p. 42 V 7, con los policías en lo alto y los héroes abajo.

El sentido de la lectura
Es menos evidente de lo que se ha dicho. Sin duda alguna es de izquierda a derecha y de arriba a abajo. Pero jamás se precisa si la lateralidad prevalece sobre la verticalidad o al contrario.

¿En qué orden se debe leer?



¿Primero A porque está a la izquierda, o B porque está en lo alto? Sólo un estudio cuantificado puede resolver el problema. Simplemente constatamos que la lateralidad parece prevalecer a menudo al menos cuando el borde superior de A está por encima del borde inferior de B. El mismo problema se plantea con tres bocadillos dispuestos en este orden:





Bocadillos encabalgados
Este problema es frecuentemente evitado superponiendo los bocadillos según el orden de lectura. Para algunos autores, como en un libro, el texto de encima es el primero. Para otros, en particular para Hergé y Franquin, es a la inversa: el primer texto está debajo, como si se tratara de una hoja tirada a una papelera por una mecanógrafa. No obstante, la mayoría de los autores, sin razón en nuestra opinión, no dan ninguna importancia a este hecho y hacen coincidir los dos sistemas:

Así Tillieux (Quilates a granel, p. 1 arriba, p. 21 y p. 29, abajo, p. 24 y 28), Will (Metamorfosis b 1 arriba, p. 25 V 7 y abajo, p. 37 V 7), Pleyers (La Catedral, b 1 abajo, p. 25 V 3 y V 5, abajo, p. 37 V 8). Lo que resulta incómodo cuando se produce en una misma viñeta como en Quilates a granel, en que b 2 está al mismo tiempo sobre b 1 y sobre b 3, en El Fantasma de Wa Kee, de Blanc Dumont. Podríamos imaginar que esta dispersión intenta traducir la profundidad de campo, ya que los personajes situados en último plano tienen los bocadillos debajo.

Esto no es así, ya que en otra viñeta, al contrario, el personaje situado al fondo emite el bocadillo situado encima, y el de primer plano el que está abajo. Hay distorsiones lamentables, y el evitarlas esconde quizás posibilidades para hacer los comics más legibles y más eficaces.

Las posiciones recíprocas y el espacio interpersonal

El bocadillo puede expresar, únicamente con su posición, la naturaleza de las relaciones entre dos individuos. No se trata de una actividad sistemática. Pero de vez en cuando se encuentran ejemplos que funcionan bien, tan bien que apetece encontrarlos más a menudo.

Así en las obras de Jacques Martin, se pueden encontrar filacterias juntas, de tamaño casi igual, o una debajo de la otra. La elección parece a menudo significante: uno junto a otro los bocadillos dan una impresión de equilibrio, de igualdad entre los dos personajes emisores, mientras que la superposición lleva consigo una impresión de dependencia, de inferioridad. Así en la página 3 (plancha 1) de La Catedral (serie Jhen, dibujo de Pleyers) los dos personajes que galopan uno al lado del otro tienen bocadillos paralelos, mientras que cuando hablan con los guardas del castillo que les dominan, los bocadillos se sitúan en un plano vertical.

El encabalgamiento de los bocadillos puede expresar también una jerarquía: el que domina, quien se impone al otro, debería dominar con su bocadillo al del otro, reduciendo, recortando así su superficie. Este fenómeno puede producirse cuando el bocadillo imbrica no otro bocadillo sino su apéndice. Un buen ejemplo de este caso se encuentra en La Cripta (J. Martin, Chailet), p. 26 V5.

La superposición no se debe a una necesidad de organización del espacio, ya que p. 23 V 3, un apéndice se deslizaba por un «pasillo» de 4 mm. entre el segundo bocadillo y el borde de la viñeta sobre 4,2 cm. Por otra parte bastaba con desplazar b 2 hacia la izquierda y b 3 hacia la derecha para obtener un clásico:



Por lo tanto el corte parece deseado. Como lo indica el texto, los dos hombres se oponen. Se corta el texto del adversario, se le hace frente tanto a nivel del diálogo como del dibujo. Sin duda se puede pensar, observando dos raspaduras, que no se trata más que de la reparación de un error, los bloques estando previstos así:



La cosa no está clara, y de todas formas, como lo dice Caza «ocurre que nuestro subconsciente nos empuja a cometer un error pensando ya en la corrección».

 EL CONTENIDO DEL BOCADILLO
Es ya algo evidente que el bocadillo no contiene sólo palabras de la misma forma que no contiene todas las palabras. Sólo señalaré para recordarlo que el grito, incluso cuando se presenta bajo la forma de una frase, puede situarse fuera del bocadillo.

Que el bocadillo puede expresar una indicación escénica con un vacío, con puntos suspensivos, o más frecuentemente con puntos de exclamación o de interrogación aislados.

Que el bocadillo puede expresar el pensamiento (por medio del famoso apéndice de «bocadillos») pero que también muchas palabras están destinadas al lector y no a otro personaje. Esto explica que el tiempo del diálogo y el tiempo de la acción, separados en la realidad, van juntos en el cómic. Son testimonio de ello los comics de super-héroes, en que cada uno declama largas peroratas en el tiempo de una trayectoria fulgurante. El cómic franco-belga, menos ampuloso, no deja por ello de presentar ejemplos idénticos como ese Lefranc corriendo violentamente bajo las balas y comentando la situación.


Dirigido al lector, el bocadillo puede contener pequeños ideogramas (espirales, estrellas, relámpagos, calaveras, cañones...) comprensibles pero impronunciables. Aún más, puede contener un dibujo que representa una escena ya contada y convertirse, como en Crepax, en una viñeta entera no distinguiéndose de las otras más que por los ángulos redondeados.


El rotulado representa un dominio de estudio muy amplio: letras mecánicas o manuales, mayúsculas o minúsculas, románicas o itálicas, variaciones en el cuerpo, en el espesor y en el tono de los caracteres, flexibilidad de la grafía o tamaño de los trazos, tentativas de asociar grafismos diferentes en una misma plancha, constituyen posibilidades demasiado ricas para ser tratadas en el marco limitado que nos es otorgado. Por lo tanto reservamos este capítulo para un artículo posterior.






EL TAMAÑO DEL BOCADILLO
Se ha observado que «la superficie de las filacterias no es proporcional al volumen considerado como aprehensible por los diversos protagonistas». Así el tímido, el indeciso no utilizará más que una parte de su bocadillo.

Se pueden observar variaciones más sutiles que parecen insignificantes. Así en La gran amenaza, p. 25 V 12, la filacteria de Lefranc contiene 37 intervalos tipográficos en 2,4 cm. de largo, la de Borg sólo 31 en 2,8 cm. A pesar de tener una verborrea menos abundante, Borg logra con esta artimaña la superioridad sobre Lefranc, cuyo texto aparece recortado, superioridad expresada igualmente por la posición alta en la viñeta.

De la misma manera en la p. 41 V 7, se encuentran 207 signos o intervalos tipográficos en 7 cm. (3,5 cm. por 2 cm.) es decir 30 signos/cm2. En la página 49 V 1 hay 38 signos en 3,5 cm2 (4,4 por 0,8), es decir 5 signos/cm2. En realidad un dibujante como J. Martin «piensa su bocadillo». Queremos decir con esto que prevé ya en el borrador la dimensión y el sitio. El bocadillo es un elemento del dibujo que interviene en la confección de la página y en el encuadramiento. Si bien es poco probable que el autor pase el tiempo contando las palabras o los signos que va a atribuir a sus personajes, es seguro que toma en consideración la superficie de los bocadillos que va a realizar a fin de insertarlos lo mejor posible en el dibujo. Así en la p. 24 V 5, los dos bocadillos tienen la misma altura aunque el de Lefranc comprende tres líneas y el de Renard 5 líneas. Hay por lo tanto una preocupación de equilibrio del dibujo, de servirse del límite inferior de los bocadillos para realizar un reencuadramiento del dibujo. ¿Pero esta preocupación estética de equilibrio no provoca en el lector una sensación del equilibrio entre los personajes, entre los dos interlocutores?

En otro trabajo hemos intentado sistematizar el estudio de la superficie de los bocadillos. Pensamos haber demostrado que al menos en ciertos comics, la relación entre la superficie «de palabra» emitida y el número de aparición del locutor expresa una jerarquía institucional5.

CONCLUSIÓN

El bocadillo sobrepasa ampliamente el papel de «envoltorio» de palabras al que muchos lo reducen.

Elemento gráfico facilita un montón de indicaciones que el lector graba, a veces de forma inconsciente, pero que siempre afinan la percepción del relato.

No es sólo «seudo-sonoro» expresando el tono, la entonación, el volumen, sino que permite reconocer un estilo, o a un autor, precisar la profundidad de campo, encuadrar una imagen, definir la jerarquía global o la preeminencia momentánea de un personaje. Hay numerosas virtualidades, pocas veces aprovechadas en su totalidad, vías de investigación para acceder más frecuentemente a esa riqueza y a esa habilidad, marcas de los grandes dibujantes maestros de su arte.

NOTAS

1. Cf. «L'Espace sonore dans la B.D.» de Pierre Pascal y Frangois Pierre B.D. Bulle n.° 8, 1981.
Sobre los orígenes ver también Didier Lefort, «L'apparition de la bulle dans la B.D. frangaise», Bedesup nº 26, pp. 31-35 y «Les premieres bulles en France». Le collectionneur de bandes dessinées nº 46, pp. 12-19.

2. L'espace sonore... op. cit, p. VI.

3. C. Saouter-Caya, «Propos syntaxique du langage sonore de la bande dessinée». La Nouvelle Barre du Jour nº 110-111, p. 19-29.

4. J.B. Renard: Clefs pour la bande dessinée, Seghers, 1978, p. 163.

5. Cf. nuestro artículo L'expression du pouvoir dans La Grande Menace: essai d'étude quantitative, in A la rencontre de Jacques Martin, Bedesup, 1985.
Cf. también nuestra tesis Images de l'armée dans la bande dessinée pour enfants eí adolescenís: recherches épistémologiques, Montpellier, 1982, pp. 220-232.


Neuroptica 4, Estudios sobre el comic. Mayo 1986. Zaragoza

La nueva vida de Marta (11) Por Jorge Martinez Reverte y Pedro Arjona



El Pais Semanal Nº 2.094 / Domingo 13 de noviembre de 2016

Una posible condena de 43 años de prisión por un tuit

Viñeta de Zunar.  EL PAÍS

El caricaturista Zunar, contrario al Gobierno de Malasia, enfrenta nueve cargos de sedición por criticar una sentencia contra un opositor en 2015

ANA SALVÁ
12 NOV 2016

Zunar es caricaturista, tiene 53 años, su verdadero nombre es Zulkislee Anwar Haque y, el próximo día 22, podría convertirse en la última víctima de la cruzada del Gobierno de Malasia contra la libertad de expresión. No han sido sus críticos dibujos ni sus 15 libros sobre sátira política —de los cuales cinco están prohibidos en el país— lo que le llevarán ese día al banquillo acusado de nueve cargos de sedición, sino cinco tuits. El artista enfrenta 43 años de prisión por criticar en la red social el encarcelamiento en 2015 del líder de la oposición Anwar Ibrahim por sodomía, aunque Zunar cree que se trata en realidad de “una condena al más alto nivel para que no pueda participar en las elecciones [de 2018]”.

El espacio para la disidencia es cada vez menor en Malasia, que ocupa el puesto 146 (de 180) en la clasificación de la libertad de expresión de Reporteros Sin Fronteras. Una tenaza que se ha vuelto más dura en el último año, mientras el descontento popular se dispara por los casos de corrupción del Gobierno de Najib Razak, que amenazan con hacer añicos a su coalición política.

Uno de estos escándalos es la denuncia del Gobierno de EE UU para recuperar mil millones de dólares (918 millones de euros) destinados a la ayuda al desarrollo económico en Malasia. Las autoridades estadounidenses tienen indicios de que el dinero fue desviado por la empresa pública para el desarrollo 1Malaysia Desarrollo Berhad, supervisada por el primer ministro, y destinado a la compra de inmuebles y obras de arte en EE UU. “Se están gastando el dinero público mientras los precios no dejan de crecer”, denuncia Zunar vía Skype.

Según el Departamento de Justicia de EE UU, el hijastro del primer ministro, el productor cinematográfico Riza Aziz, habría usado también estos fondos para financiar la película El lobo de Wall Street, de Martin Scorsese y protagonizada por Leonardo DiCaprio, así como la fundación medioambiental del actor. “Cualquier donación sospechosa será devuelta”, aseguró en octubre DiCaprio al conocer la acusación.

Casos como estos son los que critica Zunar en sus viñetas, con las que se ha ganado la enemistad del Gobierno. “En mi país me tratan como a un criminal”, dice. Phil Robertson, subdirector de Human Rights Watch en Asia, le da la razón: “[En Malasia] los derechos caen en picado mientras el primer ministro trata de silenciar a quien le pone en entredicho”.

Un solo partido en el poder

Desde su independencia en 1957, Malasia ha estado gobernada por la misma coalición, ahora conocida como Barisan Nasional. Esta hegemonía se ha visto, sin embargo, amenazada por la oposición desde finales de los noventa. En 1998, Ibrahim era vice primer ministro y, según algunos analistas, podía aspirar a la sucesión del entonces primer ministro Mahatir Mohamad. Fue entonces cuando sufrió su primera condena por sodomía, considerada delito en el país musulmán pero que rara vez llega a juicio.

El opositor salió de prisión en 2008, pero inhabilitado para ocupar cargos públicos durante cuatro años, lo que le dejó fuera de las elecciones generales de 2008. En 2013, libre de esa prohibición, concurrió a las elecciones con la coalición que encabezaba, Pakatan Rakyat. Las protestas contra el Gobierno crecían en las calles. Ese año la formación de Najib obtuvo los peores resultados de su historia y el Gobierno prohibió las manifestaciones.

Zunar ha viajado varias veces al extranjero para denunciar la represión del Gobierno, pero hace dos semanas las autoridades bloquearon su pasaporte. “Como dibujante tengo la responsabilidad de transmitir a la gente los problemas que enfrentamos en Malasia. La responsabilidad es más grande que el miedo, eso me hace seguir”, afirma. No es el único. El proceso en su contra y los escándalos del Ejecutivo han generado una ola de artistas que exigen justicia y libertad de expresión. Zunar, por su parte, afirma que denunciará la corrupción hasta que se seque su última gota de tinta.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Un antes y un después


10 Noviembre, 2016

Altabirra narra la historia reciente de España a través de los ojos de su padre, que legó al guionista su ideología y el dolor de un suicidio, siendo ya anciano



EL ARTE DE VOLAR
Antonio Altabirra, Kim.Norma Editorial. 224 páginas. 23,90 euros.

Dice Antonio Martín en su prólogo a la nueva edición de El arte de volar que el libro de Altarriba y Kim es "sin duda uno de los mejores libros de historietas realizado en los más de 150 años de existencia del medio en España. Yo aún diría más…, como investigador y estudioso de la historieta española, considero que es la mejor obra realizada hasta el día de hoy, 2016, por autores españoles. Y lo considero así, de forma objetiva, por su guión y diálogos, por su desarrollo narratológico, por su dibujo y por el total de la obra, que se cierra sobre sí misma de forma perfecta en un inicio/final que convierte en presente el pasado y el futuro".

Recurro a Martín porque se ha escrito ya mucho sobre El arte de volar (yo mismo he recomendado varias veces la obra por escrito en estas mismas páginas) y no reconozco una autoridad mayor que la suya en materia de cómic español. Se ha escrito mucho, digo, y todo laudatorio, pues no merece menos este emocionante repaso de la historia reciente de España narrado a través de las experiencias de uno cualquiera de sus ciudadanos. No, uno cualquiera no, el padre del guionista, que legó a su hijo la vida, su ideología y el dolor de un suicidio, siendo ya anciano. No les diré los motivos de la dramática decisión de Antonio Altarriba Lope, que para eso está El arte de volar, pero sí quiero avisar a los que ya hayan leído el libro que la presente edición de Norma Editorial, revisada y ampliada, incluye un bellísimo epílogo a color, 14 nuevas páginas que añaden un mayor significado al salto al vacío del padre y alivian, de paso, la herida del hijo. No hace mucho que Norma publicó El ala rota, historieta complementaria de El arte de volar, y tan necesaria como esta, y es buena noticia que haya adquirido para su catálogo el primer acto de la duología que, a la fecha, ha merecido el Premio Nacional de Cómic 2010, el Premio a la Mejor Obra en el Salón del Cómic de Barcelona de 2010 y el Premio Nacional de Cómic de Cataluña 2010. (Permítanme que recuerde la encomiable labor del tristemente fallecido Paco Camarasa, a quien debemos las primeras ediciones de El arte de volar en Edicions De Ponent.)

Como remarca Martín: "Es cierto que hay otras historietas españolas muy importantes, pero ninguna logra alcanzar la madurez de El arte de volar; madurez que ha llevado el medio a una cota nunca alcanzada antes. Tenemos autores importantes y tenemos libros de historietas muy importantes (…). Y, sin embargo, ninguna de estas obras espléndidas realizadas por lo general a partir de la década de los años 70 del siglo pasado, tiene la virtud suprema que distingue a El arte de volar: esta obra marca un antes y un después en el desarrollo de la historieta española". Y aún me he guardado para el final otra cita suya, que suscribo, y con la que les invito a la lectura o relectura, mejor si es en esta nueva y más completa edición, de El arte de volar: "no solo no ha sufrido con el paso del tiempo, sino que al volver a leerlo descubrimos que ha mejorado en densidad y madurez".

Malaga Hoy

Navegante del infinito

POR JAVIER FERNÁNDEZ

10 Noviembre, 2016




CAPITÁN HARLOCK INTEGRAL
Leiji Matsumoto.Norma Editorial. 1088 páginas. 39 euros.

Publicado primeramente en la revista japonesa Play Comic entre 1977 y 1979, Capitán Harlock es la obra maestra del mangaka Leiji Matsumoto (Kurume, 1938), autor también de otras conocidas series de ciencia ficción como Galaxy Express 999 (1977-1981) y Acorazado Espacial Yamato (1974). Matsumoto dibujó "apenas" mil páginas de las aventuras de Harlock, un extravagante pirata espacial que se presenta a sí mismo con el siguiente lema: "Vago por los confines del espacio… Me llaman el Capitán Harlock… Mientras me quede un hálito de vida, viviré libre en este mar sin futuro bajo mi propia bandera, la bandera de la calavera... Viviré libre bajo mi propia bandera". Irredento y libertario, Harlock surca sin preocupaciones el infinito con su navío Arcadia, pero se ve forzado a regresar a la Tierra cuando una raza alienígena, las todopoderosas Mazon, amenazan con conquistar el planeta. A partir de aquí se suceden intrigas, persecuciones espaciales, escaramuzas y batallas, toda vez que se va desvelando el misterio de las Mazon y las motivaciones del propio pirata, en una de las space opera más bellas y vibrantes del tebeo nipón.

Por desgracia, Matsumoto dejó inconclusa esta maravilla, cuya fama se cimenta no solo en el manga, sino también en la célebre teleserie de dibujos animados de 1978 (ahora sí, con su final y todo, en el que colaboró el padre de la criatura), que ha generado otras secuelas y adaptaciones en pantalla, de las que la versión cinematográfica de 2013 es el punto culminante. Cuando casi se han cumplido cuatro décadas del debut de tan icónico y fascinante personaje, Norma Editorial ofrece a los lectores el regreso de las Mazon en el nuevo manga Capitán Harlock. Dimension Voyage, colaboración de Matsumoto con el joven dibujante Kouichi Shimaboshi, y recupera la totalidad de la serie original en una imprescindible caja compuesta por dos volúmenes encuadernados en tapa dura. Todo un sueño hecho realidad para los numerosos amantes de este gran clásico de la ciencia ficción en viñetas.


Malaga Hoy


miércoles, 9 de noviembre de 2016

La revolución del café (Oriol Malet)













El Pais, revista Jot Down Smart número 14, noviembre 2016

SOBRE LA UTILIZACIÓN DE LA PAGINA EN TINTÍN Por Carles RIBA

Hay algo que nadie ni nada pueden pagar en el mercado de los medios de comunicación para masas: una buena historia, una narración hábil. Ciertamente hay otras opciones no-discursivas, no-narrativas, que permiten igualmente llenar hojas, película o cinta magnética. Pero siempre queda una historia; lo que varía es la forma de contarla. Y ahí es donde —con honrosas excepciones— la vanguardia o la modernidad pueden convertirse en modas «prét-á-porter» tras las que se oculta la esterilidad creativa.

Aunque ya se ha hablado mucho de Tintín, creemos que no sobran algunas consideraciones más en torno a la sabiduría narrativa de Hergé. No pretendemos mitificar al padre de la «línea clara» —al menos no más de lo que lo está—, ni en definitiva hablaremos de cuestiones relativas a línea o diseño. Trataremos simplemente de hacer notar ciertas peculiaridades de los relatos, las cuales todo el mundo puede haber notado perfectamente, pero que sin embargo apenas se citan en las decenas de trabajos que los especialistas han dedicado a este autor. Nos referimos a recursos de los que hacen que una historia sea engullida, más que degustada, por lo menos en una primera lectura. Todo gira, pues, alrededor de la facultad de saber contar, al margen de preocupaciones estéticas conscientes.

El narrador goza para sus expansiones de un territorio abierto y despejado, a medio camino entre el cénit y el nadir, entre el barro del saber colectivo y las cúpulas desde donde los críticos escudriñan la narración, los flujos y reflujos del texto. En una entrevista de la prensa diaria (El Periódico de Barcelona, 11-VI-85) el novelista Torrente Ballester afirmaba haberse criado entre grandes narra¬dores que, sin embargo, eran analfabetos. Uno también suscribe una afirmación de este tipo. El dominio de la técnica narrativa, cualquiera que sea su medio de soporte, exige la posesión de unos determinados códigos, los cuales no coinciden con aquellos que animan el nivel específico de competencias que hoy atribuimos al «intelectual» o al «artista»; ello no excluye, desde luego, que dichos códigos puedan traducirse también a patrones culturales, a reglas ideológicas y estéticas.


 Tomemos al cine, por ejemplo. El género de aventuras «made in USA», cultivado entre los años treinta y los sesenta, ofrece significativas muestras de grandes narradores cuyas biografías y declaraciones dan más la imagen de aventureros que de intelectuales. En literatura tampoco faltarían ejemplos de este tipo. El narrador, independientemente de su genialidad o de la trascendencia cultural de su obra, debe ser ante todo un artesano conocedor del oficio y de sus trucos.

Volviendo a Tintín, digamos de entrada que su ágil ritmo narrativo se ve constreñido y marcado por factores pragmáticos ajenos a la narración en sí, pero utilizados y reflejados en el texto de diversos modos. Esta tampoco sería una patente de Hergé. Muchas de las triquiñuelas que el narrador usa para vender —tanto en sentido literal como figurado— su obra giran en torno al tempo de lectura, visión o audición del destinatario. El que cuenta algo intenta lograr ciertos efectos en su público, efectos que normalmente están controlados por la empresa editorial o por entidades de nivel superior que respaldan su distribución. Baste recordar el recurso de las «pre-views» en las producciones cinematográficas norteamericanas. En cualquier caso, lo que aquí nos importa es que también existe una intención por parte del mismo autor de cara a conseguir respuestas de atención, interés, implicación, etc., por parte del destinatario, a pesar de que ciertas aproximaciones semiológicas al análisis textual nieguen la legalidad de este enfoque (Kristeva, 1978 II: 28).

Planteadas así las cosas, una consideración importante en cuanto a la forma de concebir o construir un texto para hacerlo llegar al público es su continuidad. No nos referimos ahora al tamaño de las unidades que lo componen y estructuran en el tiempo, en su desarrollo lineal (y a veces también en el espacio), a sus unidades sintagmáticas. Estas surgen de un análisis de la obra completa o bien son las piezas con las que el autor va creando y alimentando el texto. Más bien estamos pensando en el régimen de emisión de dicho texto, en los cortes que impone su edición, su publicación. Existe, en efecto, el fenómeno de las entregas o la publicación o emisión parceladas que en otros tiempos condicionó al folletín y a cierto tipo de novelas y que hoy sigue determinando algunas formas de la narración radiofónica, televisiva o de la prensa gráfica.

Pese a lo dicho, hay que tener en cuenta que los sintagmas o unidades sitagmáticas se disponen en jerarquías con distintos niveles. Así, podemos descomponer el texto o la obra de Tintín en sus álbumes, éstos en secuencias o páginas y cualquiera de estas dos últimas en viñetas, las cuales podrían a su vez ser igualmente analizadas desde el punto de vista de la distribución espacial.


 Pues bien, algunas de estas unidades pueden coincidir con las entregas o unidades de publicación —capítulo, episodio, página, tira, en diversos medios—, a pesar de que en sí mismas posean suficientes principios de organización. De este modo la página de cómic, pongamos por caso, además de poder funcionar como unidad de entrega y como sintagma, constituye un espacio autónomo para la composición.

Aquí vamos a fijarnos sólo en la página y en la secuencia. La primera no requiere definición. En cuanto a la segunda la entendemos como un segmento narrativo independiente de la página, a la cual puede desbordar, o por la que puede quedar limitada. Nos valemos en el fondo de un paralelo cinematográfico y de un recurso bastante habitual en el análisis del cómic (Remesar, 1982:78). Pero en cualquier caso un relato en imágenes con una cierta longitud no puede ocultar su construcción a base de segmentos narrativos supra o infra-página y, en definitiva, inter-página. La página o la tira (de la que aquí no nos ocupamos) serían unidades de entrega y, eventualmente, sintagmas; las secuencias serían sólo sintagmas. Entre ambas, como apuntábamos, podrían darse coincidencias, y esta es una de las cosas que pretendíamos señalar.

Pero hay otras. Nuestro propósito mayor se cifra en destacar lo que hemos llamado el efecto de final de página, un dislocamiento que la página introduce en el ritmo narrativo general y que actúa como una especie de golpe de bordón que puntúa la historia a intervalos casi constantes. Este efecto se pone más de relieve si comparamos dos ritmos narrativos básicos en los álbumes de Tintín: uno principal, inter-página, compuesto por secuencias, y otro intra-página, coordinando más que subordinado al anterior y marcado por el efecto en cuestión, que se sitúa en los extremos de la página, sobre todo al final de ella.


Los criterios de delimitación son claros en el caso de la página. Su dinámica interna, sin embargo, no depende totalmente de que sea una unidad de publicación, como lo fue en el caso de Tintín. Las características de la Gestalt de página, el salto de abajo a arriba y de izquierda a derecha en las páginas izquierdas y la función de ocultación que cumplen las derechas al desembocar en su reverso bastan para atraer ciertas inflexiones del relato al ángulo inferior derecho de todas ellas.

El aislamiento de secuencias ya es más complicado. Si damos por sentado que la viñeta define el nivel sintagmático fundamental de la historieta gráfica, entonces el montaje puede entenderse como montaje de viñetas. Pero a un nivel superior podemos considerar también un montaje de secuencias. La secuencia podría ser «una sucesión de pictogramas (viñetas) que poseen continuidad elíptica espaciotemporal» (Paramio, 1971). Dejando aparte consideraciones más técnicas que hemos expuesto en otro lugar (Riba, 1985), los criterios de principio/final de secuencia se ajustan a la dramaturgia textual, bastante clásica, de los que se sirve el mismo Hergé. Por otra parte, los paralelos con el cine nos ayudan también en este punto (hay que distinguir cambio de plano de cambio de secuencia), cosa nada sorprendente si se advierte la impronta de montaje cinematográfico que acusan muchos episodios de Tintín. En resumen la secuencia puede considerarse: 1) Como una unidad temporal, cuando en los extremos las elipsis son mayores que en el interior. Entonces suele estar introducida por textos de anclaje como «Unas horas más tarde», «Al día siguiente...», etc. 2) Como una unidad espacial, cuando constituye el escenario de la función narrativa (el espacio de una persecución, por ejemplo). 3) Como una unidad de personajes. Criterio cercano al de la escena teatral. La entrada de un personaje determina, teniendo en cuenta el resto de condiciones, el inicio de la secuencia; su partida, el final. 4) Como una continuidad semántico-discursiva: «paseo y llegada a casa», «secuestro de Tornasol», etc.

Ahora bien, el final de página no sólo viene acotado por los límites espaciales del papel o, en un enfoque tabular, de las columnas o filas de viñetas. En nuestra perspectiva lineal un final de página en Tintín será reconocible a través de ciertas marcas en las últimas viñetas sobre las que recae el peso del énfasis o el suspense narrativos. El suspense consiste simplemente en introducir indeterminaciones en el desarrollo de la historia, más allá de la continuidad perceptiva o temporal de viñeta a viñeta. Hemos inventariado las principales marcas a las que recurre Hergé en su obra madura con el fin de lograr los antedichos efectos:

Gran interrogante, gran admiración, metáfora visualizada.
Signos cinéticos.
Interjeciones y onomatopeyas.
Objeto o personaje (misterioso, peligroso, etc.), percibido fuera de campo o plano. Normalmente aparecerá en contraplano («contraviñeta») en la viñeta siguiente.
Desenlace parcial que deja la historia abierta para un «continuará» (no muy usado).
Desenlace dudoso o predesenlace de un desenlace que se consuma en la viñeta siguiente. Constituye a diferencia del anterior un «doble final».
Arranque o final de subsecuencia dentro de la secuencia principal (por ejemplo: El Asunto Tornasol 38), sin desenlace implícito.
Gag partido.


Estas marcas no son mutuamente excluyentes, ni homogéneas. De entre ellas haremos abstracción de las que, necesariamente, requieren para su caracterización el contexto narrativo. También descartaremos las interjecciones por formar parte de los globos y no ser, por tanto, una marca independiente. Los restantes elementos fijan gráficamente el suspense en la viñeta mediante convenciones sobrepuestas a los procedimientos narrativos. El recuento de signos cinéticos, onomatopeyas y metáforas visualizadas no permite deducir ningún uso preferente de estos recursos en alguna posición dentro de la serie de viñetas de la página. En cambio, los grandes interrogantes y signos de admiración (en blanco y negro, coloreados, duplicados o triplicados, con trazo tembloroso, etc.), sí que se presentan en la penúltima y —sobre todo— la última viñeta de página en proporción tal respecto a las demás viñetas que nos convence de su importante papel en el efecto de final de página, rubricando una elevación del nivel de incertidumbre o suspense. Naturalmente los ? y ! pueden figurar en cualquier viñeta de la página. En El Asunto Tornasol el número de viñetas por página da una amplitud de 16, entre 8 y 24 (media = 14). El análisis ha consistido sencillamente en comprobar si la distribución de ? y ! a lo largo del relato se decantaba hacia las últimas o las primeras viñetas de página, revelando así algún régimen narrativo interno a esta última.

La respuesta es afirmativa, por lo menos en lo que se refiere a los álbumes que hasta ahora nos hemos entretenido en analizar, a saber: Objetivo: la Luna, Aterrizaje en la Luna, El asunto Tornasol, Stock de Coque, Las joyas de la Castafiore y Tintín y los Picaros. En todas estas obras la frecuencia de marcas ? y ! en la última viñeta de página es significativamente superior (con mucho) a la misma frecuencia en las demás viñetas, con excepción de la penúltima. Por el contrario, las primeras viñetas no revelan ningún mareaje apreciable. No obstante, cuando aparece ? o ! en la primera viñeta es porque también aparece en la última de la página anterior (u otro signo equivalente), articulándose ambas. La regla se cumple incluso en textos con una narrativa más suave y con menos acción manifiesta como Las joyas de la Castafiore (Altarriba, 1984). Por supuesto, el efecto de final de página no se apoyaría en marcas de esta índole, las cuales son meros indicadores de un proceso narrativo con el que mantienen relaciones de redundancia. El efecto de final de página puede detectarse fácilmente a través de ? y !, pero funciona igual en la mayoría de páginas de Tintín, tanto si hay marcas como si las sorpresas o misterios de la narración se sostienen sobre el mismo fluir narrativo. El paso de página a página es como el volver la esquina de la historia que se cuenta. Por eso parece (aunque no estamos seguros de ello) que la proporción de mareajes de última viñeta es mayor en las páginas derechas que en las izquierdas, tal como se despliegan en los álbumes. En las primeras, como ya hicimos notar, la incertidumbre es mayor al continuar la narración en el reverso (esta asimetría es irrebatible en El asunto Tornasol).


 El efecto de final de página puede analizarse en la perspectiva del raccord, entendido en el sentido cinematográfico y no en el que a veces se le ha atribuido en los artículos sobre cómic (Rodríguez Arbesu, 1980). Este raccord, pues, en tanto que continuidad entre viñetas bien recortadas y discriminables en el caso que nos ocupa, no se limita, claro está, al puente entre la viñeta final de una página y la inicial de la siguiente, sino a cualquier transición entre dos viñetas consecutivas. Si hay raccord, no hay elipsis temporal, es decir, no la hay con respecto a los elementos situados en el eje de la continuidad. Entonces diríamos que en el paso de página a página ha de haber un raccord de este tipo, apoyado en los recursos previamente discutidos, mientras que entre las demás viñetas podría haberlo o no haberlo. Por el vértice de una página, como por el efecto electrodinámico de las puntas, escapa el sentido hasta el vértice de la página siguiente, pero esta fuga acaba en un tiempo inmediato. Un ejemplo de este engranaje de complementación entre última y primera viñeta se advierte en la figura que acompaña a nuestro texto. Y sin embargo en estas dos viñetas faltan precisamente las marcas más conspicuas sobre las que hemos basado el recuento.

Este raccord o este efecto de final de página introducen, por tanto, un mínimo de redundancia en comparación con la que se manifiesta en otros cómics, en la continuación de tira a tira o de página a página a través de las consecutivas entregas. A veces la señalización en la prensa obliga casi a la repetición de la última viñeta del segmento previo, o a una variación sobre la misma, aparte de los anclajes textuales que refrescan la memoria del lector. Lo que queda por saber en cada caso es si estas estrategias son una adaptación al medio a la que se ve constreñido el autor o autores, o bien obedecen a una política editorial.

¿Qué relación guarda este ritmo intrapágina con el inducido por las secuencias que atraviesan las páginas y a las que antes aludíamos? Para averiguarlo hemos empezado analizando El asunto Tornasol. Si relacionamos la longitud en viñetas de las secuencias con la posición de estas últimas a lo largo del relato obervaremos que el tamaño de los bloques narrativos aumenta hacia el centro, hasta culminar en la gran secuencia del secuestro de Tornasol y posterior persecución, para menguar después hacia el final. Por lo que hace al ajuste entre los finales de página y de secuencia hay que decir lo siguiente. En cuatro páginas de El asunto Tornasol se producen coincidencias absolutas de la viñeta de final de página con la que corona una secuencia. Esto ocurre en las páginas 4,6,16 y 22. En la 12 y la 27 la superposición falla por una viñeta, por lo que cabe añadir estos dos casos a los cuatro anteriores. En los demás casos los finales de secuencia tienden a producirse hacia el final de la página, donde aquella desemboca, en proporción sensiblemente mayor que hacia el principio. Lógicamente una de estas secuencias nunca termina en la primera viñeta de una página; ello sería absurdo tanto desde el punto de vista de la dinámica narrativa del álbum como del de las entregas.



Ninguno de los procedimientos que aquí hemos llamado narrativos ha sido inventado por Hergé; pero éste los usó con una eficacia y sabiduría que para sí quisieran muchos. Un mareaje tan recurrente y nítido de la narración en sus diferentes cesuras no se adivina en cómics europeos de audiencia y éxito parecidos. En otros casos el extremo terminal de una entrega y el inicial de la siguiente exhiben una factura bien diferenciable, pero incurren, tanto en las historias gráficas como en las radiofónicas o televisivas, en redundancias y en efectos excesivos con tal de mantener el interés (piénsese en las truculencias que permiten empalmar dos «entregas» sucesivas de Dallas o Dinastía). En cambio, en Tintín se consigue un equilibrio casi neoclásico entre interés y continuidad, y ello debe agradecerse en parte a la armoniosa relación entre el ritmo que enlaza las páginas con el que señala el final de éstas.


Por otra parte, el aumento de longitud de los bloques narrativos hacia el centro del relato, citado a propósito de El asunto Tornasol, tampoco es un recurso que haya de ponerse en la lista de originalidades de Hergé, sino en la de sus demostraciones de sólido conocimiento del oficio de narrador. Esta disposición en forma de campana tiene su lógica narrativa y tampoco es desconocida para el director o montador cinematográfico. Por una parte, la narrativa clásica sirve de segmentos relativamente cortos al principio, con el fin de preparar la trama en un frente amplio de situaciones y con rapidez suficiente. Luego aborda desarrollos más dilatados y más lineales. Al final el anudamiento de los distintos cabos sueltos exige de nuevo un tratamiento más sincopado. Por añadidura las escenas de acción piden una planificación corta (a menos que se prolongue el plano o adquiera mayor magnitud, cosa imposible en el cómic), lo que multiplica el número de viñetas y puede repercutir en resultados como el comentado.

Por supuesto no basta con saber para qué sirven las herramientas y las técnicas del oficio. También hay que saber usarlas. Y Hergé lo sabía, lo fue aprendiendo. Sobre eso no caben muchas dudas.


BIBLIOGRAFÍA
ALTARRIBA, A.: «La intrincada intriga de las joyas intrínsecas o la casta-flor deshojada». Neuróptica 2, Zaragoza, 1984.
KRISTEVA, J.: Semiótica  II.  Madrid, Fundamentos, 1978.
PARAMIO, L.: «El cómic y la industria cultural: cuestiones semiológicas». Revista de Estudios de la Información, Madrid, 1971.
REMESAR, A.: Análisis del Cómic. Barcelona. ICE Universidad de Barcelona, ICE Politécnica y Facultad de BBAA, 1982.
RIBA, C: «Análisis secuencial del ritmo narrativo intra-página e inter-página en Tintín». Primer Symposium Internacional sobre la Historieta. Barcelona, Facultad de BBAA, julio 1985.
RODRÍGUEZ ARBESU, F: «Un gigante de la Imagen». Wendigo, Gijón, año V, nº 15,1980.

Publicado en Neuróptica 4 Estudios sobre el comic, mayo de 1986, Zaragoza.

lunes, 7 de noviembre de 2016

La pelea del siglo



'Superman contra Mohammed Ali' de O'Neil y Adams es un hito del género de superhombres, de argumento tan ridículo como deleitoso.


JAVIER FERNÁNDEZ




SUPERMAN CONTRA MUHAMMAD ALI. Dennis O'Neil, Neal Adams. ECC. 96 páginas. 14,95 euros.

La década de los 70 fue difícil para el Hombre de Acero. Y eso que el periodo comenzó con Superman sacando pecho (y reventando, de paso, unas cadenas) en la célebre portada del número 233 (enero de 1971) de la cabecera homónima, donde se presumía sin complejos: "Number 1 best-selling comics magazine!". El icono llevaba dominando las listas de ventas desde tiempo inmemorial, pero su reinado terminó abruptamente con el ascenso de Marvel, que subió a la estratosfera en un cohete flamante capitaneado por Spiderman. Dennis O'Neil y los SwAnderson probaron a marvelizar a Superman, restándole poderes y eliminando la kryptonita (no sé por qué siempre que alguien se replantea a Superman acaba quitándole cosas, en lugar de añadírselas, cuando el éxito sin precedentes de la era Weisinger fue precisamente la creación de una rica mitología alrededor del héroe), y la cosa se volvió de pronto excitante, pero, como una mala operación estética, el remozado duró apenas un suspiro, y pronto se instaló de nuevo la rutina en Metrópolis. Que Clark Kent dejase su puesto en el Daily Planet para presentar noticieros televisivos tampoco ayudó mucho. En esas estábamos, en plena zozobra, cuando el joven Elliot S! Maggin (sí, sí, con admiración en la "S") se preguntó, tan pronto como en enero de 1972: "Must There Be a Superman?" (en vernáculo: ¿debería existir Superman? o en una traducción más precisa: "¿debería haber un superhombre?"). Asistido por un equipo de lujo: Curt Swan y Murphy Anderson, los artistas definitivos del último hijo de Krypton, Maggin se hizo un nombre planteando a los lectores si la presencia del superhéroe por excelencia era o no beneficiosa, o sea, cuestionando la pertinencia de Superman en los nuevos tiempos.

Y un poco como resumen de ambas cosas, de la necesidad de renovación formal y del cuestionamiento, y con ganas de añadir relevancia a un personaje que saltaba en 1978 a la pantalla grande (viéndose restaurada así de golpe y porrazo su popularidad), surgió el especial Superman contra Mohammed Ali, un hito del género de superhombres, de argumento tan ridículo como deleitoso. Los extraterrestres, una multitud de personalidades del mundo real, un cuadrilátero espacial, la tensión racial y dos egos de tamaño mayúsculo se dieron cita en esta obra maestra del kitsch, orquestada por O'Neil y Adams como feliz epílogo a una asociación artística que ya había triunfado con Batman y con Green Lantern. El resultado es tan chulo, tan festivo, que no puede describirse con palabras y que es mejor disfrutar en la intimidad, sin más explicaciones. Tiene el aire de una canción del verano, de un taquillazo navideño, cultura popular en su máxima expresión. Lo que se dice un momentazo.


Si no me fallan las cuentas, Superman contra Mohammed Ali se ha publicado tres veces en nuestro idioma, aunque esta es la primera que aparece en formato reducido, eso sí, con todos los extras de la anterior edición. Supongo que ya habrá quedado claro, pero no me importa remarcarlo: me encanta este tebeo.


Malaga Hoy

Bellos monstruos


JAVIER FERNÁNDEZ



LA COSA DEL PANTANO: GÉNESIS OSCURA. Len Wein, Bernie Wrightson. ECC. 240 páginas. 23 euros.

Bernie Wrightson regresa por partida doble. Lo hace con la reedición de una sus obras más emblemáticas La Cosa del Pantano, que ECC publica dentro de su colección Grandes Autores de Vertigo. Se trata de uno de los contados trabajos que el dibujante realizó para el género de superhéroes (o casi), y seguramente es el más recordado. Junto con el guionista Len Wein, creador también de la revolucionaria Patrulla-X de los años 70, Wrightson dio vida a este peculiar monstruo, mitad hombre, mitad planta, cuya larga trayectoria incluye etapas tan celebradas como la posterior de Alan Moore. Acción y terror son las características de una obra muy apegada a su época (los episodios de este tomo vieron la luz entre 1971 y 1974), con una fórmula no por repetida menos atractiva. Salen aquí toda suerte de organismos deformes, un hombre-lobo, un remedo de Frankenstein y esa otra criatura de la noche que es Batman, con la eficacia narrativa de Wein y la elegancia del joven Wrightson, que se siente muy a gusto con la mezcla de géneros. La Cosa del Pantano comparte filiación con otras entidades viscosas como The Heap o el Hombre-Cosa, y no sé qué tendrá el tema, pero resulta fascinante visitar una y otra vez las aguas cenagosas en compañía de estos seres terribles y torturados. Desde luego que lo de Wein y Wrightson se tiene bien ganado el calificativo de clásico. El volumen incluye los ya míticos números 1 a 10 del volumen 1 de Swamp-Thing y el episodio previo, ensayo argumental de la serie, el 92 de House of Secrets. 




El título del segundo libro de Wrightson no deja lugar a dudas: Monstruosidades. Recopiladas en gran formato, van aquí tres historietas en poderoso blanco y negro escritas por Steve Niles e ilustradas por un Wrightson ya maduro: Dijo que estaba muerto, El espectro y Doc Macabre. Son en realidad tres miniseries editadas por IDW entre los años 2008 y 2011. El impresionante tomo se completa con una galería de viejas ilustraciones del maestro del terror, tan bellas que solo por ellas merece ya la pena la compra.


Malaga Hoy