viernes, 27 de noviembre de 2015

Un puñal en Estambul dibujo Rubén Pellejero guión Jorge Zentner

El héroe apatrida de Jorge Zentner y Rubén Pellejero

Renovar las características básicas del género de aventuras sin salirse de sus propias leyes no es sencillo; el guionista argentino Jorge Zentner (1953) y el dibujante catalán Rubén Pellejero (1952) lo han conseguido con la serie Dieter Lumpen (1985). De nacionalidad y biografía desconocidas, este personaje, al igual que Corto Maltes, prefiere observar y esperar acontecimientos que tomar iniciativas. Pero a diferencia del marino creado por Pratt, Lumpen es un ser sin moral ni credo político que antepone sus propios intereses a los de las distintas comunidades con las que convive.

En su ambulante trayectoria, situada en un indeterminado período histórico cercano a la mitad de este siglo, la criatura de Zentner y Pellejero se muestra reacia a la acción y propensa a la holgazanería. Pero Lumpen no es un héroe ni un anti-héroe; a título individual puede mostrarse honrado y fiel con los seres más débiles, pero también recurrir a la estafa y el engaño con los prepotentes, como ocurre en El malo de la película (1986).

Jorge Zentner imprime un ritmo lento a sus historias, narrando los hechos de forma literaria, aunque en ningún momento entorpece la lectura ágil y dinámica inherente a la tradición más clásica de los cómics. Por su parte, Rubén Pellejero renueva la tradición realista del cómic de aventuras con un grafismo sencillo y estilizado, de trazo elegante. La composición de sus páginas sigue una lógica interna que se adapta a las necesidades de la narración. Pellejero, muy exigente en el proceso de documentación y coloreado de su obra, se muestra especialmente sensible a la hora de captar el ambiente y la luminosidad de los países exóticos por los que se mueve Dieter Lumpen.























Publicado en el libro Veinte Años de Comic, Aula de Literatura Vincent-Vives, primera edición 1993

Universo azul


 Mundo azul, todo azul. Que azulado todo, no? Algún día, y a este paso puede ser muy lejano, habrá que empezar a manejar el pincel o lo que sea que manche de negro y terminar lo que he empezado. Y viendo la media, puede ser cuando cumpla 120 años. Pero tampoco hay que exagerar. Alegría y unos ratos buenos, azules.









jueves, 26 de noviembre de 2015

Ingres conquista el museo del Prado


Llega a España por primera vez una muestra monográfica sobre la obra de uno de los grandes pintores franceses del siglo XIX

Un artista cuya enorme influencia atrapó a Picasso y perdura hasta nuestros días

IKER SEISDEDOS 21 NOV 2015

'Retrato de Madame de Moitessier' (propiedad de la National Gallery de Londres).

La admiración de Picasso por Jean-Auguste-Dominique Ingres fue, como la de tantos pintores de vanguardia, larga y sostenida. Una entrada al museo dedicado por la localidad francesa de Montauban a su más ilustre hijo y un dibujo de pequeño formato conservado en Barcelona atestiguan que el joven genio malagueño decidió a los 22 años hacer un alto en la ciudad de la región de Midi-Pyrénées para rendir pleitesía al maestro de la pintura del siglo XIX. Fue durante su viaje a París de 1904, una de las cesuras más importantes de la vida de Picasso y también del arte del siglo XX; un peregrinaje a medio camino entre sus periodos azul y rosa.

El pueblo de Ingres, protagonista de la nueva e histórica exposición del Prado, recibió en 1913 la visita del autor de Las señoritas de Avignon. O al menos así se lo anunció el artista a una amiga “querida”, la escritora experimental Gertrude Stein. A otro amigo más tardío, el fotógrafo Roberto Otero, le relataría un tercer viaje de 1938. “Fui a visitar un hospital que tenían los exiliados republicanos en Toulouse, y entonces, al salir de él, le dije a Marcel –el chófer–: ‘Vamos a Montauban a hacerle una visita a Ingres’. Y cuando estamos llegando, va y me pregunta: ‘¿Tiene usted las señas de donde vive ese señor?’… ¿No le parece increíble?”.

 'La condesa de Haussonville', de la Frick Collection de Nueva York.

Si la ignorancia del conductor resultó inconcebible a Picasso fue por la enorme fama cosechada en vida por el artista francés. También porque las señas de Ingres habían permanecido inalterables desde su muerte en París en 1867. El pintor donó en testamento a su ciudad natal lo que quedara en su taller una vez resuelta la manutención de la viuda, su segunda mujer. El tesoro acabó a buen recaudo en un palacio episcopal del XVII. El museo aún se yergue sobre el río Tarn como un centinela de ladrillo, material predilecto de la arquitectura de la zona que da a este rincón del suroeste un monótono e irreal aire rosáceo.

El edificio, que también rinde tributo a otra gloria local, el escultor Émile-Antoine Bourdelle, aguardaba con resignación a finales de octubre un saqueo consentido: 14 de sus más emblemáticas obras, entre delicados dibujos y gigantescos óleos como El sueño de Ossian o Jesús entre los doctores, viajan a Madrid a la exposición que el Prado consagrará a Ingres desde el 24 de noviembre y que el director del museo, Miguel Zugaza, describió recientemente en su despacho como “un acontecimiento único”. “Nunca se ha celebrado una muestra de Ingres en España, un país en el que sin embargo tuvo valiosos discípulos, como los Madrazo, pero desgraciadamente un solo cliente, el duque de Alba”. Para cubrir los huecos que el proyecto expositivo deje tras de sí en Montauban, la pinacoteca madrileña envía una embajada de pintura española, que permanecerá expuesta hasta que se produzca de nuevo el intercambio en marzo.

En realidad, Ingres nunca vivió en el palacio que hoy alberga su museo. Para dar con el recuerdo de su casa natal, destruida hace décadas, no hay otra que dejarse guiar por el contagioso entusiasmo de Florence Viguier hacia un callejón anónimo en la dirección contraria al camino que lleva al cementerio municipal, lugar del último descanso de los restos de Manuel Azaña, muerto en el inhóspito exilio francés un noviembre de hace justamente 75 años. Viguier es directora desde 2003 del museo de Montauban, donde echó a andar su carrera de funcionaria en 1988, así que no extraña que, tras las presentaciones, se adelante a las bromas pesadas y desvele que hay quien la llama “la viuda de Ingres”. “Es un pintor de una personalidad tan fuerte que se le puede dedicar toda una vida de estudio, pero siempre desde un espíritu crítico, ensalzando lo bueno y nunca ignorando lo contradictorio. No creo en la admiración beata”.


'Ruggiero liberando a Angélica', llegada del Louvre, es una de las pinturas más eróticas de Ingres.

Entre los frutos de esa dedicación crítica destaca su colaboración en el estudio de la relación con Picasso, que cuajó en una exposición en París en 2004, o el trabajo para aquella muestra que exploró la influencia del pintor francés en la modernidad. Una alargada sombra que ya dio cobijo a Matisse, Dalí, Corot, Dufy, Mel Ramos o Erró y se extiende hasta nuestros días, como queda probado en las inmediaciones de la estatua consagrada por Montauban a Ingres a orillas del río Tarn, donde el artista urbano Invader reinterpretó con su estilo entre el píxel y el azulejo el famoso óleo El manantial (1856). O en la planta baja del museo, en la que, entre otras obras, puede verse una de las más célebres apropiaciones de la historia del arte y uno de los momentos cumbre en la carrera de Guerrilla Girls. El grupo feminista distribuyó en 1989 por toda la ciudad de Nueva York carteles con La gran odalisca (1814) tocada por una máscara de gorila sobre un fondo amarillo y la siguiente denuncia: “¿Tienen las mujeres que estar desnudas para entrar en el Metropolitan? Menos del 5% de las obras de la sección de arte moderno son de mujeres, pero el 85% de los desnudos son femeninos”. Otros célebres expolios por parte de la cultura contemporánea de la obra del francés son esa fotografía de Michael Jackson que imitaba el majestuoso y un tanto sombrío segundo cuadro que Ingres pintó de Napoleón (1806), o aquel día en que Lady Gaga se vistió en el Louvre a la manera del Retrato de Mademoiselle Rivière (1806).

Tanto la Odalisca como el Napoleón forman parte de la muestra del Prado, que cuenta con el comisariado de Vincent Pomarède, que fue conservador de pinturas del Louvre (entidad prestadora de 30 de las 70 obras) antes de asumir un cargo directivo del museo. El proyecto nació del intercambio entre ambos centros con motivo de la reciente exposición de Velázquez en París.


Ingres realizó dos retratos de Napoleón. Este es el segundo, titulado 'Napoleón I en el trono imperial'.

Para Ingres, Pomarède ha contado con la colaboración desde la pinacoteca madrileña del especialista en el XIX Carlos G. Navarro, que hace un par de semanas explicó las intenciones de la cita en el Casón del Buen Retiro, en una sala de reuniones adornada por cuadros de Corrado Giaquinto. “Nuestra aspiración es despojar su figura de algunos de los tópicos más extendidos”, argumentó Navarro. “Se trata de presentarle más allá del discurso polarizado con el que se ha venido contemplando el siglo XIX francés. Ingres contra Delacroix, los antiguos contra los modernos, la melancólica y académica veneración de la antigüedad frente al brochazo de lo nuevo. La opción de Ingres es la de una modernidad que se construye a partir de un discurso que no es meramente académico, que busca un lugar universal, permanente, que hable de los sentimientos de su tiempo teniendo en cuenta que el amor no ha cambiado desde la época de Homero. Pero hay más clichés. El que, por ejemplo, habla de él como el pintor de las mujeres cautivas, que es el que conoce cualquiera con una educación media en España. Y luego se le recuerda como retratista cuando en realidad él siempre quiso ser un pintor de historia. Solo acepta a regañadientes el retrato, y siempre se mostraba muy quisquilloso con la elección de sus modelos y con el modo en que vestían y se adornaban. La muestra sigue un orden cronológico clásico; de ahí que el primer tópico que se pretende desmontar es el que lo despacha como un discípulo aventajado de David”.

El Ingres que aguarda al principio de la exposición (que cuenta con el patrocinio de la Fundación AXA) es un joven empujado a la práctica obsesiva del arte por su padre, escultor de escasa fortuna que halló la inmortalidad a través del hijo. Ambos emigraron a Toulouse cuando el chico contaba 11 años. Allí estudió en la Academia de Bellas Artes y tocó en una orquesta local el violín que hoy se atesora en una vitrina del museo dedicado a su memoria.

Cuando estuvo listo, Jacques-Louis David lo aceptó en su atelier en 1796, aunque el joven no llegase a comulgar nunca del todo, asegura Navarro, con su ferviente apostolado neoclásico. Allí conoció a los españoles José Álvarez Cubero, José Aparicio y José de Madrazo, quien tiempo después le enviaría desde Madrid varias estampas que reproducían cuadros de Velázquez y de Murillo de las Colecciones Reales. Pese a esas amistades, que incluyeron después a otros miembros de la familia de los Madrazo, y a la labor de proselitismo litográfico de José, Ingres nunca conectó tanto con los grandes maestros del Siglo de Oro como sí lo hizo con los italianos, sobre todo con Rafael.


Una de las piezas estrella de la muestra será 'La gran odalisca' (1814), que llega del Museo del Louvre.

Tampoco visitó España. De ahí que los responsables del Prado subrayen el simbólico valor de una muestra que aspira a jugar en la liga de las recientes del Louvre (2006) y el Metropolitan (dedicada a los retratos en 1999). Curiosamente, la única obra de Ingres que se conserva en una colección española, Felipe V imponiendo el Toisón de Oro al mariscal de Berwick (1818) –una de sus más exquisitas pinturas de historia, encargo de Carlos Miguel Fitz-James Stuart–, estará ausente de la cita por hallarse prestada al Museo Meadows de Dallas como parte de la exposición Tesoros de la Casa de Alba: 500 años de arte y coleccionismo.


Retrato pionero de Ingres, tomado en los albores de la fotografía en 1856.

La profunda veneración por Rafael, de quien llegó a procurarse una cajita con sus cenizas, hoy conservada en Montauban, alcanzó el paroxismo en sus años italianos. En 1801 ganó el primer premio de la Academia de Roma gracias al óleo (incluido en la exposición) Aquiles recibe a los embajadores de Agamenón. Cinco años después se trasladó a Roma para no volver a París hasta 1841. En Italia vivió en la capital y en Florencia, donde pintó una obra de consagración para la catedral de Montauban, la gigantesca El voto de Luis XIII (1824), que, por desgracia, no ha recibido el permiso para viajar a Madrid.

Fue en aquellos años de rotundos triunfos y agrios fracasos cuando se construyó la personalidad paradójica de Ingres, que Pomarède sitúa más allá de los corsés neoclásicos, románticos o realistas en un texto del catálogo de la muestra del Prado. “Al tiempo que se reivindicaba como un ‘conservador de las buenas doctrinas y no un innovador’, y se negaba a ser considerado ‘un imitador servil de las escuelas de los siglos XIV y XV’, o un fanático de Rafael, afirmaba no haber sentido nunca tanta ‘modestia como ante la naturaleza’. Estas últimas citas, que permiten relativizar la lógica excesiva aplicada a la clasificación de pintores y escultores del XIX, evocan también una de las claves del análisis que se hizo de la obra de Ingres durante decenios: su confrontación, voluntaria o no, con [Eugène] Delacroix”.

La querella entre los dos centauros de la pintura decimonónica francesa registró su apogeo en la Exposición Universal de 1855 de París, cuando el Palais des Beaux-Arts les dedicó sendas exposiciones; dejó anécdotas tan jugosas como la que cuenta que Ingres pidió que abrieran las ventanas del Louvre tras el paso de Delacroix por las salas para ventilar el “olor a azufre”, y mereció la intervención hasta de Charles Baudelaire: “Eugène Delacroix e Ingres se reparten el favor y el odio públicos”.

Más allá de su carácter temperamental, de la visita a Montauban y del repaso de la lista de obras maestras llegadas de las mejores colecciones para la exposición del Prado, queda el retrato de un formidable dibujante y un firme creyente en el apostolado de la línea, melómano de gustos un tanto conservadores y amante de la literatura de la Antigüedad clásica. Un perfeccionista capaz de emplear 12 años en atrapar la figura de Madame de Moitessier (¡tuvo que hacerle entretanto un retrato de espera!), y un artista que fue retorciendo su visión del mundo y añadió erotismo a medida que ganaba terreno la presencia de Tánatos, hacia el final de una existencia realmente longeva. “Al mirar más allá de la apariencia, se comprueba que sus construcciones alcanzaron un grado casi abstracto”, opina Miguel Falomir, nuevo director adjunto del Prado.

Y si la apreciación se hace evidente en una pintura por encima del resto, tal vez esta sea El baño turco, amasijo de desnudos femeninos pintados de memoria entre 1852 y 1859 por un Ingres anciano. La obra, que aguarda en la exposición del Prado hacia el final del recorrido, fascinó a los primeros cachorros de la vanguardia cuando la redescubrieron en la sala dedicada a él en el Salón de Otoño de 1905. También a Picasso, que venía, ya saben, de hacer un alto en el camino en Montauban.

Ingres podrá verse en el Museo del Prado desde el 24 de noviembre hasta el 27 de marzo de 2016.



 El Pais Semanal nº2.042 /15.11.2015


Ingres, un vanguardista en el siglo XIX


El Prado se abre a un grande de la historia de la pintura que, sin embargo, no tiene obras en las colecciones públicas españolas

Ejerció su influjo en artistas como Picasso, Matisse o Dalí

ÁNGELES GARCÍA Madrid 21 NOV 2015

En primer término, estudio para 'Ruggiero libera a Angélica' (1819), en una de las salas donde se despliega la antológica que el Prado dedica a Ingres. / ÁLVARO GARCÍA

Solo por sus retratos, Jean-Auguste-Dominique Ingres (Montauban, 1780 — París, 1867) habría ocupado un lugar privilegiado en el podio del arte. Pero él fue mucho más que el retratista de odaliscas fascinantes, mujeres en el baño turco y personajes de la alta sociedad. Considerado como el último gran discípulo de Rafael, Ingres es la gran figura de la pintura del XIX y fecundador de las vanguardias del siglo XX a través de las obras de Picasso, Matisse, Picabia, Dalí o Man Ray.
Ausente en las colecciones públicas españolas (solo la Casa de Alba posee la pintura Felipe V imponiendo el Toisón de Oro al mariscal de Berwick), la exposición que el martes abrirá sus puertas al público en el Prado es un acontecimiento en el que han participado el Louvre y el Museo Ingres de Montauban, su localidad natal, heredero de su legado. La exposición reúne 60 obras esenciales en su prolífica carrera (murió con 86 años) y permanecerá abierta hasta el 27 de marzo. Patrocinada por la Fundación AXA, será inaugurada oficialmente el próximo lunes por la reina Letizia.

Miguel Zugaza, director del museo, quiso ayer que la presentación a la prensa fuera un homenaje a Francia por los terribles atentados ocurridos hace una semana. Justo en estos días de luto han viajado desde París la mayor parte de los cuadros que integran la exposición, sin que se registrara ningún problema. "Agradecemos la generosidad de los museos prestadores, el Louvre y el Ingres de Montauban", dijo Zugaza, "en la figura de un artista que lo es todo para la historia del arte de Francia y de toda Europa y que, además, tuvo una notable influencia en un grupo de artistas españoles. Autor de los episodios más bellos de toda la pintura del XIX, encarna una de las personalidades más universales del gran país que es Francia".

La exposición, comisariada por Vincent Pomarède, director del departamento de pintura del Louvre en colaboración con Carlos González Navarro, conservador de El Prado, está organizada por orden cronológico a través de los retratos esenciales del artista. Lienzos y dibujos se alternan en las paredes para incidir en la extraordinaria calidad de Ingres como dibujante. "En su impulso romántico por la búsqueda de la belleza ideal", explica González Navarro, "sumó su fascinación por el pasado clásico a su fascinación por el arte de Rafael. Engrandeció el retrato, el desnudo y la pintura de historia. Sus extraordinarias dotes como dibujante le llevaron a la cúspide de esta disciplina y mostraron su inagotable búsqueda de la perfección".


'Retrato de Louis-François Bertin', 1832. Museo del Louvre.

Vincent Pomarède eligió 30 imágenes para desgranar la obra de Ingres y para detallar su concepto de la exposición. Para empezar, posó su mirada sobre el autorretrato que cierra la muestra, realizado cuando el artista tenía 78 años, prestado por la Galería de los Uffizi.
Para la primera parte, Pomarède ha escogido los desnudos más académicos de Ingres. "Como pintor se formó con su padre y con Jacques-Louis David. Con estos primeros desnudos perseguía el premio de la Academia de Roma, algo que logró y que le convirtió muy pronto en un artista muy solicitado".

Ese éxito temprano hizo que fuera muy criticado en el ambiente artístico y que a raíz del gran retrato de Napoleón Bonaparte vestido de emperador, aquellas críticas arreciaran entre sus colegas. Pero su carrera como retratista no paró por esos desprecios públicos, ni mucho menos. Próximos al Napoleón cuelgan dos retratos deslumbrantes: El señor Bertin, periodista escritor y coleccionista, y La Condesa de Haussonville, prestada por la Frick Collection de Nueva York.

Para el experto francés, una de las obras más significativas del afán renovador de Ingres es Edipo y la esfinge (1808), un óleo neoclásico en el que el desnudo masculino retoma los modelos griegos en un insuperable juego de luces.

Los desnudos femeninos
Sus grandiosos desnudos femeninos ocupan la parte central del recorrido. Allí está con todo su esplendor La gran odalisca (1814) con sus tres vértebras de más para conseguir un movimiento corporal insólito hasta entonces, una de las obras más influyentes de la pintura moderna; Ruggiero libera a Angélica (1819), que se considera el paradigma del erotismo contemporáneo, o Baño turco (1862), tela en la que el pintor plasma su pasión por la repetición y exalta las curvas femeninas. Explica Pomarède: "Esta obra es pura música en su sucesión de curvas. Ingres pinta el cuerpo femenino en todos los estados y posiciones con un elegante aura erótica. No es de extrañar que su contemplación perturbara el concepto de arte de muchos grandes artistas del siglo XX, entre ellos, Pablo Picasso".

El DNI de un genio del arte

Jean-Auguste Dominique Ingres nace en la localidad francesa de Montauban el 29 de agosto de 1780 y muere en París el 14 de enero de 1867.
En 1796 se instala en París. Allí empieza su formación bajo la tutela del maestro Jacques-Louis David.
En 1806 viaja a Roma, donde permanecerá 18 años. Descubre la pintura de Rafael y el Quattrocento italiano.
Cultivó, desde parámetros cercanos al romanticismo, el retrato, el desnudo femenino y la pintura orientalista, entre otros temas y géneros.
Obras clave: 'La gran odalisca', 'Retrato de Louis-François Bertin', 'Napoleón I en su trono imperial', 'El baño turco', 'La fuente', 'Júpiter y Tetis'...


El Pais

Glosario de la historieta

Manuel Barrero firma otra impagable obra ofrecida por la Asociación Cultural Tebeosfera, un oasis de rigor, honestidad y respeto por los lectores.


JAVIER FERNÁNDEZ





DICCIONARIO TERMINOLÓGICO DE LA HISTORIETA. Manuel Barrero. ACyT. 408 páginas. 25 euros.

"Todo diccionario nace condenado al fracaso", dice Manuel Barrero en la introducción de su Diccionario terminológico de la historieta. "Desde que ven la luz, las voces que delimitan conceptos pueden ser modificadas, reinterpretadas o desplazadas por otras, la tecnología puede cambiar hábitos o métodos y, a la larga, el argot, los modismos y la lengua en su conjunto mutarán." Los lectores actuales disponemos, además, de una asombrosa variedad de recursos digitales, de rapidísimos y eficaces motores de búsqueda en la red que convierten al papel en un dispositivo obsoleto. Y sin embargo, de nuevo en palabras de Barrero: "las labores enciclopédicas siguen siendo necesarias en la actual sociedad interconectada con las nuevas tecnologías, porque mucha información dispersa no equivale a conocimiento. Aún no. En las redes o en los archivos digitales la información parece accesible a cualquier consulta, pero resulta a menudo dispersa y matizable; no obstante, en papel la aproximación conceptual se puede agrupar de modo orgánico, de modo interrelacionado, para de este modo establecer un todo comprensible".

En esta creencia, esta convicción que suscribo, se apoya el presente diccionario, otro impagable trabajo ofrecido por la Asociación Cultural Tebeosfera, organización sin ánimo de lucro que no ceja en su empeño de elevar el nivel de los estudios sobre historieta en nuestro idioma. Junto a tanto panfleto divulgativo, que sustituye el brillo intelectual por un hartazgo de bonitas imágenes, las ediciones de ACyT son un oasis de rigor, honestidad y respeto por los lectores. Sus productos, ya sea la labor virtual alojada en el sitio web de Tebeosfera o el puñado de libros que figura en su incipiente catálogo, merecen siempre el calificativo de necesarios, y aprovecho para recordar que Diccionario terminológico de la historieta es el quinto volumen impreso de la asociación. Antes han visto la luz el monumental Gran catálogo de la historieta. Inventario 2012, el fenomenal conjunto de artículos Tebeos. Las revistas infantiles, el análisis colectivo Jan. El genio humilde, que disecciona la trayectoria de uno de nuestros autores más esenciales, y el fenomenal instrumento La legislación sobre historieta en España.


Pero ¿en qué consiste exactamente el diccionario de Barrero? Tal como explica el propio autor, la información "se ofrece estructurada respetando la triple dimensión o naturaleza de este medio (…): la tecnológica (lo que se refiere a las labores de edición, impresión, distribución y todo lo que corresponde a la dimensión industrial), la lingüística (desde la semiótica y la narratología eminentemente) y la artística (donde cabe tanto lo estilístico como lo sociológico, y toda alusión a su uso, desde el nivel coloquial hasta el trascendental)". A las más de 1.300 entradas del diccionario, salpicadas de ilustraciones en blanco y negro, hay que sumar una bibliografía teórica recomendada de algo más de doscientas obras. En suma, una herramienta imprescindible para todo amante de la historieta.


Malaga Hoy


Viñetas visionarias

Un recorrido por la fantasía en el noveno arte.

JAVIER FERNÁNDEZ 



EL UNIVERSO FANTÁSTICO DEL CÓMIC. Luis Gasca y Román Gubern. Cátedra. 408 páginas. 30 euros.

El universo fantástico del cómic es el nuevo volumen divulgativo de Luis Gasca y Román Gubern publicado por Cátedra en su colección Signo e Imagen, en la que ya figuran los títulos El discurso del cómic, Diccionario de onomatopeyas y Enciclopedia erótica del cómic (así como el reciente La pintura en el cómic, escrito por Gasca y Asier Mensuro). Como viene siendo habitual en esta atractiva serie, los autores escogen una temática, trazan un marco conceptual y toman numerosísimos ejemplos del cómic universal para ilustrarlo.

El tema aquí no es otro que la fantasía, y dicen los autores en su introducción que "las páginas que siguen constituyen un buen testimonio de esta insondable riqueza iconográfica y fantástica en la historia de los cómics". Dicho testimonio es estructurado por Gasca y Gubern en cinco grandes epígrafes: 1. Brujería y artes mágicas, 2. Divinidades, fantasías oníricas y espíritus, 3. Criaturas extraordinarias, 4. Objetos fantásticos, y 5. Otros lugares, otros tiempos, cada uno de los cuales se subdivide hasta alcanzar un total de veintiocho apartados (así, por ejemplo, el quinto epígrafe contiene los cuatro núcleos El espacio exterior, Los extraterrestres, Viajes a través del tiempo y La vida mañana). Los cinco epígrafes antes citados poseen un texto explicativo al inicio, que precede a una bella cascada de viñetas, páginas o cubiertas, convenientemente comentadas por los autores en los correspondientes pies de imagen. El libro ofrece también un índice temático en sus postrimerías para facilitar la búsqueda de tal o cual motivo fantástico.


El universo fantástico del cómic se lee y se relee como una especie de conferencia impresa, como un divertimento que abarca todos los mercados y épocas del noveno arte. Y precisamente la amplitud de miras, que informa del buen gusto y la sagacidad de los autores, es uno de los puntos fuertes de estos volúmenes, pues ayuda a entender y apreciar el cómic en su conjunto, con su propio y fascinante discurso vertebrado en los estilos más diversos.


Malaga Hoy

En el Londres victoriano


JAVIER FERNÁNDEZ 



LOS CUATRO DE BAKER STREET. Olivier Legran, Jean Blaise Dijan, David Etie. Yermo. 120 páginas. 27 euros.


Sherlock Holmes y su inmortal universo están presentes en Los cuatro de Baker Street, un elegante álbum editado en cartoné por Yermo Ediciones. Se recogen aquí los dos primeros episodios de la serie francobelga escrita por Olivier Legran y Jean Blaise Dijan y dibujada por David Etien, La cinta azul (2009) y El asunto Raboukin (2010). Sus protagonistas son tres miembros de los Irregulares de Baker Street (cuatro si contamos a su gato), el célebre grupo de niños de la calle, aspirantes a detectives, creados por Conan Doyle en Estudio en escarlata. Con un especial cuidado en la ambientación y la creación de personajes, y un dinámico storytelling por parte de Etien, Los cuatro de Baker Street es una lectura entretenidísima, en la línea de todo lo que está publicado Yermo, una seductora mezcla de aventuras y género de detectives en el Londres victoriano.

Malaga Hoy

sábado, 21 de noviembre de 2015

Vampiros vs. zombis


La obra da un giro al género: al producirse el apocalipsis zombi, los humanos están en peligro de extinción, y los vampiros los necesitan para alimentarse.

JAVIER FERNÁNDEZ



LA MARCHA ZOMBI. Max Brooks, Raúlo Cáceres. Panini. 144 páginas. 15 euros.

Los cómics de la estadounidense Avatar Press son un compendio de géneros populares, aventuras, terror, fantasía, ciencia ficción, cómic bélico, género histórico, superhéroes… interpretados siempre con frescura y gran intensidad, esto es, con altas dosis de violencia, casquería y erotismo. Si alguien duda que los tebeos son los herederos de la ideología y la estética de los pulps, es que no conoce el catálogo de Avatar.

Desde el punto de vista literario, la editorial presume de tener entre sus filas a figuras de relumbrón como Alan Moore, Warren Ellis y Garth Ennis (se dice pronto), aunque seguramente su mayor reclamo sea estético, y es que basta echar un vistazo a las cubiertas para que le suba a uno la temperatura o el mundo comience a darle vueltas como en una noria. A ello contribuye el trabajo de numerosos artistas, entre los que quiero destacar a dos andaluces: el gaditano Juan José Ryp y el cordobés Raúlo Cáceres, que vienen haciendo las delicias de los aficionados en numerosos títulos de Avatar. Algunos de estos se han ido traduciendo a nuestro idioma, con suerte desigual, y ahora es Panini la que licencia en nuestro idioma series tan emblemáticas como La marcha zombi o Crossed.

La primera, escrita por el exitoso Max Brooks, autor también de bombazos como la Guía de supervivencia Zombi y Guerra Mundial Z, da una vuelta de tuerca a los géneros de zombis y vampiros, haciendo que ambas razas infames se enfrenten entre sí en una guerra despiadada. El título original del asunto, The Extinction Parade (la marcha o desfile de la extinción) da mejor cuenta del contenido de la serie: al producirse el apocalipsis zombi, los seres humanos pasan a estar en peligro de extinción y, con ellos, los vampiros, que necesitan de los hombres para alimentarse. Es así que estos últimos deciden acabar con los zombis antes de que unos y otros acaben por desaparecer de la faz de la tierra. Friki donde los haya, no se puede negar que el concepto tiene su gracia, y los que ya han leído a Brooks saben que el escritor es de lo más adictivo, de modo que la diversión está garantizada de antemano. Sucede además que los dibujos son cosa del espectacular Raúlo Cáceres, quien realiza aquí uno de los mejores trabajos de su carrera. Con su gusto por las composiciones arriesgadas, la variedad de sus recursos narrativos y su alucinante uso de las tintas, Raúlo logra amplificar el placer de la lectura.



Crossed, por su parte, aterriza en Panini con la saga Crossed + 100, escrita por el mismísimo Alan Moore y dibujada por Gabriel Andrade. Por si alguien no lo sabe, Crossed es una serie de infectados creada en 2008 por Garth Ennis y Jacen Burrows y desarrollada posteriormente en distintas miniseries, de la mano de artistas como David Lapham, Simon Spurrier o el propio Raúlo. Moore toma el universo de estos personajes sanguinarios y descerebrados y nos traslada a cien años después del estallido de la plaga. ¿Qué les puedo decir? El libro es estupendo, perturbador y sofisticado, pero siendo Moore esto ya lo supondrán ustedes.


Malaga Hoy

Mucho más que torpedo

JAVIER FERNÁNDEZ



SERIE NEGRA. Enrique Sánchez Abulí, Jordi Bernet. Panini. 384 páginas. 35 euros.

El dúo artístico formado por Enrique Sánchez Abulí y Jordi Bernet es conocido sobre todo por su trabajo con el personaje Torpedo, el canalla más genial (con permiso de Vázquez) del tebeo español. Y es lógico que así sea, pues las desventuras de Luca Torelli son uno de los mayores gozos que puede uno encontrar en el ámbito de las viñetas. Los guiones de Sánchez Abulí son sorprendentes, cáusticos, hilarantes, los dibujos de Bernet rozan siempre la perfección y la química entre ambos creadores es total, al estilo de la de otros equipos de ensueño de la historia del medio, qué digo yo, Kurtzman y Wood, por ejemplo. La luz de Torpedo es brillantísima, y su sombra, tan alargada que suele ocultar todo lo demás. Ah, pero Panini nos sirve ahora Serie negra, para que no olvidemos que lo de Torpedo no fue casualidad, que estos dos han derrochado talento por los cuatro costados.


Recopilados en un solo volumen integral de magnífica hechura se hallan los álbumes y series Historias negras, Ab Irato. La naturaleza de la bestia, Snake y De vuelta a casa, que todo buen aficionado a la historieta patria recordará de tiempos pretéritos. Junto a ellos, van también un par de relatos ilustrados y una galería de dibujos con portadas, originales y bocetos varios. Como señala Cels Piñol en su introducción: "Enrique Sánchez Abulí y Jordi Bernet nos demuestran en estas páginas que su estilo conjunto funciona con todo, desde westerns subidos de tono hasta fugas de penitenciarías espaciales, pasando por relatos negros muy muy negros, tanto en su temática como en su sentido del humor, o conspiraciones para asesinar al marido de turno que no son tan fáciles de ejecutar como podría parecer en un principio". Coincido plenamente con Piñol, quien detalla en sus líneas la calidad humana de Abulí y Bernet, cuando afirma que son gigantes, leyenda viva de una época dorada que ellos mantienen viva con su legado artístico". No lo podría yo haber dicho mejor, ahí está Serie negra para demostrarlo. Les recomiendo que se hagan con él, no se arrepentirán.



Malaga Hoy

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Fantasy West. Fantasía en el salvaje Oeste.

Bienvenidos a Fantasy West...

Bienvenidos al Salvaje Oeste americano de finales del siglo XIX... pero no es el Far West que conoces. Aquí comparten hogar los indios con los elfos, los vaqueros con los orcos, los centauros con los caballos... la fantasía convive con la realidad.
Te presentamos a la U.S. Marshall Mary Jones. Como pronto conocerás, es una vaquera excepcional... que oculta un gran secreto. Vaqueros, orcos, atracadores de bancos... acción a raudales... ¿quieres echarle un vistazo?

Esta es la carta de presentación del cómic creado por el guionista Carlos Díaz Correia y el dibujante Jacobo Márquez. La campaña de crowdfunding o micromecenazgo comenzó el 19 de octubre de 2015 y con 40 días por delante alcanzó los 1200 euros ¡en diez horas! 
Tras el éxito fulgurante plantearon un nuevo objetivo de 3500 euros, con este objetivo el cómic que inicialmente sería en blanco y negro, sería publicado en color. El dinero va destinado a contratar al colorista y el sobrecoste de pagar a la imprenta la diferencia de una publicación en blanco y negro a una publicación a todo color.
Conseguido este segundo objetivo, se ha establecido un tercer objetivo de 4.500 euros para que en lugar de 48 páginas sean 56 en las que se incluye una historia de 6 páginas realizada por Ibón Sánchez. 
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martes, 17 de noviembre de 2015

Las guerras secretas


Panini recupera el original 'Secret Wars' en un volumen con más de 200 páginas de extras: imprescindible para los aficionados a los superhéroes.


JAVIER FERNÁNDEZ

SECRET WARS: INTEGRAL. Jim Shooter, Mike Zeck. Panini. 552 páginas. 34,95 euros.

Tal como explica Tom DeFalco en su prólogo a la reedición de 1992 de Secret Wars: "A principios de los 80, las figuras de acción para niños estaban resurgiendo. Líneas de juguetes como G.I. Joe y Masters of the Universe se estaban volviendo muy, muy populares". En 1983, la juguetera Kenner Toys logró la licencia para fabricar muñecos de los personajes de DC (la famosa Super Powers Collection), y la iniciativa resultó tan exitosa que Mattel decidió competir con una serie de figuras dedicada al universo Marvel. "La empresa", dice el que fuera editor en jefe de Marvel, "quería utilizar nuestros héroes y villanos más importantes en su línea de juguetes. También querían un concepto editorial que los relacionase a todos". Este concepto aglutinador fue Secret Wars, el primer gran evento editorial del género de superhéroes. En palabras de DeFalco: "nunca habíamos visto reunidos a tantos [héroes] en una historia que se extendía a tantos títulos diferentes".

Secret Wars se realizó durante el mandato editorial del polémico Jim Shooter, quien se reservó el puesto de guionista, quizá para evitar celos profesionales entre el resto de escritores de la casa o tal vez sabedor de que aquella historieta iba a batir récords de ventas. Los dibujos, por su parte, le fueron asignados a Mike Zeck, un artista que ya había demostrado su valía en cabeceras como Master of Kung-Fu o Captain America (y que, poco más tarde, firmaría Circle of Blood, una de las historietas más recordadas de The Punisher). Zeck acometió el trabajo con brío, pero su estilo resultó poco apropiado para un proyecto como este, cargado de escenas multitudinarias y lastrado por las numerosas correcciones exigidas por Shooter. Se fue desinflando a ojos vista y Bob Layton tuvo que sustituirle en dos de las 12 entregas de que constó la colección. Más aún, conforme avanzó la serie, se hicieron más apreciables los numerosos retoques realizados por una multitud de entintadores, de los que solo John Beatty, Jack Abel y Mike Esposito aparecen en los créditos.

El primer número de Secret Wars, la espectacular batalla de superhéroes y villanos en una arena situada en lo más recóndito del universo, vio la luz con fecha de cubierta de marzo de 1984, y fue un auténtico bombazo. Dice DeFalco: "La línea de figuras de Secret Wars resultó no ser demasiado exitosa, tal como se juzgan estas cosas. ¡Pero fue una de las series que más se vendieron de la Historia! También inspiró a unos cuantos imitadores. Algunos de esos cruces han recibido alabanzas. Otros, solo desaprobación. Sin embargo, se puede decir abiertamente que la industria del cómic no ha sido la misma desde Secret Wars".

Ahora que está viendo la luz una nueva y flamante versión de Secret Wars, debida a Jonathan Hickman y Esad Ribic, Panini recupera el evento original en un sustancioso volumen de la colección Marvel Héroes. Van aquí recopilados los 12 números junto con más de 200 páginas de extras, lo que convierte a esta edición en imprescindible para todo aficionado al género de superhéroes.


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