domingo, 15 de marzo de 2026

Las mil noches del Murciélago

Entre los rascacielos y torres de Gotham, una veloz sombra se mueve, luchando incansable contra el crimen


José Luis Vidal

14 de marzo 2026 


Paraos a pensarlo por un momento. Un millonario se disfraza de murciélago para perseguir y enfrentarse a una legión de chiflados bastante peligrosos: Un payaso desquiciado, un orondo tipo que piensa que es un pingüino, otro que adopta la apariencia de un espantapájaros… Y así la lista nos lleva a una galería de freaks, todo ellos muy letales, que suelen hacerle la vida bastante imposible, ya no solo a los gothamitas, sino también al enmascarado vigilante.


Ficha

DC Edición Facsímil Limited Collector´s Edition C-59: Los casos más extraños de Batman

Guion y Dibujo: VV AA

Tapa blanda

Color

80 Págs.

15 euros

Panini Cómics


Hasta ahora, ¿os ha parecido lo suficientemente extraña toda la situación? Pues para nada, porque entre los miles de páginas de cómic en las que Batman ha sido el protagonista, existen un buen puñado de ellas en las que el Caballero oscuro se verá inmerso en relatos en los que lo bizarro, lo inesperado e inusual se dan la mano…

Y es que hasta el más aplicado de los héroes tiene un límite, y en este caso el físico, los reflejos de Batman comienzan a verse perjudicados por el cansancio. Así que el único aliado que tiene en el Cuerpo de Policía de Gotham le recomienda que se tome unas merecidas vacaciones en la lejana Irlanda.

Justo ahí, Bruce Wayne se encontrará en un crucero en el que su camino va a cruzarse con el de un chavalín, cuyo destino es una pequeña isla, Kennamora, donde van a empezar a suceder hechos de lo más insólitos.

¿Hay algo más extraño que un tipo verde, de apariencia monstruosa, se pasee por la ciudad? Pues claro, ya que se trata de la Cosa del Pantano, que llega a Gotham en busca de una pareja muy importante para él, Abby Arcane y su pareja Mathew Cable, que han sido secuestrados por el cruel líder de un culto.

¿Adivináis quién se va a ver metido en la historia?

Dentro de su labor filantrópica, Bruce Wayne se hace cargo de algunos chavales a los que lleva al bosque para compartir unos momentos de tranquilidad en medio de la naturaleza. Y así lo encontraremos con tres niños a los que les sobra es imaginación, ya que cada uno tiene su propia versión de cómo es el verdadero Hombre Murciélago.

Lo que ellos no sabes es que este sombrío ser está más cerca de ellos de lo que piensan…

La llamada de auxilio de la sobria del fiel Alfred hará que Batman se traslade hasta un oscuro castillo, donde las cosas se van a poner verdaderamente peligrosas.

Y como colofón a estas peripecias que se salen de lo habitual, el protagonista se topará con un grupo de fenómenos de circo, un asesinato y el camino hasta averiguar el por qué de esta muerte y quién es el inesperado culpable.

No solo los originales argumentos de estos relatos os mantendrán pegados a sus páginas de gran formato, sino que disfrutaremos del arte y buen hacer de un grupo de talentos como Denny o´Neil, Neal Adams, Len Wein, Berni Wrightson, Frank Robbins, Dick Giordano y Irv Novick.

¡Casi nada, menudo grupo de grandes nombres de la viñeta norteamericana!

Diario de Cadiz


sábado, 14 de marzo de 2026

Bone Jeff Smith Dude Comics

No está claro por dónde habría que comenzar la presente reseña, si por el tebeo mismo o por su trascendencia como buque enseña de una nueva editorial que, parece, apuesta fuerte y con dosis de riesgo más que considerables (especialmente si tenemos en cuenta lo volátil del actual mercado español). Pero claro, del tebeo se ha hablado ya largo y tendido en prácticamente todos los papeles del medio: nada menos que Bone, la cabecera mágica del afortunado Jeff Smith, la cara más amable de la historieta independiente yanqui (a pesar de algún flirteo con Image y hasta con Disney), el retorno triunfal de la aventura fantástica y el más tradicional cartoon al paisaje de papel norteamericano. No debe quedar nadie sobre la superficie del planeta que no haya oído hablar del autor o de su creación.

Ahora, además, los lectores de nuestro país podrán comprobar de primera mano las bondades del fenómeno Bone (con la ventaja de que podrán disfrutarlo todos los meses: en los USA viene saliendo, retrasos aparte, cada sesenta días, una cadencia que no favorece en absoluto su lectura).


El primer número de Bone se puso a la venta en EEUU en julio de 1991, pasando desapercibido para casi todo el mundo. Sin embargo, un puñado de excelentes reseñas en la prensa especializada y el apoyo público de Dave Sim, que incluso publicó algunas páginas en un número de su Cerebus, contribuyeron a un progresivo aumento de ventas que llegó a ser ligeramente escandaloso a la altura del número 6. Lo demás es ya historia (tomos recopilatorios, aplauso unánime de público y crítica, una corta temporada bajo el palio protector de Image...). ¿Pero, qué es Bone, en definitiva? ¿A qué viene tanto ruido, tanto entusiasmo, tantísimo éxito? Básicamente, se trata de un tebeo de aventuras fantásticas, una especie de relectura de los temas (y los decorados) de El Señor de los Anillos en clave de comedia que hubiera sustituido a los pacíficos hobbits por unos hiperactivos muñequitos directamente desgajados de un homenaje a Walt Kelly. Los tres protagonistas (Fone Bone, Phoney Bone y Smiley Bone) han sido exiliados de su aldea (Boneville) poco menos que a ladrillazos, debido a los constantes manejos turbios del desvergonzado y corrupto Phoney.

En su huida llegan al Valle, donde conocen a la hermosa Thorn y a su abuela Ben, al tabernero Lucius y a un buen puñado de secundarios más. Se encuentran también con las estúpidas Rat Creatures (cuando escribo esto aún no sé cómo van a traducir tan sonoro apelativo) y su cacique Kingdok, que vienen a ser los malos. (También hay, no me olvido, un dragón bondadoso y alguna oscura figura oculta en las sombras más siniestras.) La historia comienza en un registro decididamente humorístico, pero conforme la acción avance y la trama vaya complicándose, comprobaremos que los tonos oscuros van teniendo más peso. No obstante, la comedia (verbal y física) no dejará en ningún momento de ser una de las constantes del tebeo, alcanzando cotas casi de delirio en momentos memorables como la célebre Carrera de Vacas de los números 9 y 10.

Como dato curioso, no está de más aclarar que Jeff Smith ya intentó narrar esta historia en sus tiempos de universitario. Coneretamente, hacia 1982 comenzó a publicar una tira diaria en el periódico Lantern, que editaba la Ohio State University. La serie se tituló Thorn, y si bien venía a desarrollar el mismo argumento básico, la inexperiencia de su joven autor y las características del formato hicieron que se centrase en los aspectos mas humoristicos. Desde entonces, Smith ha aprendido mucho (un aprendizaje al que no es ajeno su paso por el mundo de la animación, desde luego) y se ha convertido en uno de los autores más eficaces a la hora de manipular todos los recursos del medio en beneficio de la narración eficaz. La secuencia medida, la acción cronometrada y la ingeniería rítmica de cada una de sus páginas están entre lo más granado que hoy podemos encontrar sobre papel blanco. La lentitud con que los acontecimientos se van desarrollando, amén de la cadencia bimestral del tebeo, hacen de su lectura fragmentaria una experiencia casi frustrante por lo insustancial. Un repaso a los números atrasados, sin embargo, confirma la condición de gran narrador del creador de Bone.

(Como ya hemos apuntado antes, la edición de Dude se verá beneficiada por su periodicidad mensual. Buena noticia para los lectores, que podrán seguir la aventura a un ritmo razonable.)

En cuanto a la faceta gráfica, poco hay que no se haya dicho ya.

Respetuoso con sus mayores, influido por gente tan dispar e importante como Kelly, Barks o Al Capp, el clasicismo de su puesta en página y la fluidez de sus personajes se va asentando con cada nuevo número (a pesar de algún altibajo ocasional). A partir de número 2 empezará a entintar con pincel, logrando un trazo mucho más orgánico. Por otra parte, el diseño de algunos de sus personajes es, como poco, peculiar (el dragón o Kingdok, por poner un par de ejemplos muy obvios). En absoluto atractivo, pero sí muy característico.


Un tebeo excelente, de los que poca gente hace ya (algún día hablaremos del Castle Waiting de Linda Medley, otro buen tebeo con el que Bone tiene mucho en común). En cuanto a lo que pueda suponer su publicación como buque enseña de Dude Comics, poco hay que decir (excepto expresar, por supuesto, mis mejores deseos para la nueva editorial). La edición es irreprochable (aunque agradecería un papel más opaco), con una traducción razonable, una rotulación respetuosa y un precio bastante presentable. Por otra parte, Bone no es un título mal elegido de cara a unas ventas sustanciosas, pero no estaría de más publicitarlo un poco. No todo el mundo lo conoce de antemano (no todo el mundo lee fanzines, ni mucho menos publicaciones extranjeras), y seguramente hay un público numeroso que está deseando que le vendan algo así.

Sólo tienen que enterarse de que ya pueden comprarlo.

francisco naranjo


U, el hijo de Urich #11 julio 1998


Peripecias en familia

Un numeroso y talentoso grupo de autores homenajea a este cuarteto tan peculiar


José Luis Vidal

13 de marzo 2026


Entre ellos ya existían lazos de amistad y amor antes de subir a aquel cohete que los llevaría al espacio exterior, donde los rayos cósmicos los atravesaron, transformándolos para siempre. Haciendo que sus vidas como exploradores de lo desconocido y científicos tomara otro rumbo, y se convirtieran en rostros adorados por los habitantes de New York, ya que en más de una ocasión iban a salvarlos de temibles amenazas.


Ficha

Marvel Treasury Edition. Los 4 Fantásticos Fanfare.

Guion y dibujo: VV AA

Tapa blanda

Color

136 págs.

25 euros

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Panini Cómics


Sus nombres son Sue, Reed, Johnny y Ben, y a lo largo de su ya larga trayectoria han pasado por todo tipo de situaciones. Momentos extremos en los que ese fuerte sentimiento que los une ha conseguido que pudieran escapar del peligro, situaciones ideadas por esos villanos que siempre vuelven a cruzarse en su camino.

Pues bien, en esta ocasión la celebración es doble, ya que también se homenajea a una cabecera que podemos considerar ya casi mítica, Marvel Fanfare, tras la cual hemos podido disfrutar de infinidad de historias protagonizadas por todo el Panteón Marvel.

Por eso, se han reunido un buen puñado de grandes nombres del comic-book norteamericano. Y todos y cada uno de ellos y ellas van a poner lo mejor que tienen, su inmenso talento para narrar historias, peripecias protagonizadas por Los 4 Fantásticos.

Una característica única de este grupo de héroes es su condición familiar, por los que en esos momentos de descanso entre aventura y aventura, vamos a verlos en sus facetas más 'normales', por decirlo de alguna manera.

Y uno de ellos es la capacidad bromista que Johnny Storm posee, siendo su diana siempre el grandullón pétreo Ben Grimm, al que provocará hasta el infinito para enfadarlo y que incumpla la condena de un juez.

Pero Johnny, además de su condición flamígera, también saca del peligro a sus amigos, como en esa ocasión en la que se vieron atacados por una legión de robots ocultos bajo tierra dentro de un artilugio alienígena.

Presumido como pocos, el más joven del cuarteto llegará hasta a presentarse a un reality show donde derretirá el corazón de las chicas, sin sospechar que un conocido villano le ha preparado una trampa.

La capacidad como inventor de Reed Richards es prácticamente infinita, como en esa ocasión en la que se ven sumergidos en una auténtica película de terror o la obsesión por un suceso que acontecerá en un futuro próximo, tal vez un peligro que acecha…

Y así, relato a relato, doce historias que vienen firmadas por grandes nombres de la viñeta como Mark Waid, Ramón Rosanas, Alan Davis, Andrew Wheeler, Sara Pichelli, Jonathan Hickman, Dustin Weaver, John Tyler Christopher, Andrew McIntosh, Mark Buckingham, Dan Slott, Marcos Martín, Tom DeFalco, Ron Frenz, Chip Zdarsky, Mike Allred, J. Michael Straczynski, CAFU, Greg Weisman, Mark Bagley, Daniel Warren Johnson y Tyrell Cannon.

Un grupo este del que seguro que los míticos padres y creadores del cuarteto, Stan Lee y Jack Kirby, estarían muy, muy orgullosos.

¿Estáis preparados para este alucinante periplo? ¡Pues sujetaos los cinturones, porque despegamos!


Diario de Cadiz


viernes, 13 de marzo de 2026

Amalia Avia, en su mundo


IDA Y VUELTA

ANTONIO MUÑOZ MOLINA 

  

La cuestión está en encontrar un mundo, descubrirlo, irlo inventando poco a poco, decide dentro, Como quien se queda a vivir decide el principio en la casa que está construyendo. Que sea un mundo visual, escrito, sonoro, no es lo más importante. Lo que importa es que sea verdadero y reconocible, no porque busque satisfacer la expectativa de un cierto público. Sino porque también es irremediable, porque quien lo ha inventado y lo cultiva y le va añadiendo pormenores y derivaciones con el tiempo no puede hacer otra cosa, ya que ese mundo es la emanación, hasta la sustancia misma de su identidad mis secreta. Es lo más propio que uno tiene y sin embargo no es algo elegido, ni planeado. Es un tesoro que muchas veces no se sabe ni que se posee, de tan visceralmente que forma parte de uno mismo. Nadie elige su voz: tan solo puede educarla. Nadie elige tampoco su mirada. Pero a veces pasa mucho tiempo entre el hallazgo de la vocación y el descubrimiento de su mejor forma posible, de los materiales que se corresponden con ella, y también puede suceder que ese descubrimiento no llegue nunca, por falta de un azar benéfico, O por culpa de un entorno que esterilice las mejores facultades. Hay quien tiene un mundo poderoso y exclusivamente suyo y acaba aprisionado en él, víctima de su propio amaneramiento. Eso no le paso nunca a Onetti, a Giorgio Morandi, a Thelonious Monk, exploradores inagotables de territorios muy confinados en sí mismos: pero me parece que le ha pasado, por ejemplo, a Patrick Modiano.


El mundo propio se lo va hacienda alguien contra viento y marea. La única forma de ser original, dice Stendhal, es ser uno mismo. Un uno mismo obstinado, pero a la vez humilde, y observador, porque el narcisismo no ve con amor ni atención nada que esté fuera de él, y por lo tanto no recibe el alimento de lo real y el temblor de la emoción, que son la savia vigorosa del arte, "la emoción de las cosas", en las palabras de Antonio Machado. El que vive en su mundo va a lo suyo, a su tares, a su oficio, y le importa tanto y le ocupa tanto tiempo que no se entera de por dónde soplan en cada temporada los vientos de la ortodoxia o de la moda, que en las artes vienen a ser más o menos lo mismo.

En uno de esos espacios elocuentes de Madrid que concibió el arquitecto Antonio Palacios se puede transitar ahora por el mundo de Amalia Avia, en una exposición que tiene una doble cualidad de amplitud y de intimismo. Decide que era muy joven, Casi desprendiéndose todavía de las torpezas de aprendiz -y aprendiendo a sacar jugo a las propias limitaciones-, Amalia Avia estaba ya dando forma, tonalidad, atmósfera, a un mundo que iba a ser solo suyo, y en el que iba a habitar, delimitándolo





El Japon en Los Angeles, 1995. Jesús MADRINAN (AMALIA AVIA, VEGAP, MADRID 2022)


y expandiéndolo, durante el resto de su vida de pintora. Hay una simplificación de las figures y los volúmenes, Una renuncia a los colores vivas y a las prolijidades del virtuosismo. En los cuadros de fiestas y procesiones de pueblo se advierte Una sombra de las celebraciones lúgubres de Gutiérrez-Solana. Pero en vez de tremendismo documental, lo que hay en esos cuadros es una melancolía anticipada, Una sugestión de lejanía y recuerdo. En De puertas adentro, el libro de memorias de Amalia Avia, los pasajes tal vez mis poderosos son los de la infancia, la arcadia familiar traspasada por la desgracia de la Guerra Civil, el padre asesinado, los años de silencio y pobreza, aunque también de descubrimiento sensorial del mundo.

    

La voz serena y cordial de las memorias cobra forma visible en los cuadros: el empeño y la dificultad del aprendizaje de la pintura en los talleres más bien artesanales del Madrid de posguerra, el gradual ir asomándose de la artista muy joven a las amplitudes de la ciudad y al mundo restringido pero estimulante de los otros pintores, Casi todos tan en ciernes como ella misma, Casi todos varones, en los que observa una suficiencia, un aplomo arrogante que a ella le falta, y del que no tarda mucho en darse cuenta de que es infundado. Ahora pinto la ciudad, los partidos de futbol en descampados en las mañanas de domingo, la gente que espera un autobús, los que suben numerosos y cabizbajos las escaleras del metro, los que contemplan como en un extraño ejercicio de observación mutua a los personajes empelucados de la familia de Carlos IV en el Prado, O los que van pensando en sus cosas por la calle, en un tiempo siempre de nublado invernal, figuras solitarias en un ensimismamiento como de Edward Hopper, un Hopper de las tabernas y las aceras de Madrid. Amalia Avia era Una pintora figurativa en un mundo de hombres. Pero incluso en el grupo de artistas, pintores y escultores en el que se la incluía bajo la etiqueta del realismo tampoco cuadraba La meticulosa fidelidad a lo visible, el virtuosismo técnico de Antonio López o de Julio López Hernández no tenían mucho que ver con ella. Sus cuadros de paisajes urbanos y de interiores domésticos se fueron despoblando con los días, de modo que parecía que pintaba zaguanes o comedores recién abandonados por fantasmas, y su forma de pintar se hizo menos ilusionista, más cercana a lo táctil, a la forma y a la materia misma de las cosas que representaba. El óleo espeso y sombrío sobre tabla a lo que más se parecía era a esas superficies de los postigos de madera castigada de las tiendas y los talleres en quiebra que pintaba: lo áspero, lo descolorido por la intemperie, lo cuarteado por el tiempo, lo arañado por garabatos y monigotes que nos recuerdan las fotos en primer plano que hacia Brassaï de los grafitis de las paredes pobres de Paris.

La primera vez que vivi en Madrid fue en el invierno franquista de 1974. Recuerdo esas tiendas cerradas, esos muros gangrenados de humedad y oscurecidos por el hollín del tráfico, esos cielos tan grises como los edificios y como los uniformes y las furgonetas de la policía. Ahora sé que también habitaba sin saberlo el mundo de Amalia Avia.



  El Pais, Babelia nº 1.611, sábado 8 Octubre 2022             


         

                                                         


La parejita Manel Fontdevila El Jueves


Dos años después de ser premiada por su guión en el Saló y tres después de su estreno en las páginas de El Jueves, La Parejita (inicialmente, La Parejita, S.A.), serie creada por Manel Fontdevila, obtiene su primera (esperemos que no única) recopilación en libro.

Surgida en un momento en que los fallecimientos y los retiros anticipados habían mermado notablemente la calidad de la publicación (problema que aún hoy persiste), la serie de Fontdevila destacó inmediatamente por su fuerza cómica. La Parejita son Mauricio y Emilia, personajes que ya protagonizaban otra serie de Fontdevila, Emilia-o, que aparecía en las páginas de Puta Mili y que giraba en torno a la peregrina premisa del alistamiento de Emilia (haciéndose pasar por "Emilio") para evitar separarse de su amado Mauricio. Este precario concepto de serie daba para bien poco y Fontdevila lo perpetuó como buenamente pudo (no muy buenamente) durante lo que duró la publicación.

Para la revista madre, en cambio, Fontdevila, a pesar de recurrir a los mismos personajes, jugó con la ventaja de un punto de arranque mucho menos constreñido (podemos imaginar que en Puta Mili el concepto le fue impuesto y que en El Jueves gozó de libertad de elección): se trata de hacer crónica de los avatares de Mauricio y Emilia desde el momento en que (solventado el trámite militar) deciden vivir juntos (decisión a la que llegan cuando se dan cuenta de que, entre otras cosas, ya no se esconden para tirarse pedos). O sea, realizar el retrato irónico de unos personajes que, muy posiblemente, representan con bastante precisión al lector medio de la revista, en cuanto a edad, franja social, situación laboral, estado civil, etc.

Estos personajes, por cierto, distan mucho de ser individuos modélicos; al contrario más bien, el autor parece regocijarse, como buen humorista, en retratar a sus personajes por medio de sus defectos más que por sus virtudes. Nuestros héroes son perezosos (urdidores de las ideas más bastardas para eludir el bajar la basura o el fregar los platos), sarcásticos, cutres (capaces de servir pizza a sus padres en una cena de Navidad), celosos y no muy brillantes intelectualmente ("Se parte el pollo y se sazona... ¡joder! pero...¿¿antes o después de descongelarlo?!"). Además, les suele salir una vena cabroncilla y provocadora ante elementos carca-fachosos (como sus vecinos, a quienes gustan de despertar a altas horas de la noche con sonoros polvos) o modelno-snobs (como su amigo Carlitos, al cual gustan de dejar en evidencia, como cuando confunde el ruido de una batidora con la música de algún nuevísimo grupo de rock). Tras todo esto, también podemos percibir que son, en el fondo, buena gente, que se quieren mucho y tal, pero esto le interesa menos a l'ontdevila (y a nosotros; sus defectos son más divertidos).



Fontdevila ha sido capaz de hacer funcionar entrega tras entrega, chiste tras chiste (no digo que no falle nunca, sino que logra que sus dianas compensen con creces los ocasionales tiros fallidos), triunfando allí donde otros muchos (incluso Monteys) no han dado la talla: en el dificultoso formato de la plancha y con la inapelabilidad de la fecha de entrega semanal sobre su cabeza. Ha demostrado con ello poseer madera de humorista total y capacidad sobrada para sobresalir en todos los niveles. Como dibujante brillante capaz de dotar a sus personajes de una descacharrante expresividad, heredada de Vázquez, Ibáñez y algún otro maestro brugueril (ya sé que reivindica Fontdevila a otros maestros foraneos, pero estos, sin duda, fueron primero), y como guionista dotado de un agudo don de observación y de traslación de vivencias reales a la página (tras muchas de las situaciones desarrolladas en la serie parece resonar la voz de la experiencia), y de un humor arrollador en los diálogos ("¡Emilia! ¿Qué te parece si hoy... tralarín?").

Por fortuna hay en La Parejita, poco (más bien, nada) del humor kitsch (o friki, o como quieran ustedes definirlo) que practica Fontdevila en otras obras (¿más personales? ), particularmente en sus participaciones en Mr. Brain, y con el cual no comulgo en absoluto (si acaso, La Parejita entronca mas bien con Hombres-Mujeres, serie de Fontdevila aparecida en los últimos Cairo, que parece bastante olvidada -circunstancia que creo será subsanada próximamente en estas mismas páginas- y que era bastante, bastante buena). Me quedo con este Fondevila cronista del infinito e hilarante anecdotario de nuestra cotidianidad más cercana y reconocible, para el cual ha demostrado, hasta ahora, una habilidad inagotable.

J. Edén


U, el hijo de Urich #11 julio 1998


La memoria del constructor Ops/El Roto/Andrés Rábago Diputación de Sevilla


Han vuelto los buenos tiempos para los que, como yo, buscan diariamente la segunda página del suplemento local de El País y coleccionan físicamente o en la memoria las creaciones de El Roto. El motivo es que ha salido a la venta una hermosa caja exquisitamente editada por la Diputación de Sevilla, con dos volúmenes de obras relativamente recientes de ese personaje multifronte y de perfiles no muy bien conocidos, al que algunos recuerdan por sus ya lejanas colaboraciones en Hermano Lobo- para ellos es Ops-, otros, los menos, por su labor más puramente artística - para quienes aparece como Andrés Rábago- y casi todos por su labor ¿humorística? de notario siniestro de la realidad transeúnte y, lo que es más importante, de su poso inmanente, es decir, de la vida misma (El Roto).

Nos encontramos, pues, ante una excelente ocasión para enriquecer nuestro pequeño arsenal de recopilaciones del trifásico autor, en una calidad que mejora notablemente la de sus soportes habituales y que, en el caso de la obra pictórica, dando por supuesto que muchos no somos habituales de las galerías de arte, nos va a permitir a casi todos un primer acercamiento a las paletas y pinceles de Andrés Rábago.

La memoria del constructor, pórtico general de los dos volúmenes que forman la compilación, actúa ya como un poderoso aperitivo de lo que nos espera en el interior. Ambiguo como el personaje triple cuyos frutos acoge, el título sirve sin embargo para aventurar esta conclusión que extraigo a título completamente personal: Rábago-Ops-El Roto, uno y trino, trifurca su personalidad para expresar sentimientos y opiniones que a menudo tienen poco que ver entre sí, porque pertenecen a sectores distintos de la realidad, pero consigue mantener una unidad, un cierto hilo conductor que subyace en la observación de todas sus obras. Esa identidad es ciertamente difícil de expresar con palabras, y podría intentar resumirse en la idea de que planos distintos de percepción requieren códigos distintos de comunicación. En el fondo encontramos un solo cimiento, pero en la forma la diferencia es palpable. De ahí la memoria del constructor, el cuadro resumen comparativo de quien cuenta siempre lo mismo, pero con diferentes versiones y técnicas.

El primero de los volúmenes recoge la contribución de Ops a las fenecidas revistas Madriz y El Público, y datan de los años 80. A continuación encontramos algunos rotos de los años 92 a 96, aparecidos en diversas publicaciones, seguidos de una colección de óleos de Rábago, todos ellos de los noventa. El segundo volumen se debe por entero a El Roto, también noventero, aunque los recursos técnicos empleados varíen según el medio al que estuviese destinado el original. Además, para los muy academicistas, como no podía faltar en una edición seria, ambos libritos se abren con varios microensayos que nos acercan (más bien poco) a la vida, obra, modos de trabajo y pensamiento del autor.


Una cosa es segura. En todos ellos: ideogramas, viñetas macabras y composiciones al oleo, encontrará el aficionado material suficiente para el ejercicio neuronal. Los fríos jeroglíficos de Ops o esas escenas llenas de color paralizadas por Rábago en un momento eterno de un mundo interior que tal vez es mejor no conocer, cuyos títulos no siempre sirven para aproximarnos al contenido, sino que únicamente son un método convencional de identificación, una etiqueta; los macabros bocados con que El Roto se abre paso a dentelladas a través de la realidad, ese aguafuerte que corroe el óxido de la actualidad y la deja convertida en sedimento puro, en esencia, desprovista ya del oropel con que la reviste la apariencia, los agujeros de lucidez que nos permiten ver lo que de verdad se oculta tras un universo en descomposición, todos ellos nos muestran algo evanescente, que se nos escapa, que no sabemos muy bien qué es, pero que huele a filosofía y a moral, esas dos viejas disciplinas arrumbadas en algún archivo inaccesible de la memoria. En su contemplación no sabemos a qué carta quedarnos, pero sí tenemos claro que hay algo en ello que nos duele, que nos ha tocado una fibra sensible y que queremos que nos siga tocando. Ese algo debe ser el hilo conductor, el contenido organizador del que hablaba líneas arriba, la preocupación honrada e incoercible por el tema social, por los grandes asuntos individuales y colectivos, la soledad de los débiles, el futuro de la vida humana, la misma inexistencia del hombre, el afán simbólico, metafórico, alegórico, el desprecio comedido por lo comercial, que se manifiesta en el pulimento de la anécdota hasta que de ella no queda nada, un despliegue, en fin, de sana demagogia. Como ayer, como hoy mismo, como siempre, Ops- El Roto- Rábago y todos los desdoblamientos potenciales de este artista esquizoide, parecen gritarnos que frente a tanta hipocresía rampante, nos quedan aún parcelas de opinión y de creación que se mantienen hipercríticas, irreductibles, deseosas de herir directamente en el cuello de todo lo que sea susceptible de ser ridiculizado, destrozado, diseccionado, reinterpretado y, paradójicamente, inmortalizado por los trazos fuertes de quien no necesita pinceles, sino que graba directamente en nuestra sensibilidad con las aristas agudas de su inteligencia.

Eugenio Izquierdo


U, el hijo de Urich #10 mayo 1998


Si yo fuera hombre Julie Doucet Camaleón


Julie Doucet es una historietista que se dibuja a sí misma en una proporción relevante de sus historietas. También tiene una conexión más con el underground clásico, al que se remite quizá más que los otros contemporáneos de su círculo de artistas independientes norteamericanos. Se trata del dibujo, que participa, sobre todo en las historietas más antiguas, de un cierto desmadejamiento, una falta de voluntad por el acabado lustroso y profesional.

Sus orígenes provienen del mini-cómic autoeditado, circuito de bastante vigor hace unos años en Canadá, su país de origen. De ahí a su propio y " profesional" comic book en Drawn & Quarterly, a través del cual, en pocos números para bastantes anos, Doucet ha ido evolucionando y puliendo ese dibujo deslavazado, afianzando los rasgos que, finalmente, parecen constituir un estilo. Otra característica gráfica que resalta poderosamente es la obsesión por el horror vacui que le lleva, en ocasiones, a rellenar con cenefas y adornos los intersticios entre las viñetas, porque no seria razonable meter también allí personajes. Además de animar botellas, tostadoras, cafeteras y todo tipo de utensilios domésticos que acompañan a la autora/personaje a falta de gato o perro.

Lo que más le atrae, o le atraía hasta últimamente, lo que más se podrá ver de su producción en este álbum auspiciado por los chicos de Los muertos, es pasar a papel todo tipo de situaciones, con ella de prota, en las que la mente no funciona bajo los parámetros de la vigilia consciente. Es de las que tiene la costumbre de registrar lo que sueña, y la suerte de soñar cosas que se ve que el subconsciente ha elaborado, que ha trabajado. Y luego, lo pasa a historieta.

Lo que interesa es cómo te mete en un argumento onírico, aunque no sólo son sueños, la manera en que te lleva, al principio, cuando no te ha dicho aún si esto es normal o no y aquello empieza a deformarse de mala manera. Luego, muchos acaban en sangre. Incluso, exceso de sangre, en general, masculina.

En relación con las cuestiones sexuales, estos son sueños que no necesitan interpretación. Pero están bien, son bestias, las ideas se pasan, ves que la lógica se ha ido y eso es contar bien un sueño. No es tan directo, no le sale a todo el mundo y a ella le funcionan.

De todas formas, tienes la sensación de que tanta brutalidad sádico-sexual, con el desparpajo que le pone, es el sano ejercicio de despiojamiento de una persona bastante tranquila y, como muchas que conocemos, en esa franja de edad, buscándose la vida en la gran ciudad, intentando hacer algo suyo.

Porque siempre se presenta tras el salvoconducto onírico. Incluso cuando no se trata de sueños, el tono es el mismo, lo que contribuye a que funcione el absurdo, cuando hace su aparición, de forma natural.

Un punto que le falta es la arena de la historieta larga. O del continuará de Dan Clowes o Chester Brown. No parece que le interese, le apetezca o vaya a pasar, de momento, de esa fase en que las ideas surgen y pasan a la historieta virgenes, directas, breves, puntuales. Sí tiene, aparte ella misma, algún personaje recurrente, como Monkey, del que se ofrece alguna historia en este tomo, que, paradójicamente, es una gata con cuerpo de mujer. Lo de gata son la cabeza y el rabo, pero la cabeza la dibuja tan pegote que parece, en realidad, una máscara. No puedes evitar pensar que es también una forma de ella misma. Un intermedio entre lo que sería un vehículo para contar sueños y un personaje para que le pasen aventuras que, al ir como enmascarado, no importa que no vengan narradas al amparo de la lógica onírica.

Vais cogiendo la imagen, ¿no? La fuerza de esta chica radica en el empuje bruto de su subconsciente, sin mucha elaboración y estructura, ofrecido con su frescura por lo que pueda valer. Tiene una vía de conexión, desde luego, con cosas que ha hecho Crumb y las obsesiones sexuales también aparecen sinceras y desatadas, inadmisibles, seguro, para mucha mente algo cerrada. Pero le distancia de Crumb la cercanía de miras, la falta de discurso y la poca necesidad que tiene, de momento, no creo que permanezca así mucho, de estructurar por encima de un nivel o una longitud.

La línea autobiográfica también aparece entre el abanico de motivos de su producción porque, bueno, en los sueños, ya se sabe, la vida no avanza. Sin embargo, sí suele ofrecer algún episodio cotidiano de naufragio y despiste en que aparecen otros personajes que pueden ser reales. No sé si es porque es chica o por esa afición a florecerle el inconsciente que tiene, pero en éstas también aporta un punto que no dan otros autobiografistas underground, colgados, viñeta a viñeta, con el café, los discos, bajar a la esquina, la resaca. La impresión final que te deja es, en cualquier caso, incluidas mutilaciones y malos encuentros, alegre, de buen rollo un poco, como la expresión bobalicona y abierta con que dibuja su rostro, caricatura de inseguridades, deseos y miedos, siempre dispuesta a sobreponerse o a meter los problemas en un nuevo sueño.

Enrique Vela

U, el hijo de Urich #10 mayo 1998


jueves, 12 de marzo de 2026

Adam Hughes - Thongs You Know By Heart

 

















El genio que jamás creyó en el genio

Los ensayos de Edgar Allan Poe revelan a un autor analítico, fiel en su escritura al rigor propio de un problema matemático y que no entiende de arrebatos de inspiración

Inscripción en el lugar en el que Edgar Allan Poe fue enterrado en 1849, en una tumba sin señalar en Baltimore (Maryland). En 1875, sus restos fueron exhumados y trasladados. BOB KARP (ZUMA PRESS INC./ ALAMY)

POR JAVIER APARICIO MAYDEU

Como del otro lado del espejo / se entregó solitario a su complejo / destino de inventor de pesadillas" (El otro, el mismo') rezan estos versos del poema que Borges le dedicó a Poe sabedor de que el genio de Boston, lejos de integrar el romanticismo auspiciado por la mítica noción de inspiración, es una figura de palmaria anacronía porque sus ideas estéticas no se corresponden con las de la época que le tocó vivir, y pertenece a la estirpe de los artistas que se han visto obligados a construir un mundo literario, a revelar las claves que contribuyen a interpretarlo y a levantar un andamiaje que sustente su poética, y la de Poe es de corte analítico, fundada en la lógica y en los pormenores, fruto de un cientifismo que de algún modo vaticina algunos de los presupuestos de la narrativa naturalista en la que las emociones le llegan siempre al lector tamizadas por la distancia impuesta por el narrador, y poco importa si relata en tercera como en primera persona. Fue Poe el que aseguraba que es primordial disponer de un plan para no desviarse del camino, y que divaga sin remedio el escritor que se deja llevar por la inspiración, inducida o no por paraísos artificiales. Que cada párrafo le rinda pleitesía al texto final. Y es "Filosofía de la composición", breve alegato en detrimento de las musas recogido en el primer volumen de los Ensayos completos, el texto en el que consigna estas convicciones desde la obstinación en obedecer a un modus operandi, persuadido de que "ningún punto de la composición puede atribuirse a la intuición ni al azar; y que aquélla avanzó hacia su terminación, paso a paso, con la misma exactitud y la lógica rigurosa propias de un problema matemático".

Valéry supo ver a través de la idolatría de Baudelaire por el autor de La caída de la casa Usher que Poe es "el demonio de la lucidez, el genio del análisis y el inventor de las combinaciones más seductoras de la lógica con la imaginación, del misticismo con el cálculo". Y a la "matemática tiniebla" de Poe se refiere Neruda en su célebre poema de Canto general. No contribuye el azar, tampoco la intuición, a la invención del arquetipo del cuento contemporáneo y de la poesía simbolista, sí desde luego la disciplina en el proceso creativo y las estrategias discursivas aprendidas en incontables y provechosas lecturas en las que atiende a las historias pero se detiene en las palabras elegidas para relatarlas y en el modo en que son dispuestas con exactitud de orfebre, al contrario, dice, de la mayoría de los escritores, "que prefiere dar a entender que componen bajo una especie de frenesí, una intuición extática".

Junto a la edición de los Cuentos completos publicada por Páginas de Espuma en 2008, con traducción y prólogo de Julio Cortázar y prefacios de Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, y el volumen de Poesía completa traducida y editada por José Francisco Ruiz Casanova (Cátedra, 2016), dispone ahora el lector en español de los Ensayos completos en tres volúmenes que Páginas de Espuma comenzó a publicar en 2018, y el tercero de los cuales celebramos que acabe de ver la luz, de modo que puede acceder en su idioma al vasto universo del autor de Los crímenes de la calle Morgue. Apresurémonos a decir que estos volúmenes podrían haberse titulado Obra crítica porque sobre todo reúnen reseñas y porque bajo este marbete también se acomodan sin esfuerzo los cuatro estudios sobre poesía que abren el primer volumen, sobre todo la imprescindible e influyente 'Filosofía de la composición', el erudito y sumamente técnico La lógica del verso, y una teoría poética en toda regla que lleva por título 'El principio poético' y en el que abunda en la idea de que la creación literaria debe rehuir la pasión porque precisa de la contención (para imponer una verdad, necesitamos severidad antes que la eflorescencia del lenguaje").

En su ensayo sobre Daniel Defoe, a vueltas con la verosimilitud le recrimina al lector que leyendo Robinson Crusoe "ninguno de sus pensamientos es para Defoe, todos para Robinson", como si el éxito de un texto no fuese hijo del talento artístico con el que se ha compuesto. Dedica un 'Exordio a las reseñas críticas' en el que defiende la crítica literaria como un ejercicio riguroso que mitigue en lo posible "la opinión frívola", y en 'Sobre críticos y crítica' encomia la lectura que interpreta y señala defectos y no de la que cae en hagiografías, sino de la que "muestra cómo se habría podido mejorar la obra para contribuir a la cauda general de las letras", a la vez que diserta en torno a la necesidad de una defensa del talante literario norteamericano más allá de la rémora de sentirse colonia británica también en el terreno literario. De entre sus compatriotas, elige autores que podrían constituir el canon de su literatura nacional. Hereda el gótico de Potocki o Walpole y lee a Coleridge con devoción, elogia los cuentos de Hawthorne pero afea el inglés de Fenimore Cooper. Presagia a los 32 años el éxito de Dickens cuando el inglés cuenta con 29. Debate acerca del plagio y de la originalidad, y se permite el lujo de escribir una reseña sobre su propia obra, como hará más tarde Nabokov. Anotemos que la labor crítica de Poe no solo contempla dificultades hermenéuticas o abre debates que auguran el comparatismo, arremete contra formas verbales inadecuadas y riñe al autor que emplea mal el polisíndeton. No es a Poe a quien hay que decirle que la literatura es lenguaje, un eje paradigmático que atraviesa un eje sintagmático, elegir y disponer en el papel, a sabiendas de que "solo un escalón se interpone entre lo sublime y lo ridículo".

Observamos una mente en ebullición, un artista que no entiende de clarividencias y arrebatos y se obliga a comprender los mecanismos del arte y a percibir qué decisiones lingüísticas generan que efecto, un genio que jamás creyó en el genio, un autor genuinamente moderno que ya supo ver, antes de que lo advirtiera Pavese en El oficio de vivir, que "el artista que no analiza continuamente su técnica es un pobre hombre".

Ensayos completos

Edgar Allan Poe

Vol. I. Traducción de Antonio Rivero Taravillo. Prólogo de Fernando Iwasaki. Páginas de Espuma, 2018 522 páginas. 27 euros

Vol. II. Traducción de Antonio Jiménez Morato 2021. 534 páginas. 27 euros

Vol. III. Traducción de A. Jiménez Morato. 2023. 477 páginas. 35 euros


Babelia núm. 1.654 Sábado 5 de Agosto de 2023



Por Norma, cómics

La Hora del Bocadillo


Uno de los sellos de identidad de esta editorial es la variedad en su catálogo. Como muestra, dos botones…


Portada del cómic 'Las hermanas Seasons'


José Luis Vidal

08 de marzo 2026

Cómic nacional, europeo, norteamericano, manga. Un apasionante viaje alrededor del globo terráqueo en viñetas nos espera a la hora de visitar todo lo que edita mensualmente la editorial catalana.

Pues bien, en esta ocasión, nos detenemos en dos novedades, tan interesantes como distintas, lo que hace que el espectro de lectores se amplíe. En primer lugar vamos a conocer a Las hermanas Seasons, un cómic creado por el afamado guionista Rick Remender, un escritor que no le teme a ningún género, ya sea ciencia ficción, thriller (Low, Deadly Class, Black Science…) y que en esta ocasión, junto a su compañero en lo gráfico, Paul Azaceta (Punisher, Outcast…) abren este relato con una breve pero impactante visita a Neocairo en el año 1924, donde el barullo de la urbe se detendrá cuando un colorido espectáculo circense visite y recorra sus calles…

Tras este misterioso prólogo nos trasladamos a la ciudad de Gaulia, donde vamos a conocer a una de las muchachas que dan título a este comic, Primavera, que como si se tratara de un torbellino, provoca el caos por allá por donde pasa. Eso sí, para nada es su intención, ya que lo único que quiere es atrapar una huidiza carta dirigida a su nombre.

Solamente con estas primeras páginas ya quedas prendado por el arte y la narrativa de Azaceta que, junto a Remender, nos van a ir presentando al resto de las hermanas: Invierno, una apasionada pintora que vive enclaustrada en la casa familiar y, como su nombre indica, tiene un carácter más bien gélido, por lo que los roces con su hermana pequeña son constantes.

Otoño sin embargo es un auténtico culo inquieto, y la veremos llegar a un lejano paraje, inhóspito, donde su labor de arqueóloga de lo desconocido se verá recompensada al encontrar un objeto que tiene mucha, muchísima importancia en la trama, pero no de la manera que ella espera.

Y por último, Verano. Supermodelo conocida mundialmente, volverá a Gaulia para contemplar, atónita, que el extraño circo también ha llegado a la ciudad.

Este cómic te agarra desde sus primeras páginas, con una historia que mezcla a la perfección la aventura, el misterio, una pizca de humor, todo ello cubierto por una colorida capa de la cual es responsable Matheus Lopes, uno de los mejores coloristas de la actualidad.

Hablando de colores… El negro es el protagonista en la otra novedad de Norma Editorial, cuyo título es Todo al negro. Por un lado se trata de un enorme homenaje contenido en las páginas de este voluminoso tomo, en cuyo interior vamos a disfrutar de toda la obra en solitario de uno de los grandes nombres del cómic nacional, Keko, un autor con una larguísima trayectoria, que entre estas páginas vamos a recorrer, desde los ya lejanos años ochenta hasta mediados de los dos mil, justo cuando muchos lectores comenzaron a conocerle gracias a su increíble trabajo junto al guionista Antonio Altarriba en su trilogía del ‘Yo’ y El perdón y la furia, o posteriormente en su último trabajo hasta el momento, con Carlos Portela en el thriller Contrition.



Portada de 'Todo al negro'.

Pero en este volumen de lomo negro, negrísimo, prologado por Álvaro Pons y Noelia Ibarra, nos sumergimos en el particular universo del autor, en que vamos a realizar un viaje al look de los años cincuenta, a través de un buen puñado de historias en las que la obsesión, los celos, la locura, el crimen y lo bizarro protagonizan la mayoría de sus viñetas. Una mezcla tan sugerente como personal.

En pocas ocasiones hemos tenido la oportunidad como lectores de disfrutar de la evolución gráfica de un autor como recorriendo las páginas de este tomo. Poseedor de un muy reconocible trazo, consigue crear un universo propio, donde lo surreal nos suele llevar de la mano como en un sueño que suele tornarse en pesadilla en muchas ocasiones, casi siempre con ese giro hacia lo noir, un género que va a caracterizar a la mayoría de los relatos.

Desquiciados doctores, femmes fatales, matrimonios que se encuentran con lo inesperado, criminales sin ningún tipo de escrúpulo, hombre desesperados con un oscuro final… Y así una larga, larguísima lista de rostros, todos en blanco y negro, crispados por lo inaudito e inesperado, en un personal mundo donde todo lo que creemos imposible puede suceder, y acontece.

Y hablando de colores, tan solo habrá en todo este periplo una excepción. Y será en la historias que lleva como título 4 botas, donde el color rojo hará su aparición de manera brutal, y acaparará el protagonismo de una hipnótica historia.


Diario de Cadiz


miércoles, 11 de marzo de 2026

Kodansha - Light Hole: Akira y compañía en stop motion / papercraft

« Light Hole » es una encantadora película promocional para la consolidada editorial japonesa Kodansha , donde muchos de sus mangas están animados mediante stop-motion: Akira, Attack on Titan, Ghost in the Shell... y muchas otras obras aparecen de forma más o menos sutil.

Esta película, dirigida por Toru Katori en Geek Pictures , con Takuro Oishi como director de animación, surgió de una nueva convocatoria de proyectos de marketing de Kodansha (que ya había encargado otras dos películas de marca de esta manera en los últimos años ).




Via Catsuka

martes, 10 de marzo de 2026

Sandman Mystery Theatre: La Tarantula Matt Wagner/Guy Davis Norma

Sandman Mystery Theatre, uno de los títulos más interesantes no sólo de la línea Vertigo de DC, sino probablemente de toda la producción mensual que nos viene de Estados Unidos, es, como no podía ser de otra manera, perfectamente desconocida en nuestro país. Aquí Zinco llegó a publicar, aunque no se sabe muy bien por qué, el anual 1 de la colección, primer trabajo para DC del fotográfico y hoy archiconocido gracias a mediocridades como Kingdom Come Alex Ross. Y eso fue todo.

Ahora Norma Editorial se descuelga con la publicación de Tarántula (1993), recopilación de los cuatro primeros números de la serie regular, y el prestigio Sandman Midnight Theatre (1995), obra de Neil Gaiman y Teddy Kristiansen, este último un volumen completamente prescindible (excepto por el excelente trabajo del danés) que demuestra lo fácilmente que se puede acabar con el talento de un guionista por el simple procedimiento de endiosarlo y que él se lo crea.

La aparición de Tarántula sería una buena, una gran noticia para los lectores españoles si ello quisiera decir que Norma fuese a seguir publicando, aunque fuera en cochambrosas entregas como la actual, la colección, cosa que me permito dudar muy mucho. ¿Que por qué? Bueno, de momento toda la producción Vertigo que ha publicado Norma procede, bien de tomos recopilatorios, lo que en Estados Unidos llaman trade paperbacks (Hellblazer, Sandman), bien de one-shots o series limitadas (Girl, Mata a tu novio) o bien títulos como Predicador, que DC está republicando en su totalidad en dichos tomos recopilatorios. Tarántula es, precisamente, el único trade paperback que ha recopilado números de Sandman Mystery Theatre. Mientras que en el caso de Sandman el hecho de publicar sólo material ya recopilado no tenía importancia porque lo único que tuvo que hacer Norma fue recoger la antorcha de Zinco en el mismo lugar donde Zinco la dejó, en ejemplos como el de Hellblazer la cosa era más grave, porque Zinco nunca publicó regularmente las historias de Constantine y compañía y cuando Norma se decidió a hacerlo se saltó más de un año de la colección desde el punto en que Zinco lo dejase, justo hasta el siguiente recopilatorio americano, desconcertando por completo a los lectores. De ahí las dudas sobre la disponibilidad o incluso la posibilidad de que Norma vaya a seguir editando la colección.

Y es que Sandman Mystery Theatre es, más que otra cualquier cosa, una historia de amor que se prolonga y desarrolla número a número. Es cierto que en cada arco argumental de cuatro números el enmascarado alter-ego de Wesley Dodds se las tiene que ver con una nueva amenaza o un misterio que resolver, pero el verdadero motor que arrastra todas y cada una de las historias es la relación, a veces tempestuosa, a veces deliciosamente romántica, a veces dolorosamente trágica, y siempre palpablemente real entre Wesley Dodds y Dian Belmont, la independiente y aguerrida hija del fiscal del distrito, en un entorno mítico, el Nueva York de los años treinta y cuarenta, donde nuevos hampones como Bugsy Siegel o Meyer Lansky habían sustituido a los viejos Lucky Luciano o Al Capone, y se codeaban con las estrellas más rutilantes de Hollywood como Talullah Bankhead o William Powell, cuando Dorothy Parker conducía las tertulias del Algonquin y el jazz era omnipresente en la radio y en los clubes nocturnos. La atmósfera de Sandman Mystery Theatre es, como en las buenas películas de cine negro, un personaje más. Y gran parte del mérito de esto se lo reparten cuatro personas: por supuesto, el dibujante Guy Davis, el colorista David Hornung y los portadistas Gavin Wilson y Richard Bruning.

Aún a riesgo de resultar obvio, se puede decir que todo en Sandman Mystery Theatre remite a dos fuentes muy claramente identificables: las novelas pulp y el género negro, quizá mucho más a las primeras que al segundo. De las primeras extrae al héroe enmascarado que lucha por la justicia con cualquier medio a su alcance, algunos argumentos de corte ligeramente más fantástico (como Night of the Butcher, en Sandman Mystery Theatre 25 al 28, Hourman, en Sandman Mystery Theatre 29 al 32) o el carácter episódico de las distintas entregas, que recuerda también a los seriales de radio de la época; del segundo, la ya mencionada atmósfera y los argumentos más policíacos (como este mismo Tarántula).



Tarántula propiamente dicho apenas sirve de más que de presentación de personajes, tarea normalmente engorrosa de la que Matt Wagner sale airoso permitiendo que las acciones de los personajes y ciertas dosis de monólogo interior los definan. Los momentos más interesantes son, por supuesto, cuando Wesley y Dian hablan y se van conociendo v descubriendo, momentos normalmente íntimos de los que los lectores somos espectadores privilegiados. Mucho menos interesante resulta la trama policíaca, con un Sandman que va siempre y literalmente un paso por delante de la policía, y un enredado argumento repleto de pistas falsas y elementos sicológicos un tanto manidos que al final queda en casi nada. Sí que merece destacarse, sin embargo, la sicotizada familia Goldman y sus insanas, alcohólicas e incestuosas relaciones que por momentos recuerdan a uno de los enfermizos argumentos de Jim Thompson.

Decía más arriba que Guy Davis era uno de los principales responsables a la hora de hablar de la atmósfera del título, y es que no se me ocurre mejor palabra para describir el dibujo de Davis que "atmosférico". Davis captura, mostrando así las horas que se ha pasado documentándose, el ambiente y las formas de la época, y su trazo suelto y en ocasiones deslavazado no hace sino darle personalidad a su estilo. Rayas, pliegues, sombras acentúan su carácter. En el apartado gráfico, no sería justo si no resaltase el coloreado de David Hornung, que complementa el dibujo de Davis a la perfección añadiéndole profundidad y aumentando esa atmósfera de tiempos pasados que desprende todo el tebeo.

También destacan por sí mismas las portadas, obra de Gavin Wilson y Richard Bruning, que han conseguido eso tan difícil de que una portada fotográfica no sólo no resulte espantosa, sino que además sea tremendamente atractiva, se integre en el carácter del titulo y llegue a ser parte de la fisonomía distintiva de la colección tanto como los dibujos de Davis o los guiones de Wagner y Seagle, lo que da como resultado que Sandman Mystery Theatre sea mayor que la suma de las partes que la integran, para decir otra obviedad.

Ahora sólo queda esperar que Norma se decida a seguir publicando los avances de Wesley Dodds y Dian Belmont en el campo del amor. Créanme, mejor, mucho mejor que cualquier culebrón. Y no tienen que avergonzarse de leerlo.

gonzalo quesada


U, el hijo de Urich #10 mayo 1998

lunes, 9 de marzo de 2026

Ana Juan, artista: “Vivo de mi prestigio y de trabajar muchísimo”

La ilustradora y pintora, autora de 28 portadas para ‘The New Yorker’, ha competido para realizar la 29ª, sobre la guerra en Irán, mientras triunfa con una exposición de 100 obras sobre su imaginario personal


Ana Juan, en Madrid.
Bernardo Pérez


Luz Sánchez-Mellado

08 MAR 2026

Ana Juan recibió hace unos días un correo, “junto a varios ilustradores del mundo”, invitándola a condensar en una imagen la conmoción mundial tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán para la portada de The New Yorker y se puso manos a la obra. Si resultara elegida, sería su vigésimo novena primera página en la mítica revista americana, desde la primera, en 1995. Me lo cuenta ella misma cuando la llamo para actualizar nuestra conversación principal, que tuvo lugar hace un par de semanas en la sede de su exposición Wunderkammer (Gabinete de Maravillas), en el mismísimo Ayuntamiento de Madrid, a la una de la tarde de un día de diario. Fue curiosísimo ver a una artista mirar a otros contemplando su obra. Un grupo de personas, la mayoría mujeres de edad mediana-alta, atendían atentísimas a las explicaciones de un joven y entusiasta guía sobre las imponentes criaturas salidas de la imaginación de la artista. Pasamos por delante para que la autora posara para el fotógrafo ante una de sus obras, los visitantes se dieron cuenta de que era la mujer de la foto del catálogo, y ella se quería morir de la vergüenza. Pero nos habíamos quedado con Ana Juan, hace unos días, barruntando ideas para ilustrar para la portada de una revista global sobre la guerra.

¿Cómo afronta el encargo?

Me pillas con el lápiz en la mano. Estoy muy tranquila porque veo tan difícil que me elijan que abandono desde ya toda esperanza de ser la elegida.

¿Entonces, para qué ha aceptado la invitación?

Mira, es muy difícil ilustrar esta guerra. Hay demasiadas aristas. La portada no tiene que ser sangrienta. No tiene que ser dura. Hay demasiados actores en juego: Estados Unidos, Israel, Irán, Europa. Los velos, los ayatolás, el imperialismo de Trump. Además, no seamos ingenuos: el New Yorker es cercano a Israel, al lobby judío, y tiene sus propios códigos. No ha publicado ni una portada dedicada a Gaza, por ejemplo. Son las reglas del juego. Las aceptas, o no. Pero, bueno, igual luego, va y me sale algo y les gusta.

Ya le ha salido otras 28 veces.

Bueno, de la primera no se enteró nadie. Fue en 1995, para un especial sobre el hogar. Entonces no había redes sociales y tampoco yo se lo conté a nadie. Una editora de una revista en Barcelona le enseñó un catálogo mío a la nueva editora de The New Yorker y a ella le gustó. Por eso digo que es importante seguir tu instinto. Hacer lo que quieres y convencer al mundo de que necesita tu trabajo, no al revés. En eso soy muy visceral. Algunas de esas 28 están hechas en muy poco tiempo, otras, se han desarrollado a lo largo del tiempo. Y, en todas, siempre me sorprendió haber sido elegida.

Ahí conoce el veredicto, pero ¿qué sensación le produce ver a otros apreciar su obra en directo, como el otro día en su exposición?

Pudor. Hay muchas cosas que una no puede ni imaginar que otros puedan ver en tu trabajo. Eso es fascinante y, al mismo tiempo, me da muchísima vergüenza. Jamás hubiera pensado que alguien se iba a tirar diez minutos, con lo que son diez minutos hoy, delante de alguna obra mía. Por eso no hay cartelas en esta exposición. Quiero que cada uno se vaya a casa con una interpretación diferente, y que, una vez en casa, lo recuerde y tenga más preguntas que respuestas.

¿No le sube el ego?

Mi ego está bastante maltrecho. Está vapuleado, como todos. El camino no ha sido siempre de rosas, también ha habido muchas espinas.

¿Cómo trabaja una artista? ¿Ocho horas al día, de lunes a viernes?

Hacer esta exposición, por ejemplo, me ha llevado todo un año. Trabajo todas las horas del mundo que puedo, hasta que me aguanta el cuerpo. Y, entre medias, acepto algún trabajo de encargo, si me interesa.

¿De qué vive usted?

Del prestigio.

¿El prestigio paga las facturas?

Bueno, vivo del prestigio y de trabajar muchísimo. En España hay que trabajar muchísimo para vivir del arte, del que a ti te gusta, y seguir creciendo como artista, porque el mundo, el público, te exige que siempre seas el mismo, y tú evolucionas, tienes otras inquietudes y tu trabajo no se va a quedar anquilosado. Hay que convencer al mundo de que necesita tu trabajo. Mi éxito, si se puede llamar así, es que he construido mi propio espacio, soy mi propia etiqueta: Ana Juan.

Tuvo éxito muy pronto. Publicó en la revista ‘La luna’ en plena movida madrileña y, enseguida, en EL PAÍS.

Mis primeras ilustraciones las publiqué en el Diario de Valencia en Murcia y ni había acabado la carrera de Bellas Artes. Fui la última de tres hermanas. Nací cuando nadie me esperaba, molestando, como siempre. Mis padres estaban muy ocupados entre bodas y niños, así que no tengo ningún problema en estar sola, hacer mi mundo y mis cosas. Mi primer acto de rebeldía fue no hacer oposiciones, como querían mis padres después de la carrera, y empeñarme en vivir de esto, no sabía cómo, pero lo iba a hacer. Y lo hice. Por desgracia, mis padres no pudieron verlo. Me faltaron muy pronto. Pero le agradezco todos los días su apoyo.

¿Por qué cree que su trabajo triunfó enseguida?

Se juntaron varias cosas. En ese momento había muchas ganas de buscar cosas nuevas, se buscaban cosas diferentes, había que ser innovador y eso se premiaba

Y usted era la más moderna.

Nunca me he sentido moderna. Nunca lo he pretendido, sino hacer lo que yo quería hacer.

En aquella época, Madrid me mata no solo era una revista, sino, casi el lema de la Movida, una forma de vivir. ¿La mataba a usted?

No, yo no sé muy bien cuál es ese mundo del que todo el mundo habla. Yo tenía un plan, que era construir mi vida alrededor de mi trabajo, eso requiere tiempo y esfuerzo y, bueno, no estaba para fiestas nocturnas. Soy muy disciplinada porque disfruto con mi trabajo y me gusta tener tiempo, crecer, hacer mis cosas, investigar, y tener tiempo y espacio también para equivocarme, que tampoco está mal.


Ana Juan posa imitando a una de sus criaturas en la sala Centro Centro, del Ayuntamiento de Madrid, donde expone sus obras.

Bernardo Pérez


Su exposición está llena de criaturas fantásticas. ¿Ese es su mundo cuando cierra los ojos?

Sí, puede ser. O como yo veo el mundo cuando tengo que trasladarlo a un papel, una tela, o una escultura.

Si estas son las criaturas de sus sueños, sus pesadillas deben de ser de aúpa.

Jajaja. No, simplemente, tengo una memoria prodigiosa, y me acuerdo de todo, y de todos. Esas criaturas son mis amigos, hemos crecido juntos.

También está muy presente el cuerpo, por dentro y por fuera. ¿Es otra de sus obsesiones?

La piel es tu mapa, el mapa de las emociones que te acompañan toda la vida. El campo de batalla donde se han librado todas las alegrías y pensa de tu vida. Y también los órganos, porque son los que mandan en tu cuerpo, y en tu ánimo. Lo que es imposible de abandonar, tanto cuando te encuentras bien como cuando te encuentras mal.

Ahora, lo que impera es pretender borrar esas huellas, o intentar camuflarlas.

Claro, pero hay que vivir con ellas. No estoy en contra de borrar ninguna huella, Soy la primera que tengo coquetería, pero hay que saber evolucionar con ellas. No hay nada más difícil en este mundo que mirarse al espejo y aceptar lo que una es. Lo femenino es lo que mejor conozco. Sé dónde están nuestros puntos débiles, y los fuertes, y nuestro potencial también.

¿Cuáles son los suyos?

Parezco una persona muy resolutiva, muy dura, pero eso solamente es un escudo, porque sé que me puedo romper en cualquier momento. Soy muy dura por pura fragilidad.

¿Qué cosas la rompen?

Bueno, muchas cosas. La soledad, quizá. No tengo ningún problema en estar sola siempre. Pero sí a perder a la gente que quiero. Y lamento no haber dicho algo que tenía que haber dicho y no dije. Lo pensamos cuando ya es tarde. Y eso, el no haber dicho ciertas cosas, el no haber ayudado, el haber sido egoísta, es lo que me rompe, lo que me hacer llorar muchas veces.

En sus fotos, parece que se va a comer el mundo

No, solamente me estoy defendiendo para que el mundo no me coma a mí.

En ese sentido, ¿su arte es su armadura?

El arte es mi lenguaje. Mi idioma. La forma que tengo de comunicarme con el mundo. Mi espada y mi escudo. Soy mala comunicadora en cuanto a palabras, mi única vía de expresión es el dibujo.

¿Ha pasado travesías del desierto creativas?

Haberlas, haylas, y hay que superarlas. Hay que tener recursos, como todo en la vida.

Cuando eso ocurre, ¿qué hace, tira de oficio?

Pues se inventa una cosas, o no, porque muchas veces el resultado de mi trabajo han sido ediciones propias, aventuras en las que me he metido y he fracasado y me he estrellado, y otras que han salido bien, pero de todo eso queda un poso.

Esta entrevista sale el 8-M, ¿cuáles cree que son nuestras esclavitudes hoy, en el Primer Mundo?

La belleza es una de ellas, sin duda. Pero no solo la eterna búsqueda de la juventud, no queremos renunciar a envejecer. Pero, en el fondo, ¿por qué narices hay que envejecer cuando mejor estás en tu vida. Ya no solo por el hecho físico, sino porque yo no conozco otra cosa mejor que la vida. Si la conociera, ya me hubiera ido a otro sitio.

[Antes de cerrar la entrevista, vuelvo a llamar a Ana Juan].¿Ha mandado ya el boceto para la portada?

Sí, y no la han aceptado. No me sorprende. Éramos como 20 ó 30 personas dando ideas y yo no sabía por dónde iban los tiros, nunca mejor dicho. No pasa nada, estoy muy acostumbrada y con el ego blindado.

¿Puedo contarlo?

Como tú veas. Sí. Que el mundo se entere de que nada es un regalo.


LA GRAN HERMANA PEQUEÑA

Ana Juan (Valencia 65 años) es la pequeña de tres hermanas. Dice que ya nadie la esperaba, así que decidió no solo seguir, sino inventarse desde cero su propio camino. Estudió Bellas Artes y, antes de acabar la carrera, ya publicaba sus ilustraciones en la prensa. Fue después, en Madrid, adonde se mudó para buscar su sitio, donde su estilo conectó enseguida con las inquietudes del momento. Se convirtió en presencia habitual en los medios más vanguardistas, entre ellos La Luna y El País Semanal. Autora de 28 portadas de la revista norteamericana The New Yorker, todas ellas memorables, y de infinidad de obras para libros y carteles, triunfa estos días con una deslumbrante exposición en el Centro Centro del Ayuntamiento de Madrid.


Luz Sánchez-Mellado


El Pais Domingo 8 de marzo 2026