viernes, 12 de junio de 2026

MARMALADE BOY SOLAMENTE TU Wataru Yoshizumi Planeta-DeAgostini



Uno no se enamora de un país, sino de una cierta imagen, una cierta idea del mismo. Una sombra literaria, más bien. Así, la Gran Bretaña que amamos tiene más que ver con Conan Doyle y Sherlock Holmes, con Siouxie y los Pistols, con las películas de la Ealing y con Emma Peel, que con la realidad fría y desasosegante del Londres contemporáneo. Y París (porque Francia no existe) no es París, amigos. París son paisajes azules a orillas del Sena, Henry Miller y Rayuela, Lio, tebeos estupendos y gatos por todas partes, colegialas risueñas de pelo corto rebelde y labios de fresón, cartoons del inspector Clousseau, a lo mejor Juan de Pablos, los dibujos de Sempé. Y Japón no es ese extraño país repleto de gente enigmática que trabaja con dedicación maniática y viaja a todas partes con una inquietante devoción turística. Japón es velocidad y neón, pantallas gigantes de vídeo, robots, la poesía de Miyazaki y la tormentosa electricidad de Sonic Youth, estaciones de metro atestadas, cristal y seda, la ceremonia del té, punkettes de vinilo en Shibuya bailando con una ingenua elegancia que uno sólo puede calificar de francesa, tebeos vertiginosos. Tebeos, sobre todo, ojos grandes y piernas largas, Tokio devastado por enésima vez, el filo de la katana, un paisaje sereno (apenas unas pinceladas), corazones de algodón de azúcar y un millar de tragedias adolescentes. El Japón que yo amo es todo eso y más aún, la sensación de transitar un pedazo de celuloide (Blade Runner quizá), la aventura, el cielo del color de una televisión no sintonizada. El futuro, en suma. Ese futuro falso, ficticio, en el que muchos vivimos desde hace ya tiempo y al que nos negamos a renunciar. Y las paginas de Marmalade Boy o Solamente tú, por paradójico que pueda sonar, forman parte de ese futuro de mentira. Porque son definitorias de ese Japón soñado del que tantos hemos elegido enamorarnos.

La señorita Wataru ha resuelto ambos trabajos con un estilo sencillo y muy atractivo, perfectamente shojo, que le permite suplir sus evidentes carencias plásticas con todo un arsenal de recursos estilísticos que a nuestros ojos pueden parecer puro truco, pero que forman parte orgánica del género en que ambos relatos se inscriben. Así, las digresiones en forma de corazón, los primeros planos edulcorados, el decorativismo en ocasiones muy cargante, una sorprendente expresividad cartoony. Y por supuesto, a pesar de lo espectacular de las apariencias, lo que de verdad importa es la historia, los personajes y sus relaciones.

Porque de relaciones personales (triángulos solapados, toda la geometría blanda definitoria del género) tratan Marmalade Boy y Solamente tú. Lógicamente, los protagonistas son adolescentes que viven en un extraño mundo idealizado que no tiene mucho que ver con el real, adolescentes que aman con una intensidad abismal, al borde siempre de lo sublime, que pierden el aliento cuando el otro está cerca, que sueñan con una caricia, con un beso... o con algo más.

Adolescentes que se sienten rechazados, claro, que sufren de soledad, que se aferran a la amistad con conmovedora devoción. Un parque de atracciones de sentimentalismo pop, en fin, que cuando, como es el caso, está bien resuelto, proporciona al lector desprejuiciado una lectura agradable y cálida en la que no faltará el humor y una amable ironía. Shojo en estado puro, con todos sus defectos y sus muchas virtudes.

Hablamos, ya lo hemos dicho, del lector sin prejuicios. Porque un primer vistazo a las páginas de cualquiera de los dos títulos que nos ocupan puede espantar a muchos. Y porque hay una cierta convicción entre algunos lectores, así como entre ciertos críticos o comentaristas, de que este tipo de material no merece la misma consideración que otras joyas del manga o de la historieta en general. No sé si es por su obvia condición de tebeo para chicas (eso tan raro y que joyas tan memorables nos ha proporcionado) o por su larga permanencia en los puestos de cabeza de las listas de ventas. En cualquier caso, hablamos de prejuicios.

Solamente tú y Marmalade Boy (que además cuenta con el apoyo logístico de una inteligente adaptación animada actualmente en emisión, La familia crece) no son quizá lo mejor que hay en el mercado hoy. Probablemente no pasarán a la historia del medio. Tienen, sin embargo, el encanto deliberadamente efímero indispensable en todo producto pop, y están resueltos con la profesionalidad y el buen gusto que se esperan de este tipo de productos. Las ventas, parece, están aseguradas. Lo que uno se pregunta, inevitablemente, es quién compra este tipo de productos. ¿Hay acaso un nuevo público que consume únicamente manga, o un cierto tipo de manga? Parece que sí. ¿Será verdad que ahí fuera hay un montón de jovencitas consumidoras de shojo esperando que alguien produzca en nuestro país material inteligente, sensible, divertido y no sexista? ¿Será cierto que hay chicas que leen tebeos? Un pensamiento inquietante.

Y esperanzador.

FRANCISCO NARANJO


U, el hijo de Urich #18 Diciembre 1999


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