domingo, 26 de julio de 2026

El Oeste antes del ‘western’: ‘Dragones de frontera’

Un cómic muestra un fragmento muy poco conocido de la presencia española en América, a través de las aventuras de un destacamento de soldados en el Virreinato de Nueva España a finales del siglo XVIII.

‘Dragones de frontera’.

Julián Ruesga Bono

23 de julio 2026


Antes de la invención del salvaje oeste, de que existiera el far west y mucho antes de que Hollywood consagrara el western como género cinematográfico, entre los siglos XVI y XVIII, aquellos territorios, lo que hoy son los estados mexicanos de Sonora y Chihuahua y los estadounidenses de Texas, Arizona, y Nuevo México, eran el norte del Virreinato de Nueva España, la parte más septentrional del Imperio Español en América. En este ámbito histórico y geográfico se ubica la trama de la serie Dragones de frontera, un cómic de aventuras, protagonizado por algunos personajes reales y muchos otros de ficción, durante el último tercio del siglo XVIII. Hasta ahora, la serie se compone de cuatro álbumes repartidos en dos ciclos. Con guión de Gregorio Muro Harriet y dibujo de Iván Gil en el primer ciclo y de Pedro Camello en el segundo.

El Virreinato de Nueva España creó una red defensiva basada en una línea de fuertes, los presidios, y un cuerpo de caballería de intervención rápida, los dragones de cuera, que apoyaron la colonización y articularon la defensa y control de la frontera norte del Virreinato. Los soldados de cuera no formaban parte del ejército regular español, la mayoría de la tropa estaba formada por soldados criollos o mestizos, nacidos en Nueva España, adiestrados para el combate en aquellas difíciles regiones fronterizas. Su nombre derivaba de la cuera, abrigo largo sin mangas que llevaban como protección, confeccionado con varias capas de cuero que ofrecían una gran resistencia a las flechas enemigas. Además, combinaban el uso de caballos con barda, sombrero de ala ancha contra el sol, armas de fuego, lanzas y adargas, escudos ligeros de origen medieval, fabricado con piel endurecida, engrudada y cosida con cáñamo, muy resistentes a las lanzas y flechas de apaches y demás tribus de la frontera. A pesar de su escaso número, llevaron el peso de la vigilancia y control de la frontera norte del imperio español en América y las relaciones con las tribus indias, no siempre amistosas.

Así, Dragones de frontera nos descubre un universo histórico inexplorado y nos adentra en una parte de la historia de la colonización de América por España muy desconocida, como lo es la mayor parte de este episodio. Es como si entre la conquista y la independencia de las colonias tres siglos después no hubiese sucedido nada, salvo los Piratas del Caribe. La serie está muy bien documentada y nos ofrece la posibilidad de imaginar cómo debió ser aquel mundo, extraño y peligroso, lleno de dificultades y sobre todo variado: una rara y conflictiva mezcla de culturas, lenguas, razas y multiples intereses.

La acción de Dragones de frontera transcurre simultáneamente a la Guerra de Independencia de EEUU (1775-1783) y en algunos momentos el entramado de personajes que aparecen en la serie se cruza con ella. El primer ciclo de la serie está publicado en un volumen integral que reúne los dos primeros álbumes, Un largo camino a Santa Fe –que cuenta el secuestro de la monja Sor Madeleine por mezcaleros y comanches y el infructuoso intento de rescate que llevan a cabo los otros dos protagonistas de la historia, el cadete Sasoeta y el sargento Beitia– y Cuerno Verde, el segundo álbum, que directamente da cuenta de los prolegómenos y desarrollo de la campaña de Juan Bautista de Anza, Gobernador de Nuevo México, contra los comanches, dirigidos por el belicoso jefe de guerra Tavivo Narigant, Cuerno Verde, que hostigaban y saqueaban los asentamientos de los colonos hispanos. A través de una trama muy bien construida, un documentado y ágil guión y un detallado dibujo –brillante y espléndido en las panorámicas, más flojo en los planos cortos– conocemos la vida cotidiana, organización social y costumbres de los militares y colonos hispanos y a las diferentes tribus nativas con las que convivían y disputaban el día a día, también el épico recate de la monja secuestrada.

En el segundo ciclo el sargento Beitia y sus dragones acompañan a la ganadera tejana Azucena Acosta en la persecución de un grupo de franco-canadienses que han raptado a su marido y terminan en la ciudad de Geneviève, en la Luisiana española, donde reciben la noticia de la proximidad de un gran contingente de fuerzas del ejercito británico, que descienden por el Misisipi en dirección a la cercana población de San Luis de los Ilinueses (actual St. Louis) con la intención de atacarla. Suponiendo que sus perseguidos forman parte del contingente británico, los dragones del sargento Beitia se desplazan a San Luis, donde participarán en la defensa de la población en lo que se conocerá históricamente como la Batalla del Fuerte San Carlos.

Aquí la persecución se desplaza hasta la región de la Louisiana, un territorio cedido a España por la Corona Francesa en 1763, que se extendía al oeste del río Misisipi hasta Canadá y tenía su capital en Nueva Orleans. España apoyó a las colonias sublevadas durante la Guerra de Independencia de los EE UU y el Misisipi se convirtió en una de las principales vías de abastecimiento de los independentistas. Derrotados por Bernardo de Gálvez en el curso bajo del Misisipi, los británicos intentaron hacerse con la cuenca alta del río atacando la ciudad de San Luis y neutralizar así la principal vía por donde se canalizaba buena parte de la ayuda española a los revolucionarios norteamericanos. Este es el contexto del segundo ciclo de la serie que se desarrolla a través de dos álbumes, Azote (2024) y Los cañones de San Carlos (2025). Un excelente y sorprendente cómic histórico de aventuras español.


Diario de Cadiz



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