El faro del fin del mundo / Jacinto Antón
Hasta la hora del ocaso amarillo / cuántas veces habré mirado / al poderoso tigre de Bengala". Me sentía como Borges, huérfano de tigres, perdidos el oro de la fiera y sus violentas rayas. Había ido al zoo de Barcelona a verlos, como suelo, y no estaban. En la instalación frente a la que desde niño he soñado tanto no se veía ni uno. Pensé que igual me había quedado ciego como el poeta, pero no, un letrero daba cuenta de que allí ya no había ni volvería a haber tigres. Signo de los tiempos.
Ya en casa llamé por teléfono a Pilar Padilla, conservadora de mamíferos del parque. "Sí, se murió en octubre el último, la hembra Pertama, de 18 años, una edad geriátrica, a causa de una enfermedad renal, y se ha decidido que ya no tendremos más, una pena, es doloroso, pero así son las cosas". Detecté una nota de melancolía en la voz de Padilla, quizá un alma gemela, y nos sumimos en una conversación sobre tigres, para pasar el duelo. "Teníamos dos, ambos tigres de Sumatra; Tibor, el macho, murió primero, tres meses antes". La conservadora evocó al animal, magnífico, aunque era tuerto.
Ya no habrá tigres, pues. "Si, un final de época. La modernización exige espacios más grandes y optar por unas especies en detrimento de otras".
Afortunadamente, los libros del felino rayado siempre vienen al rescate. Y me he zampado para compensar Tigers Between Empires, del naturalista virginiano Jonathan C. Slaght (Allen Lane, 2025), el nuevo libro del autor de aquel estupendo Búhos de los hielos del Este (Siruela, 2022) y que trata sobre los tigres más majestuosos que existen, los intimidadores tigres del Amur, popularmente conocidos como tigres siberianos, unas bestias formidables, de pelajes deslumbrantes en la nieve y ojos de un ámbar frío.
Slaght, que ya nos llevó a las remotas y heladas regiones del extremo oriental de Rusia en pos del búho manchú, nos hace seguir ahora en los mismos parajes, la provincia de Primorye (capital Vladivostok), fronteriza con China, el rastro de los enormes tigres (pueden llegar a pesar 300 kilos), una peripecia muchísimo más peligrosa.
En Tigers Between Empires, tigres entre imperios, Rusia y China, que publicará en octubre Slaght relata la gran aventura de investigar a unos animales casi legendarios, paradojas de gracia y violencia, a través de las sensacionales experiencias de un puñado de naturalistas rusos y estadounidenses unidos por su amor a la naturaleza. Slaght explica la gestación y el desarrollo a lo largo de tres décadas del Siberian Tiger Project, central en el estudio y la preservación de los tigres del Amur.
Los rusos ponían en la aventura científica el conocimiento del terreno y de los tigres del Amur, de los que en la actualidad quedan unos 450 individuos en estado salvaje, y los estadounidenses, además de también sus redaños, la tecnología para hacerles el seguimiento una vez se les colocaba los collares GPS para monitorizarlos. Como se puede imaginar, colocarle un collar a un tigre del Amur salvaje no es cosa fácil, y Slaght describe el emocionante proceso de rastreo, la captura empleando dardos anestésicos y el peligro de que el bicho se te despierte en plena faena. En una ocasión, con la tigresa Olga, a la que había que recapturar para cambiarle el collar por fallo de la batería, uno de los valientes naturalistas tuvo que dispararle el tranquilizante suspendido de una cuerda que colgaba del helicóptero en que la perseguían.
El libro está lleno de peripecias semejantes y además de constituir una privilegiada inmersión en la vida de los misteriosos tigres del Amur, de los que el proyecto ha revelado innumerables novedades, ofrece una panoramica excepcional de uno de los rincones de vida salvaje más extraordinarios de nuestro planeta. Slaght se mueve magistralmente entre el relato científico, la aventura vital, la fascinación que provocan los tigres del Amur y los parajes extremos e inhóspitos pero arrebatadoramente hermosos en que viven.
Es uno de los mejores libros de tigres que conozco, a la altura de El tigre (Debate, 2011), aquel fenomenal relato de John Vaillant sobre la caza real de un tigre siberiano, precisamente, devorador de hombres, episodio que recoge Slaght junto a otros igualmente dramáticos. La guerra de Ucrania, señala el autor, ha exacerbado de rebote la tensa atmósfera en las regiones del tigre siberiano. En todo caso, el proyecto ruso-estadounidense ha dejado, además de un gran impacto en la causa de la conservación de los tigres, una enorme cantidad de experiencia y conocimiento, y ha contribuido a arrojar luz sobre la ecología de los felinos. Y parece que, a diferencia de lo que ocurre con otros tigres, tigres siberianos tenemos para rato. Aunque su territorio nos pille más a desmano que el zoo de Barcelona, no deja de ser un consuelo que allí los tigres sigan rugiendo.
El Pais. Sábado 20 de junio de 2026

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