jueves, 14 de mayo de 2026

Usagi Yojimbo: Sombras de muerte Stan Sakai Planeta-DeAgostini


En primer lugar, hago la solemne promesa de hacer todo cuanto pueda para escribir una reseña de Usagi Yojimbo sin utilizar las palabras funny animals (Vaya. Demasiado tarde).

El de Stan Sakai, autor de este Usagi Yojimbo, es un caso curioso. Dentro de los comic books, su carrera prácticamente se ha reducido a dos personajes. Ha sido durante más de quince años el rotulista de Groo, el bárbaro bárbaro de Sergio Aragonés. Naturalmente, este trabajo es perfectamente desconocido en España. Y, desde 1984, escribe, dibuja y publica con el título de Usagi Yojimbo (Conejo Guardaespaldas en idioma cristiano) las aventuras de Miyamoto Usagi, un conejo ronin, esto es, un samural sin señor, que vive en el Japón feudal del siglo XVII y que le han valido varios premios Eisner y varias nominaciones.

Dos son las características que más llaman la atención en Usagi Yojimbo: la primera es evidente, el mundo de Miyamoto Usagi está repleto de todo tipo de animales parlantes: perros, gatos, rinocerontes, leones... Para su épica medieval, Stan Sakai ha elegido una de las vías de más tradición en la escuela cartoonist norteamericana, la de los animales personificados, lo que uno no sabe muy bien si le añade o le resta crudeza a las abundantes escenas de batalla, muertes incluidas. La segunda característica, siendo el que suscribe un alegre ignorante en el tema de la historia del Japón, la recogemos de las propias palabras de Stan Sakai, quien ha declarado que, aunque evidentemente Usagi Yojimbo es un relato de ficción, completamente fantástico, se encuentra firmemente enraizado en la historia y la cultura del Japón, para lo que utiliza profusa documentación sobre el tema.

Esta cuestión queda bastante clara en las ediciones americanas de la serie, en las que se incluyen notas históricas aclaratorias por mano del mismo Sakai. El interés del autor por la historia del Japón arranca no sólo de su propia herencia (Sakai pertenece a la tercera generación de una familia americano-japonesa), sino también de sus años de formación en Hawai, donde se pasó la adolescencia viendo en el cine películas japonesas de samurais y viejos seriales.

Ya hemos dicho que Usagi Yojimbo lleva catorce años publicándose en Estados Unidos y aunque pertenece a esos títulos que han encontrado casi más predicamento entre los profesionales que entre el propio público, ciertamente Sakai no ha comido todos esos años de las buenas críticas de sus colegas. Fantagraphics (sí, la misma casa que publica delicatessen alternativas como los hermanos Hernández y Robert Crumb) llegó a publicar siete trade paper-backs con el conejo samurai como protagonista, y el octavo, Shades of death sería publicado por Mirage Studios. Éste es justamente el que World Comics acaba de presentar en nuestro país.

Sombras de muerte se compone de los seis primeros números publicados por Mirage Studios y de algunas historias cortas de complemento que aparecieron en los números 7 y 8. En total, son siete historias, de muy distinta extensión y que abarcan distintas etapas de la vida de Miyamoto Usagi, desde su infancia como aprendiz de samurai a sus vagabundeos por un Japón diezmado por las guerras entre shogunatos.

La primera, Sombras verdes, es la más extensa y quizá la más incomprensible, dado que parece implicarse más en la continuidad de la serie, con personajes a los que Usagi ya conoce con anterioridad (para cuando este número se publicó en formato comic book Usagi Yojimbo ya tenía nueve años de vida) y que sin embargo resultan completamente nuevos para el lector, con lo que algunos momentos resultan chocantes, como el encuentro entre Usagi y Tomoe. Aunque chocante, lo que se dice chocante, es la aparición de las Tortugas Ninja en esta historia, aunque debo decir que esto último quizá se trate de un problema personal, dado que me declaro incapaz de separar a los quelónidos de Eastman y Laird (un tebeo apreciable, según he oído) de sus repugnantes sosias filmicos que todos aprendimos a odiar en un momento no tan lejano, máximos exponentes de que también los creciditos estamos expuestos a sufrir traumas que nos marquen para el resto de nuestras vidas.

Más conclusiones se pueden sacar de Shi, la otra historia larga del tomo. Para empezar, a mi entender es donde se demuestra la importancia de la elección de Sakai de ambientar históricamente las aventuras de Miyamoto Usagi en período tan fértil para la imaginación como aquél en que los samurais, ahora desempleados tras el fin de las guerras civiles, rondaban a sus anchas por el territorio japonés sobre la meramente formal de utilizar animales parlantes para contarlas. Para continuar, Shi es probablemente el epítome de las historias de Usagi Yojimbo, donde aparecen tanto las virtudes como los defectos de la serie. En la parte positiva, se podría hablar de los magníficos dibujos, del gran sentido de la narración de Sakai, de la corrección de un tebeo bien hecho. Por otra parte, el argumento no puede ser más manido, a saber: un magistrado corrupto pretende expulsar de su pueblo a unos campesinos que viven, sin saberlo, sobre una rica veta de oro y para ello no duda en alquilar los servicios de un grupo de ronin, mientras que Usagi no sólo tendrá que enfrentarse a estos últimos, sino también a la desconfianza de los campesinos, que no quieren líos. Para que no falte de nada, también aparece la bella hija de uno de los campesinos que se prenda de Usagi, aunque este, para su bien, tiene que demostrarle que la vida de un ronin no es vida para una chica como ella y la empuja a los brazos de su despechado ex novio. Naturalmente, de la escena de la reconciliación Usagi es testigo mientras se aleja en el atardecer, aunque no montado a caballo. ¿Les suena? No, no es El jinete pálido, ni Raíces profundas, ni siquiera es Lucky Luke, es Usagi Yojimbo en todo su esplendor. El resto de las historias van de la absoluta vaciedad fabulística (esto es, con moraleja) de Historia de lagartos a la originalidad de Jizo, contada en un plano único. Las tres últimas, El jardin de Usagi, Otoño y Campo de batalla cuentan con la baza de la infancia/juventud de Usagi, su período de aprendizaje como samurai. De todas y cada una de ellas se extrae su conveniente moraleja, una de las características más molestas de su lectura. Moralejas como que se debe ser bueno con todas las criaturas de Dios y que la espada de un samurai es su alma y cosas por el estilo. Se podría decir que, como estamos siendo testigos de los años de formación de Usagi, las moralejas forman parte natural de la narración. Pues bueno.

Lo mejor que se puede decir de Usagi Yojimbo es que es un tebeo correcto, que se puede leer que es simpático y todas esas cosas que decimos cuando estamos instalados en la mediocridad. No basta. A mí, por lo menos, no me basta. Un buen dibujo, una buena narración casi cinematográfica no bastan para compensar unas historias que se caen de puro viejas, unas moralejas trasnochadas y una falta de originalidad sangrante. Así las cosas, cualquier valoración que se haga de Usagi Yojimbo queda al capricho del lector, por simpatía con el tema tratado, con los personajes (aunque esto se me antoja difícil) o por cualquier otra desviación que se nos ocurra. Eso sí, Miyamoto Usagi es uno de esos personajes que quedan estupendos como iconos en camisetas, carteles y pins.


gonzalo quesada



U, el hijo de Urich #14 enero 1999



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