miércoles, 6 de mayo de 2026

Una cuestión de familia Will Eisner Norma



Will Eisner ha sido durante las dos últimas décadas el referente ineludible a la hora de hablar de una historieta adulta en los EEUU (y en el mundo, por tanto; mal que nos pese). Mucho antes de que Spiegelman y su Maus encandilasen a los lectores del New Yorker y demás burgueses enteradillos, obras como Contrato con Dios o Afán de vida mostraban ya a quien quisiera mirar la capacidad dramática del medio y la honda calidad poética del que fuera creador de Spirit. Que a su avanzada edad continúe trabajando a un ritmo más que razonable, entregando a la imprenta, además, joyas como To the heart of the storm (a mi juicio, su obra más redonda después del ya citado Contrato con Dios), sólo puede significar que nos hallamos ante uno de esos creadores privilegiados que nos ofrecerán lo mejor de sí mismos hasta el mismo día de su muerte.

Naturalmente, por mucho que sea su talento, ningún narrador acierta siempre en su empeño, y Eisner ha tenido sus altibajos en los últimos años. Eso sí, lo que en el conjunto de su carrera podríamos calificar de obras flojas, de títulos menores (pienso en El Edificio o Crepúsculo en Sunshine City, por ejemplo), sigue estando muy por encima de las posibilidades de la mayor parte de sus compañeros de profesión. Por eso, a la hora de hablar de su último libro, este Una cuestión de familia que Norma edita con una puntualidad digna de aplauso, conviene tener muy claro en qué contexto decimos que se trata de una obra "menor". De lectura fácil y peripecia más bien previsible, el álbum ejemplifica algunas de las mayores virtudes del mejor Eisner: la solidez narrativa, la fuerza de unos personajes perfectamente caracterizados (el complejo lenguaje corporal resulta fundamental en ese sentido), la eficacia del montaje invisible, del personalísimo diseño de página. También puede considerarse compendio de algunos de sus defectos (la endeblez del argumento y una debilidad irritante por determinados estereotipos a la hora del desarrollo de los personajes, por ejemplo). Con todo, a pesar de no volar tan alto como en sus mejores obras, Eisner nos ofrece una lectura satisfactoria, que no es poco.

El libro narra una reunión familiar celebrada en torno al abuelo, un anciano condenado a la parálisis y sumido en un mutismo engañoso. Cada miembro de la familia tiene sus razones para acudir, y por supuesto todas giran alrededor de la inminente muerte del patriarca y la posible herencia. Antes de que el día termine, los intereses encontrados y las mezquindades comunes acabarán por hacer estallar una auténtica tempestad de hipocresía y bilioso rencor. Una historia, como vemos, no demasiado original, pero resuelta con la elegante soltura de que sólo Will Eisner es capaz. Estructurado a la manera de una obra de teatro con un prólogo (superfluo, me parece, dado que en sus páginas se presenta a los distintos personajes y se da cuenta de sus intenciones, algo que ellos mismos harán a lo largo del resto del álbum y un solo acto en el que los actores, enganchados todos a la escuela de sobreinterpretación latina que tanto éxito está dando a nuestro Banderas, acabarán desencadenando la tragedia, el libro no está a la altura de (para seguir citando el mejor) Contrato con Dios, pero es que nadie puede estar siempre a la altura de su mejor obra.

(Y ya que estamos, dado lo acertado de las ediciones que Norma está ofreciéndonos del último Eisner, a pesar del tropezón de Moby Dick, no estaría de más que se decidieran a recuperar viejos títulos como Afán de vida o Signal from space. Muchos lo agradeceríamos.)

francisco naranjo

U, el hijo de Urich #13 noviembre 1998

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