domingo, 3 de mayo de 2026

Sinergias artísticas: el cómic y otras artes

Escrito por Nerea Fernández 20 abril, 2026


 ¡Ah, el cómic! Ese arte, que ya contempla la inclusión de elementos de otras artes en su ser, no ha cambiado tanto desde sus orígenes hasta la actualidad… Al menos, no en cuanto a los elementos que lo conforman: dibujo, línea, color (o su ausencia), presencia del sonido y del movimiento a través de la línea y la palabra… Es más, paulatinamente fue ampliando sus horizontes y diversificándose en cuanto a formatos y temáticas, desarrollando una serie de subgéneros y una industria sobre los hombros (o las manos y la vista) de sus seguidores.

Este artículo pretende dar una muestra de las sinergias entre el cómic y otras artes, más allá del cine y la televisión. De esta manera, se incidirá en la pintura, la música y la literatura intentando, en la medida de lo posible, ofrecer una muestra equitativa en cuanto a ejemplos y espacio; sin embargo, desde este momento, y por una debilidad manifiesta hacia la última frente a las dos primeras, advierto al lector o lectora de que es más que probable que encuentre más información literaria que pictórica o musical. Esto, y que seguramente falte alguna obra o autor, debido a las limitaciones de espacio, por lo que ruego disculpe si no aparece algo que pueda echar en falta y disfrute del resto.

Y, como todo tiene que comenzar por alguna parte, daremos el pistoletazo de salida con la pintura…

Se puede afirmar, sin demasiadas discusiones, que el cómic y la pintura comparten conexiones profundas en cuanto al uso de la narrativa visual, la composición, el color y la emoción que puede provocarse en el receptor (quien no haya sentido impacto alguno ante la contemplación de algún cuadro puede afirmar que nada lo perturbará). Así, desde una base puramente visual y de un lenguaje gráfico, cómic y pintura han visto cómo se diluían sus fronteras y entre ellos surgía, a veces, una colaboración. Por ejemplo, en el caso de la pintura tenemos al conocidísimo (al menos, sus obras así lo son) Roy Lichtenstein, quien reprodujo a gran escala imágenes del cómic.

Por otro lado, en el caso que nos ocupa, el cómic, podemos encontrar novelas gráficas que se centran en un autor y su biografía o su obra, otras que exploran ciertos conceptos o periodos artísticos, y alguna que incide en técnicas o materiales.

Ejemplo de los primeros tenemos varios autores patrios como Javier Olivares y Santiago García con Las meninas (en ella se utiliza la obra de Velázquez para mostrar cómo ha servido de inspiración para autores posteriores), Paco Roca y su El juego lúgubre (en torno a la figura de Dalí), María Hesse y su biografía sobre Frida Kahlo, Max y El tríptico de los encantados (acerca de El Bosco), Antonio Altarriba y Keko con El perdón y la furia (que se centra en la figura de José de Rivera), Álvaro Ortiz y Dos españoles en Nápoles (acerca de la influencia de Caravaggio en otros pintores del norte de Europa), o las obras acerca de la figura de Goya de El Torres y Fran Galán, por un lado, y Manuel Gutiérrez y Manuel Romero, por otro; entre otros muchos ejemplos.

En cuanto a los periodos artísticos, destacaría Au fil de l’Art, dos volúmenes a cargo de Ivana y Gradimir Smudja que comienzan en las cuevas de Lascaux y realizan un recorrido a través de la historia de la pintura y sus autores más representativos con un dibujo que, a veces, se adecúa al pintor que está tratando (el Cubismo de Picasso o el uso de la perspectiva de Velázquez, por ejemplo). Desde aquí, ojalá lo publicaran en castellano, porque, de momento, solo puede encontrarse en francés… Una mención a Pedro Cifuentes y su Historia del arte en cómic es obligatoria (ya se han publicado los volúmenes 1 al 5, el último sobre el periodo de las revoluciones), o al ensayo de Luis Gasca y Asier Mensuro La pintura en el cómic (por si os quedáis con las ganas de un acercamiento más académico y profundo).

Por último, destacaría Un mundo de «art brut», de Oriol Malet y Christian Berst, que juega constantemente con el dibujo, el color y el diseño para acercarnos al art brut; las obras en tándem de Jorge Carrión y Sagar, Gótico y El museo (no os destripo nada para picar vuestra curiosidad y que os acerquéis a ellos), Feminist art de Valentina Grande y Eva Rossetti sobre los cambios en el arte en los años 60 y 70 y, por último, Máculas de Jordi Pastor y Danide (aunque no alude directamente a técnicas pictóricas, sí realiza un trabajo acerca del cómic, su historia y las formas de presentarse ante el lector).

En cuanto a las relaciones entre el cómic y la música, en apariencia, estas son menores y menos profundas que las establecidas entre la pintura y el tebeo. Sin embargo, del mismo modo que existen biografías de pintoras en cómic, también las hay de músicos (John Lennon, Ozzy Osborne, AC/DC, los Beatles, Freddy Mercury, David Bowie, Iron Maiden, Beethoven…), incluso siguiendo ciertas teorías de suplantación de originales por dobles (seguro que todos conocemos la historia sobre Avril Lavigne…) como Paul ha muerto de Paolo Baron y Ernesto Carbonetti.

También existen numerosos ejemplos de obras que tratan un género en concreto (soul, black music, underground, blues, metal, pop…), con cierto predominio del rock por encima de los demás, incluso conectando, en algunos casos, también el Arte a través de carátulas y pósteres.

Mención aparte merece El anillo del Nibelungo, adaptación al cómic de Craig Russell de la versión operística de Richard Wagner del Cantar de los nibelungos (y aquí encontramos una conexión con la literatura a través de la música y el cómic).

Hemos de señalar, además, la existencia de dibujantes de cómic que diseñan portadas de álbumes musicales (Robert Crumb, Alex Ross, Art Spiegelman, Bill Sienkiewicz, Dave McKean, Bernie Wrightson, Todd MacFarlane, Greg Capullo, Frank Quitely o Mauro Entrialgo, entre otros muchos), de grupos de música animados (la conocidísima Gorillaz) o los personajes de cómic que inspiran o se mencionan en canciones (por ejemplo, Something Just Like This de The Chainsmokers y Coldplay).

También existen cómics en los que la música aparece de una manera u otra, como aquellos en los que los personajes protagonista actúan en una banda (aquí habría que mencionar, entre otras, a la de Spider Gwen o Scott Pilgrim, en el que te animan a tocar con ellos), o los que incluyen información para poder tocar uno mismo la música de las páginas (como en V de Vendetta). Cabe mencionar al autor Kieron Gillen (The Phonogram y The Wicked and the Divine), quien elaboraba listas de canciones con las que poder seguir o leer sus obras, al igual que David Aja con sus Hawkeye; o a Matthew Rosenberg, cuya edición de lujo de ¿Qué lugar está más lejos de aquí? incluía un vinilo (hay que tener en cuenta que la historia se centra en un grupo de niños y adolescentes que guarda con celo cada uno de ellos un vinilo como lo más preciado de sus vidas).

Por último, en lo referente a las conexiones con el cómic y la literatura (como si el cómic no lo fuera…), estas conexiones son innumerables, desde las biografías de autores (por ejemplo, los poetas de la generación del 98 o del 27: Antonio Machado, en Penguin Random House y Diábolo; Miguel Hernández, en Planeta; o Federico García Lorca, en Lunwerg, Lumen o Planeta; entre muchos otros), a la metaficción (Masacre matalustrado, en el que el mercenario se dedica a asesinar a los grandes personajes de la Historia de la Literatura) o las adaptaciones y versiones de clásicos (o no tan clásicos…).

Desde la literatura me gustaría destacar a Luis Alberto de Cuenca, quien le dedicó un poema a Sonja la Roja, o José Luis Pérez Pastor y su Superhéroes; pero hay muchos más poetas, novelistas o dramaturgos que incluyen el cómic de una manera u otra en sus obras, como Margaret Atwood, quien también ha visto su obra versionada al cómic.

Así, podemos señalar algunos ejemplos de biografías dibujadas como el Kafka de Robert Crumb y David Zane Mairowitz, Dublinés de Alfonso Zapico (sobre James Joyce), Samuel & Beckett de Javier Olivares y Jorge Carrión, La divina comedia de Oscar Wilde de Javier de Isusi, Virginia Woolf de Michèlle Gazier y Bernard Ciccolini, los cómics sobre Galdós de El Torres y Alberto Belmonte, o Fernández Etreros y Menéndez Quirós, el de las hermanas Brontë de Isabel Greenberg, o las distintas biografías (completas o no) sobre Emilia Pardo Bazán (Bululú y Cascaborra), Unamuno (El gallo de oro), o las Sin Sombrero (Ponent Mon).

En cuanto a ejemplos de cómics sobre periodos históricos y movimientos se encuentran Está escrito. De la escritura cuneiforme al emoji de Vitali Konstantinov, editado por Libros del Zorro Rojo; la genial La comedia literaria de Catherine Meurisse, Un viaje por las letras de Pedro Cifuentes, o la adaptación del aclamado El infinito en un junco de Irene Vallejo (quien suscribe estas líneas, después de disfrutar enormemente de la Historia disparatada de España de Traité a cargo del dibujante Exprai aguarda con interés que decidan en algún momento, hacer lo mismo con su Historia torcida de la literatura…).

Por otro lado, relacionados con la literatura y todo lo que se mueve a su alrededor son dignos de mención El mundillo literario de Posy Simonds, La venganza de los bibliotecarios de Tom Gauld, Bibliomanías de Laura Pacheco y The Wild Detectives, o el interesantísimo (sobre todo, en cuanto a cómo se editó) Warburg y Beach de Javier Olivares y Jorge Carrión.

Finalmente, el número de adaptaciones al cómic de obras de la Historia de la Literatura es proverbial, desde la Antigüedad con Las troyanas de Rosanna Bruno y Anne Carson, The Epic of Gilgamesh de Dixon y Dixon, o el Gilgamesh de Arnau López Mazorriaga, la versión de la historia de Goliat de Tom Gauld o la de Medea de Fermín Solís, The Odyssey de Seymour Chwast, o el Apocalipsis de Castelli y Roi; pasando por grandes clásicos de la literatura occidental como Tristan & Yseult de Agnès Maupré y Signeon, Tito Andrónico de Shakespeare a cargo de Marcos Prior y Gustavo Rico, El hombre que ríe de Victor Hugo (David Hine y Mark Stafford), las numerosas versiones de Frankenstein (Moztros, ECC o Norma) y de Drácula (dos editadas por Moztros, y dos por Norma), las del personaje dual de Stevenson (SM y Clasicomix), 1984 de Fido Nesti, Fahrenheit 451 de Víctor Santos, el premiado El paraíso perdido de Milton (adaptado por Auladell) o las versiones de Astiberri de Bartleby, el escribiente (de Herman Melville), La guerra de los mundos (de H. G. Wells), La metamorfosis y otros cuentos (de Kafka) o Solomon Kane (de Robert E. Howard), o las versiones abreviadas que publica la editorial Herder bajo el sello La otra hache.

De aquellas obras de la literatura española citaré solo una pequeña muestra como el Amadís de Gaula (Ricardo Gómez y Emma Ríos), el Miguel en Cervantes de Miguelanxo Prado y David Rubín (en la páginas del Instituto Cervantes), o las ediciones de poesía a cargo de Laura Pérez Vernetti.

Y aquí acaba todo… Ni conclusión ni despedida. Tan solo la esperanza de que quien haya llegado hasta aquí desconociera alguno de los títulos mencionados y se aproxime a ellos para descubrirlos. Que lo disfrutes.


Revista Mercurio (Jot Down)



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