martes, 26 de mayo de 2026

No puedo dar más Álvarez Rabo La Cúpula



En esta época dominada por lo políticamente correcto, las historietas de Álvarez Rabo no pueden más que suscitar las iras y el rechazo de una mayoría bienpensante que se escandaliza de las formas sin preocuparse por meditar sobre el fondo. Sólo así puede explicarse la acusación de inducción al abuso sexual de la que ha sido objeto su Consejos sexuales en Italia. En la misma línea han de situarse las calificaciones de machismo que continuamente recaen sobre muchos de sus trabajos, emitidas desde esa concepción imperante del feminismo, de tintes muy puritanos, que asocia, sin entrar en consideraciones de otro tipo, toda representación de actos sexuales como perpetuación de una imagen sumisa de la mujer. Y nada más lejos de la realidad, porque sobrarían dedos de la mano para contar casos similares al suyo de puesta en valor del género femenino. Preocuparse más por cómo se hacen las cosas que por lo que éstas son en realidad es, como decía, el signo de los tiempos que vivimos. Y un lastre para Álvarez Rabo, que debe su relativa fama más a un supuesto afán provocador que a sus inteligentes bofetadas gráficas y sus verdades como puños.

Se ha convertido en lugar común afirmar que Alvarez Rabo es como Mauro Entrialgo, pero más bestia. Puede que sea porque manejan el mismo formato de una página, porque sean paisanos y amigos o porque ambos comenzaron a alcanzar cierta notoriedad en las páginas de Tmeo, pero la identificación suele ser inmediata. Verdad es que ambos alimentan su obra del análisis de la condición humana, pero no es menos cierto que Alvarez Rabo siempre llega unos pasos más allá (desde su interesada perspectiva, su amigo "tiene menos mordacidad que Leticia Sabater"). Mientras en la mayoría de las ocasiones el enfoque de Mauro permite que el lector se considere a salvo, distanciándole de las actitudes objeto de ironía, leer a Rabo puede llegar a resultar muy incómodo porque es imposible enajenarse a su sátira. Todos, más temprano que tarde y sin excepción, nos vemos reflejados en unas viñetas hirientes (enfrentarse a la verdad duele) que, lejos de caer en la demagogia del juicio moral, se limitan a reflejarnos tal como somos... y seguiremos siendo.

No puedo dar más es una nueva recopilación de sus historietas y en ella, como contradiciendo el título, Alvarez Rabo ofrece mucho: nada ni nadie está a salvo de su punto de mira y él menos que otra persona. El transcurso de los años ha cambiado la vida del autor. El matrimonio, la paternidad y el éxito internacional de su obra pictórica le han situado como ejemplo de una clase media acomodada. Su trayectoria vital ha entrado en contradicción con sus ideas juveniles y gran parte de las historietas incluidas en este álbum están dedicadas a hacer escarnio de sí mismo en un sanísimo ejercicio de higiene mental que, además, contribuye a superar el escollo de la reiteración y el hastío. Es consciente de que en su situación actual ya no puede tener la misma frescura a la hora de tratar aquellos temas que ha dejado de conocer de primera mano y, remontando momentos titubeantes como "Vino blanco" o "Polla flecha", parece haber decidido reconducir definitivamente su producción hacia la temática autobiográfica, con excelentes resultados y sin dejar de ser fiel a sí mismo. Porque el hecho de que la mayor parte del tiempo se dedique a hablar sobre sí no significa que deje de hablar sobre todos nosotros.

En cuanto al apartado gráfico, todo lo que se pueda comentar es harto conocido. La base de su técnica es perder el menor tiempo posible en hacer tebeos porque, en sus propias palabras, con ellos pierde dinero. Y, aunque la primera impresión es que sus resultados parecen los propios de aplicar a rajatabla dicho principio, una mirada más atenta descubre que ningún elemento es aleatorio o superfluo. Se trata de un estilo muy efectivo que cumple una premisa básica para lograr sus objetivos: proporcionar la información necesaria y situar ésta en el lugar adecuado para facilitar comprensión del lector. En definitiva, disiento del prologuillo de Santiago Segura, porque precisamente lo mejor es el conjunto. Alvarez Rabo no quiere dar más, ni falta que le hace.

Eduardo García Sánchez


U, el hijo de Urich #15 Marzo 1999




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