sábado, 23 de mayo de 2026

Cuando el cómic se encontró con la universidad y la educación

Escrito por Noelia Ibarra 15 abril, 2026




La consideración peyorativa que ha pesado sobre la historieta durante prácticamente todo el siglo XX ha condicionado su relación con el ámbito académico y ha postergado en gran medida su inclusión como objeto de estudio. Si bien podemos rastrear la existencia de artículos de investigación en la década de los treinta y los cuarenta en Estados Unidos, en particular procedentes del ámbito sociológico, pero con relevantes aportaciones para los diferentes niveles educativos y sobre todo, para la formación de lectores, dados sus positivos resultados en cuanto a su inclusión en las aulas, sus aportaciones fueron apartadas ante la corriente de odio hacia los comics-books que, considerados como perversas influencias para la infancia y la adolescencia, se extendió en la prensa americana tras la segunda guerra mundial y desembocó en la drástica instauración de códigos de autocensura por la industria editorial y la reclusión del noveno arte en ámbitos vinculados a la infancia. De esta forma, la concepción del cómic como un producto destinado de forma exclusiva a la infancia y en consecuencia, su caracterización como un arte menor, mutilaba cualquier atisbo de interés académico ante la presión del juicio popular que ya lo había condenado.

La exclusión del cómic se propagó por toda Europa, y también en España, pese a que en Francia puede rastrearse la gestación del interés por su investigación durante la década de los sesenta, de forma paralela a la aproximación intelectual propuesta por colectivos como el CELEG (Centre d’études des littératures d’expression graphique) responsables de una tímida apertura que en nuestro país no pudo constatarse hasta casi el final del siglo XX. De hecho, la pionera tesis doctoral de Juan Antonio Ramírez, Historia y estética de la historieta española (1930-1970), defendida en la Universidad Complutense de Madrid, supone un hito que posteriormente su autor contextualiza con ironía a través de la descripción del extenso abanico de dificultades y resistencias para poder llevarla a cabo, entre ellas, la necesidad de un tutor que considerara que el cómic podía ser un objeto digno de una investigación rigurosa. Estas circunstancias se repiten en la segunda tesis doctoral defendida en España en 1981 en la Universidad de Valladolid, la de Antonio Altarriba, La narración figurativa. Acercamiento a la especificidad de un medio a partir de la «Bande Dessinée» de expresión francesa, con semejantes problemas relativos a prejuicios en torno al cómic y en consecuencia las profundas reticencias para aceptarlo como temática en una investigación científica. Ambas tesis doctorales constituyen ejemplos más que significativos del elevado número de obstáculos que como investigadores en formación debieron acometer para superar el escaso apoyo institucional, los problemas de acceso a las fuentes y la incomprensión de los expertos e incluso, la consecución de un director que se comprometiera a llevar a cabo esta tarea o la valoración positiva por parte del tribunal, que reiteraba los mismos estereotipos negativos sobre la historieta que sus tesis intentaban derrocar desde la perseverancia, el rigor científico y la amplitud de perspectivas. Frente a estas iniciativas aisladas, en otros países como Francia se constata un germen en torno a las décadas de los setenta y ochenta de estudios en esta línea, que todavía tardará en manifestarse en forma de tesis doctorales defendidas.

De forma progresiva, esta situación ha ido cambiando y la cartografía de las investigaciones que cristalizan en una tesis doctoral en la que el cómic ocupa el eje central se ha incrementado de forma progresiva, con aproximaciones desde distintos campos del conocimiento, entre los que despuntan, la filología, la educación, la historia, la historia del arte, pero también la medicina o la sociología, como ámbitos que dan cuenta de la extraordinaria riqueza del medio y el abanico de opciones que supone para estudiosos de diferentes disciplinas. Como también ha crecido considerablemente el número de Trabajos Final de Grado y Final de Máster desde diferentes perspectivas y ámbitos del saber que en definitiva dan cuenta de un renovado interés por el cómic. En este sentido, puede apreciarse una metamorfosis radical en cuanto a la consideración sociocultural del cómic se refiere en el inicio del siglo XXI, reflejado entre otras muestras relevantes, en la instauración del Premio Nacional de Cómic en 2007 por parte del Ministerio de Cultura español como reconocimiento expreso a la gran riqueza y diversidad del medio y su influencia en diferentes ámbitos de la cultura. No obstante, algunos de los problemas padecidos por Ramírez y Altarriba presiden todavía el panorama de la investigación en cómic en la universidad española, entre ellos, la dificultad de consulta de las fuentes primarias, la soledad del investigador de cómic en su ámbito de conocimiento, facultad o departamento de adscripción, la dispersión de las investigaciones en diversos campos del conocimiento y los problemas inherentes a la inexistencia de un consenso respecto a nociones clave como la misma definición de cómic, su génesis.

Si realizamos una radiografía de la investigación sobre cómic a través de las contribuciones científicas generadas veremos cómo la situación descrita para las tesis doctorales se reitera, pues si bien una búsqueda en diferentes bases de datos de revistas indexadas de prestigio nos devolverá un elevado número de artículos, por una parte la cifra sigue resultando reducida en comparación con otras disciplinas y por otra, el incremento se produce de forma exponencial en los últimos años. En este sentido, cabe destacar el papel desempeñado por las revistas científicas para que los investigadores puedan publicar sus resultados en medios especializados, como Tebeosfera, creada en el año 2001, a la que se unieron en 2013 la revista Cuco y en 2019 Neuróptica, la nueva etapa de la mítica revista fundada por Antonio Altarriba. Además, diferentes colecciones como Grafikalismos, en la Universidad de León o la Editorial Marmotilla, reivindican la necesidad de publicar ensayos y monografías de calidad sobre el cómic, siempre desde la rigurosidad y exigencia de los estándares académicos.

En este sentido, cabe destacar el paso adelante que ha dado la Biblioteca de Humanidades Joan Reglà de la Universitat de València al crear un espacio dedicado a la teoría del cómic con más de 1500 referencias, al que ha seguido la apertura de secciones de cómics en otras universidades como la Facultad de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Sevilla.

Asimismo, resulta destacable el espacio generado para el intercambio de conocimiento científico a través de eventos académicos, como congresos, jornadas y seminarios cuya continuidad y número ascendente de ediciones demuestran la necesidad de creación de sinergias y comunicación de resultados y buenas prácticas por parte de sus estudiosos. En esta línea podemos destacar la instauración de Unicómic, el salón del cómic de la Universitat de Alicante en 1998, primero como simple punto de encuentro de aficionados desde un formato tradicional de festival de cómic a su evolución años después en evento académico en el que se abría un espacio para la presentación de comunicaciones universitarias, el Congreso de estudios interdisciplinares sobre cómic celebrado en la Universidad de Zaragoza en 2017, al que pronto se unirían el congreso Comics in Dialogue en la Universidad Complutense de Madrid en 2020, la International Conference Teaching with Comics, celebrada en 2022 en la Universitat de Valencia, el Congreso internacional de investigación sobre cómic de la Universidad de Alcalá de Henares en 2023 o el Congreso de Genealogías Feministas del Cómic que albergó la Universidad Complutense de Madrid en 2024.

En este complejo trayecto de interacciones entre cómic y universidad, la creación en 2019 de la Cátedra de Estudios del Cómic Fundación SM-Universitat de Valencia estableció un claro punto de inflexión en la introducción del cómic en el ámbito académico. La puesta en marcha de esta cátedra institucional, nacida de la colaboración entre la institución universitaria y la empresa privada, marca el comienzo de un interés rápidamente creciente que se plasma en la aparición, en apenas cinco años, de otras cuatro cátedras: la Cátedra Moebius de la Universidad de la Laguna, la Cátedra de Investigación y cultura del cómic de la Universidad de Alcalá de Henares, la Cátedra Martín Morales de la Universidad de Granada y la Cátedra de Recerca i Experimentació en Còmic Finestres en la escuela Elisava dependiente de la Universitat Pompeu Fabra. Alrededor de estas cátedras se ha creado un ecosistema en el que se ha fomentado la investigación y la puesta en marcha de iniciativas como jornadas o congresos de investigación que han cambiado radicalmente el panorama de investigación en España, impulsadas además por la sinergia que desde el primer momento se ha mostrado entre ellas. Como también resulta reseñable en este recorrido la gestación de estructuras de actividad cultural con la historieta como protagonista, como las aulas de cómic de la Universitat d’Alacant, Murcia o València.

Por último, la puesta en marcha de la Sociedad Académica de Estudios del Cómic (SAEC) constituye la expresión más evidente de la existencia de una masa crítica de importancia en el estudio del cómic en España. Impulsada por las universidades de València, Alacant y Alcalá de Henares, la SAEC se constituye en 2025 como espacio de colaboración y promoción de la investigación universitaria en el ámbito del cómic, con casi medio centenar de asociados de una veintena de universidades que legitiman el colectivo de investigadores que se ha acercado a la historieta desde diferentes ámbitos. Entre sus acciones destaca la instauración de unos galardones científicos a los mejores trabajos de investigación y la puesta en marcha con éxito del I Congreso Internacional de Investigación de la SAEC, celebrado en la Universitat de València en 2026.

Sin embargo, pese a los positivos cambios mencionados y la asunción de las extraordinarias posibilidades del cómic en los diferentes niveles educativos y en disciplinas, así como su potencial para la formación de lectores y el descubrimiento del placer por la lectura, todavía no ha encontrado un lugar protagonista en las aulas frente a opciones como los textos narrativos en las listas y recomendaciones de lectura. Sin duda, el desarrollo de un panorama crítico sólido en torno al uso didáctico del cómic de acuerdo con su naturaleza multimodal y su lenguaje interdisciplinar como opción metodológica renovadora y al tiempo, complementaria, constituye una vía destacada para afrontar las posibles reticencias del profesorado interesado, así como para incidir en su autopercepción negativa sobre sus carencias formativas al respecto. Sin embargo, en modo alguno puede reducirse a un andamiaje teórico, a una loa descontextualizada de sus virtudes o a su conversión en la panacea resolutiva de gran parte de los retos educativos del siglo XXI, pues su inclusión en las aulas como una posibilidad real requiere también del cambio de percepción sociocultural generalizado y del compromiso institucional, así como de una programación coherente con la legislación educativa vigente. En cualquier caso, queda todavía un apasionante trayecto por recorrer en el que la conjunción de esfuerzos entre universidad y escuela puede suponer un hito para los itinerarios lectores de numerosas generaciones en edad escolar, que podrían ver entre sus lecturas de aula obras de cómic, como también para la enseñanza de diferentes materias y la inclusión de metodologías activas en las que el alumnado adquiera un rol esencial en la construcción del conocimiento y al tiempo, una mirada crítica respecto a la realidad circundante gracias a la magia de las viñetas.


Revista Mercurio (Jot Down)



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