En los 16 años que lleva ligado al mundo del cómic, Toni Guiral (1959), ha sido de casi todo: fanzinero (con Funnies), guionista de innumerables tebeos (ahora se ha reeditado su Mr. Black), periodista y crítico, técnico editorial en Norma y Planeta-DeAgostini... en fin, lo que ustedes quieran imaginarse. Su caso no es sorprendente, porque abundan los similares dentro de la historieta española. Lo sorprendente es que, después de tan intenso historial, Guiral no haya perdido el humor ni la ilusión, y siga empeñado en luchar por la cosa esta de nuestras viñetas y en hacerle la guerra al derrotismo tan propio de nuestro medio.
Ése es el espíritu que anima el librito (64 páginas) que acaba de autoeditarse, Terminología (en broma pero muy en serio) de los comics, un léxico básico para acercarse a los tebeos que no se limita a dar el dato preciso y la definición aclaratoria, sino que lo condimenta con opiniones y reflexiones por lo general sensatas y generosas, incluso cuando el tema en cuestión se prestaría a sacar la mala uva más podrida, y con razón.
El libro contiene más de 200 breves definiciones, junto a una concisa pero nutritiva bibliografía y un listado de editoriales españolas. Las ilustraciones de Alex y Julio Torres, en realidad chistes a propósito de los términos mencionados, son genuinamente graciosas y contribuyen a componer un libro que invita a la lectura porque no se pretende dogmático ni severo, sino divertido y de buen talante. La primera entrada. "abducido. Ver lector" marca el tono, que no es socarrón, sino cómplice y amistoso. Así, a continuación "álbum" hace más que dar una descripción del objeto, pues también apunta alguna reflexión sobre la trayectoria que ha seguido el álbum y los motivos de su hundimiento como formato generalizado. Aparte de alguna que otra entrada (muy pocas) que parece servirle a Guiral para desahogarse de tanta definición (es el caso de "gilipollas" o la devastadora "resentido"), la mayoría de los términos relacionados se pueden dividir en dos grandes grupos: los que se refieren al oficio y la profesión, y los que se refieren al arte o la gramática. Los primeros son indiscutiblemente valiosos, certeros y polisémicos. Los segundos (menos abundantes) son más debatibles, difusos e indescifrables. Ejemplos brillantes del primer grupo son las entradas dedicadas a "distribución exclusiva", "distribuidora" y "editor", o también esa perla que es "libro de estilo": "Cualquier editorial que se precie de serlo disfruta de lo que se llama libro de estilo [...] Que yo sepa, ninguna editorial lo tiene. ¿Será que no se precian de serlo?" Por el contrario, ejemplos de lo difícil que resulta ponerle el cascabel al gato de un medio que aún no ha generado suficiente literatura crítica válida podrían ser "cine", "En contra del dicho popular, creo que poco tiene que ver con los comics como no sea por el lenguaje técnico y un par de apuntes narrativos. Que conste." (completamente de acuerdo, pero, ¿por qué?) o "secuencial", "¡Puf! Mira si es importante la palabreja que es lo que da sentido a este cotarro. La historieta es un medio o arte secuencial. ¿A que suena bien? Pues es verdad. Lo secuencial es algo así como la narración; léase, la forma que tiene de avanzar una historia en viñetas, los momentos que escoge el guionista para retratar una escena o instante concreto y encadenarlo con otros. Ver elipsis." Como no lo veo muy claro, miro "narración" y me encuentro con que es una "Palabra clave cuando hablamos de comics" y que, tras dar un par de vueltas,
"En realidad, la narración historietística no puede explicarse; sencilla-mente, hay que sentirla y apre-henderla." Afortunadamente, para compensar los titubeos especulativos existe el contrapeso del arsenal técnico: lay-out, guión, argumento, toda la variedad de planos, encuadre, ángulo, composición, que Guiral domina con la naturalidad no del que está acostumbrado a su estudio, sino a su uso cotidiano.
Para quien sólo conozca los comics desde la perspectiva del lector aficionado, el libro es una jugosísima fuente de información que le abrirá nuevas perspectivas y le invitará a profundizar en su interés por el medio, además de hacerle pasar un buen rato. Para los que viven más cerca del "corazón de las tinieblas" de nuestras viñetas, la posibilidad de mirarse a este espejo levemente deformante y observar la distancia que separa lo que son las cosas y lo que en general todos creemos que deberían ser es demasiado tentadora y rara como para desaprovecharla.
Pero hay otra función que este libro desentierra y que es la que yo prefiero destacar: la función de transmitir una herencia, un conocimiento verdadero y palpable de una esfera profesional, la función de servir de manual de uso y brújula para todos los que quieran introducirse en ese mundo desde el cual escribe Guiral. La transmisión de sabiduría de maestros a aprendices no existe en casi ninguno de los medios profesionales relacionados con el cómic, y los daños provocados por esta carencia son incalculables. En gran medida, es la responsable de que no exista una tradición común robusta, una identidad de la historieta española que sirva de modelo sobre el que experimentar (o contra el que experimentar) a historietistas, críticos y editores. Con más guirales, es decir, con más amantes del tebeo y menos rumiadores de las propias desdichas, otro gallo nos cantaría.
Pero quizás quede más claro de qué habla este pequeño tesoro si le dejo la última palabra a una de sus entradas, la que dice "crisis", y que ya avanzada explica: "Hay crisis de venta (se vende menos de cada producto), hay crisis de política editorial (nadie sabe muy bien a quién dirige sus tebeos), y hay crisis creativa (la mayoría de guiones son de lo más vulgar y muchos dibujantes parecen haber perdido el Norte en cuanto a estilo y fechas de entrega se refiere). Vale, ahora que hemos emitido un diagnóstico, hagamos como los médicos: busquemos un tratamiento para la cura..."
Trajano Bermúdez
U, el hijo de Urich #12 septiembre 1998

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