Editado por Dean Mullaney
IDW Publishing, 394 páginas, $49.99
Color, tapa dura
ISBN: 9781600102066
Reseña de Chris Mautner
Es ironico que un artista que se obsesionó con el color la mayor parte de su carrera fue reconocido por una tira de comic en blanco y negro.
Ciertamente, mirando las ilustraciones, pinturas y otros trabajos encontrados en Scorchy Smith and the Art of Noel Sickles -un impresionante libro gigante, editado por Dean Mullaney- la impresión es un artista usando color no solo enfatiza y emociona, sino que también ayuda a dar forma y define las composiciones.
Por supuesto, parte de la fama de Sickles descansa sobre su logro de conseguir efectos en su tira de comics, solo con tinta china. Su impresionante estilo "claroscuro", conseguido con manchas negras y después con Zipatone [Consiste en láminas con patrones de puntos muy pequeños, líneas o texturas impresas] para añadirle peso y drama a sus personajes, posteriormente influyó en muchos dibujantes, y más notablemente en un buen amigo de Stickles, Milton Caniff, famoso por Terry y los Piratas y Steve Canyon.
Este nuevo libro de la linea de IDW Librería de Comics Americanos esta esencialmente divido en dos. La primera sección contiene una introducción de Jim Steranko y una biografía de Bruce Canwell, que intenta proporcionar un descripción general de la vida y carrera de Sickels, así como evaluar sus logros en el mundo del comics y más allá. En ocasiones, roza la hagiografía, pero en general ofrece una biografía informada y concisa.
(Para mí, quizás la parte más interesante de la historia de Canwell es la revelación de que la esposa de Sickles es una figura tan misteriosa. ¿Quién era ella? ¿Cómo era? Aparentemente, Sickles la mantuvo lo más aislada posible y, por lo tanto, sigue siendo una entidad desconocida, ya que no tuvieron hijos.)
A lo largo de la biografía de Canwell se intercalan numerosos ejemplos del trabajo de Sickles, tanto anteriores como posteriores a Scorchy Smith. Es una colección impresionante. Mullaney y sus colaboradores obviamente han examinado un vasto mar de material, ya que el libro incluye hallazgos como bocetos de la primera infancia, pinturas, bocetos preliminares, objetos personales, esfuerzos relacionados con la guerra y algunos intentos abortados de otros tiras cómicas, una de ellas centrada en la leyenda de las artes marciales Bruce Lee.
En muchos sentidos, este material es igual de impresionante, si no más, que la obra por la que Sickles es más famoso (al menos entre los aficionados al cómic). Su trabajo para Reader's Digest, por ejemplo, sobre todo sus ilustraciones para "El viejo y el mar" de Ernest Hemingway (donde se publicó originalmente la historia), poseen una gracia y un lirismo conmovedores que parecen completamente ajenos a Scorchy.
El resto del libro está dedicado a Scorchy Smith, durante sus tres años de existencia. Ese es todo el tiempo que Sickles dedicó a la tira cómica antes de hartarse de sus jefes (y, cabe suponer, aburrirse de hacer siempre lo mismo) y pasarse a las lucrativas tierras de la ilustración para revistas.
Para quienes no conozcan la tira, aquí tienen un resumen. En 1933, a Sickles, que por aquel entonces trabajaba para Associated Press, se le pidió que se hiciera cargo de la popular tira cómica de aviación Scorchy Smith, ya que su creador, John Terry, padecía tuberculosis. Lamentablemente, Terry acabó sucumbiendo a la enfermedad, dejando a Sickles la tarea de transformar la tira en algo más acorde a sus gustos.
Es fascinante observar la evolución de la tira cómica. Inicialmente, la tira de Terry es sosa y rígida, tanto en el dibujo como en el guion. A medida que Sickles empieza a trabajar en ella, las líneas finas y toscas que apenas sugieren una figura humana se vuelven gradualmente más detalladas y sólidas. Los fondos pasan de apenas llenar el espacio a transmitir una auténtica sensación de lugar.
Pero Sickles no se detiene ahí. Se obsesiona con la iluminación y el uso del espacio negativo, utilizando primero un simple sombreado y luego recurriendo a los negros puntuales. Empieza a usar Zipatone para dar un tono grisáceo a la ropa y los fondos, sugiriendo mayor profundidad.
Y sin embargo, por muy transformadores que sean estos cambios, Sickles parece constantemente insatisfecho con su trabajo. Finalmente abandona el Zipatone, solo para recuperarlo unos meses después antes de volver a abandonarlo definitivamente hacia el final de su etapa. Intenta cambiar la tipografía y el texto.
Sickles utiliza globos de diálogo en varias ocasiones. En un momento dado, en 1936, retoma su técnica inicial de sombreado (evocando, quizás, a ilustradores de principios del siglo XX como Charles Gibson), solo para abandonarla en favor de un estilo de líneas más gruesas.
Leer a Scorchy Smith es leer la obra de un hombre que se aburre con facilidad.
Si bien el arte y sus constantes alteraciones son extraordinarios y fascinantes, la historia y los personajes lo son considerablemente menos. Por muy talentoso que fuera, Sickles no era un narrador consumado como su amigo Caniff, y esto se refleja en su trama débil y sus personajes planos.
Canwell incluso llega a admitir en su ensayo que Sickles no tenía verdadera habilidad para escribir y que, en esencia, improvisaba la trama sobre la marcha sin pensar demasiado en las consecuencias.




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