Sara Pichelli, en una imagen facilitada por la autora
Tommaso Koch
Madrid
Al día que cambió su vida, Sara Pichelli llegó con retraso. Cosa de las dudas, o de la "honestidad intelectual", dice ella. Cuenta que apenas tenía dibujos para enviar al concurso y que repetía: "Pero ¿qué voy a mandar?". A lo que su entorno oponía sentido común: "¿Qué más da? Prueba, es gratis". Finalmente, la convencieron. Así que, pese a su portafolio reducido, se apuntó a Chesterquest, la gira mundial con la que Marvel buscaba en 2008 nuevos talentos. A fuerza de procastinar, eso sí, el plazo había caducado.
Tiempo después, recibió igualmente una respuesta. Entre los 12 ganadores planetarios figuraba su nombre. Fue la intuición de C. B. Cebulski, a la sazón cazatalentos de la célebre casa de tantos superhéroes. La creadora confiesa por videollamada: "A día de hoy, cuando coincidimos, le pregunto que vio en esas láminas". Lo mismo, en realidad, que han acabado detectando otros directivos, premios y miles de lectores. Porque hoy Pichelli es una de las artistas más respetadas de la compañía, invitada estrella de la Comic-Con de Nápoles que se celebrará del 30 de abril al 3 de mayo. Guardianes de la galaxia, Los cuatro fantásticos, La patrulla-X y otros muchos iconos han viajado desde Estados Unidos a Roma, donde reside, para dejarse cuidar por su lápiz. Y hasta dio a luz ella misma a un nuevo mito: en 2012, cocreó a Miles Morales, una de las últimas personalidades de Spiderman. Dicho de otra forma, es la mamma de Spiderman.
Y eso que los cómics casi ni llegaban a su pueblo natal. Siempre había diseñado, por influencia de la madre, pintora. En el instituto, se hizo "camello oficial de dibujos": quien quisiera un retrato de Goku o Sailor Moon podía acudir a su pupitre. "Pero no pensaba en hacer carrera en el arte. No leía muchos tebeos, ni tenía alrededor tiendas especializadas o escuelas de formación", recuerda la autora. De ahí que, cuando se mudó a Roma para la universidad, se apuntara a Lenguas Orientales: en concreto, chino e hindú.
Duró, sin embargo, cuatro meses. El tiempo suficiente para descubrir que cerca de su casa había una Escuela Internacional de Cómic. Hoy Pichelli ejerce de profesora allí donde fue alumna. "Cuando empecé estaba asentado un cierto tipo de lenguaje artístico, un poco de la vieja escuela. Y entre muchísimos autores hemos contribuido a diversificarlo", reflexiona la italiana. De su trazo se celebra que es versátil, realista, leve, capaz de reflejar el interior del personaje. Pichelli también ofreció una mirada distinta Marvel. Entre sus influencias estaban más Egon Schiele, Gustav Klimt o Claire Wedling que los superhéroes.
Manuales de lucha
En 2012 su arte y la escritura de Brian Michael Bendis parieron a Miles Morales, un Spiderman para el siglo XXI: afrolatino, jovencísimo, en sus primeras páginas lograba acceder solo a través de un sorteo a un colegio que su familia no podía permitirse. "Al principio no había guión, ni sinopsis, solo una idea. Brian me pasó un documental sobre el tejido social de EE UU y sus minorías. Y de ahí sacamos el arranque del personaje. Estaba entusiasmada. Nadie se esperaba eso de Spiderman, ni tampoco se había contado en tebeos de superhéroes", rememora.
Probó muchas opciones, con rastas, rapado o con cinturón blanco. Hasta la versión final: muy esbelto, con cabello afro y un disfraz donde dominan el negro y el minimalismo, por empeño de la dibujante. Estudió incluso manuales de lucha, para que el encuentro entre el nuevo y el viejo Spiderman resultara realista: Peter Parker debería evocar la capoeira, mientras que los movimientos de Morales recordaban a un bailarín. "Lo considero el hito hasta ahora de mi carrera. Nos preguntábamos si funcionaría. Cuando estalló, nos dimos cuenta de la suerte que habíamos tenido: esa libertad y diversión no he vuelto a experimentarlas. Ha creado una base de seguidores estupenda, y cada vez que voy a eventos en EE UU me doy cuenta de lo mucho que significa", asegura.
Hace seis décadas que el Hombre Araña enseña que grandes poderes conllevan grandes responsabilidades. Y Pichelli sintió una muy relevante sobre sus hombros: una europea, caucásica, creando un símbolo para un colectivo al que no pertenecían ni ella ni el guionista, que tiene una hija afrodescendiente. "Entonces no estaba tan sensibilizada, no me planteé tantos problemas. Como diseñadora de personajes, estaba acostumbrada a ocuparme de cualquier criatura. Ciertas reflexiones las he hecho a posteriori. Ahora, en 2026, no me veo como la primera elección para ello, y estaría bien dar una oportunidad de ser escuchada a una voz que provenga de esa comunidad", sostiene la autora.
El Pais, Sábado 11 de abril de 2026


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