viernes, 6 de marzo de 2026

Luchadoras de leyenda Clamp Planeta-DeAgostini


Inexplicablemente, el colectivo femenino
Clamp no ha tenido en nuestro país la suerte que merecen propuestas tan sofisticadas e intrigantes como X/1999 o Tokyo Babylon, y tan sólo una obra evidentemente menor como este Magic Knight Rayearth (su título original), que comenzara Forum a serializar en las páginas del abortado Shonen Magazine en 1996 para recuperarla al año siguiente en su integridad en la Biblioteca Manga, ha conseguido mantenerse en el mercado (quizá debido a sus paralelismos con el Sailor Moon de Naoko Takeuchi. obra muy inferior sin duda, pero emblemática). Tras una primera parte de seis volúmenes, la segunda serie comenzó a editarse en octubre de 1997: seis tomos más de una obra menor, sí, en el corpus de sus autoras, pero en absoluto despreciable.

Hay dos maneras, a mi juicio, de abordar la lectura de una obra como Luchadoras de LeyendaPor un lado, está su dimensión de divertimento pop, de pura fantasía kitsch. El buen hacer de las autoras (su excelente pulso narrativo, la exhuberancia de su propuesta gráfica) es suficiente para mantener el peliagudo equilibrio de un relato fiel a unos códigos evidentemente muy rígidos y, aún así, resuelto con una limpieza y un desparpajo no exento de ironía que son más que saludables. Pero a la vez nos ante una de las representaciones mas estilizadas de la eterna angustia adolescente (un tema que palpita en el origen del shojo como género, independientemente de la edad de sus lectoras o de la forma que adopte), con elementos tan reconocibles como la indefensión ante un mundo ajeno y hostil, la importancia de una amistad a menudo en la frontera misma de lo ambiguo, la aventura como metáfora, el miedo a la soledad. (Conviene recordar a quién va dirigido este tipo de material en su origen: jovencitas niponas a punto de abandonar esa nebulosa tierra de nadie que separa a la niña de la mujer, con lo que eso implica en una sociedad como la japonesa, adolescentes que parecen refugiarse en un último ensueño antes de ser lanzadas a un mundo acaso demasiado grande y amenazador en el que se sienten extrañas, rechazadas.) Inseguridad, soledad, rechazo... los mismos mimbres que el ilustre Amenábar no ha sabido trenzar con la pasión necesaria en su sobrevalorada Abre los ojos: los mismos elementos que, en cambio, y sin salir de nuestro país, Asun Balzola maneja como nadie en libros como La cazadora de Indiana Jones (SM, 1989) o, sobre todo, Ala de mosca (Pirene, 1989). (Un material emocional que no será extraño para los que conozcan las primeras etapas de personajes como Spiderman o los X-Men, y que recientemente ha servido de base para elaborar series de televisión tan espléndidas como Es mi vida, que diera a conocer a la deliciosa Claire Danes, o la supervitaminada Buffy; cazavampiros.)

Quizá mi superficial análisis no haga más que repeler a un público que parece, aún hoy, empeñado en una improbable cruzada para demostrar la seriedad del subgénero de superhéroes, como si las cuatro obras de verdad complejas que ha producido en los últimos sesenta años constituyeran la regla en vez de la excepción.

Empeñados en su búsqueda de la madurez en lo que no deja de ser mera fantasía de poder preadolescente (masculina, eso sí), quizá dejen de lado otros géneros tan ricos y preñados de posibilidades como el shojo, capaz de albergar en su seno desde la comedia enloquecida y romántica de la genial Rumiko a los sofisticados romances de Keiko Nishi. (Por no hablar del manga infantil, cuyo título clave en nuestras tierras es ese Doraemon del que ya hemos dicho maravillas en estas páginas y que no acaba, me temo, de despegar.)

Y es que uno no puede evitar preguntarse quién compra de verdad los tebeos, quién los lee, qué tienen en la cabeza para consumir determinadas cosas e ignorar otras. Que los únicos títulos que parece que se mantienen de las Clamp sean este Luchadoras de Leyenda y el RGleda que edita Norma, en lugar de propuestas más sutiles y de más calado, puede dar pistas al respecto.

No obstante, que nadie deduzca lo que no he dicho: hay más de lo que parece en Magic Knight Rayearth. Es un tebeo juvenil, sí, firmemente anclado en ese curioso subgénero fantástico de niñas que se transforman en guerreras magicas y poderosas, con todas sus constantes argumentales y plasticas. Pero es también una aventura deliciosa, un trabajo rabiosamente pop en el que los lectores desprejuiciados hallarán el último refugio del existencialismo (el único que aún es concebible sin caer en el ridículo: el de falda corta, mirada limpia y Los Fresones Rebeldes de permanente banda sonora)

francisco naranjo

U, el hijo de Urich #9 marzo 1998


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