El estreno cinematográfico de 2001. Una Odisea del Espacio en 1968 supuso el espaldarazo intelectual a la ciencia-ficción, género que por aquellos años recuperaba el favor de un público que, si bien nunca le volvió completamente la espalda, había quedado saturado por los excesos de la década anterior: Un año antes Pierre Christin y Jean-Claude Mézières habían creado para Pilote Valérian, serie destinada a un público infantil y juvenil ambientada en el género, prácticamente ausente en la historieta francesa del momento. En 1969 Antonio Martín, a la sazón director de Gaceta Junior, buscaba series nacionales que pudieran tanto acompañar, y con el tiempo substituir, al material francobelga del que se nutría la revista como venderse en el mercado europeo. Posiblemente pensó que la ciencia-ficción era una apuesta segura (ahí estaban 5x Infinito y Delta 99 para demostrarlo); tal vez. Victor Mora, uno de los guionistas contactados para la empresa, deseara continuar trabajando en un género que abría un abanico amplio de posibilidades y le permitía eludir la gris realidad tardofranquista. El caso es que el prolífico escritor barcelonés, aceptando el encargo, creó Dani Futuro. Cuando se le pidió que seleccionara al dibujante que consideraba apropiado para la serie, contactó con Carlos Giménez. El artista madrileño había abandonado Delta 99 en el momento en el cual Mora substituyo a Jesús Flores Thies en los guiones. El último episodio ilustrado por Giménez fue el primero escrito por Mora, quien quedó muy satisfecho con la resolución gráfica del mismo y deseoso de volver a colaborar con el dibujante.
Dani Futuro supuso un punto de inflexión en la carrera de Giménez, el momento en el que traspasa el umbral entre la etapa de formación y la plenamente profesional; es el trabajo en el cual el grado de madurez apreciable en Delta 99 eclosiona en un estilo propio. Las influencias de Iranzo, Ambrós, López Blanco y, sobre todo, Frank Robbins cristalizaron en un grafismo semirrealista, distanciado del realismo épico característico de dibujantes consolidados del momento como Antonio Hernández Palacios o Víctor de la Fuente, que ira refinándose hasta convertirse en la perfecta expresión gráfica del lirismo patético que tiñe sus historias más personales. Tal vez por encontrarse con un dibujo más suelto y haber desarrollado un estilo personal, Giménez empieza a prestar mayor atención a la narrativa visual y a regalar puestas en escena menos encorsetadas; a experimentar con la planificación de la página, la secuenciación y los elementos del dibujo como medios de expresar emociones además de sucesos. A esta investigación en torno a las posibilidades dramáticas del medio contribuyeron las relaciones excelentes que mantuvo con el escritor. Víctor Mora construyó unos guiones que, conforme la serie se asienta y dispone de mayor número de páginas para desarrollar sus historias, permitieron al dibujante moverse con gran libertad, manejar resortes y desplegar una imaginación desbordante.
La trayectoria editorial de Dani Futuro ha sido accidentada como pocas. Al cierre de Gaceta Junior en 1970 le sucede una breve estancia en el diario barcelonés La Vanguardia aquel mismo año. La resolución de unos problemas legales relativos a la posesión de los derechos del personaje llevó la serie a las páginas de la revista belga Tintín, donde permaneció entre los años 1972 y 1975. Editorial Bruguera adquirió los derechos de publicación y regaló a los lectores españoles una calamitosa edición que no fue precisamente mejorada por la adaptación de algunos episodios a formato apaisado que, con la connivencia del propio Carlos Giménez, realizara en 1981 Hittpres (Toutain) dentro de la colección El Tebeo Semanal. La edición actualmente en curso, a cargo de Forum, parece que será la definitiva de un material que, según palabras de su dibujante, "ha estado siempre disperso, incompleto, mal editado y mal rotulado". Para ella se han rescatado y vuelto a colorear las cubiertas originales de Giménez, se han rotulado nuevamente bocadillos y textos de apoyo y se han encargado una serie de artículos que contextualicen la obra al lector. Todo el proyecto rezuma cariño por parte de sus responsables y goza de una realización técnica casi impecable, empañada por el aspecto retro, casi podría calificarse como rancio, de su diseño de cubierta, poco atractivo para el público más joven, y por algunas erratas en los artículos. La más ostensible aquella que atribuye el tema Capitán Trueno a Suburbano, cuando pertenece al repertorio de Asfalto.
Nos encontramos, en definitiva, ante un sólido producto de entretenimiento, fruto de la colaboración de dos de los historietistas más importantes de nuestro país. Concebido para deleitar, cumple con creces sus pretensiones. La serie cuenta, además, con el valor añadido de haber supuesto el primer trabajo de madurez de Carlos Giménez, la plataforma donde comenzó a experimentar una gramática visual, a buscar unas soluciones en las cuales profundizó en su magna obra posterior. Puede aducirse que el paso del tiempo se ha dejado notar en algunos aspectos, tanto en el tono de las historias como en elementos estéticos y decorativos, muy influenciados por el movimiento hippie del momento. Sin embargo otros, especialmente su concepción narrativa y su puesta en escena, aparecen asombrosamente modernos en el panorama actual, tan saturado de vacuas demostraciones supuestamente esteticistas. Dani Futuro supone una sana diversión, un producto apreciable por lectores de cualquier edad que, ojalá me equivoque, posiblemente pase desapercibido para nuevas generaciones y su difusión quede relegada a un puñado de compradores nostálgicos. Aquellos que, a buen seguro, disfrutarán descubriendo guiños como las continuas referencias a Valérian que salpican sus primeros episodios.
Eduardo García Sánchez
U, el hijo de Urich #10 mayo 1998

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