viernes, 13 de marzo de 2026

La parejita Manel Fontdevila El Jueves


Dos años después de ser premiada por su guión en el Saló y tres después de su estreno en las páginas de El Jueves, La Parejita (inicialmente, La Parejita, S.A.), serie creada por Manel Fontdevila, obtiene su primera (esperemos que no única) recopilación en libro.

Surgida en un momento en que los fallecimientos y los retiros anticipados habían mermado notablemente la calidad de la publicación (problema que aún hoy persiste), la serie de Fontdevila destacó inmediatamente por su fuerza cómica. La Parejita son Mauricio y Emilia, personajes que ya protagonizaban otra serie de Fontdevila, Emilia-o, que aparecía en las páginas de Puta Mili y que giraba en torno a la peregrina premisa del alistamiento de Emilia (haciéndose pasar por "Emilio") para evitar separarse de su amado Mauricio. Este precario concepto de serie daba para bien poco y Fontdevila lo perpetuó como buenamente pudo (no muy buenamente) durante lo que duró la publicación.

Para la revista madre, en cambio, Fontdevila, a pesar de recurrir a los mismos personajes, jugó con la ventaja de un punto de arranque mucho menos constreñido (podemos imaginar que en Puta Mili el concepto le fue impuesto y que en El Jueves gozó de libertad de elección): se trata de hacer crónica de los avatares de Mauricio y Emilia desde el momento en que (solventado el trámite militar) deciden vivir juntos (decisión a la que llegan cuando se dan cuenta de que, entre otras cosas, ya no se esconden para tirarse pedos). O sea, realizar el retrato irónico de unos personajes que, muy posiblemente, representan con bastante precisión al lector medio de la revista, en cuanto a edad, franja social, situación laboral, estado civil, etc.

Estos personajes, por cierto, distan mucho de ser individuos modélicos; al contrario más bien, el autor parece regocijarse, como buen humorista, en retratar a sus personajes por medio de sus defectos más que por sus virtudes. Nuestros héroes son perezosos (urdidores de las ideas más bastardas para eludir el bajar la basura o el fregar los platos), sarcásticos, cutres (capaces de servir pizza a sus padres en una cena de Navidad), celosos y no muy brillantes intelectualmente ("Se parte el pollo y se sazona... ¡joder! pero...¿¿antes o después de descongelarlo?!"). Además, les suele salir una vena cabroncilla y provocadora ante elementos carca-fachosos (como sus vecinos, a quienes gustan de despertar a altas horas de la noche con sonoros polvos) o modelno-snobs (como su amigo Carlitos, al cual gustan de dejar en evidencia, como cuando confunde el ruido de una batidora con la música de algún nuevísimo grupo de rock). Tras todo esto, también podemos percibir que son, en el fondo, buena gente, que se quieren mucho y tal, pero esto le interesa menos a l'ontdevila (y a nosotros; sus defectos son más divertidos).



Fontdevila ha sido capaz de hacer funcionar entrega tras entrega, chiste tras chiste (no digo que no falle nunca, sino que logra que sus dianas compensen con creces los ocasionales tiros fallidos), triunfando allí donde otros muchos (incluso Monteys) no han dado la talla: en el dificultoso formato de la plancha y con la inapelabilidad de la fecha de entrega semanal sobre su cabeza. Ha demostrado con ello poseer madera de humorista total y capacidad sobrada para sobresalir en todos los niveles. Como dibujante brillante capaz de dotar a sus personajes de una descacharrante expresividad, heredada de Vázquez, Ibáñez y algún otro maestro brugueril (ya sé que reivindica Fontdevila a otros maestros foraneos, pero estos, sin duda, fueron primero), y como guionista dotado de un agudo don de observación y de traslación de vivencias reales a la página (tras muchas de las situaciones desarrolladas en la serie parece resonar la voz de la experiencia), y de un humor arrollador en los diálogos ("¡Emilia! ¿Qué te parece si hoy... tralarín?").

Por fortuna hay en La Parejita, poco (más bien, nada) del humor kitsch (o friki, o como quieran ustedes definirlo) que practica Fontdevila en otras obras (¿más personales? ), particularmente en sus participaciones en Mr. Brain, y con el cual no comulgo en absoluto (si acaso, La Parejita entronca mas bien con Hombres-Mujeres, serie de Fontdevila aparecida en los últimos Cairo, que parece bastante olvidada -circunstancia que creo será subsanada próximamente en estas mismas páginas- y que era bastante, bastante buena). Me quedo con este Fondevila cronista del infinito e hilarante anecdotario de nuestra cotidianidad más cercana y reconocible, para el cual ha demostrado, hasta ahora, una habilidad inagotable.

J. Edén


U, el hijo de Urich #11 julio 1998


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