Bob Fingerman es un historietista de 34 años que, atraído por las vertientes más impúdicas de la sub-cultura juvenil - pornografía y gore-, se inició como dibujante en revistas sicalípticas de diversa índole, transitó por publicaciones humorísticas de pelaje más bien cochambroso, entró en Fantagraphics por la puerta de Eros, con alguna obra que obtuvo, incluso, buena acogida crítica, recaló en Dark Horse para realizar una extraña pero sugerente miniserie titulada White like she, se arrimó, en busca de sustento, a Marvel y DC con alguna portada pintada y a Cosmic Comics (aquello de Roger Corman) con algunos guiones y, por fin, afrontó la realizacion de una obra mas personal con la creación, de nuevo para Fantagraphics, de Minimum Wage, serie que debuto en el 95 con un tomo de 76 páginas y que se continua actualmente en un comic-book de comparecencia irregular del cual han aparecido cinco números hasta la fecha (recopilados recientemente en un segundo libro).
En Minimum Wage, Fingerman practica una historieta anclada en su realidad circundante. con evidente poso autobiográfico, que como suele ocurrir en este ¿género? es en su mejores momentos perspicaz, sensible o mordaz y, en los peores, autoindulgente y previsible. Lo que cuenta Fingerman es. ni que decirlo, su propia vida; sus personajes, Rob y Silvia, trasuntos del autor y su esposa. Así las cosas. Minimum Wage propone un escenario humano que nos suena mucho: pareja enamorada, que malviven a base de curros poco gratificantes, que se lanzan a la aventura de la convivencia en pareja, que tienen un montón de amigos pelín "freakies"
Sin embargo, el ingrediente que más llama la atención en MW, por su abundancia y por su peculiar tratamiento, es el sexo. En MW hay mucho sexo. Prácticamente no hay numero sin, al menos, una escena sexual, y en alguno, varias (el primer tomo. por supuesto. esta repleto de ellas), los diálogos y monólogos interiores (de Rob, la voz narradora acaban derivando. en las mas de las ocasiones, a algún asunto sexual. Rob (Bob) trabaja (claro) en revistas porno; incluso en un simple paseo de sus personajes por las calles de la ciudad (Nueva York), no deja Fingerman de resaltar los referentes sexuales posibles. El mundo en el que se mueven es, por otro lado, el de un ambiente, no marginal, pero sí poco convencional, (nada que ver con el american way of life, desde luego). Es un mundo de homosexuales militantes, de artistas que practican el malditismo vocacional, de ufanos pornógrafos, performances sado-maso, piercing a mansalva...
De tebeos, también, aunque no tanto como se podría esperar. Tratandose del (auto)retrato de la vida de un joven historietista, no podía faltar un episodio ambientado en una comicon, pero, también entonces prevalece el enfoque crudo y procaz de Fingerman y lo que podría haber sido un típico festival de chistes para iniciados y de apariciones de "artistas invitados" en plan "a ver a cuantos reconoces, lector" (aunque alguno sí sale; Dorkin, por ejemplo) se convierte de nuevo en un escaparate de la conducta sexual de algunos de los personajes de la serie (incluso el inevitable chiste "trekkie" es de indole genital). En fin, el mejor ejemplo del particular uso que hace Fingerman del sexo como elemento destacado de la serie, lo hallamos en el episodio en que se descubre el embarazo de Silvia. La alarma sobre su estado de buenaesperanza se dispara cuando, en plena actividad amatoria de los pechos de ella comienza a manar leche.
¿Poco sutil? todo lo contrario en mi opinión. El talento de Fingerman reside precisamente en que toda esta "tension sexual" casi permanente resulte natural, y a la vez reveladora acerca de las particularidades de los personajes. Oscilando entre lo patético y lo eufórico. el tratamiento del sexo en MW es realista y creíble y dota de personalidad a la obra sin contar con la ética creativa radical e incorruptible de un Crumb, de un Spiegelman, o de un Bagge, pero sin enfangarse en la ciega supeditación comercial del company man, del "currito-feliz-porque-le-pagan-por-jugar-con-sus-heroes-de-infancia", o del cínico que explota un cierto talento innato para descollar en un medio que realmente desprecia.
Fingerman va trazando una carrera, si bien no excelsa, sí honesta e interesante, comparable a la de otros autores de su generación: Terry LaBan (practicante de un inteligente humor en Unsupervised Existence y Cud y hábil guionista comercial en Grendel y en cosas de Vertigo y Dark Horse); Evan Dorkin (humorista acido y alocado en Dork! y en Instant Piano con trabajos comerciales para Marvel - Bill & Ted y Dark Horse -Predator); Bernie Mireault (delicioso e inclasificable creador de The Jam; excelente dibujante y colorista de alquiler para Dark Horse -otra vez Grendel- o DC); y más (Dave Cooper, Jeff Nicholson, Ed Brubaker...).
Fingerman no es Crumb o Spiegelman o Bagge, insisto, como tampoco lo son la mayoría de jóvenes autores alternativos norteamericanos que han ido apareciendo y siguen haciéndolo. cada vez en mayor numero, durante la segunda mitad de esta década. Los Crumb y los Spiegelman y los Bagge escasean, huelga decirlo, en todo el mundo y en cualquier medio. Así que, bienvenidos sean los Fingermanes
Edén
U, el hijo de Urich #9 marzo 1998

No hay comentarios:
Publicar un comentario