Una vez concluida Los Compañeros del Crepúsculo, Bourgeon se embarcó en terrenos poco conocidos para él. Apartándose del ámbito histórico, unió su imaginación a los conocimientos sobre ciencia ficción poseídos por Claude Lacroix para crear el universo que cristalizó en una nueva serie, titulada en nuestro país como Historia de Cyann. Su primer álbum - La fOntana y la sOnda apareció en Francia en octubre de 1993 y este segundo hizo lo propio a fines de 1997, siendo casi simultánea su edición en castellano. El sistema de trabajo no difirió un ápice de aquel desarrollado por el autor galo en sus obras anteriores, emprendiéndose una labor intensa para "documentar" los mundos y las sociedades vertidos por su ingenio como si de una época histórica más se tratara. Bocetos planos y maquetas de vestuario, tecnología, edificios, ciudades, paisajes, fauna y flora se sucedieron con vistas a crear un medio sobre el cual mover sus personajes. Sistemas políticos, cosmovisión y costumbres fueron perfilándose hasta ensamblarse con la geografía imaginada y conformar los referentes culturales y la mentalidad de los. actores de la historia. De este modo nacieron Ohl y sus habitantes, cuyos culto acuático y sistema político-parental basado en el clan o familia extensa están claramente inspirados en el conocimiento que actualmente se tiene sobre las comunidades humanas que habitaron la Europa Atlántica durante las edades del Bronce final y Primera del Hierro. La pormenorizada creación de este cosmos ha dado origen a La Clé des Confins, volumen cuya lectura no es indispensable para seguir la Historia de Cyann y donde el Vê muestra un saber enciclopédico sobre Ohl, ilO y la historia genealógica de Cyann. Tomando como leiv-motif implícito el lema de la National Geographic Society ("El mundo y todo cuanto hay en él"), sus paginas se erigen como un compendio de conocimientos faunísticos, gastronómicos, etnológicos, artísticos, geográficos, históricos y etimológicos que sin duda satisfarán a todos aquellos que deseen profundizar en este universo particular.
Apoyándose en el dibujo detallista explorado en El Ultimo Canto de los Malaterre, Bourgeon utilizó La fOntana y la sOnda como extensa plataforma de presentación del ámbito donde tienen lugar unos acontecimientos que apenas se plantean en las 110 páginas del álbum, dejándose nudo y desenlace para Las seis estaciones en ilO, el libro que nos ocupa. En él las intrigas políticas ceden gran parte de su protagonismo a las tensiones generadas en el seno de un reducido grupo de exploradores sometidos a la perenne sensación de peligro y sorpresa de quien se adentra en territorios hostiles y mal conocidos. Así como la primera entrega de la serie es un vehículo para mostrarnos el moribundo Olh, este segundo y (al parecer) último tomo se centra en descubrirnos el agreste ilO. Este periplo interplanetario se organiza en torno de una misteriosa plaga que causa estragos en la población masculina y cuya cura podría encontrarse en el planeta ilO, no te permitas la mínima imprudencia mera excusa argumental -McGuffin, en palabras del inmenso Hitchcock- que impulsa y da origen al suspense de la trama.
Siguiendo una constante en su producción, el interés de Bourgeon se centra en mostrar una sociedad que vive un momento en el cual comienzan a efervescer procesos de crisis y transformaciones.
Dentro de estas coordenadas, la acción de Las seis estaciones en ilO (y de Historia de Cyann en conjunto) carece de ritmo, ralentizandose innecesariamente en algunos pasajes y desarrollándose con premura y caos en otros, sobre todo en su tramo final. Da la impresión de que el falso suspense de la trama se les escapa de las manos a sus artífices, quienes obsequian a sus lectores con un final rocambolesco, otro burdo truco de guión, más digno de un telefilme de bajo presupuesto que de la insigne obra anterior de Bourgeon. El relato se ha visto relegado a un segundo plano en beneficio de la atmósfera. Los autores de Historia de Cyann sienten tal orgullo por su creación que ceden a la tentación de epatar al lector, remedando las labores de cronistas de un viaje exploratorio. Se ha renunciado a algo inherente a Los Pasajeros del Viento y Los Compañeros del Crepúsculo, series en las cuales la ambientación se ponía al servicio de la historia y era empleada sutilmente en labores narrativas. En Las seis estaciones en ilO -como si de una superproducción holliwoodiense actual se tratara- es el desarrollo de los acontecimientos lo que se subordina a una descripción ambiental que en ningún momento crea la sensación de maravilla y sorpresa que se desea transmitir al lector. En parte por la carencia de un contenido que otorgue cuerpo al envoltorio más allá de los ocasionales golpes de efecto, en parte porque toda la trayectoria termina siendo un viaje a ningún sitio.
La construcción de personajes, otrora uno de los puntos fuertes de Bourgeon, no es el aspecto más destacado de la serie. Acentuando la tónica de sus trabajos anteriores, los caracteres femeninos son los que poseen mayor fuerza, alzándose en este segundo tomo con el protagonismo absoluto y relegando la figura masculina a un papel de mero comparsa. En el camino relaciones interpersonales que en La fOntana y la sOnda se planteaban para un desarrollo matizado aquí se resuelven con pinceladas gruesas, artifiosidad y diálogos forzados. Como ejemplo más evidente puede citarse la ambigüedad que impregna la amistad de Cyann y Nácara en el primer volumen, extirpada del segundo y substituida por la sensación de soledad que, en su calidad de detentadora del mando de la expedición, acompaña a la protagonista.
Mientras estos sentimientos se nos explicitan de manera poco sutil, el conflicto psicológico que causaría un sacrificio como el que Cyann debe realizar para aceptar su destino no aflora en ningún momento del acelerado tramo final del relato, ni siquiera en esa última escena con ínfulas poéticas.
Aquello que en un principio se prefiguraba como un viaje iniciático queda finalmente diluido en una colección de estampas exóticas con sabor a deja vu y la sensación de que no ha sabido aprovecharse un material de partida que abría muchas más posibilidades.
Tal vez algunas de ellas pudieran desarrollarse por medio de soportes alternativos, como la realidad virtual. Un tímido intento -abortado desde su base por la intención comercial de la iniciativa- es la vistosa página web que Casterman dedica a la promoción de la serie. Para aquellos que deseen acceder a la misma, su dirección es:
http//194.78.49.36/cyann.
Eduardo García Sánchez
U, el hijo de Urich #8 enero 1998


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