El guionista Patrick Cothias y el dibujante André Julliard son, sin duda, dos de las máximas estrellas actuales del panorama historietístico francés. Su saga de LAS SIETE VIDAS DEL GAVILÁN, un conjunto de siete álbumes ambientados en la Francia de Luis XIII, constituye posiblemente el mejor ejemplo de lo que los franceses entienden por un un buen tebeo histórico: serio y riguroso, admirablemente documentado y con una trama densa y rica llena de personajes que van evolucionando junto a la progresión de la propia historia.
El éxito debió ser, con toda seguridad, el impulsor de esta segunda parte de la saga del Gavilán que tan gloriosamente cerraran hace algunos años estos dos autores. PLUMA AL VIENTO es el nombre de esta nueva serie que retoma algunos de aquellos personajes y prosigue las andanzas de la baronesa Ariane de Troil y de su padre, el Caballero Cóndor. Si "LA LOCA Y EL ASESINO" (Cimoc Extra Color n° 126), el primer tomo de esta serie, continuaba la línea argumental y el mismo escenario del GAVILÁN, el segundo tomo, "EL PÁJARO TRUENO", de reciente aparición en España, rompe deliberadamente con el anterior marco histórico para llevarnos al Nuevo Mundo, concretamente a Quebec, capital de Nueva Francia. Esta ruptura, que obedece posiblemente a una búsqueda de salidas argumentales para una historia que comenzaba a resultar algo asfixiante, viene también a ejemplificar la nueva vida de su protagonista, Ariane, a quien habíamos visto morir en la última parte del GAVILÁN y a quien descubrimos viva y medio loca en el inicio de "LA LOCA Y EL ASESINO". Ariane es ahora otra persona, mucho más hermética y fría, una mujer que ha padecido grandes sufrimientos y grandes pérdidas: su hermano, su supuesto padre, su hijo. El encuentro con su verdadero padre, con quien se enfrentó a muerte sin saberlo, es ahora el objetivo de su vida y lo único que, aparentemente, puede darle sen-tido. Y para conseguirlo no duda en partir hacia el Nuevo Mundo siguiendo su rastro y dejando atrás gran parte de su pasado.
El segundo tomo comienza introduciéndonos de lleno, gracias a una magnífica elipsis narrativa, en el nuevo ambiente en el que a partir de ahora discurrirá la saga. En la secuencia inicial, desarrollada en el interior de una vivienda india, se apuntan ya muchas de las claves temáticas de esta nueva historia: el enfrentamiento entre las distintas tribus indias; la lucha interior de Ariane, un "espí-ritu vagabundo" que se debate entre la furia y la violencia ("el espíritu del trueno") y la búsqueda de un destino que le dé la paz definitiva; el abuso del hombre sobre la mujer (en este caso, en las sociedades triba-les) y la figura de Ariane como mujer rebel-de, inconformista y adelantada a su época (algo de lo que tanto y tan bien nos habló Bourgeon en sus AVENTURAS DE ISA); y como tema de fondo, la violencia, la guerra y el enfrentamiento entre pueblos como una vía traumática para resolver conflictos. A partir de esta escena, el álbum desarrolla un extenso flash-back que nos explica todo lo ocurrido desde la llegada a Quebec de Ariane, su contacto con los iroqueses y el encuentro con su padre.
Cothias, una vez más, hace gala de sus habilidades y procura sumergir siempre que puede a sus personajes en medio de los avatares históricos; en este caso, la lucha entre holandeses, ingleses y franceses en el Nuevo Mundo, sus alianzas con los pueblos indios y las luchas tribales a consecuencia de los intereses comerciales de los colonos. La presencia de los blancos se convierte en el gran elemento perturbador; así, la figura del padre de Ariane, convertido por los iroqueses en una especie de figura mítica, el pájaro-trueno", es la viva representación de esa fuerza distorsionadora capaz de remover la paz entre las distintas tribus y provocar su levantamiento contra los franceses y los blancos en general (algo que aún no se produce en este álbum pero que con seguridad está por llegar en los siguientes). El Caballero de Troil, enloquecido y cegado por su propio odio hacia sus paisanos, no duda en provocar la tormenta entre los indios para lanzarlos hacia un levantamiento de consecuencias imprevisibles. Afortunadamente, la obra no cae en el simplismo de presentar a los indios como inocentes salvajes manipulados por los maquiavélicos europeos; el comportamiento de los indios es a menudo cruel y despiadado. Pero sus luchas, a ojos de los europeos, parecen "juegos de niños" inútiles y sin demasiado sentido. Es una lucha cuerpo a cuerpo en la que gana el más fuerte, una especie de competición con sus propios códigos de honor y de hombría tras la que no se ocultan intereses económicos ni oscuras maniobras para conquistar el poder. Algo muy distinto a la forma "civilizada" de entender la guerra que tienen los colonos.
En medio de todos estos acontecimientos, Ariane aparece como un personaje que no toma partido por nadie, que no parece luchar ni defender ninguna causa, a no ser la propia búsqueda de su identidad. Cuando se produce el esperado encuentro con su padre, éste no la reconoce: la identifica con un fantasma. Y como tal parece comportarse, como una especie de alma en pena, perturbadora pero inaccesible, llevada por los acontecimientos y debatiéndose siempre entre la vida y la muerte (aquí está a punto de morir ahogada, para renacer de nuevo entre los indios mohawks).
En definitiva, este segundo álbum supone, sobre todo, un giro argumental bastante interesante que abre nuevas perspectivas a la serie. No obstante, habrá que esperar próximos capítulos para valorar en su justa medida las intenciones de Cothias, un autor que parece necesitar de grandes desarrollos argumentales para cautivar al lector (o al menos, así me sucedió con la serie del GAVILÁN, en la que hasta el tercer o cuarto álbum no conseguí engancharme del todo). De momento la obra promete más de lo que vemos por los dos primeros capítulos. Por lo que respecta al trabajo de Juillard, parece moverse más cómodamente en los ambientes históricos de la Francia del XVII que en los espacios abiertos del Canadá y en los retratos de los pueblos indios. Su trabajo es, como siempre, de una calidad incuestionable, pero a mi parecer demasiado frío, demasiado correcto y exquisito para hacernos sentir este nuevo ambiente mucho más salvaje y grandioso que el de la saga anterior.
Personalmente no puedo dejar de acordarme de otros autores que han dibujado estos mismos ambientes, posiblemente con bastante menos precisión, pero con un mayor aliento poético y una sensibilidad más intensa.
Enrique Bonet
U, el hijo de Urich #4 Mayo 1997

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