Ni se sabe cuánto tiempo después, aparece otro MR. BRAIN, con lo que ya van cinco en apenas cuatro años de nada. Si bien esta comatosa periodicidad sirve para poner en evidencia una vez más lo raquítico de nuestra industria (ya, ya sé que el tema cansa, prometo no volver a tocarlo... al menos en esta reseña), no es menos cierto que MR. BRAIN también confirma lo sabio del dicho popular: el hambre agudiza el ingenio. Y es que, señores, el comic español es pobre, pero no está desprovisto de talento. No me refiero a los talentos consagrados internacionalmente de los Torres y Prado, ni a los talentos aún virginales de tantos jovencitos que están llenando de ilusión montones de comic books a blanco y negro, sino al talento de gente como la de MR. BRAIN, aún joven (de nada), casi desconocida por el público y, al mismo tiempo, suficientemente experta para saber cómo hay que hacer las cosas y para estar en perfecto dominio de sus facultades artísticas.
MR. BRAIN es un tebeo de humor que por momentos roza lo excelente (estoy seguro de que con dinero y medios realmente profesionales sería más que excelente) y que hace gala de un buen gusto exquisito y de una elegancia estética intachable. Eso es lo único que a veces me molesta de MR. BRAIN, el exceso de celo en buscar la referencia cool, la alusión de buen tono. Pero para ser justos hay que decir que este mal, que afecta a casi todos los que viven de o para el ocio cultural y tienen por debajo de 40 años, casi nunca estorba al resultado final del tebeo porque MR. BRAIN no es una postura, es una actividad. Este número marca, por cierto, la adscripción de la revista a un nuevo modelo del pasado: Bruguera. Dejando de lado las portadas a lo E. C. Comics (maravillosas, sí, pero que pintan bien poco en nuestra tradición viñetera), las huestes del Señor Cerebro parecen haberse girado para mirar de frente el PULGARCITO, el Tío VIVO y el DDT, que al fin y al cabo siempre han sido el humus subyacente. Claro que aquí no hay "escuela" que valga, cada autor contribuye con su propia voz a hacer un poco más variado MR.
BRAIN. Por encima de todos, esa bestia de las viñetas que es Manel Fontdevila nos regala más carcajadas de las que podríamos pagarle, como debe ser. La historieta de Rosenda, la Gallina Mutante y Psicópata de Plutón, es tan buena como siempre (las tres primeras viñetas, de antología), pero las dos páginas de "ME SUCEDIÓ A MI", un nuevo capítulo en la saga de "Mistetas", deberían hacerle ganar directamente el premio a la mejor obra de 1.997. Se harán muchas cosas este año, pero nada podrá superar la sencilla y brillante perfección de esa pequeña historieta. Brocal (otro monstruo) y Víctor Aparicio también dan el do de pecho, y entre los demás hay sabores para elegir: algo serio, algo gracioso, algo raro, y hasta algo hecho para salir del paso (claro que salir del paso con la elegancia de Gallardo no está al alcance de cualquiera). Además, nos siguen dando lecciones de historietismo, esta vez recordando a Chaland, así que al final les queda una revista tan guapa que hay que envidiarla. Me gusta pensar que si el U fuera una revista de (y no sobre) tebeos, tendría de novio a MR. BRAIN.
Trajano Bermúdez
U, el hijo de Urich #4 Mayo de 1997

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