miércoles, 4 de junio de 2025

Sebastião Salgado, el fotógrafo de las injusticias

El fotoperiodista brasileño, que durante más de cuatro décadas retrató muchas de las comunidades más marginadas del planeta y todo el esplendor natural de la Amazonia, muere en París a los 81 años

Naira Galarraga Gortázar

São Paulo

Mina de oro de serra pelada brasil 1986 trabajadores


Sebãstiao Salgado, el brasileño que documentó a través de la fotografía los grandes desafíos contemporáneos, como la protección del medio ambiente, las migraciones o el trabajo, falleció ayer a los 81 años, según confirmó el Instituto Terra, que creó junto a su esposa, Léila Watnick Salgado. El fotógrafo murió en París, donde residía, a causa de una leucemia, según explicó su familia. La enfermedad era una de las muchas secuelas de una malaria que contrajo hace décadas. El fotoperiodista, que llevó el fotoperiodismo a la categoría de arte y manejó con maestría el blanco y negro a lo largo de su carrera, tenía previsto participar hoy en Reims en la inauguración de unas vidrieras diseñadas por uno de sus hijos para una iglesia. 

Sebastião Ribeiro Salgado Júnior nació en 1944 en un pueblito llamado Aimorés, en el estado cafetero y minero de Minas Gerais. Su formación en economía moldeó su visión del mundo, le hizo poner el foco en las injusticias que corroen el planeta y en los marginados. La etiqueta de artista le disgustaba, prefería definirse como fotoperiodista. Alguien preocupado por los males que aquejan a los más desfavorecidos, por la avidez consumista, por la salud del planeta.

Dedicó su último gran proyecto a la Amazonia, que retrató en todo su esplendor con el fin de alertar al mundo sobre su extrema fragilidad. Era en cierta manera un regreso a casa tras una exitosa carrera internacional. Sus exposiciones, en las que la belleza servía para abrir profundas reflexiones, recorrieron el mundo. Su esposa era su más estrecha colaboradora como comisaria de sus exposiciones y editora de sus libros monumentales, como Éxodos, Génesis o Trabajadores.

Léila Wanick Salgado hacía la selección final de las imágenes, el destilado de un trabajo documental que entrañaba años de trabajosos viajes de su marido por varios países de los que regresaba con miles y miles de imágenes. El brasileño puso su lente sobre muchas de las comunidades más marginadas del mundo, fueran los trabajadores rurales, los mineros furtivos en busca de la pepita de oro que les cambiaría la vida, los africanos que vagaban por tierras desérticas en busca de agua y un futuro, o los indígenas.

En sus 48 expediciones a la Amazonia durante varias décadas fue acompañado por un guía de montaña. También viajaba con un traductor, un antropólogo y un cocinero. Al llegar a una aldea, acompañaba a los nativos en sus tareas cotidianas como cazar o cocinar antes de colocar una tela para crear un estudio en plena selva y pedirles que posaran.

"Los indígenas de Brasil nunca han estado tan amenazados, pero tampoco tan organizados", decía en 2022 al presentar en São Paulo la exposición inaugural de Amazonia. La muestra, resultado de siete años de sobrevuelos y expediciones a la selva, ha corrido varios países. En aquella comparecencia ya dejó claro que el de Amazonia era el proyecto final de su vida, pero también que un fotógrafo como él nunca se jubila porque jamás abandona la cámara ni el afán de documentar el mundo que le rodea.

Todavía como economista, Salgado empezó a hacer fotos con una cámara Leica durante algunos viajes de trabajo por África. Fascinado, en pocos años dejó el cargo como secretario de la Organización Internacional del Café y emprendió una carrera como fotógrafo independiente. El intento de asesinato del presidente Ronald Reagan, en 1981, a manos de un admirador de la actriz Jodie Foster, cambio la vida del fotógrafo brasileño, que colaboraba con algunas agencias de prensa. Salgado, que cubría los primeros 100 días del republicano en el poder, fue testigo del atentado, en Washington, y sus fotos dieron la vuelta al mundo. Con el dinero que ganó, marchó a África a trabajar en su primer proyecto personal.

"Se dijo que yo hacía estética de la miseria. ¡Y una mierda! Fotografío mi mundo", dijo el brasileño en una entrevista con El Pais Semanal, en 2019, en referencia a una crítica verbalizada por Susan Sontag. En esa conversación también explicó que su decisión de trabajar exclusivamente en blanco y negro obedecía al intento de evitar que el colorido distrajera a los observadores de los protagonistas de su obra. Retratar a los desfavorecidos de la tierra no fue una elección personal, contó, sino un puro reflejo de su origen. "Soy una persona del Tercer Mundo. Conozco África como las líneas de mi mano, porque hace solo 150 millones de años África y América eran el mismo continente".

Salgado recibió en 1998 el Premio Príncipe de Asturias de las Artes y era miembro de la Academia de Bellas Artes de Francia. Galardones a una mirada siempre empática con los que más sufren. Viajero incansable, en su dilatada carrera Salgado recorrió el planeta con especial atención al Sur Global, donde documentó hambrunas, guerras, explotación laboral, travesías migratorias... El proyecto que le consagró internacionalmente, a mediados de los ochenta, es el dedicado a los mineros furtivos de Serra Pelada, aquel impresionante hormiguero de hombres atraidos a la Amazonia brasileña por una fiebre del oro.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, despidió ayer a Salgado recordando que "su inconformismo con el hecho de que el mundo sea tan desigual y su obstinado talento para retratar la realidad de los oprimidos siempre sirvieron de advertencia a la conciencia de toda la humanidad". El mandatario recibía al presidente de Angola, João Lourenço, en el palacio de Planalto, en Brasilia, cuando fue informado de la noticia. El regalo que tenía preparado para su homólogo era, precisamente, un libro de fotografías de Sebastião Salgado, uno de los brasileños más universales.


El Pais. Sábado 24 de mayo de 2025

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