Sillón de orejas
Pornografía
Por Manuel Rodríguez Rivero
Falocracias
Cuando se percibe el final de algo, brota la nostalgia sobre lo que se supone en trance de desaparecer. Y la nostalgia es, por definición, un falso recuerdo o, por lo menos, una reminiscencia interesada (de casta, de clase, de género). Talleyrand, el sacerdote y diplomático que remodeló Europa a principios del XIX, lo expresó a su manera: quien no ha vivido antes de la revolución ignora lo que es la dulzura de vivir. El imperio de la falocracia, hasta hace poco escasamente contestado, llega a su fin, aunque sus peores coletazos durarán aún bastante, desdichadamente. La nostalgia, sin embargo, puede manifestarse también como ironía, quizás como autocrítica. Todo eso me parece advertir en un librito no venal editado por Jesús Egido (el editor de Reino de Cordelia) como obsequio más o menos navideño, y que, con el título Las pollas de Coll, rescata la pequeña colección de dibujos de penes que el genial cómico José Luis Coll -uno de los mejores exponentes del tardo-surrealismo cómico que surgió durante la dictadura como escape a las grisuras del entorno -fue reuniendo a base de preguntar con desarmante candidez a sus amigos y contertulianos ilustradores: "¿Me dibujas una polla?". Los "artistas polleros" que colaboraron (¿quién se podría resistir a la petición?) fueron muy variados, incluso ideológicamente: en el librito -desde ya una rareza de bibliófilo a menos que Egido se decida a publicarlo con ISBN- se recogen dibujos de penes, cipotes o rabos de toda forma y condición de artistas tan diferentes como Mingote, Summers, Chumy Chúmez, Julio Cebrián, Forges, Máximo, Gila, Abelenda, Martín Morales, Mena y Alfredo, entre otros: una muestra singular de pollas imaginadas por algunos de los más importantes dibujantes del tardofranquismo, cuando el humor gráfico era todavía una de las pocas grietas en la granítica censura del franquismo. Nostálgica es también, a su modo, la recuperación, una vez más, de Las once mil vergas, de Guillaume Apollinaire, que Akal anuncia para este año en traducción de Isabelle Marc. Publicada clandestinamente en 1907 bajo la autoría de "G.A.", el libro se convirtió rapidamente en un éxito de ventas prohibido y deseado, y Picasso llegó a decir que era el más hermoso que había leído. Las once mil vergas, que guiña el ojo en el título a la leyenda de las vírgines de Santa Úrsula, es un compendio disparatado y adobado con salsa rabelesiana de las peripecias sexuales (de Bucarest y París a Port Arthur), del hospodar (príncipe) Mony Vibescu, en el que abundan sodomidaciones, estupros, necrofilias, pedofilias, vampirismo y todo lo que Sade quiso escribir y se atravió a hacer. Si están interasados en la cara más devastadora de la adicción sexual desde el punto de vista de un obseso, no se pierdan la película Shame (Steve McQueen, 2011) con Michael Fassbender, que está que se sale, y Carey Mulligan, que también, y que, por cierto, interpreta una versión estremecedora del estándar New York, New York (1977), compuesto por John Kander para Liza Minnelli. De nada.
El Pais. Babelia Nº 1.522 Sabado 23 de enero de 2021
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