martes, 20 de septiembre de 2016

KRAZY KAT (1913-1944)

 No hay explicación posible

El adicto a Krazy Kat tiene siempre la sensación de que «lo tiene», de que «lo ha comprendido», sólo él sabe cuál es el sentido oculto y profundo de ese mundo loco, salvaje y onírico creado por George Herriman y debe explicarlo a los demás que, obviamente, no entienden nada.


Krazy Kat es el que más ha sido comentado de los grandes de los cómics siendo como es el más difícil de comentar. No hay explicación posible para Krazy Kat; entre todos los significados políticos, alegóricos, filosóficos, mágicos... atribuidos por los devotos lectores y expertos, permanece como experiencia personal única, para ser vivida sólo de primera mano.

La historieta en sí está basada en el eterno triángulo amoroso pero con una diferencia: el triángulo lo componen un perro, un gato y un ratón.

Ofisiá Pupp, un perro muy masculino está loco por Krazy, un gato de género indeterminado (unas veces es «él» y otras «ella») que está perdidamente enamorado/a de Ignatz Mouse, un ratón macho que vive sólo para reafirmar su hostilidad por Krazy lanzando ladrillos contra su enamorada cabezota. Ignatz recorrería cualquier distancia para encontrar un ladrillo para Krazy; y Krazy vive para ser atizada por el omnipresente ladrillo que para él/ella es la prueba de que su «cielito» es sincero, constante y no la olvida. Es su insistencia en ver la situación a su manera lo que confiere a la historia su tono peculiar.  También consigue que «Ofisiá» Pupp («Oficial» según la característica pronunciación de Kat) ame al inocente gato/a aún más si cabe y trate de protegerlo de los viciosos lanzamientos de Ignatz, pero lo que él no imagina, y nosotros sí, es que los ladrillos voladores son la primera fuente de felicidad para Krazy.





Todos los días durante treinta años este pequeño drama y sus infinitas variaciones se desarrollaba en el condado de Coconino. Como en todo mundo de ensueño, todo es posible en Coconino; a vuelta de viñeta el día se convierte en noche y el lector o los personajes ni siquiera pestañean.




Pero por cada «fan» que gritó «¡lo tengo!» había probablemente cincuenta que nunca consiguieron entender a dónde diablos iba a parar todo aquel cosmos surrealista.

Krazy Kat fue considerada la serie de cómics más grande de todos los tiempos incluso en su propia época. Los incondicionales no soportaban perder ni un solo episodio, había imágenes de Krazy Kat en libros, juguetes y camisetas. Y los periódicos   más   renombrados   aparecían con artículos sobre la serie, incluso un prestigioso ballet puso en escena una coreografía basada en la creación de George Herriman. Pero nunca fue un éxito de masas: mientras otras historietas populares, como Blondie aparecían diariamente en cien periódicos, Krazy Kat aparecía sólo en treinta y cinco.

Por suerte, uno de los forofos era el propio William Randolph Hearst que dio orden de que Krazy Kat continuase mientras George Herriman quisiera. De modo que la serie no murió hasta que lo hizo su creador en 1944. Para los seguidores de Krazy Kat durante tantos años, la pérdida fue terrible.

Pero la serie se convirtió en leyenda y lo que se convierte en leyenda no muere nunca.

Y parece siempre que los tiempos y las épocas no llegan nunca a ponerse a la altura de Krazy y su mundo definitivamente fuera del espacio-tiempo.      L.O.













Publicado en la revista mensual de cómics para adultos, Nº1 La Oca, Barcelona, marzo 1985.


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