domingo, 10 de abril de 2016

Sillón de orejas por Manuel Rodriguez Rivero


Crumb

CAMBIAN LOS TIEMPOS y los públicos, y la lectura no es lo que era. No lo digo como elegía, sino como constatación. Por ejemplo, el auge de la novela gráfica y del cómic: cada día se editan más y mejores muestras que se venden bien en una época en la que ya no resulta nada fácil ni siquiera vender los best sellers más bestseléricos, como indica el Nielsen. En las últimas semanas me han llegado, en¬tre otros muchos, libros de dibujos de El Roto (Desescombro; Reservoir Books), Liniers (Macanudo 11; Reservoir Books), Oski (Ars Amandi; Zorro Rojo), Gervasio Troche (Dibujos invisibles; Lumen), además de dos excelentes ejemplos de los nuevos modos de contar historias con dibujos: Intrusos (Sapristi), que incluye seis relatos de Adrián Tomine, y El día de Julio (La Cúpula), una saga familiar del también californiano Gilbert (Beto) Hernández. Pero permítanme que me moje recomendándoles un álbum compacto que me tiene fascinado: Héroes del blues,el jazz y el country (Nórdica), de Robert Crumb, que reúne los retratos de varias docenas de grandes intérpretes de la más genuina música "estadounidense. El viejo y rijoso Crumb (Filadelfia, 1943), que me dejó buen recuerdo personal cuando lo conocí en el festival La Risa de Bilbao de 2013, pintó estos retratos para ser reproducidos y comercializados como cromos o postales. Yo conseguí a buen precio el de mi adorado Big Bill Broonzy (1893-1958) —de quien ahora mismo estoy escuchando su versión de Nobody's Business—, en un general store de Clarksdale, Misisipi, una de las mecas del blues. Ahora aparecen juntos en un álbum a todo color y tapa dura que se vende a 25 eurillos e incluye un cede con música (blues, country y jazz) seleccionada por el propio Crumb. Disfrútenlo.




Max

Mi ANTIGUO COMPAÑERO MAX regresa con una obra mayor. El Museo del Prado —lo que indica que allí también se mueven cosas— le encargó (dándole carta blanca) un cómic sobre El Bosco para acompañar la gran exposición organizada con motivo del quinto centenario de la muerte del gran pintor de Hertogenbosch, capital de Brabante que aquí llamábamos Bolduque. Max, que es un dibujante concienzudo y que se documenta bien, se ha pasado varios meses sumergiéndose en la obra de El Bosco antes de ponerse a trabajar. El resultado —al que he podido tener acceso privilegiado y casi clandestino— es una increíble historia de 72 luminosas y más bien austeras páginas, dispuesta en tres partes en torno a otras tantas obras del pintor: La extracción de la piedra de la locura, Las tentaciones de san Antonio y El jardín de las delicias. Max ha elaborado su reflexión gráfica a dos tintas sobre el arte de El Bosco a partir de pistas visuales y conceptuales que están presentes y evolucionan a lo largo de cada una de las partes de la historia, suministrando una original perspectiva de la propia evolución intelectual del maestro. Por lo demás, el hecho de que el fascinante tríptico (220 x 389 centímetros) de El jardín de las delicias fuera un encargo (probablemente de Enrique III de Nassau) le ha permitido a Max una reflexión oblicua acerca de su propio encargo (por El Prado). El álbum, editado por el museo, se publicará a principios de mayo. Ya me he puesto a la cola. •

El Pais Babelia Sabado 9 de abril de 2016

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