jueves, 3 de abril de 2025

Wakfu gratis en Youtube (temporada 3)

Ankama Animations continúa ofreciendo la serie " Wakfu " gratis en YouTube, con la llegada de la temporada 3 esta semana .

Como es habitual, la serie completa está disponible en todo el mundo (con subtítulos en varios idiomas), excepto en Francia, ya que los derechos de emisión pertenecen a France Télévisions (que también ofrece la serie gratuitamente desde hace tiempo).


Via Catsuka


miércoles, 2 de abril de 2025

BONE / Jeff Smith



A veces tengo un sueño particularmente vívido. En él me veo atravesando un desierto inacabable en compañía de mis dos primos: el alto y desgarbado Smiley camina a mi lado con su habitual sonrisa plácida en la cara; Phoney, enfurruñado, arrastra los pies y murmura contra la ingratitud de nuestros vecinos. Mientras camino me doy cuenta, con esa claridad que solo se tiene en sueños, de que en realidad los tres somos una sola persona, o tres partes de un solo espíritu... Pero antes de poder desarrollar esa idea nos vemos sumergidos en una asquerosa nube de langostas que nos separa y desorienta. Cada uno de nosotros llega por su cuenta a un valle diminuto, tan antiguo como el mundo, en el que el tiempo parece haberse detenido y en donde intuyo que voy a vivir una aventura épica e irrepetible... Y entonces me doy cuenta de que esa nube de langostas es la puerta a través de la que he entrado en la Dimensión Desconocida.

Leer Bone del tirón, en su formato de novela gráfica, es como dejarse llevar por un sueño agradable y retorcido de los que le asaltan a uno las noches largas de invierno. Un sueño en que se mezclan las normas clásicas de los cuentos de hadas (una princesa que desconoce su verdadera identidad, un héroe honesto pero improbable) con una imprevisible lógica interna por la que los insectos hablan y se comportan como amables espías, una anciana compite contra vacas corredoras en desquiciadas maratones o una abeja gigante fuma puros y se pelea a puñetazos. Bone parece a primera vista el sueño que podría tener un niño, con sus protagonistas con alma de cartoon dibujados con trazos sencillos, su frecuente recurso al slapstick de caídas, golpes y carreras, o sus chistes visuales de humor blanco que invitan a la carcajada (el mítico «¡estúpidas, estúpidas mostrorratas!»). Pero es algo más que eso. Bone es más bien el sueño que podría tener un adulto recordando inconscientemente la imaginación desbordante y el sentido de la maravilla que solo poseen los niños. Cuando el héroe Fone Bone sueña con un dragón mayor que una montaña asomando en medio de un tsunami accede a ese sense of wonder que desencaja la mandíbula y llena de asombro y fascinación. La tiernísima «historia de amor» entre la princesa y el héroe, desprovista de carácter sexual más allá de un par de chistes inofensivos, recuerda a los primeros e intensos romances de la infancia...

Este sutil equilibrio entre trasfondo infantil y narración adulta ha sido frecuentemente incomprendido. Jeff Smith, creador y alma de Bone, fue contactado hace años por los estudios Paramount y Nickelodeon para preparar una película de animación. El autor aceptó pero fue listo, redactó bien el contrato para no perder el control de su obra, y acabó renunciando a la película cuando desde los estudios le presionaron para que «simplificara» e «infantilizara» el argumento e incluyera una canción de (ay, dios) Britney Spears o ‘N Sync. Entiendo perfectamente la negativa de Smith, por muchos millones que se pusieran encima de la mesa. Meter algo así en una película de Bone es abrirle la puerta a una intromisión violenta del mundo adulto en un espacio que no le corresponde. Bone ya no sería equivalente a un adulto soñando como un niño, sino a un adulto tratando a un niño como un imbécil para idiotizarlo y venderle cosas. ¿Cómo mezclar el marketing prefabricado, moderno y de rápido consumo de Spears con una historia intemporal que rescata la poderosa ingenuidad de la infancia?

Para evitar este tipo de dilemas (entre otros motivos) Bill Watterson renunció a que se produjera cualquier tipo de merchandising de su Calvin & Hobbes: ni película, ni videojuego, ni tazas de desayuno. Pero Jeff Smith no es Watterson, por suerte y por desgracia, así que no solo se ha desarrollado un videojuego (curioso pero pelín olvidable) a través de Telltale Games, sino que, tras el tropezón con la Paramount, vuelve a estar sobre la mesa la posibilidad de una película de Bone, esta vez con Warner Brothers y el estudio de animación de Happy feet.

¿Qué debería contener una película de Bone para respetar el espíritu del cómic? En primer lugar la estética, el dibujo claro, dinámico, expresivo y engañosamente sencillo de Jeff Smith... Trazos claramente deudores de la mítica tira cómica Pogo de Walt Kelly, pero con suficiente personalidad propia como para ser reconocibles no solo en sus personajes, sino en situaciones y escenarios. Ronda por ahí un vídeo en que se ve a Smith paseando por Old Man’s Cave, la caverna auténtica en que transcurre parte de la acción del cómic, y sorprende comprobar cómo logró dibujarla simplificándola y reduciéndola a su mínima expresión, respetando al mismo tiempo su esencia en unos pocos trazos precisos.

Inicialmente Bone se publicó en blanco y negro, hasta que Art Spiegelman tuvo una larga charla con Jeff Smith en la que le convenció de que para la edición en novela gráfica contratara a un colorista. Este fue el argumento definitivo: «Maus habla del Holocausto, de la guerra, así que debe estar en blanco y negro. Bone trata de la vida, y no estará acabado hasta que esté en color».

Por supuesto, Spiegelman tenía razón. Por debajo de los chistes y de las batallas circula una enérgica corriente subterránea de vida, renacimiento, humor y valentía como antídotos para la tragedia. En varias entrevistas Smith ha dejado entrever que cada elemento de Bone tiene una simbología que no le apetece hacer explícita, y cierto es que la narración deja caer pistas y fogonazos de una cierta mitología: el sueño como conector de todos los seres vivos, el papel de los dragones y el señor de las langostas como opuestos necesarios en la creación del valle y por tanto del mundo... Y, en un memorable episodio, la aparición de una luz cálida, acogedora y al mismo tiempo terrible en lo más profundo de la oscuridad.



Jot Down - Cien Tebeos Imprescindibles (2014)

Castigando, que es gerundio

¿Qué tienen en común Rusia y Vietnam con el expeditivo Frank Castle?




José Luis Vidal

30 de marzo 2025

Para dar respuesta a esta pregunta, dirígete a tu librería más cercana y allí encontrarás que el azar editorial (o tal vez no) ha hecho que en los dos últimos meses lleguen a nuestras manos sendas obras protagonizadas por El Castigador, ese vigilante que ha protagonizado cientos de páginas de cómic, pero que hay pocos guionistas que hayan entendido tan bien al personaje como el irlandés Garth Ennis.

En la colección regular protagonizada por Castle, Ennis vertió todo su vitriolo, mostrando a un personaje impasible, frío como el hielo, y con una clara misión (¿obsesión?) en su vida: acabar con todos los criminales que se cruzaran en su camino. Pero como todos sabemos, el guionista tiene un sentido del humor bastante personal, que le identifica al leer unas pocas páginas de la mayoría de sus cómics, por lo que las andanzas de su protagonista estaban salpicadas en muchas ocasiones por momentos desopilantes.

Pero curiosamente, este no es caso. Ennis también posee una faceta como creador más seria, terriblemente seria. Si a esto unimos sus profundos conocimientos sobre los diferentes conflictos bélicos que han golpeado a la humanidad, tenemos dos obras tan impactantes como Soviético y La Caza de Furia.

Y hete aquí que otra de esas felices coincidencias se ha dado en el apartado gráfico. Y es que ambas miniseries publicadas por Panini Cómics en nuestro país vienen dibujadas por Jace Burrows, y no podría imaginar a un mejor artista para plasmar en viñetas las andanzas de Frank Castle.

En La caza de Furia vamos a hacer un viaje al pasado, a la guerra de Vietnam, y como una especie de secuela a la miniserie protagonizada por Nick Furia, que también escribió Ennis junto al dibujante croata Goran Parlov, nos lleva de nuevo a aquellos días. En esta ocasión para ver como Furia es apresado por las tropas de los Jemeres Rojos, y vendido posteriormente al ejército de Vietnam del Norte, que sabe que Furia posee mucha información sobre los diferentes operativos que actúan de manera oculta en el país, y van a sacarle esos nombres y datos aplicando inimaginables métodos de tortura.

¿Y qué pinta aquí Castle? Pues bien, con el grado de capitán, y una hoja de servicios repleta de heroicas acciones, aunque como siempre, muy expeditivas, es llamado a la oficina de su superior, un comandante que no se anda con chiquitas y que, presionado por dos agentes de la CIA, va a encargar a Castle una misión que se sale de lo habitual…

No, no es precisamente que encabece el rescate de Furia, cosa harto imposible debido a la seguridad del lugar donde lo aprisionan, sino que antes que desvele todos los secretos que posee, deberá eliminarlo. Sí, esta es una misión de asesinato, pura y dura. Y como suele suceder en estos casos, las cosas se van a complicar bastante, y nuevos ‘actores’ harán su aparición para ponerle las cosas más difíciles a Frank Castle.

Curiosamente, toda la historia vendrá narrada por un temible enemigo, Letrong Giap, un sonriente anciano vietnamita que conoce muy bien a estos personajes, con los que se cruzó en su momento, y tuvo más que palabras.

Y de ahí a la actualidad, y en Soviético, El Castigador continúa con su misión, pero esta vez eliminando a criminales relacionados con la mafia rusa. Pero resulta que alguien misterioso está copiando los métodos de Castle, masacrando a los tipos que trabajan para el capo ruso Konstantin Pronchenko. Y eso es algo que el vigilante no está dispuesto a permitir, ya que no le gusta que nadie se meta en su terreno.

Inevitablemente va a toparse con Valery Stepanovich, un tipo de casi eterna sonrisa, bebedor de vodka, que le contará el por qué de su labor, que llevará los recuerdos a la guerra de Afganistan, conflicto en el que Rusia tuvo un papel muy importante.

Valery formaba parte de un escuadrón de tipos duros, magníficos operativos que solo se encargaban de las misiones más complicadas. Bajo el mando de Pronchenko, se habían ganado una merecida fama, pero un fatídico día se les encargó una misión en la que fueron traicionados, rodeados por muhaidines que masacraron al grupo, dejando con vida tan solo a Valery.

Aquello no fue una desgraciada casualidad, y toda la culpabilidad señala hacia el capo ruso con el que Valery tiene la intención de compartir unas últimas palabras, y aunque al principio Castle, un solitario por naturaleza, no está dispuesto a acompañarlo, alguna que otra peligrosa situación los hará emprender un letal camino que tal vez los lleve hasta su objetivo.

Como os comentaba, dos historias duras, con momentos de extrema violencia, que nos vienen a demostrar la crueldad de los conflictos bélicos, en estos momentos actuales en los que la situación internacional no es precisamente todo lo pacífica que debería.


Diario de Cadiz


martes, 1 de abril de 2025

CÓMO VESTIR PARA GANAR AL AJEDREZ Por Jacinto Antón

Vestidos para la aventura

Mi teoría es que Spassky perdió ante Fischer por ir vestido como de sección de caballeros del GUM de Moscú

El séptimo sello, de Bergman, una de esas partidas que todos seguimos con cara de Akiba Rubinstein.


Parecerá un poco tarde para hablar de ajedrez cuando ya se ha visto Gambito de dama hasta en Gambia, pero estaba pensando la jugada, jajaja. Del ajedrez opino como Woody Allen, que es un juego que desarrolla la inteligencia para jugar al ajedrez. Sin embargo, eso no significa que no me haya visto atraído por la mística del tablero, y seducido por su glamur. Una vez incluso traté de aprender a jugar en serio, con la notación estándar y todo: fue durante "la partida del siglo", entre el aspirante Bobby Fischer y el campeón del mundo Boris Spassky del 11 de julio al 31 de agosto de 1972, que acabó con la victoria del primero (12 puntos y medio contra 8 y medio) y dio carpetazo a un cuarto de siglo de reinado soviético. Aquel verano me bajé de mi moto Montesa, dejé de lado la raqueta de tenis Dunlop Maxpy y adopté la pose (y el atuendo) de un ensimismado jugador de ajedrez. Era lo que tocaba: si no estabas al día en ajedrez y no tenías una opinión o una frase oportuna sobre la partida no eras nadie y, lo que era peor, no ligabas. Qué importante es darte cuenta de por dónde sopla el viento y no confundir el escaque con el escaqueo ni la defensa Petroff con la ternera Strogonoff.

En el Club Viladrau, el casino de veraneantes de toda la vida y un templo de la bebida que ríete tú de Cuernavaca, se colgó un tablero y se reproducían los movimientos de Fischer y Spassky con ceremoniosa trascendencia. Los cuatro replegados que sabían de verdad de ajedrez y que siempre habían sido unos frikis a los que todo el mundo evitaba se convirtieron de un día para otro en la gente a tener en cuenta. Todos les escuchábamos cantar los movimientos con tono sacramental como grandes maestros, poníamos cara de Akiba Rubinstein enfrascado y asentíamos ("hum, claro, claro, eso es, diablos") cuando el alfil de blancas imprimía presión sobre el peón de negras o algo así. De manera no premeditada, empezamos a vestir distinto. No puedes parecer un experto en ajedrez calzando botas de trial, llevando pantalones de piel de melocotón o camiseta del Pachá de Sitges.Y es que pese a que en Gambito de Dama Beth Harmon vestía como le daba la gana, el ajedrez requiere pensar lo que te pones, como todo lo demás, ya que estamos.

Se ha escrito poco sobre la importancia de la indumentaria en el ajedrez. Mi teoría, que aquí ofrezco gratis, es que Fischer ganó a Spassky por la ropa. Es verdad que no podría sostener alguna otra dado que apenas distingo un gambito de un gambón y me hago un lío con el enroque. Pero era imposible que ganara vestido de esa manera como de sección de caballeros (soviéticos) del GUM de Moscú: se le veía incómodo, por no hablar del tupé. Mi recomendación es vestir de capa negra. Y con pasamontañas negro. Efectivamente: como hace la Muerte (Bengt Ekerot) en El séptimo sello, esa película que ya no puedes ver sin pensar en Para acabar con Ingmar Bergman y Para acabar con el ajedrez, dos de los capítulos más desternillantes de Cómo acabar de una vez por todas con la cultura, de Woody Allen.

Si te presentas ataviado de Muerte y con una mano en la Dama y la otra en la guadaña es difícil que tu rival mantenga la concentración; y en cuanto se despiste, tú ¡chas!, jaque mate.


Revista ICON nº89. Julio 2021


El sendero del bárbaro

De náufrago a prisionero, para convertirse en héroe contra las maquinaciones de un poderoso hechicero

José Luis Vidal

27 de marzo 2025 

La vida del personaje creado por Robert E. Howard es de todo menos apacible, y como podréis ver al principio de este cómic, está a punto de perderla devorado por los letales tiburones, ya que se encuentra solo, abandonado en medio del mar, con el único soporte de una tabla de madera que impide que se ahogue en las procelosas aguas…



Marvel Premiere 125. La espada salvaje de Conan 1: La secta de Koga Thun


Guion: Gerry Duggan

Dibujo: Ron Garney

Tapa blanda

Color

128 págs.

13 euros

Panini Cómics


Pero claro, la suerte siempre está de su lado, y un bajel que pasaba por allí lo recoge. Lo malo es que sus tripulantes son piratas, contrabandistas, esclavistas que sin ningún tipo de cuidado, lo engrilletan y arrojan a un rincón.

Tan solo la solidaridad y cuidados de otro esclavo, Suly, harán que el enfermo Conan logre recuperarse y, sin pensarlo dos veces, trate de huir de su oscuro destino, unido por una cadena a la pierna de su benefactor, lo que hará que ambos vayan a compartir una peripecia única y muy peligrosa.

Una vez en la costa, tras no poco esfuerzo, y habiéndose llevado un misterioso cofre, el cimmerio tendrá una extraña visión, hecho este que va a ser interrumpido cuando se encuentren con el verdadero peligro de este relato, la existencia de un hechicero, Koga Thun, que ha esclavizado a los habitantes de la una ciudad, Kheshatta, a la que mantiene prisionera gracias a su peligroso acólitos y sus poderes místicos.

Pocas cosas impiden que el protagonista se detenga, y una de ellas no será la presencia de algunos seguidores del hechicero, con los que va a tener algo más que palabras, por lo que una vez en la urbe, la casualidad hará que conozcan al alguien que se convertirá en una inesperada aliada, la guardiana de la vetusta biblioteca del lugar, una mujer de armas tomar, Menes.

Este trío de personajes va a vivir desde ese momento una increíble aventura, plagada de peligros y misterios, colgando siempre de la cuerda floja, enfrentados a los siniestros planes de Koga Thun, que parece tener ojos en todas partes.

Gerry Duggan firma un guion que no da respiro al lector, y se acompaña con un dibujante que os puedo asegurar que firma algunas de sus mejores páginas, y que en este caso particular, se convierte por méritos propios en uno de los mejores artistas que han llevado las peripecias de Conan a las viñetas, el gran Ron Garney.

En La secta de Koga Thun se encuentran todos los ingredientes, perfectos, para disfrutar de una aventura del bárbaro cimmerio: Peligro, aventura, monstruos, hechiceros, bellas mujeres, y un misterioso tesoro que permanece oculto del tiempo y la memoria.

¡¿Qué más se puede pedir, por Crom?!


Diario de Cadiz


domingo, 30 de marzo de 2025

ODIO Peter Bagge



Años noventa. Buddy Bradley se ha independizado de sus padres y se ha mudado a Seattle. Es la ciudad de moda por aquel entonces, no faltan grupos de rock, fanzines, artistas y aspirantes a artistas. Podría ser una gran historia generacional, pero a Buddy todo le sale mal, el mundo bohemio cada vez le parece más estúpido, lleno de frivolidad y tontería, hasta tal punto que termina volviendo a Nueva Jersey, con sus padres, a intentar mantener un negocio estable y llevar una vida de pareja. Es decir, una vida ordinaria, un infierno todavía peor que el anterior. Si la adolescencia es una época a la que se suele mirar con un punto de melancolía y frustración, el retrato que hace Peter Bagge de la «liberación» que viene después es una tragedia escalofriante.

Su dibujo bebe tanto de la historieta underground americana de los años sesenta y setenta, esos Gilbert Shelton y Robert Crumb, como de los dibujos animados que veía cuando era niño. Cuando en Odio hay discusiones, y este es un tebeo que transcurre a golpe de broncas domésticas, la expresión del trazo es tan vehemente que el lector se sorprenderá pidiendo la vez para intervenir en la pelea.

Parte de la gracia macabra de toda esta saga reside en el determinismo social con el que Peter Bagge rompe todos los tópicos de lo políticamente correcto. Los grupos de música, lo normal es que fracasen. Los intentos de ganarse la vida fuera del mundo de la empresa suelen tornarse charlotadas. Las relaciones sentimentales, por supuesto, también hacen aguas. Y si duran lo suficiente, son tediosas. ¿Una aventura para salir de la monotonía? Será patética. Los amigos muchas veces te parasitan, se aprovechan de ti, cuando no te roban directamente o te difaman. Al hermano de Buddy de pequeño le gustaban los Masters del Universo y le pegaba su hermano mayor, obviamente, cuando crece es un marine sin seso y con problemas de alcoholismo. Y al fan de Duran Duran, cuyo mal gusto musical era legendario, a ese le va bien. Se hace policía y, eso sí, fan del soft country.

Porque no se puede huir. Buddy quema los mejores años de la vida convirtiéndose poco a poco en una réplica de lo que siempre detestó: sus padres. Pero en el camino nos deja sus profundas reflexiones. Alegatos de odio contra todo. Las mujeres, los modernos, los artistas y sus fans, los coleccionistas de tebeos, discos o memorabilia. Las frases que Bagge pone en su boca hoy serían retuiteadas hasta la saciedad. Porque esa es otra, Buddy tiene aforismos para todos, pero los suelta tumbado en el sillón, zampando cereales «Alegritos» y sándwiches, sin mover el culo para nada que no sea sacar unas cervezas del frigorífico. Es el arquetipo del hombre de hoy: otro vago, erudito de la cultura popular que no va a cambiar el mundo ni por accidente.

Peter Bagge ha estado más de diez años dibujando a Buddy, su novia Lisa y todo un catálogo de secundarios impagable. Podría decirse que Odio se divide en dos partes simbólicas, la primera mitad en blanco y negro y la segunda en color. Las cotas más épicas las alcanza ese primer Buddy, pero a medida que avanza la historia el relato es cada vez más profundo. Podría ser una película arquetípica de Sundance, pero a nuestro protagonista, por ejemplo, le dan asco las lesbianas con piercings y sobacos peludos, le descolocan las mujeres liberadas sexualmente y ha hecho abortar a su novia Lisa media docena de veces. No es un modelo indie muy exportable. Y no lo es, básicamente, porque el autor no le castiga nunca por este tipo de conductas u opiniones, no le da ninguna lección. Es un cabrón adorable y eso no cabe en las buenas conciencias de nuestro tiempo. Otro aspecto muy reseñable de este tebeo son las referencias musicales. Forman parte del viaje desde el principio. En la serie previa, Buddy y los Bradley, por ejemplo, al Buddy adolescente le pasan su primer disco de los Yardbirds y se abre para él un mundo nuevo. Y al final, en las últimas entregas, cuando a Buddy no le queda más remedio que ligar por internet, conoce a una mujer que para sorprenderle le invita a un concierto de U2. En cuanto ve las entradas, nuestro protagonista no puede evitar vomitar en el restaurante en el que están cenando.

En entrevistas posteriores Bagge ha explicado que la música que uno escucha dice mucho de quién es y de cómo se encuentra. Para el lector que sea capaz de entender las menciones a grupos y discos éste es un atractivo más de un tebeo ya de por sí mítico.

Se ha hablado mucho de que Odio es un cómic generacional, pero es algo más que eso. Subraya el agotamiento y degradación del modelo de cultura juvenil tal y como se concibió desde los años sesenta. Dinamita toda la importancia que se le dio a las drogas, la estética y la música. También muestra la mentira en que acabó convirtiéndose la figura de la familia americana surgida tras la Segunda Guerra Mundial. Cuando Bagge llegó con esta canción Todd Solondz todavía no había rodado Happiness. Sin embargo, hay una parte positiva, por supuesto. No hay forma más divertida que Odio de darse cuenta de que todo es una mierda. Como dice la contraportada del volumen diez, ¡que corra el Prozac!


Cien Tebeos Imprescindibles (2014)


sábado, 29 de marzo de 2025

El fuego que nunca cesa LA BALADA DEL NORTE TOMO 4

Diego Espiña Barros




La balada del norte. Tomo 4

Alfonso Zapico 

Astiberri 

España 

Cartoné

240 págs. Blanco y negro

Obras relacionadas

La balada del norte Tomo 1

Alfonso Zapico

(Astiberri Ediciones)

La balada del norte Tomo 2

Alfonso Zapico

(Astiberri Ediciones)

La balada del norte Tomo 3

Alfonso Zapico

(Astiberri Ediciones)

El grito del pueblo

Jacques Tardi

(Norma Editorial)

Berlín

Jason Lutes 

(Astiberri Ediciones)


Diez años ha tardado Alfonso Zapico (Blimea, Asturias, 1981) en terminar lo que semejaba una labor titánica y a priori imposible: contar la Revolución de Octubre de 1934 en Asturias, episodio histórico de sobra conocido, antesala y ensayo de la barbarie que llegaría en 1936. Una década de trabajo que Zapico cierra por todo lo alto con este cuarto y último volumen,

El autor asturiano vuelve a desplegar su prodigio-so dominio del claroscuro de manera impecable. Lo hace tanto desde el punto de vista artístico como ético. Son los suyos personajes de carne y hueso, cuya humanidad, fortalezas y flaquezas enriquecen un escenario que, ahora sí, se adivina del mismo color que el carbón que entierran los valles asturianos. Desde un punto de vista formal, el autor asturiano continúa con la planificación ya expuesta en los volúmenes anteriores. Así la narración se desarrolla en acciones y lugares de forma simultánea siguiendo los distintos caminos emprendidos por los personajes. En este sentido, la paleta de grises configura un mapa sensorial en el que los negros dominan las escenas de mayor emotividad y acción, mientras que los blancos alumbran aquellas más costumbristas y humanas. Parece haber un intento en este volumen de recrearse en la belleza del paisaje asturiano, dulce y salvaje como sus habitantes, que, lejos de la suciedad y el ruido de las páginas anteriores, algo lógico desde el momento en que ya se ha perdido la batalla, solo queda mantener viva la llama de la esperanza. En este sentido, cabe destacar la plasticidad e intensidad desplegada por Zapico en las dos escenas de acción del volumen, especialmente en la que supone el desenlace de la obra; trágico, y, sin embargo, hasta cierto punto reconfortante.

Más allá de disputas políticas y pseudohistóricas (estas últimas siempre insoportables por cuanto rescatando del injusto rincón al que la tragedia posterior había arrojado el levantamiento minero asturiano y a quienes lo protagonizaron, desde su vanguardia dinamitera a las bambalinas de unos poderes fácticos en permanente sospecha sobre el pueblo sometido. La historia se retoma con Apolonio y Tristán escondidos en las montañas de las cuencas mineras, quienes, junto a otros desdichados, tratan de esquivar a las fuerzas del orden enviadas desde Madrid para enterrar, literalmente, los últimos rescoldos revolucionarios. Isolina, tras su paso por la cárcel, está de vuelta en Montecorvo, donde, junto a otros, sufrirá en carne propia la feroz represión sobre quien solo pedía mejores condiciones de vida y trabajo. Lejos de todo, Largo Caballero está en prisión, mientras que Indalecio Prieto llora, arrepentido, junto a otros exiliados en Francia. Lo cierto es que poco importan sus desdichas. Zapico, como los grandes novelistas del xix, ha destinado su obra a dar voz a los sin voz. A aquellos que, más que hacer la historia —dicen los libros de ídem—, la protagonizan; para bien o para mal. Casi siempre para mal.

Mezclando historia y ficción, Zapico nos ha regalado un ejercicio de lo que E.P. Thompson dio en llamar «historia desde abajo» tienen de intencionalidad revisionista en el peor sentido del término —esta estupidez de tildar el levantamiento asturiano de primer golpe de la futura contienda (in)civil), esta tetralogía coloca a su autor a la altura de gigantes del medio de la talla de Tardi, Sacco, Lutes o el propio Spiegelman: no se trata de (re)contar eventos históricos, sino de hacernos partícipes de los mismos a través de la piel de quienes los vivieron y sufrieron. Mezclando historia y ficción, Zapico nos ha regalado un ejercicio de lo que E. P. Thompson dio en llamar «historia desde abajo».

En su camino hacia una derrota sabida, el lector ha visto crecer a unos personajes que ya pertenecen a la historia del cómic español. La fuerza de Isolina, la honestidad de Apolonio y la ingenuidad de Tristán. Y, sobre todo, ha llorado con los secundarios, todos ellos atrapados por el torbellino revolucionario del primer tercio del pasado siglo. Si Isolina es el personaje que más ha evolucionado a lo largo de estos cuatro volúmenes hasta convertirse en roca a la que asirse en la desesperación ante un futuro incierto, Apolonio, central y fundamental de todo el engranaje narrativo, masca la amargura de una derrota que siente más personal que colectiva.

Lejos de lo que decía Karl Marx, las revoluciones no son las locomotoras de la historia. Nada en ellas es inevitable y todo es imprevisible. Y aunque, más tarde o más temprano, todas parezcan condenadas al fracaso, en ocasiones devorando incluso a sus hijos, su brillo sigue siendo hoy el reflejo de un fuego eterno. Así nos lo recuerda hacia el final de este cuarto tomo, con un regusto de amargura, el propio Apolonio, cuando confiesa a sus acompañantes que, pese a todo, volvería a hacerlo. Es el minero el encargado de desvelar el misterio último: una revolución es una ventana para imaginar el futuro; si no el nuestro, el de nuestros hijos. Por los hijos —dice el viejo cascarrabias—, se hace lo que haga falta.


Jot Down 2024

Anuario Comics