martes, 7 de julio de 2026

Hiro y los samuráis

La cuenta atrás ha comenzado, y el joven protagonista de este cómic deberá huir junto a sus robóticos amigos


José Luis Vidal

03 de julio 2026 


Tras un fundido en negro, han pasado cinco meses desde que vimos por última vez a Hiro, y ahora las cosas parecen haber cambiado, ya que además de la ayuda de Sheru y Kombini, la presencia de un nuevo robot aparece en escena, pero la timidez de este tan solo le hará intervenir en el momento más peligroso para el niño.



Ficha
Yojimbot. Acto 2. Noche de herrumbre.

Autor: Sylvain Repos

Tapa dura

Color

160 págs.

25 euros

Nuevo Nueve


Pero esta no es la única novedad dentro de la historia, ya que alguien al que llaman el Derechohabiente, cuya cabeza tiene precio, está acompañando al chico. Pese a su aspecto, en su interior, camuflado, hay alguien muy importante en la vida de Hiro, cuyo único propósito es que este pueda huir sano y salvo de la isla.

Lo malo es que uno de los villanos de la función, Kozaki, pese a haber sido prácticamente cortado en dos por la afilada katana de Sheru, ha sobrevivido gracias a la experiencia y conocimientos científicos de Topu, cuyo único objetivo es borrar de la faz de la tierra al grupo de huidos.

Es por esto que, como ya ocurrió en el primer volumen de esta historia, el camino hacia la libertad va a ser muy peligroso, y pese a que Hiro y compañía hacen lo que pueden para ocultarse y no llamar la atención, Topu cuenta con un auténtico ejercito de drones que buscan a lo largo y ancho de la geografía del lugar, tratando de dar con el paradero de los fugitivos.

Mientras tanto, la relación entre el niño y los robots-samurai se irá haciendo más y más estrecha, tratándolos como si fueran personas reales, pese a que Derechohabiente no parece estar muy a favor de esta 'amistad', y sabe que va a sacrificar a cualquiera de esos robots si con ello consigue que el chaval salve la vida.

Lo malo es que Kozaki, ahora transformado en un ciborg sediento de sangre y venganza, les va a poner las cosas muy difíciles…

Esta segunda entrega de Yojimbot cuenta con todas las virtudes de la primera. Una historia que fascinará a todos y todas aquellas que sean amantes del universo de los samuráis nipones, representados a aquí por un grupo de robots que, pese a tu mutismo, son de lo más expresivos. Y lo van demostrar tanto con sus movimientos como con la extrema habilidad que poseen a la hora de desenvainar su katana, o cualquier otro tipo de arma a la hora de defender al desvalido Hiro.

Por si esto fuera poco, en el apartado gráfico impresiona el espectacular trabajo del autor de este cómic, Sylvain Repos, que parece padecer una maravillosa 'afección', horror vacui, que le hace llenar de detalles todas las viñetas, por los que es un auténtico gustazo realizar un paseo por estos abandonados paisajes, este parque temático en el que la única vida que ha habido ha sido la de sus artificiales habitantes, la comunidad robótica.

Y por si todo esto no fuera lo suficientemente sugerente, el final de esta segunda entrega, un tremendo cliffhanger, que os va a dejar con la mandíbula colgando, rezando para que Nuevo Nueve publique el deseado tercer tomo de esta apasionante historia.


Diario de Cadiz



El coco que salvó a JFK y otras historias de los Kennedy

Vestidos para la aventura

UN LECTOR QUE POR lo visto es más de salacot que de pamela y más de botas tácticas de combate Rocky que de bailarinas troqueladas Renata me afea traicionar la esencia épica de esta columna por haber dedicado la pasada entrega a Carolyn Bessette Kennedy y a John John y no, por ejemplo, a cómo vestían los defensores de El Álamo. He de darle la razón, aunque una lectora bajo el sugerente alias de Ondina Savage se muestra por su parte encantada con aquel texto. Qué difícil es satisfacer a todo el mundo.

El caso es que el cuerpo me pide volver de nuevo hoy a los Kennedy para explicar historias más sorprendentes de la familia, empezando por mi relación personal con ellos. No, no es que haya intimado con sus miembros en Cape Cod y Martha's Vineyard conduciendo con una mano mi propia lancha de caoba Hacker-Craft Classic Tender mientras sostenía con la otra un Ghost Margarita Boston Style. De hecho, son algunos de la familia los que estuvieron hace años en mi casa en Barcelona. Concretamente un cuñado de John Fitzgerald Kennedy, Stanislaw Radziwill, casado con la hermana de Jacqueline, Lee Radziwill (née Bouvier), que a la sazón buscó chalet para JFK y su mujer en la Costa Brava. El príncipe Radziwill nos visitaba porque andaba entonces en negocios con mi padre, entre ellos un primer proyecto para taladrar los túneles del Tibidabo, que desafortunadamente no prosperó (de haberlo hecho quizá sí que estaría yo hoy en Cape Cod y Martha's Vineyard conduciendo con una mano mi propia lancha etcétera).

La otra relación directa (más o menos) con los Ken-nedy, si dejamos de lado haber tenido una crisis (de ansiedad) en Cuba, ser muy fan de Topaz y entrevistar un día a Oliver Stone, fue escribir en este mismo diario en 2014 el obituario del tipo que llevó el coco que salvó a JFK durante la Segunda Guerra Mundial. La cosa merece una explicación. El futuro presidente combatió en el Pacífico al mando de una torpedera, la legendaria PT-109, y el 2 de agosto de 1943 un destructor japonés embistió la lancha, que no era de caoba, y la hundió cerca de las islas Salomón.

JFK, teniente de 26 años y excelente nadador por Harvard, fue decisivo en conseguir que los supervivientes llegaran hasta la isla de Plum Pudding (rebautizada luego isla Kennedy). El joven oficial escribió entonces en la cáscara de un coco un mensaje para que los rescataran y la singular misiva la llevó a la base de las PT en Rendova Eroni Kumana, natural de la isla de Rannonga, que fue al que yo enterré con 93 años (ya sé que no es lo mismo que haber tenido un rollo con Marilyn, pero es una conexión). Kennedy desarrolló un afecto por Kumana y por el coco. Al primero lo invitó a su boda y a su toma de posesión presidencial y el segundo estuvo siempre en su mesa del Despacho Oval y ahora se exhibe en su museo en Boston. Probablemente, Trump lo hubiera pateado hasta las 70 yardas.

En términos de moda hemos de destacar que Kumana lucía a menudo una camiseta con el lema autorreferencial "I rescued JFK" y que entre la ropa más envidiable que vistió nunca Kennedy figura su uniforme blanco de la US Navy: aquí si confluyen la gran aventura y los Kennedy.

No puedo acabar esta crónica de mi relación con la familia sin dejar de señalar que a JFK le quitó de joven la novia el autor de Hiroshima, John Hersey, un periodista. Ahí queda.*

John Fitzgerald Kennedy en 1946, cuando era teniente y combatió en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial.


ICON nº140 Sábado 6 de junio de 2026


lunes, 6 de julio de 2026

¿Quién quiere ser un héroe?

Para ser los mejores, aquel grupo de jóvenes vivirá un auténtico infierno


José Luis Vidal

02 de julio 2026


Ember, la protagonista de este cómic, lo único que había conocido en su vida siempre era la pobreza. Oriunda del planeta Venatu, que carecía de cualquier avance tecnológico, en su interior había ido crecido de manera imperceptible la semilla de la rebeldía.



Ficha
Space Cadets

Guion: Matt Kindt

Dibujo: David Rubín

Tapa dura

Color

144 págs.

25 euros

Astiberri


Así que cuando una inesperada llamada le anuncia que es una candidata a competir para convertirse en una Space Cadet, su primera reacción es negarse con todas sus fuerzas. No quiere venderse a esa organización y que su vida se convierta en algo conocido y seguido por miles, millones de ávidos seguidores.

Pero finalmente, la responsabilidad de mejorar las condiciones tanto de sus padres como convecinos hará que baje la cabeza y suba en la nave que la transporta a la base de estos famosos héroes. Defensores del universo, cuyos nombres, rostros y aventuras se han convertido en míticas.

Mil aspirantes a superar las pruebas de ingreso serán convocados, pero tanto Ember como todos ellos y ellas van a percatarse enseguida que las cosas no van a ser para nada fáciles. Más bien todo lo contrario, ya que a medida que vayan enfrentándose a los diferentes retos padecerán en sus propias carnes el dolor físico y la más que probable expulsión.

Pero si por algo se caracteriza la protagonista de este cómic es por su cabezonería, y pese a que detesta lo que hace y la exposición pública a la que está sometida, con mucho esfuerzo y, por qué no decirlo, algo de suerte y ayuda, irá superando pruebas y acercándose al objetivo final.

Junto a sus compañeros Hermes, Aye-Aye, Gram, Adrenaline-Boy, Sunchest Hawk, Bubble, Krystal, Bludd y Dupe formará un cohesionado grupo, gente en las que puedes confiar cuando el peligro acecha. Pero la decepción no tardará en llegar, y cuando crean que han conseguido su sueño, tal vez este se torne en autentica pesadilla…

La muy bien avenida pareja artística formada por el Matt Kindt y David Rubín vuelve a reunirse. Y como ya sucedió en Ether y Cosmic Detective (también junto al talentoso Jeff Lemire) el resultado no podía ser más genial, creando una historia en la que, además de un argumento que te lleva de la mano, sin dejarte apartar la mirada de las páginas, subyace una clara crítica a la 'importancia' que tienen las redes sociales en la vida actual, haciendo que muchos de sus usuarios se dejen la piel por un mísero like.

También seremos testigos que tras la imponente fachada de un mito, un héroe, puede ocultarse la mentira, los oscuros secretos, la pobredumbre.

En el aspecto gráfico, David Rubín nos sube a una montaña rusa en la que, utilizando los recursos narrativos, la acción avanza de manera frenética cuando toca, con composiciones de página muy originales.

Destacar, y celebrar, el gran formato con el que Astiberri ha publicado Space Cadets en nuestro país, hecho este que el trabajo de Kindt y Rubín luzca aún más.

El volumen se completa con una jugosa sesión de extras, con fichas coleccionables de los diferentes candidatos y un recorrido por el proceso de diseño de estos.

Tal vez ir más allá del infinito no era el sueño que muchos perseguían…


Diario de Cadiz


domingo, 5 de julio de 2026

Carolyn Bessette Kennedy: vestir después de morir

Vestidos para la aventura

YO SOY MÁS DE JFK que de Carolyn Bessette Kennedy, pero me estoy empezando a preguntar si no me habré equivocado. Cada vez me encuentro más gente que habla de la mujer de John John Kennedy y menos de la comisión Warren. Carolyn, precipitada en el mar en 1999 en la avioneta que pilotaba su marido, que era guapo y estiloso pero desde luego no un gran piloto, se ha convertido en una influencer póstuma y está tan de moda, imagino que en parte por la miniserie Love Story sobre la vida de la pareja, que es imposible librarse de su influjo.

El otro día recibí un mail que quiero creer que me confundía con otra persona y que tras preguntarme cómo estaba y desearme una semana estupenda, continuaba: "Si de repente estás obsesionada con el estilo de Carolyn Bessette Kennedy... ¡Tranquila, te entendemos! Nosotras también". Las simpáticas remitentes me señalaban que sabían las marcas que serían sus favoritas "si fuera una chica del 2026", Polin et Moi y Charles & Keith, y me sugerían el bolso Tote Calla XL y las bailarinas troqueladas Renata para recrear su look. En posteriores mensajes ("cómo estás?, espero que fenomenal") he sido informado de que las propuestas de los susodichos Charles & Keith, que incluyen botas hasta la rodilla, tejanos y camiseta, "trasladan el minimalismo sofisticado que tanto la caracterizaba" (a Carolyn) "a un contexto actual manteniendo esa esencia effortless que convirtió el estilo noventero en un referente atemporal".

He descubierto pues, tardíamente, como siempre, que es desde hace tiempo "la eterna musa americana" que marcó tendencia y sigue haciéndolo con su glamour casual y su enfoque desenfadado en el vestir inyectado de la vitalidad de Nueva York (esto no lo digo yo, lo he tomado de la colección primavera verano de 2024 de Carolina Herrera inspirada en Carolyn). Además, en un libro reciente, Iconos de estilo, de Erea Louro, se incluye a nuestra chica entre las 20 mujeres más influyentes de la historia de la moda, en el puesto 16, por encima de Lady Di, Kate Moss y Zendaya. La lista la encabeza... Cleopatra, esa influencer del Nilo. Me he enterado de que Bessette Kennedy sufría por la presión mediática sobre la pareja. Es lo que tiene liarte con un Kennedy, ser guapos y pijos y vivir en un apartamento en Tribeca. A mí no me va a pasar, al menos lo de Tribeca.

Qué decir de John John, el príncipe estadounidense, sexiest man alive 1998 según People: se convirtió en un icono con tres años al saludar militarmente el paso del cortejo funerario de su padre, y su madre Jacqueline se lo llevó de EE UU con su hermana tras el asesinato de su tío Bobby en 1968 considerando que estaban matando demasiados Kennedys. Las cosas que me caen más simpáticas de JFK jr. son que trabajara un verano de vaquero en Wyoming, que salvara a un amigo en un accidente de kayak y que recitara uno de mis poemas favoritos, The truly great, de Stephen Spender en un aniversario de la muerte de su padre. Yo de ser él, discúlpenme, hubiera seguido con Daryl Hannah, que no llevará las mejores sandalias y bolsos pero nos ha dado tanto encarnando a la replicante Pris de Blade Runner o la sicaria Elle de Kill Bill. Y sobre todo, John John, hijo mío (figurado), ¿cómo pudiste preferir una influencer a una sirena. ¡Splash! *


Carolyn Bessette y John John saliendo de casa con ese estilo effortless que tienen los guapos al caminar.



ICON nº 139 Sábado 2 de mayo de 2026

La libertad de palabra, el pánico de las élites y la maldición de Milton

 

El discurso de Sócrates (1867), de Louis Joseph Lebrun. IMPAINT / ALAMY / CORDON PRESS


De las tiranías de la Antigüedad a los peligros de las nuevas tecnologías, el ensayo de Jacob Mchangama repasa la historia de los ataques al pensamiento libre

Por Daniel Gascón

Jacob Mchangama ha escrito una historia del desarrollo y de los ataques a la libertad de expresión, algo que "nunca se pierde ni conquista del todo". A lo largo de los siglos, los poderosos han empleado argumentos muy parecidos para defender las restricciones a la libertad de lo que se escribe, dice y publica: las acusaciones de mentira y amenaza a la estabilidad.

Para Mchangama, esta libertad es la primera: todas las tiranías empiezan restringiéndola. Dos formas de entenderla se han ido alternando: la que distinguía entre parresía e isegoría, más igualitaria y vinculada al mundo griego, y la libertas, elitista y heredada del romano. El autor no se limita a los espacios más transitados. El mundo islámico, Asia y Escandinavia son importantes en la obra, que corrige la visión tópica de la Edad Media como una época de oscuridad.

El libro está lleno de información sobre debates y anécdotas: desde héroes como Mill, Spinoza o Constant hasta liberticidas entusiastas, pasando por censores que escondian obras para ponerlas a salvo. También aparecen fenómenos recurrentes, como la agitación que producen los cambios tecnológicos. Otro es la "maldición de Milton", según la cual quien defiende la libertad de expresión acaba abogando por restricciones. Es algo que podemos ver en el autor de Paradise Lost, pero también en Catalina la Grande o en Elon Musk. Y otro es la "falacia de Weimar" que atribuye el ascenso del nazismo a la permisividad de la República y se emplea para justificar la censura. Esa interpretación es inexacta. Había muchas limitaciones, y las leyes que se emplearon para ilegalizar medios ultraderechistas permitieron que los nazis se presentaran como víctimas y pudieran después perseguir a quienes los criticaban.

El autor se centra en una lectura política: hay un movimiento que va desde la persecución de la transgresión religiosa hacia las críticas a la autoridad y actualmente al discurso del odio, que en ocasiones se combina con la blasfemia.

Los ataques al arte y la literatura son menos relevantes en este libro que la persecución a la crítica política. Se habla mucho de sátira, pero no de Madame Bovary; bastante de McCarthy y no del código Hays. Habla de cómo se cercenaba (y cercena en muchos lugares) la expresión de las mujeres y minorías, y es muy interesante su análisis del imperialismo

También describe las guerras culturales del presente, desde la cancelación hasta las prohibiciones en bibliotecas estadounidenses impulsadas por grupos con nombres tan inolvidables como Moms for Liberty. Se pueden señalar algunas ausencias en esta obra de admirable amplitud se mueve de la Antigüedad a la Edad Media, del humanismo a la Reforma de la Ilustración a las revoluciones y al liberalismo, y llega a las democracias y autocracias del presente. En el siglo XX, cuando habla de regímenes autoritarios y totalitarios, analiza el nazismo, el fascismo italiano y los regímenes comunistas, pero otros, por ejemplo el franquismo, apenas aparecen.

La última gran disrupción es tecnológica: internet, las redes sociales y la inteligencia artificial han producido una aceleración y una polifonía que facilita diseminar falsedades (y hechos). Estas innovaciones generan pánico en las élites. Los temores, junto al concepto del discurso del odio, una imposición de la Unión Soviética y de cuyos peligros ya advirtió Eleanor Roosevelt en su momento -"cualquier crítica a las autoridades públicas y religiosas podría ser considerada con demasiada facilidad incitación al odio y, en consecuencia, prohibida"-, son dos de los grandes argumentos actuales de quienes quieren restringir la libertad de palabra. "Las democracias liberales deben aceptar que, en la Ciudad Digital, no es posible proteger eficazmente a los ciudadanos y a las instituciones de la propaganda hostil, el contenido que incita al odio o los bulos sin comprometer los valores liberales e igualitarios de la propia democracia", escribe Mchangama. Y, como argumenta este libro ágil, lleno de información y referencias útiles, la eficacia de la libertad de expresión para extender esos valores democráticos es insustituible.


Libertad de expresión. Una historia global desde Socrates hasta las redes sociales

Jacob Mchangama

Traducción de Sira Casariego

Ladera Norte, 2026 552 páginas. 24,90 euros


Babelia Núm. 1.798 Sábado 9 de mayo 2026


sábado, 4 de julio de 2026

El fin del mundo

 Paco Roca indaga en los procesos de creación de las emociones a partir de los recuerdos de una relación sentimental que termina

El viaje, de Paco Roca. Astiberri

Por Alvaro Pons y Noelia Ibarra


El protagonista de la nueva obra de Paco Roca, El viaje (Astiberri), comienza su relato en un remoto lugar donde las inclemencias técnicas le dejan varado durante unos días. Un "fin del mundo" geográfico que quizás es la única manera de enfrentarse a ese otro fin del mundo que supone para el ser humano una separación sentimental, poniendo distancia en el espacio y el tiempo, la suficiente para dejar las emociones desbordadas de lado y buscar la reflexión a la que nos ha acostumbrado el creador de Arrugas. Roca es muy consciente de que va a tratar un tema que las ficciones han abordado de forma prolija, pero también de lo fácil que resulta deslizarse hacia el melodrama y sucumbir ante los estereotipos que el amor romántico han marcado a fuego en nuestra sociedad. Pero también sabe que es imposible homogeneizar esa experiencia que comienza con unas palabras demoledoras: "Ya no te quiero".

La indagación sobre los recovecos del amor y la ruptura se estructura en torno a la necesidad de explicar cómo se ha desembocado en este punto sin retorno, de comprender el pasado desde el presente para poder afrontar el futuro de forma que los lectores puedan trascender la historia de esta pareja concreta y conectar con su propia experiencia a través de la búsqueda de la explicación sobre lo que fuimos en una relación y qué seremos tras el duelo.

La subjetividad y fragmentariedad de los recuerdos plantea un reto complejo desde la narración gráfica: intentar responder las diferentes preguntas a las que el personaje se enfrenta ante el fin del amor desde el diálogo de sus personajes, obligándose a un tour de force compositivo que permita que la viñeta pueda albergar esas conversaciones sin caer en la temida repetición. La disección del amor y la reconstrucción del yo pasa por búsqueda de respuestas a dos cuestiones clave: ¿cómo se puede dejar de querer tras una vida compartida? Cómo esa relación de largo recorrido muta y el hogar que el otro encarnaba pierde su sentido. Y la segunda: ¿cuándo dejamos de ser esa persona amada? ¿Cuándo se abandonó esa geografía común gestada al compás? Y, sobre todo, cómo es posible que este proceso ocurra sin que uno de sus integrantes haya sido capaz de percibir que el otro nunca volverá a mirarnos de la mista forma. A partir de esos interrogantes, Roca teje un escenario sobre el que se mueve con comodidad: la construcción del relato personal, de una memoria sentimental que intenta reconstruir esa cartografía compartida de sentimientos que conforma una identidad. Sabedor de que la memoria es solo un constructo que nos permite comprender nuestro pasado, recreándose hasta aceptarlo como propio, el relato de Fran, su protagonista, va desgranado esas preguntas desde el diálogo, siguiendo las fases de un duelo en el que van apareciendo otros temas, por ejemplo los que hablan de cómo las nuevas relaciones deben abordar esa geografía previa de recuerdos, gustos y experiencias, en un intento vano de abordar el amor como un palimpsesto, porque el mapa siempre tendrá recuerdos en apariencia imborrables, que deberán integrarse en las nuevas experiencias. Un relato que le obliga a viajar al pasado para encontrar alternativas a decisiones, que gráficamente delimitará gracias a una paleta que permite imaginar, de la mano de Wells, otros futuros que pudieron haber sido, buscando entre los momentos qué queda de nosotros cuando la pareja se acaba. Pero, también, con la seguridad de lo efímero de esa existencia compartida, implorando no convertirnos en eternos Sísifos del enamoramiento. La memoria siempre ha empapado las páginas de las obras de Paco Roca: la memoria histórica, la familiar, la personal, incluso su pérdida. Pero El viaje aborda finalmente la pregunta decisiva: cómo la creamos desde nuestras propias emociones y cómo nos permite explicarnos y reconstruirnos desde ese sentimiento evasivo al que llamamos amor.


El viaje

Paco Roca

Astiberri, 2026

192 páginas, 22 euros


Babelia Núm. 1.806 Sábado 4 de julio de 2026


jueves, 2 de julio de 2026

¿Quién no puede leer esta revista?

Como suele decirse, “no hay dos sin tres”, y llega a las librerías la tercera entrega de esta imprescindible publicación


José Luis Vidal

25 de junio 2026


Antes que nada me gustaría aclarar un par de cosas. La primera, y creo que más importante, es que durante bastantes años de mi recorrido como lector devoré páginas y páginas de literatura de terror. Como algunas baldas de mi biblioteca atestiguan, me sumergí de cabeza en los personales universos firmados por clásicos y contemporáneos del género. Desde Poe, pasando por Lovecraft, King, McCammon, etc, etc…



Ficha
Tenebre nº 3

VV AA

Tapa blanda

Color

114 págs.

15 euros

Editorial Isla de Nabumbu


Pero llegó un momento en el que se abrieron ante mí otros senderos argumentales, por lo que abandoné ese sombrío mundo, no sin regresar puntualmente de vez en cuando si la ocasión lo requería.

Es por esto mismo por lo que advierto que para nada me considero un experto en la materia, aunque se ha dado la feliz casualidad que entre el variado contenido de este tercer número de Tenebre se encuentran varias novelas y antologías que he disfrutado como lector.

Aunque si hay algo inevitable en esta ocasión es quedarse medio hipnotizado por la excelente portada de la nueva entrega, firmada por Ernesto Priego, y que al menos a mí me ha hecho retroceder al día en el que tuve la fortuna de poder disfrutar de esa película de terror, a la que considero una de las mejores en su género, y que encima estaba dirigida por uno de los grandes nombres de la ficción española, el gran Chicho Ibáñez Serrador.

Y claro, como podréis comprobar, la principal misión de Tenebre, entre otras muchas, es la de homenajear a los grandes nombres del terror patrio, y de ahí que este número esté dedicado a Juan José Plans, con un extenso y meticuloso repaso a la vida y obra de este autor, de infatigable talento, que entre muchas otras interesantes obras nos hizo desconfiar para siempre de los más pequeños de la casa, naciendo de su imaginación el argumento de ¿Quién puede matar a un niño?

Pero este no es el único contenido de esta revista, ya que también hay espacio para hablar de otros grandes autores que, como Robert Bloch, que tuvo el 'honor' de convertir al tímido propietario de un apartado motel en uno de los grandes personajes de la literatura de horror.

Se realizará un recorrido por sus últimas obras, y en las siguientes páginas podremos comprobar la enorme influencia que la obra de Clark Ashton Smith tuvo sobre las creaciones de algunas autoras. Pero esta tan solo será una parada, ya que con la clara intención didáctica de esta publicación, nacida del amor por el género que Javier Alcázar, su editor, nos encontramos con la segunda entrega de un minucioso recorrido por las obras publicadas en la mítica colección Gran Super Terror (miro hacia uno de mis estantes y veo a varias de estas…).

El viaje no terminará aún, ya que un selecto grupo de expertos en el género diseccionan varias creaciones de Plans, culminando con una completísima bibliografía, un paseo por varias novedades editoriales y un estudio sobre la presencia actual del género en nuestro país.

Como ya ocurre con otra de las publicaciones de la editorial Isla de Nabumbu, con Tenebre dan en la diana, gracias a la calidad de esta revista que, con tan solo tres entregas se ha convertido ya en lectura imprescindible para todos aquellos amantes del Terror con mayúsculas.


Diario de Cadiz