jueves, 12 de marzo de 2026
El genio que jamás creyó en el genio
Los ensayos de Edgar Allan Poe revelan a un autor analítico, fiel en su escritura al rigor propio de un problema matemático y que no entiende de arrebatos de inspiración
Inscripción en el lugar en el que Edgar Allan Poe fue enterrado en 1849, en una tumba sin señalar en Baltimore (Maryland). En 1875, sus restos fueron exhumados y trasladados. BOB KARP (ZUMA PRESS INC./ ALAMY)
POR JAVIER APARICIO MAYDEU
Como del otro lado del espejo / se entregó solitario a su complejo / destino de inventor de pesadillas" (El otro, el mismo') rezan estos versos del poema que Borges le dedicó a Poe sabedor de que el genio de Boston, lejos de integrar el romanticismo auspiciado por la mítica noción de inspiración, es una figura de palmaria anacronía porque sus ideas estéticas no se corresponden con las de la época que le tocó vivir, y pertenece a la estirpe de los artistas que se han visto obligados a construir un mundo literario, a revelar las claves que contribuyen a interpretarlo y a levantar un andamiaje que sustente su poética, y la de Poe es de corte analítico, fundada en la lógica y en los pormenores, fruto de un cientifismo que de algún modo vaticina algunos de los presupuestos de la narrativa naturalista en la que las emociones le llegan siempre al lector tamizadas por la distancia impuesta por el narrador, y poco importa si relata en tercera como en primera persona. Fue Poe el que aseguraba que es primordial disponer de un plan para no desviarse del camino, y que divaga sin remedio el escritor que se deja llevar por la inspiración, inducida o no por paraísos artificiales. Que cada párrafo le rinda pleitesía al texto final. Y es "Filosofía de la composición", breve alegato en detrimento de las musas recogido en el primer volumen de los Ensayos completos, el texto en el que consigna estas convicciones desde la obstinación en obedecer a un modus operandi, persuadido de que "ningún punto de la composición puede atribuirse a la intuición ni al azar; y que aquélla avanzó hacia su terminación, paso a paso, con la misma exactitud y la lógica rigurosa propias de un problema matemático".
Valéry supo ver a través de la idolatría de Baudelaire por el autor de La caída de la casa Usher que Poe es "el demonio de la lucidez, el genio del análisis y el inventor de las combinaciones más seductoras de la lógica con la imaginación, del misticismo con el cálculo". Y a la "matemática tiniebla" de Poe se refiere Neruda en su célebre poema de Canto general. No contribuye el azar, tampoco la intuición, a la invención del arquetipo del cuento contemporáneo y de la poesía simbolista, sí desde luego la disciplina en el proceso creativo y las estrategias discursivas aprendidas en incontables y provechosas lecturas en las que atiende a las historias pero se detiene en las palabras elegidas para relatarlas y en el modo en que son dispuestas con exactitud de orfebre, al contrario, dice, de la mayoría de los escritores, "que prefiere dar a entender que componen bajo una especie de frenesí, una intuición extática".
Junto a la edición de los Cuentos completos publicada por Páginas de Espuma en 2008, con traducción y prólogo de Julio Cortázar y prefacios de Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, y el volumen de Poesía completa traducida y editada por José Francisco Ruiz Casanova (Cátedra, 2016), dispone ahora el lector en español de los Ensayos completos en tres volúmenes que Páginas de Espuma comenzó a publicar en 2018, y el tercero de los cuales celebramos que acabe de ver la luz, de modo que puede acceder en su idioma al vasto universo del autor de Los crímenes de la calle Morgue. Apresurémonos a decir que estos volúmenes podrían haberse titulado Obra crítica porque sobre todo reúnen reseñas y porque bajo este marbete también se acomodan sin esfuerzo los cuatro estudios sobre poesía que abren el primer volumen, sobre todo la imprescindible e influyente 'Filosofía de la composición', el erudito y sumamente técnico La lógica del verso, y una teoría poética en toda regla que lleva por título 'El principio poético' y en el que abunda en la idea de que la creación literaria debe rehuir la pasión porque precisa de la contención (para imponer una verdad, necesitamos severidad antes que la eflorescencia del lenguaje").
En su ensayo sobre Daniel Defoe, a vueltas con la verosimilitud le recrimina al lector que leyendo Robinson Crusoe "ninguno de sus pensamientos es para Defoe, todos para Robinson", como si el éxito de un texto no fuese hijo del talento artístico con el que se ha compuesto. Dedica un 'Exordio a las reseñas críticas' en el que defiende la crítica literaria como un ejercicio riguroso que mitigue en lo posible "la opinión frívola", y en 'Sobre críticos y crítica' encomia la lectura que interpreta y señala defectos y no de la que cae en hagiografías, sino de la que "muestra cómo se habría podido mejorar la obra para contribuir a la cauda general de las letras", a la vez que diserta en torno a la necesidad de una defensa del talante literario norteamericano más allá de la rémora de sentirse colonia británica también en el terreno literario. De entre sus compatriotas, elige autores que podrían constituir el canon de su literatura nacional. Hereda el gótico de Potocki o Walpole y lee a Coleridge con devoción, elogia los cuentos de Hawthorne pero afea el inglés de Fenimore Cooper. Presagia a los 32 años el éxito de Dickens cuando el inglés cuenta con 29. Debate acerca del plagio y de la originalidad, y se permite el lujo de escribir una reseña sobre su propia obra, como hará más tarde Nabokov. Anotemos que la labor crítica de Poe no solo contempla dificultades hermenéuticas o abre debates que auguran el comparatismo, arremete contra formas verbales inadecuadas y riñe al autor que emplea mal el polisíndeton. No es a Poe a quien hay que decirle que la literatura es lenguaje, un eje paradigmático que atraviesa un eje sintagmático, elegir y disponer en el papel, a sabiendas de que "solo un escalón se interpone entre lo sublime y lo ridículo".
Observamos una mente en ebullición, un artista que no entiende de clarividencias y arrebatos y se obliga a comprender los mecanismos del arte y a percibir qué decisiones lingüísticas generan que efecto, un genio que jamás creyó en el genio, un autor genuinamente moderno que ya supo ver, antes de que lo advirtiera Pavese en El oficio de vivir, que "el artista que no analiza continuamente su técnica es un pobre hombre".
Ensayos completos
Edgar Allan Poe
Vol. I. Traducción de Antonio Rivero Taravillo. Prólogo de Fernando Iwasaki. Páginas de Espuma, 2018 522 páginas. 27 euros
Vol. II. Traducción de Antonio Jiménez Morato 2021. 534 páginas. 27 euros
Vol. III. Traducción de A. Jiménez Morato. 2023. 477 páginas. 35 euros
Babelia núm. 1.654 Sábado 5 de Agosto de 2023
Por Norma, cómics
La Hora del Bocadillo
Uno de los sellos de identidad de esta editorial es la variedad en su catálogo. Como muestra, dos botones…
Portada del cómic 'Las hermanas Seasons'
José Luis Vidal
08 de marzo 2026
Cómic nacional, europeo, norteamericano, manga. Un apasionante viaje alrededor del globo terráqueo en viñetas nos espera a la hora de visitar todo lo que edita mensualmente la editorial catalana.
Pues bien, en esta ocasión, nos detenemos en dos novedades, tan interesantes como distintas, lo que hace que el espectro de lectores se amplíe. En primer lugar vamos a conocer a Las hermanas Seasons, un cómic creado por el afamado guionista Rick Remender, un escritor que no le teme a ningún género, ya sea ciencia ficción, thriller (Low, Deadly Class, Black Science…) y que en esta ocasión, junto a su compañero en lo gráfico, Paul Azaceta (Punisher, Outcast…) abren este relato con una breve pero impactante visita a Neocairo en el año 1924, donde el barullo de la urbe se detendrá cuando un colorido espectáculo circense visite y recorra sus calles…
Tras este misterioso prólogo nos trasladamos a la ciudad de Gaulia, donde vamos a conocer a una de las muchachas que dan título a este comic, Primavera, que como si se tratara de un torbellino, provoca el caos por allá por donde pasa. Eso sí, para nada es su intención, ya que lo único que quiere es atrapar una huidiza carta dirigida a su nombre.
Solamente con estas primeras páginas ya quedas prendado por el arte y la narrativa de Azaceta que, junto a Remender, nos van a ir presentando al resto de las hermanas: Invierno, una apasionada pintora que vive enclaustrada en la casa familiar y, como su nombre indica, tiene un carácter más bien gélido, por lo que los roces con su hermana pequeña son constantes.
Otoño sin embargo es un auténtico culo inquieto, y la veremos llegar a un lejano paraje, inhóspito, donde su labor de arqueóloga de lo desconocido se verá recompensada al encontrar un objeto que tiene mucha, muchísima importancia en la trama, pero no de la manera que ella espera.
Y por último, Verano. Supermodelo conocida mundialmente, volverá a Gaulia para contemplar, atónita, que el extraño circo también ha llegado a la ciudad.
Este cómic te agarra desde sus primeras páginas, con una historia que mezcla a la perfección la aventura, el misterio, una pizca de humor, todo ello cubierto por una colorida capa de la cual es responsable Matheus Lopes, uno de los mejores coloristas de la actualidad.
Hablando de colores… El negro es el protagonista en la otra novedad de Norma Editorial, cuyo título es Todo al negro. Por un lado se trata de un enorme homenaje contenido en las páginas de este voluminoso tomo, en cuyo interior vamos a disfrutar de toda la obra en solitario de uno de los grandes nombres del cómic nacional, Keko, un autor con una larguísima trayectoria, que entre estas páginas vamos a recorrer, desde los ya lejanos años ochenta hasta mediados de los dos mil, justo cuando muchos lectores comenzaron a conocerle gracias a su increíble trabajo junto al guionista Antonio Altarriba en su trilogía del ‘Yo’ y El perdón y la furia, o posteriormente en su último trabajo hasta el momento, con Carlos Portela en el thriller Contrition.
Portada de 'Todo al negro'.
Pero en este volumen de lomo negro, negrísimo, prologado por Álvaro Pons y Noelia Ibarra, nos sumergimos en el particular universo del autor, en que vamos a realizar un viaje al look de los años cincuenta, a través de un buen puñado de historias en las que la obsesión, los celos, la locura, el crimen y lo bizarro protagonizan la mayoría de sus viñetas. Una mezcla tan sugerente como personal.
En pocas ocasiones hemos tenido la oportunidad como lectores de disfrutar de la evolución gráfica de un autor como recorriendo las páginas de este tomo. Poseedor de un muy reconocible trazo, consigue crear un universo propio, donde lo surreal nos suele llevar de la mano como en un sueño que suele tornarse en pesadilla en muchas ocasiones, casi siempre con ese giro hacia lo noir, un género que va a caracterizar a la mayoría de los relatos.
Desquiciados doctores, femmes fatales, matrimonios que se encuentran con lo inesperado, criminales sin ningún tipo de escrúpulo, hombre desesperados con un oscuro final… Y así una larga, larguísima lista de rostros, todos en blanco y negro, crispados por lo inaudito e inesperado, en un personal mundo donde todo lo que creemos imposible puede suceder, y acontece.
Y hablando de colores, tan solo habrá en todo este periplo una excepción. Y será en la historias que lleva como título 4 botas, donde el color rojo hará su aparición de manera brutal, y acaparará el protagonismo de una hipnótica historia.
Diario de Cadiz
miércoles, 11 de marzo de 2026
Kodansha - Light Hole: Akira y compañía en stop motion / papercraft
« Light Hole » es una encantadora película promocional para la consolidada editorial japonesa Kodansha , donde muchos de sus mangas están animados mediante stop-motion: Akira, Attack on Titan, Ghost in the Shell... y muchas otras obras aparecen de forma más o menos sutil.
Esta película, dirigida por Toru Katori en Geek Pictures , con Takuro Oishi como director de animación, surgió de una nueva convocatoria de proyectos de marketing de Kodansha (que ya había encargado otras dos películas de marca de esta manera en los últimos años ).
martes, 10 de marzo de 2026
Sandman Mystery Theatre: La Tarantula Matt Wagner/Guy Davis Norma
Sandman Mystery Theatre, uno de los títulos más interesantes no sólo de la línea Vertigo de DC, sino probablemente de toda la producción mensual que nos viene de Estados Unidos, es, como no podía ser de otra manera, perfectamente desconocida en nuestro país. Aquí Zinco llegó a publicar, aunque no se sabe muy bien por qué, el anual 1 de la colección, primer trabajo para DC del fotográfico y hoy archiconocido gracias a mediocridades como Kingdom Come Alex Ross. Y eso fue todo.
Ahora Norma Editorial se descuelga con la publicación de Tarántula (1993), recopilación de los cuatro primeros números de la serie regular, y el prestigio Sandman Midnight Theatre (1995), obra de Neil Gaiman y Teddy Kristiansen, este último un volumen completamente prescindible (excepto por el excelente trabajo del danés) que demuestra lo fácilmente que se puede acabar con el talento de un guionista por el simple procedimiento de endiosarlo y que él se lo crea.
La aparición de Tarántula sería una buena, una gran noticia para los lectores españoles si ello quisiera decir que Norma fuese a seguir publicando, aunque fuera en cochambrosas entregas como la actual, la colección, cosa que me permito dudar muy mucho. ¿Que por qué? Bueno, de momento toda la producción Vertigo que ha publicado Norma procede, bien de tomos recopilatorios, lo que en Estados Unidos llaman trade paperbacks (Hellblazer, Sandman), bien de one-shots o series limitadas (Girl, Mata a tu novio) o bien títulos como Predicador, que DC está republicando en su totalidad en dichos tomos recopilatorios. Tarántula es, precisamente, el único trade paperback que ha recopilado números de Sandman Mystery Theatre. Mientras que en el caso de Sandman el hecho de publicar sólo material ya recopilado no tenía importancia porque lo único que tuvo que hacer Norma fue recoger la antorcha de Zinco en el mismo lugar donde Zinco la dejó, en ejemplos como el de Hellblazer la cosa era más grave, porque Zinco nunca publicó regularmente las historias de Constantine y compañía y cuando Norma se decidió a hacerlo se saltó más de un año de la colección desde el punto en que Zinco lo dejase, justo hasta el siguiente recopilatorio americano, desconcertando por completo a los lectores. De ahí las dudas sobre la disponibilidad o incluso la posibilidad de que Norma vaya a seguir editando la colección.
Y es que Sandman Mystery Theatre es, más que otra cualquier cosa, una historia de amor que se prolonga y desarrolla número a número. Es cierto que en cada arco argumental de cuatro números el enmascarado alter-ego de Wesley Dodds se las tiene que ver con una nueva amenaza o un misterio que resolver, pero el verdadero motor que arrastra todas y cada una de las historias es la relación, a veces tempestuosa, a veces deliciosamente romántica, a veces dolorosamente trágica, y siempre palpablemente real entre Wesley Dodds y Dian Belmont, la independiente y aguerrida hija del fiscal del distrito, en un entorno mítico, el Nueva York de los años treinta y cuarenta, donde nuevos hampones como Bugsy Siegel o Meyer Lansky habían sustituido a los viejos Lucky Luciano o Al Capone, y se codeaban con las estrellas más rutilantes de Hollywood como Talullah Bankhead o William Powell, cuando Dorothy Parker conducía las tertulias del Algonquin y el jazz era omnipresente en la radio y en los clubes nocturnos. La atmósfera de Sandman Mystery Theatre es, como en las buenas películas de cine negro, un personaje más. Y gran parte del mérito de esto se lo reparten cuatro personas: por supuesto, el dibujante Guy Davis, el colorista David Hornung y los portadistas Gavin Wilson y Richard Bruning.
Aún a riesgo de resultar obvio, se puede decir que todo en Sandman Mystery Theatre remite a dos fuentes muy claramente identificables: las novelas pulp y el género negro, quizá mucho más a las primeras que al segundo. De las primeras extrae al héroe enmascarado que lucha por la justicia con cualquier medio a su alcance, algunos argumentos de corte ligeramente más fantástico (como Night of the Butcher, en Sandman Mystery Theatre 25 al 28, Hourman, en Sandman Mystery Theatre 29 al 32) o el carácter episódico de las distintas entregas, que recuerda también a los seriales de radio de la época; del segundo, la ya mencionada atmósfera y los argumentos más policíacos (como este mismo Tarántula).
Tarántula propiamente dicho apenas sirve de más que de presentación de personajes, tarea normalmente engorrosa de la que Matt Wagner sale airoso permitiendo que las acciones de los personajes y ciertas dosis de monólogo interior los definan. Los momentos más interesantes son, por supuesto, cuando Wesley y Dian hablan y se van conociendo v descubriendo, momentos normalmente íntimos de los que los lectores somos espectadores privilegiados. Mucho menos interesante resulta la trama policíaca, con un Sandman que va siempre y literalmente un paso por delante de la policía, y un enredado argumento repleto de pistas falsas y elementos sicológicos un tanto manidos que al final queda en casi nada. Sí que merece destacarse, sin embargo, la sicotizada familia Goldman y sus insanas, alcohólicas e incestuosas relaciones que por momentos recuerdan a uno de los enfermizos argumentos de Jim Thompson.
Decía más arriba que Guy Davis era uno de los principales responsables a la hora de hablar de la atmósfera del título, y es que no se me ocurre mejor palabra para describir el dibujo de Davis que "atmosférico". Davis captura, mostrando así las horas que se ha pasado documentándose, el ambiente y las formas de la época, y su trazo suelto y en ocasiones deslavazado no hace sino darle personalidad a su estilo. Rayas, pliegues, sombras acentúan su carácter. En el apartado gráfico, no sería justo si no resaltase el coloreado de David Hornung, que complementa el dibujo de Davis a la perfección añadiéndole profundidad y aumentando esa atmósfera de tiempos pasados que desprende todo el tebeo.
También destacan por sí mismas las portadas, obra de Gavin Wilson y Richard Bruning, que han conseguido eso tan difícil de que una portada fotográfica no sólo no resulte espantosa, sino que además sea tremendamente atractiva, se integre en el carácter del titulo y llegue a ser parte de la fisonomía distintiva de la colección tanto como los dibujos de Davis o los guiones de Wagner y Seagle, lo que da como resultado que Sandman Mystery Theatre sea mayor que la suma de las partes que la integran, para decir otra obviedad.
Ahora sólo queda esperar que Norma se decida a seguir publicando los avances de Wesley Dodds y Dian Belmont en el campo del amor. Créanme, mejor, mucho mejor que cualquier culebrón. Y no tienen que avergonzarse de leerlo.
gonzalo quesada
U, el hijo de Urich #10 mayo 1998
lunes, 9 de marzo de 2026
Ana Juan, artista: “Vivo de mi prestigio y de trabajar muchísimo”
La ilustradora y pintora, autora de 28 portadas para ‘The New Yorker’, ha competido para realizar la 29ª, sobre la guerra en Irán, mientras triunfa con una exposición de 100 obras sobre su imaginario personal
Luz Sánchez-Mellado
08 MAR 2026
Ana Juan recibió hace unos días un correo, “junto a varios ilustradores del mundo”, invitándola a condensar en una imagen la conmoción mundial tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán para la portada de The New Yorker y se puso manos a la obra. Si resultara elegida, sería su vigésimo novena primera página en la mítica revista americana, desde la primera, en 1995. Me lo cuenta ella misma cuando la llamo para actualizar nuestra conversación principal, que tuvo lugar hace un par de semanas en la sede de su exposición Wunderkammer (Gabinete de Maravillas), en el mismísimo Ayuntamiento de Madrid, a la una de la tarde de un día de diario. Fue curiosísimo ver a una artista mirar a otros contemplando su obra. Un grupo de personas, la mayoría mujeres de edad mediana-alta, atendían atentísimas a las explicaciones de un joven y entusiasta guía sobre las imponentes criaturas salidas de la imaginación de la artista. Pasamos por delante para que la autora posara para el fotógrafo ante una de sus obras, los visitantes se dieron cuenta de que era la mujer de la foto del catálogo, y ella se quería morir de la vergüenza. Pero nos habíamos quedado con Ana Juan, hace unos días, barruntando ideas para ilustrar para la portada de una revista global sobre la guerra.
¿Cómo afronta el encargo?
Me pillas con el lápiz en la mano. Estoy muy tranquila porque veo tan difícil que me elijan que abandono desde ya toda esperanza de ser la elegida.
¿Entonces, para qué ha aceptado la invitación?
Mira, es muy difícil ilustrar esta guerra. Hay demasiadas aristas. La portada no tiene que ser sangrienta. No tiene que ser dura. Hay demasiados actores en juego: Estados Unidos, Israel, Irán, Europa. Los velos, los ayatolás, el imperialismo de Trump. Además, no seamos ingenuos: el New Yorker es cercano a Israel, al lobby judío, y tiene sus propios códigos. No ha publicado ni una portada dedicada a Gaza, por ejemplo. Son las reglas del juego. Las aceptas, o no. Pero, bueno, igual luego, va y me sale algo y les gusta.
Ya le ha salido otras 28 veces.
Bueno, de la primera no se enteró nadie. Fue en 1995, para un especial sobre el hogar. Entonces no había redes sociales y tampoco yo se lo conté a nadie. Una editora de una revista en Barcelona le enseñó un catálogo mío a la nueva editora de The New Yorker y a ella le gustó. Por eso digo que es importante seguir tu instinto. Hacer lo que quieres y convencer al mundo de que necesita tu trabajo, no al revés. En eso soy muy visceral. Algunas de esas 28 están hechas en muy poco tiempo, otras, se han desarrollado a lo largo del tiempo. Y, en todas, siempre me sorprendió haber sido elegida.
Ahí conoce el veredicto, pero ¿qué sensación le produce ver a otros apreciar su obra en directo, como el otro día en su exposición?
Pudor. Hay muchas cosas que una no puede ni imaginar que otros puedan ver en tu trabajo. Eso es fascinante y, al mismo tiempo, me da muchísima vergüenza. Jamás hubiera pensado que alguien se iba a tirar diez minutos, con lo que son diez minutos hoy, delante de alguna obra mía. Por eso no hay cartelas en esta exposición. Quiero que cada uno se vaya a casa con una interpretación diferente, y que, una vez en casa, lo recuerde y tenga más preguntas que respuestas.
¿No le sube el ego?
Mi ego está bastante maltrecho. Está vapuleado, como todos. El camino no ha sido siempre de rosas, también ha habido muchas espinas.
¿Cómo trabaja una artista? ¿Ocho horas al día, de lunes a viernes?
Hacer esta exposición, por ejemplo, me ha llevado todo un año. Trabajo todas las horas del mundo que puedo, hasta que me aguanta el cuerpo. Y, entre medias, acepto algún trabajo de encargo, si me interesa.
¿De qué vive usted?
Del prestigio.
¿El prestigio paga las facturas?
Bueno, vivo del prestigio y de trabajar muchísimo. En España hay que trabajar muchísimo para vivir del arte, del que a ti te gusta, y seguir creciendo como artista, porque el mundo, el público, te exige que siempre seas el mismo, y tú evolucionas, tienes otras inquietudes y tu trabajo no se va a quedar anquilosado. Hay que convencer al mundo de que necesita tu trabajo. Mi éxito, si se puede llamar así, es que he construido mi propio espacio, soy mi propia etiqueta: Ana Juan.
Tuvo éxito muy pronto. Publicó en la revista ‘La luna’ en plena movida madrileña y, enseguida, en EL PAÍS.
Mis primeras ilustraciones las publiqué en el Diario de Valencia en Murcia y ni había acabado la carrera de Bellas Artes. Fui la última de tres hermanas. Nací cuando nadie me esperaba, molestando, como siempre. Mis padres estaban muy ocupados entre bodas y niños, así que no tengo ningún problema en estar sola, hacer mi mundo y mis cosas. Mi primer acto de rebeldía fue no hacer oposiciones, como querían mis padres después de la carrera, y empeñarme en vivir de esto, no sabía cómo, pero lo iba a hacer. Y lo hice. Por desgracia, mis padres no pudieron verlo. Me faltaron muy pronto. Pero le agradezco todos los días su apoyo.
¿Por qué cree que su trabajo triunfó enseguida?
Se juntaron varias cosas. En ese momento había muchas ganas de buscar cosas nuevas, se buscaban cosas diferentes, había que ser innovador y eso se premiaba
Y usted era la más moderna.
Nunca me he sentido moderna. Nunca lo he pretendido, sino hacer lo que yo quería hacer.
En aquella época, Madrid me mata no solo era una revista, sino, casi el lema de la Movida, una forma de vivir. ¿La mataba a usted?
No, yo no sé muy bien cuál es ese mundo del que todo el mundo habla. Yo tenía un plan, que era construir mi vida alrededor de mi trabajo, eso requiere tiempo y esfuerzo y, bueno, no estaba para fiestas nocturnas. Soy muy disciplinada porque disfruto con mi trabajo y me gusta tener tiempo, crecer, hacer mis cosas, investigar, y tener tiempo y espacio también para equivocarme, que tampoco está mal.
Bernardo Pérez
Su exposición está llena de criaturas fantásticas. ¿Ese es su mundo cuando cierra los ojos?
Sí, puede ser. O como yo veo el mundo cuando tengo que trasladarlo a un papel, una tela, o una escultura.
Si estas son las criaturas de sus sueños, sus pesadillas deben de ser de aúpa.
Jajaja. No, simplemente, tengo una memoria prodigiosa, y me acuerdo de todo, y de todos. Esas criaturas son mis amigos, hemos crecido juntos.
También está muy presente el cuerpo, por dentro y por fuera. ¿Es otra de sus obsesiones?
La piel es tu mapa, el mapa de las emociones que te acompañan toda la vida. El campo de batalla donde se han librado todas las alegrías y pensa de tu vida. Y también los órganos, porque son los que mandan en tu cuerpo, y en tu ánimo. Lo que es imposible de abandonar, tanto cuando te encuentras bien como cuando te encuentras mal.
Ahora, lo que impera es pretender borrar esas huellas, o intentar camuflarlas.
Claro, pero hay que vivir con ellas. No estoy en contra de borrar ninguna huella, Soy la primera que tengo coquetería, pero hay que saber evolucionar con ellas. No hay nada más difícil en este mundo que mirarse al espejo y aceptar lo que una es. Lo femenino es lo que mejor conozco. Sé dónde están nuestros puntos débiles, y los fuertes, y nuestro potencial también.
¿Cuáles son los suyos?
Parezco una persona muy resolutiva, muy dura, pero eso solamente es un escudo, porque sé que me puedo romper en cualquier momento. Soy muy dura por pura fragilidad.
¿Qué cosas la rompen?
Bueno, muchas cosas. La soledad, quizá. No tengo ningún problema en estar sola siempre. Pero sí a perder a la gente que quiero. Y lamento no haber dicho algo que tenía que haber dicho y no dije. Lo pensamos cuando ya es tarde. Y eso, el no haber dicho ciertas cosas, el no haber ayudado, el haber sido egoísta, es lo que me rompe, lo que me hacer llorar muchas veces.
En sus fotos, parece que se va a comer el mundo
No, solamente me estoy defendiendo para que el mundo no me coma a mí.
En ese sentido, ¿su arte es su armadura?
El arte es mi lenguaje. Mi idioma. La forma que tengo de comunicarme con el mundo. Mi espada y mi escudo. Soy mala comunicadora en cuanto a palabras, mi única vía de expresión es el dibujo.
¿Ha pasado travesías del desierto creativas?
Haberlas, haylas, y hay que superarlas. Hay que tener recursos, como todo en la vida.
Cuando eso ocurre, ¿qué hace, tira de oficio?
Pues se inventa una cosas, o no, porque muchas veces el resultado de mi trabajo han sido ediciones propias, aventuras en las que me he metido y he fracasado y me he estrellado, y otras que han salido bien, pero de todo eso queda un poso.
Esta entrevista sale el 8-M, ¿cuáles cree que son nuestras esclavitudes hoy, en el Primer Mundo?
La belleza es una de ellas, sin duda. Pero no solo la eterna búsqueda de la juventud, no queremos renunciar a envejecer. Pero, en el fondo, ¿por qué narices hay que envejecer cuando mejor estás en tu vida. Ya no solo por el hecho físico, sino porque yo no conozco otra cosa mejor que la vida. Si la conociera, ya me hubiera ido a otro sitio.
[Antes de cerrar la entrevista, vuelvo a llamar a Ana Juan].¿Ha mandado ya el boceto para la portada?
Sí, y no la han aceptado. No me sorprende. Éramos como 20 ó 30 personas dando ideas y yo no sabía por dónde iban los tiros, nunca mejor dicho. No pasa nada, estoy muy acostumbrada y con el ego blindado.
¿Puedo contarlo?
Como tú veas. Sí. Que el mundo se entere de que nada es un regalo.
LA GRAN HERMANA PEQUEÑA
Ana Juan (Valencia 65 años) es la pequeña de tres hermanas. Dice que ya nadie la esperaba, así que decidió no solo seguir, sino inventarse desde cero su propio camino. Estudió Bellas Artes y, antes de acabar la carrera, ya publicaba sus ilustraciones en la prensa. Fue después, en Madrid, adonde se mudó para buscar su sitio, donde su estilo conectó enseguida con las inquietudes del momento. Se convirtió en presencia habitual en los medios más vanguardistas, entre ellos La Luna y El País Semanal. Autora de 28 portadas de la revista norteamericana The New Yorker, todas ellas memorables, y de infinidad de obras para libros y carteles, triunfa estos días con una deslumbrante exposición en el Centro Centro del Ayuntamiento de Madrid.
Luz Sánchez-Mellado
El Pais Domingo 8 de marzo 2026
domingo, 8 de marzo de 2026
Diccionario Básico del Cómic Federico López Socasau Acento Editorial
Condensar toda la información generada por 100 años de comics en un estrecho librito de apenas 90 páginas parece tarea difícil. También lo es, supongo, realizar la misma labor al respecto de temas como La mitología clásica, El budismo, La ópera, La arquitectura en Europa, Los vascos, El golf o Las religiones africanas, pero tal es el objetivo de la colección Flash que publica Acento Editorial y que en su número 81 ha querido acordarse de nuestras tan a menudo olvidadas viñetas.
Vaya por delante que a mí este concepto de conocimiento me resulta profundamente antipático, aunque muy propio de nuestros tiempos: hablar de todo y no saber de nada, tocar mil palos y no dominar ninguno, leer superficialmente cien materias y no profundizar en ninguna. Pasar, en resumidas cuentas, de puntillas y deprisa por encima de la sabiduría sin dejar que nos impregne ni la punta de los dedos, pero convirtiendo a los usuarios de estos folletos urgentes en ignorantes atrevidos, probablemente dispuestos a sentar cátedra en la primera conversación tabernaria que les dé ocasión. Y es que digo yo: ¿a quien le importa leer cien páginas sobre el budismo si no le importa lo suficiente como para estudiar a fondo el tema? ¿Qué necesidad satisface en una persona que no sea aficionada al cómic este opúsculo presentado bajo el pretencioso título de Diccionario Básico del Cómic?
Puedo intentar responder la pregunta, al menos, desde el punto de vista de la persona que sí es aficionada al cómic. Olvidándome de planteamientos previos y objetivos filosóficos, me he acercado al librín con ánimo de descubrir una píldora de información segura, fiable, rigurosa, ecuánime y bien ordenada.
Lo que me he encontrado es un montón de páginas quizá bienintencionadas, escritas por un aficionado francófilo (modelo Canon de los comics de España y Vidal-Folch) para el cual el cómic fue inventado por Hergé, y el cómic es Tintín. Después de Hergé, están sus discípulos, la escuela franco-belga, de la cual hasta el menor de los miembros tiene una importancia capital, lo que quizás explique que la entrada de Swarte tenga un tamaño tres veces mayor que las de Kirby, Eisner, Tezuka o Schulz. O quizás eso no lo explique, porque también mayor que cualquiera de ésas es la de jAntonio Navarro! Tal vez convenga repasar el capítulo de "ausencias'
Advierte el autor que "El tratamiento de las entradas responde a criterios subjetivos", y también que "Evidentemente, no están todos los que son". Evidentemente. ¿Y quiénes son esos que faltan?
Por ejemplo: Alex Toth, Leiji Matsumoto. Enki Bilal, Wally Wood, Gil Kane, Harvey Kurtzman, los hermanos Hernández, Lauzier, Alberto Breccia, José Muñoz, Alan Moore, Gilbert Shelton o Federico del Barrio. ¿Criterio subjetivo? Sí, claro, que falten estos y que estén Salvador Bartolozzi, Benoît, Madorell, Ana Miralles o Émile-Joseph Porphyre Pinchon yo no lo llamo criterio subjetivo, yo lo llamo ignorancia. La clase de ignorancia que incapacita a una persona para establecer criterios de preferencia de unos autores sobre otros. Podríamos agarrarnos al clavo ardiendo de la tendencia francófila, pero eso difícilmente explicaría las ausencias de nada menos que Christin, Mézières, Charlier y Jijé, que se dice pronto. En el apartado dedicado a series y personajes, de nuevo omisiones abismales a cambio de presencias innecesarias, como son las de muchos personajes de animación que apenas han tenido relevancia en la historieta. Como caso ejemplar, véase la entrada del Pájaro Loco: "En 1947 apareció en comic-book" es todo lo que dice sobre comics. Lo de bienintencionado, entonces, lo decía a cuento de que el autor parece haberse esforzado por presentar algunas muestras de autores y obras ajenos a la influencia de Hergé, Jacques Martin y Bob de Moor, e incluso ha consultado fanzines, textos teóricos y enciclopedias para cubrir sus lagunas. Pero manejar conocimientos de segunda mano y referencias mal entendidas es peligroso: lo que el autor no conoce más que de oídas -y mal oídas- difícilmente podrá explicarlo correctamente. Véase el galimatías que es la entrada dedicada a los X-Men, donde uno casi siente lástima del desconcertado autor, engullido inmisericordemente por el torbellino de secuelas, títulos derivados y demás filigranas de las colecciones mutantes que nuestro hombre ni conoce ni discierne (eso sí. nos revela el poder secreto de Cíclope, "de mirada deslumbrante"). Más grave aún me parece que la mayor parte del mínimo espacio del que disponen las entradas de series y personajes se consuma con exasperantes recitados de adaptaciones fílmicas o televisivas. Podemos enterarnos de todos los actores que han representado a lo largo de décadas a un héroe concreto sin enterarnos de nada relevante respecto a su existencia impresa. Un ejemplo sangrante: en Little Nemo se dedican 13 líneas a hablar del cómic y 24 de la adaptación al cine. Eso no es criterio, eso es desperdiciar el valiosísimo espacio.
Claro que si por lo menos la información fuera fiable... No es porque yo esté especialmente empollado en Batman, pero creo que cualquier persona con un conocimiento mínimo, no del mundo del cómic, sino de la actualidad cultural, podría darse cuenta de que decir "por último, en 1995, el mismo Tim Burton produce Batman Forever" es un desliz importante. Hombre, Batman y Robin era mala, pero tanto como para enterrarla en el olvido... Y, desde luego, ese es un destino que no se merecen las series de animación producidas por el equipo Alan Burnett-Bruce Timm-Paul Dini durante los noventa ("también se hicieron dos series de dibujos animados para televisión, la primera en 1973, y la segunda entre 1977 y 1978"). Claro que la bat-pifia más escandalosa se reserva para la entrada de Frank Miller, del cual se nos comunica que uno de sus trabajos más destacados es "la creación de Robin, su aportación a Batman, en The Dark Knight Return (sic)". Me parece grave deslizar al Capitán América entre los personajes "nacidos gracias a" Stan Lee, o mencionar los galardones más peregrinos recibidos por los más ignotos autores y olvidar el Pulitzer ganado por el Maus de Spiegelman, sin duda el premio más importante jamás logrado por un cómic. Me parece más simpático dedicar una entrada al Capitán Marvel (el de Shazam!, claro), y rematarla diciendo que "En 1982, Jim Starlin crea una Capitana Marvel de raza negra".
Pero, ¿de qué aviesa fuente ha podido salir esta pequeña barbaridad? La absurda sección final de "Curiosidades" me obligará a repasarme dos obras que no he debido entender bien, ya que bajo el epígrafe de "Personajes cuyas andanzas se desarrollan en el mundo de la música" se engloban el Roco Vargas de Daniel Torres y el Peter Pank de Max (ya puestos, ¿por qué no también El Guerrero del Antifaz?). Fascinante me parece la elipsis que sortea veinte años de carrera de Kirby (de 1941 y la creación del Capitán América pasamos a "Posteriormente, trabajó con Stan Lee, creando, entre otras, series como The Fantastic Four, Thor...) teniendo en cuenta que con Carlos Pacheco podemos detenernos a observar que "Entre sus primeros trabajos se pueden citar una historieta en la página del aficionado en Comix Internacional (número 27) y un dibujo de la Justice Society of America, en el fanzine madrileño Stock". Podría llenar todo el U con estas perlas de la torpeza, pero creo que ha quedado claro lo que intento decir: que no he andado hilando fino y buscándole los tres pies al gato, ni fijándome en dos pijaditas. Uno se puede equivocar en dos cosas y en varias más haciendo un libro, pero es que éste según lo he abierto se me ha caído encima como una pared de ladrillos.
Me parecen graves los errores de criterio, me parecen lamentables los errores de documentación, y me parece triste tener que ejercer de verdugo de una obra tan patética y desvalida, mucho más cuanto que su autor es lector del U (espero que siga siéndolo después de hoy), pero creo que ya está bien de arrastrar el cómic por el fango y de tolerar trabajos de quinta fila con una equivocada indulgencia.
Desde luego, si este volumen es representativo del nivel de la colección Flash, creo que prefiero seguir ignorándolo todo sobre El colesterol o incluso sobre La inteligencia.
Trajano Bermúdez
U, el hijo de Urich #10 mayo 1998
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