La Hora del Bocadillo
Albert Monteys lleva a las páginas de cómic una de las grandes novelas contemporáneas con el talento que le caracteriza
José Luis Vidal
11 de octubre 2026
Trasladar a viñetas los textos de un autor no es tarea sencilla, y más cuando en esta los numerosos diálogos tienen una importancia vital, así que la calidad de esta adaptación es aún mayor, ya que Monteys, que ya se enfrentó a una esta misma tarea con Matadero Cinco, esta vez junto al guionista norteamericano Ryan North, ha sabido meterse en la cabecita de este peculiar personaje y salir victorioso de la tarea.
Y es que Ignatius J. Reilly es un tipo, digamos, de lo más curioso. Ya solo su pinta te llama la atención, y seguro que volverías la cabeza si te lo cruzas por la calle para poder verlo mejor: un llamativo gorro con unas orejeras que parecen tener vida propia, enorme chaquetón de cazador que se quita en muy pocas ocasiones, ya que se siente protegido con él puesto y una bufanda para proteger su garganta de las inclemencias del tiempo en su ciudad, New Orleans.
Una urbe en la que, acompañado por su sufrida progenitora, Irene, y debido a su actitud y planta, se convierte en el objetivo de un policía poco hábil en sus tareas, ya que entre una multitud de viandantes, precisamente es Ignatius el que le llama la atención, etiquetándolo como sospechoso.
La algarada que se forma en el lugar llevará al oficial Mancuso a vivir un auténtico vía crucis en las siguientes semanas para demostrarle a su comisario que no es un completo y total inútil.
Y hablando precisamente de inutilidad, este calificativo se forma en la cabeza de Irene a medida que ver pasar el tiempo e Ignatius, que además de tener estudios universitarios que no aprovechó, se jacta siempre de poseer un intelecto superior a la mayoría de sus congéneres, pero que al final, como vamos a poder comprobar a través de sus peripecias, lo que lo caracteriza es una vagancia total y una cara de lo más pétrea, que siempre que se ve acosado por los reproches utiliza su válvula pilórica como excusa.
Si no, que se lo digan a sus compañeros en la empresa Pantalones Levy, donde además de dar un palo al agua, se convertirá en airado líder de una rebelión obrera que culminará de la manera más caótica posible, como no podía ser de otra manera con Ignatius implicado en ella…
Entre problema y problema, el flemático protagonista aprovecha sus largas horas de asueto para redactar soflamas laborales, aplicando su propia y particular filosofía. Eso sí, nunca las firma con su nombre, no sea que se busque un problema.
Historia coral, a lo largo de sus páginas vamos a ir conociendo a su poblado dramatis persoane: desde los trabajadores del bar de alterne Night of Joy, como Jones el barrendero, que no se quita las gafas de sol ni para dormir; Darlene, una inocente prostituta o Lee, la propietaria, que guarda algún que otro secreto.
También tenemos al señor Levy y su esposa, que siente una devoción y especial preocupación por la Srta. Trixie, una anciana que vive absolutamente en su mundo, y que ‘trabaja’ en la fábrica de pantalones junto a su encargado, el sufrido Jones.
O el propietario de Longanizas Paraíso que, desesperado por la falta de trabajadores, tiene la ‘genial’ idea de poner a Ignatius en la calle a vender perritos calientes, hecho este que no solo no reportará ningún beneficio a la empresa, sino que contribuirá a que el negado trabajador gane bastante peso.
No quiero olvidarme de alguien, aunque él no la trate demasiado bien, muy especial para Ignatius. Se trata de su antigua compañera de universidad Myrna Minkoff, una chica que no tiene muy claro qué ser en la vida, directora de cine, activista política…
Su autor, el prematuramente desaparecido John Kennedy Toole, los mete a todos en una imaginaria coctelera, creando una obra que rebosa genialidad, humor, ironía en todas y cada una de sus páginas.
En fin, esta es una genial historia, dotada de un sentido del humor que desafía a los más estoicos del lugar, ya que las disparatadas situaciones que el protagonista provoca van a ir embrollando más y más la trama, mezclando con genialidad a todos los personajes que orbitan alrededor de Reilly.
Y todo ello resuelto con talento por uno de los grandes autores de cómic con el que contamos en nuestro país, Albert Monteys.
Diario de Cadiz


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