viernes, 13 de marzo de 2026

Si yo fuera hombre Julie Doucet Camaleón


Julie Doucet es una historietista que se dibuja a sí misma en una proporción relevante de sus historietas. También tiene una conexión más con el underground clásico, al que se remite quizá más que los otros contemporáneos de su círculo de artistas independientes norteamericanos. Se trata del dibujo, que participa, sobre todo en las historietas más antiguas, de un cierto desmadejamiento, una falta de voluntad por el acabado lustroso y profesional.

Sus orígenes provienen del mini-cómic autoeditado, circuito de bastante vigor hace unos años en Canadá, su país de origen. De ahí a su propio y " profesional" comic book en Drawn & Quarterly, a través del cual, en pocos números para bastantes anos, Doucet ha ido evolucionando y puliendo ese dibujo deslavazado, afianzando los rasgos que, finalmente, parecen constituir un estilo. Otra característica gráfica que resalta poderosamente es la obsesión por el horror vacui que le lleva, en ocasiones, a rellenar con cenefas y adornos los intersticios entre las viñetas, porque no seria razonable meter también allí personajes. Además de animar botellas, tostadoras, cafeteras y todo tipo de utensilios domésticos que acompañan a la autora/personaje a falta de gato o perro.

Lo que más le atrae, o le atraía hasta últimamente, lo que más se podrá ver de su producción en este álbum auspiciado por los chicos de Los muertos, es pasar a papel todo tipo de situaciones, con ella de prota, en las que la mente no funciona bajo los parámetros de la vigilia consciente. Es de las que tiene la costumbre de registrar lo que sueña, y la suerte de soñar cosas que se ve que el subconsciente ha elaborado, que ha trabajado. Y luego, lo pasa a historieta.

Lo que interesa es cómo te mete en un argumento onírico, aunque no sólo son sueños, la manera en que te lleva, al principio, cuando no te ha dicho aún si esto es normal o no y aquello empieza a deformarse de mala manera. Luego, muchos acaban en sangre. Incluso, exceso de sangre, en general, masculina.

En relación con las cuestiones sexuales, estos son sueños que no necesitan interpretación. Pero están bien, son bestias, las ideas se pasan, ves que la lógica se ha ido y eso es contar bien un sueño. No es tan directo, no le sale a todo el mundo y a ella le funcionan.

De todas formas, tienes la sensación de que tanta brutalidad sádico-sexual, con el desparpajo que le pone, es el sano ejercicio de despiojamiento de una persona bastante tranquila y, como muchas que conocemos, en esa franja de edad, buscándose la vida en la gran ciudad, intentando hacer algo suyo.

Porque siempre se presenta tras el salvoconducto onírico. Incluso cuando no se trata de sueños, el tono es el mismo, lo que contribuye a que funcione el absurdo, cuando hace su aparición, de forma natural.

Un punto que le falta es la arena de la historieta larga. O del continuará de Dan Clowes o Chester Brown. No parece que le interese, le apetezca o vaya a pasar, de momento, de esa fase en que las ideas surgen y pasan a la historieta virgenes, directas, breves, puntuales. Sí tiene, aparte ella misma, algún personaje recurrente, como Monkey, del que se ofrece alguna historia en este tomo, que, paradójicamente, es una gata con cuerpo de mujer. Lo de gata son la cabeza y el rabo, pero la cabeza la dibuja tan pegote que parece, en realidad, una máscara. No puedes evitar pensar que es también una forma de ella misma. Un intermedio entre lo que sería un vehículo para contar sueños y un personaje para que le pasen aventuras que, al ir como enmascarado, no importa que no vengan narradas al amparo de la lógica onírica.

Vais cogiendo la imagen, ¿no? La fuerza de esta chica radica en el empuje bruto de su subconsciente, sin mucha elaboración y estructura, ofrecido con su frescura por lo que pueda valer. Tiene una vía de conexión, desde luego, con cosas que ha hecho Crumb y las obsesiones sexuales también aparecen sinceras y desatadas, inadmisibles, seguro, para mucha mente algo cerrada. Pero le distancia de Crumb la cercanía de miras, la falta de discurso y la poca necesidad que tiene, de momento, no creo que permanezca así mucho, de estructurar por encima de un nivel o una longitud.

La línea autobiográfica también aparece entre el abanico de motivos de su producción porque, bueno, en los sueños, ya se sabe, la vida no avanza. Sin embargo, sí suele ofrecer algún episodio cotidiano de naufragio y despiste en que aparecen otros personajes que pueden ser reales. No sé si es porque es chica o por esa afición a florecerle el inconsciente que tiene, pero en éstas también aporta un punto que no dan otros autobiografistas underground, colgados, viñeta a viñeta, con el café, los discos, bajar a la esquina, la resaca. La impresión final que te deja es, en cualquier caso, incluidas mutilaciones y malos encuentros, alegre, de buen rollo un poco, como la expresión bobalicona y abierta con que dibuja su rostro, caricatura de inseguridades, deseos y miedos, siempre dispuesta a sobreponerse o a meter los problemas en un nuevo sueño.

Enrique Vela

U, el hijo de Urich #10 mayo 1998


jueves, 12 de marzo de 2026

Adam Hughes - Thongs You Know By Heart

 

















El genio que jamás creyó en el genio

Los ensayos de Edgar Allan Poe revelan a un autor analítico, fiel en su escritura al rigor propio de un problema matemático y que no entiende de arrebatos de inspiración

Inscripción en el lugar en el que Edgar Allan Poe fue enterrado en 1849, en una tumba sin señalar en Baltimore (Maryland). En 1875, sus restos fueron exhumados y trasladados. BOB KARP (ZUMA PRESS INC./ ALAMY)

POR JAVIER APARICIO MAYDEU

Como del otro lado del espejo / se entregó solitario a su complejo / destino de inventor de pesadillas" (El otro, el mismo') rezan estos versos del poema que Borges le dedicó a Poe sabedor de que el genio de Boston, lejos de integrar el romanticismo auspiciado por la mítica noción de inspiración, es una figura de palmaria anacronía porque sus ideas estéticas no se corresponden con las de la época que le tocó vivir, y pertenece a la estirpe de los artistas que se han visto obligados a construir un mundo literario, a revelar las claves que contribuyen a interpretarlo y a levantar un andamiaje que sustente su poética, y la de Poe es de corte analítico, fundada en la lógica y en los pormenores, fruto de un cientifismo que de algún modo vaticina algunos de los presupuestos de la narrativa naturalista en la que las emociones le llegan siempre al lector tamizadas por la distancia impuesta por el narrador, y poco importa si relata en tercera como en primera persona. Fue Poe el que aseguraba que es primordial disponer de un plan para no desviarse del camino, y que divaga sin remedio el escritor que se deja llevar por la inspiración, inducida o no por paraísos artificiales. Que cada párrafo le rinda pleitesía al texto final. Y es "Filosofía de la composición", breve alegato en detrimento de las musas recogido en el primer volumen de los Ensayos completos, el texto en el que consigna estas convicciones desde la obstinación en obedecer a un modus operandi, persuadido de que "ningún punto de la composición puede atribuirse a la intuición ni al azar; y que aquélla avanzó hacia su terminación, paso a paso, con la misma exactitud y la lógica rigurosa propias de un problema matemático".

Valéry supo ver a través de la idolatría de Baudelaire por el autor de La caída de la casa Usher que Poe es "el demonio de la lucidez, el genio del análisis y el inventor de las combinaciones más seductoras de la lógica con la imaginación, del misticismo con el cálculo". Y a la "matemática tiniebla" de Poe se refiere Neruda en su célebre poema de Canto general. No contribuye el azar, tampoco la intuición, a la invención del arquetipo del cuento contemporáneo y de la poesía simbolista, sí desde luego la disciplina en el proceso creativo y las estrategias discursivas aprendidas en incontables y provechosas lecturas en las que atiende a las historias pero se detiene en las palabras elegidas para relatarlas y en el modo en que son dispuestas con exactitud de orfebre, al contrario, dice, de la mayoría de los escritores, "que prefiere dar a entender que componen bajo una especie de frenesí, una intuición extática".

Junto a la edición de los Cuentos completos publicada por Páginas de Espuma en 2008, con traducción y prólogo de Julio Cortázar y prefacios de Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, y el volumen de Poesía completa traducida y editada por José Francisco Ruiz Casanova (Cátedra, 2016), dispone ahora el lector en español de los Ensayos completos en tres volúmenes que Páginas de Espuma comenzó a publicar en 2018, y el tercero de los cuales celebramos que acabe de ver la luz, de modo que puede acceder en su idioma al vasto universo del autor de Los crímenes de la calle Morgue. Apresurémonos a decir que estos volúmenes podrían haberse titulado Obra crítica porque sobre todo reúnen reseñas y porque bajo este marbete también se acomodan sin esfuerzo los cuatro estudios sobre poesía que abren el primer volumen, sobre todo la imprescindible e influyente 'Filosofía de la composición', el erudito y sumamente técnico La lógica del verso, y una teoría poética en toda regla que lleva por título 'El principio poético' y en el que abunda en la idea de que la creación literaria debe rehuir la pasión porque precisa de la contención (para imponer una verdad, necesitamos severidad antes que la eflorescencia del lenguaje").

En su ensayo sobre Daniel Defoe, a vueltas con la verosimilitud le recrimina al lector que leyendo Robinson Crusoe "ninguno de sus pensamientos es para Defoe, todos para Robinson", como si el éxito de un texto no fuese hijo del talento artístico con el que se ha compuesto. Dedica un 'Exordio a las reseñas críticas' en el que defiende la crítica literaria como un ejercicio riguroso que mitigue en lo posible "la opinión frívola", y en 'Sobre críticos y crítica' encomia la lectura que interpreta y señala defectos y no de la que cae en hagiografías, sino de la que "muestra cómo se habría podido mejorar la obra para contribuir a la cauda general de las letras", a la vez que diserta en torno a la necesidad de una defensa del talante literario norteamericano más allá de la rémora de sentirse colonia británica también en el terreno literario. De entre sus compatriotas, elige autores que podrían constituir el canon de su literatura nacional. Hereda el gótico de Potocki o Walpole y lee a Coleridge con devoción, elogia los cuentos de Hawthorne pero afea el inglés de Fenimore Cooper. Presagia a los 32 años el éxito de Dickens cuando el inglés cuenta con 29. Debate acerca del plagio y de la originalidad, y se permite el lujo de escribir una reseña sobre su propia obra, como hará más tarde Nabokov. Anotemos que la labor crítica de Poe no solo contempla dificultades hermenéuticas o abre debates que auguran el comparatismo, arremete contra formas verbales inadecuadas y riñe al autor que emplea mal el polisíndeton. No es a Poe a quien hay que decirle que la literatura es lenguaje, un eje paradigmático que atraviesa un eje sintagmático, elegir y disponer en el papel, a sabiendas de que "solo un escalón se interpone entre lo sublime y lo ridículo".

Observamos una mente en ebullición, un artista que no entiende de clarividencias y arrebatos y se obliga a comprender los mecanismos del arte y a percibir qué decisiones lingüísticas generan que efecto, un genio que jamás creyó en el genio, un autor genuinamente moderno que ya supo ver, antes de que lo advirtiera Pavese en El oficio de vivir, que "el artista que no analiza continuamente su técnica es un pobre hombre".

Ensayos completos

Edgar Allan Poe

Vol. I. Traducción de Antonio Rivero Taravillo. Prólogo de Fernando Iwasaki. Páginas de Espuma, 2018 522 páginas. 27 euros

Vol. II. Traducción de Antonio Jiménez Morato 2021. 534 páginas. 27 euros

Vol. III. Traducción de A. Jiménez Morato. 2023. 477 páginas. 35 euros


Babelia núm. 1.654 Sábado 5 de Agosto de 2023



Por Norma, cómics

La Hora del Bocadillo


Uno de los sellos de identidad de esta editorial es la variedad en su catálogo. Como muestra, dos botones…


Portada del cómic 'Las hermanas Seasons'


José Luis Vidal

08 de marzo 2026

Cómic nacional, europeo, norteamericano, manga. Un apasionante viaje alrededor del globo terráqueo en viñetas nos espera a la hora de visitar todo lo que edita mensualmente la editorial catalana.

Pues bien, en esta ocasión, nos detenemos en dos novedades, tan interesantes como distintas, lo que hace que el espectro de lectores se amplíe. En primer lugar vamos a conocer a Las hermanas Seasons, un cómic creado por el afamado guionista Rick Remender, un escritor que no le teme a ningún género, ya sea ciencia ficción, thriller (Low, Deadly Class, Black Science…) y que en esta ocasión, junto a su compañero en lo gráfico, Paul Azaceta (Punisher, Outcast…) abren este relato con una breve pero impactante visita a Neocairo en el año 1924, donde el barullo de la urbe se detendrá cuando un colorido espectáculo circense visite y recorra sus calles…

Tras este misterioso prólogo nos trasladamos a la ciudad de Gaulia, donde vamos a conocer a una de las muchachas que dan título a este comic, Primavera, que como si se tratara de un torbellino, provoca el caos por allá por donde pasa. Eso sí, para nada es su intención, ya que lo único que quiere es atrapar una huidiza carta dirigida a su nombre.

Solamente con estas primeras páginas ya quedas prendado por el arte y la narrativa de Azaceta que, junto a Remender, nos van a ir presentando al resto de las hermanas: Invierno, una apasionada pintora que vive enclaustrada en la casa familiar y, como su nombre indica, tiene un carácter más bien gélido, por lo que los roces con su hermana pequeña son constantes.

Otoño sin embargo es un auténtico culo inquieto, y la veremos llegar a un lejano paraje, inhóspito, donde su labor de arqueóloga de lo desconocido se verá recompensada al encontrar un objeto que tiene mucha, muchísima importancia en la trama, pero no de la manera que ella espera.

Y por último, Verano. Supermodelo conocida mundialmente, volverá a Gaulia para contemplar, atónita, que el extraño circo también ha llegado a la ciudad.

Este cómic te agarra desde sus primeras páginas, con una historia que mezcla a la perfección la aventura, el misterio, una pizca de humor, todo ello cubierto por una colorida capa de la cual es responsable Matheus Lopes, uno de los mejores coloristas de la actualidad.

Hablando de colores… El negro es el protagonista en la otra novedad de Norma Editorial, cuyo título es Todo al negro. Por un lado se trata de un enorme homenaje contenido en las páginas de este voluminoso tomo, en cuyo interior vamos a disfrutar de toda la obra en solitario de uno de los grandes nombres del cómic nacional, Keko, un autor con una larguísima trayectoria, que entre estas páginas vamos a recorrer, desde los ya lejanos años ochenta hasta mediados de los dos mil, justo cuando muchos lectores comenzaron a conocerle gracias a su increíble trabajo junto al guionista Antonio Altarriba en su trilogía del ‘Yo’ y El perdón y la furia, o posteriormente en su último trabajo hasta el momento, con Carlos Portela en el thriller Contrition.



Portada de 'Todo al negro'.

Pero en este volumen de lomo negro, negrísimo, prologado por Álvaro Pons y Noelia Ibarra, nos sumergimos en el particular universo del autor, en que vamos a realizar un viaje al look de los años cincuenta, a través de un buen puñado de historias en las que la obsesión, los celos, la locura, el crimen y lo bizarro protagonizan la mayoría de sus viñetas. Una mezcla tan sugerente como personal.

En pocas ocasiones hemos tenido la oportunidad como lectores de disfrutar de la evolución gráfica de un autor como recorriendo las páginas de este tomo. Poseedor de un muy reconocible trazo, consigue crear un universo propio, donde lo surreal nos suele llevar de la mano como en un sueño que suele tornarse en pesadilla en muchas ocasiones, casi siempre con ese giro hacia lo noir, un género que va a caracterizar a la mayoría de los relatos.

Desquiciados doctores, femmes fatales, matrimonios que se encuentran con lo inesperado, criminales sin ningún tipo de escrúpulo, hombre desesperados con un oscuro final… Y así una larga, larguísima lista de rostros, todos en blanco y negro, crispados por lo inaudito e inesperado, en un personal mundo donde todo lo que creemos imposible puede suceder, y acontece.

Y hablando de colores, tan solo habrá en todo este periplo una excepción. Y será en la historias que lleva como título 4 botas, donde el color rojo hará su aparición de manera brutal, y acaparará el protagonismo de una hipnótica historia.


Diario de Cadiz


miércoles, 11 de marzo de 2026

Kodansha - Light Hole: Akira y compañía en stop motion / papercraft

« Light Hole » es una encantadora película promocional para la consolidada editorial japonesa Kodansha , donde muchos de sus mangas están animados mediante stop-motion: Akira, Attack on Titan, Ghost in the Shell... y muchas otras obras aparecen de forma más o menos sutil.

Esta película, dirigida por Toru Katori en Geek Pictures , con Takuro Oishi como director de animación, surgió de una nueva convocatoria de proyectos de marketing de Kodansha (que ya había encargado otras dos películas de marca de esta manera en los últimos años ).




Via Catsuka

martes, 10 de marzo de 2026

Sandman Mystery Theatre: La Tarantula Matt Wagner/Guy Davis Norma

Sandman Mystery Theatre, uno de los títulos más interesantes no sólo de la línea Vertigo de DC, sino probablemente de toda la producción mensual que nos viene de Estados Unidos, es, como no podía ser de otra manera, perfectamente desconocida en nuestro país. Aquí Zinco llegó a publicar, aunque no se sabe muy bien por qué, el anual 1 de la colección, primer trabajo para DC del fotográfico y hoy archiconocido gracias a mediocridades como Kingdom Come Alex Ross. Y eso fue todo.

Ahora Norma Editorial se descuelga con la publicación de Tarántula (1993), recopilación de los cuatro primeros números de la serie regular, y el prestigio Sandman Midnight Theatre (1995), obra de Neil Gaiman y Teddy Kristiansen, este último un volumen completamente prescindible (excepto por el excelente trabajo del danés) que demuestra lo fácilmente que se puede acabar con el talento de un guionista por el simple procedimiento de endiosarlo y que él se lo crea.

La aparición de Tarántula sería una buena, una gran noticia para los lectores españoles si ello quisiera decir que Norma fuese a seguir publicando, aunque fuera en cochambrosas entregas como la actual, la colección, cosa que me permito dudar muy mucho. ¿Que por qué? Bueno, de momento toda la producción Vertigo que ha publicado Norma procede, bien de tomos recopilatorios, lo que en Estados Unidos llaman trade paperbacks (Hellblazer, Sandman), bien de one-shots o series limitadas (Girl, Mata a tu novio) o bien títulos como Predicador, que DC está republicando en su totalidad en dichos tomos recopilatorios. Tarántula es, precisamente, el único trade paperback que ha recopilado números de Sandman Mystery Theatre. Mientras que en el caso de Sandman el hecho de publicar sólo material ya recopilado no tenía importancia porque lo único que tuvo que hacer Norma fue recoger la antorcha de Zinco en el mismo lugar donde Zinco la dejó, en ejemplos como el de Hellblazer la cosa era más grave, porque Zinco nunca publicó regularmente las historias de Constantine y compañía y cuando Norma se decidió a hacerlo se saltó más de un año de la colección desde el punto en que Zinco lo dejase, justo hasta el siguiente recopilatorio americano, desconcertando por completo a los lectores. De ahí las dudas sobre la disponibilidad o incluso la posibilidad de que Norma vaya a seguir editando la colección.

Y es que Sandman Mystery Theatre es, más que otra cualquier cosa, una historia de amor que se prolonga y desarrolla número a número. Es cierto que en cada arco argumental de cuatro números el enmascarado alter-ego de Wesley Dodds se las tiene que ver con una nueva amenaza o un misterio que resolver, pero el verdadero motor que arrastra todas y cada una de las historias es la relación, a veces tempestuosa, a veces deliciosamente romántica, a veces dolorosamente trágica, y siempre palpablemente real entre Wesley Dodds y Dian Belmont, la independiente y aguerrida hija del fiscal del distrito, en un entorno mítico, el Nueva York de los años treinta y cuarenta, donde nuevos hampones como Bugsy Siegel o Meyer Lansky habían sustituido a los viejos Lucky Luciano o Al Capone, y se codeaban con las estrellas más rutilantes de Hollywood como Talullah Bankhead o William Powell, cuando Dorothy Parker conducía las tertulias del Algonquin y el jazz era omnipresente en la radio y en los clubes nocturnos. La atmósfera de Sandman Mystery Theatre es, como en las buenas películas de cine negro, un personaje más. Y gran parte del mérito de esto se lo reparten cuatro personas: por supuesto, el dibujante Guy Davis, el colorista David Hornung y los portadistas Gavin Wilson y Richard Bruning.

Aún a riesgo de resultar obvio, se puede decir que todo en Sandman Mystery Theatre remite a dos fuentes muy claramente identificables: las novelas pulp y el género negro, quizá mucho más a las primeras que al segundo. De las primeras extrae al héroe enmascarado que lucha por la justicia con cualquier medio a su alcance, algunos argumentos de corte ligeramente más fantástico (como Night of the Butcher, en Sandman Mystery Theatre 25 al 28, Hourman, en Sandman Mystery Theatre 29 al 32) o el carácter episódico de las distintas entregas, que recuerda también a los seriales de radio de la época; del segundo, la ya mencionada atmósfera y los argumentos más policíacos (como este mismo Tarántula).



Tarántula propiamente dicho apenas sirve de más que de presentación de personajes, tarea normalmente engorrosa de la que Matt Wagner sale airoso permitiendo que las acciones de los personajes y ciertas dosis de monólogo interior los definan. Los momentos más interesantes son, por supuesto, cuando Wesley y Dian hablan y se van conociendo v descubriendo, momentos normalmente íntimos de los que los lectores somos espectadores privilegiados. Mucho menos interesante resulta la trama policíaca, con un Sandman que va siempre y literalmente un paso por delante de la policía, y un enredado argumento repleto de pistas falsas y elementos sicológicos un tanto manidos que al final queda en casi nada. Sí que merece destacarse, sin embargo, la sicotizada familia Goldman y sus insanas, alcohólicas e incestuosas relaciones que por momentos recuerdan a uno de los enfermizos argumentos de Jim Thompson.

Decía más arriba que Guy Davis era uno de los principales responsables a la hora de hablar de la atmósfera del título, y es que no se me ocurre mejor palabra para describir el dibujo de Davis que "atmosférico". Davis captura, mostrando así las horas que se ha pasado documentándose, el ambiente y las formas de la época, y su trazo suelto y en ocasiones deslavazado no hace sino darle personalidad a su estilo. Rayas, pliegues, sombras acentúan su carácter. En el apartado gráfico, no sería justo si no resaltase el coloreado de David Hornung, que complementa el dibujo de Davis a la perfección añadiéndole profundidad y aumentando esa atmósfera de tiempos pasados que desprende todo el tebeo.

También destacan por sí mismas las portadas, obra de Gavin Wilson y Richard Bruning, que han conseguido eso tan difícil de que una portada fotográfica no sólo no resulte espantosa, sino que además sea tremendamente atractiva, se integre en el carácter del titulo y llegue a ser parte de la fisonomía distintiva de la colección tanto como los dibujos de Davis o los guiones de Wagner y Seagle, lo que da como resultado que Sandman Mystery Theatre sea mayor que la suma de las partes que la integran, para decir otra obviedad.

Ahora sólo queda esperar que Norma se decida a seguir publicando los avances de Wesley Dodds y Dian Belmont en el campo del amor. Créanme, mejor, mucho mejor que cualquier culebrón. Y no tienen que avergonzarse de leerlo.

gonzalo quesada


U, el hijo de Urich #10 mayo 1998

lunes, 9 de marzo de 2026

Ana Juan, artista: “Vivo de mi prestigio y de trabajar muchísimo”

La ilustradora y pintora, autora de 28 portadas para ‘The New Yorker’, ha competido para realizar la 29ª, sobre la guerra en Irán, mientras triunfa con una exposición de 100 obras sobre su imaginario personal


Ana Juan, en Madrid.
Bernardo Pérez


Luz Sánchez-Mellado

08 MAR 2026

Ana Juan recibió hace unos días un correo, “junto a varios ilustradores del mundo”, invitándola a condensar en una imagen la conmoción mundial tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán para la portada de The New Yorker y se puso manos a la obra. Si resultara elegida, sería su vigésimo novena primera página en la mítica revista americana, desde la primera, en 1995. Me lo cuenta ella misma cuando la llamo para actualizar nuestra conversación principal, que tuvo lugar hace un par de semanas en la sede de su exposición Wunderkammer (Gabinete de Maravillas), en el mismísimo Ayuntamiento de Madrid, a la una de la tarde de un día de diario. Fue curiosísimo ver a una artista mirar a otros contemplando su obra. Un grupo de personas, la mayoría mujeres de edad mediana-alta, atendían atentísimas a las explicaciones de un joven y entusiasta guía sobre las imponentes criaturas salidas de la imaginación de la artista. Pasamos por delante para que la autora posara para el fotógrafo ante una de sus obras, los visitantes se dieron cuenta de que era la mujer de la foto del catálogo, y ella se quería morir de la vergüenza. Pero nos habíamos quedado con Ana Juan, hace unos días, barruntando ideas para ilustrar para la portada de una revista global sobre la guerra.

¿Cómo afronta el encargo?

Me pillas con el lápiz en la mano. Estoy muy tranquila porque veo tan difícil que me elijan que abandono desde ya toda esperanza de ser la elegida.

¿Entonces, para qué ha aceptado la invitación?

Mira, es muy difícil ilustrar esta guerra. Hay demasiadas aristas. La portada no tiene que ser sangrienta. No tiene que ser dura. Hay demasiados actores en juego: Estados Unidos, Israel, Irán, Europa. Los velos, los ayatolás, el imperialismo de Trump. Además, no seamos ingenuos: el New Yorker es cercano a Israel, al lobby judío, y tiene sus propios códigos. No ha publicado ni una portada dedicada a Gaza, por ejemplo. Son las reglas del juego. Las aceptas, o no. Pero, bueno, igual luego, va y me sale algo y les gusta.

Ya le ha salido otras 28 veces.

Bueno, de la primera no se enteró nadie. Fue en 1995, para un especial sobre el hogar. Entonces no había redes sociales y tampoco yo se lo conté a nadie. Una editora de una revista en Barcelona le enseñó un catálogo mío a la nueva editora de The New Yorker y a ella le gustó. Por eso digo que es importante seguir tu instinto. Hacer lo que quieres y convencer al mundo de que necesita tu trabajo, no al revés. En eso soy muy visceral. Algunas de esas 28 están hechas en muy poco tiempo, otras, se han desarrollado a lo largo del tiempo. Y, en todas, siempre me sorprendió haber sido elegida.

Ahí conoce el veredicto, pero ¿qué sensación le produce ver a otros apreciar su obra en directo, como el otro día en su exposición?

Pudor. Hay muchas cosas que una no puede ni imaginar que otros puedan ver en tu trabajo. Eso es fascinante y, al mismo tiempo, me da muchísima vergüenza. Jamás hubiera pensado que alguien se iba a tirar diez minutos, con lo que son diez minutos hoy, delante de alguna obra mía. Por eso no hay cartelas en esta exposición. Quiero que cada uno se vaya a casa con una interpretación diferente, y que, una vez en casa, lo recuerde y tenga más preguntas que respuestas.

¿No le sube el ego?

Mi ego está bastante maltrecho. Está vapuleado, como todos. El camino no ha sido siempre de rosas, también ha habido muchas espinas.

¿Cómo trabaja una artista? ¿Ocho horas al día, de lunes a viernes?

Hacer esta exposición, por ejemplo, me ha llevado todo un año. Trabajo todas las horas del mundo que puedo, hasta que me aguanta el cuerpo. Y, entre medias, acepto algún trabajo de encargo, si me interesa.

¿De qué vive usted?

Del prestigio.

¿El prestigio paga las facturas?

Bueno, vivo del prestigio y de trabajar muchísimo. En España hay que trabajar muchísimo para vivir del arte, del que a ti te gusta, y seguir creciendo como artista, porque el mundo, el público, te exige que siempre seas el mismo, y tú evolucionas, tienes otras inquietudes y tu trabajo no se va a quedar anquilosado. Hay que convencer al mundo de que necesita tu trabajo. Mi éxito, si se puede llamar así, es que he construido mi propio espacio, soy mi propia etiqueta: Ana Juan.

Tuvo éxito muy pronto. Publicó en la revista ‘La luna’ en plena movida madrileña y, enseguida, en EL PAÍS.

Mis primeras ilustraciones las publiqué en el Diario de Valencia en Murcia y ni había acabado la carrera de Bellas Artes. Fui la última de tres hermanas. Nací cuando nadie me esperaba, molestando, como siempre. Mis padres estaban muy ocupados entre bodas y niños, así que no tengo ningún problema en estar sola, hacer mi mundo y mis cosas. Mi primer acto de rebeldía fue no hacer oposiciones, como querían mis padres después de la carrera, y empeñarme en vivir de esto, no sabía cómo, pero lo iba a hacer. Y lo hice. Por desgracia, mis padres no pudieron verlo. Me faltaron muy pronto. Pero le agradezco todos los días su apoyo.

¿Por qué cree que su trabajo triunfó enseguida?

Se juntaron varias cosas. En ese momento había muchas ganas de buscar cosas nuevas, se buscaban cosas diferentes, había que ser innovador y eso se premiaba

Y usted era la más moderna.

Nunca me he sentido moderna. Nunca lo he pretendido, sino hacer lo que yo quería hacer.

En aquella época, Madrid me mata no solo era una revista, sino, casi el lema de la Movida, una forma de vivir. ¿La mataba a usted?

No, yo no sé muy bien cuál es ese mundo del que todo el mundo habla. Yo tenía un plan, que era construir mi vida alrededor de mi trabajo, eso requiere tiempo y esfuerzo y, bueno, no estaba para fiestas nocturnas. Soy muy disciplinada porque disfruto con mi trabajo y me gusta tener tiempo, crecer, hacer mis cosas, investigar, y tener tiempo y espacio también para equivocarme, que tampoco está mal.


Ana Juan posa imitando a una de sus criaturas en la sala Centro Centro, del Ayuntamiento de Madrid, donde expone sus obras.

Bernardo Pérez


Su exposición está llena de criaturas fantásticas. ¿Ese es su mundo cuando cierra los ojos?

Sí, puede ser. O como yo veo el mundo cuando tengo que trasladarlo a un papel, una tela, o una escultura.

Si estas son las criaturas de sus sueños, sus pesadillas deben de ser de aúpa.

Jajaja. No, simplemente, tengo una memoria prodigiosa, y me acuerdo de todo, y de todos. Esas criaturas son mis amigos, hemos crecido juntos.

También está muy presente el cuerpo, por dentro y por fuera. ¿Es otra de sus obsesiones?

La piel es tu mapa, el mapa de las emociones que te acompañan toda la vida. El campo de batalla donde se han librado todas las alegrías y pensa de tu vida. Y también los órganos, porque son los que mandan en tu cuerpo, y en tu ánimo. Lo que es imposible de abandonar, tanto cuando te encuentras bien como cuando te encuentras mal.

Ahora, lo que impera es pretender borrar esas huellas, o intentar camuflarlas.

Claro, pero hay que vivir con ellas. No estoy en contra de borrar ninguna huella, Soy la primera que tengo coquetería, pero hay que saber evolucionar con ellas. No hay nada más difícil en este mundo que mirarse al espejo y aceptar lo que una es. Lo femenino es lo que mejor conozco. Sé dónde están nuestros puntos débiles, y los fuertes, y nuestro potencial también.

¿Cuáles son los suyos?

Parezco una persona muy resolutiva, muy dura, pero eso solamente es un escudo, porque sé que me puedo romper en cualquier momento. Soy muy dura por pura fragilidad.

¿Qué cosas la rompen?

Bueno, muchas cosas. La soledad, quizá. No tengo ningún problema en estar sola siempre. Pero sí a perder a la gente que quiero. Y lamento no haber dicho algo que tenía que haber dicho y no dije. Lo pensamos cuando ya es tarde. Y eso, el no haber dicho ciertas cosas, el no haber ayudado, el haber sido egoísta, es lo que me rompe, lo que me hacer llorar muchas veces.

En sus fotos, parece que se va a comer el mundo

No, solamente me estoy defendiendo para que el mundo no me coma a mí.

En ese sentido, ¿su arte es su armadura?

El arte es mi lenguaje. Mi idioma. La forma que tengo de comunicarme con el mundo. Mi espada y mi escudo. Soy mala comunicadora en cuanto a palabras, mi única vía de expresión es el dibujo.

¿Ha pasado travesías del desierto creativas?

Haberlas, haylas, y hay que superarlas. Hay que tener recursos, como todo en la vida.

Cuando eso ocurre, ¿qué hace, tira de oficio?

Pues se inventa una cosas, o no, porque muchas veces el resultado de mi trabajo han sido ediciones propias, aventuras en las que me he metido y he fracasado y me he estrellado, y otras que han salido bien, pero de todo eso queda un poso.

Esta entrevista sale el 8-M, ¿cuáles cree que son nuestras esclavitudes hoy, en el Primer Mundo?

La belleza es una de ellas, sin duda. Pero no solo la eterna búsqueda de la juventud, no queremos renunciar a envejecer. Pero, en el fondo, ¿por qué narices hay que envejecer cuando mejor estás en tu vida. Ya no solo por el hecho físico, sino porque yo no conozco otra cosa mejor que la vida. Si la conociera, ya me hubiera ido a otro sitio.

[Antes de cerrar la entrevista, vuelvo a llamar a Ana Juan].¿Ha mandado ya el boceto para la portada?

Sí, y no la han aceptado. No me sorprende. Éramos como 20 ó 30 personas dando ideas y yo no sabía por dónde iban los tiros, nunca mejor dicho. No pasa nada, estoy muy acostumbrada y con el ego blindado.

¿Puedo contarlo?

Como tú veas. Sí. Que el mundo se entere de que nada es un regalo.


LA GRAN HERMANA PEQUEÑA

Ana Juan (Valencia 65 años) es la pequeña de tres hermanas. Dice que ya nadie la esperaba, así que decidió no solo seguir, sino inventarse desde cero su propio camino. Estudió Bellas Artes y, antes de acabar la carrera, ya publicaba sus ilustraciones en la prensa. Fue después, en Madrid, adonde se mudó para buscar su sitio, donde su estilo conectó enseguida con las inquietudes del momento. Se convirtió en presencia habitual en los medios más vanguardistas, entre ellos La Luna y El País Semanal. Autora de 28 portadas de la revista norteamericana The New Yorker, todas ellas memorables, y de infinidad de obras para libros y carteles, triunfa estos días con una deslumbrante exposición en el Centro Centro del Ayuntamiento de Madrid.


Luz Sánchez-Mellado


El Pais Domingo 8 de marzo 2026