miércoles, 18 de febrero de 2026

Rabia máxima María Colino Under Comics


A aquellos que conocemos la obra de María Colino desde su etapa en el fanzine Pota G no nos sorprende el reconocimiento que está adquiriendo su trabajo. En aquellos primeros pasos se encuentra el germen de ese estilo gráfico dinámico, esa aparente facilidad en el trazo y ese gusto por el escorzo deformante a los que se ha sumado la técnica adquirida durante su paso por el diario El Mundo, remedo del grabado y eco lejano de algunos ilustradores de prensa de las primeras décadas de este siglo.

También puede hallarse en aquellas historietas primerizas ese notable uso del lenguaje como apoyo del grafismo a la hora de caracterizar sus personajes; ese peculiar sentido del humor; esa capacidad de mostrar la estupidez inherente al ser humano, a sus relaciones, comportamientos y convencionalismos; ese escorzo conceptual, en definitiva, que deforma la realidad para mostrarla desde una perspectiva propia no menos tangible que la convencionalmente aceptada. Más que su grafismo, la verdadera "marca de la casa" de María es esa visión de la existencia, perpleja al tiempo que escéptica y vitriólica, que la hermana con el Franquin de las ideas negras.

El tebeo que nos ocupa, Rabia Máxima, es un compendio de todo ello, un mini-álbum en formato cuaderno que claramente puede dividirse en dos partes. La primera la componen una serie de gags dinamiteros con el nexo común de una "carminaburaniana" Fortuna, Imperatrix Mundi como hilo conductor y detonan-te/ espectador de diferentes actitudes y situaciones fácilmente reconocibles. La segunda parte se compone de tres historietas independientes. Dos de ellas diseccionan con acierto desigual y cierta ingenuidad la realidad de una sociedad de consumo clasista y que condena a la marginalidad a aquellos que no aceptan las reglas del juego. La tercera ofrece una reflexión sobre la soledad humana cargada de lirismo malsano y resuelta de forma un tanto apresurada. El cuaderno se cierra con una breve metáfora de la sempiterna lucha de sexos en clave de candente actualidad: las prácticas eugenésicas.

La comparación de las diferentes historietas ofrecidas en Rabia Máxima permite afirmar que su autora se defiende mejor en las distancias cortas. Como ya demostrara al autor de estas líneas con sus deliciosas colaboraciones en Conciencia Planetaria, el gag desarrollado en una o dos páginas es su entorno natural.

No puede decirse que no sea capaz de solucionar historias de mayor longitud (una memorable visión de la muerte que se hizo con un premio en un concurso y su aportación al número 11 de La Comictiva dan fe de ello), pero la resolución de dos de las tres historietas que conforman la segunda parte del cuaderno editado por Under Comics restan de brillantez al conjunto.

A aquellos que seguimos la obra de María Colino desde su etapa en el fanzine Pota G no nos sorprenderá el reconocimiento que continuará adquiriendo su trabajo, ni su insultante facilidad para el dibujo, ni la inteligencia que transmiten sus páginas... Pero lamentamos que la técnica que emplea en la actualidad nos prive de su espectacular dominio del color.

Eduardo García Sánchez


U, el hijo de Urich #7 noviembre 1997

Poder absoluto

La Hora del Bocadillo

Volar, superfuerza, invulnerabilidad… ¿Qué harías si poseyeras estas cualidades sobrehumanas?


José Luis Vidal

15 de febrero 2026


Sinceramente pienso que ante esta cuestión tan solo hay dos posibilidades bastante obvias. La primera nos convertirían en el defensor del bien, solucionando con rapidez y eficacia los múltiples problemas que acechan a la humanidad, ya sean salvar la vida de docenas de personas atrapadas por la crecida de un río, o bien llevar ante la justicia internacional al presidente de un país que está cometiendo autenticas tropelías a nivel mundial.

Pero la segunda opción es la más peliaguda, y creo que conociendo la naturaleza humana, la más probable. Pensad que con estas capacidades, nadie os iba a levantar la voz. El temor ante una represalia os convertiría en alguien totalmente intocable, que podría hacer y tener lo que le viniera en gana…

Serías poderoso.

Y justo de este dilema nos habla la nueva novedad editorial publicada por Planeta Cómic, y que ahora llega a las librerías del país. Lleva por título The Mighty, y el relato comienza en el ya lejano año 1952, en que una prueba atómica en un atolón parece concluir de manera trágica cuando una joven víctima parece haber perecido, alcanzado por el inmenso y letal hongo nuclear.

La sorpresa será mayúscula cuando la situación dé un giro inesperado, y este muchacho, un marino, aparezca vivito y coleando, mejor que nunca.

Y como guinda del pastel, los médicos y científicos del gobierno norteamericano constatarán muy sorprendidos que la exposición a la letal radiación ha transformado al joven en un ser con capacidades sobrehumanas, por lo que, con el tiempo, se va a convertir en un símbolo del Bien y la Libertad.

El argumento da un gran salto al presente. Han pasado los años y, para controlar las acciones de este poderoso ser, Alfa Uno, se ha creado un cuerpo policial independiente, financiado con las ganancias de multitud de productos creados con la imagen del superhéroe.

El hombre al frente de esta organización es el capitán Michael Shaw, un tipo rudo, que forma parte de un ya largo listado de hombres que han mantenido a los largo de los años una estrecha relación con Alfa Uno, estando constantemente en contacto con él gracias a un dispositivo inserto en sus manos, una visible A mayúscula, con la que pueden alertar sobre cualquier peligro, pero que como veremos a lo largo de la historia, también sirve para otras ‘cosas’.

Pero el verdadero protagonista de este cómic es Gabriel Cole, un agente de la Sección Omega, que vive felizmente casado con Janet, propietaria de un bar en la ciudad y que teme que las responsabilidades que está adquiriendo su marido los vaya separando cada vez más, sobre todo desde el momento en el que un suceso trágico hace que Gabriel tenga que asumir el mando del grupo policial, hecho este que le va a acercar, y mucho, al hasta ahora distante Alfa Uno.

Y es que el poder, además de conllevar una gran responsabilidad, también carga con una invisible mochila de soledad. Y juntos, Cole y Alfa Uno, van a comenzar a tener una relación de amistad cada vez más cercana, llevando al agente a conocer muchos secretos de este superhombre.

Pero las cosas irán tomando un cariz cada vez más oscuro y misterioso, sobre todo con la súbita aparición de cierto personaje, alguien al que se creía muerto, y que posee información sobre la verdad que se oculta tras el impasible rostro de Alfa Uno…

The Mighty es un cómic que te mantiene pegado a sus páginas, ya que argumentalmente es impecable, y trata el tema del poder y en qué manos recae, dando un inesperado giro al argumento, y convirtiendo la vida de su protagonista en una imprevista y peligrosa montaña rusa. El tándem de guionistas Peter Tomasi y Keith Champagne, ambos con una larga experiencia en el universo superheroico, construyen aquí un relato en el que cuestionan el papel del superhéroe, ofreciéndonos el perfil más oscuro de este tipo de personajes.

En el aspecto gráfico, otro dúo de excepción, Peter Snejbjerg y Chris Samnee, dos dibujantes que se complementan a la perfección, a los que hay que añadir a uno de los mejores ilustradores y portadistas del mercado norteamericano, Dave Johnson.

Y por si estos no fueran suficientes reclamos, como impagable extra, la pareja de guionistas se unen al dibujante Leonard Kirk en un relato en tres capítulos que, como bonus, recorre el pasado y la historia de Alfa Uno.


Diario de Cadiz


martes, 17 de febrero de 2026

DRAWINGS, DOODLES, & SKETCHES By ADAM HUGHES

 

























"Un hombre feliz no tiene pasado"

 El faro del fin del mundo / Jacinto Antón

Jacob Elordi, en la serie El camino estrecho

Cuáles son nuestras frases favoritas de novela? Están las clásicas, claro: "todas las familias felices se parecen", "detesto los héroes vulgares y los sentimientos moderados", "Dios sabe que no debemos avergonzarnos nunca de nuestras lágrimas, pues son la lluvia que cae sobre el polvo cegador de la tierra que endurece nuestros corazones". Pero me refiero a esas frases nuestras, que nos han marcado de manera especial como lectores y componen las líneas tenues sobre las que trazamos esforzadamente la caligrafía de lo que somos.

Cada uno tendrá las suyas. Entre las mías están "cuesta mucho luchar contra el deseo del corazón; todo lo que quiere obtener lo compra al precio del alma" (Justine), "el desierto no podía reclamarse ni poseerse; era un trozo de tela arrastrado por los vientos" (El paciente inglés), "desaparece del mundo como envuelto en una nube misteriosa, inescrutable en el fondo de su corazón, olvidado, sin el perdón de los que lo rodeaban y excesivamente romántico" (Lord Jim). Y desde hace un tiempo hay otra frase que se ha unido a estas y no me abandona: "un hombre feliz no tiene pasado, un hombre infeliz no tiene nada más" (El camino estrecho al norte profundo).

Es imposible acudir, para comentarlas, a los autores de las frases anteriores, pues todos (Larry Durrell, Michael Ondaatje y Conrad) ya han muerto. Pero en el caso de la última, de Richard Flanagan, sí. Y lo he hecho.

Tuve la posibilidad de hablar con Flanagan a propósito de su último libro, La pregunta 7 (Libros del Asteroide), un texto maravilloso y a ratos desconcertante que desborda los géneros -narrativa, ensayo, memoria- y que es en última instancia un canto conmovedor a su familia y su tierra (Tasmania( en el que aparecen temas tan aparentemente variados y que va conectando como los campos de concentración japoneses, las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki y cómo se gestaron, la relación amorosa entre H. G. Wells y Rebeca West, Chejóv o el accidente de kayak en el que casi se ahoga el autor. La pregunta 7 tiene mucho que ver, precisamente, con mi novela favorita de Flanagan -y una de mis favoritas en general-, El camino estrecho al norte profundo (Penguin Random House, 2016), de la que se ha hecho en 2025 una buenísima miniserie con Jacob Elordi, Ciarán Hinds y Odessa (!) Young.

En la novela se dice que "cuando llegara a viejo, Dorrigo Evans [el protagonista] no sabría decir si había leído esa frase o la había inventado él mismo". Le pregunté a bocajarro a Flanagan por el origen. Le sorprendió mi entusiasmo por una línea de un libro de 445 páginas. Dudó un poco ¿Es algo que se pueda aplicar a sí mismo?, le animé, que le haya venido de dentro, vamos. "Mira, a veces pienso que sí y otras que bueno, que fue una pura invención, una idea que tuve para ese personaje. Yo soy sustancialmente feliz y ese personaje era infeliz por un amor del pasado que lo atormentaba. Esa frase era verdad para él, que tenía un pasado del que nunca iba a escapar".

El camino estrecho es un libro lleno de poesía, Basho, Shitsui, Tennysson, Catulo, la cita de Celan al inicio, los haikus de los oficiales japoneses cuando no están cortando cabezas, frases como la subrayada. "Me gusta la poesía, pero buscar crear un efecto poético en prosa me parece un error, cuando las novelas funcionan es cuando traspasan fronteras, océanos, tormentas y cataratas, y llegan a otras culturas e idiomas, así que han de someterse al relato, es la historia que cuentas lo que importa y sobrevive".

Tan inolvidable como la frase que motiva estas líneas es en El camino estrecho... la maravillosa escena de enamoramiento en la librería de Adelaida. "Siempre me han parecido las librería y las bibliotecas lugares muy eróticos". La preciosa imagen de la chica con la camelia roja en el cabello...¿existió? "No, me temo que me la he inventado".

Ya que estábamos, le pregunté si es raro se tasmano. "Tasmania me influye más de lo que pensaba, estoy muy marcado por esa selva primordial y por la cultura indígena". No sé cómo, acabamos hablando del amor. "El de la familia es muy importante. Pero no has de desperdiciar ninguna clase de amor, hay que honrar todo el que te llega y extenderlo. Es una palabra que nos hacen creer que es naíf y se nos anima a rehusarla y no ofrecerla como debemos. Pero no debemos perder ninguna oportunidad de amar".

Dije adiós a Flanagan con una sensación agridulce. La conversación había tenido emoción y poesía pero no por los senderos que yo esperaba. Tasmania, la familia, la bomba atómica, la bondad y la dignidad, el rugby y los cazadores de zarigüeyas. No puedes reducir a un escritor a lo que proyectas sobre él. Lo que ves en su obra y tanto te conmueve no tiene por qué ser lo relevante para el autor. Y sin embargo, la chica de la camelia roja... "Un hombre feliz no tiene pasado; un hombre infeliz no tiene nada más".


El Pais, sábado 14 de febrero de 2026

lunes, 16 de febrero de 2026

Hellblazer:Miedo y Odio Garth Ennis & Steve Dillon Norma Editorial


Sea por la razón que sea, lo cierto es que la historia de Hellblazer en nuestro país recuerda al chiste que se contaba de la democracia en tiempos de Franco: todo el mundo hablaba de ella pero nadie la había visto.

Ciertamente, resulta curioso que la colección más veterana del prestigioso entre los fans sello Vertigo, haya sido publicada en nuestro país a cuentagotas, sin ningún criterio y con inconfesa vocación de desconcertar, mientras que, por ejemplo, otra apuesta tan arriesgada a priori como las aventuras del niño gótico ese del sueño se publicaba puntualmente, del modo que se pudiera o incluso con gran derroche de medios recuérdese la edición en tapa dura, con sobrecubiertas y fotitos de Muerte: El Alto Coste de la Vida, un auténtico alarde para cualquier editorial, cuándo menos para los miserables estándares de Zinco).

Y decimos sin ningún criterio porque del guionista más representativo de Hellblazer, el que sentó las bases y convirtió a Constantine en un personaje vivo, Jamie Delano, sólo hemos visto los cuatro primeros y soberbios números de su estancia de más de tres años con el personaje. Sí publicados por Zinco, en cambio, están los Constantine de Moore, de Gaiman, de Morrison... eso, creo yo, es no tener criterio.

En su última y famélica etapa, Zinco publicó, como a estertores, los primeros números que contaban con guión de Garth Ennis, más por el éxito de Preacher que por sana intención de publicar por fin un material injustamente inédito. Y también porque era de momento el único trade paperback publicado por DC de la estancia de Ennis en el título.

Norma sigue por ese camino y ahora se descuelga con Miedo y odio, el segundo paperback de Hellblazer con guiones de Garth Ennis, ahora ya ayudado por Steve Dillon al dibujo, esto es, el mismo equipo creativo de Preacher. Convendrá avisar al lector de que entre lo anteriormente publicado por Zinco y lo que ahora nos trae Norma se han quedado inéditos la friolera de 15 números. Esto se traduce en que, por ejemplo, el climático último número de este Miedo y odio pierde gran parte de su intencionado dramatismo porque al lector se le ha hurtado todo el conocimiento previo de la historia de amor entre Constantine y Kit.

Miedo y odio se sitúa en el meridiano de la estancia de Ennis en la colección, cuando el irlandés ya había despejado todas las posibles dudas y temores que los lectores de Hellblazer pudiesen haber tenido cuando supieron que su amado Delano iba a ser sustituido por un jovencito semidesconocido y se había metido a público y crítica en el bolsillo a base de historias como Dangerous Habits o Royal Blood, que pasaban con pasmosa facilidad de la hilaridad irreverente al horror absoluto, características que con el tiempo se ha convertido en marca de la casa y que Ennis ha terminado de refinar en Preacher. Esto, según se vea, puede ser una ventaja o un inconveniente. Si el guionista está cómodo y asentado en el título hablará con voz propia y dará su verdadera medida, lo que en el caso de Ennis puede ser mucho. Por otra parte, la rendición absoluta de los lectores puede llevar al guionista a la autocomplacencia y el ombliguismo, lo que en el caso de Ennis se traduce en historias de borrachos simpáticos y anécdotas gruesas a mansalva, como por ejemplo la del cuarenta cumpleanos de Constantine, narrada en el número 63 de la colección, el primero en esta edición de Norma. La historia central, Miedo y odio, insiste en un tema que Ennis ya había tratado en Royal Blood, la conexión de la política, en el caso de Royal Blood de la mismísima familia real británica y de las altas esferas de poder político, en el caso de Miedo y odio de un partido ultraderechista, con lo sobrenatural, dando un paso más allá en el género de terror político en los cómics.

Mientras que en Royal Blood contaba con los dibujos de un fabuloso y desatado Will Simpson, extraordinariamente simbióticos con el horror furioso que allí se describía, en Miedo y odio cuenta con Steve Dillon, un estupendo dibujante, sin embargo limitado en su capacidad de describir lo horrible. Dillon es un gran narrador, Dillon puede contar historias de las que tanto gustan a Ennis, en las que los personajes se pasan horas charlando en el pub de esto y de aquello, de relaciones humanas distorsionadas o simplemente imposibles, de la necesidad imperiosa de la amistad y la lealtad, tópicos todos que está desarrollando en Preacher con innegable maestría.

Pero Dillon, ay, no es un dibujante para Hellblazer, al menos el Hellblazer del horror, de la náusea. Quizá por eso este Miedo y odio se podría describir como lo más cercano a Preacher que Ennis escribió para Hellblazer, porque de Preacher se podrán decir muchas cosas, pero una no es que sea un tebeo de terror costumbrista, como las andanzas de John Constantine.

Así pues, una vez más, como en los tiempos de Zinco, Hellblazer seguirá sufriendo la paradoja de ser una ilustre desconocida en nuestro país gracias a que lo publicado aquí sigue sin ser parte sustancial del mito de John Constantine.

gonzalo quesada


U, el hijo de Urich #7 noviembre 1997


domingo, 15 de febrero de 2026

Body Bags Jason Pearson Norma Editorial



Si uniéramos la contundente densidad rítmica de Prodigy o Chemical Brothers y la vertiginosa musculatura del mejor McTiernan, podríamos quizá hacernos una idea de lo que nos aguarda en las deslumbrantes páginas de esta nueva incursión de Norma en el catálogo de Dark Horse (la más afortunada, hasta hoy): un tebeo de acción, violento y voluptuoso, valiente, divertido. La puesta de largo definitiva de un dibujante que corría el peligro de quedarse en eterna gran promesa: Jason Pearson.

La obra de Pearson es más bien escasa, pero brillante (algo más de un año de Legion of Superheroes, Uncanny X-Men Annual #17, Vanguard #2, la miniserie Dragon:Blood & Guts y un puñado de historias cortas, ilustraciones y portadas a menudo arrebatadoras; poca cosa, si tenemos en cuenta que empezó a publicar en 1991). Integrado en el Gaijin Studio de Adam Hughes, su estilo espectacular y limpio, conglomerado de influencias tan dispares como el diseño gráfico o el manga, así como su evidente amor por determinados autores atípicos que tuvieron sus momentos de gloria hace ya más de una década (Golden a la cabeza, pero también está la sombra de Chaykin y, muy lejana, incluso la de Steranko), le convierten en un nombre a seguir en los próximos años (y en el mejor, con diferencia, de entre sus compañeros de estudio).




Pero volvamos a Body Bags, la serie que nos ocupa. Podemos definirla como un thriller brutal ambientado en un futuro indeterminado, cercano, que permite al autor lucirse con una ambientación rabiosamente actual (de un estilizado realismo MTV, para entendernos) y regalarse licencias como la inclusión de todo tipo de cyborgs (un recurso casi más estético que argumental, si nos ponemos estrictos). Construido con precisión milimétrica y muy poco amor por la corrección política (aunque tampoco llega demasiada sangre al río, no nos dejemos engañar por las apariencias y ese texto un poco papanatas del simpático Piñol) y resuelto con un desparpajo y un dominio de los mecanismos del medio absolutamente apabullante, Body Bags es un tebeo como uno no esperaba ya ver. No una mera montaña rusa: todo un parque de atracciones empeñado en arrancarte el aliento entre página y página.

De la edición española, poco podemos decir (aparte del precio, que sigue siendo, como parece ya norma de la casa, excesivo). Quizá habría que tener más cuidado con la impresión (los colores, deudores también del discutible pero espectacular estilo del gran Golden, quedan demasiado apagados), y tampoco hubiera estado de más una traducción más suelta, más coloquial. Eso sí, es de agradecer que también Norma haya decidido potenciar los textos informativos en sus tebeos (aunque en este caso Cels Piñol insista en vendernos un tebeo que no se parece en nada al que yo he leído; le redime que al menos da un par de datos útiles en torno a la génesis de la obra).

(Antes de cerrar, un par de consejos: que nadie pierda de vista las portadas absolutamente espeluznantes de Michael Golden, un monstruo de lo gráfico sin cuya influencia seminal Jason Pearson estaría hoy copiando quién sabe a qué nipón. O, peor aún, quizá al propio Hughes.

Al abrir el tebeo, por favor, dejemos los prejuicios a un lado y disfrutemos de la obra como lo que es: un ejercicio de malabarismo lúdico, una valiente ecuación de montaje, vértigo y euforia).

francisco naranjo


U, el hijo de Urich #7 Noviembre 1997


Lo mejor del mes. Antibelicismo desde la trinchera, la podredumbre de lo cotidiano y los ciclos de la cosecha.

 Por Álvaro Pons y Noelia Ibarra



1. Spa. Eric Svelotf. Traducción de Martin Simonson. Planeta Cómic

Extraña hibridación entre una pesadilla lynchiana y la prolija imaginería del terror japonés que huye de las estructuras clásicas del relato para zambullirse en el onirismo más inquietante, llevando la lectura a través de los laberínticos pasillos de un spa donde la podredumbre desvela miedos desde lo cotidiano. Pero entre la avalancha de situaciones perturbadoras, Svetoft filtra críticas a una sociedad donde la corrupción se conjuga con el culto al cuerpo para crear jerarquías cadavéricas que siguen imponiendo su poder desde el miedo atávico al cambio, a salir de una realidad putrefacta que llega a reconocerse como refugio.


2. Okinawa, el viento habla. Susumu Higa. Traducción de Sandra Ruiz. Reservoir Books. 

Relato de la guerra desde la perspectiva de la trinchera, desde la ignorancia de aquello que luchaban con la única certeza de una muerte sin sentido para construir un alegato demoledor contra la guerra dando voz a sus víctimas, a esas que son obligadas a luchar por decisiones lejanas que no saben de sus problemas, de su realidad. Higa une esos relatos con las heridas de la posguerra, desde los efectos en los espacios y paisajes con los que tener otra lectura de la ocupación hasta la lucha por la pervivencia de la identidad cultural en tiempos convulsos. Una obra magistral que recuerda desde la sencillez de su dibujo que la paz no siempre llega cuando se acaban las balas.





3. Tedward. Josh Pettinger. Traducción de Sara Díez. La Cúpula.

Sátira mordaz del ridículo de nuestra existencia cotidiana mediante una radiografía de espacios límite donde Pettinger deconstruye las paredes de las celdas que nos encierran, planteando las situaciones disparatadas y ridículas que, no obstante, llegan a ser posibilidades extrañamente plausibles en este mundo de locura acelerada. Tedward es absorbido por ese entorno de monotonía y absurdo que se presenta como el estereotipo de felicidad que marca el amor romántico, pero que las viñetas desnudan de emociones hasta dejarlo en un grotesco intercambio de fluidos que también puede ser mercantilizado.




4. Cosechadora. Aidan Koch. Traducción de Andrés Magán. AIA Editorial (a la venta el 8 de febrero).

A través de tres historias que se conectan por medio de espacios desérticos, la autora norteamericana vuelve a demostrar la capacidad de la poesía gráfica para conmover desde la sutileza de viñetas donde la carga cromática y simbólica crea lecturas a través de medidas elipsis. Los ciclos de la cosecha y de la siembra son para Koch confirmados por nuestras experiencias vitales, deteniéndose en los instantes invisibles de lo cotidiano para enseñarnos cómo la luz se escapa entre los silencios, filtrándose por intersticios de vida que solo resultan visibles desde la perspectiva de una pequeña hormiga mientras seguimos esperando la siguiente cosecha.




5. See You In Memories. Pen So. Traducción de Nerea García. Planeta Cómic

Singular exploración del tiempo y la memoria como lugar de construcción de nuestras identidades a través de los lugares y espacios que habitamos, pero también una reflexión sobre los límites de la fama y sus excesos. Pen So plantea una novedosa vuelta de tuerca, al presentar la obra en dos volúmenes, el cómic y un cuaderno de dibujos que está leyendo el protagonista, como ruptura de los límites entre ficción y realidad para plantear al lector sugerentes ideas sobre cómo construimos nuestros recuerdos en esos márgenes entre lo ocurrido y lo imaginado.


Babelia. Núm. 1.786. Sábado 14 de febrero de 2026