domingo, 17 de marzo de 2024

Página Dos, again

Me reconcilia con el mundo, al menos con el mundo de la televisión, y al mismo tiempo con la literatura, y probablemente con el mundo entero. Me siento culpable de no ver, casi aprender de memoria y archivar con amor y cuidado un programa de tan cuidada factura, edición, diseño, textos, imágenes. 


Acabo de ver el último emitido y me ha fascinado. Literatura en estado puro: Entrevista a Júlia Peiró con Olor de hormiga, y a través de un comentario sobre los gatos comentan otros libros sobre los mininos en la literatura. Los ojos de Mona de Thomas Schlesser, otra entrevista, una iniciación al arte que sirve para enlazar con un reportaje sobre el Museo del Prado y su intenso trabajo en las redes sociales, y como su encargado de los videos que muestra en instagram y tiktok, con más de un millón de seguidores ha realizado un libro seleccionando 25 obras del Prado. Dos pequeñas reseñas sobre literatura infantil (uno de ellos, un cómic, La mazmorra), reseñas comentadas por dos niños de 7 y 9 años. 

Como colofón, una ruta literaria de Julio Cortazar por París. Imágenes filmadas por las calles de París lloviendo, o sea, un sueño hecho realidad. A través de tres libros de Cortazar: Obras completas, Cuentos completos y Rayuela, viajamos por Notre Dame, los cafés y sus calles.

Todo esto en tan solo 29 minutos. Ya lleva 16 temporadas. Ha recogido numerosos premios. Y siempre me parece que no lo valoro lo suficiente, ¿porqué será?


Tiempos modernos

¡Olvidaos de los libros de historia y vamos a viajar en el tiempo a una Edad de Piedra muy diferente y, sobre todo, divertida! 


JOSÉ LUIS VIDAL

14 Marzo, 2024 

En un museo de historia reposa en una enorme vitrina, el cuerpo perfectamente conservado de un neandertal. Son muchos los curiosos visitantes que se paran ante él, preguntándose el por qué de esa mirada perdida, acompañada por una expresión cuyo origen no consiguen desentrañar…




Los Picapiedra

Guion: Mark Russell

Dibujo: Steve Pugh, Rick Leonardi, Scott Hanna

Tapa dura

Color

368 págs.

43,50 euros

ECC Ediciones


Pues bien, en un plis plas, gracias a la magia de los cómics podremos trasladarnos sin movernos de casa a tiempos muy lejanos, en los que todo era más sencillo y rudiment… ¡Un momento!

Dinosaurios transformados en grúas, pequeños elefantes que hacen las veces de aspiradoras, armadillos con los que se juega a los bolos… Pero, ¿qué es esto, adónde hemos ido a parar?

Todo tiene una explicación, una que los más talluditos de la casa van a pillar al vuelo. Y es que estos remotos tiempos prehistóricos no vienen reflejados en ningún texto de historia, ya que se basan en aquella maravillosa serie de dibujos animados, creada por la productora norteamericana Hanna Barbera, que nos acompañó a muchos en nuestra ya lejana infancia.

En ella conocíamos a sus protagonistas, Pedro Picapiedra, su mujer Vilma y su hijita Peebles.

Aquí, en esta apasionante traslación a las viñetas, los personajes son los mismos, pero sus problemas se parecen mucho, muchísimo más, a los que hoy en día el hombre y la mujer moderna pueden padecer.

Para ello, el guionista Mark Russell transforma esta sociedad en puro consumismo, donde la última novedad 'tecnológica' es rápidamente adquirida con ansia, aunque en poco tiempo termine encerrada en un armario (la historia del elefantito es conmovedora).

Aunque tampoco estos cavernícolas venidos a más se van a librar de otras de las terribles lacras que padece la sociedad moderna, como el racismo, que tiene mucho que ver con la historia detrás de ese espécimen que reposa en la vitrina de un museo. O la homofobia, que surgirá ante la presencia de una pareja gay sobre la que Pedro Picapiedra tiene una historia que contar.

¿Y la religión? Ahí ya sí que Russell carga las tintas a tope, convirtiendo al "sacerdote-shaman-cómo se le quiera llamar" en una auténtica veleta de creencias, que van cambiando según la conveniencia, o cuando los feligreses tratar de evitar los servicios.

En fin, un recipiente genial, vitriólico, donde vamos a poder reconocer y reconocernos en más de una, por no decir todas, las situaciones que agobian la existencia de los protagonistas.

Y hablando de personajes, me gustaría destacar especialmente la labor de un gran dibujante como es Steve Pugh, al que imagino devanándose los sesos cuando le llegó el encargo. Alejar del estilo cartoon a los personajes no es tarea fácil, pero Pugh lo consigue con maestría, y un gusto por los detalles que hará que nos detengamos en todas las viñetas, que suelen contener más de un guiño-chiste.

El tomo que recopila las doce entregas de la maxiserie se completa con un encuentro muy especial, en el que Booster Gold, uno de los superhéroes más torpes del Universo DC, que conocerá a los peculiares habitantes de Piedradura, dibujados esta vez por otro grande de las viñetas, Rick Leonardi.

Cuando terminemos este peculiar trayecto, tan solo nos quedará gritar ¡Yabadabadú!


Malaga Hoy


La carne humana sabe a cerdo

El faro del fin del mundo / Jacinto Antón


Un momento de Holocausto caníbal, falso documental de Ruggero Deodato

La carne humana sabe a cerdo del bueno. No lo digo yo, que soy muy tiquismiquis y no como cualquier cosa, sino los que la han probado, caníbales antiguos y modernos cuyo testimonio ha quedado recogido por la historia o las noticias. En Polinesia, de hecho, se conocía la carne humana como "cerdo largo" y se la tenía como más sabrosa que la del porcino. Son menos, pero los hay, los que la han comparado con el pollo y la ternera. Recientemente se ha sugerido que no somos especialmente nutritivos.

El jefe maorí Tuai -hermano del poderoso rangatira Korokoro-, que estuvo de visita 11 meses en Londres en 1818 y sorprendía en las reuniones sociales haciendo la haka mucho antes que los All Blacks, explicó que lo que más echaba de menos de su tierra era "el festín de carne humana", lo que parece lógico si le hacían vivir a base de fish and chips y pudin de Yorkshire. Comentó que prefería comer mujeres y niños (más tiernos), y que en caso de tener que consumir carne de hombre, la de un negro, preferentemente de unos 50 años, le parecía mejor que la de un blanco. Por lo visto somos demasiado salados. Lo que no fue óbice para que al capitán Cook se lo comierna los hawaianos.

Otros caníbales han testimoniado que los chinos están muy buenos y es conocida la historia de un barco chino naufragado en 1858 en un archipiélago frente a Nueva Guinea cuyos 300 tripulantes fueron comidos todos en una verdadera apoteosis de los rollitos de primavera excepto cuatro (no está claro por qué los descartaron, ni si los caníbales pidieron el libro de reclamaciones).

Si bien se te podían comer por gusto, y valga la frase, y en algunas sociedades el factor gastronómico parece haber sido predominante (siempre me ha impresionado lo que contestaron sus guías a aquel explorador del río Congo al preguntar qué decían los tambores a su paso: "Llega comida"), lo más habitual era el canibalismo ritual: te comías a una persona como señal de respeto y hasta de cariño (a tus muertos, ¿dónde iban a estar mejor?) o para adquirir algunos de sus atributos, usualmente el valor de un hombre bravo o un guerrero. Los basutos comían el hígado de los enemigos valientes, considerado el asiento del valor; las orejas, donde residía la inteligencia, y los testículos, de su fuerza. Es cierto que si te comían todo eso tanto te debía dar el motivo.

Usar el pasado como hago en estos ejemplos es tranquilizador, pero aún quedan caníbales tradicionales en algunos puntos del globo: el viajero Norman Lewis me contó que había departido con uno en Papúa Nueva Guinea "muy educado". Él también le confirmó que sabemos a cerdo. 

Viene todo esto, claro, a cuenta de la nueva película de J.A. Bayona, La sociedad de la nieve, sobre el accidente aéreo de los Andes (1972) y la supervivencia de los que se salvaron a base de comerse los cuerpos de sus compañeros de tragedia muertos. Esa historia, plasmada en el best seller ¡Viven! (1974), nos afectó mucho a los que éramos adolescentes en los años setenta y marcó nuestra relación con el canibalismo. Pensar que tú mismo te podías convertir en antropófago si la ocasión lo requería fue un impactante segundo paso en nuestra relación con el asunto tras descubrirlo en las pelis de exploradores y en Robinson Crusoe. Fue una gran lección antropológica y de relativismo cultural ver que no te tenías que identificar siempre con el misionero en la olla. Como inesperada prolongación de la lectura de ¡Viven! tuve la oportunidad de comer un día mano a mano con uno de los supervivientes del accidente Eduardo Strauch. Fue en 2008 y, pinturero, yo pedí entrecot. Él prefirió verduras y pescado. Me dijo que, en su acreditada opinión, la carne humana sabe a vacuno.

El caso es que el canibalismo de los neandertales a El silencio de los corderos (con nuestro chef favorito Hannibal Lecter), escapa continuamente de lo etnológico, donde se lo ha tratado de situar tranquilizadoramente (el caníbal es el otro: distante y primitivo), para colársenos por doquier. El fenómeno es complejo y poliédrico y podría hablarse más bien de canibalismo: ritual, de necesidad, gastronómico, político (Idi Amin, Obiang), psicopatológico (como el de los modernos caníbales tipo Issei Sagawa o el de los que se canibalizaban a sí mismos, y no estamos hablando de comerse las uñas, las pieles o sorberse los mocos)... Aparece en prácticamente todas las sociedades humanas desde los albores de la especie. Nosotros hemos desplegado un gran tabú a su alrededor, pero a la que tenemos hambre de verdad y no hay otro recurso, nos entregamos a la antropofagia como tupinambas.

En los naufragios ha sido corriente aplicar la ley del mar, o sea comerse al superviviente con peor suerte. También se ha dado canibalismo en expediciones perdidas (como la de Franklin), hambrunas y situaciones bélicas extremas. Un ejemplo moderno es el largo y terrible asedio nazi de Leningrado durante la Segunda Guerra Mundial, donde el consumo de carne humana se hizo tan conspicuo que pasar por según qué barrios te hacía candidato al menú del día. Y se podría argüir -lo hicieron los paganos romanos- que el cristianismo está centrado en un verdadero acto de antropofagia: la Eucaristía (a la que por cierto aludieron varios de los supervivientes del accidente de los Andes para justificar su decisión).

Esta misma semana he podido observar entre las colecciones etnológicas que se exhiben en el Humboldt Forum de Berlín en impactante Autorretrato con 12 discípulos del artista de origen samoano Greg Semu, nacido en 1971 en Auckland. En la imagen, parte de la obra La última cena caníbal, porque mañana nos haremos cristianos, Semu se retrata como un salvaje Cristo semidesnudo y tatuado, rodeado de otros indígenas, incluidas mujeres con el pecho al aire, en un provocador y polisémico remedo de La última cena de Leonardo y frente a un plato que contiene lo que parece un cerdo asado...


El Pais. Cultura. Sábado 23 de diciembre de 2023

sábado, 16 de marzo de 2024

Odisea cósmica

Mi nombre es Ruthye Marye Knoll. Tú mataste a mi padre… ¡Prepárate para morir!



JOSÉ LUIS VIDAL

10 Marzo, 2024 

La joven protagonista de esta historia abandonó la infancia de la manera más dramática y súbita que podemos imaginar, contemplando el inerte cuerpo sin vida de su progenitor que, tras unas palabras con un tipo de poco fiar, un tal Krem, había sido asesinado sin ningún tipo de miramiento.




Supergirl: La mujer del mañana

Guion: Tom King

Dibujo: Bilquis Evely

Color: Mateus Lopes

Tapa dura

Color

224 págs.

28,50 euros

ECC Ediciones

La única prueba de la maldad del agente real se encontraba clavada en el pecho del finado, en forma de afilada espada, arma que desde entonces la joven Ruthye portaría consigo hasta que consiguiera dar con el criminal.

Lo que ella desconocía era que, más allá de la casa donde se crio, el mundo era terriblemente duro y engañoso, y tras intentar conseguir la ayuda de un traicionero cazarrecompensas, la fortuna y el azar la rozarían, ya que en una taberna su destino iba a cruzarse con el de cierta joven kriptoniana que estaba celebrando su veintiún cumpleaños.

Sí, sin querer entrar en más detalles, ya que este viaje merece que lo realicemos con ojos nuevos, Supergirl se convertirá en esa compañía que, a través de un buen puñado de mundos, todos muy diferentes entre sí, ayudaría a la joven en su búsqueda.

Pero claro, las cosas no les van a ser nada fáciles, ya que para que Kara pudiera celebrar del todo su aniversario tuvo que exponerse a un planeta donde hubiera un sol rojo, hecho éste que la convierte en casi humana, con sus poderes desvanecidos y acompañada por el fiel can Krypto que se encuentra en la misma situación, por lo que el primer cara a cara va a ser de lo más dramático y mostrará a la superheroína el verdadero y cruel rostro del escurridizo Krem, que la convierte a ella y a su perro en auténticos alfileteros…

Nada será fácil en este periplo, y por muy lejos que se encuentren en el cosmos, iremos repasando el viaje con la prosa en forma de diario de Ruthye, que arribará con su compañía en lugares que esconden oscuros secretos y otros donde la supervivencia es una quimera, aunque poco a poco irán estrechando el cerco sobre su perseguido que, en un momento dado, necesitará la ayuda de unos inesperados cómplices de maldades.

Hay ocasiones en los que algunos equipos creativos parecen tocados por una invisible varita mágica, consiguiendo gracias a la conjunción de sus talentos crear una historia única, que va a perdurar en el tiempo como un auténtico clásico moderno. Y Tom King, junto a Bilquis Evely lo han conseguido, mostrándonos a Supergirl como nunca antes la habíamos visto, enseñando esos otros perfiles que no suelen verse en los cómics de superhéroes, ya que aquí habrá momentos para el cansancio, la fragilidad, el dolor… Pero también para el humor y sobre todo el compromiso, la valentía de unas protagonistas que llegarán a saber que tal vez la venganza no lo sea todo.

O tal vez sí.

Destacar, como no podría ser de otra manera, el apabullante trabajo de la brasileña Bilquis Evely que, apoyada por el color de Mateus Lopes, consiguen trasladarnos desde la primera página a esos otros mundos, con un estilo gráfico espectacular, muy personal, poseedor de un bello barroquismo, que llevó al éxito a este cómic en el que, como ya nos tiene acostumbrados, el guionista Tom King sabe enseñarnos esa otra cara, más humana, de estos personajes de ficción.

Abrochaos el cinturón, ya que este viaje va a comenzar, y os aseguro que no tiene desperdicio.

Malaga Hoy

Dan Da Dan: nuevo trailer

 


Tras los distintos anuncios hace unos días de que el próximo mes de octubre la serie Dan Da Dan del estudio Science Saru (adaptación del manga de Yukinobu Tatsu), aquí tenéis por fin un nuevo tráiler al que hincarle el diente. con muchos planes.

Recordemos que el director es Fuga Yamashiro, con Naoyuki Onda y Yoshimichi Kameda en los diseños, y algunos otros nombres revelados hoy como Satoshi Hashimoto como diseñador de color, Junichi Higashi como director artístico y Kazuto Izumita como compositor jefe.

Hay algo en la serie esta que me fascina.

Me encanta la página de Catsuka.

viernes, 15 de marzo de 2024

La princesa robada

Un misterioso caso llama a la puerta del mejor detective de la ciudad, Slam Bradley, y le cambiará para siempre

JOSÉ LUIS VIDAL

09 Marzo, 2024

Gotham, una peligrosa urbe en la que más vale no transitar por sus calles a ciertas horas, ya que te puedes cruzar con lo peor de sus bajos fondos o, incluso con algún destacado miembro de esa temible y terrible galería de enloquecidos villanos que le hacen la vida imposible al Caballero Oscuro.

Pero, ¿esto ha sido siempre así?




Gotham City: Año Uno

Guion: Tom King

Dibujo: Phil Hester, Eric Gapstur

Color: Jordie Bellaire

Tapa dura

Color

192 págs.

26 euros

ECC Ediciones


Retrocedamos hasta el año 1961, en la que una floreciente economía ha hecho de Gotham un lugar perfecto para residir, ya que la tranquilidad y seguridad de sus barrios se ha impuesto a base de mano dura. Y es que cuenta con un cuerpo de policía, comandado por el comisario Huff cuyo cometido, en ocasiones de manera harto expeditiva, es que el crimen sea eliminado de raíz, obteniendo por ello el aplauso de sus felices conciudadanos.

Mas esta tranquilidad se va a ver muy alterada con un suceso incomprensible e inesperado: el rapto de Helen, la pequeña heredera de la principal estirpe de Gotham, los Wayne… Y justo aquí comienza el relato, en primera persona, del protagonista, involucrado en un caso desde el momento que una chica negra llega a su despacho y le entrega un sobre y cien dólares por sus servicios. Sin él saberlo aún, se convertirá en el peón de una oscura trama, conocerá a los afligidos padres de la pequeña, Constance y Richard, que comparten (en apariencia) el dolor por la desaparición de su hija, y están dispuestos a lo que sea para recuperarla con vida y que regrese a sus brazos sana y salva.

Pero claro, los que ya estéis acostumbrados a disfrutar de un buen relato del género noir sabéis de sobra que nada es lo que parece, y como ya les ocurrió en multitud de ocasiones tanto a Philip Marlowe como a San Spade, famosos detectives nacidos de la imaginación de Dashiel Hammet y Raymond Chandler, el protagonista de este cómic, Slam Bradley, va a transitar por un camino repleto de medias verdades, falsedad, odio, femme fatales, racismo y mucha, mucha violencia.

Y es que en este cómic no hay un solo misterio que resolver, sino que además seremos testigos de la diferencia, el insondable abismo que separa a los habitantes del barrio sur de la ciudad, poblado por una mayoría de habitantes de color, que Sam conoce como a la palma de su mano, y el resto de Gotham.

La terrible lacra del racismo va a impregnar toda y cada una de las páginas de este cómic, en el que su guionista, Tom King, uno de los grandes nombres del cómic-book norteamericano actual, ha entendido a la perfección (como ya hicieron en su momento Frank Miller, Ed Brubaker o Greg Rucka) el tipo de historias que mejor funcionan en la Ciudad del Crimen, y en ningún momento vamos a ver capas ni supertipos pululando entre sus edificios.

Para ello, esta historia requería del trabajo de un dibujante totalmente alejado del llamado 'canon superheroio', y qué mejor elección que el talentoso trío formado por Phil Hester a los lápices, Eric Gapstur en la tinta y Jordie Bellaire aportando su personal paleta de colores, introduciéndonos a la perfección en los diferentes ambientes y situaciones, ya sean la suntuosa mansión de los Wayne, o los barrios bajos con sus sórdidos callejones, y los animados clubes de jazz , en un apasionante relato en el que nos aguardan varias sorpresas, y alguna que afecta directamente al protagonista.


Malaga Hoy


jueves, 14 de marzo de 2024

The Wild Robot (2024) trailer for Chris Sanders/ Dreamworks

 


Próxima película de animación del autor de películas como "Lilo & Stich" (2002) , "Los Croods" (2013), y Como entrenar a un dragón (2014). Evidentemente el robot recuerda de forma inmediata y absoluta a los robots que cuidan del castillo flotante en la película del director Hayao Miyazaki "Un castillo en el aire" (1986) del Estudio Guibli. Tan solo es un punto de apariencia, el trailer (como muchos otros) apunta a una gran película. Veremos.