miércoles, 13 de diciembre de 2023
martes, 12 de diciembre de 2023
MACARRAS... ¡REUNÍOS!
Mònica Rex Garcia
La figura del delincuente estudiantil japonés es un clásico en el manga y en el anime. Desde las historias de instituto donde su rol consiste en poner en apuros al resto de los personajes, hasta mangas donde son los auténticos protagonistas, como Crows, de Hiroshi Takahashi y Akira, de Katsuhiro Otomo. A su vez, la figura que encarnan estos personajes, remite a las pandillas de la subcultura yankii y bosozoku. Estas bandas japonesas tuvieron su auge en los años ochenta y estaban formadas por jóvenes que mostraban una actitud contestataria y antisistema, aunque se organizaban en grupos jerarquizados donde se valoraba especialmente la lealtad y el respeto. Sus principios, su estética y uniformes se inspiraban en la figura del samurai y en los kamikazes de la Segunda Guerra Mundial.
Ken Wakui, autor de Tokyo Revengers, explicaba en una entrevista para el periódico Le Monde que él mismo fue un adolescente pandillero. Sus vivencias en este mundo son su principal fuente de inspiración para sus obras. Su carrera profesional empezó en 2005 con Shinjuku Swan (Kodansha), un seinen recopilado en 38 tomos donde ya nos habla de la yakuza, de pobre- za y prostitución. Sus siguientes obras serían Abaddon (2010), Sekisei Inko (2013), Dessert Eagle (2015) y, finalmente, en 2017, Tokyo Revengers.
En las páginas de la revista Shūkan Shūnen Magazine se empezó a publicar la historia de Takemichi Hanagaki. Un chico normal que trabaja en una tienda, vive de alquiler y siente que su vida es un fracaso, cuando de pronto descubre que su primera novia, Hinata Tachibana, y su hermano, Naoto Tachibana, han sido asesinados en un altercado provocado por la banda criminal Tokyo Manjikai. La noticia desata un fuerte shock en Takemichi, que empieza a recordar todo un pasado que se había esforzado en olvidar. Tras acabar el instituto, Takemichi había huido de una vida abocada a la violencia, pero dejó atrás a muchos amigos y seres queridos. Algunos de ellos, en la actualidad, aún forman parte de esta banda criminal que ahora vuelve a poner patas arriba su vida.
Pero su rutinaria vida no puede parar. Al salir del trabajo, Takemichi está absorto en sus pensamientos, en la tristeza y la conmoción que ha causado saber que los hermanos Tachibana han muerto. En ese momento, pasa algo y Takemichi viaja doce años atrás. Ahora es un macarra de instituto, su pelo negro está decolorado, su ropa informal se ha convertido en el uniforme del instituto. Nuestro protagonista no tarda en descubrir que viajar al pasado es una oportunidad para reencontrarse con Hinata y, quizás, salvarla de su prematura muerte en el futuro. Pero Takemichi no se quedará en el pasado de forma indefinida. Ken Wakui ideó un interesante recurso argumental que le permite a Takemichi saltar entre presente y pasado.
Ken Wakui nos invita a reflexionar sobre los condicionantes sociales que hacen que un chaval de 14 años pase de ser un buen chico a ser un gamberro y de aquí a un delincuente juvenil. Poco a poco iremos conociendo a los amigos de Takemichi y a los principales miembros de la Tokyo Manjikai. Así, descubriremos que tras sus espaldas hay historias de pobreza, violencia familiar y abandono. Situaciones que les han abocado a desconfiar del sistema y apoyarse en sus amigos y su banda, por los cuales estarán dispuestos a hacer prácticamente cualquier cosa. La exaltación de la amistad es uno de los leitmotivs del shōnen. Las editoriales están encantadas con este formato, los autores conocen perfectamente su desarrollo y a los lectores les sigue llegando hasta lo más profundo del corazón.
Pese a ser una fórmula conocida y explotada, Ken Wakui consigue que su manga sea diferente. Probablemente esto lo consigue gracias a un dibujo muy limpio y personal. Sencillo, estilizado, con pocos fondos y un uso de las tramas limitado a las sombras y a la ropa de algún personaje. Así como a un estilo narrativo muy dinámico, prácticamente cinematográfico, que favorece devorar el manga como si no hubiera un mañana. De hecho, la sensación de solapamiento de momentos cruciales hace que el lector no pueda asimilar totalmente los momentos dramáticos de la serie. Entrando en una espiral de emociones donde seguir leyendo es, prácticamente, una necesidad.
La popularidad de Tokyo Revengers tanto en Japón como en España es arrolladora. Junto con Haikyū!!, el manga de Ken Wakui se ha convertido en el libro más vendido en España en el día de lanzamiento con algunos de sus tomos. Las aventuras de la Tokyo Manjikai son mucho más que unos adolescentes peleándose por vanidades. Es una crítica a una sociedad que abandona a sus ciudadanos más desfavorecidos, un grito de rabia contra el sistema y una luz de esperanza para la amistad.
Tokyo Revengers
Ken Wakui
Norma Editorial Japón
Rústica con sobrecubierta
(6 vols. hasta la fecha)
380 págs. (cada vol.)
Blanco y negro/color
Traducción: Gemma Tarrés Guasch
Obra relacionada
Crows
Hiroshi Takahashi
(ECC Ediciones)
Akira
Katsuhiro Otomo
(Norma Editorial)
Gantz
Hiroya Oku
Panini Cómics)
Anuario Jot Down Comics 2021
¿Y SI SE NOS PASA EL ARROZ?
Iria Ros Piñeiro
Es increíble la cantidad y calidad de mangas que se publican en nuestro país. También lo es la variedad temática que podemos encontrar. Sin embargo, hay una demografía que hasta el momento había brillado por su ausencia: las historias de mujeres mayores de treinta años. Un grupo poblacional que en la sociedad japonesa está condenado, a nivel social, si a esas alturas no se ha casado. Y precisamente de eso habla Akiko Higashimura, con mucho humor ácido, en esta obra.
En 2013 el Comité Olímpico Internacional decidió que Tokyo sería la sede de los juegos en 2020. Aunque en aquel momento nadie imaginaba lo que terminaría ocurriendo respecto a la pandemia, lo que sí ocurrió en Japón fue un estallido social entre las mujeres jóvenes.
Quienes vieron la celebración de los juegos como una fecha límite para conseguir todo lo que se espera de ellas socialmente: estar casadas, ser buenas esposas y, si fuera posible, ser también madres. Higashimura, que a nivel personal se ha casado dos veces y ha sido madre soltera durante una época muy complicada de su vida, solo puede ver con horror cómo sus amigas se lanzan a cumplir con todos los estereotipos en los que han sido educadas. Y es ahí donde nace la trama principal de Tokyo Girls.
Este manga está protagonizado por Rinko y sus dos mejores amigas, tres treintañeras que no han tenido nada de suerte en el amor. Con la selección de Tokyo como sede olímpica, y tras una de sus tantas borracheras épicas, Rinko decide que va a encontrar pareja y casarse antes de que se celebren los juegos. Y sus amigas no se quedan atrás. Tras mucho tiempo sin lanzarse al mercado del amor, pronto se dan cuenta de lo difícil que resulta todo cuando parece que se te ha pasado el arroz.
Higashimura plantea una crítica directa a las actitudes tóxicas de sus amigas a través de las protagonistas de este manga. Para ello utiliza a tres personajes en la obra: un joven y guapísimo modelo, que coincidirá con las protagonistas en la tasca a la que van siempre, y a quienes criticará de forma abierta. Y dos tapas: el hígado y la lecha de bacalao. Tapas que las protagonistas siempre piden junto a sus cervezas, y que a partir de cierto punto de embriaguez se convierten en personajes que les darán ciertas dosis de conciencia sobre lo que están viviendo. La autora mezcla en las tramas los estereotipos del amor romántico que suelen leerse en los mangas con la situación realista en la que se encuentran sus personajes. A partir de esa dicotomía, presentada en situaciones algo forzadas, pero extremadamente cómicas en su representación, expone todos y cada uno de los condicionantes a los que están sometidas las mujeres japonesas de esa edad. Y cómo el estrés de lo que se espera de ellas afecta a sus vidas. Precisamente, el modelo las tilda de ser mujeres y si, que en lugar de vivir el momento se dejan arrastrar mentalmente por lo que les gustaría que fuera.
En el apartado gráfico destaca la facilidad que tiene la autora para pasar de un dibujo preciosista, con línea clara y diseños limpios, a una caricaturización extrema cuando la situación (y el alcohol) desborda a los personajes. Higashimura utiliza metáforas visuales muy sencillas, y a la vez divertidas. Si Rinko y sus amigas están teniendo una revelación y se sienten golpeadas por la conclusión a la que han llegado, junto a sus caras de horror se observa una representación clara de sus sentimientos. Golpeadas como si fueran sacos de boxeo, o perdidas en un mar de dudas, literalmente. Lo que potencia tanto la comicidad como el mensaje. Los diseños de personaje, amplios en su variedad, juegan a su vez con los prototipos que suelen aparecer en los mangas de historias románticas, para enfatizar el apartado de condicionamiento a través de la cultura de masas, haciéndolos fácilmente reconocibles no solo por el público objetivo original, sino también por lectores de todo el mundo. La narrativa de este cómic navega entre la comedia absurda y las reflexiones más dramáticas, sin que ello suponga un problema. Ya que a través del humor va que- dando un poso crítico sobre los temas tratados.
Higashimura «maltrata» a sus protagonistas poniéndolas en todo tipo de situaciones incómodas socialmente. Sin embargo, gran parte de estas ocurren por la mentalidad con la que se enfrentan a la vida. Mentalidad que viene dada en parte por su educación y por la sociedad en la que viven. De ahí que el mensaje que destila esta obra sea de advertencia para las lectoras japonesas: no es obligatorio vivir así, ni tampoco martirizarse si no se cumplen los designios sociales. De igual forma, les lectores que se acerquen a esta obra descubrirán una parte de la sociedad japonesa que no suele representarse en otros cómics. Si bien esto puede hacer que algunos lectores no sean capaces de empatizar con los personajes, los apuntes personales de la autora al final de cada tomo, así como la amistad entre las tres protagonistas, exponen un punto de vista esperanzador sobre lo ocurrido en el manga. Ya que Higashimura solo quiere dejar una cosa clara, si se nos pasa el arroz, a cualquiera y a cualquier nivel... no pasa absolutamente nada.
Tokyo Girls
Akiko Higashimura
Japón
Rústica con sobrecubierta
Blanco y negro
Traducción: Karla Toledo
Obra relacionada
Desastre
Mamen Moreu
(Astiberri Ediciones)
Gokushufudo: Yakuza amo de casa
Kousuke Oono
(Ivrea Editorial)
La Cantina de medianoche Tokyo Stories
Yaro Abe
(Astiberri Ediciones)
Anuario Jot Down Comics 2021
La historia jamás contada del comic granadino (video)
LA HISTORIA JAMÁS CONTADA DEL COMIC GRANADINO from Acento Comunicación on Vimeo.
Ya tiene unos años, pero no deja de tener interés. Sobre todo porque los protagonistas no dejan de crecer y crecer en el mundo del comic. Me ha parecido interesante.
Hadas: no a todo el mundo le es dado contemplarlas
El faro del fin del mundo/ Jacinto Antón
Hadas, venid a sacarme de este mundo aburrido". Acudí con el verso de Yeats en la cabeza a una insólita sesión académica sobre esas criaturas maravillosas hace unos días en Barcelona, una tarde en la que la ciudad se encerraba en una atmósfera turbia. Hadas: ya sólo la palabra, con el sabor de un elixir vivificante, te traslada a una esfera distinta, a un espacio extraño en el que la magia y la belleza revolotean resplandecientes envueltas en un halo de misterio y de peligro. Otoño es una estación de hadas: en el bosque, si escuchas con atención, puedes oír estos días su leve paso en el crepúsculo, crujiendo en las hojas muertas mientras el viento sopla alrededor con un gemido agreste y melancólico. Habrá quien al oír hablar de las hadas piense en Campanilla, las de Disney o los cuentos troquelados; yo pienso en las hadas premiun, numinosas y feéricas, cosa seria, como Morgana Le Fay, la Belphoebe de Edmund Spenser o La Belle Dame sans merci, cantada por Keats y pintada por Waterhouse: "I met a lady in the meads, / Full beautiful, a fairy´s child; / Her hais was long, her foot was light, / And her eyes were wild" ("Encontré a una dama en los prados / de belleza absoluta, una niña de las hadas; / su cabello era largo, sus pies ligeros, / y su mirada salvaje").
Casualmente -aunque con las hadas no hay casualidades- la convocatoria coincidía con que estaba leyendo Queens of the Wild, de Ronald Hutton (Yale University Press, 2023), sobre la pervivencia de creencias y figuras paganas, especialmente femeninas, en la Europa cristiana y que habla mucho de las hadas, dedicando un capítulo entero a su reina (cuyas plasmaciones más conocidas son las shakesperianas Titania y Queen Mab). Hutton, una autoridad en el paganismo antiguo y medieval, señala cómo se consolidó en el Medioevo, procedente del mundo celta, la idea de unos seres parecidos a los humanos pero con poderes sobrenaturales. Eran criaturas hermosas, seductoras y ambivalentes a las que había que propiciar y que podían brindar sus dones o ser peligrosas.
En el curso del siglo XII, esta concepción de las hadas se mezcló con la nueva forma literaria del romance, género producido para la aristocracia, y entonces esos seres cobraron glamour y pasaron a reflejar la imagen idealizada de la élites. Parecían princesas o grandes damas y se las conoció como fays, faes, fées o fairies, a partir quizá del latín fata, femenino vulgar de fatum, destino, hado, y de ahí nuestro término hada. Entre estas hadas de alto standing se cuentan las de los relatos artúricos.
De todo esto, y de más cosas, se habló en la sesión Las hadas y Avalon en Cataluña (que ya es un título sugerente), celebrada en la Biblioteca de Cataluña. Cuatro especialistas, Anton Maria Espadaler, Meritxell Simó, Glória Sabaté y Antonio Contreras nos llevaron de la mano al bosque mágico que evocaron bajo las bóvedas góticas con la ayuda de un powerpoint y la imaginación que convertía cada sombra de la sala en un dibujo de Arthur Rackham. Antes de empezar alguien tarareaba el Avalon de Roxy Music ( a ver quién se iba a atrever con La reina de las hadas de Purcell).
Cuando Merixtell Simó anunció que se iba a centrar en una clase de hada, "el hada amante" (¡y que les den a las hadas madrinas!), se oyó un suspiro colectivo en la ya entregada audiencia (que no había ido a oír hablar precisamente del hada de Shrek 2). Simó repasó la amalgama de rasgos y figuras que componen el elusivo personaje y desplegó el relato arquetípico de esta hada que se une a un mortal, y su evolución. Recalcó que la relación es asimétrica: el poder lo tiene el hada, que es capaz incluso de someter a hombres de tanto carácter como el rey Arturo y Lanzarote (no digamos a los demás de nosotros), y hasta a Merlín. Sin embargo, la idea de las hadas cambió; pasó a predominar su lado peligroso e inquietante. El siguiente paso fue la demonización por la Iglesia. Se las confunde muchas veces con las lamias y sirenas. El hada no obstante encuentra caminos para volver a aparecer en toda su dimensión fulgurante, aunque sea como anima junguiana.
Sabaté intervino para llevarnos al mundo de las hadas modernistas, cuando se nos vuelven a llenar los bosques de hadas, hadas poderosas, de hermosura indescriptible, hadas que están pidiendo que te hundas en sus ojos o en sus pozos. "No todo el mundo puede contemplar un hada", nos puntualizó. "Son ellas las que deciden si eres el escogido, si reúnes las condiciones para verla". Y advirtió: "Cuidado, las hadas son tentación y peligro, no dejan de ser criaturas de la naturaleza".
Y así pasó el tiempo. Y de repente, sin saber cómo, en un estado de ensoñación todavía, me encontré en la calle, buscando entre la multitud oscura hadas. Y que vivan la tentación y el peligro. Hadas, llevadme, "quiero cabalgar el viento con vosotras, / correr en la cresta de las despeinadas olas, / y danzar como una llama en la montaña"
El Pais. Cultura. Sábado 9 de diciembre de 2023
lunes, 11 de diciembre de 2023
EN NUESTRO PUEBLO HAY MÁS DE UNA BRUJA
Quim Pérez
El terreno de juego del cómic juvenil actual está muy claro para quién lo quiera ver, incluso es tan diáfano que se ve sin necesidad de enfocar demasiado. En el cómic juvenil, la parte del león de sus argumentos tiene que ver con la identidad de género y cómo la persona protagonista toma conciencia. Muchas historietas dirigidas a los young adults ponen esta conciencia en el centro del conflicto del personaje protagonista; esta temática también resulta muy habitual en el cómic para adultos.
Kat Leyh, de la que sabemos que reside en Chicago, pero no tenemos ninguna noticia de cuándo ni dónde vino al mundo, lo comenta en una entrevista. Dice que muchos creadores queer escriben las historias que hubiesen deseado leer en su niñez, donde aparecen otros modelos de expresión de género y de orientación sexual más allá de la heteronormatividad. Muchos creadores queer entraron dentro de la comunidad LGBTQAI+ ya de adultos, pero en su infancia no tuvieron referentes culturales que dieran carta de naturaleza a su sentir y a su expresarse. Snapdragon atiende a este propósito; esto es, a reconocer que los jóvenes queer existen y tienen algunas experiencias diferenciadas.
Los cómics, como cualquier obra artística, respiran también el aire que sopla en su época. Lo fe- menino, lo masculino, lo no binario, la identidad de género, la orientación sexual, la expresión del género son cuestiones que están en el candelero e interpelan no solo a la juventud de hoy, sino a toda la sociedad. Su presencia en Snapdragon es incuestionable, sus principales protagonistas no encajan en ninguno de los referentes tradicionales y viven esta diferencia sin alterarse, y está integrado en la trama con una fluidez que a los lectores mayores no puede más que regocijarnos aunque, a la vez, nos sorprenda.
Snapdragon es un cómic de aventuras clásico. La acción comienza de manera accidental, la protagonista va superando pruebas cada vez más difíciles al tiempo que hace importantes descubrimientos familiares, cuenta con una mentora y consigue su gran objetivo: dominar la magia y ser una bruja como dios manda. La lección que aprenderá la mentora es que no hay un único camino para hacer bien las cosas, y la lección de la protagonista es que la magia solo brota cuando nos enfrentamos a una gran necesidad.
Es un cómic que lanza un mensaje positivo sobre diversos aspectos de la vida, pero no en forma de moralina, sino que está integrado en la historia y discurre sin sombra alguna de didactismo. Algunos de esos temas son: el tiempo que conlleva cualquier nuevo aprendizaje, la vejez y la merma de capacidades físicas, la autonomía juvenil, el valor del trabajo manual, los fantasmas como seres que padecieron injusticias todavía no reparadas, la vinculación estrecha del ser humano con la naturaleza, que hubiese sido muy del gusto del Osamu Tezuka de Buda, la bondad de las segundas oportunidades en la vida, la familia escogida frente a la familia biológica, las afinidades con los demás por encima de las diferencias, o el trabajo de cuidados como una labor valiosa y necesaria. Si buscamos un hilo común que pueda unir a buena parte de estos temas lo encontraremos en la compasión. Es un sentimiento que surge cuando nos enfrentamos al sufrimiento de otra persona y nos impulsa a aliviarlo. A diferencia de la empatía, la compasión incluye el deseo de ayudar al otro. En las viñetas de este cómic, de tamaño inferior al de la novela gráfica, hay muchos ejemplos de ese inmiscuirse en lo ajeno para ponerle algún remedio.
Este cómic tan ágil tiene un ramalazo de mal cómic juvenil a la hora de construir el personaje del antagonista. Se trata de Chuck, la expareja de la madre de Snapdragon, un tipo agrio y vengativo; un malo maloso, malcarado como un pecado y poca cosa más. Es un personaje demasiado plano y poco creíble, porque no se le presenta con la misma complejidad de carácter que al resto de personajes; aunque el mundo vaya sobrado de canallas que consideran a su expareja como una propiedad y pretenden hacerle la vida imposible.
Snapdragon es el cómic que a Kat Leyh le hubiese gustado leer de pequeña: personajes protagonistas tratados sin un ápice de paternalismo y que brillan con luz propia. Estamos ante un tebeo con una buena dosis de elementos fantásticos, con revelaciones familiares insospechadas, y un puñado de los elementos que Terry Pratchett incluía en sus novelas. No en vano, Snapdragon puede considerarse como una versión de la novela Ritos iguales (1987), de Pratchett.
Leyh tiene un estilo de dibujo con reminiscencias del Estudio Ghibli y del cartoon, pero el entintado es casi de línea clara. Sus trazos, pocos y limpios, sugieren un lápiz muy trabajado. La tinta depura al lápiz, podríamos decir. Pero si a nivel de dibujo es notable, a nivel de narrativa gráfica es demoledoramente brillante. Proyecta en sus páginas un gran dinamismo gracias a que los ángulos de sus viñetas casi nunca suman noventa grados. Además, usa recursos narrativos del cómic y no simplemente saqueados del cine o de la literatura. Estamos ante la obra de una historietista madura con pleno dominio de sus capacidades.
Snapdragon
Kat Leyh
Editorial Astronave
Estados Unidos
Cartoné
240 págs.
Color
Traducción: Diego de los Santos Rotulación: Vanessa Cabrera y Juan Pacheco
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Noelle Stevenson y varios autores
(Sapristi Comic)
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Osamu Tezuka
(Planeta Cómic)
El tapiz de los dragones de té
Kay O’Neill
(Ediciones La Cúpula)
Anuario Jot Down Comics 2021
Las tiras gráficas en la prensa norteamericana
Ana Merino
En 1995, centenario de la aparición del primer cómic norteamericano, el Departamento de Correos de los Estados Unidos editó una colección de 20 sellos de 32 centavos que homenajeaba a las tiras clásicas de cómics. Allí aparecían personajes como Yellow Kid, los Katzenjammer Kids, Little Nemo, Krazy Kat, Annie, Popeye, Blondie, Dick Tracy, Alley Oop o Nancy, entre otros.
A los norteamericanos les gusta reivindicar como suya la invención del cómic. Lo cierto es que han sido ellos los grandes promotores de la industria de la historieta y los que más la han desarrollado, a través de la prensa, como una sección habitual dentro de las páginas de sus periódicos. Yellow Kid, el personaje con un gran mandilón amarillento creado en 1895 por Outcault para el periódico The New York World dio nombre de amarilla a la prensa sensacionalista. Los Katzenjammer Kids (1897), de Rudolph Dirks, que en España leímos como Los cebollitas o El Capitán y los pilluelos, eran dos niños muy traviesos en los que se inspiró Escobar para crear a Zipi y Zape, y se suele considerar como la primera tira cómica propiamente dicha por su contenido riguroso de viñetas y bocadillos.
Una de las obras más sugerentes, por su refinamiento estético y sus referencias oníricas, será Little Nemo, creada en 1905 por Winsor McCay para el New York Herald como entrega dominical a página completa. Nemo es un niño que vive dentro de las aventuras que fabrican sus propios sueños. Krazy Kat, de George Herriman, creada en 1910 para el New York Journal, es un gran ejemplo de mundo surrealista.
Izquierda, Richard F. Outcault, creador de The Yellow Kid; derecha, George Herriman, responsable de Krazy KatDentro de la tira de cómics americana hay un género que puede denominarse "costumbrismo familiar" (que influye en la historieta europea y latinoamericana) y que narra en sus viñetas la historia de diferentes familias. Este género lo inició en 1913 la serie Bringing up father (traducida como Educando a papá) de George McManus, y es la historia de una familia emigrante irlandesa que se hace millonaria. Jiggs, el padre, es un albañil a quien su condición de nuevo rico no cambia ni de modo de ser ni de amistades; por su parte, su esposa Maggie, antes lavandera, se transforma en una señora derrochona que pretende formar parte de la alta sociedad. Blondie es una tira también familiar, creada por Chic Young en 1930, y narra las relaciones de un matrimonio de clase media, en que el marido ha renunciado a su herencia para casarse con la mujer que quiere. En la actualidad, y desde hace dos décadas, se publican en los Estados Unidos las tiras familiares de Lynn Jonhston tituladas For better or for worse, que narran la vida de una familia de clase media, con la peculiaridad de que sus peripecias se desarrollan en el propio tiempo y al hilo de los sucesos de la realidad.
La tira de los periódicos también tuvo espacio para las aventuras policíacas y míticas. Dick Tracy (1931), de Chester Gould, para el Chicago Tribune es ejemplo de género policíaco y Terry y los piratas, de 1934, de Milton Caniff también para el Chicago Tribune, será una serie realista de aventuras de enorme éxito. En 1940, Will Eisner creó su personaje The Spirit para el mismo periódico. Por su parte, en 1929 Harold Foster adaptó el Tarzán de Edgar Rice Burroughs a la tira de cómics para el Metropolitan Newspaper. Ese trabajo fue luego continuado por Burne Hogarth.
La serie de Carlitos y Snoopy -Peanuts, nombre impuesto al autor y que nunca fue de su agrado-, creada en 1950 por el recientemente fallecido Charles Monroe Schultz, ha sido una tira emblemática difundida en todo el mundo y ha influido en otras, como la tira de Garfield, el gato gordo, anaranjado y vago creada en 1978 por Jim Davis, que también ha cosechado gran éxito, o la creada por Bill Watterson en 1985, Calvin y Hobbes, que narra las aventuras de un niño y su tigre de peluche.
En un espacio tan limitado es imposible resumir la extraordinaria riqueza y diversidad que las tiras de cómics han mostrado y muestran en la prensa diaria y dominical norteamericana, y hasta qué punto muchas de ellas son reflejo directo de la realidad. no obstante, hay que señalar que todas ellas pertenecen a ese peculiar mundo capaz de conseguir tanta expresividad, y que es uno de los vigorosos signos de identidad gráfica de la cultura del tiempo que vivimos.
Revista Leer nº 144 Julio-Agosto 2000
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