martes, 7 de marzo de 2023

Alemanes y Aliados contra las Waffen-SS por Jacinto Antón

EL FARO DEL FIN DEL MUNDO

El combate que soldados alemanes y estadounidenses libraron codo a codo contra tropas de las Waffen-SS

La batalla del castillo de Itter es uno de los episodios más increíbles de la Segunda Guerra Mundial, descrita por Stephen Harding en un libro extraordinario, pide a gritos un Spielberg para llevarla a la pantalla

JACINTO ANTÓN

04 MAR 2023




Que tropas del ejército regular alemán, la Wehrmacht, combatieran contra el cuerpo de combate de las SS, las Waffen-SS, era algo que pensaba que sólo había ocurrido en alguna película o novela. De hecho, que soldados alemanes lucharan en el campo de batalla contra otros soldados alemanes durante la Segunda Guerra Mundial (y no fuera por equivocación, i. e.: el pelotón del sargento Steiner diezmado por fuego amigo en La Cruz de Hierro) únicamente lo había visto en un tebeo de Hazañas bélicas en el que hacia el final de la contienda un regimiento de la Wehrmacht se enfrentaba a tropas fanatizadas de su país para impedir que masacraran a efectivos de un regimiento británico con el que, descubrían al ver que llevaban las mismas insignias, habían estado hermanados y servido juntos durante las guerras napoleónicas, lo que crea muchos lazos…

Podría añadir la escena de arranque de Ha llegado el águila, en la que los paracaidistas del coronel Steiner (sin parentesco que se sepa con el sargento más allá de lo bien que nos caen James Coburn y Michal Caine; no nos cae bien en cambio el general de las SS Félix Steiner) casi llegan a las manos, bueno, las Schmeissers MP-40, con una unidad de las SS al tratar de salvar, infructuosamente, a una niña judía. Hay casos por supuesto de militares alemanes peleando con sus armas contra militares alemanes, desde Doce del patíbulo y El desafío de las águilas a Malditos bastardos, pasando por Tobruk, pero se trata en esos casos de comandos Aliados disfrazados. En alguna novela de Sven Hassel, vemos cómo Porta, Hermanito y sus camaradas del frente liquidan a algunos nazis. Y Von Stauffenberg, claro, mató a varios de sus propios colegas oficiales en el atentado contra Hitler del 20 de julio en la Guarida del Lobo y luego se lio a tiros en el Benderblock en Berlín al fracasar la operación Valkiria. Pero no hablamos de verdadero combate en el campo de batalla.

“¡Mamá quiere ahorcarnos!”: en el final del III Reich se suicidaba más la gente corriente con sus hijos que los militares y los altos cargos nazis

En realidad, tras el libro que desmontó el mito de una Wehrmacht de manos limpias contrapuesta a unas SS tintas de sangre, Los crímenes de la Wehrmacht (Crítica, 2010), sabemos perfectamente que Wehrmacht y SS iban bastante al unísono. Por eso me ha impresionado tanto descubrir la historia de la Batalla por el Castillo de Itter. En esa batalla, en los últimos compases de la Segunda Guerra Mundial, el 5 de mayo de 1945, con Hitler ya muerto y la rendición de Alemania a la vuelta de la esquina, soldados de EE UU, efectivos de la Wehrmacht y prisioneros de guerra franceses combatieron codo con codo contra tropas de la 17ª división SS de Granaderos Panzer Gotz von Berlichingen -el potente nombre venía de un caballero imperial franconio que portaba una mano artificial de hierro, de ahí el emblema de la unidad; también le dijo al obispo de Bamberg que ya podía besarle el culo (primera mención atestiguada históricamente de la expresión), pero esa es otra historia-. El episodio del castillo es bien conocido, por lo visto, de muchos aficionados a la Segunda Guerra Mundial (hasta hay un juego de mesa y reconstrucciones virtuales), pero he de reconocer que yo, que leí a Cornelius Ryan antes que a Enid Blyton y ya sabía decir “Sturmbannführer” cuando hice la Primera Comunión, no tenía ni idea.

Ha sido ahora al caer en mis manos el espléndido The last battle, de Stephen Harding (Hachette Books, 2020), obra de referencia sobre el asunto, que me he enterado de ese extraño capítulo de la segunda contienda. Acabé el otro día el libro tras devorar sus doscientas sensacionales páginas en una sentada y todavía estoy que no me lo creo. ¡Qué historión! Baste con decir que el amigo Andrew Roberts en su crítica del libro se preguntaba, con razón, cómo Steven Spielberg podía haberse perdido semejante historia, que tiene algunos puntos en común —el ataque de tropas de las Waffen-SS a un pequeño grupo de combatientes que defiende en inferioridad una posición—. “Parte El desafío de las águilas, parte Los cañones de Navarone, esta historia es tan excitante y tan descabellada como ellas, aunque a diferencia de esas icónicas películas de guerra, cada palabra de The last battle es verdad”, señala Roberts. Y yo no lo diré mejor.


El castillo de Itter, con la entrada donde se apostó el tanque Sherman estadounidense.

La historia de la batalla del castillo de Itter es alucinante, y mientras vas pasando las páginas de la minuciosa reconstrucción de Harding los acontecimientos que se suceden son más asombrosos aún. Viniendo como venía de un castillo de la Segunda Guerra Mundial, el de Colditz, por el libro de Ben Macintyre (Crítica, 2023), me sorprendió encontrarme con otro, el de Itter, que también sirvió de prisión y fue escenario de aventuras aún más emocionantes. El castillo de Itter, está en Austria, en el Tirol, en una colina cerca del pueblo del mismo nombre. Con una historia muy interesante que se remonta al siglo X y en la que figuran cacerías de brujas, las estancias de Liszt, Wagner y Tchaikovsky y su transformación en hotel en los años veinte con aire de castillo de cuento de hadas, el Schloss Itter —que tras la Segunda Guerra Mundial fue alquilado en parte por Niki Lauda y actualmente está en manos privadas— fue expropiado por las SS, que eso sí que es un fondo buitre, y convertido en campo de prisioneros en 1943. Se lo destinó a prisioneros especiales: si en Colditz eran grandes expertos en fugas, Itter fue para famosos y en el momento que nos ocupa retenía a un puñado de presos VIP franceses (muchos de ellos a la greña por quítame allá un colaboracionismo), como Édouard Daladier, Paul Reynaud, Jean Borotra, los generales Maurice Gamelin y Maxime Weygand, Michel Clemenceau (hijo del político) y Marie-Agnès Cailliau, née De Gaulle, hermana mayor del general de la Francia Libre.

Dependiente del campo de Dachau, el castillo contaba con una guarnición de miembros de la SS-Totenkopfverbände bajo el mando del capitán de las SS Sebastian Wimmer, un bruto con experiencia en Majdanek, que ya es currículo. Sus misión era mantener a los franceses como rehenes y posible moneda de cambio y matarlos en cuanto recibiera órdenes de hacerlo. Cuando las tropas de EE UU llegaron a la zona, preocupados por los rumores del refugio alpino en que se habrían concentrado los nazis más irreductibles y con las ganas que puede imaginarse de los soldados de convertirse en las últimas bajas de la guerra a punto de acabar, les llegaron noticias de los prisioneros franceses del castillo y de que su suerte pendía de un hilo.



El mayor alemán Gangl y el teniente estadounidense Lee, en un montaje con sus dos retratos.

La situación en el área de Itter era compleja, con unidades die-hard de las Waffen-SS pululando cabreadas (es lo que tiene cuando has llegado casi al Cáucaso y acabas defendiendo el Tirol, y además tu Führer se ha suicidado), fogueadas tropas de montaña (Gebirsjäger), soldados de la Wehrmacht dispuestos a luchar lo justito, Juventudes Hitlerianas, Volksturm, miembros de la resistencia antinazi austriaca (¡los había!) armados por la OSS y civiles prestos a izar la bandera blanca, además de un par de tanques Tiger. Ese batiburrillo y las incertidumbres del momento explican el lío que se montó en torno al castillo de Itter y en el que tuvieron un papel decisivo el mayor de la Wehrmacht Josef Sepp Gangl, un héroe de guerra, premiado con la Cruz de Hierro de Primera Clase y la Cruz Alemana en oro pero proclive a acabar con la guerra y evitar más sufrimiento; el capitán de las Waffen-SS Kurt-Siegfried Schrader, también un combatiente experimentado que había luchado en Leningrado, Caen y el puente de Remagen, y también desafecto ya al III Reich, y el teniente tanquista de Nebraska John Carey Lee, ex jugador de fútbol americano, bebedor empedernido y otro fogueado militar que llegaba al corazón de Krautland tras cruzar media Europa peleando a bordo de su Sherman bautizado Besotten Jenny. Los tres se convirtieron en extraños e improbables camaradas de armas.

Mientras la situación en el castillo se desmadraba, Wimmer huía con los guardias SS, tomaba el mando Schrader, partidario de rendir la fortaleza; los franceses se hacían con armas, y efectivos de las Waffen-SS convergían sobre Itter con muy malas perspectivas para los prisioneros, se produjeron distintos intentos para contactar con las fuerzas de EE UU y pedir ayuda a fin de salvar a los VIPS galos. Finalmente, tras idas y venidas para parlamentar en bicicleta y Kübelwagen, peligrosas pero también dignas de Qué hiciste en la guerra, papi, se congregaron para defender el castillo y a los franceses Gangl con 14 oficiales y soldados de la Wehrmacht bajo sus órdenes, Lee con una decena de GI y su tanque, el SS desafecto Schrader y los propios prisioneros (que sin duda pensaban en Zinderneuf). Para no confundir propios con extraños, los alemanes aliados y valga la palabra —Lee usaba el término tame Krauts, Krauts domados— se colocaron un trozo de tela negra anudado en el brazo izquierdo. Harding describe la increíble escena de la vigilia de la batalla con los dos oficiales del III Reich condecorados y el audaz carrista estadounidense planificando juntos la defensa del castillo medieval tirolés, y de verdad que parece cosa de Alistair MacLean.


Soldados de las Waffen-SS sobre el terreno en 1945.

El asedio del castillo comenzó con ráfagas de ametralladoras MG-42 disparadas desde los bosques colindantes, a las que respondió el cañón del Sherman, posicionado bloqueando la entrada de la fortaleza, un poco como el Fury de Brad Pitt. Mientras, otras fuerzas estadounidenses avanzaban hacia el castillo en plan Séptimo de Caballería, en una galopada mecanizada que incluía a dos periodistas que no querían perderse tamaña historia. La ayuda era imprescindible, pues las fuerzas atacantes de las Waffen-SS, un centenar y medio de efectivos en sus uniformes de camuflaje característicos (parte de la 17ª SS Panzer) disponían de un mortífero cañón de 88 milímetros —un letal cazacarros—, uno de 75mm, y otro de 20 mm, la inmisericorde arma picadora de carne que aparece en la batalla de Ramelle al final de Salvar al soldado Ryan. Durante las horas cruciales del asedio, el Sherman fue alcanzado y destruido por un proyectil (la tripulación se salvó), y el valiente Gangl cayó muerto alcanzado en la cabeza por la bala de un francotirador mientras corría para apartar de la línea de fuego a Reynaud.

Entretanto, el más increíble mensajero había sido enviado desde el castillo para contactar con los refuerzos, explicarles la situación y guiarlos. Se trataba del francés Borotra, conocido campeón de tenis además de político y que era, lógicamente, el más en forma de los prisioneros, además de haber tratado de escapar varias veces y conocer los alrededores. Tras atravesar audazmente las filas de los Waffen-SS, Borotra fue a dar con la persona más improbable posible y que lo reconoció inmediatamente: el corresponsal de guerra franco canadiense René Levesque, futuro primer ministro del Québec, que iba con las fuerzas de socorro. El rescate, consistente en una columna de tanques, semiorugas con tropas y jeeps, arribó al castillo en un momento crítico, cuando los defensores se estaban quedando sin municiones. El primero, en verlos fue uno de los alemanes de la fortaleza que al ver los Shermans gritó, de manera alarmante para sus compañeros estadounidenses: “¡Panzer!”. Ante la llegada masiva del enemigo, en plan Wild West, los Waffen-SS se esfumaron en los bosques.

El final de la batalla del castillo de Itter fue anticlimático: los franceses VIP fueron enviados a Francia, los defensores estadounidenses se reintegraron a sus unidades y los alemanes que habían luchado a su lado fueron enviados a campos de prisioneros. El día 7 de mayo Alemania firmaba su rendición incondicional. Lee recibió la Cruz de Servicio Distinguido, la segunda condecoración más alta de EE UU tras la Medalla de Honor, “por su liderazgo y extraordinario heroísmo en acción”. Por su parte, el fallecido Gangl fue reconocido como un héroe nacional austriaco por su alianza con el movimiento de resistencia anti-nazi y su participación en la defensa del castillo. Una calle de la localidad vecina de Wörgl lleva hoy su nombre. Wimmer, el malvado oficial de las SS que escapó de la fortaleza eludió el castigo, pero se suicidó en 1952. El Waffen-SS amigo, Schrader, tras pasar un breve internamiento fue liberado y en 1953 entró como funcionario en el Ministerio del Interior del estado de Westfalia. El castillo de Itter se puede contemplar desde fuera en la actualidad, pero no visitar.

En cuanto a mí, espero volver a descubrir en mi vida algo tan excitante como la batalla del castillo de Itter, o al menos, que hagan la película…


El Pais. Sábado 4 de marzo de 2023



lunes, 6 de marzo de 2023

Clasic Comics por Gallardo






 Revista Cairo nº 7

Barcelona



Una nueva realidad

La pasión por el descubrimiento puede llegar a rozar los límites de la obsesión, con el peligro que esa actitud conlleva


JOSÉ LUIS VIDAL

05 Marzo, 2023 



Está más que claro, el manga japonés ha llegado para quedarse definitivamente. Y sí, ya lo hizo hace muchos años, pero en la actualidad no hay más que entrar en cualquier librería especializada para observar como el espacio reservado a este formato crece cada día más y más, debido a la gran cantidad de material nipón que se publica mensualmente, de todos los géneros imaginables, copando en muchas ocasiones los primeros puestos en las listas de ‘los más vendidos’, relegando a segundos puestos a la denominada ‘literatura seria’.

Pero esa invasión (en el buen sentido de la palabra) no se ha producido solamente en los miles de lectores, sino que ya se puede hablar de una (o varias) generaciones de autores y autoras de cómic que han echado los dientes entre las páginas de estos cómics y, llevándolo a la página en blanco, en muchas ocasiones de la manera más literal, pero en otra naciendo un híbrido en lo gráfico la mar de interesante, que combina con maestría el canon del manga (diseño de personajes, tecnología, etc) con una narrativa occidental, sin dejar de lado, claro está, recursos narrativos que viene del País del Sol Naciente.

Toda esta introducción viene a cuento porque si desviamos nuestra mirada hacia nuestros vecinos galos, vamos a encontrarnos con un buen puñado de autores que están revolucionando la bande desinée, el cómic francobelga, con nuevas propuestas, tanto en lo visual, lo gráfico, como lo argumental. Y todo ello es debido, en buena parte, gracias a la influencia del manga en sus carreras.

Timothé Le Boucher, Serge Sangelin, Florent Mudoux son algunos de estos nombres cuyas carreras os recomiendo seguir, así como la del dibujante Aseyn (Palavas Cowboy, Les autres gens, Axolot…), el cual, junto a su partenaire en el guion, Boulet (Les autres gens, Infinity 8, Donjon Zénith…), nos llevan a un nuevo mundo, el de la realidad virtual llevada hasta sus últimos límites, donde la tecnología ha avanzado tanto que ya se puede hablar de un sueño hecho realidad.

¿Quién no ha deseado viajar a lejanos parajes, ya sea en nuestro planeta o a través de las estrellas?

Marjorie es una joven estudiante a la que, sin más preámbulos, vamos a conocer a punto de penetrar por una puerta que, aunque ella aún no lo sabe, cambiará su vida.

El nombre de este increíble lugar es Bolchoi Arena, y se trata de una perfecta recreación virtual, en la que miles de usuarios recorren el espacio, buscando nuevos satélites, planetas, en los que el hombre aún no ha puesto su pie y donde se busca, principalmente, el beneficio económico.

De la mano de su mejor amiga, Dana, que ya tiene mucha experiencia y le servirá de guía, la muchacha abrirá los ojos como nunca lo ha hecho cuando se encuentre dentro de un sueño hecho por fin realidad. Un viaje a Titán, donde por culpa de su inexperiencia a la hora de interactuar con esta nueva tecnología VR, va a ganarse la antipatía de una megacorporación, que son los auténticos señores de este universo virtual, en el que las ganancias y propiedades marcan el status de sus habitantes-jugadores.

Y como os decía, ya nada será igual para Marj, su relación con Colin, su novio, cuyo alter ego virtual nos va a sorprender y sacar más de una sonrisa; sus estudios se van a resentir con las más que habituales visitas a Bolchoi Arena, un lugar en el que conocerá también a Carlos, un hábil constructor de naves.

Pasarán los días, y la realidad y lo virtual se mezclarán en la vida de la joven, que va cayendo poco a poco en una inevitable adicción que la aleja de los más cercanos.Pero claro, el ir subiendo de nivel, demostrando su habilidad en estos parajes virtuales hará que la fama de Marj crezca en relativamente poco tiempo, surgiendo la envidia entre ciertos sectores de este mundo, en el que nada es lo que parece y el peligro puede acechar en el momento más inesperado, cosa que la protagonista va a experimentar, y sufrir, en primera persona en el momento en el que el argumento de un giro totalmente inesperado.

Si os apasiona la ciencia ficción, el dúo autoral Boulet- Aseyn nos tiene preparado un increíble viaje a través de una invisible puerta, sentando las bases de este universo virtual donde todo está por descubrir. Y lo haremos, sin duda, en el primer volumen de Bolchoi Arena, que lleva como título Caelum Incógnito.


Malaga Hoy


domingo, 5 de marzo de 2023

COMIENZA EL JUEGO por Francisco Sáez de Adana

«Yo creo que, originariamente, el cerebro de una persona es como un pequeño ático vacío en el que hay que meter el mobiliario que uno prefiera. Las gentes necias amontonan todo los que encuentran a mano, y así resulta que no queda espacio en él para los conocimientos que podrían serle útiles, o, en el mejor esos conocimientos se encuentran tan revueltos con otra montonera de cosas que les resulta difícil dar con ellos. Pues bien, el artesano hábil tiene muchísimo cuidado con lo que mete en el ático del cerebro. Solo admite en el mismo las herramientas que pueden ayudarle a realizar su labor; pero de estas sí que tiene un gran surtido, y lo guarda en el orden más perfecto. Es un error el creer que la pequeña habitación tiene paredes elásticas y que puede ensancharse indefinidamente. Créame, llega un momento en que cada conocimiento nuevo que se agrega supone el olvido de algo que ya se conocía».

Este largo párrafo del capítulo segundo de Estudio en Escarlata, el primer relato publicado de Sherlock Holmes, sirve al protagonista para explicarle al Dr. Watson su teoría de cómo funciona el cerebro humano. Una teoría que tiene unas fuertes raíces en la frenología, corriente seudocientífica muy de moda en la época en la que se publicó el relato, pero que, sobre todo, demuestra una clara concepción espacial de los procesos mentales por parte de Sir Arthur Conan Doyle. Existe, por tanto, una concepción visual en el proceso deductivo del famoso detective de Baker Street que se extiende a otros aspectos fundamentales de la obra, como pueden ser la resolución de las aventuras en diferentes entornos geográficos, tanto de la ciudad de Londres, emplazamiento de la mayoría de los casos, como de otros lugares, como el páramo de Devonshire en El sabueso de los Baskerville.

Esta concepción visual es uno de los elementos más atractivos del personaje y, quizá, una de las causas de su éxito, ya que le diferencia de otros detectives anteriores y posteriores. Un éxito que ha supuesto que en sus más de 130 años de vida no solo haya sido protagonista de muchas otras obras literarias ajenas a la obra original (los conocidos como pastiches, en contraposición con el canon, que es como se conoce el trabajo de Conan Doyle), sino que haya sido adaptado a otros medios, como el teatro, el cine o, como en el caso que nos ocupa, al cómic. Las traslaciones a este último medio son muy numerosas e incluyen tanto adaptaciones del canon como pastiches literarios y obras creadas originalmente para las viñetas. Teniendo en cuenta que el cómic es un medio predominantemente visual, que diría Groensteen, podría parecer que algunos de los autores de esas numerosas obras habrían aprovechado las características del lenguaje de la historieta para poner en imágenes ese proceso deductivo que describe Conan Doyle en sus obras de forma tan gráfica. Sin embargo, en la mayor parte de los cómics dedicados al personaje predomina, desde el punto de vista visual, el elemento de la acción sobre el de la deducción, quedando esta reducida a una explicación textual (es decir, a través de los globos de diálogo) que, gráficamente, se limita a mostrar al protagonista exponiendo sus conclusiones, incluyendo, en ocasiones, algún inserto a una imagen del relato que muestra los datos en los que se basan las deducciones que se exponen a través del texto.

La originalidad de la propuesta de En la cabeza de Sherlock Holmes es que utiliza la potencialidad visual del cómic para plasmar de forma gráfica todos esos elementos que ya estaban presentes en la obra original. Todos los ingredientes que son claves en el proceso deductivo, desde la compartimentación de la cabeza del personaje hasta las conexiones mentales que le llevan a resolver los diferentes problemas a los que se enfrenta, se muestran en esta obra utilizando diferentes recursos propios del lenguaje del cómic, desde composiciones de página ciertamente origina- les hasta transiciones de página y de viñetas que ayudan a ilustrar esa conexión mental que es clave en el proceso deductivo. Todo ello de tal manera que no se busca solo la espectacularidad, sino también la efectividad narrativa. Evidentemente, esta preponderancia del proceso deductivo (ya indicada desde el propio título) no supone que el elemento de la acción (que también es importante dentro de la idiosincrasia del personaje) esté ausente y, de nuevo, en este caso, se plantea de una forma visual que incluye otras cuestiones, como la distribución geográfica de los lugares que son clave para la resolución del misterio, en correspondencia con la riqueza de las descripciones presentes en el canon original.

Por este motivo, los lectores que sean amantes del personaje de Sherlock Holmes y, a su vez, del cómic como medio y de sus posibilidades narrativas, están ante una obra que les permite satisfacer sus dos pasiones de una manera que no se había realizado antes en el medio de la historieta. De una forma, como se ha comentado, predominantemente visual, aplicada a algunas características de la obra original que, aunque inicialmente tenían una concepción espacial o gráfica, nunca antes se habían mostrado de esta manera, con un uso pleno de las potencialidades del lenguaje del cómic. Esta es la mayor originalidad de En la cabeza de Sherlock Holmes y lo que hace recomendable su lectura.



En la cabeza de Sherlock Holmes. El caso de la entrada misteriosa 

Cyril Lerion y Benoit Dahan 

Norma Editorial (cast.) 

Francia

Cartoné

104 págs.

Color

Traducción: Diego de los Santos Rotulación: Joan Moreno y Ro Vargas

En la ment de Sherlock Holmes. El cas del tiquet misterios 

Editorial Base (cat.)

48 págs. (2 vols.)

Traducción: Albert Vilardell

Obra relacionada

Sherlock Holmes y la conspiración de Barcelona

Sergio Colomino y Jordi Palomé

(Norma Editorial)

Colección Sherlock Holmes

Ian Edginton

(Norma Editorial)

Sherlock Holmes Society

Sylvain Cordurié, Stéphane Bervas y Eduard Torrents 

(Yermo Ediciones) 





© 2019-2021, Ankama Éditions 2020-2021 by Liéron & Dahan. All rights reserved 





 © 2019-2021, Ankama Éditions 2020-2021 by Liéron & Dahan. All rights reserved

Si todo es algo, nada es nada por Tom C. Avendaño

 



En "Nadie como tú", la dibujante chilena Catalina Bu explora la inédita y asombrosa experiencia de vivir en el día a día.

Al final lo importante es hacer caca. Hay otras cosas en la vida, algunas urgentes, otras planificadas, incluso alguna trascendental, pero al final lo importante es que el cuerpo funcione. En cuerpo sano, las neuras desarrollemos inevitablemente no tendrán dónde esconderse. Es el punto de partida -y quizá de conclusión-, de Nadie es como tú (Fulgencio Pimentel), el nuevo libro de la dibujante chilena Catalina Bu (Concepción, 34 años) y quizá su obra más refinada. Si los bocetos con los que esta profesión del blanco y negro y el nihilismo se dio a conocer hace años en internet eran crudos, casi abstractos, aquí emplea la línea fina, un borrador bastante final pero aún trazado a lápiz. Aquí, ahora, encuentra momentos sublimes en lo cotidiano (y en las deformidades fisiológicas). Darse un gustazo de sushi tras salir llorando de una sesión de terapia. Preguntarse, junto a una amiga, si las once y pico de un martes es pronto para beber (respuesta: "Mmm, no sé, da lo mismo") o si lo que sentimos es depresión ("Acuérdate que tienes que dejar de pensar tanto"). Hablar con la vecina, anciana y moribunda, de la vida y de lo que no es vida. No tomar sushi. No beber. No hacer caca. 

La artista Catalina Bu


El Pais. ICON Nº 107 MARZO 2023




Moderno del año por Gallardo

 






Revista Cairo
Barcelona

sábado, 4 de marzo de 2023

UN CUENTO DE EXPLOTACIÓN NAVIDEÑA por Raúl Tudela

Ha llegado la Navidad al bullicioso bosque de El lobo en calzoncillos, pero este año no hay nieve. Así da inicio este sexto álbum de la serie, que en esta ocasión se trata del casi obligado tomo navideño que toda serie infantil parece necesitar. Pero, sin perder el tono que ha tenido en todos sus números, ese inicio con segundas sobre el cambio climático ya sirve de aviso de lo que viene a continuación. Tomando como base el clásico cuento de El cascanueces, este se transforma en El cascaavellanas, en referencia al que es uno de los alimentos más apreciados del bosque, y dándole ese giro social que se espera en las aventuras de El lobo en calzoncillos.

Así los habitantes del bosque están ocupados en sus compras navideñas, especialmente de avellanas, de las que hay grandes, baratas y muchas, o hay de las tradicionales, que son más pequeñas, caras y escasas. El lobo en calzoncillos recibe como regalo un cascaavellanas que en sueños le hará llegar al bosque prohibido para descubrir que esas avellanas más baratas son producidas en masa por unos baobabs injertados y dopados y recogidas por animales del bosque explotados. Algo que obviamente no va a permitir nuestro héroe en calzoncillos.

Un héroe que tiene mucho de antihéroe, con un nuevo giro a esa tendencia en las historias infantiles contemporáneas en la que los tradicionales malvados son convertidos en los protagonistas, simpáticos y adorables. Aquí El lobo también deja de ser feroz para ser un personaje empático, optimista y preocupado por los habitantes más desfavorecidos del bosque. Pero esa actitud le convierte en un peligro, un personaje antisistema y fuera de control en la sociedad capitalista que refleja el bosque. Creado por la pareja Wilfrid Lupano (Nantes, 1971) al guión y Mayana Itoïz (Bayonne, 1978) al dibujo, y con la colaboración ar- tística siempre acreditada de Paul Cauuet (Toulouse, 1980) —con el que Lupano realiza la también irreverente y exitosa serie de Los viejos hornos— no ha dejado en ningún tomo de tocar algún tema social de forma directa y muy posicionada. Desde el uso del miedo a lo desconocido para el control social, el tratamiento de las dis- capacidades, el consumismo y las modas, o la protección de los más débiles y la gestión de las desigual- dades. Siempre desde un punto de vista crítico, que algunos pueden llegar a considerar anticapitalista

y revolucionario. Pero que en realidad no dejan de ser planteamientos de puro sentido común —de comunidad—, que ya eran el centro de tesis socialdemócratas más centradas y nórdicas tampoco hace tanto tiempo.

Sin intención de causar una revolución infantil, lo que está claro es que los argumentos de los tebeos de Lupano e Itoïz sirven para concienciar sobre los problemas del capitalismo neoliberal y, sobre todo, para poder explicarlos a los más peques, a los que a veces argumentar ante sus preguntas lo que oyen o ven en telediarios puede ser complicado, y es una ayuda poder utilizar





El lobo en calzoncillos 6. 

El lobo en calzoncillos y El cascaavellanas

Wilfrid Lupano, Mayana Itoïz y Paul Cauuet 

Editorial Astronave (cast. y cat.)

Francia

Cartoné

40 págs.

Color

Traducción: Laura Vaqué Rotulación: Magelia Ronda

Obra relacionada

Los viejos Hornos

Wilfrid Lupano

y Paul Cauuet 

(Norma Editorial)

Un océano de amor

Wilfred Lupano

y Gregory Panaccione

(Reservoir Books)

El mono de Hartlepool

Wilfred Lupano

y Jérémie Moreau 

(Dibbuks)

Superlópez

Jan

(Editorial Bruguera)

como referencia las aventuras de El lobo en calzoncillos. Porque, sobre todo, son tebeos pensados para un público infantil, que se van a divertir mucho con sus aventuras sin tener que entender todas las referencias que aparecen en el tebeo, como el chiste de la rabia contra la máquina que aparece en este volumen, que hará reír más a los mayores que a los niños. Y es que es importante resaltar que El lobo en calzoncillos es de esos libros que vale mucho la pena leer juntos y disfrutar de sus múltiples niveles de lectura.

También los niveles gráficos son múltiples, el dibujo de Itoïz ha creado unos animales antropomórficos, dinámicos, que recuerdan a los personajes de los cartoon más clásicos mezclados con las ilustraciones de cuento infantil. La forma en que los mueve por las páginas también es un catálogo de registros, desde páginas enteras con un escenario fijo en los que la secuencia la marca la repetición de los personajes en distintas posiciones, las páginas de ilustración completas o las páginas con múltiples viñetas, aunque siempre sin bordes. Todo una lista de recursos que hacen que la lectura sea muy dinámica, muy a gusto de los pequeños.

Juntando todos estos ingredientes y unas cuantas avellanas, está claro que esta serie no podía ser otra cosa que un éxito. Los dos primeros álbumes ya tienen acumuladas más de cien mil copias vendidas y existe también un cuaderno de actividades. El lobo en calzoncillos es bonito, divertido para lectores de todas las edades y tiene mucho mensaje, directo y positivo. De los que no sobran en estos tiempos.



 © 2021, Dargaud Benelux (Dargaud-Lombard S.A.) por Lupano, Itoïz y Cauuet 

   


© 2021, Dargaud Benelux (Dargaud-Lombard S.A.) por Lupano, Itoïz y Cauuet



Jot Down Comics 2021