sábado, 24 de diciembre de 2022

Romeo muerto Demonios oscuros. Traumas inconfesables

Por Julio Gracia Lana




El Bosco pintó un infierno tan repulsivo como fascinante. El demonio teriomórfico, una suerte de búho, se encarga de devorar hombres para expulsarlos a continuación por el ano. Los Pecados Capitales son castigados de las formas más duras y, al mismo tiempo, ácidas e irónicas. El submundo cadavérico del averno que recrea el pintor recuerda mucho a la ciudad de La Mala Pena en la que se ambienta el relato de Sequeiros. Pesadilla y auténtica protagonista del libro. Lujuria y obsesión se dan la mano en unas calles en las que se respira la sangre, el sexo y la muerte. Podredumbre física y emocional. Universo tan personal y directo como el creado por Miguel Ángel Martín en Neuro World. Esa urbe que cerró el último número de la revista El Víbora, plagada de edificios y bares en los que sus protagonistas se veían bombardeados continuamente por aquello que más detestaban. O, por lo menos, eso creían.


Pero en la obra del autor de origen argentino no encontramos los colores del tríptico de El jardín de las delicias, que sobresalen incluso en el Inframundo. Ni la ligne claire de Martín. Lo que emerge es la profundidad del blanco y negro, como un cuchillo afilado que se dirige al lector. En su vertiente caligariana, más propia del expresionismo alemán, plena en contrastes de luces y sombras. Una luz que solo pueden dominar maestros como el propio Sequeiros, para el que Keko y José Muñoz son dos influencias claras. Livingston contra Fumake o Encuentros y reencuentros son referencias para su firma, al igual que la producción de Frank Miller. Cine plasmado en las páginas, por su estética, pero también por la agitación que el relato transmite. La densidad de sus tintas y la originalidad de cada nueva viñeta o splash page suponen continuas sorpresas que llenan con su fuerza al lector.


La ciudad de tinieblas se potencia gracias a una edición de lujo por parte de Reservoir Books. Un gran formato en tapa dura que nos hace pensar en el libro ilustrado. Las tablas que constituyen portada y contraportada nos dan ya una buena muestra de lo que vamos a poder localizar en el interior. El desollamiento es más expresivo que cualquier descripción. Y es que, en verdad, la obra admite pocas definiciones. Es un libro único y especial. Con varias capas de lectura a nivel narrativo y simbólico. A la altura de una historia esperada durante mucho tiempo.


A lo largo de dos décadas, el cómic arrastró la fama de maldito. A su autor lo habíamos podido leer en páginas de los magacines del conocido como boom del cómic adulto, con El Víbora entre ellos. Con uno de sus redactores jefe más conocidos, Hernán Migoya, Sequeiros colaboró realizando las ilustraciones de Hazañas eróticas del cuarentón hijoputa (2017, Dibbuks). La Cúpula fue la encargada de editar Tó Apeirón (1996). Y dos de las obras del historietista fueron publicadas por la editorial Camaleón, dirigida por Juan Carlos Gómez y Alex Samaranch (componentes en la actualidad de Estudio Fénix): Ambigú (1993) y Nostromo Quebranto, el hombre de la mano comida por el tiempo (1995), donde ya se deslizaban componentes de La Mala Pena. El talento del dibujante ha pasado por la prensa y por nombres como Hernán Casciari, Arcadi Espada o José Luis Sampedro. Con Romeo muerto, se exorcizan los demonios oscuros de dos décadas de adicción al alcohol. El dibujo se constituye como tabla de salvación e instrumento para comunicar lo que albergan cuerpo y mente.


La botella lanzada al mar de esta novela gráfica llega al lector con un grito ahogado en su interior, a modo de thriller inclasificable. No supone un cierre, sino una apertura a nuevas historias futuras que se expanden a partir de los personajes desarrollados. Nein sagen (decir no) es el primero de los cuatro tomos planteados por Sequeiros. Le seguirían Nein tun (hacer no), Nein wollen (querer no), y Nein denken (pensar no). Interdicciones extraídas de los textos de Friedrich Nietzsche en sus críticas al cristianismo. Iconoclastia verbal transmitida también al ámbito de lo visual en las páginas de Romeo muerto. La Mala Pena tiene muchos callejones de sombras por los que llevar al lector. Vuelco traumático de vitalidad en un cuento terrible. La creatividad tiene caminos tan fantásticos como impredecibles.



Jot Down Comics


Los versos del coronel Kurtz por Jacinto Antón

 El faro del fin del mundo





El coronel Kurz (Marlon Brando) lee a T.S. Elliot en Apocalypse Now


Estaba leyendo Horas de invierno, de la gran poetisa estadounidense Mary Oliver (Errata Naturae, 2022), cuando fui a dar con el famoso verso de Robert Frost (Olivier le dedica un capítulo al maestro) "nada dorado puede permanecer". Me quedé pensando dónde había oído esas palabras y todo el maravilloso poema arranca con el verso "Nature first green is gold" hasta esa última línea imperecedera, "nothing gold can stay". Y entonces lo recordé: hace muchos años, en la película Rebeldes, de Coppola. Es una escena preciosa, los jóvenes Johnny (Ralph Macchio) y Ponyboy (C. Thomas Howell) están escondidos en una iglesia abandonada, y en un momento del amanecer, arrebatado por la esplendorosa y melancólica belleza del incendiado horizonte a la que Johnny no consigue ponerle las palabras exactas, Ponyboy recita el poema de Frost, que se convierte en una metáfora de vidas e inocencias perdidas.

Es un ejemplo de cómo en el cine pueden colarse versos famosos que se funden con las imágenes en una mezcla que emociona tan inesperada como poderosamente. En ocasiones, el poema es una revelación, lo descubres por primera vez o te toca como nunca antes te había tocado antes al insertarse en una historia.

¿Cuales son los mejores momentos de esa fusión versos-cine?¿La despedida de Karen Blixen (Meryl Streep) a su fallecido amante Finch Hatton (Robert Redford) en Memorias de África, leyendo los versos de A. E. Housman A un joven atleta muerto ("sabio aquel que sabe escapar pronto de campos en los que la gloria no perdura", "y descubrirán siempre fresca entre sus rizos una guirnalda")?¿Otra despedida, la de John Hannah leyendo los versos de Funeral blues de Auden en Cuatro bodas y un funeral? ("Pensé que el amor duraría para siempre. Estaba equivocado"). ¿El peregrinaje de Childe Harold de Byron ("hay un placer en los bosques sin senderos y un éxtasis en la costa solitaria") en Los puentes de Madison?¿El paradigmático "Oh, capitán, mi capitán" de Walt Whitman en El club de los poetas muertos?

Cada uno tendrá los suyos, y por tanto se encontrarán aquí muchos a faltar, pero estos son algunos de mis preferidos.

En la por tantas cosas arrebatadora película de Christopher Nolan Interstellar (una de las más preciosas historias de amor entre un hombre y su hija; qué difícil es expresar lo que siente un corazón, incluso sin física cuántica), aparecen varias veces los famosos versos de Dylan Thomas "Do not go gentle into that Good night" ("no entres dócilmente en esa buena noche"). La mezcla de los versos oscuros y tristes con la aventura en el espacio ignoto, la relación entre el cosmonauta Cooper (Mathew McConaughey) y su hija Murph, y la música de Hans Zimmer provoca un enorme impacto emocional.

Otro momento se lo he birlado a mi hermana Graziella, gran fan de Emily Dickinson y de La decisión de Sophie, la novela de William Styron y la fiel versión cinematográfica de Alan J. Pakula de 1982. En la película, siguiendo la novela, la pareja protagonista -la traumatizada polaca superviviente de Auschwitz Sophie (Meryl Streep), y el bipolar Nathan (Kevin Kline)-están marcada por el poema de Dickinson Ample make this bed, que recita al final ante los cuerpos sin vida de los amantes de su joven amigo Stingo: "Que la cama sea amplia/que esté hecha con cuidado;/esperad en ella hasta que llegue el Juicio Final/sereno perfecto".

Y del amor al horror, el horror. ¿Ha tenido alguna vez T.S. Elliot mejor lectura que en la tierra baldía del Vietnam arrasado por el napalm? En Apocalypse now, el coronel Kurtz (Marlon Brando) recita The hollow men: "Los ojos no están aquí / no hay ojos aquí / en este valle de estrellas moribundas / en este valle hueco / esta mandíbula rota de nuestros vecinos perdidos".

Vamos a acabar con la sorprendente asociación entre Oblivion, con Tom Cruise, y Thomas Macaulay, autor del poema Horatius, dedicado a uno de los héroes de la Antigua Roma, Horacio Cocles (tuerto), que se mantuvo firme a solas en la defensa de un puente contra todo un ejército enemigo. Es un símbolo eterno del valor y del honor y yo tengo siempre ante mis ojos en mi mesa de escritorio una vieja estampa que ilustra el episodio, a ver si me inspira. En Oblivion, el personaje de Cruise recita la estrofa más conocida del poema: "A todo hombre sobre esta tierra / le llega la muerte antes o después, / y cómo un hombre puede morir mejor / que haciendo frente a terribles enemigos, / por las cenizas de sus padres / y los templos de sus dioses". Inolvidable.


El Pais, Sábado 10 de diciembre de 2022


viernes, 23 de diciembre de 2022

El secreto de la fuerza sobrehumana Una crónica íntima sobre las obsesiones, las contradicciones y la historia de una generación

Por Jordi Riera Pujal




El impacto de las obras Alison Bechdel (1960) en el tejido cultural anglosajón ha sido importante. Partiendo de publicaciones underground y hablando de colectivos marginados por la sociedad bien pensante, ha logrado insertar su mensaje en la corriente mayoritaria de la cultura. Lo ha conseguido atrayendo, aparte de a los aficionados a la narrativa gráfica, a lectores habituales de literatura contemporánea. ¿Qué ofrece esa autora para conseguir esos logros? Una posible razón podría ser su apuesta por indagar y mostrar el fondo del alma humana. También su integridad como creadora, que la obliga a no querer dulcificar su mensaje. Otra cualidad como creadora es su alta exigencia consigo misma con el fin de lograr hacer interesante a un público amplio su visión personal del mundo.

Con El secreto de la fuerza sobrehumana, casi una década después de su última novela gráfica autobiográfica, Alison Bechdel publica una nueva entrega memorialista y le da un barnizado con colores atractivos y luminosos. Una obra que, según comenta, le ha llevado siete años de escritura, y un año más de trabajo para trasladar sus ideas a dibujos.

El libro nos habla de sesenta años de su vida y de su búsqueda continua para comprenderse y para saber encontrar una ubicación que le satisfaga en la sociedad. Con una estructura en que cada dé- cada de su biografía es un capítulo, nos habla de su obsesión por el ejercicio físico y por la evolución histórica de diversas disciplinas deportivas y del equipamiento necesario para su práctica. Es un apartado de su día a día que la apasiona como reto personal y la libra durante unas horas de pensar en problemas o conflictos. Su vida le parece divertida si consigue un objetivo físico que se ha propuesto.

La autora, a través del relato deportivo, nos hace un zoom de aproximación a su historia y nos va relatando cronológicamente su relación con las propias contradicciones, obsesiones, deseos y adicciones. En la escritura autobiográfica siempre ha de haber una importante labor de selección y de recorte. Para uno mismo siempre le resulta interesante lo que ha vivido y le ha conformado, pero no necesariamente para sus lectores. La inteligencia narrativa de Alison Bechdel consigue que no decaiga el interés en la lectura de esta novela gráfica. El repaso desde una visión madura a su biografía contribuye a que vislumbre y nos hable de unos patrones en su conducta que se perpetúan en el tiempo.

Tras seis décadas de existencia, una persona siente que está más cerca de la muerte. La autora plantea que inconscientemente creía que desarrollando sus habilidades físicas y de resistencia eludiría la propia desaparición. Se trataría de una manera de evitar en la vejez la dependencia de los demás, el dolor o el olvido de lo que uno ha sido. Actualmente ha llegado a la conclusión que no ha ganado esa batalla, e incluso puede que la pierda. En última instancia apunta que quizás la fuerza sobrehumana consista en compartir con otras personas las vivencias y el aceptar que no podemos vivir aislados.

La autora reconoce en una entrevista que ha pasado mucho tiempo leyendo e informándose para el libro. En el recorrido argumental de los diversos capítulos, abundan las digresiones, apuntes biográficos y textos de personajes históricos que la han conmovido con sus obras literarias o su pensamiento filosófico. Son escenarios que nos acercan a temas como el empoderamiento femenino, las razones o mecanismos que nos inducen a ser creativos, la identidad y la mortalidad.

La obra, con un dibujo interesante, preciso y descriptivo, logra ayudar a sobrellevar un hilo argumental intenso y profundo. La habilidad gráfica está acompañada por un texto elaborado y sincero. La maestría en el dibujo proporciona una narración diáfanamente accesible. La colaboración de su pareja, la artista Holly Rae Taylor, en el coloreado ha realzado los aspectos estéticos del libro.

La dibujante obtuvo reconocimiento en la comunidad homosexual con su tira cómica Dykes to Watch Out For (Unas lesbianas de cuidado) que se publicó en Estados Unidos entre 1983 y 2008. Estas historietas supusieron una novedad en los años ochenta y una dignificación en el tipo de relatos que protagonizaban el colectivo de lesbianas. Influenció a muchas de ellas para que no se creyeran los estereotipos y mentiras que circulaban en la sociedad. Posteriormente alcanzó una gran popularidad con Fun Home (2006), una obra centrada en la figura del padre de Bechdel, un hombre incapaz de enfrentarse a su homosexualidad. Su éxito se debió, aparte de la calidad de la propuesta, a que llegó en un momento propicio para cómics con un mensaje más complejo. La obra recibió diversos premios de reconocimiento e incluso se transformó en un musical de Broadway, que ganó cinco premios Tony en el año 2015. Siguiendo con sus crónicas familiares, en 2012 aparecería ¿Eres mi madre? (Are You My Mother?).

El secreto de la fuerza sobrehumana es una excavación en las profundidades de una historia personal, que puede interesar a los que se siguen preguntando sobre los grandes temas que preocupan al ser humano. Es un libro que aporta pautas de conocimiento sobre las contradicciones en las que habitamos las personas, y la propuesta de que tenemos que aprender a convivir con ellas. El relato, salpicado de notas de humor, finaliza dando un último toque de autoironía en la última página.



Jot Down Comics


Nuevas pinturas negras

El joven pintor keniano Michael Armitage expone sus óleos y estudios previos en Madrid, dialogando con las obras de Goya que los inspiraron

POR ÁLEX VICENTE

La exposición se fundamenta en el diálogo entre dos pintores pertenecientes a tiempos y lugares distintos, pero unidos por un supuesto hilo invisible, clásico ejercicio comparatista qué se vuelve peligroso cuando uno de sus protagonistas es Goya. ¿Qué tiene en común su obra con la de Michael Armitage, pintor keniano de 37 años y penúltima revelación del mundo del arte, más allá de una vaga filiación con su legado, convertido en un patrimonio inmaterial que comparte media humanidad? Las reservas que podía despertar esta conversación se esfuman en el último rincón de la nueva muestra de Armitage en la Calcografía Nacional de Madrid, la primera que tiene lugar en territorio español. Los estudios preparatorios en tinta del pintor africano conviven con cuatro caprichos y un disparate de Goya, aguafuertes burlones y turbadores pertenecientes a la colección de la Real Academia de San Fernando, en los que uno identifica sin mayor dificultad los mismos rostros espectrales que esbozará su joven sucesor siglos más tardé, como si fueran reencarnaciones de viejos espíritus peninsulares canalizadas por alguna religión animista.

De repente, ese diálogo postizo se vuelve apasionante, a pesar de que la muestra parezca demasiado escueta, tanto por su escasa selección de obras —solo 5 pinturas y 14 dibujos sobre papel— como por su breve duración, que no llega al mes. Dice Armitage que se convirtió en artista, de una vez por todas, al encontrarse cara a cara con las Pinturas negras en el Prado. "Cambió mi manera de dibujar y de comprender. Desde entonces, Goya ha sido la influencia más constante que he tenido en mi práctica. Cuando vuelvo a Madrid, nunca logro salir de esas salas", explica por videollamada desde su estudio en el barrio londinense de Hackney, donde vive desde hace casi dos décadas, entre idas y vueltas constantes a su Nairobi natal.


El pintor keniano Michael Armitage, en su estudio de Londres, theo christelis

Como en la obra de Goya, un poderoso estrato de violencia subyace bajo todo lo que Armitage pinta. Irrumpe en sus viñetas en forma de pesadilla febril y recurrente, que tiñe el resultado de un realismo malsano, alucinado y casi psicotrópico, que el comisario de la muestra, Hans Ulrich Obrist, tilda de "sobrenatural". El uso de imágenes de prensa como modelo irrefutable, como sucedía en la magnífica selección de óleos que Armitage presentó en la Bienal de Venecia en 2019, convive con ese reflujo persistente de brutalidad, que parece recordarnos el potencial de destrucción que encierra la más nimia situación y la más insignificante de las interacciones sociales. En Mkokoteni (2019), vista en la Bienal italiana y presente en la muestra madrileña, Armitage retrata un mitin en Kenia con el arrebato macabro y el desdén por el ethos cerril de las masas que ya exhibió Goya en la estampa carnavalesca de El entierro de la sardina.

Mientras, Mangroves Dip (2015) recoge una escena de prostitución masculina que parece invertir, en sentido figurado y también literal, las sátiras eróticas de los caprichos de Goya, donde mujeres sin escrúpulos se aprovechaban de la libido desbocada de hombres lujuriosos. Armitage traslada esas escenas a las costas africanas, donde féminas del primer mundo contratan los servicios de muchachos con piel de ébano. "Existe un aspecto casi kitsch en su obra, que se traduce en el uso de la caricatura y de lo grotesco, que yo intento, reproducir", responde el artista. "Al empezar mis cuadros, me pregunto qué haría Goya si estuviera entre nosotros. Sus enseñanzas siguen siendo radicales, porque fue un pintor que no siguió ninguna regla. Hay muy pocos que hayan trabajado así. En el arte reciente, solo se me ocurre Sigmar Polke", apunta poco después.




Arriba, Mangroves Dip (2015), que invierte las sátiras goyescas sobre la prostitución. Debajo, el dibujo Old Woman Breastfeeding (2020). FSRR




Armitage debe su carrera fulgurante a su fichaje por Whlte Cube, la galería que propulsó a los Young British Artists, esos jóvenes airados que zarandearon el arte británico en los noventa. Luego llegó su revelación en Venecia y su exposición individual durante la reapertura del MoMA a finales de 2019, que se sumó a su entrada en las colecciones del Metropolitan de Nueva York o en la de Patrizia Sandretto Re Rebaudengo, una de sus primeras valedoras, impulsora de la muestra madrileña. Sin embargo, Armitage guarda una distancia prudencial respecto a los mecanismos clásicos de legitimación de los artistas surgidos del antiguo espacio colonial. Por ejemplo, no pinta sus óleos sobre lienzo. Insiste en nacerlo sobre tela de corteza de lubugo, material tradicional de Uganda lleno de cavidades y hendiduras —se puede observar en Anthill (2017), otro de los cuadros de la muestra—, sobre el que pinta paisajes sociales que mezclan proyecciones mitológicas, recuerdos de infancia y representaciones mediáticas del pasado y del presente. En ese sentido, a Armitage le fascina escuchar que Goya pintó su Duelo a garrotazos en los muros de la Quinta del Sordo. Solo protesta educadamente si uno sugiere que su trabajo también parece reflejar el mismo conflicto irresoluble en la sociedad donde creció, pese a que haya dicho que suele pintar bajo los efectos del trauma juvenil que supuso presenciar el ataque a su padre por parte de un grupo de hombres armados con machetes, que le perdonaron la vida in extremis. "Durante mucho tiempo me resistí a pintar esa violencia, para evitar prejuicios y estereotipos sobre mi país", asegura. "Fue al estudiar a Goya cuando entendí que la violencia no pertenece a nadie, que es un patrimonio con el que toda la humanidad tiene que lidiar. En ningún lugar está más claro que en la obra de Goya. Los desastres de la guerra constituye una de las pocas representaciones bélicas donde no hay buenos ni malos: todo el mundo es capaz de matar".



El Pais, Babelia nº 1.577, sábado 12 de febrero de 2022



Fiuuu & Graac Radicalidad sin hermetismo

Por Henrique Torreiro



Francesc Capdevila, Max —nacido en Barcelona en 1956, pero mallorquín de adopción desde los años ochenta—, no es solo uno de los clásicos del cómic en España, en constante evolución desde sus comienzos en los setenta. Su resistencia a la crisis de la historieta española de los noventa, que acabó con muchas de las carreras desarrolladas hasta entonces, marcó de alguna manera su forma de afrontar la creación de cómic. En muchas ocasiones ha detallado que en un momento determinado tomó la decisión de ganarse la vida con la ilustración, disciplina en la que estaba dispuesto a vender su talento como «mercenario artístico», pero reservar el campo de la historieta para hacer solo lo que realmente quisiese hacer, y continuar publicando allí donde fuese posible y de acuerdo con la forma que requiriese el proyecto, como apuesta personal, aunque no hubiese un soporte económico claro. De ese modo, su interés por la edición alternativa, en la que inició su trayectoria, no decayó con los años, y lo llevó a colaborar con múltiples proyectos internacionales, y también a ejercer como pequeño editor. Todo esto ha hecho con los años que sea uno de los autores más respetados del panorama, e incluso, para muchos, la auténtica personificación de la dignidad del oficio de historietista.

Max ha pasado ya por todo tipo de etapas, desde la del formato álbum europeo hasta la de la novela gráfica en su sentido más literal y primigenio, y nunca ha ocultado sus influencias, que en todo caso siempre ha llevado a un terreno propio y personal. Su interés en la investigación de la historia y los mitos y en la visión antropológica, ya demostrado muy tempranamente, ha permeado buena parte de su obra, como también el humor (hasta llegar en algunos de sus registros a un «humor culto» emparentable con el de un Tom Gauld, como son sus colaboraciones con el suplemento Babelia). Las inquietudes personales lo han llevado a trabajar también en ámbitos tan distintos como el audiovisual, el teatro, la danza y la música, esferas todas ellas en las que ha buscado además un maridaje con la narrativa gráfica.

En los noventa, su personaje Bardín supuso recoger a su manera parte de la influencia de Chris Ware en lo referido a recuperar elementos y formatos de las revistas clásicas de cómic para desde ahí construir historieta contemporánea. En muchos autores, la reutilización de fórmulas clásicas (como la emulación de la tira de prensa) sirve más para provocar un extrañamiento que para actualizar las claves narrativas y ficcionales de esas épocas (lo que, por otro lado, entraña el peligro de provocar la creación de pastiches). Sin embargo, Max lleva años buscando caminos artísticos a partir de esas ideas, y uno de ellos es procurar la esencia del cómic mediante los medios genuinamente inherentes a este. Consciente de que uno de los problemas de la historieta para su aceptación cultural en nuestra sociedad está en la densidad que puede ofrecer —que no puede competir con la de la narración escrita, por ejemplo—, en muchos de sus últimos trabajos, Max llega a despojar al cómic de toda intención densificadora. Incluso le retira, como en el caso que nos ocupa, cualquier pretensión transcendente en su temática, y va al núcleo de la definición gráfica de este arte. Lo hace como reivindicación, desde el cartoon, la línea pura y rebosante de vida. Las obras resultantes, sin embargo, no son manifiestos: son lo que él quiere hacer en ese momento, no una manera de rechazar las demás visiones sobre el cómic y el arte. La referencia mironiana a «asesinar el cómic» que se hace en la contraportada de Fiuuu & Graac es, así, un guiño más que una provocación.

Una de las grandes virtudes de Max como autor reside en su extraordinaria capacidad para la narrativa gráfica. Algunas de sus secuencias, vistas en exposiciones (como Panóptica o Hipnotopía), tienen tanta fuerza que pocas veces puede entenderse tan bien qué es el cómic viéndolo colgado en una pared. Paseo astral, obra publicada después en forma de álbum pero concebida para exhibirse, o su colaboración para la muestra Viñetas desbordadas (Centro José Guerrero de Granada, 2019) demuestran hasta qué punto Max ha investigado cómo puede vivir el cómic fuera del espacio cerrado del libro o la revista. No es una cuestión menor, habida cuenta de que la mayor parte de las historietas son como peces fuera del agua cuando sus páginas se extraen del formato impreso para llevarse a un contexto museográfico.

Sus libros Vapor y Rey Carbón son antecedentes claros de Fiuuu & Graac, como también El tríptico de los encantados (encargo del Museo del Prado acerca de la obra del Bosco). Con Fiuuu & Graac, que desde su propio título advierte de la fisicidad del humor que propone —y anticipa el hecho de que sus únicos textos van a ser onomatopeyas—, Max logra hacer un cómic que es a la vez experimental y llano, hasta el extremo de ser equiparable a un (gozoso) álbum gráfico infantil; pero también a un libro de arte que reproduce una obra que podría exponerse sin perder un ápice de su valor, e incluso, como él mismo afirma, a un estudio coreográfico a partir de la línea desnuda. La grandeza de Max está aquí en aunar la mayor de las radicalidades con una pasmosa accesibilidad para todos los públicos.


Jot Down Comics


jueves, 22 de diciembre de 2022

Del infierno al cielo

Regresa el carismático y pícaro personaje creado por Lucas Varela en la que parece ser su última peripecia


JOSÉ LUIS VIDAL

14 Diciembre, 2022

Alejado totalmente de la inocencia de la marioneta de madera construida por el maestro Gepetto, y que Carlo Collodi convirtió en un clásico infantil, este Paolo Pinocchio es un auténtico sinvergüenza, amigo de lo ajeno, que llega a Venecia sobre una góndola conducida por su fiel Pulcinella, y junto al que ha elaborado un plan.

Su objetivo en esta ocasión es el tremendo diamante engarzado en un collar, el diamante bizantinus, que pretende robar en uno de los palazzos del lugar.




La última comedia de Paolo Pinocchio

Autor: Lucas Varela

Tapa blanda

Color

212 págs.

22,50 euros

Ediciones La Cúpula


Lo que él no sabe es que su condición de títere va serlo en esta ocasión más que nunca, ya que como podemos conocer en el primer capítulo de esta historia, hay poderes que van más allá de la terrenal comprensión de Paolo, y un expulsado del jardín del Edén va a arrastrarse por las callejuelas de Venecia, utilizando a una codiciosa bruja como agente para que pueda hacerse con la deseada joya…

La malvada anciana no va escatimar en crueldad a la hora de quitar de su camino a todo aquel que se le oponga, y con una letal lanza terminará hiriendo a Paolo, lanzándolo de cabeza a un nuevo capítulo de su existencia, un autentico purgatorio, en el que el autor utiliza como fondo la pasada pandemia, para situar al protagonista, enfermo, débil y acosado por los demonios, en un entorno de pesadilla del que tal vez tan solo pueda escapar con la ayuda de un inesperado aliado.

Pero ese tan solo será un peldaño en este extraño viaje, en el que los invisibles hilos que trazan el destino de Paolo, le llevarán cara a cara frente al narrador de historias, ese personaje al que el Altísimo entregó el medio para poder distraerle contándole mil y un argumentos, y que ahora se encuentra situado, transformado en apéndice nasal de Pinocchio.

El combate que acontecerá será temible, ya que la sibilina serpiente esconde a un letal dragón en su interior, y le va a poner las cosas muy difíciles a un Paolo que, sin comerlo ni beberlo, se convierte en adalid, defensor, en medio de los páramos infernales, y al que le espera en el último destino de este ajetreado viaje, un inesperado destino. Un regalo, una recompensa que tal vez se le atragante…

Lucas Varela se reencuentra, tal vez por última vez, con este personaje que surgió de su fértil imaginación hace ya muchos años, y lo sitúa bajo el foco de esta comedia tan divina, donde el papel de la mentira será tan importante.

Un viaje increíble por un infierno que haría las delicias de El Bosco, con un protagonista que posee una cautivadora personalidad, pese a poseer y hacer gala de todos los peores defectos propios del ser humanos, y que se ha convertido en una figura icónica, gracias a la irónica genialidad de su creador, Lucas Varela, en el universo del Noveno Arte.


Malaga Hoy


Cómics. Una conspiración a nivel mundial

Los cómics, las historietas, la narración a través de viñetas e imágenes son universales. Una conspiración a nivel mundial. 




Hay un libro dedicado a las historietas en Asia, llamado Mangasia The Definitive Guide to Asian Comics, escrito por Paul Gravett y publicado por Thames & Hudson.


La lista de paises es fascinante: Bangladesh, Bhutan, Camboya, China, Hong Kong, India, Indonesia, Japón, Corea del Sur, Corea del Norte, Malasia, Mongolia, Filipinas, Singapur, Taiwan, Thailandia, Tibet, Vietnam. 


Japón es un caso muy conocido y famoso, Corea también, y Filipinas ha exportado bastantes grandes dibujantes fuera de sus fronteras desde hace muchos años, pero siempre me sorprende (y no debería) como el cómic es un elemento cultural más, como lo puede ser la literatura o el cine.


Cronología de hitos del manga







Lista de fechas: desde la primera aparición de la palabra "manga" en 1798 en Santô Kyôden´s Shiki no Kukikai, hasta el año 2012 con Wanpanman (One Punch -Man) webcomic by "One", un pseudónimo, con 7,9 millones de visitas en Junio.



Tipos de manga




Un libro muy interesante, con cantidad de imágenes. 325 páginas mostrando cómics al otro lado del mundo.
No puedo evitar sonreir al ver los apellidos de los autores Filipinos, una mayoría de ellos en español, cosas veredes Sancho.